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<author>
<first-name>Dante</first-name>
<last-name>Alighieri</last-name>
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<book-title>Divina Comedia</book-title>
<date></date>
<lang>sp</lang>
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<program-used>Book Designer 4.0</program-used>
<date>19/11/2007</date>
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<body>
<title>
<p>Dante Alighieri</p>
<empty-line/>
<p>Divina Comedia</p>
</title>
<section>
<title>
<p>INFIERNO</p>
<empty-line/>
<p><cite id="bdn_1">
</cite>
CANTO I</p>
</title>
<p>A mitad del camino de la vida, 1</p>
<p>en una selva oscura me encontraba 2</p>
<p>porque mi ruta había extraviado. 3</p>
<p>¡Cuán dura cosa es decir cuál era</p>
<p>esta salvaje selva, áspera y fuerte</p>
<p>que me vuelve el temor al pensamiento! 6</p>
<p>Es tan amarga casi cual la muerte;</p>
<p>mas por tratar del bien que allí encontré,</p>
<p>de otras cosas diré que me ocurrieron. 9</p>
<p>Yo no sé repetir cómo entré en ella</p>
<p>pues tan dormido me hallaba en el punto</p>
<p>que abandoné la senda verdadera. 12</p>
<p>Mas cuando hube llegado al pie de un monte, 13</p>
<p>allí donde aquel valle terminaba</p>
<p>que el corazón habíame aterrado, 15</p>
<p>hacia lo alto miré, y vi que su cima</p>
<p>ya vestían los rayos del planeta</p>
<p>que lleva recto por cualquier camino. 18</p>
<p>Entonces se calmó aquel miedo un poco,</p>
<p>que en el lago del alma había entrado</p>
<p>la noche que pasé con tanta angustia. 21</p>
<p>Y como quien con aliento anhelante,</p>
<p>ya salido del piélago a la orilla,</p>
<p>se vuelve y mira al agua peligrosa, 24</p>
<p>tal mi ánimo, huyendo todavía,</p>
<p>se volvió por mirar de nuevo el sitio</p>
<p>que a los que viven traspasar no deja. 27</p>
<p>Repuesto un poco el cuerpo fatigado,</p>
<p>seguí el camino por la yerma loma,</p>
<p>siempre afirmando el pie de más abajo. 30</p>
<p>Y vi, casi al principio de la cuesta,</p>
<p>una onza ligera y muy veloz, 32</p>
<p>que de una piel con pintas se cubría; 33</p>
<p>y de delante no se me apartaba,</p>
<p>mas de tal modo me cortaba el paso,</p>
<p>que muchas veces quise dar la vuelta. 36</p>
<p>Entonces comenzaba un nuevo día,</p>
<p>y el sol se alzaba al par que las estrellas</p>
<p>que junto a él el gran amor divino 39</p>
<p>sus bellezas movió por vez primera; 40</p>
<p>así es que no auguraba nada malo</p>
<p>de aquella fiera de la piel manchada 42</p>
<p>la hora del día y la dulce estación;</p>
<p>mas no tal que terror no produjese</p>
<p>la imagen de un león que luego vi. 45</p>
<p>Me pareció que contra mí venía,</p>
<p>con la cabeza erguida y hambre fiera,</p>
<p>y hasta temerle parecia el aire. 48</p>
<p>Y una loba que todo el apetito 49</p>
<p>parecía cargar en su flaqueza,</p>
<p>que ha hecho vivir a muchos en desgracia. 51</p>
<p>Tantos pesares ésta me produjo,</p>
<p>con el pavor que verla me causaba</p>
<p>que perdí la esperanza de la cumbre. 54</p>
<p>Y como aquel que alegre se hace rico</p>
<p>y llega luego un tiempo en que se arruina,</p>
<p>y en todo pensamiento sufre y llora: 57</p>
<p>tal la bestia me hacía sin dar tregua,</p>
<p>pues, viniendo hacia mí muy lentamente,</p>
<p>me empujaba hacia allí donde el sol calla. 60</p>
<p>Mientras que yo bajaba por la cuesta,</p>
<p>se me mostró delante de los ojos</p>
<p>alguien que, en su silencio, creí mudo. 63</p>
<p>Cuando vi a aquel en ese gran desierto</p>
<p>"Apiádate de mi -yo le grité-,</p>
<p>seas quien seas, sombra a hombre vivo." 66</p>
<p>Me dijo: "Hombre no soy, mas hombre fui,</p>
<p>y a mis padres dio cuna Lombardía</p>
<p>pues Mantua fue la patria de los dos. 69</p>
<p>Nací sub julio César, aunque tarde, 70</p>
<p>y viví en Roma bajo el buen Augusto:</p>
<p>tiempos de falsos dioses mentirosos. 72</p>
<p>Poeta fui, y canté de aquel justo 73</p>
<p>hijo de Anquises que vino de Troya,</p>
<p>cuando Ilión la soberbia fue abrasada. 75</p>
<p>¿Por qué retornas a tan grande pena,</p>
<p>y no subes al monte deleitoso</p>
<p>que es principio y razón de toda dicha?" 78</p>
<p>" ¿Eres Virgilio, pues, y aquella fuente</p>
<p>de quien mana tal río de elocuencia?</p>
<p>- respondí yo con frente avergonzada-. 81</p>
<p>Oh luz y honor de todos los poetas,</p>
<p>válgame el gran amor y el gran trabajo</p>
<p>que me han hecho estudiar tu gran volumen. 84</p>
<p>Eres tú mi modelo y mi maestro;</p>
<p>el único eres tú de quien tomé</p>
<p>el bello estilo que me ha dado honra. 87</p>
<p>Mira la bestia por la cual me he vuelto:</p>
<p>sabio famoso, de ella ponme a salvo,</p>
<p>pues hace que me tiemblen pulso y venas." 90</p>
<p>"Es menester que sigas otra ruta</p>
<p>- me repuso después que vio mi llanto-,</p>
<p>si quieres irte del lugar salvaje; 93</p>
<p>pues esta bestia, que gritar te hace,</p>
<p>no deja a nadie andar por su camino,</p>
<p>mas tanto se lo impide que los mata; 96</p>
<p>y es su instinto tan cruel y tan malvado,</p>
<p>que nunca sacia su ansia codiciosa</p>
<p>y después de comer más hambre aún tiene. 99</p>
<p>Con muchos animales se amanceba,</p>
<p>y serán muchos más hasta que venga 101</p>
<p>el Lebrel que la hará morir con duelo. 102</p>
<p>Éste no comerá tierra ni peltre,</p>
<p>sino virtud, amor, sabiduría,</p>
<p>y su cuna estará entre Fieltro y Fieltro. 105</p>
<p>Ha de salvar a aquella humilde Italia</p>
<p>por quien murió Camila, la doncella,</p>
<p>Turno, Euríalo y Niso con heridas. 108</p>
<p>Éste la arrojará de pueblo en pueblo,</p>
<p>hasta que dé con ella en el abismo,</p>
<p>del que la hizo salir el Envidioso. 111</p>
<p>Por lo que, por tu bien, pienso y decido</p>
<p>que vengas tras de mí, y seré tu guía,</p>
<p>y he de llevarte por lugar eterno, 114</p>
<p>donde oirás el aullar desesperado,</p>
<p>verás, dolientes, las antiguas sombras,</p>
<p>gritando todas la segunda muerte; 117</p>
<p>y podrás ver a aquellas que contenta</p>
<p>el fuego, pues confían en llegar</p>
<p>a bienaventuras cualquier día; 120</p>
<p>y si ascender deseas junto a éstas,</p>
<p>más digna que la mía allí hay un alma:</p>
<p>te dejaré con ella cuando marche; 123</p>
<p>que aquel Emperador que arriba reina,</p>
<p>puesto que yo a sus leyes fui rebelde,</p>
<p>no quiere que por mí a su reino subas. 126</p>
<p>En toda parte impera y allí rige;</p>
<p>allí está su ciudad y su alto trono.</p>
<p>iCuán feliz es quien él allí destina!" 129</p>
<p>Yo contesté: "Poeta, te requiero</p>
<p>por aquel Dios que tú no conociste,</p>
<p>para huir de éste o de otro mal más grande, 132</p>
<p>que me lleves allí donde me has dicho,</p>
<p>y pueda ver la puerta de San Pedro</p>
<p>y aquellos infelices de que me hablas." 135</p>
<p>Entonces se echó a andar, y yo tras él.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_2">
</cite>
CANTO II</p>
</title>
<p>El día se marchaba, el aire oscuro</p>
<p>a los seres que habitan en la tierra</p>
<p>quitaba sus fatigas; y yo sólo 3</p>
<p>me disponía a sostener la guerra,</p>
<p>contra el camino y contra el sufrimiento</p>
<p>que sin errar evocará mi mente. 6</p>
<p>¡Oh musas! ¡Oh alto ingenio, sostenedme!</p>
<p>¡Memoria que escribiste lo que vi,</p>
<p>aquí se advertirá tu gran nobleza! 9</p>
<p>Yo comencé: "Poeta que me guías,</p>
<p>mira si mi virtud es suficiente</p>
<p>antes de comenzar tan ardua empresa. 12</p>
<p>Tú nos contaste que el padre de Silvio, 13</p>
<p>sin estar aún corrupto, al inmortal</p>
<p>reino llegó, y lo hizo en cuerpo y alma. 15</p>
<p>Pero si el adversario del pecado</p>
<p>le hizo el favor, pensando el gran efecto</p>
<p>que de aquello saldría, el qué y el cuál, 18</p>
<p>no le parece indigno al hombre sabio;</p>
<p>pues fue de la alma Roma y de su imperio</p>
<p>escogido por padre en el Empíreo. 21</p>
<p>La cual y el cual, a decir la verdad,</p>
<p>como el lugar sagrado fue elegida,</p>
<p>que habita el sucesor del mayor Pedro. 24</p>
<p>En el viaje por el cual le alabas</p>
<p>escuchó cosas que fueron motivo</p>
<p>de su triunfo y del manto de los papas. 27</p>
<p>Alli fue luego el Vaso de Elección, 28</p>
<p>para llevar conforto a aquella fe</p>
<p>que de la salvación es el principio. 30</p>
<p>Mas yo, ¿por qué he de ir? ¿quién me lo otorga?</p>
<p>Yo no soy Pablo ni tampoco Eneas:</p>
<p>y ni yo ni los otros me creen digno. 33</p>
<p>Pues temo, si me entrego a ese viaje,</p>
<p>que ese camino sea una locura;</p>
<p>eres sabio; ya entiendes lo que callo." 36</p>
<p>Y cual quien ya no quiere lo que quiso</p>
<p>cambiando el parecer por otro nuevo,</p>
<p>y deja a un lado aquello que ha empezado, 39</p>
<p>así hice yo en aquella cuesta oscura:</p>
<p>porque, al pensarlo, abandoné la empresa</p>
<p>que tan aprisa había comenzado. 42</p>
<p>"Si he comprendido bien lo que me has dicho</p>
<p>- respondió del magnánimo la sombra</p>
<p>la cobardía te ha atacado el alma; 45</p>
<p>la cual estorba al hombre muchas veces,</p>
<p>y de empresas honradas le desvía,</p>
<p>cual reses que ven cosas en la sombra. 48</p>
<p>A fin de que te libres de este miedo,</p>
<p>te diré por qué vine y qué entendí</p>
<p>desde el punto en que lástima te tuve. 51</p>
<p>Me hallaba entre las almas suspendidas 52</p>
<p>y me llamó una dama santa y bella, 53</p>
<p>de forma que a sus órdenes me puse. 54</p>
<p>Brillaban sus pupilas más que estrellas;</p>
<p>y a hablarme comenzó, clara y suave,</p>
<p>angélica voz, en este modo: 57</p>
<p>"Alma cortés de Mantua, de la cual</p>
<p>aún en el mundo dura la memoria,</p>
<p>y ha de durar a lo largo del tiempo: 60</p>
<p>mi amigo, pero no de la ventura,</p>
<p>tal obstáculo encuentra en su camino</p>
<p>por la montaña, que asustado vuelve: 63</p>
<p>y temo que se encuentre tan perdido</p>
<p>que tarde me haya dispuesto al socorro,</p>
<p>según lo que escuché de él en el cielo. 66</p>
<p>Ve pues, y con palabras elocuentes,</p>
<p>y cuanto en su remedio necesite,</p>
<p>ayúdale, y consuélame con ello. 69</p>
<p>Yo, Beatriz, soy quien te hace caminar; 70</p>
<p>vengo del sitio al que volver deseo;</p>
<p>amor me mueve, amor me lleva a hablarte. 72</p>
<p>Cuando vuelva a presencia de mi Dueño 73</p>
<p>le hablaré bien de ti frecuentemente."</p>
<p>Entonces se calló y yo le repuse: 75</p>
<p>"Oh dama de virtud por quien supera</p>
<p>tan sólo el hombre cuanto se contiene</p>
<p>con bajo el cielo de esfera más pequeña, 78</p>
<p>de tal modo me agrada lo que mandas,</p>
<p>que obedecer, si fuera ya, es ya tarde;</p>
<p>no tienes más que abrirme tu deseo. 81</p>
<p>Mas dime la razón que no te impide</p>
<p>descender aquí abajo y a este centro,</p>
<p>desde el lugar al que volver ansías." 84</p>
<p>" Lo que quieres saber tan por entero,</p>
<p>te diré brevemente -me repuso</p>
<p>por qué razón no temo haber bajado. 87</p>
<p>Temer se debe sólo a aquellas cosas</p>
<p>que pueden causar algún tipo de daño;</p>
<p>mas a las otras no, pues mal no hacen. 90</p>
<p>Dios con su gracia me ha hecho de tal modo</p>
<p>que la miseria vuestra no me toca,</p>
<p>ni llama de este incendio me consume. 93</p>
<p>Una dama gentil hay en el cielo 94</p>
<p>que compadece a aquel a quien te envío,</p>
<p>mitigando allí arriba el duro juicio. 96</p>
<p>Ésta llamó a Lucía a su presencia; 97</p>
<p>y dijo: "necesita tu devoto</p>
<p>ahora de ti, y yo a ti te lo encomiendo". 99</p>
<p>Lucía, que aborrece el sufrimiento,</p>
<p>se alzó y vino hasta el sitio en que yo estaba, 101</p>
<p>sentada al par de la antigua Raquel. 102</p>
<p>Dijo: "Beatriz, de Dios vera alabanza,</p>
<p>cómo no ayudas a quien te amó tanto,</p>
<p>y por ti se apartó de los vulgares? 105</p>
<p>¿Es que no escuchas su llanto doliente?</p>
<p>¿no ves la muerte que ahora le amenaza</p>
<p>en el torrente al que el mar no supera?" 108</p>
<p>No hubo en el mundo nadie tan ligero,</p>
<p>buscando el bien o huyendo del peligro,</p>
<p>como yo al escuchar esas palabras. 111</p>
<p>"Acá bajé desde mi dulce escaño,</p>
<p>confiando en tu discurso virtuoso</p>
<p>que te honra a ti y aquellos que lo oyeron." 114</p>
<p>Después de que dijera estas palabras</p>
<p>volvió llorando los lucientes ojos,</p>
<p>haciéndome venir aún más aprisa; 117</p>
<p>y vine a ti como ella lo quería;</p>
<p>te aparté de delante de la fiera,</p>
<p>que alcanzar te impedía el monte bello. 120</p>
<p>¿Qué pasa pues?, ¿por qué, por qué vacilas?</p>
<p>¿por qué tal cobardía hay en tu pecho?</p>
<p>¿por qué no tienes audacia ni arrojo? 123</p>
<p>Si en la corte del cielo te apadrinan</p>
<p>tres mujeres tan bienaventuradas,</p>
<p>y mis palabras tanto bien prometen." 126</p>
<p>Cual florecillas, que el nocturno hielo</p>
<p>abate y cierra, luego se levantan,</p>
<p>y se abren cuando el sol las ilumina, 129</p>
<p>así hice yo con mi valor cansado;</p>
<p>y tanto se encendió mi corazón,</p>
<p>que comencé como alguien valeroso: 132</p>
<p>"!Ah, cuán piadosa aquella que me ayuda!</p>
<p>y tú, cortés, que pronto obedeciste</p>
<p>a quien dijo palabras verdaderas. 135</p>
<p>El corazón me has puesto tan ansioso</p>
<p>de echar a andar con eso que me has dicho</p>
<p>que he vuelto ya al propósito primero. 138</p>
<p>Vamos, que mi deseo es como el tuyo.</p>
<p>Sé mi guía, mi jefe, y mi maestro."</p>
<p>Asi le dije, y luego que echó a andar, 141</p>
<p>entré por el camino arduo y silvestre.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_3">
</cite>
CANTO III</p>
</title>
<subtitle>POR MÍ SE VA HASTA LA CIUDAD DOLIENTE,</subtitle>
<subtitle>POR MÍ SE VA AL ETERNO SUFRIMIENTO,</subtitle>
<subtitle>POR MÍ SE VA A LA GENTE CONDENADA. 3</subtitle>
<subtitle>LA JUSTICIA MOVIÓ A MI ALTO ARQUITECTO.</subtitle>
<subtitle>HÍZOME LA DIVINA POTESTAD,</subtitle>
<subtitle>EL SABER SUMO Y EL AMOR PRIMERO. 6</subtitle>
<subtitle>ANTES DE MÍ NO FUE COSA CREADA</subtitle>
<subtitle>SINO LO ETERNO Y DURO ETERNAMENTE.</subtitle>
<subtitle>DEJAD, LOS QUE AQUÍ ENTRÁIS, TODA ESPERANZA. 9</subtitle>
<p>Estas palabras de color oscuro</p>
<p>vi escritas en lo alto de una puerta;</p>
<p>y yo: "Maestro, es grave su sentido." 12</p>
<p>Y, cual persona cauta, él me repuso:</p>
<p>"Debes aquí dejar todo recelo;</p>
<p>debes dar muerte aquí a tu cobardía. 15</p>
<p>Hemos llegado al sitio que te he dicho</p>
<p>en que verás las gentes doloridas,</p>
<p>que perdieron el bien del intelecto." 18</p>
<p>Luego tomó mi mano con la suya</p>
<p>con gesto alegre, que me confortó,</p>
<p>y en las cosas secretas me introdujo. 21</p>
<p>Allí suspiros, llantos y altos ayes</p>
<p>resonaban al aiire sin estrellas,</p>
<p>y yo me eché a llorar al escucharlo. 24</p>
<p>Diversas lenguas, hórridas blasfemias,</p>
<p>palabras de dolor, acentos de ira,</p>
<p>roncos gritos al son de manotazos, 27</p>
<p>un tumulto formaban, el cual gira</p>
<p>siempre en el aiire eternamente oscuro,</p>
<p>como arena al soplar el torbellino. 30</p>
<p>Con el terror ciñendo mi cabeza</p>
<p>dije: "Maestro, qué es lo que yo escucho,</p>
<p>y quién son éstos que el dolor abate?" 33</p>
<p>Y él me repuso: "Esta mísera suerte</p>
<p>tienen las tristes almas de esas gentes</p>
<p>que vivieron sin gloria y sin infamia. 36</p>
<p>Están mezcladas con el coro infame</p>
<p>de ángeles que no se rebelaron,</p>
<p>no por lealtad a Dios, sino a ellos mismos. 39</p>
<p>Los echa el cielo, porque menos bello</p>
<p>no sea, y el infierno los rechaza,</p>
<p>pues podrían dar gloria a los caídos." 42</p>
<p>Y yo: "Maestro, ¿qué les pesa tanto</p>
<p>y provoca lamentos tan amargos?"</p>
<p>Respondió: "Brevemente he de decirlo. 45</p>
<p>No tienen éstos de muerte esperanza,</p>
<p>y su vida obcecada es tan rastrera,</p>
<p>que envidiosos están de cualquier suerte. 48</p>
<p>Ya no tiene memoria el mundo de ellos,</p>
<p>compasión y justicia les desdeña;</p>
<p>de ellos no hablemos, sino mira y pasa." 51</p>
<p>Y entonces pude ver un estandarte,</p>
<p>que corría girando tan ligero,</p>
<p>que parecía indigno de reposo. 54</p>
<p>Y venía detrás tan larga fila</p>
<p>de gente, que creído nunca hubiera</p>
<p>que hubiese a tantos la muerte deshecho. 57</p>
<p>Y tras haber reconocido a alguno,</p>
<p>vi y conocí la sombra del que hizo</p>
<p>por cobardía aquella gran renuncia. 60</p>
<p>Al punto comprendí, y estuve cierto,</p>
<p>que ésta era la secta de los reos</p>
<p>a Dios y a sus contrarios displacientes. 63</p>
<p>Los desgraciados, que nunca vivieron,</p>
<p>iban desnudos y azuzados siempre</p>
<p>de moscones y avispas que allí había. 66</p>
<p>Éstos de sangre el rostro les bañaban,</p>
<p>que, mezclada con llanto, repugnantes</p>
<p>gusanos a sus pies la recogían. 69</p>
<p>Y luego que a mirar me puse a otros,</p>
<p>vi gentes en la orilla de un gran río</p>
<p>y yo dije: "Maestro, te suplico 72</p>
<p>que me digas quién son, y qué designio</p>
<p>les hace tan ansiosos de cruzar</p>
<p>como discierno entre la luz escasa." 75</p>
<p>Y él repuso: "La cosa he de contarte</p>
<p>cuando hayamos parado nuestros pasos</p>
<p>en la triste ribera de Aqueronte." 78</p>
<p>Con los ojos ya bajos de vergüenza,</p>
<p>temiendo molestarle con preguntas</p>
<p>dejé de hablar hasta llegar al río. 81</p>
<p>Y he aquí que viene en bote hacia nosotros</p>
<p>un viejo cano de cabello antiguo, 83</p>
<p>gritando: "¡Ay de vosotras, almas pravas! 84</p>
<p>No esperéis nunca contemplar el cielo;</p>
<p>vengo a llevaros hasta la otra orilla,</p>
<p>a la eterna tiniebla, al hielo, al fuego. 87</p>
<p>Y tú que aquí te encuentras, alma viva,</p>
<p>aparta de éstos otros ya difuntos."</p>
<p>Pero viendo que yo no me marchaba, 90</p>
<p>dijo: "Por otra via y otros puertos</p>
<p>a la playa has de ir, no por aquí;</p>
<p>más leve leño tendrá que llevarte". 93</p>
<p>Y el guía a él: "Caronte, no te irrites:</p>
<p>así se quiere allí donde se puede</p>
<p>lo que se quiere, y más no me preguntes." 96</p>
<p>Las peludas mejillas del barquero</p>
<p>del lívido pantano, cuyos ojos</p>
<p>rodeaban las llamas, se calmaron. 99</p>
<p>Mas las almas desnudas y contritas,</p>
<p>cambiaron el color y rechinaban,</p>
<p>cuando escucharon las palabras crudas. 102</p>
<p>Blasfemaban de Dios y de sus padres,</p>
<p>del hombre, el sitio, el tiempo y la simiente</p>
<p>que los sembrara, y de su nacimiento. 105</p>
<p>Luego se recogieron todas juntas,</p>
<p>llorando fuerte en la orilla malvada</p>
<p>que aguarda a todos los que a Dios no temen. 108</p>
<p>Carón, demonio, con ojos de fuego,</p>
<p>llamándolos a todos recogía;</p>
<p>da con el remo si alguno se atrasa. 111</p>
<p>Como en otoño se vuelan las hojas</p>
<p>unas tras otras, hasta que la rama</p>
<p>ve ya en la tierra todos sus despojos, 114</p>
<p>de este modo de Adán las malas siembras</p>
<p>se arrojan de la orilla de una en una,</p>
<p>a la señal, cual pájaro al reclamo. 117</p>
<p>Así se fueron por el agua oscura,</p>
<p>y aún antes de que hubieran descendido</p>
<p>ya un nuevo grupo se había formado. 120</p>
<p>"Hijo mío -cortés dijo el maestro</p>
<p>los que en ira de Dios hallan la muerte</p>
<p>llegan aquí de todos los países: 123</p>
<p>y están ansiosos de cruzar el río,</p>
<p>pues la justicia santa les empuja,</p>
<p>y así el temor se transforma en deseo. 126</p>
<p>Aquí no cruza nunca un alma justa,</p>
<p>por lo cual si Carón de ti se enoja,</p>
<p>comprenderás qué cosa significa." 129</p>
<p>Y dicho esto, la región oscura</p>
<p>tembló con fuerza tal, que del espanto</p>
<p>la frente de sudor aún se me baña. 132</p>
<p>La tierra lagrimosa lanzó un viento</p>
<p>que hizo brillar un relámpago rojo</p>
<p>y, venciéndome todos los sentidos, 135</p>
<p>me caí como el hombre que se duerme.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_4">
</cite>
CANTO IV</p>
</title>
<p>Rompió el profundo sueño de mi mente</p>
<p>un gran trueno, de modo que cual hombre</p>
<p>que a la fuerza despierta, me repuse; 3</p>
<p>la vista recobrada volví en torno</p>
<p>ya puesto en pie, mirando fijamente,</p>
<p>pues quería saber en dónde estaba. 6</p>
<p>En verdad que me hallaba justo al borde</p>
<p>del valle del abismo doloroso,</p>
<p>que atronaba con ayes infinitos. 9</p>
<p>Oscuro y hondo era y nebuloso,</p>
<p>de modo que, aun mirando fijo al fondo,</p>
<p>no distinguía allí cosa ninguna. 12</p>
<p>"Descendamos ahora al ciego mundo</p>
<p>- dijo el poeta todo amortecido-:</p>
<p>yo iré primero y tú vendrás detrás." 15</p>
<p>Y al darme cuenta yo de su color,</p>
<p>dije: " ¿Cómo he de ir si tú te asustas,</p>
<p>y tú a mis dudas sueles dar consuelo?" 18</p>
<p>Y me dijo: "La angustia de las gentes</p>
<p>que están aquí en el rostro me ha pintado</p>
<p>la lástima que tú piensas que es miedo. 21</p>
<p>Vamos, que larga ruta nos espera."</p>
<p>Así me dijo, y así me hizo entrar</p>
<p>al primer cerco que el abismo ciñe. 24</p>
<p>Allí, según lo que escuchar yo pude,</p>
<p>llanto no había, mas suspiros sólo,</p>
<p>que al aire eterno le hacían temblar. 27</p>
<p>Lo causaba la pena sin tormento</p>
<p>que sufría una grande muchedumbre</p>
<p>de mujeres, de niños y de hombres. 30</p>
<p>El buen Maestro a mí: "¿No me preguntas</p>
<p>qué espíritus son estos que estás viendo?</p>
<p>Quiero que sepas, antes de seguir, 33</p>
<p>que no pecaron: y aunque tengan méritos,</p>
<p>no basta, pues están sin el bautismo,</p>
<p>donde la fe en que crees principio tiene. 36</p>
<p>Al cristianismo fueron anteriores,</p>
<p>y a Dios debidamente no adoraron:</p>
<p>a éstos tales yo mismo pertenezco. 39</p>
<p>Por tal defecto, no por otra culpa,</p>
<p>perdidos somos, y es nuestra condena</p>
<p>vivir sin esperanza en el deseo." 42</p>
<p>Sentí en el corazón una gran pena,</p>
<p>puesto que gentes de mucho valor</p>
<p>vi que en el limbo estaba suspendidos. 45</p>
<p>"Dime, maestro, dime, mi señor</p>
<p>- yo comencé por querer estar cierto</p>
<p>de aquella fe que vence la ignorancia-: 48</p>
<p>¿salió alguno de aquí, que por sus méritos</p>
<p>o los de otro, se hiciera luego santo?"</p>
<p>Y éste, que comprendió mi hablar cubierto, 51</p>
<p>respondió: "Yo era nuevo en este estado,</p>
<p>cuando vi aquí bajar a un poderoso,</p>
<p>coronado con signos de victoria. 54</p>
<p>Sacó la sombra del padre primero,</p>
<p>y las de Abel, su hijo, y de Noé,</p>
<p>del legista Moisés, el obediente; 57</p>
<p>del patriarca Abraham, del rey David,</p>
<p>a Israel con sus hijos y su padre,</p>
<p>y con Raquel, por la que tanto hizo, 60</p>
<p>y de otros muchos; y les hizo santos;</p>
<p>y debes de saber que antes de eso,</p>
<p>ni un esptritu humano se salvaba." 63</p>
<p>No dejamos de andar porque él hablase,</p>
<p>mas aún por la selva caminábamos,</p>
<p>la selva, digo, de almas apiñadas 66</p>
<p>No estábamos aún muy alejados</p>
<p>del sitio en que dormí, cuando vi un fuego,</p>
<p>que al fúnebre hemisferio derrotaba. 69</p>
<p>Aún nos encontrábamos distantes,</p>
<p>mas no tanto que en parte yo no viese</p>
<p>cuán digna gente estaba en aquel sitio. 72</p>
<p>"Oh tú que honoras toda ciencia y arte,</p>
<p>éstos ¿quién son, que tal grandeza tienen,</p>
<p>que de todos los otros les separa?" 75</p>
<p>Y respondió: "Su honrosa nombradía,</p>
<p>que allí en tu mundo sigue resonando</p>
<p>gracia adquiere del cielo y recompensa." 78</p>
<p>Entre tanto una voz pude escuchar:</p>
<p>"Honremos al altísimo poeta;</p>
<p>vuelve su sombra, que marchado había." 81</p>
<p>Cuando estuvo la voz quieta y callada,</p>
<p>vi cuatro grandes sombras que venían:</p>
<p>ni triste, ni feliz era su rostro. 84</p>
<p>El buen maestro comenzó a decirme:</p>
<p>"Fíjate en ése con la espada en mano,</p>
<p>que como el jefe va delante de ellos: 87</p>
<p>Es Homero, el mayor de los poetas;</p>
<p>el satírico Horacio luego viene;</p>
<p>tercero, Ovidio; y último, Lucano. 90</p>
<p>Y aunque a todos igual que a mí les cuadra</p>
<p>el nombre que sonó en aquella voz,</p>
<p>me hacen honor, y con esto hacen bien." 93</p>
<p>Así reunida vi a la escuela bella</p>
<p>de aquel señor del altísimo canto,</p>
<p>que sobre el resto cual águila vuela. 96</p>
<p>Después de haber hablado un rato entre ellos,</p>
<p>con gesto favorable me miraron:</p>
<p>y mi maestro, en tanto, sonreía. 99</p>
<p>Y todavía aún más honor me hicieron</p>
<p>porque me condujeron en su hilera,</p>
<p>siendo yo el sexto entre tan grandes sabios. 102</p>
<p>Así anduvimos hasta aquella luz,</p>
<p>hablando cosas que callar es bueno,</p>
<p>tal como era el hablarlas allí mismo. 105</p>
<p>Al pie llegamos de un castillo noble,</p>
<p>siete veces cercado de altos muros,</p>
<p>guardado entorno por un bello arroyo. 108</p>
<p>Lo cruzamos igual que tierra firme;</p>
<p>crucé por siete puertas con los sabios:</p>
<p>hasta llegar a un prado fresco y verde. 111</p>
<p>Gente había con ojos graves, lentos,</p>
<p>con gran autoridad en su semblante:</p>
<p>hablaban poco, con voces suaves. 114</p>
<p>Nos apartamos a uno de los lados,</p>
<p>en un claro lugar alto y abierto,</p>
<p>tal que ver se podían todos ellos. 117</p>
<p>Erguido allí sobre el esmalte verde,</p>
<p>las magnas sombras fuéronme mostradas,</p>
<p>que de placer me colma haberlas visto. 120</p>
<p>A Electra vi con muchos compañeros, 121</p>
<p>y entre ellos conocí a Héctor y a Eneas,</p>
<p>y armado a César, con ojos grifaños. 123</p>
<p>Vi a Pantasilea y a Camila, 124</p>
<p>y al rey Latino vi por la otra parte,</p>
<p>que se sentaba con su hija Lavinia. 126</p>
<p>Vi a Bruto, aquel que destronó a Tarquino, 127</p>
<p>a Cornelia, a Lucrecia, a Julia, a Marcia; 128</p>
<p>y a Saladino vi, que estaba solo; 129</p>
<p>y al levantar un poco más la vista,</p>
<p>vi al maestro de todos los que saben, 131</p>
<p>sentado en filosófica familia. 132</p>
<p>Todos le miran, todos le dan honra:</p>
<p>y a Sócrates, que al lado de Platón,</p>
<p>están más cerca de él que los restantes; 135</p>
<p>Demócrito, que el mundo pone en duda,</p>
<p>Anaxágoras, Tales y Diógenes,</p>
<p>Empédocles, Heráclito y Zenón; 138</p>
<p>y al que las plantas observó con tino, 139</p>
<p>Dioscórides, digo; y via Orfeo,</p>
<p>Tulio, Livio y al moralista Séneca; 141</p>
<p>al geómetra Euclides, Tolomeo,</p>
<p>Hipócrates, Galeno y Avicena,</p>
<p>y a Averroes que hizo el "Comentario". 144</p>
<p>No puedo detallar de todos ellos,</p>
<p>porque así me encadena el largo tema,</p>
<p>que dicho y hecho no se corresponden. 147</p>
<p>El grupo de los seis se partió en dos:</p>
<p>por otra senda me llevó mi guía,</p>
<p>de la quietud al aire tembloroso 150</p>
<p>y llegué a un sitio en donde nada luce.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_5">
</cite>
CANTO V</p>
</title>
<p>Así bajé del círculo primero</p>
<p>al segundo que menos lugar ciñe, 2</p>
<p>y tanto más dolor, que al llanto mueve. 3</p>
<p>Allí el horrible Minos rechinaba. 4</p>
<p>A la entrada examina los pecados;</p>
<p>juzga y ordena según se relíe. 6</p>
<p>Digo que cuando un alma mal nacida</p>
<p>llega delante, todo lo confiesa;</p>
<p>y aquel conocedor de los pecados 9</p>
<p>ve el lugar del infierno que merece:</p>
<p>tantas veces se ciñe con la cola,</p>
<p>cuantos grados él quiere que sea echada. 12</p>
<p>Siempre delante de él se encuentran muchos;</p>
<p>van esperando cada uno su juicio,</p>
<p>hablan y escuchan, después las arrojan. 15</p>
<p>"Oh tú que vienes al doloso albergue</p>
<p>- me dijo Minos en cuanto me vio,</p>
<p>dejando el acto de tan alto oficio-; 18</p>
<p>mira cómo entras y de quién te fías:</p>
<p>no te engañe la anchura de la entrada."</p>
<p>Y mi guta: "¿Por qué le gritas tanto? 21</p>
<p>No le entorpezcas su fatal camino;</p>
<p>así se quiso allí donde se puede</p>
<p>lo que se quiere, y más no me preguntes." 24</p>
<p>Ahora comienzan las dolientes notas</p>
<p>a hacérseme sentir; y llego entonces</p>
<p>allí donde un gran llanto me golpea. 27</p>
<p>Llegué a un lugar de todas luces mudo,</p>
<p>que mugía cual mar en la tormenta,</p>
<p>si los vientos contrarios le combaten. 30</p>
<p>La borrasca infernal, que nunca cesa,</p>
<p>en su rapiña lleva a los espíritus;</p>
<p>volviendo y golpeando les acosa. 33</p>
<p>Cuando llegan delante de la ruina,</p>
<p>allí los gritos, el llanto, el lamento;</p>
<p>allí blasfeman del poder divino. 36</p>
<p>Comprendí que a tal clase de martirio</p>
<p>los lujuriosos eran condenados,</p>
<p>que la razón someten al deseo. 39</p>
<p>Y cual los estorninos forman de alas</p>
<p>en invierno bandada larga y prieta,</p>
<p>así aquel viento a los malos espiritus: 42</p>
<p>arriba, abajo, acá y allí les lleva;</p>
<p>y ninguna esperanza les conforta,</p>
<p>no de descanso, mas de menor pena. 45</p>
<p>Y cual las grullas cantando sus lays</p>
<p>largas hileras hacen en el aire,</p>
<p>así las vi venir lanzando ayes, 48</p>
<p>a las sombras llevadas por el viento.</p>
<p>Y yo dije: "Maestro, quién son esas</p>
<p>gentes que el aire negro así castiga?" 51</p>
<p>"La primera de la que las noticias</p>
<p>quieres saber -me dijo aquel entonces-</p>
<p>fue emperatriz sobre muchos idiomas. 54</p>
<p>Se inclinó tanto al vicio de lujuria,</p>
<p>que la lascivia licitó en sus leyes,</p>
<p>para ocultar el asco al que era dada: 57</p>
<p>Semíramis es ella, de quien dicen 58</p>
<p>que sucediera a Nino y fue su esposa:</p>
<p>mandó en la tierra que el sultán gobierna. 60</p>
<p>Se mató aquella otra, enamorada, 61</p>
<p>traicionando el recuerdo de Siqueo;</p>
<p>la que sigue es Cleopatra lujuriosa. 63</p>
<p>A Elena ve, por la que tanta víctima 64</p>
<p>el tiempo se llevó, y ve al gran Aquiles 65</p>
<p>que por Amor al cabo combatiera; 66</p>
<p>ve a Paris, a Tristán." Y a más de mil 67</p>
<p>sombras me señaló, y me nombró, a dedo,</p>
<p>que Amor de nuestra vida les privara. 69</p>
<p>Y después de escuchar a mi maestro</p>
<p>nombrar a antiguas damas y caudillos,</p>
<p>les tuve pena, y casi me desmayo. 72</p>
<p>Yo comencé: "Poeta, muy gustoso 73</p>
<p>hablaría a esos dos que vienen juntos</p>
<p>y parecen al viento tan ligeros." 75</p>
<p>Y él a mí: "Los verás cuando ya estén</p>
<p>más cerca de nosotros; si les ruegas</p>
<p>en nombre de su amor, ellos vendrán." 78</p>
<p>Tan pronto como el viento allí los trajo</p>
<p>alcé la voz: "Oh almas afanadas,</p>
<p>hablad, si no os lo impiden, con nosotros." 81</p>
<p>Tal palomas llamadas del deseo,</p>
<p>al dulce nido con el ala alzada,</p>
<p>van por el viento del querer llevadas, 84</p>
<p>ambos dejaron el grupo de Dido 85</p>
<p>y en el aire malsano se acercaron,</p>
<p>tan fuerte fue mi grito afectuoso: 87</p>
<p>"Oh criatura graciosa y compasiva</p>
<p>que nos visitas por el aire perso 89</p>
<p>a nosotras que el mundo ensangrentamos; 90</p>
<p>si el Rey del Mundo fuese nuestro amigo</p>
<p>rogaríamos de él tu salvación,</p>
<p>ya que te apiada nuestro mal perverso. 93</p>
<p>De lo que oír o lo que hablar os guste,</p>
<p>nosotros oiremos y hablaremos</p>
<p>mientras que el viento, como ahora, calle. 96</p>
<p>La tierra en que nací está situada</p>
<p>en la Marina donde el Po desciende</p>
<p>y con sus afluentes se reúne. 99</p>
<p>Amor, que al noble corazón se agarra,</p>
<p>a éste prendió de la bella persona</p>
<p>que me quitaron; aún me ofende el modo. 102</p>
<p>Amor, que a todo amado a amar le obliga, 103</p>
<p>prendió por éste en mí pasión tan fuerte 104</p>
<p>que, como ves, aún no me abandona. 105</p>
<p>El Amor nos condujo a morir juntos,</p>
<p>y a aquel que nos mató Caína espera." 107</p>
<p>Estas palabras ellos nos dijeron. 108</p>
<p>Cuando escuché a las almas doloridas</p>
<p>bajé el rostro y tan bajo lo tenía,</p>
<p>que el poeta me dijo al fin: "tQué piensas?" 111</p>
<p>Al responderle comencé: "Qué pena,</p>
<p>cuánto dulce pensar, cuánto deseo,</p>
<p>a éstos condujo a paso tan dañoso." 114</p>
<p>Después me volví a ellos y les dije,</p>
<p>y comencé: "Francesca, tus pesares</p>
<p>llorar me hacen triste y compasivo; 117</p>
<p>dime, en la edad de los dulces suspiros</p>
<p>¿cómo o por qué el Amor os concedió</p>
<p>que conocieses tan turbios deseos?" 120</p>
<p>Y repuso: "Ningún dolor más grande</p>
<p>que el de acordarse del tiempo dichoso</p>
<p>en la desgracia; y tu guía lo sabe. 123</p>
<p>Mas si saber la primera raíz</p>
<p>de nuestro amor deseas de tal modo,</p>
<p>hablaré como aquel que llora y habla: 126</p>
<p>Leíamos un día por deleite,</p>
<p>cómo hería el amor a Lanzarote; 128</p>
<p>solos los dos y sin recelo alguno. 129</p>
<p>Muchas veces los ojos suspendieron</p>
<p>la lectura, y el rostro emblanquecía,</p>
<p>pero tan sólo nos venció un pasaje. 132</p>
<p>Al leer que la risa deseada 133</p>
<p>era besada por tan gran amante,</p>
<p>éste, que de mí nunca ha de apartarse, 135</p>
<p>la boca me besó, todo él temblando.</p>
<p>Galeotto fue el libro y quien lo hizo;</p>
<p>no seguimos leyendo ya ese día." 138</p>
<p>Y mientras un espiritu así hablaba,</p>
<p>lloraba el otro, tal que de piedad</p>
<p>desfallecí como si me muriese; 141</p>
<p>y caí como un cuerpo muerto cae.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_6">
</cite>
CANTO VI</p>
</title>
<p>Cuando cobré el sentido que perdí</p>
<p>antes por la piedad de los cuñados,</p>
<p>que todo en la tristeza me sumieron, 3</p>
<p>nuevas condenas, nuevos condenados</p>
<p>veía en cualquier sitio en que anduviera</p>
<p>y me volviese y a donde mirase. 6</p>
<p>Era el tercer recinto, el de la lluvia</p>
<p>eterna, maldecida, fría y densa:</p>
<p>de regla y calidad no cambia nunca. 9</p>
<p>Grueso granizo, y agua sucia y nieve</p>
<p>descienden por el aire tenebroso;</p>
<p>hiede la tierra cuando esto recibe. 12</p>
<p>Cerbero, fiera monstruosa y cruel, 13</p>
<p>caninamente ladra con tres fauces</p>
<p>sobre la gente que aquí es sumergida. 15</p>
<p>Rojos los ojos, la barba unta y negra,</p>
<p>y ancho su vientre, y uñosas sus manos:</p>
<p>clava a las almas, desgarra y desuella. 18</p>
<p>Los hace aullar la lluvia como a perros,</p>
<p>de un lado hacen al otro su refugio,</p>
<p>los míseros profanos se revuelven. 21</p>
<p>Al advertirnos Cerbero, el gusano,</p>
<p>la boca abrió y nos mostró los colmillos,</p>
<p>no había un miembro que tuviese quieto. 24</p>
<p>Extendiendo las palmas de las manos,</p>
<p>cogió tierra mi guía y a puñadas</p>
<p>la tiró dentro del bramante tubo. 27</p>
<p>Cual hace el perro que ladrando rabia,</p>
<p>y mordiendo comida se apacigua,</p>
<p>que ya sólo se afana en devorarla, 30</p>
<p>de igual manera las bocas impuras</p>
<p>del demonio Cerbero, que así atruena</p>
<p>las almas, que quisieran verse sordas. 33</p>
<p>Íbamos sobre sombras que atería</p>
<p>la densa lluvia, poniendo las plantas</p>
<p>en sus fantasmas que parecen cuerpos. 36</p>
<p>En el suelo yacían todas ellas,</p>
<p>salvo una que se alzó a sentarse al punto</p>
<p>que pudo vernos pasar por delante. 39</p>
<p>"Oh tú que a estos infiernos te han traído</p>
<p>- me dijo- reconóceme si puedes:</p>
<p>tú fuiste, antes que yo deshecho, hecho." 42</p>
<p>"La angustia que tú sientes -yo le dije-</p>
<p>tal vez te haya sacado de mi mente,</p>
<p>y así creo que no te he visto nunca. 45</p>
<p>Dime quién eres pues que en tan penoso</p>
<p>lugar te han puesto, y a tan grandes males,</p>
<p>que si hay más grandes no serán tan tristes." 48</p>
<p>Y él a mfí "Tu ciudad, que tan repleta</p>
<p>de envidia está que ya rebosa el saco,</p>
<p>en sí me tuvo en la vida serena. 51</p>
<p>Los ciudadanos Ciacco me llamasteis; 52</p>
<p>por la dañosa culpa de la gula,</p>
<p>como estás viendo, en la lluvia me arrastro. 54</p>
<p>Mas yo, alma triste, no me encuentro sola,</p>
<p>que éstas se hallan en pena semejante</p>
<p>por semejante culpa", y más no dijo. 57</p>
<p>Yo le repuse: "Ciacco, tu tormento</p>
<p>tanto me pesa que a llorar me invita,</p>
<p>pero dime, si sabes, qué han de hacerse 60</p>
<p>de la ciudad partida los vecinos, 61</p>
<p>si alguno es justo; y dime la razón</p>
<p>por la que tanta guerra la ha asolado." 63</p>
<p>Y él a mí: "Tras de largas disensiones 64</p>
<p>ha de haber sangre, y el bando salvaje</p>
<p>echará al otro con grandes ofensas; 66</p>
<p>después será preciso que éste caiga</p>
<p>y el otro ascienda, luego de tres soles,</p>
<p>con la fuerza de Aquel que tanto alaban. 69</p>
<p>Alta tendrá largo tiempo la frente,</p>
<p>teniendo al otro bajo grandes pesos,</p>
<p>por más que de esto se avergüence y llore. 72</p>
<p>Hay dos justos, mas nadie les escucha; 73</p>
<p>son avaricia, soberbia y envidia</p>
<p>las tres antorchas que arden en los pechos." 75</p>
<p>Puso aquí fin al lagrimoso dicho.</p>
<p>Y yo le dije: "Aún quiero que me informes,</p>
<p>y que me hagas merced de más palabras; 78</p>
<p>Farinatta y Tegghiaio, tan honrados,</p>
<p>Jacobo Rusticucci, Arrigo y Mosca,</p>
<p>y los otros que en bien obrar pensaron, 81</p>
<p>dime en qué sitio están y hazme saber,</p>
<p>pues me aprieta el deseo, si el infierno</p>
<p>los amarga, o el cielo los endulza." 84</p>
<p>Y aquél: " Están entre las negras almas;</p>
<p>culpas varias al fondo los arrojan;</p>
<p>los podrás ver si sigues más abajo. 87</p>
<p>Pero cuando hayas vuelto al dulce mundo,</p>
<p>te pido que a otras mentes me recuerdes;</p>
<p>más no te digo y más no te respondo." 90</p>
<p>Entonces desvió los ojos fijos,</p>
<p>me miró un poco, y agachó la cara;</p>
<p>y a la par que los otros cayó ciego. 93</p>
<p>Y el guía dijo: "Ya no se levanta</p>
<p>hasta que suene la angélica trompa,</p>
<p>y venga la enemiga autoridad. 96</p>
<p>Cada cual volverá a su triste tumba,</p>
<p>retomarán su carne y su apariencia,</p>
<p>y oirán aquello que atruena por siempre." 99</p>
<p>Así pasamos por la sucia mezcla</p>
<p>de sombras y de lluvia a paso lento,</p>
<p>tratando sobre la vida futura. 102</p>
<p>Y yo dije: "Maestro, estos tormentos</p>
<p>crecerán luego de la gran sentencia,</p>
<p>serán menores o tan dolorosos?" 105</p>
<p>Y él contestó: "Recurre a lo que sabes:</p>
<p>pues cuanto más perfecta es una cosa</p>
<p>más siente el bien, y el dolor de igual modo, 108</p>
<p>Y por más que esta gente maldecida</p>
<p>la verdadera perfección no encuentre,</p>
<p>entonces, más que ahora, esperan serlo." 111</p>
<p>En redondo seguimos nuestra ruta,</p>
<p>hablando de otras cosas que no cuento;</p>
<p>y al llegar a aquel sitio en que se baja 114</p>
<p>encontramos a Pluto: el enemigo. 115</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_7">
</cite>
CANTO VII</p>
</title>
<p>"¡Papé Satán, Papé Satán aleppe!" 1</p>
<p>dijo Pluto con voz enronquecida;</p>
<p>y aquel sabio gentil que todo sabe, 3</p>
<p>me quiso confortar: "No te detenga</p>
<p>el miedo, que por mucho que pudiese</p>
<p>no impedirá que bajes esta roca." 6</p>
<p>Luego volvióse a aquel hocico hinchado,</p>
<p>y dijo: "Cállate maldito lobo,</p>
<p>consúmete tú mismo con tu rabia. 9</p>
<p>No sin razón por el infierno vamos:</p>
<p>se quiso en lo alto allá donde Miguel</p>
<p>tomó venganza del soberbio estupro." 12</p>
<p>Cual las velas hinchadas por el viento</p>
<p>revueltas caen cuando se rompe el mástil,</p>
<p>tal cayó a tierra la fiera cruel. 15</p>
<p>Así bajamos por la cuarta fosa,</p>
<p>entrando más en el doliente valle</p>
<p>que traga todo el mal del universo. 18</p>
<p>¡Ah justicia de Dios!, ¿quién amontona</p>
<p>nuevas penas y males cuales vi,</p>
<p>y por qué nuestra culpa así nos triza? 21</p>
<p>Como la ola que sobre Caribdis, 22</p>
<p>se destroza con la otra que se encuentra,</p>
<p>así viene a chocarse aquí la gente. 24</p>
<p>Vi aquí más gente que en las otras partes,</p>
<p>y desde un lado al otro, con chillidos,</p>
<p>haciendo rodar pesos con el pecho. 27</p>
<p>Entre ellos se golpean; y después</p>
<p>cada uno volvíase hacia atrás,</p>
<p>gritando "¿Por qué agarras?, ¿por qué tiras?" 30</p>
<p>Así giraban por el foso tétrico</p>
<p>de cada lado a la parte contraria,</p>
<p>siempre gritando el verso vergonzoso. 33</p>
<p>Al llegar luego todos se volvían</p>
<p>para otra justa, a la mitad del círculo,</p>
<p>y yo, que estaba casi conmovido, 36</p>
<p>dije: "Maestro, quiero que me expliques</p>
<p>quienes son éstos, y si fueron clérigos</p>
<p>todos los tonsurados de la izquierda." 39</p>
<p>Y él a mí. "Fueron todos tan escasos</p>
<p>de la razón en la vida primera,</p>
<p>que ningún gasto hicieron con mesura. 42</p>
<p>Bastante claro ládranlo sus voces,</p>
<p>al llegar a los dos puntos del círculo</p>
<p>donde culpa contraria los separa. 45</p>
<p>Clérigos fueron los que en la cabeza</p>
<p>no tienen pelo, papas, cardenales,</p>
<p>que están bajo el poder de la avaricia." 48</p>
<p>Y yo: "Maestro, entre tales sujetos</p>
<p>debiera yo conocer bien a algunos,</p>
<p>que inmundos fueron de tan grandes males." 51</p>
<p>Y él repuso: "Es en vano lo que piensas:</p>
<p>la vida torpe que los ha ensuciado,</p>
<p>a cualquier conocer los hace oscuros. 54</p>
<p>Se han de chocar los dos eternamente;</p>
<p>éstos han de surgir de sus sepulcros</p>
<p>con el puño cerrado, y éstos, mondos; 57</p>
<p>mal dar y mal tener, el bello mundo</p>
<p>les ha quitado y puesto en esta lucha:</p>
<p>no empleo mas palabras en contarlo. 60</p>
<p>Hijo, ya puedes ver el corto aliento,</p>
<p>de los bienes fiados a Fortuna,</p>
<p>por los que así se enzarzan los humanos; 63</p>
<p>que todo el oro que hay bajo la luna,</p>
<p>y existió ya, a ninguna de estas almas</p>
<p>fatigadas podría dar reposo." 66</p>
<p>"Maestro -dije yo-, dime ¿quién es esta</p>
<p>Fortuna a la que te refieres</p>
<p>que el bien del mundo tiene entre sus garras?" 69</p>
<p>Y él me repuso: "Oh locas criaturas,</p>
<p>qué grande es la ignorancia que os ofende; 71</p>
<p>quiero que tú mis palabras incorpores. 72</p>
<p>Aquel cuyo saber trasciendo todo,</p>
<p>los cielos hizo y les dio quien los mueve</p>
<p>tal que unas partes a otras se ilulninan, 75</p>
<p>distribuyendo igualmente la luz;</p>
<p>de igual modo en las glorias mundanales</p>
<p>dispuso una ministra que cambiase 78</p>
<p>los bienes vanos cada cierto tiempo</p>
<p>de gente en gente y de una a la otra sangre,</p>
<p>aunque el seso del hombre no Lo entienda; 81</p>
<p>por Lo que imperan unos y otros caen,</p>
<p>siguiendo los dictámenes de aquella</p>
<p>que está oculta en la yerba tal serpiente. 84</p>
<p>Vuestro saber no puede conocerla;</p>
<p>y en su reino provee, juzga y dispone</p>
<p>cual las otras deidades en el suyo. 87</p>
<p>No tienen tregua nunca sus mudanzas,</p>
<p>necesidad la obliga a ser ligera;</p>
<p>y aún hay algunos que el triunfo consiguen. 90</p>
<p>Esta es aquella a la que ultrajan tanto,</p>
<p>aquellos que debieran alabarla,</p>
<p>y sin razón la vejan y maldicen. 93</p>
<p>Mas ella en su alegría nada escucha;</p>
<p>feliz con las primeras criaturas</p>
<p>mueve su esfera y alegre se goza. 96</p>
<p>Ahora bajemos a mayor castigo; 97</p>
<p>caen las estrellas que salían cuando</p>
<p>eché a andar, y han prohibido entretenerse." 99</p>
<p>Del círculo pasamos a otra orilla</p>
<p>sobre una fuente que hierve y rebosa</p>
<p>por un canal que en ella da comienzo. 102</p>
<p>Aquel agua era negra más que persa;</p>
<p>y, siguiendo sus ondas tan oscuras,</p>
<p>por extraño camino descendimos. 105</p>
<p>Hasta un pantano va, llamado Estigia, 106</p>
<p>este arroyuelo triste, cuando baja</p>
<p>al pie de la maligna cuesta gris. 108</p>
<p>Y yo, que por mirar estaba atento,</p>
<p>gente enfangada vi en aquel pantano</p>
<p>toda desnuda, con airado rostro. 111</p>
<p>No sólo con las manos se pegaban,</p>
<p>mas con los pies, el pecho y la cabeza,</p>
<p>trozo a trozo arrancando con los dientes. 114</p>
<p>Y el buen maestro: "Hijo, mira ahora</p>
<p>las almas de esos que venció la cólera,</p>
<p>y también quiero que por cierto tengas 117</p>
<p>que bajo el agua hay gente que suspira,</p>
<p>y al agua hacen hervir la superficie,</p>
<p>como dice tu vista a donde mire. 120</p>
<p>Desde el limo exclamaban: "Triste hicimos</p>
<p>el aire dulce que del sol se alegra,</p>
<p>llevando dentro acidïoso humo: 123</p>
<p>tristes estamos en el negro cieno."</p>
<p>Se atraviesa este himno en su gaznate,</p>
<p>y enteras no les salen las palabras. 126</p>
<p>Así dimos la vuelta al sucio pozo,</p>
<p>entre la escarpa seca y lo de enmedio;</p>
<p>mirando a quien del fango se atraganta: 129</p>
<p>y al fin llegamos al pie de una torre.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_8">
</cite>
CANTO VIII</p>
</title>
<p>Digo, para seguir, que mucho antes 1</p>
<p>de llegar hasta el pie de la alta torre,</p>
<p>se encaminó a su cima nuestra vista, 3</p>
<p>porque vimos allí dos lucecitas,</p>
<p>y otra que tan de lejos daba señas,</p>
<p>que apenas nuestros ojos la veían. 6</p>
<p>Y yo le dije al mar de todo seso:</p>
<p>"Esto ¿qué significa? y ¿qué responde</p>
<p>el otro foco, y quién es quien lo hace?" 9</p>
<p>Y él respondió: "Por estas ondas sucias</p>
<p>ya podrás divisar lo que se espera,</p>
<p>si no lo oculta el humo del pantano." 12</p>
<p>Cuerda no lanzó nunca una saeta</p>
<p>que tan ligera fuese por el aire,</p>
<p>como yo vi una nave pequeñita 15</p>
<p>por el agua venir hacia nosotros,</p>
<p>al gobierno de un solo galeote,</p>
<p>gritando: "Al fin llegaste, alma alevosa." 18</p>
<p>"Flegias, Flegias, en vano estás gritando 19</p>
<p>díjole mi señor en este punto-;</p>
<p>tan sólo nos tendrás cruzando el lodo." 21</p>
<p>Cual es aquel que gran engaño escucha</p>
<p>que le hayan hecho, y luego se contiene,</p>
<p>así hizo Flegias consumido en ira. 24</p>
<p>Subió mi guía entonces a la barca,</p>
<p>y luego me hizo entrar detrás de él;</p>
<p>y sólo entonces pareció cargada. 27</p>
<p>Cuando estuvimos ambos en el leño,</p>
<p>hendiendo se marchó la antigua proa</p>
<p>el agua más que suele con los otros. 30</p>
<p>Mientras que el muerto cauce recorríamos</p>
<p>uno, lleno de fango vino y dijo:</p>
<p>"¿Quién eres tú que vienes a destiempo?" 33</p>
<p>.</p>
<p>Y le dije: " Si vengo, no me quedo;</p>
<p>pero ¿quién eres tú que estás tan sucio?"</p>
<p>Dijo: "Ya ves que soy uno que llora." 36</p>
<p>Yo le dije: "Con lutos y con llanto,</p>
<p>puedes quedarte, espíritu maldito,</p>
<p>pues aunque estés tan sucio te conozco." 39</p>
<p>Entonces tendió al leño las dos manos;</p>
<p>mas el maestro lo evitó prudente,</p>
<p>diciendo: "Vete con los otros perros." 42</p>
<p>Al cuello luego los brazos me echó,</p>
<p>besóme el rostro y dijo: "!Oh desdeñoso,</p>
<p>bendita la que estuvo de ti encinta! 45</p>
<p>Aquel fue un orgulloso para el mundo;</p>
<p>y no hay bondad que su memoria honre:</p>
<p>por ello está su sombra aquí furiosa. 48</p>
<p>Cuantos por reyes tiénense allá arriba,</p>
<p>aquí estarán cual puercos en el cieno,</p>
<p>dejando de ellos un desprecio horrible."` 51</p>
<p>Y yo: "Maestro, mucho desearía</p>
<p>el verle zambullirse en este caldo,</p>
<p>antes que de este lago nos marchemos." 54</p>
<p>Y él me repuso: "Aún antes que la orilla</p>
<p>de ti se deje ver, serás saciado:</p>
<p>de tal deseo conviene que goces." 57</p>
<p>Al poco vi la gran carnicería</p>
<p>que de él hacían las fangosas gentes;</p>
<p>a Dios por ello alabo y doy las gracias. 60</p>
<p>"¡A por Felipe Argenti!", se gritaban, 61</p>
<p>y el florentino espiritu altanero</p>
<p>contra sí mismo volvía los dientes. 63</p>
<p>Lo dejamos allí, y de él más no cuento.</p>
<p>Mas el oído golpeóme un llanto,</p>
<p>y miré atentamente hacia adelante. 66</p>
<p>Exclamó el buen maestro: "Ahora, hijo,</p>
<p>se acerca la ciudad llamada Dite, 68</p>
<p>de graves habitantes y mesnadas." 69</p>
<p>Y yo dije: "Maestro, sus mezquitas 70</p>
<p>en el valle distingo claramente,</p>
<p>rojas cual si salido de una fragua 72</p>
<p>hubieran." Y él me dijo: "El fuego eterno</p>
<p>que dentro arde, rojas nos las muestra,</p>
<p>como estás viendo en este bajo infierno." 75</p>
<p>Así llegamos a los hondos fosos</p>
<p>que ciñen esa tierra sin consuelo;</p>
<p>de hierro aquellos muros parecían. 78</p>
<p>No sin dar antes un rodeo grande,</p>
<p>llegamos a una parte en que el barquero</p>
<p>"Salid -gritó con fuerza- aquí es la entrada." 81</p>
<p>Yo vi a más de un millar sobre la puerta</p>
<p>de llovidos del cielo, que con rabia</p>
<p>decían: "¿Quién es este que sin muerte 84</p>
<p>va por el reino de la gente muerta?"</p>
<p>Y mi sabio maestro hizo una seña</p>
<p>de quererles hablar secretamente. 87</p>
<p>Contuvieron un poco el gran desprecio</p>
<p>y dijeron: " Ven solo y que se marche</p>
<p>quien tan osado entró por este reino; 90</p>
<p>que vuelva solo por la loca senda;</p>
<p>pruebe, si sabe, pues que tú te quedas,</p>
<p>que le enseñaste tan oscura zona." 93</p>
<p>Piensa, lector, el miedo que me entró</p>
<p>al escuchar palabras tan malditas,</p>
<p>que pensé que ya nunca volvería. 96</p>
<p>"Guía querido, tú que más de siete</p>
<p>veces me has confortado y hecho libre</p>
<p>de los grandes peligros que he encontrado, 99</p>
<p>no me dejies -le dije- así perdido;</p>
<p>y si seguir mas lejos nos impiden,</p>
<p>juntos volvamos hacia atrás los pasos." 102</p>
<p>Y aquel señor que allí me condujera</p>
<p>"No temas -dijo- porque nuestro paso</p>
<p>nadie puede parar: tal nos lo otorga. 105</p>
<p>Mas espérame aquí, y tu ánimo flaco</p>
<p>conforta y alimenta de esperanza,</p>
<p>que no te dejaré en el bajo mundo." 108</p>
<p>Así se fue, y allí me abandonó</p>
<p>el dulce padre, y yo me quedé en duda</p>
<p>pues en mi mente el no y el sí luchaban. 111</p>
<p>No pude oír qué fue lo que les dijo:</p>
<p>mas no habló mucho tiempo con aquéllos,</p>
<p>pues hacia adentro todos se marcharon. 114</p>
<p>Cerráronle las puertas los demonios</p>
<p>en la cara a mi guía, y quedó afuera,</p>
<p>y se vino hacia mí con pasos lentos. 117</p>
<p>Gacha la vista y privado su rostro</p>
<p>de osadía ninguna, y suspiraba:</p>
<p>" ¡Quién las dolientes casa me ha cerrado!" 120</p>
<p>Y él me dijo: "Tú, porque yo me irrite,</p>
<p>no te asustes, pues venceré la prueba,</p>
<p>por mucho que se empeñen en prohibirlo. 123</p>
<p>No es nada nueva esta insolencia suya,</p>
<p>que ante menos secreta puerta usaron,</p>
<p>que hasta el momento se halla sin cerrojos. 126</p>
<p>Sobre ella contemplaste el triste escrito:</p>
<p>y ya baja el camino desde aquélla,</p>
<p>pasando por los cercos sin escolta, 129</p>
<p>quien la ciudad al fin nos hará franca.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_9">
</cite>
CANTO IX</p>
</title>
<p>El color que sacó a mi cara el miedo 1</p>
<p>cuando vi que mi guía se tornaba,</p>
<p>lo quitó de la suya con presteza. 3</p>
<p>Atento se paró como escuchando,</p>
<p>pues no podía atravesar la vista</p>
<p>el aire negro y la neblina densa. 6</p>
<p>"Deberemos vencer en esta lucha</p>
<p>- comenzó él- si no… Es la promesa.</p>
<p>¡Cuánto tarda en llegar quien esperamos." 9</p>
<p>Y me di cuenta de que me ocultaba</p>
<p>lo del principio con lo que siguió,</p>
<p>pues palabras distintas fueron éstas; 12</p>
<p>pero no menos miedo me causaron,</p>
<p>porque pensaba que su frase trunca</p>
<p>tal vez peor sentido contuviese. 15</p>
<p>" ¿En este fondo de la triste hoya</p>
<p>bajó algún otro, desde el purgatorio</p>
<p>donde es pena la falta de esperanza?" 18</p>
<p>Esta pregunta le hice y: "Raramente</p>
<p>- él respondió- sucede que otro alguno</p>
<p>haga el camino por el que yo ando. 21</p>
<p>Verdad es que otra vez estuve aquí,</p>
<p>por la cruel Eritone conjurado, 23</p>
<p>que a sus cuerpos las almas reclamaba. 24</p>
<p>De mí recién desnuda era mi sombrío,</p>
<p>cuando ella me hizo entrar tras de aquel muro,</p>
<p>a traer un alma del pozo de Judas. 27</p>
<p>Aquel es el más bajo, el más sombrío,</p>
<p>y el lugar de los cielos más lejano;</p>
<p>bien sé el camino, puedes ir sin miedo. 30</p>
<p>Este pantano que gran peste exhala</p>
<p>en torno ciñe la ciudad doliente,</p>
<p>donde entrar no podemos ya sin ira." 33</p>
<p>Dijo algo más, pero no lo recuerdo,</p>
<p>porque mi vista se había fijado</p>
<p>en la alta torre de cima ardorosa, 36</p>
<p>donde al punto de pronto aparecieron</p>
<p>tres sanguinosas furias infernales</p>
<p>que cuerpo y porte de mujer tenían, 39</p>
<p>se ceñían con serpientes verdes;</p>
<p>su pelo eran culebras y cerastas</p>
<p>con que peinaban sus horribles sienes: 42</p>
<p>Y él que bien conocía a las esclavas</p>
<p>de la reina del llanto sempiterno</p>
<p>Las Feroces Erinias -dijo- mira: 45</p>
<p>Meguera es esa del izquierdo lado,</p>
<p>esa que llora al derecho es Aleto;</p>
<p>Tesfone está en medio." Y más no dijo. 48</p>
<p>Con las uñas el pecho se rasgaban,</p>
<p>y se azotaban, gritando tan alto,</p>
<p>que me estreché al poeta, temeroso. 51</p>
<p>"Ah, que venga Medusa a hacerle piedra 52</p>
<p>- las tres decían mientras me miraban-</p>
<p>malo fue el no vengarnos de Teseo." 54</p>
<p>"Date la vuelta y cierra bien los ojos;</p>
<p>si viniera Gorgona y la mirases</p>
<p>nunca podrías regresar arriba." 57</p>
<p>Asf dijo el Maestro, y en persona</p>
<p>me volvió, sin fiarse de mis manos,</p>
<p>que con las suyas aún no me tapase. 60</p>
<p>Vosotros que tenéis la mente sana,</p>
<p>observad la doctrina que se esconde</p>
<p>bajo el velo de versos enigmáticos. 63</p>
<p>Mas ya venía por las turbias olas</p>
<p>el estruendo de un son de espanto lleno,</p>
<p>por lo que retemblaron ambas márgenes; 66</p>
<p>hecho de forma semejante a un viento</p>
<p>que, impetuoso a causa de contrarios</p>
<p>ardores, hiere el bosque y, sin descanso, 69</p>
<p>las ramas troncha, abate y lejos lleva;</p>
<p>delante polvoroso va soberbio,</p>
<p>y hace escapar a fieras y a pastores. 72</p>
<p>Me destapó los ojos: "Lleva el nervio</p>
<p>de la vista por esa espuma antigua,</p>
<p>hacia allí donde el humo es más acerbo." 75</p>
<p>Como las ranas ante la enemiga</p>
<p>bicha, en el agua se sumergen todas,</p>
<p>hasta que todas se juntan en tierra, 78</p>
<p>más de un millar de almas destruidas</p>
<p>vi que huían ante uno, que a su paso</p>
<p>cruzaba Estigia con los pies enjutos. 81</p>
<p>Del rostro se apartaba el aire espeso</p>
<p>de vez en cuando con la mano izquierda;</p>
<p>y sólo esa molestia le cansaba. 84</p>
<p>Bien noté que del cielo era enviado,</p>
<p>y me volví al maestro que hizo un signo</p>
<p>de que estuviera quieto y me inclinase. 87</p>
<p>¡Cuán lleno de desdén me parecía!</p>
<p>Llegó a la puerta, y con una varita</p>
<p>la abrió sin encontrar impedimento. 90</p>
<p>"¡Oh, arrojados del cielo, despreciados!</p>
<p>- gritóles él desde el umbral horrible-.</p>
<p>¿Cómo es que aún conserváis esta arrogancia? 93</p>
<p>¿Y por que os resistis a aquel deseo</p>
<p>cuyo fin nunca pueda detenerse,</p>
<p>y que más veces acreció el castigo? 96</p>
<p>¿De qué sirve al destino dar de coces?</p>
<p>Vuestro Cerbero, si bien recordáis,</p>
<p>aún hocico y mentón lleva pelados." 99</p>
<p>Luego tomó el camino cenagoso,</p>
<p>sin decirnos palabra, mas con cara</p>
<p>de a quien otro cuidado apremia y muerde, 102</p>
<p>y no el de aquellos que tiene delante.</p>
<p>A la ciudad los pasos dirigimos,</p>
<p>seguros ya tras sus palabras santas. 105</p>
<p>Dentro, sin guerra alguna, penetramos;</p>
<p>y yo, que de mirar estaba ansioso</p>
<p>todas las cosas que el castillo encierra, 108</p>
<p>al estar dentro miro en torno mío;</p>
<p>y veo en todas partes un gran campo,</p>
<p>lleno de pena y reo de tormentos. 111</p>
<p>Como en Arlés donde se estanca el Ródano, 112</p>
<p>o como el Pola cerca del Carnaro,</p>
<p>que Italia cierra y sus límites baña, 114</p>
<p>todo el sitio ondulado hacen las tumbas,</p>
<p>de igual manera allí por todas partes,</p>
<p>salvo que de manera aún más amarga, 117</p>
<p>pues llamaradas hay entre las fosas;</p>
<p>y tanto ardían que en ninguna fragua,</p>
<p>el hierro necesita tanto fuego. 120</p>
<p>Sus lápidas estaban removidas,</p>
<p>y salían de allí tales lamentos,</p>
<p>que parecían de almas condenadas. 123</p>
<p>Y yo: " Maestro, qué gentes son esas</p>
<p>que, sepultadas dentro de esas tumbas,</p>
<p>se hacen oír con dolientes suspiros?" 126</p>
<p>Y dijo: "Están aquí los heresiarcas,</p>
<p>sus secuaces, de toda secta, y llenas</p>
<p>están las tumbas más de lo que piensas. 129</p>
<p>El igual con su igual está enterrado, 130</p>
<p>y los túmulos arden más o menos."</p>
<p>Y luego de volverse a la derecha, 132</p>
<p>cruzamos entre fosas y altos muros.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_10">
</cite>
CANTO X</p>
</title>
<p>Siguió entonces por una oculta senda</p>
<p>entre aquella muralla y los martirios</p>
<p>mi Maestro, y yo fui tras de sus pasos. 3</p>
<p>"Oh virtud suma, que en los infernales</p>
<p>circulos me conduces a tu gusto,</p>
<p>háblame y satisface mis deseos: 6</p>
<p>a la gente que yace en los supulcros</p>
<p>¿la podré ver?, pues ya están levantadas</p>
<p>todas las losas, y nadie vigila." 9</p>
<p>Y él repuso: "Cerrados serán todos</p>
<p>cuando aquí vuelvan desde Josafat</p>
<p>con los cuerpos que allá arriba dejaron. 12</p>
<p>Su cementerio en esta parte tienen</p>
<p>con Epicuro todos sus secuaces 14</p>
<p>que el alma, dicen, con el cuerpo muere. 15</p>
<p>Pero aquella pregunta que me hiciste</p>
<p>pronto será aquí mismo satisfecha,</p>
<p>y también el deseo que me callas." 18</p>
<p>Y yo: "Buen guía, no te oculta nada</p>
<p>mi corazón, si no es por hablar poco;</p>
<p>y tú me tienes a ello predispuesto." 21</p>
<p>"Oh toscano que en la ciudad del fuego 22</p>
<p>caminas vivo, hablando tan humilde,</p>
<p>te plazca detenerte en este sitio, 24</p>
<p>porque tu acento demuestra que eres</p>
<p>natural de la noble patria aquella</p>
<p>a la que fui, tal vez, harto dañoso." 27</p>
<p>Este son escapó súbitamente</p>
<p>desde una de las arcas; y temiendo,</p>
<p>me arrimé un poco más a mi maestro. 30</p>
<p>Pero él me dijo: " Vuélvete, ¿qué haces?</p>
<p>mira allí a Farinatta que se ha alzado;</p>
<p>le verás de cintura para arriba." 33</p>
<p>Fijado en él había ya mi vista;</p>
<p>y aquél se erguía con el pecho y frente</p>
<p>cual si al infierno mismo despreciase. 36</p>
<p>Y las valientes manos de mi guía</p>
<p>me empujaron a él entre las tumbas,</p>
<p>diciendo: "Sé medido en tus palabras." 39</p>
<p>Como al pie de su tumba yo estuviese,</p>
<p>me miró un poco, y como con desdén,</p>
<p>me preguntó: "¿Quién fueron tus mayores?" 42</p>
<p>Yo, que de obedecer estaba ansioso,</p>
<p>no lo oculté, sino que se lo dije,</p>
<p>y él levantó las cejas levemente. 45</p>
<p>"Con fiereza me fueron adversarios</p>
<p>a mí y a mi partido y mis mayores,</p>
<p>y así dos veces tuve que expulsarles." 48</p>
<p>" Si les echaste -dije- regresaron</p>
<p>de todas partes, una y otra vez;</p>
<p>mas los vuestros tal arte no aprendieron." 51</p>
<p>Surgió entonces al borde de su foso</p>
<p>otra sombra, a su lado, hasta la barba: 53</p>
<p>creo que estaba puesta de rodillas. 54</p>
<p>Miró a mi alrededor, cual si propósito</p>
<p>tuviese de encontrar conmigo a otro,</p>
<p>y cuando fue apagada su sospecha, 57</p>
<p>llorando dijo: "Si por esta ciega</p>
<p>cárcel vas tú por nobleza de ingenio,</p>
<p>¿y mi hijo?, ¿por qué no está contigo?" 60</p>
<p>Y yo dije: "No vengo por mí mismo,</p>
<p>el que allá aguarda por aquí me lleva</p>
<p>a quien Guido, tal vez, fue indiferente." 63</p>
<p>Sus palabras y el modo de su pena</p>
<p>su nombre ya me habian revelado;</p>
<p>por eso fue tan clara mi respuesta. 66</p>
<p>Súbitamente alzado gritó: "¿Cómo</p>
<p>has dicho?, ¿Fue?, ¿Es que entonces ya no vive?</p>
<p>¿La dulce luz no hiere ya sus ojos?" 69</p>
<p>Y al advertir que una cierta demora</p>
<p>antes de responderle yo mostraba,</p>
<p>cayó de espaldas sin volver a alzarse. 72</p>
<p>Mas el otro gran hombre, a cuyo ruego</p>
<p>yo me detuve, no alteró su rostro,</p>
<p>ni movió el cuello, ni inclinó su cuerpo. 75</p>
<p>Y así, continuando lo de antes,</p>
<p>"Que aquel arte -me dijo- mal supieran,</p>
<p>eso, más que este lecho, me tortura. 78</p>
<p>Pero antes que cincuenta veces arda 79</p>
<p>la faz de la señora que aquí reina,</p>
<p>tú has de saber lo que tal arte pesa. 81</p>
<p>Y así regreses a ese dulce mundo,</p>
<p>dime, ¿por qué ese pueblo es tan impío</p>
<p>contra los míos en todas sus leyes?" 84</p>
<p>Y yo dije: "El estrago y la matanza</p>
<p>que teñirse de rojo al Arbia hizo, 86</p>
<p>obliga a tal decreto en nuestros templos." 87</p>
<p>Me respondió moviendo la cabeza:</p>
<p>"No estuve solo álli, ni ciertamente</p>
<p>sin razón me movi con esos otros: 90</p>
<p>mas estuve yo solo, cuando todos</p>
<p>en destruir Florencia consentían,</p>
<p>defendiéndola a rostro descubierto." 93</p>
<p>"Ah, que repose vuestra descendencia</p>
<p>- yo le rogué-, este nudo desatadme</p>
<p>que ha enmarañado aquí mi pensamiento. 96</p>
<p>Parece que sabéis, por lo que escucho, 97</p>
<p>lo que nos trae el tiempo de antemano,</p>
<p>mas usáis de otro modo en lo de ahora." 99</p>
<p>"Vemos, como quien tiene mala luz,</p>
<p>las cosas -dijo- que se encuentran lejos,</p>
<p>gracias a lo que esplende el Sumo Guía. 102</p>
<p>Cuando están cerca, o son, vano es del todo</p>
<p>nuestro intelecto; y si otros no nos cuentan,</p>
<p>nada sabemos del estado humano. 105</p>
<p>Y comprender podrás que muerto quede</p>
<p>nuestro conocimiento en aquel punto</p>
<p>que se cierre la puerta del futuro." 108</p>
<p>Arrepentido entonces de mi falta,</p>
<p>dije: "Diréis ahora a aquel yacente</p>
<p>que su hijo aún se encuentra con los vivos; 111</p>
<p>y si antes mudo estuve en la respuesta,</p>
<p>hazle saber que fue porque pensaba</p>
<p>ya en esa duda que me habéis resuelto." 114</p>
<p>Y ya me reclamaba mi maestro;</p>
<p>y yo rogué al espíritu que rápido</p>
<p>me refiriese quién con él estaba. 117</p>
<p>Díjome: "Aquí con más de mil me encuentro;</p>
<p>dentro se halla el segundo Federico, 119</p>
<p>y el Cardenal, y de los otros callo." 120</p>
<p>Entonces se ocultó; y yo hacia el antiguo</p>
<p>poeta volví el paso, repensando</p>
<p>esas palabras que creí enemigas. 123</p>
<p>Él echó a andar y luego, caminando,</p>
<p>me dijo: "¿Por qué estás tan abatido?"</p>
<p>Y yo le satisfice la pregunta. 126</p>
<p>" Conserva en la memoria lo que oíste</p>
<p>contrario a ti -me aconsejó aquel sabio-</p>
<p>y atiende ahora -y levantó su dedo-: 129</p>
<p>cuando delante estés del dulce rayo</p>
<p>de aquella cuyos ojos lo ven todo 131</p>
<p>de ella sabrás de tu vida el viaje. 132</p>
<p>Luego volvió los pies a mano izquierda:</p>
<p>dejando el muro, fuimos hacia el centro</p>
<p>por un sendero que conduce a un valle, 135</p>
<p>cuyo hedor hasta allí desagradaba.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_11">
</cite>
CANTO XI</p>
</title>
<p>Por el extremo de un acantilado,</p>
<p>que en circulo formaban peñas rotas,</p>
<p>llegamos a un gentío aún más doliente; 3</p>
<p>y allí, por el exceso tan horrible</p>
<p>de la peste que sale del abismo,</p>
<p>al abrigo detrás nos colocamos 6</p>
<p>de un gran sepulcro, donde vi un escrito</p>
<p>"Aquí el papa Anastasio está encerrado 8</p>
<p>que Fotino apartó del buen camino." 9</p>
<p>"Conviene que bajemos lentamente,</p>
<p>para que nuestro olfato se acostumbre</p>
<p>al triste aliento; y luego no moleste." 12</p>
<p>Así el Maestro, y yo: "Compensación</p>
<p>- díjele- encuentra, pues que el tiempo en balde</p>
<p>no pase." Y él: "Ya ves que en eso pienso. 15</p>
<p>Dentro, hijo mío, de estos pedregales 16</p>
<p>- luego empezó a decir- tres son los círculos</p>
<p>que van bajando, como los que has visto. 18</p>
<p>Todos llenos están de condenados,</p>
<p>mas porque luego baste que los mires,</p>
<p>oye cómo y por qué se les encierra: 21</p>
<p>Toda maldad, que el odio causa al cielo,</p>
<p>tiene por fin la injuria, y ese fin</p>
<p>o con fuerza o con fraude a otros contrista; 24</p>
<p>mas siendo el fraude un vicio sólo humano,</p>
<p>más lo odia Dios, por ello son al fondo</p>
<p>los fraudulentos aún más castigados. 27</p>
<p>De los violentos es el primer círculo;</p>
<p>mas como se hace fuerza a tres personas,</p>
<p>en tres recintos está dividido; 30</p>
<p>a Dios, y a sí, y al prójimo se puede</p>
<p>forzar; digo a ellos mismos y a sus cosas,</p>
<p>como ya claramente he de explicarte. 33</p>
<p>Muerte por fuerza y dolientes heridas</p>
<p>al prójimo se dan, y a sus haberes</p>
<p>ruinas, incendios y robos dañosos; 36</p>
<p>y así a homicidas y a los que mal hieren,</p>
<p>ladrones e incendiarios, atormenta</p>
<p>el recinto primero en varios grupos. 39</p>
<p>Puede el hombre tener violenta mano</p>
<p>contra él mismo y sus cosas; y es preciso</p>
<p>que en el segundo recinto lo purgue 42</p>
<p>el que se priva a sí de vuestro mundo,</p>
<p>juega y derrocha aquello que posee,</p>
<p>y llora allí donde debió alegrarse. 45</p>
<p>Puede hacer fuerza contra la deidad,</p>
<p>blasfemando, negándola en su alma,</p>
<p>despreciando el amor de la natura; 48</p>
<p>y el recinto menor lleva la marca</p>
<p>del signo de Cahors y de Sodoma, 50</p>
<p>y del que habla de Dios con menosprecio. 51</p>
<p>El fraude, que cualquier conciencia muerde,</p>
<p>se puede hacer a quien de uno se fía,</p>
<p>o a aquel que la confianza no ha mostrado. 54</p>
<p>Se diría que de esta forma matan</p>
<p>el vínculo de amor que hace natura;</p>
<p>y en el segundo círculo se esconden 57</p>
<p>hipocresía, adulación, quien hace</p>
<p>falsedad, latrocinio y simonía,</p>
<p>rufianes, barateros y otros tales. 60</p>
<p>De la otra forma aquel amor se olvida</p>
<p>de la naturaleza, y lo que crea,</p>
<p>de donde se genera la confianza; 63</p>
<p>y al Círculo menor, donde está el centro</p>
<p>del universo, donde asienta Dite,</p>
<p>el que traiciona por siempre es llevado." 66</p>
<p>Y yo: "Maestro, muy clara procede</p>
<p>tu razón, y bastante bien distingue</p>
<p>este lugar y el pueblo que lo ocupa: 69</p>
<p>pero ahora dime: aquellos de la ciénaga,</p>
<p>que lleva el viento, y que azota la lluvia,</p>
<p>y que chocan con voces tan acerbas, 72</p>
<p>¿por qué no dentro de la ciudad roja</p>
<p>son castigados, si a Dios enojaron?</p>
<p>y si no, ¿por qué están en tal suplicio?" 75</p>
<p>Y entonces él: "¿Por qué se aleja tanto</p>
<p>- dijo- tu ingenio de lo que acostumbra?,</p>
<p>¿o es que tu mente mira hacia otra parte? 78</p>
<p>¿Ya no te acuerdas de aquellas palabras</p>
<p>que reflejan en tu ÉTICA las tres. 80</p>
<p>inclinaciones que no quiere el cielo, 81</p>
<p>incontinencia, malicia y la loca</p>
<p>bestialidad? ¿y cómo incontinencia</p>
<p>menos ofende y menos se castiga? 84</p>
<p>Y si miras atento esta sentencia,</p>
<p>y a la mente preguntas quién son esos</p>
<p>que allí fuera reciben su castigo, 87</p>
<p>comprenderás por qué de estos felones</p>
<p>están aparte, y a menos crudeza</p>
<p>la divina venganza les somete." 90</p>
<p>"Oh sol que curas la vista turbada,</p>
<p>tú me contentas tanto resolviendo,</p>
<p>que no sólo el saber, dudar me gusta. 93</p>
<p>Un poco más atrás vuélvete ahora</p>
<p>- díjele-, allí donde que usura ofende</p>
<p>a Dios dijiste, y quítame el enredo." 96</p>
<p>"A quien la entiende, la Filosofía</p>
<p>hace notar, no sólo en un pasaje</p>
<p>cómo natura su carrera toma 99</p>
<p>del divino intelecto y de su arte;</p>
<p>y si tu FÍSICA miras despacio,</p>
<p>encontrarás, sin mucho que lo busques, 102</p>
<p>que el arte vuestro a aquélla, cuanto pueda,</p>
<p>sigue como al maestro su discípulo,</p>
<p>tal que vuestro arte es como de Dios nieto. 105</p>
<p>Con estas dos premisas, si recuerdas</p>
<p>el principio del Génesis, debemos</p>
<p>ganarnos el sustento con trabajo. 108</p>
<p>Y al seguir el avaro otro camino, 109</p>
<p>por éste, a la natura y a sus frutos,</p>
<p>desprecia, y pone en lo otro su esperanza. 111</p>
<p>Mas sígueme, porque avanzar me place;</p>
<p>que Piscis ya remonta el horizonte</p>
<p>y todo el Carro yace sobre el Coro, 114</p>
<p>y el barranco a otro sitio se despeña.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_12">
</cite>
CANTO XII</p>
</title>
<p>Era el lugar por el que descendimos</p>
<p>alpestre y, por aquel que lo habitaba,</p>
<p>cualquier mirada hubiéralo esquivado. 3</p>
<p>Como son esas ruinas que al costado</p>
<p>de acá de Trento azota el río Adigio,</p>
<p>por terremoto o sin tener cimientos, 6</p>
<p>que de lo alto del monte, del que bajan</p>
<p>al llano, tan hendida está la roca</p>
<p>que ningún paso ofrece a quien la sube; 9</p>
<p>de aquel barranco igual era el descenso;</p>
<p>y allí en el borde de la abierta sima,</p>
<p>el oprobio de Creta estaba echado 12</p>
<p>que concebido fue en la falsa vaca;</p>
<p>cuando nos vio, a sí mismo se mordía,</p>
<p>tal como aquel que en ira se consume. 15</p>
<p>Mi sabio entonces le gritó: "Por suerte</p>
<p>piensas que viene aquí el duque de Atenas, 17</p>
<p>que allí en el mundo la muerte te trajo? 18</p>
<p>Aparta, bestia, porque éste no viene</p>
<p>siguiendo los consejos de tu hermana,</p>
<p>sino por contemplar vuestros pesares." 21</p>
<p>Y como el toro se deslaza cuando</p>
<p>ha recibido ya el golpe de muerte,</p>
<p>y huir no puede, mas de aquí a allí salta, 24</p>
<p>así yo vi que hacía el Minotauro;</p>
<p>y aquel prudente gritó: "Corre al paso;</p>
<p>bueno es que bajes mientras se enfurece." 27</p>
<p>Descendimos así por el derrumbe</p>
<p>de las piedras, que a veces se movían</p>
<p>bajo mis pies con esta nueva carga. 30</p>
<p>Iba pensando y díjome: "Tú piensas</p>
<p>tal vez en esta ruina, que vigila</p>
<p>la ira bestial que ahora he derrotado. 33</p>
<p>Has de saber que en la otra ocasión</p>
<p>que descendí a lo hondo del infierno,</p>
<p>esta roca no estaba aún desgarrada; 36</p>
<p>pero sí un poco antes, si bien juzgo,</p>
<p>de que viniese Aquel que la gran presa</p>
<p>quitó a Dite del círculo primero, 39</p>
<p>tembló el infecto valle de tal modo</p>
<p>que pensé que sintiese el universo</p>
<p>amor, por el que alguno cree que el mundo 42</p>
<p>muchas veces en caos vuelve a trocarse; 43</p>
<p>y fue entonces cuando esta vieja roca</p>
<p>se partió por aquí y por otros lados. 45</p>
<p>Mas mira el valle, pues que se aproxima</p>
<p>aquel río sangriento, en el cual hierve 47</p>
<p>aquel que con violencia al otro daña." 48</p>
<p>¡Oh tú, ciega codicia, oh loca furia,</p>
<p>que así nos mueves en la corta vida,</p>
<p>y tan mal en la eterna nos sumerges! 51</p>
<p>Vi una amplia fosa que torcía en arco,</p>
<p>y que abrazaba toda la llanura,</p>
<p>según lo que mi guía había dicho. 54</p>
<p>Y por su pie corrían los centauros,</p>
<p>en hilera y armados de saetas, 56</p>
<p>como cazar solían en el mundo. 57</p>
<p>Viéndonos descender, se detuvieron,</p>
<p>y de la fila tres se separaron</p>
<p>con los arcos y flechas preparadas. 60</p>
<p>Y uno gritó de lejos: "¿A qué pena</p>
<p>venís vosotros bajando la cuesta?</p>
<p>Decidlo desde allí, o si no disparo." 63</p>
<p>"La respuesta -le dijo mi maestro-</p>
<p>daremos a Quirón cuando esté cerca:</p>
<p>tu voluntad fue siempre impetuosa." 66</p>
<p>Después me tocó, y dijo: "Aquel es Neso, 67</p>
<p>que murió por la bella Deyanira,</p>
<p>contra sí mismo tomó la venganza. 69</p>
<p>Y aquel del medio que al pecho se mira,</p>
<p>el gran Quirón, que fue el ayo de Aquiles; 71</p>
<p>y el otro es Folo, el que habló tan airado. 72</p>
<p>Van a millares rodeando el foso,</p>
<p>flechando a aquellas almas que abandonan</p>
<p>la sangre, más que su culpa permite." 75</p>
<p>Nos acercamos a las raudas fieras:</p>
<p>Quirón cogió una flecha, y con la punta,</p>
<p>de la mejilla retiró la barba. 78</p>
<p>Cuando hubo descubierto la gran boca,</p>
<p>dijo a sus compañeros; "¿No os dais cuenta</p>
<p>que el de detrás remueve lo que pisa? 81</p>
<p>No lo suelen hacer los pies que han muerto."</p>
<p>Y mi buen guía, llegándole al pecho,</p>
<p>donde sus dos naturas se entremezclan, 84</p>
<p>respondió: "Está bien vivo, y a él tan sólo</p>
<p>debo enseñarle el tenebroso valle:</p>
<p>necesidad le trae, no complacencia. 87</p>
<p>Alguien cesó de cantar Aleluya,</p>
<p>y ésta nueva tarea me ha encargado:</p>
<p>él no es ladrón ni yo alma condenada. 90</p>
<p>Mas por esta virtud por la cual muevo</p>
<p>los pasos por camino tan salvaje,</p>
<p>danos alguno que nos acompañe, 93</p>
<p>que nos muestre por dónde se vadea,</p>
<p>y que a éste lleve encima de su grupa,</p>
<p>pues no es alma que viaje por el aire." 96</p>
<p>Quirón se volvió atrás a la derecha,</p>
<p>y dijo a Neso: "Vuelve y dales guía,</p>
<p>y hazles pasar si otro grupo se encuentran." 99</p>
<p>Y nos marchamos con tan fiel escolta</p>
<p>por la ribera del bullir rojizo,</p>
<p>donde mucho gritaban los que hervían. 102</p>
<p>Gente vi sumergida hasta las cejas,</p>
<p>y el gran centauro dijo: " Son tiranos</p>
<p>que vivieron de sangre y de rapiña: 105</p>
<p>lloran aquí sus daños despiadados;</p>
<p>está Alejandro, y el feroz Dionisio 107</p>
<p>que a Sicilia causó tiempos penosos. 108</p>
<p>Y aquella frente de tan negro pelo,</p>
<p>es Azolino; y aquel otro rubio, 110</p>
<p>es Opizzo de Este, que de veras 111</p>
<p>fue muerto por su hijastro allá en el mundo."</p>
<p>Me volví hacia el poeta y él me dijo:</p>
<p>"Ahora éste es el primero, y yo el segundo." 114</p>
<p>Al poco rato se fijó el Centauro</p>
<p>en unas gentes, que hasta la garganta</p>
<p>parecían, salir del hervidero. 117</p>
<p>Díjonos de una sombra ya apartada:</p>
<p>"En la casa de Dios aquél hirió - 119</p>
<p>el corazón que al Támesis chorrea." 120</p>
<p>Luego vi gentes que sacaban fuera</p>
<p>del río la cabeza, y hasta el pecho;</p>
<p>y yo reconocí a bastantes de ellos. 123</p>
<p>Asi iba descendiendo poco a poco</p>
<p>aquella sangre que los pies cocía,</p>
<p>y por allí pasamos aquel foso. 126</p>
<p>"Así como tú ves que de esta parte</p>
<p>el hervidero siempre va bajando,</p>
<p>- dijo el centauro- quiero que conozcas 129</p>
<p>que por la otra más y más aumenta</p>
<p>su fondo, hasta que al fin llega hasta el sitio</p>
<p>en donde están gimiendo los tiranos. 132</p>
<p>La diving justicia aquí castiga</p>
<p>a aquel Atila azote de la tierra 134</p>
<p>y a Pirro y Sexto; y para siempre ordeña 135</p>
<p>las lágrimas, que arrancan los hervores,</p>
<p>a Rinier de Corneto, a Rinier Pazzo 137</p>
<p>qué en los caminos tanta guerra hicieron." 138</p>
<p>Volvióse luego y franqueó aquel vado.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_13">
</cite>
CANTO XIII</p>
</title>
<p>Neso no había aún vuelto al otro lado,</p>
<p>cuando entramos nosotros por un bosque</p>
<p>al que ningún sendero señalaba. 3</p>
<p>No era verde su fronda, sino oscura;</p>
<p>ni sus ramas derechas, mas torcidas;</p>
<p>sin frutas, mas con púas venenosas. 6</p>
<p>Tan tupidos, tan ásperos matojos</p>
<p>no conocen las fieras que aborrecen</p>
<p>entre Corneto y Cécina los campos. 9</p>
<p>Hacen allí su nido las arpías, 10</p>
<p>que de Estrófane echaron al Troyano</p>
<p>con triste anuncio de futuras cuitas. 12</p>
<p>Alas muy grandes, cuello y rostro humanos</p>
<p>y garras tienen, y el vientre con plumas;</p>
<p>en árboles tan raros se lamentan. 15</p>
<p>Y el buen Maestro: "Antes de adentrarte,</p>
<p>sabrás que este recinto es el segundo</p>
<p>- me comenzó a decir- y estarás hasta 18</p>
<p>que puedas ver el horrible arenal;</p>
<p>mas mira atentamente; así verás</p>
<p>cosas que si te digo no creerías." 21</p>
<p>Yo escuchaba por todas partes ayes,</p>
<p>y no vela a nadie que los diese, 23</p>
<p>por lo que me detuve muy asustado. 24</p>
<p>Yo creí que él creyó que yo creía</p>
<p>que tanta voz salía del follaje,</p>
<p>de gente que a nosotros se ocultaba. 27</p>
<p>Y por ello me dijo: "Si tronchases</p>
<p>cualquier manojo de una de estas plantas,</p>
<p>tus pensamientos también romperias." 30</p>
<p>Entonces extendí un poco la mano,</p>
<p>y corté una ramita a un gran endrino;</p>
<p>y su tronco gritó: "¿Por qué me hieres? 33</p>
<p>Y haciéndose después de sangre oscuro</p>
<p>volvió a decir: "Por qué así me desgarras?</p>
<p>¿es que no tienes compasión alguna? 36</p>
<p>Hombres fuimos, y ahora matorrales;</p>
<p>más piadosa debiera ser tu mano,</p>
<p>aunque fuéramos almas de serpientes." 39</p>
<p>Como. una astilla verde que encendida</p>
<p>por un lado, gotea por el otro,</p>
<p>y chirría el vapor que sale de ella, 42</p>
<p>así del roto esqueje salen juntas</p>
<p>sangre y palabras: y dejé la rama</p>
<p>caer y me quedé como quien teme. 45</p>
<p>"Si él hubiese creído de antemano</p>
<p>- le respondió mi sabio-, ánima herida,</p>
<p>aquello que en mis rimas ha leído, 48</p>
<p>no hubiera puesto sobre ti la mano:</p>
<p>mas me ha llevado la increible cosa</p>
<p>a inducirle a hacer algo que me pesa: 51</p>
<p>mas dile quién has sido, y de este modo</p>
<p>algún aumento renueve tu fama</p>
<p>alli en el mundo, al que volver él puede." 54</p>
<p>Y el tronco: "Son tan dulces tus lisonjas</p>
<p>que no puedo callar; y no os moleste</p>
<p>si en hablaros un poco me entretengo: 57</p>
<p>Yo soy aquel que tuvo las dos llaves 58</p>
<p>que el corazón de Federico abrían</p>
<p>y cerraban, de forma tan suave, 60</p>
<p>que a casi todos les negó el secreto;</p>
<p>tanta fidelidad puse en servirle</p>
<p>que mis noches y días perdí en ello. 63</p>
<p>La meretriz que jamás del palacio 64</p>
<p>del César quita la mirada impúdica,</p>
<p>muerte común y vicio de las cortes, 66</p>
<p>encendió a todos en mi contra; y tanto</p>
<p>encendieron a Augusto esos incendios</p>
<p>que el gozo y el honor trocóse en lutos; 69</p>
<p>mi ánimo, al sentirse despreciado,</p>
<p>creyendo con morir huir del desprecio,</p>
<p>culpable me hizo contra mí inocente. 72</p>
<p>Por las raras raíces de este leño,</p>
<p>os juro que jamás rompí la fe</p>
<p>a mi señor, que fue de honor tan digno. 75</p>
<p>Y si uno de los dos regresa al mundo,</p>
<p>rehabilite el recuerdo que se duele</p>
<p>aún de ese golpe que asesta la envidia." 78</p>
<p>Paró un poco, y después: "Ya que se calla,</p>
<p>no pierdas tiempo -dijome el poeta-</p>
<p>habla y pregúntale si más deseas." 81</p>
<p>Yo respondí: "Pregúntale tú entonces</p>
<p>lo que tú pienses que pueda gustarme;</p>
<p>pues, con tanta aflicción, yo no podría." 84</p>
<p>Y así volvió a empezar: "Para que te haga</p>
<p>de buena gana aquello que pediste,</p>
<p>encarcelado espíritu, aún te plazca 87</p>
<p>decirnos cómo el alma se encadena</p>
<p>en estos troncos; dinos, si es que puedes,</p>
<p>si alguna se despega de estos miembros." 90</p>
<p>Sopló entonces el tronco fuememente</p>
<p>trocándose aquel viento en estas voces:</p>
<p>"Brevemente yo quiero responderos; 93</p>
<p>cuando un alma feroz ha abandonado</p>
<p>el cuerpo que ella misma ha desunido</p>
<p>Minos la manda a la séptima fosa. 96</p>
<p>Cae a la selva en parte no elegida;</p>
<p>mas donde la fortuna la dispara,</p>
<p>como un grano de espelta allí germina; 99</p>
<p>surge en retoño y en planta silvestre:</p>
<p>y al converse sus hojas las Arpías,</p>
<p>dolor le causan y al dolor ventana. 102</p>
<p>Como las otras, por nuestros despojos,</p>
<p>vendremos, sin que vistan a ninguna;</p>
<p>pues no es justo tener lo que se tira. 105</p>
<p>A rastras los traeremos, y en la triste</p>
<p>selva serán los cuerpos suspendidos,</p>
<p>del endrino en que sufre cada sombra." 108</p>
<p>Aún pendientes estábamos del tronco</p>
<p>creyendo que quisiera más contarnos,</p>
<p>cuando de un ruido fuimos sorprendidos, 111</p>
<p>Igual que aquel que venir desde el puesto</p>
<p>escucha al jabalí y a la jauría</p>
<p>y oye a las bestias y un ruido de frondas; 114</p>
<p>Y miro a dos que vienen por la izquierda, 115</p>
<p>desnudos y arañados, que en la huida,</p>
<p>de la selva rompían toda mata. 117</p>
<p>Y el de delante: "¡Acude, acude, muerte!"</p>
<p>Y el otro, que más lento parecía,</p>
<p>gritaba: "Lano, no fueron tan raudas 120</p>
<p>en la batalla de Toppo tus piernas."</p>
<p>Y cuando ya el aliento le faltaba,</p>
<p>de él mismo y de un arbusto formó un nudo. 123</p>
<p>La selva estaba llena detrás de ellos</p>
<p>de negros canes, corriendo y ladrando</p>
<p>cual lebreles soltados de traílla. 126</p>
<p>El diente echaron al que estaba oculto</p>
<p>y lo despedazaron trozo a trozo;</p>
<p>luego llevaron los miembros dolientes. 129</p>
<p>Cogióme entonces de la mano el guía,</p>
<p>y me llevó al arbusto que lloraba, 131</p>
<p>por los sangrantes rotos, vanamente. 132</p>
<p>Decía: "Oh Giácomo de Sant' Andrea,</p>
<p>¿qué te ha valido de mí hacer refugio?</p>
<p>¿qué culpa tengo de tu mala vida?" 135</p>
<p>Cuando el maestro se paró a su lado,</p>
<p>dijo: "¿Quién fuiste, que por tantas puntas</p>
<p>con sangre exhalas tu habla dolorosa?" 138</p>
<p>Y él a nosotros: "Oh almas que llegadas</p>
<p>sois a mirar el vergonzoso estrago,</p>
<p>que mis frondas así me ha desunido, 141</p>
<p>recogedlas al pie del triste arbusto.</p>
<p>Yo fui de la ciudad que en el Bautista 143</p>
<p>cambió el primer patrón: el cual, por esto 144</p>
<p>con sus artes por siempre la hará triste;</p>
<p>y de no ser porque en el puente de Arno</p>
<p>aún permanece de él algún vestigio, 147</p>
<p>esas gentes que la reedificaron</p>
<p>sobre las ruinas que Atila dejó, 149</p>
<p>habrían trabajado vanamente. 150</p>
<p>Yo de mi casa hice mi cadalso."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_14">
</cite>
CANTO XIV</p>
</title>
<p>Y como el gran amor del lugar patrio</p>
<p>me conmovió, reuní la rota fronda,</p>
<p>y se la devolví a quien ya callaba. 3</p>
<p>Al límite llegamos que divide</p>
<p>el segundo recinto del tercero,</p>
<p>y vi de la justicia horrible modo. 6</p>
<p>Por bien manifestar las nuevas cosas,</p>
<p>he de decir que a un páramo llegamos,</p>
<p>que de su seno cualquier planta ahuyenta. 9</p>
<p>La dolorosa selva es su guirnalda,</p>
<p>como para ésta lo es el triste foso;</p>
<p>justo al borde los pasos detuvimos. 12</p>
<p>Era el sitio una arena espesa y seca,</p>
<p>hecha de igual manera que esa otra</p>
<p>que oprimiera Catón con su pisada. 15</p>
<p>¡Oh venganza divina, cuánto debes</p>
<p>ser temida de todo aquel que lea</p>
<p>cuanto a mis ojos fuera manifiesto! 18</p>
<p>De almas desnudas vi muchos rebaños,</p>
<p>todas llorando llenas de miseria,</p>
<p>y en diversas posturas colocadas: 21</p>
<p>unas gentes yacían boca arriba;</p>
<p>encogidas algunas se sentaban,</p>
<p>y otras andaban incesantemente. 24</p>
<p>Eran las más las que iban dando vueltas,</p>
<p>menos las que yacían en tormento,</p>
<p>pero más se quejaban de sus males. 27</p>
<p>Por todo el arenal, muy lentamente,</p>
<p>llueven copos de fuego dilatados,</p>
<p>como nieve en los Alpes si no hay viento. 30</p>
<p>Como Alejandro en la caliente zona 31</p>
<p>de la India vio llamas que caían</p>
<p>hasta la tierra sobre sus ejércitos; 33</p>
<p>por lo cual ordenó pisar el suelo</p>
<p>a sus soldados, puesto que ese fuego</p>
<p>se apagaba mejor si estaba aislado, 36</p>
<p>así bajaba aquel ardor eterno;</p>
<p>y encendía la arena, tal la yesca</p>
<p>bajo eslabón, y el tormento doblaba. 39</p>
<p>Nunca reposo hallaba el movimiento</p>
<p>de las míseras manos, repeliendo</p>
<p>aquí o allá de sí las nuevas llamas. 42</p>
<p>Yo comencé: "Maestro, tú que vences</p>
<p>todas las cosas, salvo a los demonios</p>
<p>que al entrar por la puerta nos salieron, 45</p>
<p>¿Quién es el grande que no se preocupa 46</p>
<p>del fuego y yace despectivo y fiero,</p>
<p>cual si la lluvia no le madurase?" 48</p>
<p>Y él mismo, que se había dado cuenta</p>
<p>que preguntaba por él a mi guía,</p>
<p>gritó: " Como fui vivo, tal soy muerto. 51</p>
<p>Aunque Jove cansara a su artesano 52</p>
<p>de quien, fiero, tomó el fulgor agudo</p>
<p>con que me golpeó el último día, 54</p>
<p>o a los demás cansase uno tras otro,</p>
<p>de Mongibelo en esa negra fragua,</p>
<p>clamando: "Buen Vulcano, ayuda, ayuda" 57</p>
<p>tal como él hizo en la lucha de Flegra,</p>
<p>y me asaeteara con sus fuerzas,</p>
<p>no podría vengarse alegremente." 60</p>
<p>Mi guía entonces contestó con fuerza</p>
<p>tanta, que nunca le hube así escuchado:</p>
<p>"Oh Capaneo, mientras no se calme 63</p>
<p>tu soberbia, serás más afligido:</p>
<p>ningún martirio, aparte de tu rabia,</p>
<p>a tu furor dolor será adecuado." 66</p>
<p>Después se volvió a mí con mejor tono,</p>
<p>"Éste fue de los siete que asediaron</p>
<p>a Tebas; tuvo a Dios, y me parece 69</p>
<p>que aún le tenga, desdén, y no le implora;</p>
<p>mas como yo le dije, sus despechos</p>
<p>son en su pecho galardón bastante. 72</p>
<p>Sígueme ahora y cuida que tus pies</p>
<p>no pisen esta arena tan ardiente,</p>
<p>mas camina pegado siempre al bosque." 75</p>
<p>En silencio llegamos donde corre</p>
<p>fuera ya de la selva un arroyuelo, 77</p>
<p>cuyo rojo color aún me horripila: 78</p>
<p>como del Bulicán sale el arroyo 79</p>
<p>que reparten después las pecadoras, t</p>
<p>al corrta a través de aquella arena. 81</p>
<p>El fondo de éste y ambas dos paredes</p>
<p>eran de piedra, igual que las orillas;</p>
<p>y por ello pensé que ése era el paso. 84</p>
<p>"Entre todo lo que yo te he enseñado,</p>
<p>desde que atravesamos esa puerta</p>
<p>cuyos umbrales a nadie se niegan, 87</p>
<p>ninguna cosa has visto más notable</p>
<p>como el presente río que las llamas</p>
<p>apaga antes que lleguen a tocarle." 90</p>
<p>Esto dijo mi guía, por lo cual</p>
<p>yo le rogué que acrecentase el pasto,</p>
<p>del que acrecido me había el deseo. 93</p>
<p>"Hay en medio del mar un devastado</p>
<p>país -me dijo- que se llama Creta;</p>
<p>bajo su rey fue el mundo virtuoso. 96</p>
<p>Hubo allí una montaña que alegraban</p>
<p>aguas y frondas, se llamaba Ida:</p>
<p>cual cosa vieja se halla ahora desierta. 99</p>
<p>La excelsa Rea la escogió por cuna 100</p>
<p>para su hijo y, por mejor guardarlo,</p>
<p>cuando lloraba, mandaba dar gritos. 102</p>
<p>Se alza un gran viejo dentro de aquel monte, 103</p>
<p>que hacia Damiata vuelve las espaldas</p>
<p>y al igual que a un espejo a Roma mira. 105</p>
<p>Está hecha su cabeza de oro fino,</p>
<p>y plata pura son brazos y pecho,</p>
<p>se hace luego de cobre hasta las ingles; 108</p>
<p>y del hierro mejor de aquí hasta abajo,</p>
<p>salvo el pie diestro que es barro cocido:</p>
<p>y más en éste que en el otro apoya. 111</p>
<p>Sus partes, salvo el oro, se hallan rotas</p>
<p>por una raja que gotea lágrimas, 113</p>
<p>que horadan, al juntarse, aquella gruta; 114</p>
<p>su curso en este valle se derrama:</p>
<p>forma Aqueronte, Estigia y Flagetonte;</p>
<p>corre después por esta estrecha espita 117</p>
<p>al fondo donde más no se desciende:</p>
<p>forma Cocito; y cuál sea ese pantano 119</p>
<p>ya lo verás; y no te lo describo." 120</p>
<p>Yo contesté: "Si el presente riachuelo</p>
<p>tiene así en nuestro mundo su principio,</p>
<p>¿como puede encontrarse en este margen?" 123</p>
<p>Respondió: "Sabes que es redondo el sitio,</p>
<p>y aunque hayas caminado un largo trecho</p>
<p>hacia la izquierda descendiendo al fondo, 126</p>
<p>aún la vuelta completa no hemos dado;</p>
<p>por lo que si aparecen cosas nuevas,</p>
<p>no debes contemplarlas con asombro." 129</p>
<p>Y yo insistí "Maestro, ¿dónde se hallan</p>
<p>Flegetonte y Leteo?; a uno no nombras, 131</p>
<p>y el otro dices que lo hace esta lluvia." 132</p>
<p>"Me agradan ciertamente tus preguntas</p>
<p>- dijo-, mas el bullir del agua roja</p>
<p>debía resolverte la primera. 135</p>
<p>Fuera de aquí podrás ver el Leteo,</p>
<p>allí donde a lavarse van las almas,</p>
<p>cuando la culpa purgada se borra." 138</p>
<p>Dijo después: "Ya es tiempo de apartarse</p>
<p>del bosque; ven caminando detrás:</p>
<p>dan paso las orillas, pues no queman, 141</p>
<p>y sobre ellas se extingue cualquier fuego."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_15">
</cite>
CANTO XV</p>
</title>
<p>Caminamos por uno de los bordes,</p>
<p>y tan denso es el humo del arroyo,</p>
<p>que del fuego protege agua y orillas. 3</p>
<p>Tal los flamencos entre Gante y Brujas,</p>
<p>temiendo el viento que en invierno sopla,</p>
<p>a fin de que huya el mar hacen sus diques; 6</p>
<p>y como junto al Brenta los paduanos 7</p>
<p>por defender sus villas y castillos,</p>
<p>antes que Chiarentana el calor sienta; 9</p>
<p>de igual manera estaban hechos éstos,</p>
<p>sólo que ni tan altos ni tan gruesos,</p>
<p>fuese el que fuese quien los construyera. 12</p>
<p>Ya estábamos tan lejos de la selva</p>
<p>que no podría ver dónde me hallaba,</p>
<p>aunque hacia atrás yo me diera la vuelta, 15</p>
<p>cuando encontramos un tropel de almas 16</p>
<p>que andaban junto al dique, y todas ellas</p>
<p>nos miraban cual suele por la noche 18</p>
<p>mirarse el uno al otro en luna nueva;</p>
<p>y para vernos fruncían las cejas</p>
<p>como hace el sastre viejo con la aguja. 21</p>
<p>Examinado así por tal familia,</p>
<p>de uno fui conocido, que agarró</p>
<p>mi túnica y gritó: "¡Qué maravilla!" 24</p>
<p>y yo, al verme cogido por su mano</p>
<p>fijé la vista en su quemado rostro,</p>
<p>para que, aun abrasado, no impidiera, 27</p>
<p>su reconocimiento a mi memoria;</p>
<p>e inclinando la mía hacia su cara</p>
<p>respondí: "¿Estáis aquí, señor Brunetto?" 30</p>
<p>"Hijo, no te disguste -me repuso-</p>
<p>si Brunetto Latino deja un rato</p>
<p>a su grupo y contigo se detiene." 33</p>
<p>Y yo le dije: "Os lo pido gustoso;</p>
<p>y si queréis que yo, con vos me pare,</p>
<p>lo haré si place a aquel con el que ando." 36</p>
<p>"Hijo -repuso-, aquel de este rebaño</p>
<p>que se para, después cien años yace,</p>
<p>sin defenderse cuando el fuego quema. 39</p>
<p>Camina pues: yo marcharé a tu lado;</p>
<p>y alcanzaré más tarde a mi mesnada,</p>
<p>que va llorando sus eternos males." 42</p>
<p>Yo no osaba bajarme del camino</p>
<p>y andar con él; mas gacha la cabeza</p>
<p>tenía como el hombre reverente. 45</p>
<p>Él comenzó: "¿Qué fortuna o destino</p>
<p>antes de postrer día aquí te trae?</p>
<p>¿y quién es éste que muestra el camino?" 48</p>
<p>Y yo: "Allá arriba, en la vida serena</p>
<p>- le respondí- me perdí por un valle,</p>
<p>antes de que mi edad fuese perfecta. 51</p>
<p>Lo dejé atrás ayer por la mañana;</p>
<p>éste se apareció cuando a él volvía,</p>
<p>y me lleva al hogar por esta ruta." 54</p>
<p>Y él me repuso: "Si sigues tu estrella</p>
<p>glorioso puerto alcanzarás sin falta,</p>
<p>si de la vida hermosa bien me acuerdo; 57</p>
<p>y si no hubiese muerto tan temprano,</p>
<p>viendo que el cielo te es tan favorable,</p>
<p>dado te habría ayuda en la tarea. 60</p>
<p>Mas aquel pueblo ingrato y malicioso</p>
<p>que desciende de Fiesole de antiguo, 62</p>
<p>y aún tiene en él del monte y del peñasco, 63</p>
<p>si obras bien ha de hacerse tu contrario:</p>
<p>y es con razón, que entre ásperos serbales</p>
<p>no debe madurar el dulce higo. 66</p>
<p>Vieja fama en el mundo llama ciegos,</p>
<p>gente es avara, envidiosa y soberbia:</p>
<p>líbrate siempre tú de sus costumbres. 69</p>
<p>Tanto honor tu fortuna te reserva,</p>
<p>que la una parte y la otra tendrán hambre 71</p>
<p>de ti; mas lejos pon del chivo el pasto. 72</p>
<p>Las bestias fiesolanas se apacienten</p>
<p>de ellas mismas, y no toquen la planta,</p>
<p>si alguna surge aún entre su estiércol, 75</p>
<p>en que reviva la simiente santa</p>
<p>de los romanos que quedaron, cuando</p>
<p>hecho fue el nido de tan gran malicia." 78</p>
<p>"Si pudiera cumplirse mi deseo</p>
<p>aún no estaríais vos -le repliqué-</p>
<p>de la humana natura separado; 81</p>
<p>que en mi mente está fija y aún me apena,</p>
<p>querida y buena, la paterna imagen</p>
<p>vuestra, cuando en el mundo hora tras hora 84</p>
<p>me enseñabais que el hombre se hace eterno;</p>
<p>y cuánto os lo agradezco, mientras viva,</p>
<p>conviene que en mi lengua se proclame. 87</p>
<p>Lo que narráis de mi carrera escribo,</p>
<p>para hacerlo glosar, junto a otro texto, 89</p>
<p>si hasta ella llego, a la mujer que sabe. 90</p>
<p>Sólo quiero que os sea manifiesto</p>
<p>que, con estar tranquila mi conciencia,</p>
<p>me doy, sea cual sea, a la Fortuna. 93</p>
<p>No es nuevo a mis oídos tal augurio:</p>
<p>mas la Fortuna hace girar su rueda</p>
<p>como gusta, y el labrador su azada." 96</p>
<p>Entonces mi maestro la mejilla</p>
<p>derecha volvió atrás, y me miró;</p>
<p>dijo después: "Bien oye el precavido." 99</p>
<p>Pero yo no dejé de hablar por eso</p>
<p>con ser Brunetto, y pregunto quién son</p>
<p>sus compañeros de más alta fama. 102</p>
<p>Y él me dijo: "Saber de alguno es bueno;</p>
<p>de los demás será mejor que calle,</p>
<p>que a tantos como son el tiempo es corto. 105</p>
<p>Sabe, en suma, que todos fueron clérigos</p>
<p>y literatos grandes y famosos,</p>
<p>al mundo sucios de un igual pecado. 108</p>
<p>Prisciano va con esa turba mísera, 109</p>
<p>y Francesco D'Accorso; y ver con éste, 110</p>
<p>si de tal tiña tuvieses deseo, 111</p>
<p>podrás a quien el Siervo de los Siervos</p>
<p>hizo mudar del Arno al Bachiglión, 113</p>
<p>donde dejó los nervios mal usados. 114</p>
<p>De otros diría, mas charla y camino</p>
<p>no pueden alargarse, pues ya veo</p>
<p>surgir del arenal un nuevo humo. 117</p>
<p>Gente viene con la que estar no debo:</p>
<p>mi "Tesoro" te dejo encomendado, 119</p>
<p>en el que vivo aún, y más no digo." 120</p>
<p>Luego se fue, y parecía de aquellos</p>
<p>que el verde lienzo corren en Verona 122</p>
<p>por el campo; y entre éstos parecía 123</p>
<p>de los que ganan, no de los que pierden.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_16">
</cite>
CANTO XVI</p>
</title>
<p>Ya estaba donde el resonar se oía</p>
<p>del agua que caía al otro círculo,</p>
<p>como el que hace la abeja en la colmena; 3</p>
<p>cuando tres sombras juntas se salieron,</p>
<p>corriendo, de una turba que pasaba</p>
<p>bajo la lluvia de la áspera pena. 6</p>
<p>Hacia nosotros gritando venían:</p>
<p>"Detente quien parece por el traje</p>
<p>ser uno de la patria depravada." 9</p>
<p>¡Ah, cuántas llagas vi en aquellos miembros,</p>
<p>viejas y nuevas, de la llama ardidas!</p>
<p>me siento aún dolorido al recordarlo. 12</p>
<p>A sus gritos mi guía se detuvo;</p>
<p>volvió el rostro hacia mí, y me dijo: " Espera,</p>
<p>pues hay que ser cortés con esta gente. 15</p>
<p>Y si no fuese por el crudo fuego</p>
<p>que este sitio asaetea, te diría</p>
<p>que te apresures tú mejor que ellos." 18</p>
<p>Ellos, al detenernos, reemprendieron</p>
<p>su antiguo verso; y cuando ya llegaron,</p>
<p>hacen un corro de sí aquellos tres, 21</p>
<p>cual desnudos y untados campeones,</p>
<p>acechando a su presa y su ventaja,</p>
<p>antes de que se enzarcen entre ellos; 24</p>
<p>y con la cara vuelta, cada uno</p>
<p>me miraba de modo que al contrario</p>
<p>iba el cuello del pie continuamente. 27</p>
<p>"Si el horror de este suelo movedizo</p>
<p>vuelve nuestras plegarias despreciables</p>
<p>- uno empezó- y la faz negra y quemada, 30</p>
<p>nuestra fama a tu ánimo suplique</p>
<p>que nos digas quién eres, que los vivos</p>
<p>pies tan seguro en el infierno arrastras. 33</p>
<p>Éste, de quien me ves pisar las huellas,</p>
<p>aunque desnudo y sin pellejo vaya,</p>
<p>fue de un grado mayor de lo que piensas, 36</p>
<p>pues nieto fue de la bella Gualdrada;</p>
<p>se llamó Guido Guerra, y en su vida</p>
<p>mucho obró con su espada y con su juicio. 39</p>
<p>El otro, que tras mí la arena pisa,</p>
<p>es Tegghiaio Aldobrandi, cuya voz 41</p>
<p>en el mundo debiera agradecerse; 42</p>
<p>y yo, que en el suplicio voy con ellos,</p>
<p>Jacopo Rusticucci; y fiera esposa 44</p>
<p>más que otra cosa alguna me condena." 45</p>
<p>Si hubiera estado a cubierto del fuego,</p>
<p>me hubiera ido detrás de ellos al punto,</p>
<p>y no creo que al guía le importase; 48</p>
<p>mas me hubiera abrasado, y de ese modo</p>
<p>venció el miedo al deseo que tenía,</p>
<p>pues de abrazarles yo me hallaba ansioso. 51</p>
<p>Luego empecé: "No desprecio, mas pena</p>
<p>en mi interior me causa vuestro estado,</p>
<p>y es tanta que no puedo desprenderla, 54</p>
<p>desde el momento en que mi guía dijo</p>
<p>palabras, por las cuales yo pensaba</p>
<p>que, como sois, se acercaba tal gente. 57</p>
<p>De vuestra tierra soy, y desde siempre</p>
<p>vuestras obras y nombres tan honrados,</p>
<p>con afecto he escuchado y retenido. 60</p>
<p>Dejo la hiel y voy al dulce fruto</p>
<p>que mi guía veraz me ha prometido,</p>
<p>pero antes tengo que llegar al centro." 63</p>
<p>"Muy largamente el alma te conduzcan</p>
<p>todavía -me dijo aquél- tus miembros,</p>
<p>y resplandezca luego tu memoria, 66</p>
<p>di si el valor y cortesía aún se hallan</p>
<p>en nuestra patria tal como solían,</p>
<p>o si del todo han sido ya expulsados; 69</p>
<p>que Giuglielmo Borsiere, el cual se duele 70</p>
<p>desde hace poco en nuestro mismo grupo,</p>
<p>con sus palabras mucho nos aflige." 72</p>
<p>"Las nuevas gentes, las ganancias súbitas, 73</p>
<p>orgullo y desmesura han generado,</p>
<p>en ti, Florencia, y de ello te lamentas." 75</p>
<p>Así grité levantando la cara;</p>
<p>y los tres, que esto oyeron por respuesta,</p>
<p>se miraron como ante las verdades. 78</p>
<p>"Si en otras ocasiones no te cuesta</p>
<p>satisfacer a otros -me dijeron-,</p>
<p>dichoso tú que dices lo que quieres. 81</p>
<p>Pero si sales de este mundo ciego</p>
<p>y vuelves a mirar los bellos astros,</p>
<p>cuando decir "estuve allí" te plazca, 84</p>
<p>háblale de nosotros a la gente."</p>
<p>Rompieron luego el círculo y, huyendo,</p>
<p>alas sus raudas piernas parecían. 87</p>
<p>Un amén no podría haberse dicho</p>
<p>antes de que ellos se hubiesen perdido;</p>
<p>por lo que el guía quiso que partiésemos. 90</p>
<p>Yo iba detrás, y no avanzamos mucho</p>
<p>cuando el agua sonaba tan de cerca,</p>
<p>que apenas se escuchaban las palabras. 93</p>
<p>Como aquel río sigue su carrera</p>
<p>primero desde el Veso hacia el levante,</p>
<p>a la vertiente izquierda de Apenino, 96</p>
<p>que Acquaqueta se llama abajo, antes</p>
<p>de que en un hondo lecho se desplome,</p>
<p>y en Forlí ya ese nombre no conserva, 99</p>
<p>resuena allí sobre San Benedetto,</p>
<p>de la roca cayendo en la cascada</p>
<p>en donde mil debieran recibirle; 102</p>
<p>así en lo hondo de un despeñadero,</p>
<p>oímos resonar el agua roja,</p>
<p>que el oído ofendía al poco tiempo. 105</p>
<p>Yo llevaba una cuerda a la cintura 106</p>
<p>con la que alguna vez hube pensado</p>
<p>cazar la onza de la piel pintada. 108</p>
<p>Luego de haberme toda desceñido,</p>
<p>como mi guía lo había mandado,</p>
<p>se la entregué recogida en un rollo. 111</p>
<p>Entonces se volvió hacia la derecha</p>
<p>y, alejándose un trecho de la orilla,</p>
<p>la arrojó al fondo de la escarpadura. 114</p>
<p>"Alguna novedad ha de venirnos</p>
<p>- pensaba para mí- del nuevo signo,</p>
<p>que el maestro así busca con los ojos." 117</p>
<p>iCuán cautos deberían ser los hombres</p>
<p>junto a aquellos que no sólo las obras,</p>
<p>mas por dentro el pensar también conocen! 120</p>
<p>"Pronto -dijo- verás sobradamente</p>
<p>lo que espero, y en lo que estás pensando:</p>
<p>pronto conviene que tú lo descubras." 123</p>
<p>La verdad que parece una mentira</p>
<p>debe el hombre callarse mientras pueda,</p>
<p>porque sin tener culpa se avergüence: 126</p>
<p>pero callar no puedo; y por las notas,</p>
<p>lector, de esta Comedia, yo te juro, 128</p>
<p>así no estén de larga gracia llenas, 129</p>
<p>que vi por aquel oire oscuro y denso</p>
<p>venir nadando arriba una figura,</p>
<p>que asustaría el alma más valiente, 132</p>
<p>tal como vuelve aquel que va al fondo</p>
<p>a desprender el ancla que se agarra</p>
<p>a escollos y otras cosas que el mar cela, 135</p>
<p>que el cuerpo extiende y los pies se recoge.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_17">
</cite>
CANTO XVII</p>
</title>
<p>"Mira la bestia con la cola aguda, 1</p>
<p>que pasa montes, rompe muros y armas;</p>
<p>mira aquella que apesta todo el mundo." 3</p>
<p>Así mi guía comenzó a decirme;</p>
<p>y le ordenó que se acercase al borde</p>
<p>donde acababa el camino de piedra. 6</p>
<p>Y aquella sucia imagen del engaño</p>
<p>se acercó, y sacó el busto y la cabeza,</p>
<p>mas a la orilla no trajo la cola. 9</p>
<p>Su cara era la cara de un buen hombre,</p>
<p>tan benigno tenía lo de afuera,</p>
<p>y de serpiente todo lo restante. 12</p>
<p>Garras peludas tiene en las axilas;</p>
<p>y en la espalda y el pecho y ambos flancos</p>
<p>pintados tiene ruedas y lazadas. 15</p>
<p>Con más color debajo y superpuesto</p>
<p>no hacen tapices tártaros ni turcos,</p>
<p>ni fue tal tela hilada por Aracne. 18</p>
<p>Como a veces hay lanchas en la orilla,</p>
<p>que parte están en agua y parte en seco;</p>
<p>o allá entre los glotones alemanes 21</p>
<p>el castor se dispone a hacer su caza,</p>
<p>se hallaba así la fiera detestable</p>
<p>al horde pétreo, que la arena ciñe. 24</p>
<p>Al aire toda su cola movía,</p>
<p>cerrando arriba la horca venenosa,</p>
<p>que a guisa de escorpión la punta armaba. 27</p>
<p>El guía dijo: "Es preciso torcer</p>
<p>nuestro camino un poco, junto a aquella</p>
<p>malvada bestia que está allí tendida." 30</p>
<p>Y descendimos al lado derecho,</p>
<p>caminando diez pasos por su borde,</p>
<p>para evitar las llamas y la arena. 33</p>
<p>Y cuando ya estuvimos a su lado,</p>
<p>sobre la arena vi, un poco más lejos,</p>
<p>gente sentada al borde del abismo. 36</p>
<p>Aquí el maestro: "Porque toda entera</p>
<p>de este recinto la experiencia lleves</p>
<p>- me dijo-, ve y contempla su castigo. 39</p>
<p>Allí sé breve en tus razonamientos:</p>
<p>mientras que vuelvas hablaré con ésta,</p>
<p>que sus fuertes espaldas nos otorgue." 42</p>
<p>Así pues por el borde de la cima</p>
<p>de aquel séptimo circulo yo solo</p>
<p>anduve, hasta llegar a los penados. 45</p>
<p>Ojos afuera estallaba su pena,</p>
<p>de aquí y de allí con la mano evitaban</p>
<p>tan pronto el fuego como el suelo ardiente: 48</p>
<p>como los perros hacen en verano,</p>
<p>con el hocico, con el pie, mordidos</p>
<p>de pulgas o de moscas o de tábanos. 51</p>
<p>Y después de mirar el rostro a algunos,</p>
<p>a los que el fuego doloroso azota,</p>
<p>a nadie conocí; pero me acuerdo 54</p>
<p>que en el cuello tenía una bolsa</p>
<p>con un cierto color y ciertos signos,</p>
<p>que parecían complacer su vista. 57</p>
<p>Y como yo anduviéralos mirando,</p>
<p>algo azulado vi en una amarilla,</p>
<p>que de un león tenía cara y porte. 60</p>
<p>Luego, siguiendo de mi vista el curso,</p>
<p>otra advertí como la roja sangre,</p>
<p>y una oca blanca más que la manteca. 63</p>
<p>Y uno que de una cerda azul preñada 64</p>
<p>señalado tenía el blanco saco,</p>
<p>dijo: "¿Qué andas haciendo en esta fosa? 66</p>
<p>Vete de aquí; y puesto que estás vivo,</p>
<p>sabe que mi vecino Vitaliano 68</p>
<p>aquí se sentará a mi lado izquierdo; 69</p>
<p>de Padua soy entre estos florentinos:</p>
<p>y las orejas me atruenan sin tasa</p>
<p>gritando: "¡Venga el noble caballero 72</p>
<p>que llenará la bolsa con tres chivos!"</p>
<p>Aquí torció la boca y se sacaba</p>
<p>la lengua, como el buey que el belfo lame. 75</p>
<p>Y yo, temiendo importunar tardando</p>
<p>a quien de no tardar me había advertido,</p>
<p>atrás dejé las almas lastimadas. 78</p>
<p>A mi guía encontré, que ya subido</p>
<p>sobre la grupa de la fiera estaba,</p>
<p>y me dijo: "Sé fuerte y arrojado. 81</p>
<p>Ahora bajamos por tal escalera:</p>
<p>sube delante, quiero estar en medio,</p>
<p>porque su cola no vaya a dañarte." 84</p>
<p>Como está aquel que tiene los temblores</p>
<p>de la cuartana, con las uñas pálidas,</p>
<p>y tiembla entero viendo ya el relente, 87</p>
<p>me puse yo escuchando sus palabras;</p>
<p>pero me avergoncé con su advertencia,</p>
<p>que ante el buen amo el siervo se hace fuerte. 90</p>
<p>Encima me senté de la espaldaza:</p>
<p>quise decir, mas la voz no me vino</p>
<p>como creí: "No dejes de abrazarme." 93</p>
<p>Mas aquel que otras veces me ayudara</p>
<p>en otras dudas, luego que monté,</p>
<p>me sujetó y sostuvo con sus brazos. 96</p>
<p>Y le dijo: "Gerión, muévete ahora:</p>
<p>las vueltas largas, y el bajar sea lento:</p>
<p>piensa en qué nueva carga estás llevando." 99</p>
<p>Como la navecilla deja el puerto</p>
<p>detrás, detrás, así ésta se alejaba;</p>
<p>y luego que ya a gusto se sentía, 102</p>
<p>en donde el pecho, ponía la cola,</p>
<p>y tiesa, como anguila, la agitaba,</p>
<p>y con los brazos recogía el aíire. 105</p>
<p>No creo que más grande fuese el miedo</p>
<p>cuando Faetón abandonó las riendas, 107</p>
<p>por lo que el cielo ardió, como aún parece; 108</p>
<p>ni cuando la cintura el pobre Ícaro</p>
<p>sin alas se notó, ya derretidas,</p>
<p>gritando el padre: "¡Mal camino llevas!"; 111</p>
<p>que el mío fue, cuando noté que estaba</p>
<p>rodeado de aire, y apagada</p>
<p>cualquier visión que no fuese la fiera; 114</p>
<p>ella nadando va lenta, muy lenta;</p>
<p>gira y desciende, pero yo no noto</p>
<p>sino el viento en el rostro y por debajo. 117</p>
<p>Oía a mi derecha la cascada</p>
<p>que hacía por encima un ruido horrible,</p>
<p>y abajo miro y la cabeza asomo. 120</p>
<p>Entonces temí aún más el precipicio,</p>
<p>pues fuego pude ver y escuchar llantos;</p>
<p>por lo que me encogí temblando entero. 123</p>
<p>Y vi después, que aún no lo había visto,</p>
<p>al bajar y girar los grandes males,</p>
<p>que se acercaban de diversos lados. 126</p>
<p>Como el halcón que asaz tiempo ha volado,</p>
<p>y que sin ver ni señuelo ni pájaro</p>
<p>hace decir al halconero: "¡Ah, baja!", 129</p>
<p>lento desciende tras su grácil vuelo,</p>
<p>en cien vueltas, y a lo lejos se pone</p>
<p>de su maestro, airado y desdeñoso, 132</p>
<p>de tal modo Gerión se posó al fondo,</p>
<p>al mismo pie de la cortada roca,</p>
<p>y descargadas nuestras dos personas, 135</p>
<p>se disparó como de cuerda tensa.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_18">
</cite>
CANTO XVIII</p>
</title>
<p>Hay un lugar llamado Malasbolsas 1</p>
<p>en el infierno, pétreo y ferrugiento,</p>
<p>igual que el muro que le ciñe entorno. 3</p>
<p>Justo en el medio del campo maligno</p>
<p>se abre un pozo bastante largo y hondo,</p>
<p>del cual a tiempo contaré las partes. 6</p>
<p>Es redondo el espacio que se forma</p>
<p>entre el pozo y el pie del duro abismo,</p>
<p>y en diez valles su fondo se divide. 9</p>
<p>Como donde, por guarda de los muros,</p>
<p>más y más fosos ciñen los castillos,</p>
<p>el sitio en donde estoy tiene el aspecto; 12</p>
<p>tal imagen los valles aquí tienen.</p>
<p>Y como del umbral de tales fuertes</p>
<p>a la orilla contraria hay puentecillos, 15</p>
<p>así del borde de la roca, escollos</p>
<p>conducen, dividiendo foso y márgenes,</p>
<p>hasta el pozo que les corta y les une. 18</p>
<p>En este sitio, ya de las espaldas</p>
<p>de Gerión nos bajamos; y el poeta</p>
<p>tomó a la izquierda, y yo me fui tras él. 21</p>
<p>A la derecha vi nuevos pesares,</p>
<p>nuevos castigos y verdugos nuevos,</p>
<p>que la bolsa primera abarrotaban. 24</p>
<p>Allí estaban desnudos los malvados;</p>
<p>una mitad iba dando la espalda,</p>
<p>otra de frente, con pasos más grandes; 27</p>
<p>tal como en Roma la gran muchedumbre, 28</p>
<p>del año jubilar, alli en el puente</p>
<p>precisa de cruzar en doble vía, 30</p>
<p>que por un lado todos van de cara</p>
<p>hacia el castillo y a San Pedro marchan;</p>
<p>y de otro lado marchan hacia el monte. 33</p>
<p>De aquí, de allí, sobre la oscura roca,</p>
<p>vi demonios cornudos con flagelos,</p>
<p>que azotaban cruelmente sus espaldas. 36</p>
<p>¡Ay, cómo hacían levantar las piernas</p>
<p>a los primeros golpes!, pues ninguno</p>
<p>el segundo esperaba ni el tercero. 39</p>
<p>Mientras andaba, en uno mi mirada</p>
<p>vino a caer; y al punto yo me dije:</p>
<p>"De haberle visto ya no estoy ayuno." 42</p>
<p>Y así paré mi paso para verlo:</p>
<p>y mi guía conmigo se detuvo,</p>
<p>y consintió en que atrás retrocediera. 45</p>
<p>Y el condenado creía ocultarse</p>
<p>bajando el rostro; mas sirvió de poco,</p>
<p>pues yo le dije: "Oh tú que el rostro agachas, 48</p>
<p>si los rasgos que llevas no son falsos,</p>
<p>Venedico eres tú Caccianemico; 50</p>
<p>mas ¿qué te trae a salsas tan picantes?" 51</p>
<p>Y repuso: "Lo digo de mal grado;</p>
<p>pero me fuerzan tus claras palabras,</p>
<p>que me hacen recordar el mundo antiguo. 54</p>
<p>Fui yo mismo quien a Ghisolabella</p>
<p>indujo a hacer el gusto del marqués,</p>
<p>como relaten la sucia noticia. 57</p>
<p>Y boloñés no lloró aquí tan sólo,</p>
<p>mas tan repleto está este sitio de ellos,</p>
<p>que ahora tantas lenguas no se escuchan 60</p>
<p>que digan "Sipa" entre Savena y Reno; 61</p>
<p>y si fe o testimonio de esto quieres,</p>
<p>trae a tu mente nuestro seno avaro." 63</p>
<p>Hablando así le golpeó un demonio</p>
<p>con su zurriago, y dijo: " Lárgate</p>
<p>rufián, que aquí no hay hembras que se vendan." 66</p>
<p>Yo me reuní al momento con mi escolta;</p>
<p>luego, con pocos pasos, alcanzamos</p>
<p>un escollo saliente de la escarpa. 69</p>
<p>Con mucha ligereza lo subimos</p>
<p>y, vueltos a derecha por su dorso,</p>
<p>de aquel círculo eterno nos marchamos. 72</p>
<p>Cuando estuvimos ya donde se ahueca</p>
<p>debajo, por dar paso a los penados,</p>
<p>el guía dijo: " Espera, y haz que pongan 75</p>
<p>la vista en ti esos otros malnacidos,</p>
<p>a los que aún no les viste el semblante,</p>
<p>porque en nuestro sentido caminaban." 78</p>
<p>Desde el puente mirábamos el grupo</p>
<p>que al otro lado hacia nosotros iba,</p>
<p>y que de igual manera azota el látigo. 81</p>
<p>Y sin yo preguntarle el buen Maestro</p>
<p>"Mira aquel que tan grande se aproxima,</p>
<p>que no le causa lágrimas el daño. 84</p>
<p>¡Qué soberano aspecto aún conserva!</p>
<p>Es Jasón, que por ánimo y astucia 86</p>
<p>dejó privada del carnero a Cólquida. 87</p>
<p>Éste pasó por la isla de Lemmos,</p>
<p>luego que osadas hembras despiadadas</p>
<p>muerte dieran a todos sus varones: 90</p>
<p>con tretas y palabras halagüeñas</p>
<p>a Isifile engañó, la muchachita</p>
<p>que antes había a todas engañado. 93</p>
<p>Allí la dejó encinta, abandonada;</p>
<p>tal culpa le condena a tal martirio;</p>
<p>también se hace venganza de Medea. 96</p>
<p>Con él están los que en tal modo engañan:</p>
<p>y del valle primero esto te baste</p>
<p>conocer, y de los que en él castiga." 99</p>
<p>Nos hallábamos ya donde el sendero</p>
<p>con el margen segundo se entrecruza,</p>
<p>que a otro arco le sirve como apoyo. 102</p>
<p>Aquí escuchamos gentes que ocupaban</p>
<p>la otra bolsa y soplaban por el morro,</p>
<p>pegándose a sí mismas con las manos. 105</p>
<p>Las orillas estaban engrumadas</p>
<p>por el vapor que abajo se hace espeso,</p>
<p>y ofendía a la vista y al olfato. 108</p>
<p>Tan oscuro es el fondo, que no deja</p>
<p>ver nada si no subes hasta el dorso</p>
<p>del arco, en que la roca es más saliente. 111</p>
<p>Allí subimos; y de allá, en el foso</p>
<p>vi gente zambullida en el estiércol,</p>
<p>cual de humanas letrinas recogido. 114</p>
<p>Y mientras yo miraba hacia allá abajo,</p>
<p>vi una cabeza tan de mierda llena,</p>
<p>que no sabía si era laico o fraile. 117</p>
<p>Él me gritó: " ¿Por qué te satisface</p>
<p>mirarme más a mí que a otros tan sucios?"</p>
<p>Le dije yo: " Porque, si bien recuerdo, 120</p>
<p>con los cabellos secos ya te he visto,</p>
<p>y eres Alesio Interminei de Lucca: 122</p>
<p>por eso más que a todos te miraba." 123</p>
<p>Y él dijo, golpeándose la chola: 124</p>
<p>"Aquí me han sumergido las lisonjas,</p>
<p>de las que nunca se cansó mi lengua." 126</p>
<p>Luego de esto, mi guía: "Haz que penetre</p>
<p>- dijo- tu vista un poco más delante,</p>
<p>tal que tus ojos vean bien el rostro 129</p>
<p>de aquella sucia y desgreñada esclava, 130</p>
<p>que allí se rasca con uñas mierdosas,</p>
<p>y ahora se tumba y ahora en pie se pone: 132</p>
<p>es Thais, la prostituta, que repuso</p>
<p>a su amante, al decirle "¿Tengo prendas</p>
<p>bastantes para ti?": "aún más, excelsas". 135</p>
<p>Y sea aquí saciada nuestra vista."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_19">
</cite>
CANTO XIX</p>
</title>
<p>¡Oh Simón Mago! Oh mfseros secuaces 1</p>
<p>que las cosas de Dios, que de los buenos</p>
<p>esposas deben ser, como rapaces 3</p>
<p>por el oro y la plata adulteráis!</p>
<p>sonar debe la trompa por vosotros,</p>
<p>puesto que estáis en la tercera bolsa. 6</p>
<p>Ya estábamos en la siguiente tumba,</p>
<p>subidos en la parte del escollo</p>
<p>que cae justo en el medio de aquel foso. 9</p>
<p>¡Suma sabiduría! ¡Qué arte muestras</p>
<p>en el cielo, en la tierra y el mal mundo,</p>
<p>cuán justamente tu virtud repartes! 12</p>
<p>Yo vi, por las orillas y en el fondo,</p>
<p>llena la piedra livida de hoyos,</p>
<p>todos redondos y de igual tamaño. 15</p>
<p>No los vi menos amplios ni mayores</p>
<p>que esos que hay en mi bello San Juan, 17</p>
<p>y son el sitio para los bautismos; 18</p>
<p>uno de los que no hace aún mucho tiempo 19</p>
<p>yo rompí porque en él uno se ahogaba:</p>
<p>sea esto seña que a todos convenza. 21</p>
<p>A todos les salían por la boca</p>
<p>de un pecador los pies, y de las piernas</p>
<p>hasta el muslo, y el resto estaba dentro. 24</p>
<p>Ambas plantas a todos les ardían;</p>
<p>y tan fuerte agitaban las coyundas,</p>
<p>que habrían destrozado soga y cuerdas. 27</p>
<p>Cual suele el llamear en cosas grasas</p>
<p>moverse por la extrema superficie,</p>
<p>así era allí del talón a la punta. 30</p>
<p>"Quién es, maestro, aquel que se enfurece</p>
<p>pataleando más que sus consortes</p>
<p>- dije- y a quien más roja llama quema?" 33</p>
<p>Y él me dijo: "Si quieres que te lleve</p>
<p>allí por la pendiente que desciende,</p>
<p>él te hablará de sí y de sus pecados." 36</p>
<p>Y yo: "Lo que tú quieras será bueno,</p>
<p>eres tú mi señor y no me aparto</p>
<p>de tu querer: y lo que callo sabes." 39</p>
<p>Caminábamos pues el cuarto margen:</p>
<p>volvimos y bajamos a la izquierda</p>
<p>al fondo estrecho y agujereado. 42</p>
<p>Entonces el maestro de su lado</p>
<p>no me apartó, hasta vernos junto al hoyo</p>
<p>de aquel que se dolía con las zancas. 45</p>
<p>"Oh tú que tienes lo de arriba abajo,</p>
<p>alma triste clavada cual madero,</p>
<p>- le dije yo-, contéstame si puedes." 48</p>
<p>Yo estaba como el fraile que confiesa 49</p>
<p>al pérfido asesino, que, ya hincado,</p>
<p>por retrasar su muerte le reclama. 51</p>
<p>Y él me gritó: "¿Ya estás aquí plantado?, 52</p>
<p>¿ya estás aquí plantado, Bonifacio?</p>
<p>En pocos años me mintió lo escrito. 54</p>
<p>¿Ya te cansaste de aquellas riquezas</p>
<p>por las que hacer engaño no temiste,</p>
<p>y atormentar después a tu Señora?" 57</p>
<p>Me quedé como aquellos que se encuentran,</p>
<p>por no entender lo que alguien les responde,</p>
<p>confundidos, y contestar no saben. 60</p>
<p>Dijo entonces Virgilio: "Dile pronto:</p>
<p>"No soy aquel, no soy aquel que piensas."</p>
<p>Yo respondí como me fue indicado. 63</p>
<p>Torció los pies entonces el espíritu,</p>
<p>luego gimiendo y con voces llorosas,</p>
<p>me dijo: "¿Entonces, para qué me buscas? 66</p>
<p>si te interesa tanto el conocerme,</p>
<p>que has recorrido así toda la roca,</p>
<p>sabe que fui investido del gran manto, 69</p>
<p>y en verdad fui retoño de la Osa,</p>
<p>y tan ansioso de engordar oseznos,</p>
<p>que allí el caudal, aquí yo, me he embolsado. 72</p>
<p>Y bajo mi cabeza están los otros</p>
<p>que a mí, por simonía, precedieron,</p>
<p>y que lo estrecho de la piedra aplasta. 75</p>
<p>Allí habré yo de hundirme también cuando</p>
<p>venga aquel que creía que tú fueses,</p>
<p>al hacerte la súbita pregunta. 78</p>
<p>Pero mis pies se abrasan ya más tiempo</p>
<p>y más estoy yo puesto boca abajo,</p>
<p>del que estarán plantados sus pies rojos, 81</p>
<p>pues vendrá luego de él, aún más manchado,</p>
<p>desde el poniente, un pastor sin entrañas,</p>
<p>tal que conviene que a los dos recubra. 84</p>
<p>Nuevo Jasón será, como nos muestra</p>
<p>MACABEOS, y como a aquel fue blando</p>
<p>su rey, así ha de hacer quien Francia rige." 87</p>
<p>No sé si fui yo loco en demasía,</p>
<p>pues que le respondí con tales versos:</p>
<p>"Ah, dime ahora, qué tesoros quiso 90</p>
<p>Nuestro Señor antes de que a San Pedro</p>
<p>le pusiese las llaves a su cargo?</p>
<p>Únicamente dijo: "Ven conmigo"; 93</p>
<p>ni Pedro ni los otros de Matías 94</p>
<p>oro ni plata, cuando sortearon</p>
<p>el puesto que perdió el alma traidora. 96</p>
<p>Quédate ahí, que estás bien castigado,</p>
<p>y guarda las riquezas mal cogidas,</p>
<p>que atrevido te hicieron contra Carlos. 99</p>
<p>Y si no fuera porque me lo veda</p>
<p>el respeto a las llaves soberanas</p>
<p>que fueron tuyas en la alegre vida, 102</p>
<p>usaría palabras aún más duras;</p>
<p>porque vuestra avaricia daña al mundo,</p>
<p>hundiendo al bueno y ensalzando al malo. 105</p>
<p>Pastores, os citó el evangelista, 106</p>
<p>cuando aquella que asienta sobre el agua</p>
<p>él vio prostituida con los reyes: 108</p>
<p>aquella que nació con siete testas,</p>
<p>y tuvo autoridad con sus diez cuernos,</p>
<p>mientras que su virtud plació al marido. 111</p>
<p>Os habéis hecho un Dios de oro y de plata:</p>
<p>y qué os separa ya de los idólatras,</p>
<p>sino que a ciento honráis y ellos a uno? 114</p>
<p>Constantino, ¡de cuánto mal fue madre, 115</p>
<p>no que te convirtieses, mas la dote</p>
<p>que por ti enriqueció al primer patriarca!" 117</p>
<p>Y mientras yo cantaba tales notas,</p>
<p>mordido por la ira o la conciencia,</p>
<p>con fuerza las dos piernas sacudía. 120</p>
<p>Yo creo que a mi guía le gustaba,</p>
<p>pues con rostro contento había escuchado</p>
<p>mis palabras sinceramente dichas. 123</p>
<p>Entonces me cogió con los dos brazos;</p>
<p>y luego de subirme hasta su pecho,</p>
<p>volvió a ascender la senda que bajamos. 126</p>
<p>No se cansó llevándome agarrado,</p>
<p>hasta ponerme en la cima del puente</p>
<p>que del cuarto hasta el quinto margen cruza. 129</p>
<p>Con suavidad aquí dejó la carga,</p>
<p>suave, en el escollo áspero y pino</p>
<p>que a las cabras sería mala trocha. 132</p>
<p>Desde ese sitio descubrí otro valle.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_20">
</cite>
CANTO XX</p>
</title>
<p>De nueva pena he de escribir los versos</p>
<p>y dar materia al vigésimo canto</p>
<p>de la primer canción, que es de los reos. 3</p>
<p>Estaba yo dispuesto totalmente</p>
<p>a mirar en el fondo descubierto,</p>
<p>que me bañaba de angustioso llanto; 6</p>
<p>por el redondo valle vi a unas gentes</p>
<p>venir, calladas y llorando, al paso</p>
<p>con que en el mundo van las procesiones. 9</p>
<p>Cuando bajé mi vista aún más a ellas,</p>
<p>vi que estaban torcidas por completo</p>
<p>desde el mentón al principio del pecho; 12</p>
<p>porque vuelto a la espalda estaba el rostro,</p>
<p>y tenían que andar hacia detrás,</p>
<p>pues no podían ver hacia delante. 15</p>
<p>Por la fuerza tal vez de perlesía 16</p>
<p>alguno habrá en tal forma retorcido,</p>
<p>mas no lo vi, ni creo esto que pase. 18</p>
<p>Si Dios te deja, lector, coger fruto</p>
<p>de tu lectura, piensa por ti mismo</p>
<p>si podría tener el rostro seco, 21</p>
<p>cuando vi ya de cerca nuestra imagen</p>
<p>tan torcida, que el llanto de los ojos</p>
<p>les bañaba las nalgas por la raja. 24</p>
<p>Lloraba yo, apoyado en una roca</p>
<p>del duro escollo, tal que dijo el guía:</p>
<p>"¿Es que eres tú de aquellos insensatos?, 27</p>
<p>vive aquí la piedad cuando está muerta:</p>
<p>¿Quién es más criminal de lo que es ése 29</p>
<p>que al designio divino se adelanta? 30</p>
<p>Alza tu rostro y mira a quien la tierra 31</p>
<p>a la vista de Tebas se tragó;</p>
<p>y de allí le gritaban: "Dónde caes 33</p>
<p>Anfiareo?, ¿por qué la guerra dejas?"</p>
<p>Y no dejó de rodar por el valle</p>
<p>hasta Minos, que a todos los agarra. 36</p>
<p>Mira cómo hizo pecho de su espalda:</p>
<p>pues mucho quiso ver hacia adelante,</p>
<p>mira hacia atrás y marcha reculando. 39</p>
<p>Mira a Tiresias, que mudó de aspecto 40</p>
<p>al hacerse mujer siendo varón</p>
<p>cambiándose los miembros uno a uno; 42</p>
<p>y después, golpear debía antes</p>
<p>las unidas serpientes, con la vara,</p>
<p>que sus viriles plumas recobrase. 45</p>
<p>Aronte es quien al vientre se le acerca, 46</p>
<p>que en los montes de Luni, que cultiva</p>
<p>el carrarés que vive allí debajo, 48</p>
<p>tuvo entre blancos mármoles la cueva</p>
<p>como mansión; donde al mirar los astros</p>
<p>y el mar, nada la vista le impedía. 51</p>
<p>Y aquella que las tetas se recubre,</p>
<p>que tú no ves, con trenzas desatadas,</p>
<p>y todo el cuerpo cubre con su pelo, 54</p>
<p>fue Manto, que corrió por muchas tierras; 55</p>
<p>y luego se afincó donde naci,</p>
<p>por lo que un poco quiero que me escuches: 57</p>
<p>Después de que su padre hubiera muerto,</p>
<p>y la ciudad de Baco esclavizada,</p>
<p>ella gran tiempo anduvo por el mundo. 60</p>
<p>En el norte de Italia se halla un lago,</p>
<p>al pie del Alpe que ciñe Alemania</p>
<p>sobre el Tirol, que Benago se llama. 63</p>
<p>Por mil fuentes, y aún más, el Apenino</p>
<p>ente Garda y Camónica se baña,</p>
<p>por el agua estancada en dicho lago. 66</p>
<p>En su medio hay un sitio, en que el trentino 67</p>
<p>pastor y el de Verona, y el de Brescia,</p>
<p>si ese camino hiciese, bendijera. 69</p>
<p>Se halla Pesquiera, arnés hermoso y fuerte, 70</p>
<p>frontera a bergamescos y brescianos,</p>
<p>en la ribera que en el sur le cerca. 72</p>
<p>En ese sitio se desborda todo</p>
<p>lo que el Benago contener no puede,</p>
<p>y entre verdes praderas se hace un río. 75</p>
<p>Tan pronto como el agua aprisa corre,</p>
<p>no ya Benago, mas Mencio se llama</p>
<p>hasta Governo, donde cae al Po. 78</p>
<p>Tras no mucho correr, encuentra un valle,</p>
<p>en el cual se dilata y empantana;</p>
<p>y en el estio se vuelve insalubre. 81</p>
<p>Pasando por allí la virgen fiera,</p>
<p>vio tierra en la mitad de aquel pantano,</p>
<p>sin cultivo y desnuda de habitantes. 84</p>
<p>Allí, para escapar de los humanos,</p>
<p>con sus siervas quedóse a hacer sus artes,</p>
<p>y vivió, y dejó allí su vano cuerpo. 87</p>
<p>Los hombres luego que vivían cerca,</p>
<p>se acogieron al sitio, que era fuerte,</p>
<p>pues el pantano aquel lo rodeaba. 90</p>
<p>Fundaron la ciudad sobre sus huesos;</p>
<p>y por quien escogió primero el sitio,</p>
<p>Mantua, sin otro augurio, la llamaron. 93</p>
<p>Sus moradores fueron abundantes,</p>
<p>antes que la torpeza de Casoldi, 95</p>
<p>de Pinamonte engaño recibiese. 96</p>
<p>Esto te advierto por si acaso oyeras</p>
<p>que se fundó de otro modo mi patria,</p>
<p>que a la verdad mentira alguna oculte." 99</p>
<p>Y yo: "Maestro, tus razonamientos</p>
<p>me son tan ciertos y tan bien los creo,</p>
<p>que apagados carbones son los otros. 102</p>
<p>Mas dime, de la gente que camina,</p>
<p>si ves alguna digna de noticia,</p>
<p>pues sólo en eso mi mente se ocupa." 105</p>
<p>Entonces dijo: "Aquel que desde el rostro 106</p>
<p>la barba ofrece por la espalda oscura,</p>
<p>fue, cuando Grecia falta de varones 108</p>
<p>tanto, que había apenas en las cunas</p>
<p>augur, y con Calcante dio la orden</p>
<p>de cortar en Aulide las amarras. 111</p>
<p>Se llamaba Euripilo, y así canta</p>
<p>algún pasaje de mi gran tragedia:</p>
<p>tú bien lo sabes pues la sabes toda. 114</p>
<p>Aquel otro en los flancos tan escaso,</p>
<p>Miguel Escoto fue, quien en verdad 116</p>
<p>de los mágicos fraudes supo el juego. 117</p>
<p>Mira a Guido Bonatti, mira a Asdente,</p>
<p>que haber tomado el cuero y el bramante</p>
<p>ahora querría, mas tarde se acuerda; 120</p>
<p>Y a las tristes que el huso abandonaron, 121</p>
<p>las agujas y ruecas, por ser magas</p>
<p>y hechiceras con hierbas y figuras. 123</p>
<p>Mas ahora ven, que llega ya al confín</p>
<p>de los dos hemisferios, y a las ondas</p>
<p>bajo Sevilla, Caín con las zarzas, 126</p>
<p>y la luna ayer noche estaba llena:</p>
<p>bien lo recordarás, que no fue estorbo</p>
<p>alguna vez en esa selva oscura." 129</p>
<p>Así me hablaba, y mientras caminábamos.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_21">
</cite>
CANTO XXI</p>
</title>
<p>Así de puente en puente, conversando</p>
<p>de lo que mi Comedia no se ocupa,</p>
<p>subimos, y al llegar hasta la cima 3</p>
<p>nos paramos a ver la otra hondonada</p>
<p>de Malasbolsas y otros llantos vanos;</p>
<p>y la vi tenebrosamente oscura. 6</p>
<p>Como en los arsenales de Venecia</p>
<p>bulle pez pegajosa en el invierno</p>
<p>al reparar sus leños averiados, 9</p>
<p>que navegar no pueden; y a la vez</p>
<p>quién hace un nuevo leño, y quién embrea</p>
<p>los costados a aquel que hizo más rutas; 12</p>
<p>quién remacha la popa y quién la proa;</p>
<p>hacen otros los remos y otros cuerdas;</p>
<p>quién repara mesanas y trinquetas; 15</p>
<p>asi, sin fuego, por divinas artes,</p>
<p>bullía abajo una espesa resina,</p>
<p>que la orilla impregnaba en todos lados. 18</p>
<p>La veía, mas no veía en ella</p>
<p>más que burbujas que el hervor alzaba,</p>
<p>todas hincharse y explotarse luego. 21</p>
<p>Mientras allá miraba fijamente,</p>
<p>el poeta, diciendo: "¡Atento, atento!"</p>
<p>a él me atrajo del sitio en que yo estaba. 24</p>
<p>Me volvi entonces como aquel que tarda</p>
<p>en ver aquello de que huir conviene,</p>
<p>y a quien de pronto le acobarda el miedo, 27</p>
<p>y, por mirar, no demora la marcha;</p>
<p>y un diablo negro vi tras de nosotros,</p>
<p>que por la roca corriendo venía. 30</p>
<p>¡Ah, qué fiera tenía su apariencia,</p>
<p>y parecían cuán amenazantes</p>
<p>sus pies ligeros, sus abiertas alas! 33</p>
<p>En su hombro, que era anguloso y soberbio,</p>
<p>cargaba un pecador por ambas ancas,</p>
<p>agarrando los pies por los tendones. 36</p>
<p>"¡Oh Malasgarras -dijo desde el puente-,</p>
<p>os mando a un regidor de Santa Zita! 38</p>
<p>Ponedlo abajo, que voy a por otro 39</p>
<p>a esa tierra que tiene un buen surtido:</p>
<p>salvo Bonturo todos son venales; 41</p>
<p>del "ita" allí hacen "no" por el dinero." 42</p>
<p>Abajo lo tiró, y por el escollo</p>
<p>se volvió, y nunca fue un mastín soltado</p>
<p>persiguiendo a un ladrón con tanta prisa. 45</p>
<p>Aquél se hundió, y se salía de nuevo;</p>
<p>mas los demonios que albergaba el puente</p>
<p>gritaron: "¡No está aquí la Santa Faz, 48</p>
<p>y no se nada aquí como en el Serquio!</p>
<p>así que, si no quieres nuestros garfios,</p>
<p>no te aparezcas sobre la resina." 51</p>
<p>Con más de cien arpones le pinchaban,</p>
<p>dicen: "Cubierto bailar aquí debes,</p>
<p>tal que, si puedes, a escondidas hurtes." 54</p>
<p>No de otro modo al pinche el cocinero</p>
<p>hace meter la carne en la caldera,</p>
<p>con los tridentes, para que no flote. 57</p>
<p>Y el buen Maestro: "Para que no sepan</p>
<p>que estás agua -me dijo- ve a esconderte</p>
<p>tras una roca que sirva de abrigo; 60</p>
<p>y por ninguna ofensa que me hagan,</p>
<p>debes temer, que bien conozco esto,</p>
<p>y otras veces me he visto en tales líos." 63</p>
<p>Después pasó del puente a la otra parte;</p>
<p>y cuando ya alcanzó la sexta fosa;</p>
<p>le fue preciso un ánimo templado. 66</p>
<p>Con la ferocidad y con la saña</p>
<p>que los perros atacan al mendigo,</p>
<p>que de pronto se para y limosnea, 69</p>
<p>del puentecillo aquéllos se arrojaron,</p>
<p>y en contra de él volvieron los arpones;</p>
<p>mas él gritó: "¡Que ninguno se atreva! 72</p>
<p>Antes de que me pinchen los tridentes,</p>
<p>que se adelante alguno para oírme,</p>
<p>pensad bien si debéis arponearme." 75</p>
<p>"¡Que vaya Malacola!" -se gritaron;</p>
<p>y uno salió de entre los otros quietos,</p>
<p>y vino hasta él diciendo: "¿De qué sirve?" 78</p>
<p>"Es que crees, Malacola, que me habrías</p>
<p>visto venir -le dijo mi maestro-</p>
<p>seguro ya de todas vuestras armas, 81</p>
<p>sin el querer divino y diestro hado?</p>
<p>Déjame andar, que en el cielo se quiere</p>
<p>que el camino salvaje enseñe a otros." 84</p>
<p>Su orgullo entonces fue tan abatido</p>
<p>que el tridente dejó caer al suelo,</p>
<p>y a los otros les dijo: "No tocarlo." 87</p>
<p>Y el guía a mí: "Oh tú que allí te encuentras</p>
<p>tras las rocas del puente agazapado,</p>
<p>puedes venir conmigo ya seguro." 90</p>
<p>Por lo que yo avancé hasta él deprisa;</p>
<p>y los diablos se echaron adelante,</p>
<p>tal que temí que el pacto no guardaran; 93</p>
<p>así yo vi temer a los infantes 94</p>
<p>yéndose, tras rendirse, de Caprona,</p>
<p>al verse ya entre tantos enemigos. 96</p>
<p>Yo me arrimé con toda mi persona</p>
<p>a mi guía, y los ojos no apartaba</p>
<p>de sus caras que no eran nada buenas. 99</p>
<p>Inclinaban los garfios: "¿Que le pinche</p>
<p>- decíanse- queréis, en el trasero?"</p>
<p>Y respondían: "Sí, pínchale fuerte." 102</p>
<p>Pero el demonio aquel que había hablado</p>
<p>con mi guía, volvióse raudamente,</p>
<p>y dijo: "Para, para, Arrancapelos." 105</p>
<p>Luego nos dijo: " Más andar por este 106</p>
<p>escollo no se puede, pues que yace</p>
<p>todo despedazado el arco sexto; 108</p>
<p>y si queréis seguir más adelante</p>
<p>podéis andar aquí, por esta escarpa:</p>
<p>hay otro escollo cerca, que es la ruta. 111</p>
<p>Ayer, cinco horas más que en esta hora, 112</p>
<p>mil y doscientos y sesenta y seis</p>
<p>años hizo, que aquí se hundió el camino. 114</p>
<p>Hacia allá mando a alguno de los míos</p>
<p>para ver si se escapa alguno de esos;</p>
<p>id con ellos, que no han de molestaros. 117</p>
<p>¡Adelante Aligacho, Patasfrías, 118</p>
<p>- él comenzó a decir- y tú, Malchucho;</p>
<p>y Barbatiesa guíe la decena. 120</p>
<p>Vayan detrás Salido y Ponzoñoso,</p>
<p>jabalí Colmilludo, Arañaperros,</p>
<p>el Tartaja y el loco del Berrugas. 123</p>
<p>Mirad en torno de la pez hirviente;</p>
<p>éstos a salvo lleguen al escollo</p>
<p>que todo entero va sobre la fosa." 126</p>
<p>"¡Ay maestro, qué es esto que estoy viendo!</p>
<p>- dije- vayamos solos sin escolta,</p>
<p>si sabes ir, pues no la necesito. 129</p>
<p>Si eres tan avisado como sueles,</p>
<p>¿no ves cómo sus dientes les rechinan,</p>
<p>y su entrecejo males amenaza?" 132</p>
<p>Y él me dijo: "No quiero que te asustes;</p>
<p>déjalos que rechinen a su gusto,</p>
<p>pues hacen eso por los condenados." 135</p>
<p>Dieron la vuelta por la orilla izquierda,</p>
<p>mas primero la lengua se mordieron</p>
<p>hacia su jefe, a manera de seña, 138</p>
<p>y él hizo una trompeta de su culo.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_22">
</cite>
CANTO XXII</p>
</title>
<p>Caballeros he visto alzar el campo,</p>
<p>comenzar el combate, o la revista,</p>
<p>y alguna vez huir para salvarse; 3</p>
<p>en vuestra tierra he visto exploradores,</p>
<p>¡Oh aretinos! y he visto las mesnadas, 5</p>
<p>hacer torneos y correr las justas, 6</p>
<p>ora con trompas, y ora con campanas,</p>
<p>con tambores, y hogueras en castillos,</p>
<p>con cosas propias y también ajenas; 9</p>
<p>mas nunca con tan rara cornamusa,</p>
<p>moverse caballeros ni pendones,</p>
<p>ni nave al ver una estrella o la tierra. 12</p>
<p>Caminábamos con los diez demonios,</p>
<p>¡fiera compaña!, mas en la taberna</p>
<p>con borrachos, con santos en la iglesia. 15</p>
<p>Mas a la pez volvía la mirada,</p>
<p>por ver lo que la bolsa contenía</p>
<p>y a la gente que adentro estaba ardiendo. 18</p>
<p>Cual los delfines hacen sus señales 19</p>
<p>con el arco del lomo al marinero,</p>
<p>que le preparan a que el leño salve, 21</p>
<p>por aliviar su pena, de este modo</p>
<p>enseñaban la espalda algunos de ellos,</p>
<p>escondiéndose en menos que hace el rayo. 24</p>
<p>Y como al borde del agua de un charco</p>
<p>hay renacuajos con el morro fuera,</p>
<p>con el tronco y las ancas escondidas, 27</p>
<p>se encontraban así los pecadores;</p>
<p>mas, como se acercaba Barbatiesa,</p>
<p>bajo el hervor volvieron a meterse. 30</p>
<p>Yo vi, y el corazón se me acongoja,</p>
<p>que uno esperaba, así como sucede 32</p>
<p>que una rana se queda y otra salta; 33</p>
<p>Y Arañaperros, que a su lado estaba,</p>
<p>le agarró por el pelo empegotado</p>
<p>y le sacó cual si fuese una nutria. 36</p>
<p>Ya de todos el nombre conocía,</p>
<p>pues lo aprendí cuando fueron nombrados,</p>
<p>y atento estuve cuando se llamaban. 39</p>
<p>"Ahora, Berrugas, puedes ya clavarle</p>
<p>los garfios en la espalda y desollarlo"</p>
<p>gritaban todos juntos los malditos. 42</p>
<p>Y yo: "Maestro, intenta, si es que puedes,</p>
<p>saber quién es aquel desventurado,</p>
<p>llegado a manos de sus enemigos." 45</p>
<p>Y junto a él se aproximó mi guía;</p>
<p>preguntó de dónde era, y él repuso:</p>
<p>"Fui nacido en el reino de Navarra. 48</p>
<p>Criado de un señor me hizo mi madre,</p>
<p>que me había engendrado de un bellaco,</p>
<p>destructor de si mismo y de sus cosas. 51</p>
<p>Después fui de la corte de Teobaldo: 52</p>
<p>allí me puse a hacer baratertas;</p>
<p>y en este caldo estoy rindiendo cuentas." 54</p>
<p>Y Colmilludo a cuya boca asoman,</p>
<p>tal jabalí, un colmillo a cada lado,</p>
<p>le hizo sentir cómo uno descosía. 57</p>
<p>Cayó el ratón entre malvados gatos;</p>
<p>mas le agarró en sus brazos Barbatiesa,</p>
<p>y dijo: " Estaros quietos un momento." 60</p>
<p>Y volviendo la cara a mi maestro</p>
<p>"Pregunta -dijo- aún, si más deseas</p>
<p>de él saber, antes que esos lo destrocen". 63</p>
<p>El guía entonces: "De los otros reos,</p>
<p>di ahora si de algún latino sabes</p>
<p>que esté bajo la pez." Y él: "Hace poco 66</p>
<p>a uno dejé que fue de allí vecino.</p>
<p>¡Si estuviese con él aún recubierto</p>
<p>no temería tridentes ni garras!" 69</p>
<p>Y el Salido: "Esperamos ya bastante",</p>
<p>dijo, y cogióle el brazo con el gancho,</p>
<p>tal que se llevó un trozo desgarrado. 72</p>
<p>También quiso agarrarle Ponzoñoso</p>
<p>piernas abajo; mas el decurión</p>
<p>miró a su alrededor con mala cara. 75</p>
<p>Cuando estuvieron algo más calmados,</p>
<p>a aquel que aún contemplaba sus heridas</p>
<p>le preguntó mi guía sin tardanza: 78</p>
<p>"¿Y quién es ése a quien enhoramala</p>
<p>dejaste, has dicho, por salir a flote?"</p>
<p>Y aquél repuso: "Fue el fraile Gomita, 81</p>
<p>el de Gallura, vaso de mil fraudes;</p>
<p>que apresó a los rivales de su amo,</p>
<p>consiguiendo que todos lo alabasen. 84</p>
<p>Cogió el dinero, y soltóles de plano,</p>
<p>como dice; y fue en otros menesteres,</p>
<p>no chico, mas eximio baratero. 87</p>
<p>Trata con él maese Miguel Zanque 88</p>
<p>de Logodoro; y hablan Cerdeña</p>
<p>sin que sus lenguas nunca se fatiguen. 90</p>
<p>¡Ay de mí! ved que aquél rechina el diente:</p>
<p>más te diría pero tengo miedo</p>
<p>que a rascarme la tiña se aparezcan." 93</p>
<p>Y vuelto hacia el Tartaja el gran preboste,</p>
<p>cuyos ojos herirle amenazaban,</p>
<p>dijo: " Hazte a un lado, pájaro malvado." 96</p>
<p>"Si queréis conocerles o escucharles</p>
<p>- volvió a empezar el preso temeroso-</p>
<p>haré venir toscanos o lombardos; 99</p>
<p>pero quietos estén los Malasgarras</p>
<p>para que éstos no teman su venganza,</p>
<p>y yo, siguiendo en este mismo sitio, 102</p>
<p>por uno que soy yo, haré venir siete</p>
<p>cuando les silbe, como acostumbramos</p>
<p>hacer cuando del fondo sale alguno." 105</p>
<p>Malchucho en ese instante alzó el hocico,</p>
<p>moviendo la cabeza, y dijo: "Ved</p>
<p>qué malicia pensó para escaparse." 108</p>
<p>Mas él, que muchos trucos conocía</p>
<p>respondió: "¿Malicioso soy acaso,</p>
<p>cuando busco a los míos más tristeza?" 111</p>
<p>No se aguantó Aligacho, y, al contrario</p>
<p>de los otros, le dijo: "Si te tiras,</p>
<p>yo no iré tras de ti con buen galope, 114</p>
<p>mas batiré sobre la pez las alas;</p>
<p>deja la orilla y corre tras la roca;</p>
<p>ya veremos si tú nos aventajas." 117</p>
<p>Oh tú que lees, oirás un nuevo juego:</p>
<p>todos al otro lado se volvieron,</p>
<p>y el primero aquel que era más contrario. 120</p>
<p>Aprovechó su tiempo el de Navarra;</p>
<p>fijó la planta en tierra, y en un punto</p>
<p>dio un salto y se escapó de su preboste. 123</p>
<p>Y por esto, culpables se sintieron,</p>
<p>más aquel que fue causa del desastre,</p>
<p>que se marchó gritando: "Ya te tengo." 126</p>
<p>Mas de poco valió, pues que al miedoso</p>
<p>no alcanzaron las alas: se hundió éste,</p>
<p>y aquél alzó volando arriba el pecho. 129</p>
<p>No de otro modo el ánade de golpe,</p>
<p>cuando el halcón se acerca, se sumerge,</p>
<p>y éste, roto y cansado, se remonta. 132</p>
<p>Airado Patasfrías por la broma,</p>
<p>volando atrás, lo cogió, deseando</p>
<p>que aquél huyese para armar camorra; 135</p>
<p>y al desaparecer el baratero,</p>
<p>volvió las garras a su camarada,</p>
<p>tal que con él se enzarzó sobre el foso. 138</p>
<p>Fue el otro gavilán bien amaestrado,</p>
<p>sujetándole bien, y ambos cayeron</p>
<p>en la mitad de aquel pantano hirviente. 141</p>
<p>Los separó el calor a toda prisa,</p>
<p>pero era muy difícil remontarse,</p>
<p>pues tenían las alas pegajosas. 144</p>
<p>Barbatiesa, enfadado cual los otros,</p>
<p>a cuatro hizo volar a la otra parte,</p>
<p>todos con grafios y muy prestamente. 147</p>
<p>Por un lado y por otro descendieron:</p>
<p>echaron garfios a los atrapados,</p>
<p>que cocidos estaban en la costra, 150</p>
<p>y asi enredados los abandonamos.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_23">
</cite>
CANTO XXIII</p>
</title>
<p>Callados, solos y sin compañía</p>
<p>caminábamos uno tras del otro,</p>
<p>lo mismo que los frailes franciscanos. 3</p>
<p>Vuelto había a la fábula de Esopo 4</p>
<p>mi pensamiento la presente riña,</p>
<p>donde él habló del ratón y la rana, 6</p>
<p>porque igual que "enseguida" y "al instante",</p>
<p>se parecen las dos si se compara</p>
<p>el principio y el fin atentamente. 9</p>
<p>Y, cual de un pensamiento el otro sale,</p>
<p>así nació de aquel otro después,</p>
<p>que mi primer espanto redoblaba. 12</p>
<p>Yo así pensaba: "Si estos por nosotros</p>
<p>quedan burlados con daño y con befa,</p>
<p>supongo que estarán muy resentidos. 15</p>
<p>Si sobre el mal la ira se acrecienta,</p>
<p>ellos vendrán detrás con más crueldad</p>
<p>que el can lleva una liebre con los dientes." 18</p>
<p>Ya sentía erizados los cabellos</p>
<p>por el miedo y atrás atento estaba</p>
<p>cuando dije: "Maestro, si escondite 21</p>
<p>no encuentras enseguida, me amedrentan</p>
<p>los Malasgarras: vienen tras nosotros:</p>
<p>tanto los imagino que los siento." 24</p>
<p>Y él: "Si yo fuese de azogado vidrio,</p>
<p>tu imagen exterior no copiaría</p>
<p>tan pronto en mí, cual la de dentro veo; 27</p>
<p>tras mi pensar el tuyo ahora venía,</p>
<p>con igual acto y con la misma cara,</p>
<p>que un único consejo hago de entrambos. 30</p>
<p>Si hacia el lado derecho hay una cuesta,</p>
<p>para poder bajar a la otra bolsa,</p>
<p>huiremos de la caza imaginada." 33</p>
<p>Este consejo apenas proferido,</p>
<p>los vi venir con las alas extendidas,</p>
<p>no muy de lejos, para capturarnos. 36</p>
<p>De súbito mi guía me cogió</p>
<p>cual la madre que al ruido se despierta</p>
<p>y ve cerca de sí la llama ardiente, 39</p>
<p>que coge al hijo y huye y no se para,</p>
<p>teniendo, más que de ella, de él cuidado,</p>
<p>aunque tan sólo vista una camisa. 42</p>
<p>Y desde lo alto de la dura margen,</p>
<p>de espaldas resbaló por la pendiente,</p>
<p>que cierra la otra bolsa por un lado. 45</p>
<p>No corre por la aceña agua tan rauda,</p>
<p>para mover la rueda del molino,</p>
<p>cuando más a los palos se aproxima, 48</p>
<p>cual mi maestro por aquel barranco,</p>
<p>sosteniéndome encima de su pecho,</p>
<p>como a su hijo, y no cual compañero. 51</p>
<p>Y llegaron sus pies al lecho apenas</p>
<p>del fondo, cuando aquéllos a la cima</p>
<p>sobre nosotros; pero no temíamos, 54</p>
<p>pues la alta providencia que los quiere</p>
<p>hacer ministros de la quinta fosa,</p>
<p>poder salir de allí no les permite. 57</p>
<p>Allí encontramos a gente pintada 58</p>
<p>que alrededor marchaba a lentos pasos,</p>
<p>llorando fatigados y abatidos. 60</p>
<p>Tenían capas con capuchas bajas</p>
<p>hasta los ojos, hechas del tamaño</p>
<p>que se hacen en Cluní para los monjes: 63</p>
<p>por fuera son de oro y deslumbrantes,</p>
<p>mas por dentro de plomo, y tan pesadas</p>
<p>que Federico de paja las puso. 66</p>
<p>¡Oh eternamente fatigoso manto!</p>
<p>Nosotros aún seguimos por la izquierda</p>
<p>a su lado, escuchando el triste lloro; 69</p>
<p>mas cansados aquéllos por el peso,</p>
<p>venían tan despacio, que con nuevos</p>
<p>compañeros a cada paso estábamos. 72</p>
<p>Por lo que dije al guía: "Ve si encuentras</p>
<p>a quien de nombre o de hechos se conozca,</p>
<p>y los ojos, andando, mueve entorno." 75</p>
<p>Uno entonces que oyó mi hablar toscano,</p>
<p>de detrás nos gritó: " Parad los pasos,</p>
<p>los que corréis por entre el aire oscuro. 78</p>
<p>Tal vez tendrás de mí lo que buscabas."</p>
<p>Y el guía se volvió y me dijo: "Espera,</p>
<p>y luego anda conforme con sus pasos." 81</p>
<p>Me detuve, y vi a dos que una gran ansia</p>
<p>mostraban, en el rostro, de ir conmigo,</p>
<p>mas la carga pesaba y el sendero. 84</p>
<p>Cuando estuvieron cerca, torvamente,</p>
<p>me remiraron sin decir palabra;</p>
<p>luego a sí se volvieron y decían: 87</p>
<p>"Ése parece vivo en la garganta;</p>
<p>y, si están muertos ¿por qué privilegio</p>
<p>van descubiertos de la gran estola?" 90</p>
<p>Dijéronme: "Oh Toscano, que al colegio</p>
<p>de los tristes hipócritas viniste,</p>
<p>dinos quién eres sin tener reparo." 93</p>
<p>"He nacido y crecido -les repuse-</p>
<p>en la gran villa sobre el Arno bello, 95</p>
<p>y con el cuerpo estoy que siempre tuve. 96</p>
<p>¿Quién sois vosotros, que tanto os destila</p>
<p>el dolor, que así veo por el rostro,</p>
<p>y cuál es vuestra pena que reluce?" 99</p>
<p>"Estas doradas capas -uno dijo-</p>
<p>son de plomo, tan gruesas, que los pesos</p>
<p>hacen así chirriar a sus balanzas. 102</p>
<p>Frailes gozosos fuimos, boloñeses; 103</p>
<p>yo Catalano y éste Loderingo</p>
<p>llamados, y elegidos en tu tierra, 105</p>
<p>como suele nombrarse a un imparcial</p>
<p>por conservar la paz; y fuimos tales</p>
<p>que en torno del Gardingo aún puede verse." 108</p>
<p>Yo comencé: "Oh hermanos, vuestros males "</p>
<p>No dije más, porque vi por el suelo</p>
<p>a uno crucificado con tres palos. 111</p>
<p>Al verme, por entero se agitaba,</p>
<p>soplándose en la barba con suspiros;</p>
<p>y el fraile Catalán que lo advirtió, 114</p>
<p>me dijo: "El condenado que tú miras, 115</p>
<p>dijo a los fariseos que era justo</p>
<p>ajusticiar a un hombre por el pueblo. 117</p>
<p>Desnudo está y clavado en el camino</p>
<p>como ves, y que sienta es necesario</p>
<p>el peso del que pasa por encima; 120</p>
<p>y en tal modo se encuentra aquí su suegro 121</p>
<p>en este foso, y los de aquel concilio</p>
<p>que a los judíos fue mala semilla." 123</p>
<p>Vi que Virgilio entonces se asombraba 124</p>
<p>por quien se hallaba allí crucificado,</p>
<p>en el eterno exilio tan vilmente. 126</p>
<p>Después dirigió al fraile estas palabras:</p>
<p>"No os desagrade, si podéis, decirnos</p>
<p>si existe alguna trocha a la derecha, 129</p>
<p>por la cual ambos dos salir podamos,</p>
<p>sin obligar a los ángeles negros,</p>
<p>a que nos saquen de este triste foso." 132</p>
<p>Repuso entonces: "Antes que lo esperes,</p>
<p>hay un peñasco, que de la gran roca</p>
<p>sale, y que cruza los terribles valles, 135</p>
<p>salvo aquí que está roto y no lo salva.</p>
<p>Subir podréis arriba por la ruina</p>
<p>que yace al lado y el fondo recubre." 138</p>
<p>El guía inclinó un poco la cabeza:</p>
<p>dijo después: " Contaba mal el caso</p>
<p>quien a los pecadores allí ensarta." 141</p>
<p>Y el fraile: " Ya en Bolonia oí contar</p>
<p>muchos vicios del diablo, y entre otros</p>
<p>que es mentiroso y padre del embuste." 144</p>
<p>Rápidamente el guía se marchó,</p>
<p>con el rostro turbado por la ira;</p>
<p>y yo me separé de los cargados, 147</p>
<p>detrás siguiendo las queridas plantas.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_24">
</cite>
CANTO XXIV</p>
</title>
<p>En ese tiempo en el que el año es joven 1</p>
<p>y el sol sus crines bajo Acuario templa,</p>
<p>y las noches se igualan con los días, 3</p>
<p>cuando la escarcha en tierra se asemeja</p>
<p>a aquella imagen de su blanca hermana,</p>
<p>mas poco dura el temple de su pluma; 6</p>
<p>el campesino falto de forraje,</p>
<p>se levanta y contempla la campiña</p>
<p>toda blanca, y el muslo se golpea, 9</p>
<p>vuelve a casa, y aquí y allá se duele,</p>
<p>tal mezquino que no sabe qué hacerse;</p>
<p>sale de nuevo, y cobra la esperanza, 12</p>
<p>viendo que al monte ya le cambió el rostro</p>
<p>en pocas horas, toma su cayado,</p>
<p>y a pacer fuera saca las ovejas. 15</p>
<p>De igual manera me asustó el maestro</p>
<p>cuando vi que su frente se turbaba,</p>
<p>mas pronto al mal siguió la medicina; 18</p>
<p>pues, al llegar al derruido puente,</p>
<p>el guía se volvió a mí con el rostro</p>
<p>dulce que vi al principio al pie del monte; 21</p>
<p>abrió los brazos, tras de haber tomado</p>
<p>una resolución, mirando antes</p>
<p>la ruina bien, y se acercó a empinarme. 24</p>
<p>Y como el que trabaja y que calcula,</p>
<p>que parece que todo lo prevea,</p>
<p>igual, encaramándome a la cima 27</p>
<p>de un peñasco, otra roca examinaba,</p>
<p>diciendo: "Agárrate luego de aquélla;</p>
<p>pero antes ve si puede sostenerte." 30</p>
<p>No era un camino para alguien con capa,</p>
<p>pues apenas, él leve, yo sujeto,</p>
<p>podíamos subir de piedra en piedra. 33</p>
<p>Y si no fuese que en aquel recinto</p>
<p>más corto era el camino que en los otros,</p>
<p>no sé de él, pero yo vencido fuera. 36</p>
<p>Mas como hacia la boca Malasbolsas</p>
<p>del pozo más profundo toda pende,</p>
<p>la situación de cada valle hace 39</p>
<p>que se eleve un costado y otro baje;</p>
<p>y así llegamos a la punta extrema,</p>
<p>donde la última piedra se destaca. 42</p>
<p>Tan ordeñado del pulmón estaba</p>
<p>mi aliento en la subida, que sin fuerzas</p>
<p>busqué un asiento en cuanto que llegamos. 45</p>
<p>"Ahora es preciso que te despereces</p>
<p>- dijo el maestro-, pues que andando en plumas</p>
<p>no se consigue fama, ni entre colchas; 48</p>
<p>el que la vida sin ella malgasta</p>
<p>tal vestigio en la tierra de sí deja,</p>
<p>cual humo en aire o en agua la espuma. 51</p>
<p>Así que arriba: vence la pereza</p>
<p>con ánimo que vence cualquier lucha,</p>
<p>si con el cuerpo grave no lo impide. 54</p>
<p>Hay que subir una escala aún más larga; 55</p>
<p>haber huido de éstos no es bastante:</p>
<p>si me entiendes, procura que te sirva." 57</p>
<p>Alcé entonces, mostrándome provisto</p>
<p>de un ánimo mayor del que tenía,</p>
<p>" Vamos -dije-. Estoy fuerte y animoso." 60</p>
<p>Por el derrumbe empezamos a andar,</p>
<p>que era escarpado y rocoso y estrecho,</p>
<p>y mucho más pendiente que el de antes. 63</p>
<p>Hablando andaba para hacerme el fuerte;</p>
<p>cuando una voz salió del otro foso,</p>
<p>que incomprensibles voces profería. 66</p>
<p>No le entendí, por más que sobre el lomo</p>
<p>ya estuviese del arco que cruzaba:</p>
<p>mas el que hablaba parecía airado. 69</p>
<p>Miraba al fondo, mas mis ojos vivos,</p>
<p>por lo oscuro, hasta el fondo no llegaban,</p>
<p>por lo que yo: "Maestro alcanza el otro 72</p>
<p>recinto, y descendamos por el muro;</p>
<p>pues, como escucho a alguno que no entiendo,</p>
<p>miro así al fondo y nada reconozco. 75</p>
<p>"Otra respuesta -dijo- no he de darte</p>
<p>más que hacerlo; pues que demanda justa</p>
<p>se ha de cumplir con obras, y callando." 78</p>
<p>Desde lo alto del puente descendimos</p>
<p>donde se cruza con la octava orilla,</p>
<p>luego me fue la bolsa manifiesta; 81</p>
<p>y yo vi dentro terrible maleza</p>
<p>de serpientes, de especies tan distintas,</p>
<p>que la sangre aún me hiela el recordarlo. 84</p>
<p>Más no se ufane Libia con su arena; 85</p>
<p>que si quelidras, yáculos y faras</p>
<p>produce, y cancros con anfisibenas, 87</p>
<p>ni tantas pestilencias, ni tan malas,</p>
<p>mostró jamás con la Etiopía entera,</p>
<p>ni con aquel que está sobre el mar Rojo. 90</p>
<p>Entre el montón tristísimo corrían</p>
<p>gentes desnudas y aterrorizadas,</p>
<p>sin refugio esperar o heliotropía: 93</p>
<p>esposados con sierpes a la espalda;</p>
<p>les hincaban la cola y la cabeza</p>
<p>en los riñones, encima montadas. 96</p>
<p>De pronto a uno que se hallaba cerca,</p>
<p>se lanzó una serpiente y le mordió</p>
<p>donde el cuello se anuda con los hombros. 99</p>
<p>Ni la O tan pronto, ni la I, se escribe,</p>
<p>cual se encendió y ardió, y todo en cenizas</p>
<p>se convirtió cayendo todo entero; 102</p>
<p>y luego estando así deshecho en tierra</p>
<p>amontonóse el polvo por si solo,</p>
<p>y en aquel mismo se tornó de súbito. 105</p>
<p>Así los grandes sabios aseguran</p>
<p>que muere el Fénix y después renace, 107</p>
<p>cuando a los cinco siglos ya se acerca: 108</p>
<p>no pace en vida cebada ni hierba,</p>
<p>sólo de incienso lágrimas y amomo,</p>
<p>y nardo y mirra son su último nido. 111</p>
<p>Y como aquel que cae sin saber cómo,</p>
<p>porque fuerza diabólica lo tira,</p>
<p>o de otra opilación que liga el ánimo, 114</p>
<p>que levantado mira alrededor,</p>
<p>muy conturbado por la gran angustia</p>
<p>que le ha ocurrido, y suspira al mirar: 117</p>
<p>igual el pecador al levantarse.</p>
<p>¡Oh divina potencia, cuán severa,</p>
<p>que tales golpes das en tu venganza! 120</p>
<p>El guía preguntó luego quién era:</p>
<p>y él respondió: "Lloví de la Toscana,</p>
<p>no ha mucho tiempo, en este fiero abismo. 123</p>
<p>Vida de bestia me plació, no de hombre,</p>
<p>como al mulo que fui: soy Vanni Fucci 125</p>
<p>bestia, y Pistoya me fue buena cuadra." 126</p>
<p>Y yo a mi guía: "Dile que no huya,</p>
<p>y pregunta qué culpa aquí le arroja;</p>
<p>que hombre le vi de maldad y de sangre." 129</p>
<p>Y el pecador, que oyó, no se escondía,</p>
<p>mas volvió contra mí el ánimo y rostro,</p>
<p>y de triste vergüenza enrojeció; 132</p>
<p>y dijo: "Más me duele que me halles</p>
<p>en la miseria en la que me estás viendo,</p>
<p>que cuando fui arrancado en la otra vida. 135</p>
<p>Yo no puedo ocultar lo que preguntas:</p>
<p>aquí estoy porque fui en la sacristía</p>
<p>ladrón de los hermosos ornamentos, 138</p>
<p>y acusaron a otro hombre falsamente;</p>
<p>mas porque no disfrutes al mirarme,</p>
<p>si del lugar oscuro tal vez sales, 141</p>
<p>abre el oído y este anuncio escucha:</p>
<p>Pistoya de los negros enflaquece: 143</p>
<p>luego en Florencia cambian gente y modos. 144</p>
<p>De Val de Magra Marte manda un rayo</p>
<p>rodeado de turbios nubarrones;</p>
<p>y en agria tempestad impetuosa, 147</p>
<p>sobre el campo Piceno habrá un combate; 148</p>
<p>y de repente rasgará la niebla,</p>
<p>de modo que herirá a todos los blancos. 150</p>
<p>¡Esto te digo para hacerte daño!"</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_25">
</cite>
CANTO XXV</p>
</title>
<p>El ladrón al final de sus palabras,</p>
<p>alzó las manos con un par de higas, 2</p>
<p>gritando: "Toma, Dios, te las dedico." 3</p>
<p>Desde entonces me agradan las serpientes,</p>
<p>pues una le envolvió entonces el cuello,</p>
<p>cual si dijese: "No quiero que sigas"; 6</p>
<p>y otra a los brazos, y le sujetó</p>
<p>ciñéndose a sí misma por delante.</p>
<p>que no pudo con ella ni moverse. 9</p>
<p>¡Ah Pistoya, Pistoya, por qué niegas 10</p>
<p>incinerarte, así que más no dures,</p>
<p>pues superas en mal a tus mayores! 12</p>
<p>En todas las regiones del infierno</p>
<p>no vi a Dios tan soberbio algún espíritu,</p>
<p>ni el que cayó de la muralla en Tebas. 15</p>
<p>Aquel huyó sin decir más palabra;</p>
<p>y vi venir a un centauro rabioso,</p>
<p>llamando: "¿Dónde, dónde está el soberbio?" 18</p>
<p>No creo que Maremma tantas tenga,</p>
<p>cuantas bichas tenía por la grupa,</p>
<p>hasta donde comienzan nuestras formas. 21</p>
<p>Encima de los hombros, tras la nuca,</p>
<p>con las alas abiertas, un dragón</p>
<p>tenía; y éste quema cuanto toca. 24</p>
<p>Mi maestro me dijo: " Aquel es Caco, 25</p>
<p>que, bajo el muro del monte Aventino,</p>
<p>hizo un lago de sangre muchas veces. 27</p>
<p>No va con sus hermanos por la senda,</p>
<p>por el hurto que fraudulento hizo</p>
<p>del rebaño que fue de su vecino; 30</p>
<p>hasta acabar sus obras tan inicuas</p>
<p>bajo la herculea maza, que tal vez</p>
<p>ciento le dio, mas no sintió el deceno." 33</p>
<p>Mientras que así me hablaba, se marchó,</p>
<p>y a nuestros pies llegaron tres espíritus, 35</p>
<p>sin que ni yo ni el guía lo advirtiésemos, 36</p>
<p>hasta que nos gritaron: "¿Quiénes sois?":</p>
<p>por lo cual dimos fin a nuestra charla,</p>
<p>y entonces nos volvimos hacia ellos. 39</p>
<p>Yo no les conocí, pero ocurrió,</p>
<p>como suele ocurrir en ocasiones,</p>
<p>que tuvo el uno que llamar al otro, 42</p>
<p>diciendo: "Cianfa, ¿dónde te has metido?"</p>
<p>Y yo, para que el guía se fijase,</p>
<p>del mentón puse el dedo a la nariz. 45</p>
<p>Si ahora fueras, lector, lento en creerte</p>
<p>lo que diré, no será nada raro,</p>
<p>pues yo lo vi, y apenas me lo creo. 48</p>
<p>A ellos tenía alzada la mirada,</p>
<p>y una serpiente con seis pies a uno,</p>
<p>se le tira, y entera se le enrosca. 51</p>
<p>Los pies de en medio cogiéronle el vientre,</p>
<p>los de delante prendieron sus brazos,</p>
<p>y después le mordió las dos mejillas. 54</p>
<p>Los delanteros lanzóle a los muslos</p>
<p>y le metió la cola entre los dos,</p>
<p>y la trabó detrás de los riñones. 57</p>
<p>Hiedra tan arraigada no fue nunca</p>
<p>a un árbol, como aquella horrible fiera</p>
<p>por otros miembros enroscó los suyos. 60</p>
<p>Se juntan luego, tal si cera ardiente</p>
<p>fueran, y mezclan así sus colores,</p>
<p>no parecían ya lo que antes eran, 63</p>
<p>como se extiende a causa del ardor,</p>
<p>por el papel, ese color oscuro,</p>
<p>que aún no es negro y ya deja de ser blanco. 66</p>
<p>Los otros dos miraban, cada cual</p>
<p>gritando: "¡Agnel, ay, cómo estás cambiando!</p>
<p>¡mira que ya no sois ni dos ni uno! 69</p>
<p>Las dos cabezas eran ya una sola,</p>
<p>y mezcladas se vieron dos figuras</p>
<p>en una cara, donde se perdían. 72</p>
<p>Cuatro miembros hiciéronse dos brazos;</p>
<p>los muslos con las piernas, vientre y tronco</p>
<p>en miembros nunca vistos se tornaron. 75</p>
<p>Ya no existian las antiguas formas:</p>
<p>dos y ninguna la perversa imagen</p>
<p>parecía; y se fue con paso lento. 78</p>
<p>Como el lagarto bajo el gran azote</p>
<p>de la canícula, al cambiar de seto,</p>
<p>parece un rayo si cruza el camino; 81</p>
<p>tal parecía, yendo a las barrigas</p>
<p>de los restantes, una sierpe airada,</p>
<p>tal grano de pimienta negra y livida; 84</p>
<p>y en aquel sitio que primero toma</p>
<p>nuestro alimento, a uno le golpea;</p>
<p>luego al suelo cayó a sus pies tendida. 87</p>
<p>El herido miró, mas nada dijo;</p>
<p>antes, con los pies quietos, bostezaba,</p>
<p>como si fiebre o sueño le asaltase. 90</p>
<p>Él a la sierpe, y ella a él miraba;</p>
<p>él por la llaga, la otra por la boca</p>
<p>humeaban, el humo confundiendo. 93</p>
<p>Calle Lucano ahora donde habla</p>
<p>del mísero Sabello y de Nasidio, 95</p>
<p>y espere a oír aquello que describo. 96</p>
<p>Calle Ovidio de Cadmo y de Aretusa; 97</p>
<p>que si aquél en serpiente, en fuente a ésta</p>
<p>convirtió, poetizando, no le envidio; 99</p>
<p>que frente a frente dos naturalezas</p>
<p>no trasmutó, de modo que ambas formas</p>
<p>a cambiar dispusieran sus materias. 102</p>
<p>Se respondieron juntos de tal modo,</p>
<p>que en dos partió su cola la serpiente,</p>
<p>y el herido juntaba las dos hormas. 105</p>
<p>Las piernas con los muslos a sí mismos</p>
<p>tal se unieron, que a poco la juntura</p>
<p>de ninguna manera se veía. 108</p>
<p>Tomó la cola hendida la figura</p>
<p>que perdía aquel otro, y su pellejo</p>
<p>se hacía blando y el de aquélla, duro. 111</p>
<p>Vi los brazos entrar por las axilas,</p>
<p>y los pies de la fiera, que eran cortos,</p>
<p>tanto alargar como acortarse aquéllos. 114</p>
<p>Luego los pies de atrás, torcidos juntos, 115</p>
<p>el miembro hicieron que se oculta el hombre,</p>
<p>y el misero del suyo hizo dos patas. 117</p>
<p>Mientras el humo al uno y otro empaña</p>
<p>de color nuevo, y pelo hace crecer</p>
<p>por una parte y por la otra depila, 120</p>
<p>cayó el uno y el otro levantóse,</p>
<p>sin desviarse la mirada impía,</p>
<p>bajo la cual cambiaban sus hocicos. 123</p>
<p>El que era en pie lo trajo hacia las sienes,</p>
<p>y de mucha materia que allí había,</p>
<p>salió la oreja del carrillo liso; 126</p>
<p>lo que no fue detrás y se retuvo</p>
<p>de aquel sobrante, a la nariz dio forma,</p>
<p>y engrosó los dos labios, cual conviene. 129</p>
<p>El que yacía, el morro adelantaba,</p>
<p>y escondió en la cabeza las orejas,</p>
<p>como del caracol hacen los cuernos. 132</p>
<p>Y la lengua, que estaba unida y presta</p>
<p>para hablar antes, se partió; y la otra</p>
<p>partida, se cerró; y cesó ya el humo. 135</p>
<p>El alma que era en fiera convertida,</p>
<p>se echó a correr silbando por el valle,</p>
<p>y la otra, en pos de ella, hablando escupe. 138</p>
<p>Luego volvióle las espaldas nuevas,</p>
<p>y dijo al otro: "Quiero que ande Buso</p>
<p>como hice yo, reptando, su camino." 141</p>
<p>Así yo vi la séptima zahúrda</p>
<p>mutar y trasmutar; y aquí me excuse</p>
<p>la novedad, si oscura fue la pluma. 144</p>
<p>Y sucedió que, aunque mi vista fuese</p>
<p>algo confusa, y encogido el ánimo,</p>
<p>no pudieron huir, tan a escondidas 147</p>
<p>que no les viese bien, Puccio Sciancato</p>
<p>- de los tres compañeros era el único</p>
<p>que no cambió de aquellos que vinieron- 150</p>
<p>era el otro a quien tú, Gaville, lloras,</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_26">
</cite>
CANTO XXVI</p>
</title>
<p>¡Goza, Florencia, ya que eres tan grande,</p>
<p>que por mar y por tierra bate alas,</p>
<p>y en el infierno se expande tu nombre! 3</p>
<p>Cinco nobles hallé entre los ladrones</p>
<p>de tus vecinos, de donde me vino</p>
<p>vergüenza, y para ti no mucha honra. 6</p>
<p>Mas si el soñar al alba es verdadero, 7</p>
<p>conocerás, de aquí a no mucho tiempo,</p>
<p>lo que Prato, no ya otras, te aborrece. 9</p>
<p>No fuera prematuro, si ya fuese:</p>
<p>¡Ojalá fuera ya, lo que ser debe!</p>
<p>que más me pesará, cuanto envejezco. 12</p>
<p>Nos marchamos de allí, y por los peldaños</p>
<p>que en la bajada nos sirvieron antes,</p>
<p>subió mi guía y tiraba de mí. 15</p>
<p>Y siguiendo el camino solitario,</p>
<p>por los picos y rocas del escollo,</p>
<p>sin las manos, el pie no se valía. 18</p>
<p>Entonces me dolió, y me duele ahora,</p>
<p>cuando, el recuerdo a lo que vi dirijo,</p>
<p>y el ingenio refreno más que nunca, 21</p>
<p>porque sin guía de virtud no corra;</p>
<p>tal que, si buena estrella, o mejor cosa,</p>
<p>me ha dado el bien, yo mismo no lo enturbie. 24</p>
<p>Cuantas el campesino que descansa</p>
<p>en la colina, cuando aquel que alumbra</p>
<p>el mundo, oculto menos tiene el rostro, 27</p>
<p>cuando a las moscas siguen los mosquitos,</p>
<p>luciérnagas contempla allá en el valle,</p>
<p>en el lugar tal vez que ara y vendimia; 30</p>
<p>toda resplandecía en llamaradas</p>
<p>la bolsa octava, tal como advirtiera</p>
<p>desde el sitio en que el fondo se veía. 33</p>
<p>Y como aquel que se vengó con osos, 34</p>
<p>vio de Elías el carro al remontarse,</p>
<p>y erguidos los caballos a los cielos, 36</p>
<p>que con los ojos seguir no podia,</p>
<p>ni alguna cosa ver salvo la llama,</p>
<p>como una nubecilla que subiese; 39</p>
<p>tal se mueven aquéllas por la boca</p>
<p>del foso, mas ninguna enseña el hurto,</p>
<p>y encierra un pecador cada centella. 42</p>
<p>Yo estaba tan absorto sobre el puente,</p>
<p>que si una roca no hubiese agarrado,</p>
<p>sin empujarme hubiérame caído. 45</p>
<p>Y viéndome mi guía tan atento</p>
<p>dijo: " Dentro del fuego están las almas,</p>
<p>todas se ocultan en donde se queman." 48</p>
<p>"Maestro -le repuse-, al escucharte</p>
<p>estoy más cierto, pero ya he notado</p>
<p>que así fuese, y decírtelo quería: 51</p>
<p>¿quién viene en aquel fuego dividido,</p>
<p>que parece surgido de la pira</p>
<p>donde Eteocles fue puesto con su hermano?" 54</p>
<p>Me respondió: "Allí dentro se tortura</p>
<p>a Ulises y a Diomedes, y así juntos 56</p>
<p>en la venganza van como en la ira; 57</p>
<p>y dentro de su llama se lamenta</p>
<p>del caballo el ardid, que abrió la puerta</p>
<p>que fue gentil semilla a los romanos. 60</p>
<p>Se llora la traición por la que, muerta,</p>
<p>aún Daidamia se duele por Aquiles,</p>
<p>y por el Paladión se halla el castigo." 63</p>
<p>"Si pueden dentro de aquellas antorchas</p>
<p>hablar -le dije- pídote, maestro,</p>
<p>y te suplico, y valga mil mi súplica, 66</p>
<p>que no me impidas que aguardar yo pueda</p>
<p>a que la llama cornuda aquí llegue;</p>
<p>mira cómo a ellos lleva mi deseo." 69</p>
<p>Y él me repuso: "Es digno lo que pides</p>
<p>de mucha loa, y yo te lo concedo;</p>
<p>pero procura reprimir tu lengua. 72</p>
<p>Déjame hablar a mí, pues que comprendo</p>
<p>lo que quieres; ya que serán esquivos</p>
<p>por ser griegos, tal vez, a tus palabras." 75</p>
<p>Cuando la llama hubo llegado a donde</p>
<p>lugar y tiempo pareció a mi guía,</p>
<p>yo le escuché decir de esta manera: 78</p>
<p>"¡Oh vosotros que sois dos en un fuego,</p>
<p>si os merecí, mientras que estaba vivo,</p>
<p>si os merecí, bien fuera poco o mucho, 81</p>
<p>cuando altos versos escribí en el mundo,</p>
<p>no os alejéis; mas que alguno me diga</p>
<p>dónde, por él perdido, halló la muerte." 84</p>
<p>El mayor cuerno de la antigua llama</p>
<p>empezó a retorcerse murmurando,</p>
<p>tal como aquella que el viento fatiga; 87</p>
<p>luego la punta aquí y acá moviendo,</p>
<p>cual si fuese una lengua la que hablara,</p>
<p>fuera sacó la voz, y dijo: "Cuando 90</p>
<p>me separé de Circe, que sustrajó-</p>
<p>me más de un año allí junto a Gaeta,</p>
<p>antes de que así Eneas la llamase, 93</p>
<p>ni la filial dulzura, ni el cariño</p>
<p>del viejo padre, ni el amor debido,</p>
<p>que debiera alegrar a Penélope, 96</p>
<p>vencer pudieron el ardor interno</p>
<p>que tuve yo de conocer el mundo,</p>
<p>y el vicio y la virtud de los humanos; 99</p>
<p>mas me arrojé al profundo mar abierto, 100</p>
<p>con un leño tan sólo, y la pequeña</p>
<p>tripulación que nunca me dejaba. 102</p>
<p>Un litoral y el otro vi hasta España,</p>
<p>y Marruecos, y la isla de los sardos,</p>
<p>y las otras que aquel mar baña en torno. 105</p>
<p>Viejos y tardos ya nos encontrábamos,</p>
<p>al arribar a aquella boca estrecha</p>
<p>donde Hércules plantara sus columnas, 108</p>
<p>para que el hombre más allá no fuera:</p>
<p>a mano diestra ya dejé Sevilla,</p>
<p>y la otra mano se quedaba Ceuta." 111</p>
<p>"Oh hermanos -dije-, que tras de cien mil</p>
<p>peligros a occidente habéis llegado,</p>
<p>ahora que ya es tan breve la vigilia 114</p>
<p>de los pocos sentidos que aún nos quedan,</p>
<p>negaros no queráis a la experiencia,</p>
<p>siguiendo al sol, del mundo inhabitado. 117</p>
<p>Considerar cuál es vuestra progenie:</p>
<p>hechos no estáis a vivir como brutos,</p>
<p>mas para conseguir virtud y ciencia." 120</p>
<p>A mis hombres les hice tan ansiosos</p>
<p>del camino con esta breve arenga,</p>
<p>que no hubiera podido detenerlos; 123</p>
<p>y vuelta nuestra proa a la mañana, 124</p>
<p>alas locas hicimos de los remos,</p>
<p>inclinándose siempre hacia la izquierda. 126</p>
<p>Del otro polo todas las estrellas</p>
<p>vio ya la noche, y el nuestro tan bajo</p>
<p>que del suelo marino no surgía. 129</p>
<p>Cinco veces ardiendo y apagada</p>
<p>era la luz debajo de la luna,</p>
<p>desde que al alto paso penetramos, 132</p>
<p>cuando vimos una montaña, oscura</p>
<p>por la distancia, y pareció tan alta</p>
<p>cual nunca hubiera visto monte alguno. 135</p>
<p>Nos alegramos, mas se volvió llanto:</p>
<p>pues de la nueva tierra un torbellino</p>
<p>nació, y le golpeó la proa al leño. 138</p>
<p>Le hizo girar tres veces en las aguas;</p>
<p>a la cuarta la popa alzó a lo alto,</p>
<p>bajó la proa -como Aquél lo quiso- 141</p>
<p>hasta que el mar cerró sobre nosotros.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_27">
</cite>
CANTO XXVII</p>
</title>
<p>Quieta estaba la llama ya y derecha</p>
<p>para no decir más, y se alejaba</p>
<p>con la licencia del dulce poeta, 3</p>
<p>cuando otra, que detrás de ella venía,</p>
<p>hizo volver los ojos a su punta,</p>
<p>porque salía de ella un son confuso. 6</p>
<p>Como mugía el toro siciliano 7</p>
<p>que primero mugió, y eso fue justo,</p>
<p>con el llanto de aquel que con su lima 9</p>
<p>lo templó, con la voz del afligido,</p>
<p>que, aunque estuviese forjado de bronce,</p>
<p>de dolor parecía traspasado; 12</p>
<p>así, por no existir hueco ni vía</p>
<p>para salir del fuego, en su lenguaje</p>
<p>las palabras amargas se tornaban. 15</p>
<p>Mas luego al encontrar ya su camino</p>
<p>por el extremo, con el movimiento</p>
<p>que la lengua le diera con su paso, 18</p>
<p>escuchamos: "Oh tú, a quien yo dirijo</p>
<p>la voz y que has hablado cual lombardo,</p>
<p>diciendo: "Vete ya; más no te incito", 21</p>
<p>aunque he llegado acaso un poco tarde,</p>
<p>no te pese el quedarte a hablar conmigo:</p>
<p>¡Mira que no me pesa a mí, que ardo! 24</p>
<p>Si tú también en este mundo ciego</p>
<p>has oído de aquella dulce tierra</p>
<p>latina, en que yo fui culpable, dime 27</p>
<p>si tiene la Romaña paz o guerra;</p>
<p>pues yo naci en los montes entre Urbino</p>
<p>y el yugo del que el Tiber se desata." 30</p>
<p>Inclinado y atento aún me encontraba,</p>
<p>cuando al costado me tocó mi guía,</p>
<p>diciéndome: "Habla tú, que éste es latino." 33</p>
<p>Yo, que tenía la respuesta pronta,</p>
<p>comencé a hablarle sin demora alguna:</p>
<p>"Oh alma que te escondes allá abajo, 36</p>
<p>tu Romaña no está, no estuvo nunca,</p>
<p>sin guerra en el afán de sus tiranos;</p>
<p>mas palpable ninguna dejé ahora. 39</p>
<p>Rávena está como está ha muchos años: 40</p>
<p>le los Polenta el águila allí anida,</p>
<p>al que a Cervia recubre con sus alas. 42</p>
<p>La tierra que sufrió la larga prueba 43</p>
<p>hizo de francos un montón sangriento,</p>
<p>bajo las garras verdes permanece. 45</p>
<p>El mastín viejo y joven de Verruchio, 46</p>
<p>que mala guardia dieron a Montaña,</p>
<p>clavan, donde solían, sus colmillos. 48</p>
<p>Las villas del Santerno y del Camone 49</p>
<p>manda el leoncito que campea en blanco,</p>
<p>que de verano a invierno el bando muda; 51</p>
<p>y aquella cuyo flanco el Savio baña, 52</p>
<p>como entre llano y monte se sitúa,</p>
<p>vive entre estado libre y tiranía. 54</p>
<p>Ahora quién eres, pido que me cuentes:</p>
<p>no seas más duro que lo fueron otros;</p>
<p>tu nombre así en el mundo tenga fama." 57</p>
<p>Después que el fuego crepitó un momento</p>
<p>a su modo, movió la aguda punta</p>
<p>de aquí, de allí, y después lanzó este soplo: 60</p>
<p>"Si creyera que diese mi respuesta</p>
<p>a persona que al mundo regresara,</p>
<p>dejaría esta llama de agitarse; 63</p>
<p>pero, como jamás desde este fondo</p>
<p>nadie vivo volvió, si bien escucho,</p>
<p>sin temer a la infamia, te contestó: 66</p>
<p>Guerrero fui, y después fui cordelero,</p>
<p>creyendo, así ceñido, hacer enmienda,</p>
<p>y hubiera mi deseo realizado, 69</p>
<p>si a las primeras culpas, el gran Preste,</p>
<p>que mal haya, tornado no me hubiese;</p>
<p>y el cómo y el porqué, quiero que escuches: 72</p>
<p>Mientras que forma fui de carne y huesos</p>
<p>que mi madre me dio, fueron mis obras</p>
<p>no leoninas sino de vulpeja; 75</p>
<p>las acechanzas, las ocultas sendas</p>
<p>todas las supe, y tal llevé su arte,</p>
<p>que iba su fama hasta el confín del mundo. 78</p>
<p>Cuando vi que llegaba a aquella parte</p>
<p>de mi vida, en la que cualquiera debe</p>
<p>arriar las velas y lanzar amarras, 81</p>
<p>lo que antes me plació, me pesó entonces,</p>
<p>y arrepentido me volví y confeso,</p>
<p>¡ah miserable!, y me hubiera salvado. 84</p>
<p>El príncipe de nuevos fariseos, 85</p>
<p>haciendo guerra cerca de Letrán,</p>
<p>y no con sarracenos ni judíos, 87</p>
<p>que su enemigo todo era cristiano, 88</p>
<p>y en la toma de Acre nadie estuvo</p>
<p>ni comerciando en tierras del Sultán; 90</p>
<p>ni el sumo oficio ni las sacras órdenes</p>
<p>en sí guardó, ni en mí el cordón aquel</p>
<p>que suele hacer delgado a quien lo ciñe. 93</p>
<p>Pero, como a Silvestre Constantino, 94</p>
<p>allí en Sirati a curarle de lepra,</p>
<p>así como doctor me llamó éste 96</p>
<p>para curarle la soberbia fiebre:</p>
<p>pidióme mi consejo, y yo callaba,</p>
<p>pues sus palabras ebrias parecían. 99</p>
<p>Luego volvió a decir: "Tu alma no tema;</p>
<p>de antemano te absuelvo; enséñame</p>
<p>la forma de abatir a Penestrino. 102</p>
<p>El cielo puedo abrir y cerrar puedo,</p>
<p>porque son dos las llaves, como sabes,</p>
<p>que mi predecesor no tuvo aprecio." 105</p>
<p>Los graves argumentos me punzaron</p>
<p>y, pues callar peor me parecia,</p>
<p>le dije: "Padre, ya que tú me lavas 108</p>
<p>de aquel pecado en el que caigo ahora,</p>
<p>larga promesa de cumplir escaso 110</p>
<p>hará que triunfes en el alto solio." 111</p>
<p>Luego cuando morí, vino Francisco, 112</p>
<p>mas uno de los negros querubines</p>
<p>le dijo: "No lo lleves: no me enfades. 114</p>
<p>Ha de venirse con mis condenados,</p>
<p>puesto que dio un consejo fraudulento,</p>
<p>y le agarro del pelo desde entonces; 117</p>
<p>que a quien no se arrepiente no se absuelve,</p>
<p>ni se puede querer y arrepentirse,</p>
<p>pues la contradicción no lo consiente." 120</p>
<p>¡Oh miserable, cómo me aterraba</p>
<p>al agarrarme diciéndome: "¿Acaso</p>
<p>no pensabas que lógico yo fuese?" 123</p>
<p>A Minos me condujo, y ocho veces</p>
<p>al duro lomo se ciñó la cola,</p>
<p>y después de morderse enfurecido, 126</p>
<p>dijo: "Este es reo de rabiosa llama",</p>
<p>por lo cual donde ves estoy perdido</p>
<p>y, así vestido, andando me lamento." 129</p>
<p>Cuando hubo terminado su relato,</p>
<p>se retiró la llama dolorida,</p>
<p>torciendo y debatiendo el cuerno agudo. 132</p>
<p>A otro lado pasamos, yo y mi guía,</p>
<p>por cima del escollo al otro arco</p>
<p>que cubre el foso, donde se castiga 135</p>
<p>a los que, discordiando, adquieren pena.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_28">
</cite>
CANTO XXVIII</p>
</title>
<p>Aun si en prosa lo hiciese, ¿quién podría</p>
<p>de tanta sangre y plagas como vi</p>
<p>hablar, aunque contase mochas veces? 3</p>
<p>En verdad toda lengua fuera escasa</p>
<p>porque nuestro lenguaje y nuestra mente</p>
<p>no tienen juicio para abarcar tanto. 6</p>
<p>Aunque reuniesen a todo aquel gentío 7</p>
<p>que allí sobre la tierra infortunada</p>
<p>de Apulia, foe de su sangre doliente 9</p>
<p>por los troyanos y la larga guerra</p>
<p>que tan grande despojo hizo de anillos,</p>
<p>cual Livio escribe, y nunca se equivoca; 12</p>
<p>y quien sufrió los daños de los golpes</p>
<p>por oponerse a Roberto Guiscardo;</p>
<p>y la otra cuyos huesos aún se encuentran 15</p>
<p>en Caperano, donde fue traidor 16</p>
<p>todo el pullés; y la de Tegliacozzo,</p>
<p>que venció desarmado el viejo Alardo, 18</p>
<p>y cuál cortado y cuál roto su miembro</p>
<p>mostrase, vanamente imitaría</p>
<p>de la novena bolsa el modo inmundo. 21</p>
<p>Una cuba, que duela o fondo pierde,</p>
<p>como a uno yo vi, no se vacía,</p>
<p>de la barbilla abierto al bajo vientre; 24</p>
<p>por las piernas las tripas le colgaban,</p>
<p>vela la asadura, el triste saco</p>
<p>que hace mierda de todo lo que engulle. 27</p>
<p>Mientras que en verlo todo me ocupaba,</p>
<p>me miró y con la mano se abrió el pecho</p>
<p>diciendo: "¡Mira cómo me desgarro! 30</p>
<p>imira qué tan maltrecho está Mahoma! 31</p>
<p>Delante de mí Alí llorando marcha, 32</p>
<p>rota la cara del cuello al copete. 33</p>
<p>Todos los otros que tú ves aquí,</p>
<p>sembradores de escándalo y de cisma</p>
<p>vivos fueron, y así son desgarrados. 36</p>
<p>Hay detrás un demonio que nos abre,</p>
<p>tan crudamente, al tajo de la espada,</p>
<p>cada cual de esta fila sometiendo, 39</p>
<p>cuando la vuelta damos al camino;</p>
<p>porque nuestras heridas se nos cierran</p>
<p>antes que otros delante de él se pongan. 42</p>
<p>Mas ¿quién eres, que husmeas en la roca,</p>
<p>tal vez por retrasar ir a la pena,</p>
<p>con que son castigadas tus acciones?" 45</p>
<p>"Ni le alcanza aún la muerte, ni el castigo</p>
<p>- respondió mi maestro- le atormenta;</p>
<p>mas, por darle conocimiento pleno, 48</p>
<p>yo, que estoy muerto, debo conducirlo</p>
<p>por el infierno abajo vuelta a vuelta:</p>
<p>y esto es tan cierto como que te hablo." 51</p>
<p>Mas de cien hubo que, cuando lo oyeron,</p>
<p>en el foso a mirarme se pararon</p>
<p>llenos de asombro, olvidando el martirio. 54</p>
<p>" Pues bien, di a Fray Dolcín que se abastezca,</p>
<p>tú que tal vez verás el sol en breve, 56</p>
<p>si es que no quiere aquí seguirme pronto, 57</p>
<p>tanto, que, rodeado por la nieve,</p>
<p>no deje la victoria al de Novara, 59</p>
<p>que no sería fácil de otro modo." 60</p>
<p>Después de alzar un pie para girarse,</p>
<p>estas palabras díjome Mahoma;</p>
<p>luego al marcharse lo fijó en la tierra. 63</p>
<p>Otro, con la garganta perforada,</p>
<p>cortada la nariz hasta las cejas,</p>
<p>que una oreja tenía solamente, 66</p>
<p>con los otros quedó, maravillado,</p>
<p>y antes que los demás, abrió el gaznate,</p>
<p>que era por fuera rojo por completo; 69</p>
<p>y dijo: "Oh tú a quien culpa no condena</p>
<p>y a quien yo he visto en la tierra latina,</p>
<p>si mucha semejanza no me engaña, 72</p>
<p>acuérdate de Pier de Medicina, 73</p>
<p>si es que vuelves a ver el dulce llano,</p>
<p>que de Vercelli a Marcabó desciende. 75</p>
<p>Y haz saber a los dos grandes de Fano, 76</p>
<p>a maese Guido y a maese Angiolello,</p>
<p>que, si no es vana aquí la profecía, 78</p>
<p>arrojados serán de su bajel,</p>
<p>y agarrotados cerca de Cattolica,</p>
<p>por traición de tirano fementido. 81</p>
<p>Entre la isla de Chipre y de Mallorca</p>
<p>no vio nunca Neptuno tal engaño,</p>
<p>no de piratas, no de gente argólica. 84</p>
<p>Aquel traidor que ve con sólo uno,</p>
<p>y manda en el país que uno a mi lado</p>
<p>quisiera estar ayuno de haber visto, 87</p>
<p>ha de hacerles venir a una entrevista;</p>
<p>luego hará tal, que al viento de Focara</p>
<p>no necesitarán preces ni votos." 90</p>
<p>Y yo le dije: "Muéstrame y declara,</p>
<p>si quieres que yo lleve tus noticias,</p>
<p>quién es el de visita tan amarga." 93</p>
<p>Puso entonces la mano en la mejilla</p>
<p>de un compañero, y abrióle la boca,</p>
<p>gritando: "Es éste, pero ya no habla; 96</p>
<p>éste, exiliado, sembraba la duda, 97</p>
<p>diciendo a César que el que está ya listo</p>
<p>siempre con daño el esperar soporta." 99</p>
<p>¡Oh cuán acobardado parecía,</p>
<p>con la lengua cortada en la garganta,</p>
<p>Curión que en el hablar fue tan osado! 102</p>
<p>Y uno, con una y otra mano mochas,</p>
<p>que alzaba al aire oscuro los muñones,</p>
<p>tal que la sangre le ensuciaba el rostro, 105</p>
<p>gritó: "Te acordarás también del Mosca, 106</p>
<p>que dijo: "Lo empezado fin requiere",</p>
<p>que fue mala simiente a los toscanos." 108</p>
<p>Y yo le dije: "Y muerte de tu raza." 109</p>
<p>Y él, dolor a dolor acumulado,</p>
<p>se fue como persona triste y loca. 111</p>
<p>Mas yo quedé para mirar el grupo,</p>
<p>y vi una cosa que me diera miedo,</p>
<p>sin más pruebas, contarla solamente, 114</p>
<p>si no me asegurase la conciencia,</p>
<p>esa amiga que al hombre fortifica</p>
<p>en la confianza de sentirse pura. 117</p>
<p>Yo vi de cierto, y parece que aún vea,</p>
<p>un busto sin cabeza andar lo mismo</p>
<p>que iban los otros del rebaño triste; 120</p>
<p>la testa trunca agarraba del pelo,</p>
<p>cual un farol llevándola en la mano;</p>
<p>y nos miraba, y "¡Ay de mí!" decía. 123</p>
<p>De sí se hacía a sí mismo lucerna,</p>
<p>y había dos en uno y uno en dos:</p>
<p>cómo es posible sabe Quien tal manda. 126</p>
<p>Cuando llegado hubo al pie del puente,</p>
<p>alzó el brazo con toda la cabeza,</p>
<p>para decir de cerca sus palabras, 129</p>
<p>que fueron: "Mira mi pena tan cruda</p>
<p>tú que, inspirando vas viendo a los muertos;</p>
<p>mira si alguna hay grande como es ésta. 132</p>
<p>Y para que de mí noticia lleves</p>
<p>sabrás que soy Bertrand de Born, aquel 134</p>
<p>que diera al joven rey malos consejos. 135</p>
<p>Yo hice al padre y al hijo enemistarse:</p>
<p>Aquitael no hizo más de Absalón 137</p>
<p>y de David con perversas punzadas: 138</p>
<p>Y como gente unida así he partido,</p>
<p>partido llevo mi cerebro, ¡ay triste!,</p>
<p>de su principio que está en este tronco. 141</p>
<p>Y en mí se cumple la contrapartida."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_29">
</cite>
CANTO XXIX</p>
</title>
<p>La mucha gente y las diversas plagas,</p>
<p>tanto habian mis ojos embriagado,</p>
<p>que quedarse llorando deseaban; 3</p>
<p>mas Virgilio me dijo: "¿En qué te fijas?</p>
<p>¿Por qué tu vista se detiene ahora</p>
<p>tras de las tristes sombras mutiladas? 6</p>
<p>Tú no lo hiciste así en las otras bolsas;</p>
<p>piensa, si enumerarlas crees posible,</p>
<p>que millas veintidós el valle abarca. 9</p>
<p>Y bajo nuestros pies ya está la luna:</p>
<p>Del tiempo concedido queda poco,</p>
<p>y aún nos falta por ver lo que no has visto." 12</p>
<p>"Si tú hubieras sabido -le repuse-</p>
<p>la razón por la cual miraba, acaso</p>
<p>me hubieses permitido detenerme." 15</p>
<p>Ya se marchaba, y yo detrás de él,</p>
<p>mi guía, respondiendo a su pregunta</p>
<p>y añadiéndole: "Dentro de la cueva, 18</p>
<p>donde los ojos tan atento puse,</p>
<p>creo que un alma de mi sangre llora</p>
<p>la culpa que tan caro allí se paga." 21</p>
<p>Dijo el maestro entonces: "No entretengas</p>
<p>de aquí adelante en ello el pensamiento:</p>
<p>piensa otra cosa, y él allá se quede; 24</p>
<p>que yo le he visto al pie del puentecillo</p>
<p>señalarte, con dedo amenazante,</p>
<p>y llamarlo escuché Geri del Bello. 27</p>
<p>Tan distraído tú estabas entonces</p>
<p>con el que tuvo Altaforte a su mando, 29</p>
<p>que se fue porque tú no le atendías." 30</p>
<p>"Oh guía mío, la violenta muerte</p>
<p>que aún no le ha vengado -yo repuse-</p>
<p>ninguno que comparta su vergüenza, 33</p>
<p>hácele desdeñoso; y sin hablarme</p>
<p>se ha marchado, del modo que imagino;</p>
<p>con él por esto he sido más piadoso." 36</p>
<p>Conversamos así hasta el primer sitio</p>
<p>que desde el risco el otro valle muestra,</p>
<p>si hubiese allí más luz, todo hasta el fondo. 39</p>
<p>Cuando estuvimos ya en el postrer claustro</p>
<p>de Malasbolsas, y que sus profesos</p>
<p>a nuestra vista aparecer podían, 42</p>
<p>lamentos saeteáronme diversos,</p>
<p>que herrados de piedad dardos tenían;</p>
<p>y me tapé por ello los oídos. 45</p>
<p>Como el dolor, si con los hospitales</p>
<p>de Valdiquiana entre junio y septiembre,</p>
<p>los males de Maremma y de Cerdeña, 48</p>
<p>en una fosa juntos estuvieran,</p>
<p>tal era aquí; y tal hedor desprendía,</p>
<p>como suele venir de miembros muertos. 51</p>
<p>Descendimos por la última ribera</p>
<p>del largo escollo, a la siniestra mano;</p>
<p>y entonces pude ver más claramente 54</p>
<p>allí hacia el fondo, donde la ministra</p>
<p>del alto Sir, infafble justicia,</p>
<p>castiga al falseador que aquí condena. 57</p>
<p>Yo no creo que ver mayor tristeza</p>
<p>en Egina pudiera el pueblo enfermo, 59</p>
<p>cuando se llenó el aire de ponzoña, 60</p>
<p>pues, hasta el gusanillo, perecieron</p>
<p>los animales; y la antigua gente,</p>
<p>según que los poeta aseguran, 63</p>
<p>se engendró de la estirpe de la hormiga;</p>
<p>como era viendo por el valle oscuro</p>
<p>languidecer las almas a montones. 66</p>
<p>Cuál sobre el vientre y cuál sobre la espalda,</p>
<p>yacía uno del otro, y como a gatas,</p>
<p>por el triste sendero caminaban. 69</p>
<p>Muy lentamente, sin hablar, marchábamos,</p>
<p>mirando y escuchando a los enfermos,</p>
<p>que levantar sus cuerpos no podían. 72</p>
<p>Vi sentados a dos que se apoyaban, 73</p>
<p>como al cocer se apoyan teja y teja,</p>
<p>de la cabeza al pie llenos de pústulas. 75</p>
<p>Y nunca vi moviendo la almohaza</p>
<p>a muchacho esperado por su amo,</p>
<p>ni a aquel que con desgana está aún en vela, 78</p>
<p>como éstos se mordían con las uñas</p>
<p>a ellos mismos a causa de la saña</p>
<p>del gran picor, que no tiene remedio; 81</p>
<p>y arrancaban la sarna con las uñas,</p>
<p>como escamas de meros el cuchillo,</p>
<p>o de otro pez que las tenga más grandes. 84</p>
<p>"Oh tú que con los dedos te desuellas</p>
<p>- se dirigió mi guía a uno de aquéllos-</p>
<p>y que a veces tenazas de ellos haces, 87</p>
<p>dime si algún latino hay entre éstos</p>
<p>que están aquí, así te duren las uñas</p>
<p>eternamente para esta tarea." 90</p>
<p>"Latinos somos quienes tan gastados</p>
<p>aquí nos ves -llorando uno repuso-;</p>
<p>¿y quién tú, que preguntas por nosotros?" 93</p>
<p>Y el guía dijo: "Soy uno que baja</p>
<p>con este vivo aquí, de grada en grada,</p>
<p>y enseñarle el infierno yo pretendo." 96</p>
<p>Entonces se rompió el común apoyo;</p>
<p>y temblando los dos a mí vinieron</p>
<p>con otros que lo oyeron de pasada. 99</p>
<p>El buen maestro a mí se volvió entonces,</p>
<p>diciendo: "Diles todo lo que quieras";</p>
<p>y yo empecé, pues que él así quería: 102</p>
<p>"Así vuestra memoria no se borre</p>
<p>de las humanas mentes en el mundo,</p>
<p>mas que perviva bajo muchos soles, 105</p>
<p>decidme quiénes sois y de qué gente:</p>
<p>vuestra asquerosa y fastidiosa pena</p>
<p>el confesarlo espanto no os produzca." 108</p>
<p>"Yo fui de Arezzo, y Albero el de Siena 109</p>
<p>- repuso uno- púsome en el fuego,</p>
<p>pero no me condena aquella muerte. 111</p>
<p>Verdad es que le dije bromeando:</p>
<p>"Yo sabré alzarme en vuelo por el aire"</p>
<p>y aquél, que era curioso a insensato, 114</p>
<p>quiso que le enseñase el arte; y sólo</p>
<p>porque no le hice Dédalo, me hizo</p>
<p>arder así como lo hizo su hijo. 117</p>
<p>Mas en la última bolsa de las diez,</p>
<p>por la alquimia que yo en el mundo usaba,</p>
<p>me echó Minos, que nunca se equivoca." 120</p>
<p>Y yo dije al maestro: "tHa habido nunca</p>
<p>gente tan vana como la sienesa?</p>
<p>cierto, ni la francesa llega a tanto." 123</p>
<p>Como el otro leproso me escuchara,</p>
<p>repuso a mis palabras: "Quita a Stricca, 125</p>
<p>que supo hacer tan moderados gastos; 126</p>
<p>y a Niccolò, que el uso dispendioso</p>
<p>del clavo descubrió antes que ninguno,</p>
<p>en el huerto en que tal simiento crece; 129</p>
<p>y quita la pandilla en que ha gastado</p>
<p>Caccia d'Ascian la viña y el gran bosque,</p>
<p>y el Abbagliato ha perdido su juicio. 132</p>
<p>Mas por que sepas quién es quien te sigue</p>
<p>contra el sienés, en mí la vista fija,</p>
<p>que mi semblante habrá de responderte: 135</p>
<p>verás que soy la sombra de Capoccio, 136</p>
<p>que falseé metales con la alquimia;</p>
<p>y debes recordar, si bien te miro, 138</p>
<p>que por naturaleza fui una mona."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_30">
</cite>
CANTO XXX</p>
</title>
<p>Cuando Juno por causa de Semele 1</p>
<p>odio tenia a la estirpe tebana,</p>
<p>como lo demostró en tantos momentos, 3</p>
<p>Atamante volvióse tan demente, 4</p>
<p>que, viendo a su mujer con los dos hijos</p>
<p>que en cada mano a uno conducía, 6</p>
<p>gritó: "¡Tendamos redes, y atrapemos</p>
<p>a la leona al pasar y a los leoncitos!";</p>
<p>y luego con sus garras despiadadas. 9</p>
<p>agarró al que Learco se llamaba,</p>
<p>le volteó y le dio contra una piedra;</p>
<p>y ella se ahogó cargada con el otro. 12</p>
<p>Y cuando la fortuna echó por tierra 13</p>
<p>la soberbia de Troya tan altiva,</p>
<p>tal que el rey junto al reino fue abatido, 15</p>
<p>Hécuba triste, mísera y cautiva,</p>
<p>luego de ver a Polixena muerta,</p>
<p>y a Polidoro allí, junto a la orilla 18</p>
<p>del mar, pudo advertir con tanta pena,</p>
<p>desgarrada ladró tal como un perro;</p>
<p>tanto el dolor su mente trastornaba. 21</p>
<p>Mas ni de Tebas furias ni troyanas</p>
<p>se vieron nunca en nadie tan crueles,</p>
<p>ni a las bestias hiriendo, ni a los hombres, 24</p>
<p>cuanto en dos almas pálidas, desnudas,</p>
<p>que mordiendo corrían, vi, del modo</p>
<p>que el cerdo cuando deja la pocilga. 27</p>
<p>Una cogió a Capocchio, y en el nudo</p>
<p>del cuello le mordió, y al empujarle,</p>
<p>le hizo arañar el suelo con el vientre. 30</p>
<p>Y el aretino, que quedó temblando,</p>
<p>me dijo: " El loco aquel es Gianni Schichi, 32</p>
<p>que rabioso a los otros así ataca." 33</p>
<p>"Oh -le dije- así el otro no te hinque</p>
<p>los dientes en la espalda, no te importe</p>
<p>el decirme quién es antes que escape." 36</p>
<p>Y él me repuso: "El alma antigua es ésa</p>
<p>de la perversa Mirra, que del padre 38</p>
<p>lejos del recto amor, se hizo querida. 39</p>
<p>El pecar con aquél consiguió ésta</p>
<p>falsificándose en forma de otra,</p>
<p>igual que osó aquel otro que se marcha, 42</p>
<p>por ganarse a la reina de las yeguas,</p>
<p>falsificar en sí a Buoso Donati, 44</p>
<p>testando y dando norma al testamente." 45</p>
<p>Y cuando ya se fueron los rabiosos,</p>
<p>sobre los cuales puse yo la vista,</p>
<p>la volví por mirar a otros malditos. 48</p>
<p>Vi a uno que un laúd parecería</p>
<p>si le hubieran cortado por las ingles</p>
<p>del sitio donde el hombre se bifurca. 51</p>
<p>La grave hidropesía, que deforma</p>
<p>los miembros con humores retenidos,</p>
<p>no casado la cara con el vientre, 54</p>
<p>le obliga a que los labios tenga abiertos,</p>
<p>tal como a causa de la sed el hético,</p>
<p>que uno al mentón, y el otro lleva arriba. 57</p>
<p>"Ah vosotros que andáis sin pena alguna,</p>
<p>y yo no sé por qué, en el mundo bajo</p>
<p>- él nos dijo-, mirad y estad atentos 60</p>
<p>a la miseria de maese Adamo: 61</p>
<p>mientras viví yo tuve cuanto quise,</p>
<p>y una gota de agua, ¡ay triste!, ansío. 63</p>
<p>Los arroyuelos que en las verdes lomas</p>
<p>de Casentino bajan hasta el Arno,</p>
<p>y hacen sus cauces fríos y apacibles, 66</p>
<p>siempre tengo delante, y no es en vano;</p>
<p>porque su imagen aún más me reseca</p>
<p>que el mal con que mi rostro se descarna. 69</p>
<p>La rígida justicia que me hiere</p>
<p>se sirve del lugar en que pequé</p>
<p>para que ponga en fuga más suspiros. 72</p>
<p>Está Romena allí, donde hice falsa</p>
<p>la aleación sigilada del Bautista,</p>
<p>por lo que el cuerpo quemado dejé. 75</p>
<p>Pero si viese aquí el ánima triste</p>
<p>de Guido o de Alejandro o de su hermano, 77</p>
<p>Fuente Branda, por verlos, no cambiase. 78</p>
<p>Una ya dentro está, si las rabiosas</p>
<p>sombras que van en torno no se engañan,</p>
<p>¿mas de qué sirve a mis miembros ligados? 81</p>
<p>Si acaso fuese al menos tan ligero</p>
<p>que anduviese en un siglo una pulgada,</p>
<p>en el camino ya me habría puesto, 84</p>
<p>buscándole entre aquella gente infame,</p>
<p>aunque once millas abarque esta fosa,</p>
<p>y no menos de media de través. 87</p>
<p>Por aquellos me encuentro en tal familia:</p>
<p>pues me indujeron a acuñar florines</p>
<p>con tres quilates de oro solamente." 90</p>
<p>Y yo dije: "¿Quién son los dos mezquinos</p>
<p>que humean, cual las manos en invierno,</p>
<p>apretados yaciendo a tu derecha?" 93</p>
<p>"Aquí los encontré, y no se han movido</p>
<p>- me repuso- al llover yo en este abismo 97</p>
<p>ni eternamente creo que se muevan. 96</p>
<p>Una es la falsa que acusó a José;</p>
<p>otro el falso Sinón, griego de Troya: 98</p>
<p>por una fiebre aguda tanto hieden." 99</p>
<p>Y uno de aquéllos, lleno de fastidio</p>
<p>tal vez de ser nombrados con desprecio,</p>
<p>le dio en la dura panza con el puño. 102</p>
<p>Ésta sonó cual si fuese un tambor;</p>
<p>y maese Adamo le pegó en la cara</p>
<p>con su brazo que no era menos duro, 105</p>
<p>diciéndole: "Aunque no pueda moverme,</p>
<p>porque pesados son mis miembros, suelto</p>
<p>para tal menester tengo mi brazo." 108</p>
<p>Y aquél le respondió: " Al encaminarte</p>
<p>al fuego, tan veloz no lo tuviste:</p>
<p>pero sí, y más, cuando falsificabas." 111</p>
<p>Y el hidrópico dijo: "Eso es bien cierto;</p>
<p>mas tan veraz testimonio no diste</p>
<p>al requerirte la verdad en Troya." 114</p>
<p>"Si yo hablé en falso, el cuño falseaste</p>
<p>- dijo Sinón- y aquí estoy por un yerro,</p>
<p>y tú por más que algún otro demonio." 117</p>
<p>"Acuérdate, perjuro, del caballo</p>
<p>- repuso aquel de la barriga hinchada-;</p>
<p>y que el mundo lo sepa y lo castigue." 120</p>
<p>"Y te castigue a ti la sed que agrieta</p>
<p>- dijo el griego- la lengua, el agua inmunda</p>
<p>que al vientre le hace valla ante tus ojos." 123</p>
<p>Y el monedero dilo: "Así se abra</p>
<p>la boca por tu mal, como acostumbra;</p>
<p>que si sed tengo y me hincha el humor, 126</p>
<p>te duele la cabeza y tienes fiebre;</p>
<p>y a lamer el espejo de Narciso, 128</p>
<p>te invitarían muy pocas palabras." 129</p>
<p>Yo me estaba muy quieto para oírles</p>
<p>cuando el maestro dijo: "¡Vamos, mira!</p>
<p>no comprendo qué te hace tanta gracia." 132</p>
<p>Al oír que me hablaba con enojo,</p>
<p>hacia él me volví con tal vergüenza,</p>
<p>que todavía gira en mi memoria. 135</p>
<p>Como ocurre a quien sueña su desgracia,</p>
<p>que soñando aún desea que sea un sueño,</p>
<p>tal como es, como si no lo fuese, 138</p>
<p>así yo estaba, sin poder hablar,</p>
<p>deseando escusarme, y escusábame</p>
<p>sin embargo, y no pensaba hacerlo. 141</p>
<p>"Falta mayor menor vergüenza lava</p>
<p>- dijo el maestro-, que ha sido la tuya;</p>
<p>así es que ya descarga tu tristeza. 144</p>
<p>Y piensa que estaré siempre a tu lado,</p>
<p>si es que otra vez te lleva la fortuna</p>
<p>donde haya gente en pleitos semejantes: 147</p>
<p>pues el querer oír eso es vil deseo."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_31">
</cite>
CANTO XXXI</p>
</title>
<p>La misma lengua me mordió primero,</p>
<p>haciéndome teñir las dos mejillas,</p>
<p>y después me aplicó la medicina: 3</p>
<p>así escuché que solía la lanza 4</p>
<p>de Aquiles y su padre ser causante</p>
<p>primero de dolor, después de alivio, 6</p>
<p>Dimos la espalda a aquel mísero valle</p>
<p>por la ribera que en torno le ciñe,</p>
<p>y sin ninguna charla lo cruzamos. 9</p>
<p>No era allí ni de día ni de noche,</p>
<p>y poco penetraba con la vista;</p>
<p>pero escuché sonar un alto cuerno, 12</p>
<p>tanto que habría a los truenos callado,</p>
<p>y que hacia él su camino siguiendo,</p>
<p>me dirigió la vista sólo a un punto. 15</p>
<p>Tras la derrota dolorosa, cuando 16</p>
<p>Carlomagno perdió la santa gesta,</p>
<p>Orlando no tocó con tanta furia. 18</p>
<p>A poco de volver allí mi rostro,</p>
<p>muchas torres muy altas creí ver;</p>
<p>y yo: "Maestro, di, ¿qué muro es éste?" 21</p>
<p>Y él a mí: "Como cruzas las tinieblas</p>
<p>demasiado a lo lejos, te sucede</p>
<p>que en el imaginar estás errado. 24</p>
<p>Bien lo verás, si llegas a su vera,</p>
<p>cuánto el seso de lejos se confunde;</p>
<p>así que marcha un poco más aprisa." 27</p>
<p>Y con cariño cogióme la mano,</p>
<p>y dijo: "Antes que hayamos avanzado,</p>
<p>para que menos raro te parezca, 30</p>
<p>sabe que no son torres, mas gigantes, 31</p>
<p>y en el pozo al que cerca esta ribera</p>
<p>están metidos, del ombligo abajo." 33</p>
<p>Como al irse la niebla disipando,</p>
<p>la vista reconoce poco a poco</p>
<p>lo que esconde el vapor que arrastra el aire, 36</p>
<p>así horadando el aura espesa y negra,</p>
<p>más y más acercándonos al borde,</p>
<p>se iba el error y el miedo me crecía; 39</p>
<p>pues como sobre la redonda cerca</p>
<p>Monterregión de torres se corona, 41</p>
<p>así aquel margen que el pozo circunda 42</p>
<p>con la mitad del cuerpo torreaban</p>
<p>los horribles gigantes, que amenaza 44</p>
<p>aún desde el cielo Júpiter tronando. 45</p>
<p>Y yo miraba ya de alguno el rostro,</p>
<p>la espalda, el pecho y gran parte del vientre,</p>
<p>y los brazos cayendo a los costados. 47</p>
<p>Cuando dejó de hacer Naturaleza</p>
<p>aquellos animales, muy bien hizo,</p>
<p>porque tales ayudas quitó a Marte; 51</p>
<p>Y si ella de elefantes y ballenas</p>
<p>no se arrepiente, quien atento mira,</p>
<p>más justa y más discreta ha de tenerla; 54</p>
<p>pues donde el argumento de la mente</p>
<p>al mal querer se junta y a la fuerza,</p>
<p>el hombre no podría defenderse. 57</p>
<p>Su cara parecía larga y gruesa</p>
<p>como la Piña de San Pedro, en Roma, 59</p>
<p>y en esta proporción los otros huesos; 60</p>
<p>y así la orilla, que les ocultaba</p>
<p>del medio abajo, les mostraba tanto</p>
<p>de arriba, que alcanzar su cabellera 63</p>
<p>tres frisones en vano pretendiesen;</p>
<p>pues treinta grandes palmos les veía</p>
<p>de abajo al sitio en que se anuda el manto. 66</p>
<p>"Raphel may amech zabi almi", 67</p>
<p>a gritar empezó la fiera boca,</p>
<p>a quien más dulces salmos no convienen. 69</p>
<p>Y mi guía hacia él: " ¡Alma insensata,</p>
<p>coge tu cuerno, y desfoga con él</p>
<p>cuanta ira o pasión así te agita! 72</p>
<p>Mirate al cuello, y hallarás la soga</p>
<p>que amarrado lo tiene, alma turbada,</p>
<p>mira cómo tu enorme pecho aprieta." 75</p>
<p>Después me dijo: "A sí mismo se acusa.</p>
<p>Este es Nembrot, por cuya mala idea</p>
<p>sólo un lenguaje no existe en el mundo. 78</p>
<p>Dejémosle, y no hablemos vanamente,</p>
<p>porque así es para él cualquier lenguaje,</p>
<p>cual para otros el suyo: nadie entiende." 81</p>
<p>Seguimos el viaje caminando</p>
<p>a la izquierda, y a un tiro de ballesta,</p>
<p>otro encontramos más feroz y grande. 84</p>
<p>Para ceñirlo quién fuera el maestro,</p>
<p>decir no sé, pero tenía atados</p>
<p>delante el otro, atrás el brazo diestro, 87</p>
<p>una cadena que le rodeaba</p>
<p>del cuello a abajo, y por lo descubierto</p>
<p>le daba vueltas hasta cinco veces. 90</p>
<p>"Este soberbio quiso demostrar 91</p>
<p>contra el supremo Jove su potencia</p>
<p>- dijo mi guía- y esto ha merecido. 93</p>
<p>Se llama Efialte; y su intentona hizo</p>
<p>al dar miedo a los dioses los gigantes:</p>
<p>los brazos que movió, ya más no mueve." 96</p>
<p>Y le dije: "Quisiera, si es posible,</p>
<p>que del desmesurado Briareo 98</p>
<p>puedan tener mis ojos experiencia." 99</p>
<p>Y él me repuso: "A Anteo ya verás 100</p>
<p>cerca de aquí, que habla y está libre,</p>
<p>que nos pondrá en el fondo del infierno. 102</p>
<p>Aquel que quieres ver, está muy lejos,</p>
<p>y está amarrado y puesto de igual modo,</p>
<p>salvo que aún más feroz el rostro tiene." 105</p>
<p>No hubo nunca tan fuerte terremoto,</p>
<p>que moviese una torre con tal fuerza,</p>
<p>como Efialte fue pronto en revolverse. 108</p>
<p>Más que nunca temí la muerte entonces,</p>
<p>y el miedo solamente bastaría</p>
<p>aunque no hubiese visto las cadenas. 111</p>
<p>Seguimos caminando hacia adelante</p>
<p>y llegamos a Anteo: cinco alas</p>
<p>salían de la fosa, sin cabeza. 114</p>
<p>"Oh tú que en el afortunado valle 115</p>
<p>que heredero a Escipión de gloria hizo,</p>
<p>al escapar Aníbal con los suyos, 117</p>
<p>mil leones cazaste por botín,</p>
<p>y que si hubieses ido a la alta lucha</p>
<p>de tus hermanos, hay quien ha pensado 120</p>
<p>que vencieran los hijos de la Tierra;</p>
<p>bájanos, sin por ello despreciarnos,</p>
<p>donde al Cocito encierra la friura. 123</p>
<p>A Ticio y a Tifeo no nos mandes; 124</p>
<p>éste te puede dar lo que deseas; 125</p>
<p>inclínate, y no tuerzas el semblante. 126</p>
<p>Aún puede darte fama allá en el mundo,</p>
<p>pues que está vivo y larga vida espera,</p>
<p>si la Gracia a destiempo no le llama." 129</p>
<p>Así dijo el maestro; y él deprisa</p>
<p>tendió la mano, y agarró a mi guía,</p>
<p>con la que a Hércules diera el fuerte abrazo. 132</p>
<p>Virgilio, cuando se sintió cogido,</p>
<p>me dijo: "Ven aquí, que yo te coja";</p>
<p>luego hizo tal que un haz éramos ambos. 135</p>
<p>Cual parece al mirar la Garisenda 136</p>
<p>donde se inclina, cuando va una nube</p>
<p>sobre ella, que se venga toda abajo; 138</p>
<p>tal parecióme Anteo al observarle</p>
<p>y ver que se inclinaba, y fue en tal hora</p>
<p>que hubiera preferido otro camino. 141</p>
<p>Mas levemente al fondo que se traga 142</p>
<p>a Lucifer con Judas, nos condujo;</p>
<p>y así inclinado no hizo más demora, 144</p>
<p>y se alzó como el mástil en la nave.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_32">
</cite>
CANTO XXXII</p>
</title>
<p>Si rimas broncas y ásperas tuviese, 1</p>
<p>como merecerfa el agujero</p>
<p>sobre el que apoyan las restantes rocas 3</p>
<p>exprimiría el jugo de mi tema</p>
<p>más plenamente; mas como no tengo,</p>
<p>no sin miedo a contarlo me dispongo; 6</p>
<p>que no es empresa de tomar a juego</p>
<p>de todo el orbe describir el fondo,</p>
<p>ni de lengua que diga "mama" o "papa". 9</p>
<p>Mas a mi verso ayuden las mujeres 10</p>
<p>que a Anfión a cerrar Tebas ayudaron,</p>
<p>y del hecho el decir no sea diverso. 12</p>
<p>¡Oh sobre todas mal creada plebe,</p>
<p>que el sitio ocupas del que hablar es duro,</p>
<p>mejor serla ser cabras u ovejas! 15</p>
<p>Cuando estuvimos ya en el negro pozo, 16</p>
<p>de los pies del gigante aún más abajo,</p>
<p>y yo miraba aún la alta muralla, 18</p>
<p>oí decirme: "Mira dónde pisas:</p>
<p>anda sin dar patadas a la triste</p>
<p>cabeza de mi hermano desdichado." 21</p>
<p>Por lo cual me volví, y vi por delante</p>
<p>y a mis plantas un lago que, del hielo,</p>
<p>de vidrio, y no de agua, tiene el rostro. 24</p>
<p>A su corriente no hace tan espeso</p>
<p>velo, en Austria, el Danubio en el invierno,</p>
<p>ni bajo el frío cielo allá el Tanais, 27</p>
<p>como era allí; porque si el Pietrapana 28</p>
<p>o el Tambernic, encima le cayese, 29</p>
<p>ni "crac" hubiese hecho por el golpe. 30</p>
<p>Y tal como croando está la rana,</p>
<p>fuera del agua el morro, cuando sueña</p>
<p>con frecuencia espigar la campesina, 33</p>
<p>lívidas, hasta el sitio en que aparece 34</p>
<p>la vergüenza, en el hielo había sombras,</p>
<p>castañeteando el diente cual cigüeñas. 36</p>
<p>Hacia abajo sus rostros se volvían:</p>
<p>el frío con la boca, y con los ojos</p>
<p>el triste corazón testimoniaban. 39</p>
<p>Después de haber ya visto un poco en torno, 40</p>
<p>miré, a mis pies, a dos tan estrechados,</p>
<p>que mezclados tenían sus cabellos. 42</p>
<p>"Decidme, los que así apretáis los pechos</p>
<p>- les dije- ¿Quiénes sois?" Y el cuello irguieron;</p>
<p>y al alzar la cabeza, chorrearon 45</p>
<p>sus ojos, que antes eran sólo blandos</p>
<p>por dentro, hasta los labios, y ató el hielo</p>
<p>las lágrimas entre ellos, encerrándolos. 48</p>
<p>Leño con leño grapa nunca une</p>
<p>tan fuerte; por lo que, como dos chivos,</p>
<p>los dos se golpearon iracundos. 51</p>
<p>Y uno, que sin orejas se encontraba</p>
<p>por la friura, con el rostro gacho,</p>
<p>dijo: "¿Por qué nos miras de ese modo? 54</p>
<p>Si saber quieres quién son estos dos,</p>
<p>el valle en que el Bisenzo se derrama</p>
<p>fue de Alberto, su padre, y de estos hijos. 57</p>
<p>De igual cuerpo salieron; y en Caína</p>
<p>podrás buscar, y no encontrarás sombra</p>
<p>más digna de estar puesta en este hielo; 60</p>
<p>no aquel a quien rompiera pecho y sombra, 61</p>
<p>por la mano de Arturo, un solo golpe;</p>
<p>no Focaccia; y no éste, que me tapa 63</p>
<p>con la cabeza y no me deja ver,</p>
<p>y fue llamado Sassol Mascheroni: 65</p>
<p>si eres toscano bien sabrás quién fue. 66</p>
<p>Y porque en más sermones no me metas,</p>
<p>sabe que fui Camincion dei Pazzi; 68</p>
<p>y espero que Carlino me haga bueno." 69</p>
<p>Luego yo vi mil rostros por el frío 70</p>
<p>amoratados, y terror me viene,</p>
<p>y siempre me vendrá de aquellos hielos. 72</p>
<p>Y mientras que hacia el centro caminábamos,</p>
<p>en el que toda gravedad se aúna,</p>
<p>y yo en la eterna lobreguez temblaba, 75</p>
<p>si el azar o el destino o Dios lo quiso,</p>
<p>no sé; mas paseando entre cabezas,</p>
<p>golpeé con el pie el rostro de una. 78</p>
<p>Llorando me gritó: "¿Por qué me pisas?</p>
<p>Si a aumentar tú no vienes la venganza</p>
<p>de Monteaperti, ¿por qué me molestas?" 81</p>
<p>Y yo: "Maestro mío, espera un poco</p>
<p>pues quiero que me saque éste de dudas;</p>
<p>y luego me darás, si quieres, prisa." 84</p>
<p>El guía se detuvo y dije a aquel</p>
<p>que blasfemaba aún muy duramente:</p>
<p>" ¿Quién eres tú que así reprendes a otros?" 87</p>
<p>"Y tú ¿quién eres que por la Antenora</p>
<p>vas golpeando -respondió- los rostros,</p>
<p>de tal forma que, aun vivo, mucho fuera?" 90</p>
<p>"Yo estoy vivo, y acaso te convenga</p>
<p>- fue mi respuesta-, si es que quieres fama,</p>
<p>que yo ponga tu nombre entre los otros." 93</p>
<p>Y él a mí: "Lo contrario desearía;</p>
<p>márchate ya de aquí y no me molestes,</p>
<p>que halagar sabes mal en esta gruta." 96</p>
<p>Entonces le cogí por el cogote,</p>
<p>y dije: "Deberás decir tu nombre,</p>
<p>o quedarte sin pelo aquí debajo." 99</p>
<p>Por lo que dijo: "Aunque me descabelles,</p>
<p>no te diré quién soy, ni he de decirlo,</p>
<p>aunque mil veces golpees mi cabeza." 102</p>
<p>Ya enroscados tenía sus cabellos,</p>
<p>y ya más de un mechón le había arrancado,</p>
<p>mientras ladraba con la vista gacha, 105</p>
<p>cuando otro le gritó: "¿Qué tienes, Bocca?</p>
<p>¿No te basta sonar con las quijadas,</p>
<p>sino que ladras? ¿quién te da tormento?" 108</p>
<p>"Ahora -le dije yo- no quiero oírte,</p>
<p>oh malvado traidor: que en tu deshonra,</p>
<p>he de llevar de ti veraces nuevas." 111</p>
<p>"Vete -repuso- y di lo que te plazca,</p>
<p>pero no calles, si de aquí salieras,</p>
<p>de quien tuvo la lengua tan ligera. 114</p>
<p>Él llora aquí el dinero del francés: 115</p>
<p>"Yo vi -podrás decir- a aquel de Duera,</p>
<p>donde frescos están los pecadores." 117</p>
<p>Si fuera preguntado "¿y esos otros?",</p>
<p>tienes al lado a aquel de Beccaría, 119</p>
<p>del cual segó Florencia la garganta. 120</p>
<p>Gianni de Soldanier creo que está 121</p>
<p>allá con Ganelón y Teobaldelo, 122</p>
<p>que abrió Faenza mientras que dormía." 123</p>
<p>Nos habíamos de éstos alejado,</p>
<p>cuando vi a dos helados en un hoyo,</p>
<p>y una cabeza de otra era sombrero; 126</p>
<p>y como el pan con hambre se devora,</p>
<p>así el de arriba le mordía al otro</p>
<p>donde se juntan nuca con cerebro. 129</p>
<p>No de otra forma Tideo roía</p>
<p>la sien a Menalipo por despecho, 131</p>
<p>que aquél el cráneo y las restantes cosas. 132</p>
<p>"Oh tú, que muestras por tan brutal signo</p>
<p>un odio tal por quien así devoras,</p>
<p>dime el porqué -le dije- de ese trato, 135</p>
<p>que si tú con razón te quejas de él,</p>
<p>sabiendo quiénes sois, y su pecado,</p>
<p>aún en el mundo pueda yo vengarte, 138</p>
<p>si no se seca aquella con la que hablo."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_33">
</cite>
CANTO XXXIII</p>
</title>
<p>De la feroz comida alzó la boca</p>
<p>el pecador, limpiándola en los pelos</p>
<p>de la cabeza que detrás roía. 3</p>
<p>Luego empezó: "Tú quieres que renueve</p>
<p>el amargo dolor que me atenaza</p>
<p>sólo al pensarlo, antes que de ello hable. 6</p>
<p>Mas si han de ser simiente mis palabras</p>
<p>que dé frutos de infamia a este traidor</p>
<p>que muerdo, al par verás que lloro y hablo. 9</p>
<p>Ignoro yo quién seas y en qué forma</p>
<p>has llegado hasta aquí, mas de Florencia</p>
<p>de verdad me pareces al oírte. 12</p>
<p>Debes saber que fui el conde Ugolino 13</p>
<p>y este ha sido Ruggieri, el arzobispo; 14</p>
<p>por qué soy tal vecino he de contarte. 15</p>
<p>Que a causa de sus malos pensamientos,</p>
<p>y fiándome de él fui puesto preso</p>
<p>y luego muerto, no hay que relatarlo; 18</p>
<p>mas lo que haber oído no pudiste,</p>
<p>quiero decir, lo cruel que fue mi muerte,</p>
<p>escucharás: sabrás si me ha ofendido. 21</p>
<p>Un pequeño agujero de "la Muda" 22</p>
<p>que por mí ya se llama "La del Hambre",</p>
<p>y que conviene que a otros aún encierre, 24</p>
<p>enseñado me había por su hueco</p>
<p>muchas lunas, cuando un mal sueño tuve</p>
<p>que me rasgó los velos del futuro. 27</p>
<p>Éste me apareció señor y dueño,</p>
<p>a la caza del lobo y los lobeznos 29</p>
<p>en el monte que a Pisa oculta Lucca. 30</p>
<p>Con perros flacos, sabios y amaestrados,</p>
<p>los Gualandis, Lanfrancos y Sismondis 32</p>
<p>al frente se encontraban bien dispuestos. 33</p>
<p>Tras de corta carrera vi rendidos</p>
<p>a los hijos y al padre, y con colmillos</p>
<p>agudos vi morderles los costados. 36</p>
<p>Cuando me desperté antes de la aurora,</p>
<p>llorar sentí en el sueño a mis hijitos</p>
<p>que estaban junto a mí, pidiendo pan. 39</p>
<p>Muy cruel serás si no te dueles de esto,</p>
<p>pensando lo que en mi alma se anunciaba:</p>
<p>y si no lloras, ¿de qué llorar sueles? 42</p>
<p>Se despertaron, y llegó la hora</p>
<p>en que solían darnos la comida,</p>
<p>y por su sueño cada cual dudaba. 45</p>
<p>Y oí clavar la entrada desde abajo</p>
<p>de la espantosa torre; y yo miraba</p>
<p>la cara a mis hijitos sin moverme. 48</p>
<p>Yo no lloraba, tan de piedra era;</p>
<p>lloraban ellos; y Anselmuccio dijo: 50</p>
<p>"Cómo nos miras, padre, ¿qué te pasa?" 51</p>
<p>Pero yo no lloré ni le repuse</p>
<p>en todo el día ni al llegar la noche,</p>
<p>hasta que un nuevo sol salía a mundo. 54</p>
<p>Como un pequeño rayo penetrase</p>
<p>en la penosa cárcel, y mirara</p>
<p>en cuatro rostros mi apariencia misma, 57</p>
<p>ambas manos de pena me mordía;</p>
<p>y al pensar que lo hacía yo por ganas</p>
<p>de comer, bruscamente levantaron, 60</p>
<p>diciendo: " Padre, menos nos doliera</p>
<p>si comes de nosotros; pues vestiste</p>
<p>estas míseras carnes, las despoja." 63</p>
<p>Por más no entristecerlos me calmaba;</p>
<p>ese día y al otro nada hablamos:</p>
<p>Ay, dura tierra, ¿por qué no te abriste? 66</p>
<p>Cuando hubieron pasado cuatro días,</p>
<p>Gaddo se me arrojó a los pies tendido, 68</p>
<p>diciendo: "Padre, ¿por qué no me ayudas?" 69</p>
<p>Allí murió: y como me estás viendo,</p>
<p>vi morir a los tres uno por uno</p>
<p>al quinto y sexto día; y yo me daba 72</p>
<p>ya ciego, a andar a tientas sobre ellos.</p>
<p>Dos días les llamé aunque estaban muertos:</p>
<p>después más que el dolor pudo el ayuno." 75</p>
<p>Cuando esto dijo, con torcidos ojos</p>
<p>volvió a morder la mísera cabeza,</p>
<p>y los huesos tan fuerte como un perro. 78</p>
<p>¡Ah Pisa, vituperio de las gentes</p>
<p>del hermoso país donde el "sí" suena!,</p>
<p>pues tardos al castigo tus vecinos, 81</p>
<p>muévanse la Gorgona y la Capraia, 82</p>
<p>y hagan presas allí en la hoz del Arno,</p>
<p>para anegar en ti a toda persona; 84</p>
<p>pues si al conde Ugolino se acusaba</p>
<p>por la traición que hizo a tus castillos,</p>
<p>no debiste a los hijos dar tormento. 87</p>
<p>Inocentes hacía la edad nueva,</p>
<p>nueva Tebas, a Uguiccion y al Brigada 89</p>
<p>y a los otros que el canto ya ha nombrado." 90</p>
<p>A otro lado pasamos, y a otra gente 91</p>
<p>envolvía la helada con crudeza,</p>
<p>y no cabeza abajo sino arriba. 93</p>
<p>El llanto mismo el lloro no permite,</p>
<p>y la pena que encuentra el ojo lleno,</p>
<p>vuelve hacia atras, la angustia acrecentando; 96</p>
<p>pues hacen muro las primeras lágrimas,</p>
<p>y así como viseras cristalinas,</p>
<p>llenan bajo las cejas todo el vaso. 99</p>
<p>Y sucedió que, aun como encallecido</p>
<p>por el gran frío cualquier sentimiento</p>
<p>hubiera abandonado ya mi rostro, 102</p>
<p>me parecía ya sentir un viento,</p>
<p>por lo que yo: "Maestro, ¿quién lo hace?,</p>
<p>¿No están extintos todos los vapores?" 105</p>
<p>Y él me repuso: "En breve será cuando</p>
<p>a esto darán tus ojos la respuesta,</p>
<p>viendo la causa que este soplo envía." 108</p>
<p>Y un triste de esos de la fría costra</p>
<p>gritó: "Ah vosotras, almas tan crueles,</p>
<p>que el último lugar os ha tocado, 111</p>
<p>del rostro levantar mis duros velos,</p>
<p>que el dolor que me oprime expulsar pueda,</p>
<p>un poco antes que el llanto se congele." 114</p>
<p>Y le dije: "Si quieres que te ayude,</p>
<p>dime quién eres, y si no te libro,</p>
<p>merezca yo ir al fondo de este hielo." 117</p>
<p>Me respondió: "Yo soy fray Alberigo; 118</p>
<p>soy aquel de la fruta del mal huerto,</p>
<p>que por el higo el dátil he cambiado." 120</p>
<p>"Oh, ¿ya estás muerto -díjele yo- entonces?</p>
<p>Y él repuso: "De cómo esté mi cuerpo</p>
<p>en el mundo, no tengo ciencia alguna. 123</p>
<p>Tal ventaja tiene esta Tolomea,</p>
<p>que muchas veces caen aquí las almas 125</p>
<p>antes de que sus dedos mueva Atropos; 126</p>
<p>y para que de grado tú me quites</p>
<p>las lágrimas vidriadosas de mi rostro,</p>
<p>sabe que luego que el alma traiciona, 129</p>
<p>como yo hiciera, el cuerpo le es quitado</p>
<p>por un demonio que después la rige,</p>
<p>hasta que el tiempo suyo todo acabe. 132</p>
<p>Ella cae en cisterna semejante;</p>
<p>y es posible que arriba esté aún el cuerpo</p>
<p>de la sombra que aquí detrás inverna. 135</p>
<p>Tú lo debes saber, si ahora has venido: 136</p>
<p>que es Branca Doria, y ya han pasado muchos</p>
<p>años desde que fuera aquí encerrado." 138</p>
<p>"Creo -le dije yo- que tú me engañas;</p>
<p>Branca Doria no ha muerto todavía,</p>
<p>y come y bebe y duerme y paños viste." 141</p>
<p>"Al pozo -él respondió- de Malasgarras,</p>
<p>donde la pez rebulle pegajosa,</p>
<p>aún no había caído Miguel Zanque, 144</p>
<p>cuando éste le dejó al diablo un sitio</p>
<p>en su cuerpo, y el de un pariente suyo 146</p>
<p>que la traición junto con él hiciera. 147</p>
<p>Mas extiende por fin aquí la mano;</p>
<p>abre mis ojos." Y no los abrí; 149</p>
<p>y cortesia fue el villano serle. 150</p>
<p>¡Ah genoveses, hombres tan distantes</p>
<p>de todo bien, de toda lacra llenos!,</p>
<p>¿por qué no sois del mundo desterrados? 153</p>
<p>Porque con la peor alma de Romaña 154</p>
<p>hallé a uno de vosotros, por sus obras</p>
<p>su espiritu bañando en el Cocito, 156</p>
<p>y aún en la tierra vivo con el cuerpo.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_34">
</cite>
CANTO XXXIV</p>
</title>
<p>"Vexilla regis prodeunt inferni 1</p>
<p>contra nosotros, mira, pues, delante</p>
<p>- dijo el maestro- a ver si los distingues." 3</p>
<p>Como cuando una espesa niebla baja,</p>
<p>o se oscurece ya nuestro hemisferio,</p>
<p>girando lejos vemos un molino, 6</p>
<p>una máquina tal creí ver entonces;</p>
<p>luego, por aquel viento, busqué abrigo</p>
<p>tras de mi guía, pues no hallé otra gruta. 9</p>
<p>Ya estaba, y con terror lo pongo en verso,</p>
<p>donde todas las sombras se cubrían, 11</p>
<p>traspareciendo como paja en vidrio: 12</p>
<p>Unas yacen; y están erguidas otras,</p>
<p>con la cabeza aquella o con las plantas;</p>
<p>otra, tal arco, el rostro a los pies vuelve. 15</p>
<p>Cuando avanzamos ya lo suficiente,</p>
<p>que a mi maestro le plació mostrarme</p>
<p>la criatura que tuvo hermosa cara, 18</p>
<p>se me puso delante y me detuvo,</p>
<p>"Mira a Dite -diciendo-, y mira el sitio 20</p>
<p>donde tendrás que armarte de valor." 21</p>
<p>De cómo me quedé helado y atónito,</p>
<p>no lo inquieras, lector, que no lo escribo,</p>
<p>porque cualquier hablar poco sería. 24</p>
<p>Yo no morí, mas vivo no quedé:</p>
<p>piensa por ti, si algún ingenio tienes,</p>
<p>cual me puse, privado de ambas cosas. 27</p>
<p>El monarca del doloroso reino,</p>
<p>del hielo aquel sacaba el pecho afuera;</p>
<p>y más con un gigante me comparo, 30</p>
<p>que los gigantes con sus brazos hacen:</p>
<p>mira pues cuánto debe ser el todo</p>
<p>que a semejante parte corresponde. 33</p>
<p>Si igual de bello fue como ahora es feo,</p>
<p>y contra su hacedor alzó los ojos,</p>
<p>con razón de él nos viene cualquier luto. 36</p>
<p>¡Qué asombro tan enorme me produjo 37</p>
<p>cuando vi su cabeza con tres caras!</p>
<p>Una delante, que era toda roja: 39</p>
<p>las otras eran dos, a aquella unidas</p>
<p>por encima del uno y otro hombro,</p>
<p>y uníanse en el sitio de la cresta; 42</p>
<p>entre amarilla y blanca la derecha</p>
<p>parecia; y la izquierda era tal los que</p>
<p>vienen de allí donde el Nilo discurre. 45</p>
<p>Bajo las tres salía un gran par de alas,</p>
<p>tal como convenía a tanto pájaro:</p>
<p>velas de barco no vi nunca iguales. 48</p>
<p>No eran plumosas, sino de murciélago</p>
<p>su aspecto; y de tal forma aleteaban,</p>
<p>que tres vientos de aquello se movían: 51</p>
<p>por éstos congelábase el Cocito;</p>
<p>con seis ojos lloraba, y por tres barbas</p>
<p>corría el llanto y baba sanguinosa. 54</p>
<p>En cada boca hería con los dientes</p>
<p>a un pecador, como una agramadera, 56</p>
<p>tal que a los tres atormentaba a un tiempo. 57</p>
<p>Al de delante, el morder no era nada</p>
<p>comparado a la espalda, que a zarpazos</p>
<p>toda la piel habíale arrancado. 60</p>
<p>"Aquella alma que allí más pena sufre</p>
<p>- dijo el maestro- es Judas Iscariote,</p>
<p>con la cabeza dentro y piernas fuera. 63</p>
<p>De los que la cabeza afuera tienen,</p>
<p>quien de las negras fauces cuelga es Bruto:</p>
<p>- ¡mirale retorcerse! ¡y nada dice!- 66</p>
<p>Casio es el otro, de aspecto membrudo.</p>
<p>Mas retorna la noche, y ya es la hora</p>
<p>de partir, porque todo ya hemos visto." 69</p>
<p>Como él lo quiso, al cuello le abracé;</p>
<p>y escogió el tiempo y el lugar preciso,</p>
<p>y, al estar ya las alas bien abiertas, 72</p>
<p>se sujetó de los peludos flancos:</p>
<p>y descendió después de pelo en pelo,</p>
<p>entre pelambre hirsuta y costra helada. 75</p>
<p>Cuando nos encontramos donde el muslo 76</p>
<p>se ensancha y hace gruesas las caderas,</p>
<p>el guía, con fatiga y con angustia, 78</p>
<p>la cabeza volvió hacia los zancajos,</p>
<p>y al pelo se agarró como quien sube,</p>
<p>tal que al infierno yo creí volver. 81</p>
<p>"Cógete bien, ya que por esta escala</p>
<p>- dijo el maestro exhausto y jadeante</p>
<p>es preciso escapar de tantos males." 84</p>
<p>Luego salió por el hueco de un risco,</p>
<p>y junto a éste me dejó sentado;</p>
<p>y puso junto a mí su pie prudente. 87</p>
<p>Yo alcé los ojos, y pensé mirar</p>
<p>a Lucifer igual que lo dejamos,</p>
<p>y le vi con las piernas para arriba; 90</p>
<p>y si desconcertado me vi entonces,</p>
<p>el vulgo es quien lo piensa, pues no entiende</p>
<p>cuál es el trago que pasado había. 93</p>
<p>"Ponte de pie -me dijo mi maestro-:</p>
<p>la ruta es larga y el camino es malo,</p>
<p>y el sol ya cae al medio de la tercia." 96</p>
<p>No era el lugar donde nos encontrábamos</p>
<p>pasillo de palacio, mas caverna</p>
<p>que poca luz y mal suelo tenía. 99</p>
<p>"Antes que del abismo yo me aparte,</p>
<p>maestro -dije cuando estuve en pie-,</p>
<p>por sacarme de error háblame un poco: 102</p>
<p>¿Dónde está el hielo?, ¿y cómo éste se encuentra</p>
<p>tan boca abajo, y en tan poco tiempo,</p>
<p>de noche a día el sol ha caminado?" 105</p>
<p>Y él me repuso: " Piensas todavía</p>
<p>que estás allí en el centro, en que agarré</p>
<p>el pelo del gusano que perfora 108</p>
<p>el mundo: allí estuviste en la bajada;</p>
<p>cuando yo me volví, cruzaste el punto</p>
<p>en que converge el peso de ambas partes: 111</p>
<p>y has alcanzado ya el otro hemisferio</p>
<p>que es contrario de aquel que la gran seca 113</p>
<p>recubre, en cuya cima consumido 114</p>
<p>fue el hombre que nació y vivió sin culpa;</p>
<p>tienes los pies sobre la breve esfera</p>
<p>que a la Judea forma la otra cara. 117</p>
<p>Aquí es mañana, cuando allí es de noche:</p>
<p>y aquél, que fue escalera con su pelo,</p>
<p>aún se encuentra plantado igual que antes. 120</p>
<p>Del cielo se arrojó por esta parte; 121</p>
<p>y la tierra que aquí antes se extendía,</p>
<p>por miedo a él, del mar hizo su velo, 123</p>
<p>y al hemisferio nuestro vino; y puede</p>
<p>que por huir dejara este vacío</p>
<p>eso que allí se ve, y arriba se alza." 126</p>
<p>Un lugar hay de Belcebú alejado</p>
<p>tanto cuanto la cárcava se alarga,</p>
<p>que el sonido denota, y no la vista, 129</p>
<p>de un arroyuelo que hasta allí desciende 130</p>
<p>por el hueco de un risco, al que perfora</p>
<p>su curso retorcido y sin pendiente. 132</p>
<p>Mi guía y yo por esa oculta senda</p>
<p>fuimos para volver al claro mundo;</p>
<p>y sin preocupación de descansar, 135</p>
<p>subimos, él primero y yo después,</p>
<p>hasta que nos dejó mirar el cielo</p>
<p>un agujero, por el cual salimos 138</p>
<p>a contemplar de nuevo las estrellas. 139</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_35">
</cite>
PURGATORIO</p>
</title>
<subtitle>CANTO I</subtitle>
<p>Por surcar mejor agua alza las velas</p>
<p>ahora la navecilla de mi ingenio,</p>
<p>que un mar tan cruel detrás de sí abandona; 3</p>
<p>y cantaré de aquel segundo reino</p>
<p>donde el humano espíritu se purga</p>
<p>y de subir al cielo se hace digno. 6</p>
<p>Mas renazca la muerta poesía,</p>
<p>oh, santas musas, pues que vuestro soy;.</p>
<p>y Calíope un poco se levante, 9</p>
<p>mi canto acompañando con las voces</p>
<p>que a las urracas míseras tal golpe 11</p>
<p>dieron, que del perdón desesperaron. 12</p>
<p>Dulce color de un oriental zafiro,</p>
<p>que se expandía en el sereno aspecto</p>
<p>del aire, puro hasta la prima esfera, 15</p>
<p>reapareció a mi vista deleitoso,</p>
<p>en cuanto que salí del aire muerto,</p>
<p>que vista y pecho contristado había. 18</p>
<p>El astro bello que al amor invita 19</p>
<p>hacía sonreir todo el oriente,</p>
<p>y los Peces velados lo escoltaban. 21</p>
<p>Me volví a la derecha atentamente,</p>
<p>y vi en el otro polo cuatro estrellas 23</p>
<p>que sólo vieron las primeras gentes. 24</p>
<p>Parecía que el cielo se gozara</p>
<p>con sus luces: ¡Oh viudo septentrión,</p>
<p>ya que de su visión estás privado! 27</p>
<p>Cuando por fin dejé de contemplarlos</p>
<p>dirigiéndome un poco al otro polo,</p>
<p>por donde el Carro desapareciera, 30</p>
<p>vi junto a mí a un anciano solitario, 31</p>
<p>digno al verle de tanta reverencia,</p>
<p>que más no debe a un padre su criatura. 33</p>
<p>Larga la barba y blancos mechones 34</p>
<p>llevaba, semejante a sus cabellos,</p>
<p>que al pecho en dos mechones le caían. 36</p>
<p>Los rayos de las cuatro luces santas</p>
<p>llenaban tanto su rostro de luz,</p>
<p>que le veía como al Sol de frente. 39</p>
<p>¿Quién sois vosotros que del ciego río</p>
<p>habéis huido la prisión eterna?</p>
<p>- dijo moviendo sus honradas plumas. 42</p>
<p>¿Quién os condujo, o quién os alumbraba,</p>
<p>al salir de esa noche tan profunda,</p>
<p>que ennegrece los valles del infierno? 45</p>
<p>¿Se han quebrado las leyes del abismo?</p>
<p>¿o el designio del cielo se ha mudado</p>
<p>y venís, condenados, a mis grutas?" 48</p>
<p>Entonces mi maestro me empujó,</p>
<p>y con palabras, señales y manos</p>
<p>piernas y rostro me hizo reverentes. 51</p>
<p>Después le respondió: "Por mí no vengo.</p>
<p>Bajó del cielo una mujer rogando</p>
<p>que, acompañando a éste, le ayudara. 54</p>
<p>Mas como tu deseo es que te explique</p>
<p>más ampliamente nuestra condición,</p>
<p>no puede ser el mío el ocultarlo. 57</p>
<p>Éste no ha visto aún la última noche;</p>
<p>mas estuvo tan cerca en su locura,</p>
<p>que le quedaba ya muy poco tiempo. 60</p>
<p>Y a él, como te he dicho, fui enviado</p>
<p>para salvarle; y no había otra ruta</p>
<p>más que esta por la cual le estoy llevando. 63</p>
<p>Le he mostrado la gente condenada;</p>
<p>y ahora pretendo las almas mostrarle</p>
<p>que están purgando bajo tu mandato. 66</p>
<p>Es largo de contar cómo lo traje;</p>
<p>bajó del Alto virtud que me ayuda</p>
<p>a conducirlo a que te escuche y vea. 69</p>
<p>Dignate agradecer que haya venido:</p>
<p>busca la libertad, que es tan preciada,</p>
<p>cual sabe quien a cambio da la vida. 72</p>
<p>Lo sabes, pues por ella no fue amarga</p>
<p>en Utica tu muerte; allí dejaste</p>
<p>la veste que radiante será un día. 75</p>
<p>No hemos quebrado las eternas leyes,</p>
<p>pues éste vive y Minos no me ata;</p>
<p>soy de la zona de los castos ojos 78</p>
<p>de tu Marcia, que sigue suplicando</p>
<p>que la tengas por tuya, oh santo pecho:</p>
<p>en nombre de su amor, senos benigno. 81</p>
<p>Deja que andemos por tus siete reinos;</p>
<p>le mostraré nuestro agradecimiento,</p>
<p>si quieres que te nombre allí debajo." 84</p>
<p>"Tan placentera Marcia fue a mis ojos</p>
<p>mientras que estuve allí -dijo él entonces-</p>
<p>que cuanto me pidió le concedía. 87</p>
<p>Ahora que vive tras el río amargo, 88</p>
<p>no puede ya moverme, por la ley</p>
<p>que cuando me sacaron fue dispuesta. 90</p>
<p>Mas si te manda una mujer del cielo,</p>
<p>como has dicho, lisonjas no precisas:</p>
<p>basta en su nombre pedir lo que quieras. 93</p>
<p>Puedes marchar, mas haz que éste se ciña</p>
<p>con un delgado junco y lave el rostro, 95</p>
<p>y que se limpie toda la inmundicia; 96</p>
<p>porque no es conveniente que cubierto</p>
<p>de niebla alguna, vaya hasta el primero 98</p>
<p>de los ministros ya del Paraíso. 99</p>
<p>En todo el derredor de aquella islita,</p>
<p>allí donde las olas la combaten,</p>
<p>crecen los juncos sobre el blanco limo: 102</p>
<p>ninguna planta que tuviera fronda</p>
<p>o que dura se hiciera, viviría,</p>
<p>pues no soportaría sus embates. 105</p>
<p>Luego no regreséis por este sitio;</p>
<p>el sol os mostrará, que surge ahora,</p>
<p>del monte la subida más sencilla." 108</p>
<p>Él desapareció; y me levanté</p>
<p>sin hablar, acercándome a mi guía,</p>
<p>dirigiéndole entonces la mirada. 111</p>
<p>Él comenzó: "Sigue mis pasos, hijo:</p>
<p>volvamos hacia atrás, que esta llanura</p>
<p>va declinando hasta su último margen." 114</p>
<p>Vencía el alba ya a la madrugada</p>
<p>que escapaba delante, y a lo lejos</p>
<p>divisé el tremolar de la marina. 117</p>
<p>Por la llanura sola caminábamos</p>
<p>como quien vuelve a la perdida senda,</p>
<p>y hasta encontrarla piensa que anda en vano. 120</p>
<p>Cuando llegamos ya donde el rocío</p>
<p>resiste al sol, por estar en un sitio</p>
<p>donde, a la sombra, poco se evapora, 123</p>
<p>ambas manos abiertas en la hierba</p>
<p>suavemente puso mi maestro:</p>
<p>y yo, que de su intento me di cuenta, 126</p>
<p>volví hacia él mi rostro enlagrimado;</p>
<p>y aquí me descubrió completamente</p>
<p>aquel color que me escondió el infierno. 129</p>
<p>Llegamos luego a la desierta playa,</p>
<p>que nadie ha visto navegar sus aguas,</p>
<p>que conserve experiencias del regreso. 132</p>
<p>Me ciñó como el otro había dicho:</p>
<p>¡oh maravilla! pues cuando él cortó</p>
<p>la humilde planta, volvió a nacer otra 135</p>
<p>de donde la arrancó, súbitamente.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_36">
</cite>
CANTO II</p>
</title>
<p>Ya había el sol llegado al horizonte</p>
<p>que cubre con su cerco meridiano</p>
<p>Jerusalén en su más alto punto; 3</p>
<p>y la noche, que a él opuesta gira,</p>
<p>del Ganges se salía con aquellas</p>
<p>balanzas, que le caen cuando ha triunfado; 6</p>
<p>tal que la blanca y sonrosada cara,</p>
<p>donde yo estaba, de la bella Aurora</p>
<p>mientras crecía se tornaba de oro. 9</p>
<p>A la orilla del mar nos encontrábamos,</p>
<p>como aquel que pensara su camino,</p>
<p>que va en corazón y en cuerpo se queda. 12</p>
<p>Y entonces, cual del alba sorprendido,</p>
<p>por el denso vapor Marte enrojece</p>
<p>sobre el lecho del mar por el poniente, 15</p>
<p>tal se me apareció, y así aún la viera,</p>
<p>una luz que en el mar tan rauda iba,</p>
<p>que al suyo ningún vuelo se parece. 18</p>
<p>Y separando de ella unos instantes</p>
<p>los ojos, a mi guía preguntando,</p>
<p>la vi de nuevo más luciente y grande. 21</p>
<p>Apareció después a cada lado</p>
<p>un no sabía qué blanco, y debajo</p>
<p>poco a poco otra cosa también blanca. 24</p>
<p>Nada el maestro aún había dicho,</p>
<p>cuando vi que eran alas lo primero;</p>
<p>y cuando supo quién era el piloto, 27</p>
<p>me gritó: " Dobla, dobla las rodillas.</p>
<p>Mira el ángel de Dios: junta las manos,</p>
<p>verás a muchos de estos oficiales. 30</p>
<p>Ve que desdeña los humanos medios,</p>
<p>y no quiere más remo ni más velas</p>
<p>entre orillas remotas, que sus alas. 33</p>
<p>Mira cómo las alza hacia los cielos</p>
<p>moviendo el aire con eternas plumas,</p>
<p>que cual mortal cabello no se mudan." 36</p>
<p>Después al acercarse más y más</p>
<p>el pájaro divino, era más claro:</p>
<p>y pues de cerca no lo soportaban 39</p>
<p>los ojos, me incliné, y llegó a la orilla</p>
<p>con una barca tan ligera y ágil,</p>
<p>que parecía no cortar el.agua. 42</p>
<p>A popa estaba el celestial barquero,</p>
<p>cual si la beatitud llevara escrita;</p>
<p>y dentro había más de cien espíritus. 45</p>
<p>"In exitu Israel de Aegipto" 46</p>
<p>cantaban todos juntos a una voz,</p>
<p>y todo lo que sigue de aquel salmo. 48</p>
<p>Después les hizo el signo de la cruz;</p>
<p>y todos se lanzaron a la playa:</p>
<p>y él se marchó tan veloz como vino. 51</p>
<p>La turba que quedó, muy sorprendida</p>
<p>pareció del lugar, mirando en torno</p>
<p>como aquel que contempla cosas nuevas. 54</p>
<p>De todas partes asaeteaba al día</p>
<p>el sol, que había echado con sus flechas</p>
<p>de la mitad del cielo a Capricornio, 57</p>
<p>cuando la nueva gente alzó la cara</p>
<p>a nosotros, diciendo: "Si sabéis,</p>
<p>mostradnos el camino que va al monte." 60</p>
<p>Y respondió Virgilio: " Estáis pensando</p>
<p>que este sitio nosotros conocemos;</p>
<p>mas peregrinos somos de igual forma. 63</p>
<p>Llegamos poco antes que vosotros,</p>
<p>por camino tan áspero y tan fuerte,</p>
<p>que ahora el subir parece un simple juego." 66</p>
<p>Las almas que se dieron cuenta entonces</p>
<p>por mi respiración, de que vivía,</p>
<p>maravilladas, empalidecieron. 69</p>
<p>Y como al mensajero que el olivo</p>
<p>trae, va la gente para oír noticias,</p>
<p>y de apretarse esquivos no se muestran, 72</p>
<p>así a mi vista se agolparon todas</p>
<p>aquellas almas apesadumbradas,</p>
<p>casi olvidando el ir a hacerse bellas. 75</p>
<p>Y yo vi que una de ellas se acercaba 76</p>
<p>para abrazarme, con tan grande afecto,</p>
<p>que me movió a que hiciese yo lo mismo. 78</p>
<p>¡Ah vanas sombras, salvo la apariencia!</p>
<p>tres veces por detrás pasé mis brazos,</p>
<p>y tantas otras los volví a mi pecho. 81</p>
<p>Creo que enrojecí, maravillado,</p>
<p>y sonrió la sombra y se alejaba,</p>
<p>y yo me fui detrás para seguirla. 84</p>
<p>Suavemente me dijo que parase;</p>
<p>supe entonces quién era, y le rogué</p>
<p>que, para hablarme, allí se detuviera. 87</p>
<p>"Así -me respondió- como te amaba</p>
<p>en el cuerpo mortal, libre te amo:</p>
<p>por eso me detengo; y tú ¿qué haces?" 90</p>
<p>"Por volver otra vez, Cassella mío,</p>
<p>adonde estoy, viajo; mas ¿por qué</p>
<p>- le dije- tantas horas te han quitado?" 93</p>
<p>Y él a mí: "No me hicieron injusticia, 94</p>
<p>si aquel que lleva cuándo y a quien quiere,</p>
<p>me ha negado el pasaje muchas veces; 96</p>
<p>de justa voluntad sale la suya:</p>
<p>mas desde hace tres meses ha traído</p>
<p>a quien quisiera entrar, sin oponerse. 99</p>
<p>Por lo que yo, que estaba en la marina</p>
<p>donde el agua del Tíber sal se hace,</p>
<p>benignamente fui por él llevado. 102</p>
<p>El vuelo a aquella desembocadura</p>
<p>dirigió, pues que siempre se congregan</p>
<p>allí los que a Aqueronte no descienden." 105</p>
<p>Y yo: "Si no te quitan nuevas leyes</p>
<p>la memoria o el uso de los cantos</p>
<p>de amor, que mis deseos aquietaban, 108</p>
<p>con ellos té suplico que consueles</p>
<p>mi alma que, viniendo con mi cuerpo</p>
<p>a este lugar, se encuentra muy angustiada." 111</p>
<p>El amor que en la mente me razona 112</p>
<p>entonces comenzó tan dulcemente,</p>
<p>que en mis adentros oigo aún la dulzura. 114</p>
<p>Mi maestro y yo y aquellas gentes</p>
<p>que estaban junto a él, tan complacidas</p>
<p>parecían, que en nada más pensaban. 117</p>
<p>Todos pendientes y fijos estábamos</p>
<p>de sus notas; y el viejo venerable 119</p>
<p>nos gritó: "¿Qué sucede, lentas almas? 120</p>
<p>¿qué negligencia, qué esperar es éste?</p>
<p>corred al monte a echar las impurezas</p>
<p>que no os permiten contemplar a Dios." 123</p>
<p>Como cuando al coger avena o mijo,</p>
<p>las palomas rodean el sustento,</p>
<p>quietas y sin mostrar su usado orgullo, 126</p>
<p>si algo sucede que las amedrenta,</p>
<p>súbitamente dejan la comida,</p>
<p>pues un mayor cuidado las asalta; 129</p>
<p>yo vi a aquella mesnada recién hecha</p>
<p>dejar el canto y escapar al monte,</p>
<p>como quien va y no sabe dónde acabe: 132</p>
<p>no fue nuestra partida menos presta.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_37">
</cite>
CANTO III</p>
</title>
<p>Por más que aquella huida repentina</p>
<p>por la llanura a todos dispersara,</p>
<p>hacia el monte en que aguija la justicia, 3</p>
<p>a mi fiel compañero me arrimé:</p>
<p>¿pues cómo habría yo sin él corrido?</p>
<p>¿Quién por el monte hubiérame llevado? 6</p>
<p>Le creí descontento de sí mismo:</p>
<p>¡Oh qué digna y qué pura concïencia</p>
<p>con qué amargor te muerde un leve fallo! 9</p>
<p>Cuando sus pies dejaron de ir aprisa, 10</p>
<p>que a cualquier acto quítale el decoro,</p>
<p>mi pensamiento, empecinado antes, 12</p>
<p>reanudó su discurso, deseoso,</p>
<p>y dirigí mis ojos hacia el monte</p>
<p>que al cielo más se eleva de las aguas. 15</p>
<p>El sol, que atrás en rojo flameaba,</p>
<p>se rompia delante de mi cuerpo,</p>
<p>pues sus rayos en mí se detenían. 18</p>
<p>Me volví hacia los lados temeroso</p>
<p>de estar abandonado, cuando vi</p>
<p>sólo ante mí la tierra oscurecida; 21</p>
<p>y: "¿Por qué desconfías? -mi consuelo</p>
<p>volviéndose hacia mí empezó a decirme-</p>
<p>¿no crees que te acompaño y que te guío? 24</p>
<p>Es ya la tarde donde sepultado 25</p>
<p>está aquel cuerpo en el que sombra hacía;</p>
<p>no en Brindis, sino en Nápoles se encuentra. 27</p>
<p>Por lo cual si ante mí nada se ensombra,</p>
<p>no debes extrañarte, igual que el cielo</p>
<p>no detiene el camino de los rayos. 30</p>
<p>Por sufrir penas, frías y calientes,</p>
<p>Dios ha dispuesto cuerpos semejantes,</p>
<p>de modo que no quiere revelarnos. 33</p>
<p>Loco es quien piense que nuestra razón 34</p>
<p>pueda seguir por la infinita senda</p>
<p>que sigue una sustancia en tres personas. 36</p>
<p>Os baste con el quía, humana prole;</p>
<p>pues, si hubierais podido verlo todo,</p>
<p>ocioso fuese el parto de María; 39</p>
<p>y tú has visto sin frutos desearlo 40</p>
<p>a tales que aquietaran su deseo,</p>
<p>que eternamente ahora les enluta: 42</p>
<p>de Aristóteles hablo y de Platón</p>
<p>y aun de otros más"; y aquí inclinó la frente,</p>
<p>y más no dijo y quedóse turbado. 45</p>
<p>Llegamos entretanto al pie del monte;</p>
<p>tan escarpadas estaban las rocas,</p>
<p>que en vano habrfa piernas bien dispuestas. 48</p>
<p>Entre Rurbia y Lerice el más desierto, 49</p>
<p>el más roto barranco, es escalera,</p>
<p>comparado con éste, abierta y fácil. 51</p>
<p>"¿Ahora quién sabe en donde la pendiente</p>
<p>- deteniéndose, dijo mi maestro-</p>
<p>pueda subir aquel que va sin alas?" 54</p>
<p>Y mientras meditaba con la vista</p>
<p>baja, sobre la suerte del camino,</p>
<p>y yo miraba arriba del peñasco, 57</p>
<p>a mano izquierda apareció una turba 58</p>
<p>de almas que venía hacia nosotros,</p>
<p>mas tan lentos que no lo parecía. 60</p>
<p>"Alza -dije- maestro, la mirada:</p>
<p>hay aquí quien podrá darnos consejo,</p>
<p>si no puedes tenerlo por ti mismo." 63</p>
<p>Entonces miró, y con el rostro sereno</p>
<p>me dijo: "Vamos pues, que vienen lentos;</p>
<p>y afirma la esperanza, dulce hijo." 66</p>
<p>Tan lejos aún estaba aquella gente,</p>
<p>luego de haber mil pasos caminado,</p>
<p>como un buen lanzador alcanzaria, 69</p>
<p>cuando a las duras peñas se arrimaron</p>
<p>de la alta sima, quietos y apretados,</p>
<p>cual caminante que dudoso mira. 72</p>
<p>"Felices muertos, almas elegidas</p>
<p>- Virgilio dijo- por la paz aquella</p>
<p>que todos esperáis, según bien creo, 75</p>
<p>decidnos dónde baja la montaña,</p>
<p>para poder subir; pues más disgusta</p>
<p>perder el tiempo a quien su precio sabe." 78</p>
<p>Cual salen del redil las ovejillas</p>
<p>de una, de dos, de tres y temerosas</p>
<p>están las otras, vista y morro en tierra; 81</p>
<p>y lo que la primera hacen las otras,</p>
<p>acercándose a ella si se para,</p>
<p>simples y calmas, y el porqué no saben; 84</p>
<p>así vi que venía la cabeza</p>
<p>de aquella grey afortunada entonces,</p>
<p>con recatado andar y rostro honesto. 87</p>
<p>Al ver los de delante interrumpida</p>
<p>la luz en tierra a mi derecho flanco</p>
<p>desde mí hasta la roca haciendo sombra, 90</p>
<p>se detuvieron, y hacia atrás se echaron,</p>
<p>y todos esos que detrás venían,</p>
<p>no sabiendo por qué, lo mismo hicieron. 93</p>
<p>"Sin que lo preguntéis yo os comunico</p>
<p>que este cuerpo que veis es cuerpo humano;</p>
<p>por lo que el sol ha interceptado en tierra. 96</p>
<p>No os debéis asombrar, pero creedme</p>
<p>que no sin que lo quieran en el cielo</p>
<p>estas paredes escalar pretende." 99</p>
<p>Así el maestro; y esas dignas gentes:</p>
<p>"Volved -dijeron- y seguid un poco",</p>
<p>haciéndonos señales con la mano. 102</p>
<p>Y uno de aquéllos empezó: "Quien quiera 103</p>
<p>que seas, vuelve el rostro mientras andas:</p>
<p>recuerda si me viste en la otra vida." 105</p>
<p>Volví la vista a él muy fijamente</p>
<p>rubio era y bello y de gentil aspecto,</p>
<p>mas un tajo una ceja le partía. 108</p>
<p>Cuando con humildad hube negado</p>
<p>haberle visto nunca, él dijo: "Mira"</p>
<p>y mostróme una llaga sobre el pecho. 111</p>
<p>Luego sonriendo dijo: "Soy Manfredo: 112</p>
<p>la emperatriz Constanza fue mi abuela;</p>
<p>y te suplico que, cuando regreses, 114</p>
<p>le digas a mi hermosa hija, madre 115</p>
<p>del honor de Aragón y de Sicilia,</p>
<p>la verdad, si es que cuentan de otro modo. 117</p>
<p>Después de ser mi cuerpo atravesado</p>
<p>por dos golpes mortales, me volví</p>
<p>llorando a quien perdona de buen grado. 120</p>
<p>Abominables mis pecados fueron</p>
<p>mas tan gran brazo tiene la bondad</p>
<p>infinita, que acoge a quien la implora. 123</p>
<p>Si el pastor de Cosenza, que a mi caza 124</p>
<p>entonces fue enviado por Clemente, 125</p>
<p>la página divina comprendiera, 126</p>
<p>los huesos de mi cuerpo aún estarían</p>
<p>al pie del puente junto a Benevento,</p>
<p>y por pesadas piedras custodiados. 129</p>
<p>Mas los baña la lluvia y mueve el viento,</p>
<p>fuera del reino, casi junto al Verde,</p>
<p>donde él los trasladó sin luz alguna. 132</p>
<p>Mas por su maldición, nunca se pierde, 133</p>
<p>sin que pueda volver, el infinito</p>
<p>amor, mientras florezca la esperanza. 135</p>
<p>Verdad es que quien muere contumaz,</p>
<p>con la Iglesia, aunque al fin arrepentido,</p>
<p>fuera debe de estar de esta montaña, 138</p>
<p>treinta veces el tiempo que viviera</p>
<p>en esa presunción, si tal decreto</p>
<p>no se acorta con buenas oraciones. 141</p>
<p>Piensa pues lo dichoso que me harías,</p>
<p>a mi buena Constanza revelando</p>
<p>cómo me has visto, y esta prohibición: 143</p>
<p>que aquí, por los de allá, mucho se avanza. 144</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_38">
</cite>
CANTO IV</p>
</title>
<p>Cuando algún sufrimiento o alegría</p>
<p>de alguna facultad nuestra se adueña,</p>
<p>toda en ella se centra nuestra alma, 3</p>
<p>y no atiende a ninguna otra potencia</p>
<p>y es esto contra aquel error que opina</p>
<p>que un alma sobre otra alma arda en nosotros. 6</p>
<p>Por eso, cuando se oye o se ve algo</p>
<p>que atraiga al alma fuertemente a ello,</p>
<p>el tiempo pasa y nada el hombre advierte; 9</p>
<p>porque es una potencia la que escucha,</p>
<p>y otra la que retiene al alma entera:</p>
<p>una está casi presa, y la otra libre. 12</p>
<p>Puede experimentar de veras esto,</p>
<p>escuchando a aquel alma y admirando;</p>
<p>pues bien cincuenta grados ya subido 15</p>
<p>había el sol, sin darme cuenta, cuando</p>
<p>llegamos donde, a una, aquellas almas</p>
<p>gritaron: "Aquí está lo que buscáis." 18</p>
<p>Mayor portillo muchas veces cierra</p>
<p>con un manojo apenas de zarzales</p>
<p>el campesino al madurar la uva, 21</p>
<p>de lo que era la senda que subimos,</p>
<p>yo detrás de mi guía, los dos solos</p>
<p>al partir de nosotros aquel grupo. 24</p>
<p>Se va a Sanleo, a Noli se desciende, 25</p>
<p>se sube a Bismantova hasta la cumbre</p>
<p>a pie, pero volar aquí es preciso; 27</p>
<p>digo con leves alas y con plumas</p>
<p>del deseo, detrás de aquel llevado,</p>
<p>que me daba esperanza y me alumbraba. 30</p>
<p>Por un girón subimos de la roca,</p>
<p>cuyas paredes casi se juntaban,</p>
<p>y el suelo nos pedía pies y manos. 33</p>
<p>Cuando ya al borde superior llegamos</p>
<p>de la alta base, a un sitio descubierto</p>
<p>"Maestro -dije- ¿qué camino haremos?" 36</p>
<p>Y él me dijo: "No tuerzas ningún paso;</p>
<p>únicamente sígueme hacia el monte,</p>
<p>hasta que llegue alguna escolta sabia." 39</p>
<p>La cima, de tan alta, era invisible</p>
<p>y aún más pina la cuesta que la raya</p>
<p>que une el medio cuadrante con el centro. 42</p>
<p>Estaba muy cansado y exclamé:</p>
<p>"Oh dulce padre, vuélvete y advierte</p>
<p>que solo quedaré, si no te paras." 45</p>
<p>"Hijo -me contestó- sube hasta allí",</p>
<p>un repliegue más alto señalando</p>
<p>que por allí giraba todo el monte. 48</p>
<p>Tanto me espolearon sus palabras,</p>
<p>que me esforcé trepando tras de él</p>
<p>hasta que puse pies en la cornisa. 51</p>
<p>Nos sentamos los dos vueltos a oriente, 52</p>
<p>donde estaba el camino que subimos,</p>
<p>que siempre de mirar es agradable. 54</p>
<p>La vista dirigí primero abajo;</p>
<p>luego arriba, hacia el sol, y me admiraba</p>
<p>que nos hería por el lado izquierdo. 57</p>
<p>Bien comprendió el poeta que yo estaba</p>
<p>por el carro solar estupefacto,</p>
<p>que entre nosotros y Aquilón nacía. 60</p>
<p>Por lo cual me explicó: "Si los Gemelos 61</p>
<p>fuesen en compañía de ese espejo</p>
<p>que lleva la luz arriba y abajo, 63</p>
<p>verías al Zodiaco enrojecido</p>
<p>girar aún más cercano de las Osas,</p>
<p>si no saliera del camino usado. 66</p>
<p>Cómo pueda ocurrir, pensarlo puedes</p>
<p>si atentamente observas que Sión</p>
<p>en la tierra se opone a esta montaña; 69</p>
<p>un horizonte mismo tienen ambas</p>
<p>y hemisferios diversos; y el camino</p>
<p>que mal supiera recorrer Faetonte, 72</p>
<p>podrás ver cómo en ésta va por uno,</p>
<p>y por aquella por el otro lado,</p>
<p>si lo ves claro con la inteligencia." 75</p>
<p>"Cierto maestro -dije- que hasta ahora</p>
<p>no i claro, como lo discierno,</p>
<p>allí donde mi ingenio me faltaba, 78</p>
<p>que la mitad del cielo que alto gira,</p>
<p>que se llama Ecuador en algún arte, 80</p>
<p>y entre sol y entre invierno se halla siempre, 81</p>
<p>por la causa que dices, dista tanto</p>
<p>respecto al Septentrión, cuanto en Judea</p>
<p>lo contemplaban en la parte cálida. 84</p>
<p>Mas sabría gustoso, si quisieras,</p>
<p>cuánto habremos de andar; pues sube el monte</p>
<p>más de lo que subir pueden mis ojos." 87</p>
<p>Y él me dijo: "Este monte es de tal modo,</p>
<p>que siempre pesa al comenzar abajo;</p>
<p>y cuando más se sube, menos daña. 90</p>
<p>Y así cuando le sientas tan suave,</p>
<p>que te haga caminar ya tan ligero</p>
<p>como nave que empuja la corriente, 93</p>
<p>habrás llegado al fin de este sendero:</p>
<p>reposar allí espera tu fatiga.</p>
<p>Más no respondo, y esto lo sé cierto." 96</p>
<p>Y después de decir estas palabras,</p>
<p>oímos una voz cercana: "¡Acaso</p>
<p>necesites sentarte mucho antes!" 99</p>
<p>Los dos al escucharle nos volvimos,</p>
<p>y vimos a la izquierda un gran peñasco,</p>
<p>que antes ninguno habíamos notado. 102</p>
<p>Allí fuimos; y había allí personas</p>
<p>que estaban a la sombra de la piedra</p>
<p>como se pone el hombre por vagancia. 105</p>
<p>Y uno, que fatigado parecía, 106</p>
<p>se sentaba abrazando sus rodillas,</p>
<p>con el rostro inclinado puesto entre ellas. 108</p>
<p>"Oh mi dulce señor -dije- contempla</p>
<p>al que más negligente no verías</p>
<p>si la pereza fuese hermana suya." 111</p>
<p>Entonces se volvió, mirando atento,</p>
<p>levantando su rostro de los muslos:</p>
<p>"¡Sube tú, puesto que eres tan valiente!" 114</p>
<p>Supe quién era entonces, y el cansancio</p>
<p>que aún el aliento un poco me cortaba,</p>
<p>no me impidió acercarme a él; y cuando 117</p>
<p>estuve al lado, alzó la vista apenas</p>
<p>diciendo: " ¿Has entendido cómo el sol</p>
<p>lleva su carro por el hombro izquierdo?" 120</p>
<p>Sus gestos perezosos y sus breves</p>
<p>palabras me causaron leve risa;</p>
<p>Después: "Belacqua -dije- no me duelo 123</p>
<p>ya de ti; pero di, ¿por qué te sientas</p>
<p>aquf precisamente? ¿escolta esperas,</p>
<p>o la antigua costumbre te domina?" 126</p>
<p>Y él: "De qué sirve, hermano, el ir a arriba,</p>
<p>pues no me dejaría ir al castigo</p>
<p>el ángel del Señor que está en la puerta. 129</p>
<p>Es necesario que antes gire el cielo</p>
<p>sobre mí tantas veces, cuanto en vida,</p>
<p>pues que dejé para el final el llanto; 132</p>
<p>si es que antes no me ayuda la oración</p>
<p>de un corazón surgida que esté en gracia:</p>
<p>porque la otra en el cielo no se escucha." 135</p>
<p>Y ya delante de mí iba el poeta,</p>
<p>diciendo: "Vamos ven, mira que toca</p>
<p>el sol el meridiano, y en la orilla 138</p>
<p>cubre el pie de la noche ya Marruecos." 139</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_39">
</cite>
CANTO V</p>
</title>
<p>De esa sombra me había separado,</p>
<p>y seguía los pasos de mi guía,</p>
<p>cuando detrás de mí, su dedo alzando, 3</p>
<p>una gritó: "iMirad, que no iluminan</p>
<p>los rayos a la izquierda del de abajo,</p>
<p>y cual vivo parece comportarse!" 6</p>
<p>Volví los ojos al oír aquello,</p>
<p>y los vi que miraban asombrados,</p>
<p>sólo a mí, y a la luz que interceptaba. 9</p>
<p>"¿Tú ánimo por qué se enreda tanto</p>
<p>- dijo el maestro- que el andar retardas?</p>
<p>¿qué te importa lo que esos cuchichean? 12</p>
<p>Deja hablar a la gente y ven conmigo:</p>
<p>sé como aquella torre que no tiembla 14</p>
<p>nunca su cima aunque los vientos soplen; 15</p>
<p>pues aquel en quien bulle un pensamiento</p>
<p>sobre otro pensamiento, se extravía,</p>
<p>porque el fuego del uno ablanda al otro." 18</p>
<p>¿Qué podía decir si no: " Ya voy"?</p>
<p>Díjelo, más cubriéndome el color</p>
<p>que digno de perdón al hombre vuelve. 21</p>
<p>Mientras tanto a través de la ladera</p>
<p>una gente venía hacia nosotros,</p>
<p>cantando el "Miserere", verso a verso. 24</p>
<p>Cuando notaron que ocasión no daba</p>
<p>de atravesar los rayos con mi cuerpo,</p>
<p>por un gran "Oh" cambiaron su cantiga; 27</p>
<p>y dos de ellos, en forma de emisarios,</p>
<p>corrieron hacia mí y me preguntaron:</p>
<p>"Haznos saber de vuestra condición" 30</p>
<p>Y mi maestro: "Bien podéis marcharos</p>
<p>y a aquellos que os mandaron referirles</p>
<p>que el cuerpo de éste es carne verdadera. 33</p>
<p>Si al contemplar su sombra se pararon,</p>
<p>como yo creo, baste la respuesta:</p>
<p>hacedle honor, que acaso os aproveche." 36</p>
<p>Tan rápidos vapores encendidos</p>
<p>no vi rasgar el cielo en plena noche,</p>
<p>ni las nubes de agosto en el ocaso, 39</p>
<p>como aquellos a lo alto se volvieron,</p>
<p>y junto a los demás dieron la vuelta,</p>
<p>como un tropel sin freno hacia nosotros. 42</p>
<p>"Mucha es la gente que a nosotros viene,</p>
<p>y te quieren rogar -dijo el poeta-:</p>
<p>mas sigue andando, y caminando escucha." 45</p>
<p>"Oh alma que caminas con aquellos</p>
<p>miembros con que naciste, a ser dichoso,</p>
<p>- se acercaban gritando- aquieta el paso. 48</p>
<p>Mira si a alguno de nosotros viste,</p>
<p>para que de él allí noticias lleves:</p>
<p>¡Ah!, ¿por qué sigues? ¡Ah!, ¿por qué no paras? 51</p>
<p>Todos muertos violentamente fuimos,</p>
<p>y hasta el último instante pecadores;</p>
<p>la luz del cielo entonces nos dio juicio 54</p>
<p>y, arrepentidos, perdonando, fuera 55</p>
<p>salimos de la vida en paz con Dios,</p>
<p>y el deseo de verle nos aflige." 57</p>
<p>Y yo: "Por más que mire vuestros rostros</p>
<p>no os reconozco: mas si deseáis</p>
<p>algo que pueda hacer, buenos espíritus, 60</p>
<p>decidmelo y lo haré, por esa paz</p>
<p>que, detrás de los pasos de mi guía,</p>
<p>de mundo en mundo buscar se me hace." 63</p>
<p>Y uno repuso: "Todos nos fiamos 64</p>
<p>de tus bondades sin que nos lo jures,</p>
<p>si es que tu voluntad no es impedida. 66</p>
<p>Por lo que yo que hablé antes que los otros,</p>
<p>te ruego, que si ves esa comarca</p>
<p>que está entre la Romaña y la de Carlos, 69</p>
<p>que de tus ruegos me hagas cortesía</p>
<p>en Fano, y que por mi bien se suplique,</p>
<p>y las graves ofensas purgar pueda. 72</p>
<p>Allí nací, mas los profundos huecos</p>
<p>por los que huyó la sangre en que vivía,</p>
<p>en tierras de Antenor me fueron hechos, 75</p>
<p>donde estar confiaba más seguro:</p>
<p>que lo mandó el de Este, pues me odiaba 77</p>
<p>más de lo que el derecho lo permite. 78</p>
<p>Pero si hacia la Mira hubiese huido, 79</p>
<p>cuando fui sorprendido en Oriaco,</p>
<p>aun estaría donde se respira. 81</p>
<p>Corrí al pantano, donde cieno y cañas</p>
<p>estorbaron mi paso y me caí;</p>
<p>y vi mi sangre en tierra hacer un lago." 84</p>
<p>Luego otro dijo: "¡Ay, así el deseo 85</p>
<p>se cumpla que te trae a esta montaña,</p>
<p>con piedad bondadosa ayuda al mío! 87</p>
<p>Yo nací en Montefeltro, soy Bonconte;</p>
<p>Giovanna y los demás no me recuerdan, 89</p>
<p>y sigo a estos con la frente gacha." 90</p>
<p>Y le dije: "¿qué fuerza o qué aventura</p>
<p>de Campaldino te llevó tan lejos</p>
<p>que tu sepulcro nunca se ha encontrado?" 93</p>
<p>"Oh -me repuso-, al pie del Casentino 94</p>
<p>un agua corre que se llama Arquiano,</p>
<p>nace en los Apeninos, sobre el Ermo. 96</p>
<p>Donde su nombre ya no necesita, 97</p>
<p>llegué con una herida en la garganta,</p>
<p>huyendo a pie y ensangrentando el llano. 99</p>
<p>Allí perdí la vista, y mi palabra</p>
<p>terminó con el nombre de María,</p>
<p>y allí al caer mi carne quedó sola. 102</p>
<p>Te diré la verdad y tú a los vivos:</p>
<p>un ángel me cogió, y el del Infierno</p>
<p>gritaba: "Oh tú, el del Cielo, ¿por qué quieres 105</p>
<p>privarme de él, llevándote lo eterno,</p>
<p>porque una lagrimilla me lo quita?</p>
<p>mas yo tendré el gobierno de lo otro." 108</p>
<p>"Bien sabes que en el aire se recoge</p>
<p>el húmedo vapor que se hace agua,</p>
<p>en cuanto sube donde encuentra el frío. 111</p>
<p>Llegó aquel mal querer, que males busca 112</p>
<p>con su sabiduría, y humo y viento</p>
<p>movió con el poder de que es dotado. 114</p>
<p>El valle entonces, cuando cayó el día,</p>
<p>se cubrió desde el monte a Protomagno 116</p>
<p>de niebla; y todo el cielo se nubló, 117</p>
<p>y el aire denso convirtióse en agua;</p>
<p>cayó la lluvia, y vino a los barrancos</p>
<p>toda la que la tierra no absorbía; 120</p>
<p>y como se juntara en torrenteras,</p>
<p>tan veloz en el rfo principal</p>
<p>cayó, que nada pudo retenerla. 123</p>
<p>Mi cuerpo helado, en donde desemboca</p>
<p>halló al soberbio Arquiano: y éste al Arno</p>
<p>lo arrastró, deshaciendo de mi pecho 126</p>
<p>la cruz que hiciera del dolor vencido;</p>
<p>me volteó en la orilla y en el fondo,</p>
<p>y me cubrió y ciñó con sus botines." 129</p>
<p>"Ay, cuando al mundo regresado hayas,</p>
<p>y descansado de la larga ruta</p>
<p>- siguió un tercer espíritu al segundo- 132</p>
<p>recuerdame, soy Pía, me hizo Siena,</p>
<p>Maremma me deshizo: bien lo sabe</p>
<p>aquel que, luego de poner su anillo, 135</p>
<p>con su gema me había desposado." 136</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_40">
</cite>
CANTO VI</p>
</title>
<p>Cuando se acaba el juego de la zara,</p>
<p>el perdedor se queda algo mohino</p>
<p>y triste aprende, repitiendo lances; 3</p>
<p>con el otro se va toda la gente;</p>
<p>cuál va delante, cuál detrás le agarra,</p>
<p>cuál a su lado quiere darle coba; 6</p>
<p>él no se para y los escucha a todos;</p>
<p>a quien tiende la mano, al fin le suelta;</p>
<p>y así de aquel gentío se ve libre. 9</p>
<p>Tal entre aquella turba me encontraba,</p>
<p>de aquí y de allá volviéndoles el rostro,</p>
<p>y prometiendo me soltaba de ellos. 12</p>
<p>Estaba el Aretino, quien del brazo</p>
<p>fiero de Ghin de Tacco halló la muerte, 14</p>
<p>y el otro que se ahogó yendo de caza. 15</p>
<p>Suplicaba, tendiéndome las manos,</p>
<p>Federico Novello, y el de Pisa 17</p>
<p>que hiciera parecer fuerte a Marzucco. 18</p>
<p>Vi al conde Orso y su alma separada 19</p>
<p>de su cuerpo por odio y por envidia,</p>
<p>como decia, y no por culpa alguna. 21</p>
<p>Pier de la Broccia digo; y que provea, 22</p>
<p>mientras que aún está aquí, la de Brabante</p>
<p>si con peor rebaño andar no quiere. 24</p>
<p>Cuando ya me libré de todas esas</p>
<p>sombras que suplicaban otras súplicas,</p>
<p>porque su salvación les llegue antes, 27</p>
<p>yo comencé: " Parece que me niegas 28</p>
<p>expresamente, oh luz, en algún texto</p>
<p>que aplaque la oración leyes del cielo; 30</p>
<p>y esta gente por ello sólo ruega:</p>
<p>¿es que vanas son pues sus esperanzas,</p>
<p>o es que no he comprendido bien tu texto?" 33</p>
<p>Y él me dijo: "Es sencilla mi escritura;</p>
<p>y en esperar ninguno se equivoca,</p>
<p>si con la mente clara bien se mira; 36</p>
<p>pues la cima del juicio no se allana</p>
<p>porque el fuego de amor cumpla en un punto</p>
<p>lo que satisfacer aquí se espera; 39</p>
<p>y allí donde hice tal afirmación,</p>
<p>no se enmendaba, por rezar, la culpa,</p>
<p>pues la oración de Dios estaba lejos. 42</p>
<p>No te fijes en dudas tan profundas</p>
<p>sino tan sólo en lo que diga aquella</p>
<p>que entre mente y la verdad alumbre. 45</p>
<p>No sé si entiendes: de Beatriz te hablo;</p>
<p>arriba la verás, sobre la cima</p>
<p>de este monte, dichosa y sonriendo." 48</p>
<p>Y yo: "Señor, vayamos más aprisa,</p>
<p>que ya no estoy cansado como antes,</p>
<p>y ya veo que el monte arroja sombra." 51</p>
<p>" Caminaremos mientras dure el día</p>
<p>- él me repuso- el tiempo que podamos;</p>
<p>mas no es la cosa como la imaginas. 54</p>
<p>Antes de estar arriba, volverás</p>
<p>a ver aquel que oculta la ladera,</p>
<p>de modo que sus rayos ya no rompes. 57</p>
<p>Pero mira aquel alma que allá inmóvil,</p>
<p>completamente sola, nos contempla:</p>
<p>el camino más corto ha de mostrarnos. 60</p>
<p>Nos acercamos: ¡oh ánima lombarda</p>
<p>qué altiva y desdeñosa aparecías,</p>
<p>qué noble y lenta en el mover los ojos! 63</p>
<p>Ella no nos decía una palabra,</p>
<p>mas nos dejaba andar, sólo mirando</p>
<p>a guisa de león cuando reposa. 66</p>
<p>Mas Virgilio acercóse a él, pidiendo</p>
<p>que nos mostrase la mejor subida;</p>
<p>pero a su ruego nada respondió, 69</p>
<p>mas de nuestro país y nuestra vida</p>
<p>nos preguntó; y mi guía comenzaba</p>
<p>"Mantua…" y la sombra, toda en ella absorta, 72</p>
<p>vino hacia él del sitio en que se hallaba</p>
<p>diciendo: "¡Oh mantuano, soy Sordello,</p>
<p>soy de tu misma tierra!", y se abrazaron. 75</p>
<p>¡Ah esclava Italia, albergue de dolores, 76</p>
<p>nave sin timonel en la borrasca,</p>
<p>burdel, no soberana de provincias! 78</p>
<p>Aquel alma gentil tan prestamente,</p>
<p>sólo al oír el nombre de su tierra,</p>
<p>comenzó a festejar a su paisano, 81</p>
<p>y en ti ahora sin guerras no se hallan</p>
<p>tus vivos, y se muerden unos a otros,</p>
<p>los que un foso y un muro mismo encierran. 84</p>
<p>Busca, mísera, en torno de tus costas</p>
<p>tus playas, y después mira en el centro,</p>
<p>si alguna parte en ti de paz disfruta. 87</p>
<p>¿De qué vale que el freno te pusiera, 88</p>
<p>Justiniano, si nadie hay en la silla?</p>
<p>Menor fuera sin ése la vergüenza. 90</p>
<p>Ah gentes que debíais ser devotas,</p>
<p>y consentir al César en su trono, 92</p>
<p>si aquello que Dios manda comprendieseis, 93</p>
<p>esa fiera mirad cuán indomable, 94</p>
<p>por no ser corregida por la espuela,</p>
<p>al poner en las riendas vuestras manos. 96</p>
<p>¡Oh tú, tedesco Alberto, que la dejas 97</p>
<p>al verla tan salvaje y tan indómita,</p>
<p>y debiste apretarle los ijares, 99</p>
<p>caiga de las estrellas justo juicio</p>
<p>sobre tu sangre, y sea nuevo y claro,</p>
<p>tal que tu sucesor le tenga miedo! 102</p>
<p>Pues habéis consentido tú y tu padre,</p>
<p>por la codicia de eso distraídos,</p>
<p>que el jardín del imperio esté desierto. 105</p>
<p>Ven y vé a Capuletos y Montescos, 106</p>
<p>Filipeschos, Monaldos, ah, indolente,</p>
<p>esos ya tristes, y estos con recelos! 108</p>
<p>¡Ven, cruel, ven y vé la tirania</p>
<p>de tus nobles, y cura sus desmanes;</p>
<p>verás a Santaflora tan oscura! 111</p>
<p>Ven y contempla tu Roma llorando</p>
<p>viuda y sola, llamando noche y día:</p>
<p>" Oh mi César, por qué no me acompañas?" 114</p>
<p>¡Verás lo mucho que se quieren todos!</p>
<p>y si a piedad ninguna te movemos,</p>
<p>ven y tendrás vergüenza de tu fama. 117</p>
<p>Y si me es permitido, oh sumo Jove 118</p>
<p>que por nosotros en cruz te pusieron,</p>
<p>¿es que has vuelto los ojos a otra parte? 120</p>
<p>¿o te estás preparando, en el abismo</p>
<p>de tus designios, para hacer un bien</p>
<p>que se escapa del todo a nuestra mente? 123</p>
<p>Pues llenas de tiranos las ciudades</p>
<p>están de Italia toda, y un Marcelo 125</p>
<p>se vuelve cualquier ruin que entra en un bando. 126</p>
<p>Puedes estar contenta, ah, mi Florencia,</p>
<p>por esta digresión que no te alcanza,</p>
<p>pues se las sabe solventar tu pueblo. 129</p>
<p>La justicia en su pecho muchos guardan,</p>
<p>y, prudentes, disparan tarde el arco;</p>
<p>mas tu pueblo la tiene en plena boca. 132</p>
<p>Muchos rechazan cargos oficiales,</p>
<p>mas tu pueblo solícito responde</p>
<p>sin ser llamado, y grita: "iYo lo acepto!" 135</p>
<p>¡Alégrate, porque motivos tienes:</p>
<p>tú rica, tú con paz, y tú prudente!</p>
<p>De si digo verdad, están las muestras. 138</p>
<p>Las Atenas y Espartas, que inventaron</p>
<p>las viejas leyes tan civilizadas</p>
<p>del bien vivir, hicieron débil prueba 141</p>
<p>comparadas contigo, pues que haces</p>
<p>tan sutiles decretos, que a noviembre</p>
<p>los que hiciste en octubre nunca llegan. 144</p>
<p>Hasta donde recuerdo, ¿cuántas veces</p>
<p>leyes, monedas, hábitos y oficios,</p>
<p>has mudado, y cambiado de habitantes? 147</p>
<p>Y si te acuerdas bien y lo ves claro,</p>
<p>te verás semejante a aquella enferma</p>
<p>que no encuentra reposo sobre plumas, 150</p>
<p>mas dando vueltas calma sus dolores.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_41">
</cite>
CANTO VII</p>
</title>
<p>Los saludos corteses y dichosos</p>
<p>por tres y cuatro veces reiterados,</p>
<p>Sordello se apartó y dijo: "¿Quién sois?" 3</p>
<p>"Antes de que llegaran a este monte</p>
<p>las almas dignas de subir a Dios,</p>
<p>Octavio dio a mis huesos sepultura. 6</p>
<p>Yo soy Virgilio; y por culpa ninguna,</p>
<p>salvo el no tener fe, perdí los cielos."</p>
<p>Así repuso entonces mi maestro. 9</p>
<p>Como queda quien ve súbitamente</p>
<p>algo maravilloso frente a él,</p>
<p>que cree y que no, diciendo "Es…, o no es…", 12</p>
<p>aquel así; después bajó los ojos, 13</p>
<p>y se volvió hacia él humildemente,</p>
<p>y le abrazó donde el menor se agarra. 15</p>
<p>"Gloria de los latinos, por el cual</p>
<p>mostró cuánto podia nuestra lengua,</p>
<p>oh prez eterna, del pueblo natal, 18</p>
<p>qué mérito o qué gracia a mí te muestra?</p>
<p>Si de escuchar soy digno tus palabras,</p>
<p>dime si acaso vienes del infierno." 21</p>
<p>"Por los recintos todos de aquel reino</p>
<p>doliente, aquí he llegado -respondió-</p>
<p>y, enviado del cielo, con él vengo. 24</p>
<p>Perdí, no por hacer, mas por no hacer, 25</p>
<p>el ver el alto sol que tú deseas,</p>
<p>pues que fue tarde por mí conocido. 27</p>
<p>No entristecen martirios aquel sitio</p>
<p>sino tinieblas sólo; y los lamentos</p>
<p>no suenan como ayes, son suspiros. 30</p>
<p>Allí estoy con los niños inocentes</p>
<p>del diente de la muerte antes mordidos</p>
<p>que de la humana culpa fueran libres. 33</p>
<p>Con aquellos estoy que las tres santas</p>
<p>virtudes no vistieron, mas sin vicio</p>
<p>supieron y siguieron las restantes. 36</p>
<p>Mas si sabes y puedes, un indicio</p>
<p>danos, con que poder llegar más pronto</p>
<p>a donde el purgatorio da comienzo." 39</p>
<p>Respondió: "Un lugar fijo no me han puesto; 40</p>
<p>y me es licito andar por todos lados;</p>
<p>te acompaño cual gu(a mientras pueda. 42</p>
<p>Pero contempla cómo cae el día,</p>
<p>y subir por la noche no se puede;</p>
<p>será bueno pensar en un refugio. 45</p>
<p>A la derecha hay almas retiradas;</p>
<p>si lo permites, a ellas te conduzco,</p>
<p>y te dará placer el conocerlas. 48</p>
<p>"¿Cómo es eso? -repuso- ¿quien quisiese</p>
<p>subir de noche, se lo impediría</p>
<p>alguno, o es que él mismo no pudiera? 51</p>
<p>Y el buen Sordello en tierra pasó el dedo</p>
<p>diciendo: "¿Ves?, ni siquiera esta raya</p>
<p>pasarías después de que anochezca: 54</p>
<p>no porque haya otra cosa que te impida</p>
<p>subir, sino las sombras de la noche;</p>
<p>que, de impotencia, quitan los deseos. 57</p>
<p>Con ellas bien podrías descender</p>
<p>y caminar en torno de la cuestra,</p>
<p>mientras que al día encierra el horizonte." 60</p>
<p>Entonces mi señor, casi admirado, 61</p>
<p>"llévanos -dijo- donde nos contaste,</p>
<p>pues podrá ser gozosa la demora". 63</p>
<p>De allí poco alejados estuvimos,</p>
<p>cuando noté que el monte estaba hendido,</p>
<p>del modo como un valle aquí los hiende. 66</p>
<p>"Allí -dijo la sombra-, marcharemos</p>
<p>donde la cuesta hace de sí un regazo;</p>
<p>y esperaremos allí el nuevo día." 69</p>
<p>Entre llano y pendiente, un tortuoso</p>
<p>camino nos condujo hasta la parte</p>
<p>del valle de laderas menos altas. 72</p>
<p>Oro, albayalde, grana y plata fina,</p>
<p>indigo, leño lúcido y sereno,</p>
<p>fresca esmeralda al punto en que se quiebra, 75</p>
<p>por las hierbas y flores de aquel valle,</p>
<p>sus colores serían derrotados,</p>
<p>como el mayor derrota al más pequeño. 78</p>
<p>No pintó solamente alll natura,</p>
<p>mas con la suavidad de mil olores,</p>
<p>incógnito, indistinto, uno creaba. 81</p>
<p>Salve Regina, sobre hierba y flores 82</p>
<p>sentadas, vi a unas almas que cantaban,</p>
<p>que no vimos por fuera de aquel valle. 84</p>
<p>"Antes que el poco sol vuelva a su nido</p>
<p>- comenzó nuestro guta el Mantuano-</p>
<p>no pretendáis que entre esos os conduzca. 87</p>
<p>Mejor desde esta loma las acciones</p>
<p>y los rostros veréis de cada uno,</p>
<p>que mezclados con ellos allá abajo. 90</p>
<p>Quien más alto se sienta y que parece 91</p>
<p>desatender aquello que debiera,</p>
<p>y no mueve la boca con los otros, 93</p>
<p>Rodolfo fue, que pudo, con su imperio,</p>
<p>sanar las plagas que han matado a Italia,</p>
<p>y así tarde el remedio de otros llega. 96</p>
<p>Aquel que le consuela con la vista, 97</p>
<p>rigió la tierra donde el agua nace</p>
<p>que al Albia el Molda, el Albia al mar se lleva. 99</p>
<p>Otocar se llamó, y desde la infancia</p>
<p>fue mejor que el barbudo Wenceslao,</p>
<p>su hijo que lujuria y ocio pace. 102</p>
<p>Y aquel chatito que charla muy junto 103</p>
<p>con aquel de un aspecto tan benigno, 104</p>
<p>murió escapando y desflorando el lirio: 105</p>
<p>¡Ved allí cómo el pecho se golpea!</p>
<p>Mirad al otro que ha hecho a su mano</p>
<p>de su mejilla, suspirando, lecho. 108</p>
<p>Del mal de Francia son el padre y suegro: 109</p>
<p>saben su villa sucia y enviciada;</p>
<p>de esto viene el dolor que les lancea. 111</p>
<p>Aquel tan corpulento que acompasa 112</p>
<p>su canto con aquel tan narigudo, 113</p>
<p>de toda las virtudes ciñó cuerda; 114</p>
<p>y si rey después de él hubiera sido</p>
<p>el jovencito sentado detrás, 116</p>
<p>iría la virtud de vaso en vaso. 117</p>
<p>No es lo mismo los otros herederos; 118</p>
<p>tienen el trono Jaime y Federico;</p>
<p>mas el lote mejor ninguno tiene. 120</p>
<p>Raras veces renace por las ramas</p>
<p>la probidad humana; y esto quiere</p>
<p>quien la otorga, para que la pidamos. 123</p>
<p>También esto concierne al narigudo 124</p>
<p>y no menos que a Pedro, con quien canta,</p>
<p>de quien Pulla y Provenza se lamentan. 126</p>
<p>Tan inferior la planta es a su grano, 127</p>
<p>cuanto, más que Beatriz y Margarita,</p>
<p>Constanza del marido se envanece. 129</p>
<p>Mirad al rey de la vida sencilla 130</p>
<p>sentado aparte, Enrique de Inglaterra:</p>
<p>el vástago mejor tiene en sus ramas. 132</p>
<p>Aquel que está más bajo echado en tierra, 133</p>
<p>mirando arriba, es Guillermo el marqués,</p>
<p>por quien a Alejandría y sus batallas 135</p>
<p>lloran el Canavés y Monferrato.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_42">
</cite>
CANTO VIII</p>
</title>
<p>Era la hora en que quiere el deseo</p>
<p>enternecer el pecho al navegante,</p>
<p>cuando de sus amigos se despide; 3</p>
<p>y que de amor el nuevo peregrino</p>
<p>sufre, si escucha lejos una esquila,</p>
<p>que parece llorar el día muerto; 6</p>
<p>cuando yo comencé a dejar de oír,</p>
<p>y a mirar hacia un alma que se alzaba</p>
<p>pidiendo con la mano que la oyeran. 9</p>
<p>Juntó y alzó las palmas, dirigiendo</p>
<p>los ojos hacia oriente, de igual modo</p>
<p>que si dijese a Dios: "Sólo en ti pienso." 12</p>
<p>Con tanta devoción Te lucis ante 13</p>
<p>le salió de la boca en dulces notas,</p>
<p>que le hizo a mi mente enajenarse; 15</p>
<p>y las otras después dulces y pías</p>
<p>seguir tras ella, completando el himno,</p>
<p>puestos los ojos en la extrema esfera. 18</p>
<p>A la verdad aguza bien los ojos, 19</p>
<p>lector, que el velo ahora es tan sutil,</p>
<p>que es fácil traspasarlo ciertamente. 21</p>
<p>Yo aquel gentil ejército veía</p>
<p>callado luego contemplar el suelo,</p>
<p>como esperando pálido y humilde; 24</p>
<p>y vi salir de lo alto y descender</p>
<p>dos ángeles con dos ardientes gladios 26</p>
<p>truncos y de la punta desprovistos. 27</p>
<p>Verdes como las hojas más tempranas</p>
<p>sus ropas eran, y las verdes plumas</p>
<p>por detrás las batfan y aventaban. 30</p>
<p>Uno se puso encima de nosotros,</p>
<p>y bajó el otro por el lado opuesto,</p>
<p>tal que en medio las gentes se quedaron. 33</p>
<p>Bien distinguía su cabeza rubia;</p>
<p>mas su rostro la vista me turbaba,</p>
<p>cual facultad que a demasiado aspira. 36</p>
<p>"Vinieron del regazo de María</p>
<p>- dijo Sordello- a vigilar el valle,</p>
<p>por la serpiente que vendrá muy pronto." 39</p>
<p>Y yo, que no sabía por qué sitio,</p>
<p>me volví alrededor y me estreché</p>
<p>a las fieles espaldas, todo helado. 42</p>
<p>"Ahora bajemos -añadió Sordello-</p>
<p>entre las grandes sombras para hablarles;</p>
<p>pues el veros muy grato habrá de serles." 45</p>
<p>Sólo tres pasos creo que había dado</p>
<p>y abajo estuve; y vi a uno que miraba 47</p>
<p>hacia mí, pareciendo conocerme. 48</p>
<p>Tiempo era ya que el aire oscureciera,</p>
<p>mas no tal que sus ojos y los míos</p>
<p>lo que antes se ocultaba no advirtiesen. 51</p>
<p>Hacia mí vino, y yo me fui hacia él:</p>
<p>cuánto me complació, gentil juez Nino,</p>
<p>cuando vi que no estabas con los reos. 54</p>
<p>Ningún bello saludo nos callamos</p>
<p>luego me preguntó: " ¿Cuándo llegaste</p>
<p>al pie del monte por lejanas aguas?" 57</p>
<p>"Oh -dije- vine por los tristes reinos</p>
<p>esta mañana, en mi primera vida,</p>
<p>aunque la otra, andando así, pretendo." 60</p>
<p>Y cuando fue escuchada mi respuesta,</p>
<p>Sordello y él se echaron hacia atrás</p>
<p>como gente de súbito turbada. 63</p>
<p>Volvióse uno a Virgilio, el otro a alguien 64</p>
<p>sentado allí y gritó: "¡Mira, Conrado!</p>
<p>ven a ver lo que Dios por gracia quiere." 66</p>
<p>Y vuelto a mí: " Por esa rara gracia</p>
<p>que debes al que de ese modo esconde</p>
<p>sus primeros porqués, que no se entienden, 69</p>
<p>cuando hayas vuelto a atravesar las ondas</p>
<p>di a mi Giovanna que en mi nombre implore, 71</p>
<p>en donde se responde a la inocencia. 72</p>
<p>No creo que su madre ya me ame 73</p>
<p>luego que se cambió las blancas tocas,</p>
<p>que conviene que, aún, ¡pobre!, las quisiera. 75</p>
<p>Por ella fácilmente se comprende</p>
<p>cuánto en mujer el fuego de amor dura,</p>
<p>si la vista o el tacto no lo encienden. 78</p>
<p>Tan bella sepultura no alzaría 79</p>
<p>la sierpe del emblema de Milán,</p>
<p>como lo haría el gallo de Gallura." 81</p>
<p>Así dijo, y mostraba señalado</p>
<p>su aspecto por aquel amor honesto</p>
<p>que en el pecho se enciende con mesura. 84</p>
<p>Yo alzaba ansioso al cielo la mirada,</p>
<p>adonde son más tardas las estrellas,</p>
<p>como la rueda más cercana al eje. 87</p>
<p>Y mi guía: " ¿Qué miras, hijo, en lo alto?"</p>
<p>Y yo le dije: "Aquellas tres antorchas</p>
<p>por las que el polo todo hasta aquí arde." 90</p>
<p>Y él respondió: " Las cuatro estrellas claras</p>
<p>que esta mañana vimos, han bajado</p>
<p>y éstas en su lugar han ascendido" 93</p>
<p>Mientras hablaba cogióle Sordello</p>
<p>diciendo: "Ved allá a nuestro adversario";</p>
<p>y para que mirase alzó su dedo. 96</p>
<p>De aquella parte donde se abre el valle</p>
<p>había una serpiente, acaso aquella</p>
<p>que le dio a Eva el alimento amargo. 99</p>
<p>Entre flores y hierba iba el reptil,</p>
<p>volviendo la cabeza, y sus espaldas</p>
<p>lamiendo como bestia que se limpia. 102</p>
<p>Yo no lo vi, y por eso no lo cuento,</p>
<p>qué hicieron los azores celestiales;</p>
<p>pero bien vi moverse a uno y a otro. 105</p>
<p>Al escuchar hendir las verdes alas,</p>
<p>escapó la serpiente, y regresaron</p>
<p>a su lugar los ángeles a un tiempo. 108</p>
<p>La sombra que acercado al juez se había 109</p>
<p>cuando este la llamó, mientras la lucha</p>
<p>no dejó ni un momento de mirarme. 111</p>
<p>" Así la luz que a lo alto te conduce</p>
<p>encuentre en tu servicio tanta cera,</p>
<p>cuanta hasta el sumo esmalte necesites, 114</p>
<p>- comenzó- si noticia verdadera</p>
<p>de Val de Magra o de parte vecina</p>
<p>conoces, dímela, que allí fui grande. 117</p>
<p>Me llamaba Corrado Malaspina;</p>
<p>no el antiguo, sino su descendiente; 119</p>
<p>a mis deudos amé, y he de purgarlo. 120</p>
<p>"Oh -yo le dije- por vuestras comarcas 121</p>
<p>no estuve nunca; pero no hay un sitio</p>
<p>en toda Europa que las desconozca. 123</p>
<p>La fama con que se honra vuestra casa, 124</p>
<p>celebra a los señores y a sus tierras,</p>
<p>tal que sin verlas todos las conocen. 126</p>
<p>Y yo os juro que, así vuelva yo arriba,</p>
<p>vuestra estirpe honorable no desdora</p>
<p>el precio de la bolsa y de la espada. 129</p>
<p>Uso y natura así la privilegian, 130</p>
<p>que aunque el malvado jefe tuerza el mundo, 131</p>
<p>derecha va y desprecia el mal camino." 132</p>
<p>y él: "Marcha pues, que el sol no ha de ocupar 133</p>
<p>siete veces el lecho que el Carnero</p>
<p>cubre y abarca con sus cuatro patas, 135</p>
<p>sin que esta opinión tuya tan cortés</p>
<p>claven en tu cabeza con mayores</p>
<p>clavos que las palabras de los otros, 138</p>
<p>si el transcurrir dispuesto no se para."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_43">
</cite>
CANTO IX</p>
</title>
<p>Del anciano Titón la concubina</p>
<p>emblanquecía en el balcón de oriente,</p>
<p>fuera ya de los brazos de su amigo; 3</p>
<p>en su frente las gemas relucían</p>
<p>puestas en forma del frío animal</p>
<p>que con la cola a la gente golpea; 6</p>
<p>la noche, de los pasos con que asciende,</p>
<p>dos llevaba en el sitio en donde estábamos,</p>
<p>y el tercero inclinaba ya las alas; 9</p>
<p>cuando yo, que de Adán algo conservo,</p>
<p>adormecido me tumbé en la hierba</p>
<p>donde los cinco estábamos sentados. 12</p>
<p>Cuando a sus tristes layes da comienzo</p>
<p>la golondrina al tiempo de alborada,</p>
<p>acaso recordando el primer llanto, 15</p>
<p>y nuestra mente, menos del pensar</p>
<p>presa, y más de la carne separada,</p>
<p>casi divina se hace a sus visiones, 18</p>
<p>creí ver, en un sueño, suspendida</p>
<p>un águila en el cielo, de áureas plumas,</p>
<p>con las alas abiertas y dispuesta 21</p>
<p>a descender, allí donde a los suyos</p>
<p>dejara abandonados Ganimedes,</p>
<p>arrebatado al sumo consistorio. 24</p>
<p>¡Acaso caza ésta por costumbre</p>
<p>aquí -pensé-, y acaso de otro sitio</p>
<p>desdeña arrebatar ninguna presa! 27</p>
<p>Luego me pareció que, tras dar vueltas,</p>
<p>terrible como el rayo descendía,</p>
<p>y que arriba hasta el fuego me llevaba. 30</p>
<p>Allí me pareció que ambos ardíamos;</p>
<p>y el incendio soñado me quemaba</p>
<p>tanto, que el sueño tuvo que romperse. 33</p>
<p>No de otro modo se inquietara Aquiles,</p>
<p>volviendo en torno los despiertos ojos</p>
<p>y no sabiendo dónde se encontraba, 36</p>
<p>cuando su madre de Quirón a Squira</p>
<p>en sus brazos dormido le condujo,</p>
<p>donde después los griegos lo sacaron; 39</p>
<p>cual yo me sorprendí, cuando del rostro 40</p>
<p>el sueño se me fue, y me puse pálido,</p>
<p>como hace el hombre al que el espanto hiela. 42</p>
<p>Sólo estaba a mi lado mi consuelo,</p>
<p>y el sol estaba ya dos horas alto, 44</p>
<p>y yo la cara al mar tenía vuelta. 45</p>
<p>"No tengas miedo -mi señor me dijo-;</p>
<p>cálmate, que a buen puerto hemos llegado;</p>
<p>no mengües, mas alarga tu entereza. 48</p>
<p>Acabas de llegar al Purgatorio:</p>
<p>ve la pendiente que en redor le cierra;</p>
<p>y ve la entrada en donde se interrumpe. 51</p>
<p>Antes, al alba que precede al día,</p>
<p>cuando tu alma durmiendo se encontraba,</p>
<p>sobre las flores que aquel sitio adornan, 54</p>
<p>vino una dama, y dijo: "Soy Lucía;</p>
<p>deja que tome a éste que ahora duerme;</p>
<p>así le haré más fácil el camino." 57</p>
<p>Sordello se quedó, y las otras formas;</p>
<p>Te cogió y cuando el día clareaba,</p>
<p>vino hacia arriba y yo tras de tus pasos. 60</p>
<p>Te dejó aquí, mas me mostraron antes</p>
<p>sus bellos ojos esa entrada; y luego</p>
<p>ella y tu sueño a una se marcharon." 63</p>
<p>Como un hombre que sale de sus dudas</p>
<p>y que cambia en sosiego sus temores,</p>
<p>después que la verdad ha descubierto, 66</p>
<p>cambié yo; y como sin preocupaciones</p>
<p>me vio mi guía, por la escarpadura</p>
<p>anduvo, y yo tras él hacia lo alto. 69</p>
<p>Lector, observarás cómo realzo</p>
<p>mis argumentos, y aún con más arte</p>
<p>si los refuerzo, no te maravilles. 72</p>
<p>Nos acercamos hasta el mismo sitio</p>
<p>que antes me había parecido roto,</p>
<p>como una brecha que un muro partiera, 75</p>
<p>vi una puerta, y tres gradas por debajo</p>
<p>para alcanzarla, de colores varios,</p>
<p>y un portero que aún nada había dicho. 78</p>
<p>Y como yo aún los ojos más abriera,</p>
<p>le vi sentado en la grada más alta,</p>
<p>con tal rostro que no pude mirarlo; 81</p>
<p>y una espada tenía entre las manos,</p>
<p>que los rayos así nos reflejaba,</p>
<p>que en vano a ella dirigí mi vista. 84</p>
<p>"Decidme desde allí: ¿Qué deseáis</p>
<p>- él comenzó a decir- ¿y vuestra escolta?</p>
<p>No os vaya a ser dañosa la venida." 87</p>
<p>"Una mujer del cielo, que esto sabe,</p>
<p>- le respondió el maestro- nos ha dicho</p>
<p>antes, id por allí, que está la puerta." 90</p>
<p>"Y ella bien ha guiado vuestros pasos</p>
<p>- cortésmente el portero nos repuso-:</p>
<p>venid pues y subid los escalones. 93</p>
<p>Allí subimos; y el primer peldaño 94</p>
<p>era de mármol blanco y tan pulido,</p>
<p>que en él me espejeé tal como era. 96</p>
<p>Era el segundo oscuro más que el perso</p>
<p>hecho de piedra áspera y reseca,</p>
<p>agrietado a lo largo y a lo ancho. 99</p>
<p>El tercero que encima descansaba,</p>
<p>me pareció tan llameante pórfido,</p>
<p>cual la sangre que escapa de las venas. 102</p>
<p>Encima de éste colocaba el ángel</p>
<p>de Dios, sus plantas, al umbral sentado,</p>
<p>que piedra de diamante parecía. 105</p>
<p>Por los tres escalones, de buen grado,</p>
<p>el guía me llevó, diciendo: "Pide</p>
<p>humildemente que abran el cerrojo." 108</p>
<p>A los pies santos me arrojé devoto;</p>
<p>y pedí que me abrieran compasivos,</p>
<p>mas antes di tres golpes en mi pecho. 111</p>
<p>Siete P, con la punta de la espada, 112</p>
<p>en mi frente escribió: "Lavar procura</p>
<p>estas manchas -me dijo- cuando entres." 114</p>
<p>La ceniza o la tierra seca eran 115</p>
<p>del color mismo de sus vestiduras;</p>
<p>y de debajo se sacó dos llaves. 117</p>
<p>Era de plata una y la otra de oro;</p>
<p>con la blanca y después con la amarilla</p>
<p>algo que me alegró le hizo a la puerta. 120</p>
<p>"Cuando cualquiera de estas llaves falla,</p>
<p>y no da vueltas en la cerradura</p>
<p>- dijo él- esta entrada no se abre. 123</p>
<p>Más rica es una; pero la otra, antes</p>
<p>de abrir, requiera más ingenio y arte,</p>
<p>porque es aquella que el nudo desata. 126</p>
<p>Me las dio Pedro; y díjome que errase</p>
<p>antes en el abrirla que en cerrarla,</p>
<p>mientras la gente en tierra se prosterne." 129</p>
<p>Después empujó la puerta sagrada,</p>
<p>diciéndonos: "Entrad, pero os advierto</p>
<p>que vuelve afuera aquel que atrás mirase." 132</p>
<p>Y al girar en sus goznes las esquinas</p>
<p>de aquellas sacras puertas, que de fuertes</p>
<p>y sonoros metales están hechas, 135</p>
<p>no rechinó ni se mostró tan dura</p>
<p>Tarpeya, cuando al bueno de Metelo</p>
<p>la arrebataron, y quedó arruinada. 138</p>
<p>Yo me volví con el sonar primero,</p>
<p>y Te Deum Laudamus parecía 140</p>
<p>escucharse en la voz y en dulces sones. 141</p>
<p>Tal imagen al punto me venía</p>
<p>de lo que oía, como la que suele</p>
<p>cuando cantar con órgano se escucha; 144</p>
<p>que ahora no, que ahora sí, se entiende el texto.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_44">
</cite>
CANTO X</p>
</title>
<p>Y al cruzar el umbral de aquella puerta</p>
<p>que el mal amor del alma hace tan rara,</p>
<p>pues que finge derecho el mal camino, 3</p>
<p>resonando sentí que la cerraban;</p>
<p>y si la vista hubiese vuelto a ella,</p>
<p>¿con qué excusara falta semejante? 6</p>
<p>Ascendimos por una piedra hendida,</p>
<p>que se movía de uno y de otro lado</p>
<p>como la ola que huye y se aleja. 9</p>
<p>"Aquí es preciso usar de la destreza</p>
<p>- dijo mi guía- y que nos acerquemos</p>
<p>aquí y allá del lado que se aparta." 12</p>
<p>Y esto nos hizo retardar el paso,</p>
<p>tanto que antes el resto de la luna</p>
<p>volvió a su lecho para cobijarse, 15</p>
<p>que aquel desfiladero abandonásemos; 16</p>
<p>mas al estar ya libres y a lo abierto,</p>
<p>donde el monte hacia atrás se replegaba, 18</p>
<p>cansado yo, y los dos sobre la ruta</p>
<p>inciertos, nos paramos en un sitio</p>
<p>más solo que un camino en el desierto. 21</p>
<p>Desde el borde que cae sobre el vacío,</p>
<p>al pie del alto farallón que asciende,</p>
<p>tres veces mediría el cuerpo humano; 24</p>
<p>y hasta donde alcanzaba con los ojos,</p>
<p>por el derecho y el izquierdo lado,</p>
<p>esa cornisa igual me parecía. 27</p>
<p>Nuestros pies no se habían aún movido</p>
<p>cuando noté que la pared aquella,</p>
<p>que no daba derecho de subida, 30</p>
<p>era de mármol blanco y adornado</p>
<p>con relieves, que no ya a Policleto, 32</p>
<p>a la naturaleza vencerían. 33</p>
<p>El ángel que a la tierra trajo anuncio</p>
<p>de aquella paz llorada tantos años,</p>
<p>que abrió los cielos tras veto tan largo, 36</p>
<p>tan verdadero se nos presentaba</p>
<p>aquí esculpido en gesto tan suave,</p>
<p>que imagen muda no nos parecía. 39</p>
<p>Jurado habria que él decía: "¡Ave!"</p>
<p>porque representada estaba aquella</p>
<p>que tiene llave del amor supremo; 42</p>
<p>e impresas en su gesto estas palabras</p>
<p>"Ecce ancilla Dei", del modo</p>
<p>con que en cera se imprime una figura. 45</p>
<p>"En un lugar tan sólo no te fijes</p>
<p>- dijo el dulce maestro, que en el lado</p>
<p>donde se tiene el corazón me puso. 48</p>
<p>Por lo que yo volví la vista, y vi</p>
<p>tras de María, por aquella parte</p>
<p>donde se hallaba quien me dirigía, 51</p>
<p>otra historia en la roca figurada;</p>
<p>y me acerqué, cruzando ante Virgilio,</p>
<p>para verla mejor ante mis ojos. 54</p>
<p>Allí en el mismo mármol esculpido 55</p>
<p>estaban carro y bueyes con el arca</p>
<p>que hace temible el no mandado oficio. 57</p>
<p>Delante había gente; y toda ella</p>
<p>en siete coros, que mis dos sentidos</p>
<p>uno decía: "No", y otro: "Sí canta." 60</p>
<p>Y al igual con el humo del incienso</p>
<p>representado, la nariz y el ojo</p>
<p>entre el no y entre el sí tuvieron pugna. 63</p>
<p>Ante el bendito vaso daba brincos</p>
<p>el humilde salmista arremangado,</p>
<p>más y menos que rey en ese instante. 66</p>
<p>Frente a él, figurada en la azotea,</p>
<p>de un gran palacio, Micol se asombraba</p>
<p>como mujer despreciativa y triste. 69</p>
<p>Moví los pies del sitio en donde estaba,</p>
<p>para ver otra historia más de cerca,</p>
<p>que detrás de Micol resplandecía. 72</p>
<p>Aquí estaba historiada la alta gloria 73</p>
<p>del principe romano, a quien Gregorio</p>
<p>hizo por sus virtudes victorioso; 75</p>
<p>hablo de aquel emperador Trajano;</p>
<p>y de una viuda que cogióle el freno,</p>
<p>de dolor traspasada y de sollozos. 78</p>
<p>Había en torno a él gran muchedumbre</p>
<p>de caballeros, y las águilas áureas</p>
<p>sobre ellos se movían con el viento. 81</p>
<p>La pobrecilla entre todos aquellos</p>
<p>parecía decir: "Dame venganza,</p>
<p>señor, de mi hijo muerto, que me aflige." 84</p>
<p>Y él que le contestaba: "Aguarda ahora</p>
<p>a mi regreso"; y ella: " Señor mío</p>
<p>- como alguien del dolor impacientado-, 87</p>
<p>¿y si no vuelves?" y él: "Quien en mi puesto</p>
<p>esté, lo hará"; y ella: " El bien que otro haga</p>
<p>¿qué te importa si el tuyo has olvidado?" 90</p>
<p>Por lo cual él: "Consuélate; es preciso</p>
<p>que cumpla mi deber antes de irme:</p>
<p>la piedad y justicia me retienen." 93</p>
<p>Aquel que nunca ha visto cosas nuevas 94</p>
<p>fue quien produjo aquel hablar visible,</p>
<p>nuevo a nosotros pues que aquí no se halla. 96</p>
<p>Mientras yo me gozaba contemplando</p>
<p>los simulacros de humildad tan grande,</p>
<p>más gratos aún de ver por su artesano, 99</p>
<p>"Por acá vienen, mas con lentos pasos</p>
<p>- murmuraba el poeta- muchas gentes:</p>
<p>éstas podrán llevamos más arriba." 102</p>
<p>Mis ojos, que en mirar se complacían</p>
<p>por ver lá novedad que deseaban,</p>
<p>en volverse hacia él no fueron lentos. 105</p>
<p>Mas no quiero lector desanimarte</p>
<p>de tus buenos propósitos si escuchas</p>
<p>cómo desea Dios cobrar las deudas. 108</p>
<p>No atiendas a la forma del martirio:</p>
<p>piensa en lo que vendrá; y que en el peor caso, 110</p>
<p>no irá más lejos de la gran sentencia. 111</p>
<p>Yo comencé: "Maestro, lo que veo</p>
<p>venir aquí, personas no parecen,</p>
<p>y no sé qué es: turbada está mi vista." 114</p>
<p>Y aquel: "La condición abrumadora</p>
<p>de su martirio a tierra les inclina,</p>
<p>y aun mis ojos dudaron al principio. 117</p>
<p>Mas mira fijamente, y desentraña</p>
<p>quiénes vienen debajo de esas peñas:</p>
<p>podrás verlos a todos doblegados." 120</p>
<p>Oh soberbios cristianos, infelices,</p>
<p>que enfermos de la vista de la mente,</p>
<p>la fe ponéis en pasos que atrás vuelven, 123</p>
<p>¿no comprendéis que somos los gusanos</p>
<p>de quien saldrá la mariposa angélica</p>
<p>que a la justicia sin reparos vuela? 126</p>
<p>¿de qué se ensorberbecen vuestras almas,</p>
<p>si cual insectos sois defectuosos,</p>
<p>gusanos que no llegan a formarse? 129</p>
<p>Como por sustentar suelo o tejado,</p>
<p>por ménsulas a veces hay figuras</p>
<p>cuyas rodillas llegan hasta el pecho, 132</p>
<p>que sin ser de verdad causan angustia</p>
<p>verdadera en aquellos que las miran;</p>
<p>así los vi al mirarles más atento. 135</p>
<p>Cierto que más o menos contraídas,</p>
<p>según el peso que portando estaban;</p>
<p>y aún aquel más paciente parecía 138</p>
<p>decir llorando: "Ya no lo resisto."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_45">
</cite>
CANTO XI</p>
</title>
<p>"Oh padre nuestro, que estás en los cielos, 1</p>
<p>no circunscrito, sino por más grande 2</p>
<p>amor que a tus primeras obras tienes, 3</p>
<p>alabados tu nombre y tu potencia</p>
<p>sean de cualquier hombre, como es justo</p>
<p>darle gracias a tu dulce vapor. 6</p>
<p>De tu reino la paz venga a nosotros,</p>
<p>que nosotros a ella no alcanzarnos,</p>
<p>si no viene, con todo nuestro esfuerzo. 9</p>
<p>Como por gusto suyo hacen los ángeles,</p>
<p>cantando osanna, a ti los sacrificios,</p>
<p>hagan así gustosos los humanos. 12</p>
<p>El maná cotidiano danos hoy,</p>
<p>sin el cual por este áspero desierto</p>
<p>quien más quiere avanzar más retrocede. 15</p>
<p>Y al igual que nosotros las ofensas</p>
<p>perdonamos a todos, sin que mires</p>
<p>el mérito, perdónanos, benigno. 18</p>
<p>Nuestra virtud que cae tan prontamente</p>
<p>no ponga a prueba el antiguo enemigo,</p>
<p>mas líbranos de aquel que así la hostiga. 21</p>
<p>Esta última plegaria, amado Dueño.</p>
<p>no se hace por nosotros, ni hace falta,</p>
<p>mas por aquellos que detrás quedaron." 24</p>
<p>Para ellas y nosotros buen camino</p>
<p>pidiendo andaban esas sombras, bajo</p>
<p>un peso igual al que a veces se sueña, 27</p>
<p>angustiadas en formas desiguales</p>
<p>y en la primera cornisa cansadas,</p>
<p>purgando las calígines del mundo. 30</p>
<p>Si allí bien piden siempre por nosotros,</p>
<p>¿aquí qué hacer y qué pedir podrían</p>
<p>los que en Dios han echado sus raíces? 33</p>
<p>Debemos ayudarles a lavarse</p>
<p>las manchas, tal que puros y ligeros</p>
<p>puedan ganar las estrelladas ruedas. 36</p>
<p>"Ah, la justicia y la Piedad os libren</p>
<p>pronto, tal que podáis mover las alas,</p>
<p>que os conduzcan según vuestros deseos: 39</p>
<p>mostradnos por qué parte a la escalera</p>
<p>más rápido se va; y, si hay más caminos,</p>
<p>enseñadnos aquel menos pendiente; 42</p>
<p>pues a quien me acompaña, por la carga</p>
<p>de la carne de Adán con que se viste,</p>
<p>contra su voluntad, subir le cuesta." 45</p>
<p>Las palabras que respondieron a éstas</p>
<p>que había dicho aquel que yo seguía, 47</p>
<p>de quién vinieran no lo supe; pero 48</p>
<p>dijeron: "Por la orilla a la derecha</p>
<p>veniros, y hallaremos algún paso</p>
<p>que lo pueda subir un hombre vivo. 51</p>
<p>Y si no fuese un estorbo la piedra</p>
<p>que mi cerviz soberbia doma, y tengo</p>
<p>por esto que llevar el rostro gacho, 54</p>
<p>a aquel que vive aún y no se nombra,</p>
<p>miraría por ver si lo conozco,</p>
<p>para hacer que este peso compadezca. 57</p>
<p>Latino fui, de un gran toscano hijo: 58</p>
<p>Giuglielrno Aldobrandeschi fue mi padre;</p>
<p>no sé si conocéis el nombre suyo. 60</p>
<p>La sangre antigua y las gloriosas obras</p>
<p>de mis mayores, arrogancia tanta</p>
<p>me dieron, que ignorando a nuestra madre 63</p>
<p>común, todos los hombres despreciaba</p>
<p>y por ello morí; sábenlo en Siena,</p>
<p>y en Campagnático todos los niños. 66</p>
<p>Soy Omberto; y no sólo la soberbia</p>
<p>me dañó a mí-, que a todos mis parientes</p>
<p>ha arrastrado consigo a la desgracia. 69</p>
<p>Y aquí es preciso que este peso lleve</p>
<p>por ella, hasta que Dios se satisfaga:</p>
<p>Pues no lo hice de vivo, lo hago muerto." 72</p>
<p>Incliné al escucharle la cabeza; 73</p>
<p>y uno de ellos, no aquel que había hablado,</p>
<p>se volvió bajo el peso que llevaba, 75</p>
<p>y me llamó al mirarme y conocerme,</p>
<p>con los ojos fijados con gran pena,</p>
<p>pues andaba inclinado junto a ellos. 78</p>
<p>"Oh -yo le dije- ¿No eres Oderisi,</p>
<p>honra de Gubbio, y honra de aquel arte</p>
<p>que se llama en París iluminar?" 81</p>
<p>"Hermano -dijo-- ríen más las cartas</p>
<p>que ahora ilumina Franco, el de Bolonia; 83</p>
<p>suyo es todo el honor, y en parte, mío. 84</p>
<p>No hubiera sido yo tan generoso</p>
<p>mientras vivía, por el gran deseo</p>
<p>de superar a todos que albergaba. 87</p>
<p>De tal soberbia pago aquí la pena;</p>
<p>y aun no estaría aquí de no haber sido</p>
<p>que, pudiendo pecar, volvíme a Dios. 90</p>
<p>¡Oh, vana gloria del poder humano!</p>
<p>¡qué poco dura el verde de la cumbre,</p>
<p>si no le sigue un tiempo decadente! 93</p>
<p>Creisteis que en pintura Cimabue 94</p>
<p>tuviese el campo, y es de Giotto ahora,</p>
<p>y la fama de aquel ha oscurecido. 96</p>
<p>Igual un Guido al otro le arrebata</p>
<p>la gloria de la lengua; y nació acaso</p>
<p>el que arroje del nido a uno y a otro. 99</p>
<p>No es el ruido mundano más que un soplo</p>
<p>de viento, ahora de un lado, ahora del otro,</p>
<p>y muda el nombre como cambia el rumbo. 102</p>
<p>¿Qué fama has de tener, si viejo apartas</p>
<p>de ti la carne, como si murieras</p>
<p>antes de abandonar el sonajero, 105</p>
<p>cuando pasen mil años? Pues es corto</p>
<p>ese espacio en lo eterno, más que un guiño</p>
<p>en el más tardo giro de los cielos. 108</p>
<p>Aquel que va delante tan despacio 109</p>
<p>de mí, en Toscana entera era famoso;</p>
<p>y de él en Siena apenas cuchichean, 111</p>
<p>en donde era señor cuando abatieron</p>
<p>la rabia florentina, que soberbia</p>
<p>fue en aquel tiempo tal como ahora es puta. 114</p>
<p>Color de hierba es vuestra nombradía,</p>
<p>que viene y va, y el mismo la marchita</p>
<p>que la hace brotar verde de la tierra." 117</p>
<p>Y yo le dije: "Tu verdad me empuja</p>
<p>a la humildad, y abate mi soberbia;</p>
<p>pero quién es aquel de quien hablabas?" 120</p>
<p>"Es -respondió- Provenzano Salviati:</p>
<p>y está aquí porque tuvo pretensiones</p>
<p>de llevar Siena entera entre sus manos. 123</p>
<p>Anduvo así y aún anda, sin descanso,</p>
<p>desde su muerte: tal moneda paga</p>
<p>aquel que en vida a demasiado aspira." 126</p>
<p>Y yo: "Si aquel espíritu que deja</p>
<p>arrepentirse al fin de su existencia,</p>
<p>queda abajo y no sube sin la ayuda 129</p>
<p>de una buena oración, antes que pase</p>
<p>un tiempo semejante al que ha vivido,</p>
<p>¿Cómo le consintieron que viniese?" 132</p>
<p>"Cuando vivía más glorioso -dijo-, 133</p>
<p>en la plaza de Siena libremente</p>
<p>vencida su vergüenza, se plantó 135</p>
<p>y allí para salvar a cierto amigo,</p>
<p>en la prisión de Carlos condenado,</p>
<p>de tal modo actuó que tembló entero. 138</p>
<p>Más no diré y oscuro sé que hablo;</p>
<p>pero dentro de poco, tus vecinos 140</p>
<p>harán de modo que glosarlo puedas. 141</p>
<p>Esta acción le sacó de esos confines."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_46">
</cite>
CANTO XII</p>
</title>
<p>A la par, como bueyes en la yunta,</p>
<p>con el alma cargada caminaba,</p>
<p>mientras lo consintió mi pedagogo. 3</p>
<p>Mas cuando dijo: "Déjale y avanza;</p>
<p>que es menester que con alas y remos</p>
<p>empuje su navío cada uno", 6</p>
<p>enderecé, cual para andar conviene</p>
<p>el cuerpo todo, mas los pensamientos</p>
<p>se me quedaron sencillos y humildes. 9</p>
<p>Me puse a andar, y seguía con gusto</p>
<p>los pasos del maestro, y ambos dos</p>
<p>de ligereza hacíamos alarde; 12</p>
<p>y él dijo: "vuelve al suelo la mirada,</p>
<p>pues para caminar seguro es bueno</p>
<p>ver el lugar donde las plantas pones". 15</p>
<p>Como, para dejar memoria de ellos,</p>
<p>sobre las tumbas en tierra excavadas</p>
<p>está escrito quién era cuando vivo, 18</p>
<p>y de nuevo se llora muchas veces</p>
<p>por el aguijoneo del recuerdo,</p>
<p>que tan sólo espolea a los piadosos; 21</p>
<p>con mayor semejanza, pues tal era</p>
<p>el artificio, lleno de figuras</p>
<p>vi aquel camino que en el monte avanza. 24</p>
<p>Veía a aquél que noble fue creado 25</p>
<p>más que criatura alguna, de los cielos</p>
<p>como un rayo caer, por una parte. 27</p>
<p>Veía a Briareo, que yacía 28</p>
<p>en otra, de celeste flecha herido,</p>
<p>por su hielo mortal grave a la tierra. 30</p>
<p>Veía a Marte, a Palas y a Timbreo, 31</p>
<p>aún armados en tomo de su padre,</p>
<p>mirando a los Gigantes desmembrados. 33</p>
<p>Veía al pie, a Nemrot, de la gran obra 34</p>
<p>ya casi enloquecido, contemplando</p>
<p>los que en Senar con él fueron soberbios. 36</p>
<p>¡Oh Niobe, con qué dolientes ojos 37</p>
<p>te veía grabada en el sendero,</p>
<p>entre tus muertos siete y siete hijos! 39</p>
<p>¡Oh Saúl, cómo con la propia espada 40</p>
<p>en Gelboé ya muerto aparecías,</p>
<p>que no sentiste lluvia ni rocío! 42</p>
<p>Oh loca Aracne, así pude mirarte 43</p>
<p>ya medio araña, triste entre los restos</p>
<p>de la obra que por tu mal hiciste. 45</p>
<p>Oh Roboán, no parece que asuste 46</p>
<p>aquí tu efigie; mas lleno de espanto</p>
<p>le lleva un carro, sin que le eche nadie. 48</p>
<p>Mostraba aún el duro pavimento</p>
<p>como Alcmeón a su madre hizo caro 50</p>
<p>aquel adorno tan desventurado. 51</p>
<p>Mostraba cómo se lanzaron sobre</p>
<p>Senaquerib sus hijos en el templo, 53</p>
<p>y cómo, muerto, allí lo abandonaron. 54</p>
<p>Mostraba el crudo ejemplo y la ruina</p>
<p>que hizo Tamiris cuando dijo a Ciro: 56</p>
<p>"tuviste sed de sangre y te doy sangre". 57</p>
<p>Mostraba cómo huyeron derrotados,</p>
<p>tras morir Holofernes, los asirios, 59</p>
<p>y también de su muerte los despojos. 60</p>
<p>Veía a Troya en ruinas y en cenizas; 61</p>
<p>¡oh Ilión, cuán abatida y despreciable</p>
<p>mostrábate el relieve que veíal 63</p>
<p>¿Qué pincel o buril allí trazara</p>
<p>las sombras y los rasgos, que admirarse</p>
<p>harían a cualquier sutil ingenio? 66</p>
<p>Muertos tal muertos, vivos como vivos:</p>
<p>no vio mejor que yo quien vio de veras,</p>
<p>cuanto pisaba, al ir mirando el suelo. 69</p>
<p>¡Ah, caminad soberbios y altaneros,</p>
<p>hijos de Eva, y no inclinéis el rostro</p>
<p>para poder mirar el mal camino! 72</p>
<p>Mas al monte la vuelta habíamos dado,</p>
<p>y su camino el sol más recorrido</p>
<p>de lo que mi alma absorta calculaba, 75</p>
<p>cuando el que atento siempre caminaba</p>
<p>delante, dijo: "Alza la cabeza,</p>
<p>ya no hay más tiempo para ir tan absorto. 78</p>
<p>Mira un ángel allí que se apresura 79</p>
<p>por venir a nosotros; ve que vuelve</p>
<p>la esclava sexta del diario oficio. 81</p>
<p>De reverencia adorna rostro y porte,</p>
<p>para que guste arriba conducirnos;</p>
<p>piensa que ya este día nunca vuelve." 84</p>
<p>Acostumbrado estaba a sus mandatos</p>
<p>de no perder el tiempo, así que en esa</p>
<p>materia no me hablaba oscuramente. 87</p>
<p>El bello ser, de blanco, se acercaba,</p>
<p>con el rostro cual suele aparecer</p>
<p>tremolando la estrella matutina. 90</p>
<p>Abrió los brazos, y después las alas;</p>
<p>dijo: "Venid, cercanos los peldaños</p>
<p>están y ya se sube fácilmente. 93</p>
<p>Muy pocos a esta invitación alcanzan:</p>
<p>oh humanos que nacisteis a altos vuelos,</p>
<p>¿cómo un poco de viento os echa a tierra?" 96</p>
<p>A la roca cortada nos condujo;</p>
<p>allí batió las alas por mi frente,</p>
<p>y prometió ya la marcha segura. 99</p>
<p>Como al subir al monte, a la derecha, 100</p>
<p>en donde está la iglesia que domina</p>
<p>la bien guiada sobre el Rubaconte, 102</p>
<p>del subir se interrumpe la fatiga</p>
<p>por escalones que se construyeron</p>
<p>cuando sumario y pesas eran ciertos; 105</p>
<p>tal se suaviza aquella ladera</p>
<p>que cae a plomo del otro repecho;</p>
<p>mas rozando la piedra a un lado y otro. 108</p>
<p>Al dirigirnos por ese camino</p>
<p>Beati pauperes spiritu, de un modo 110</p>
<p>inefable cantaban unas voces. 111</p>
<p>Ah qué distintos eran estos pasos</p>
<p>de aquellos del infierno: aquí con cantos</p>
<p>se entra y allí con feroces lamentos. 114</p>
<p>Por los santos peldaños ya subíarnos</p>
<p>y bastante más leve me encontraba,</p>
<p>de lo que en la llanura parecía. 117</p>
<p>Por lo que yo: "Maestro ¿qué pesada</p>
<p>carga me han levantado, que ninguna</p>
<p>fatiga casi tengo caminando?" 120</p>
<p>Él respondió: "Cuando las P que quedan</p>
<p>aún en tu rostro a punto de borrarse,</p>
<p>estén, como una de ellas, apagadas, 123</p>
<p>tan vencidos los pies de tus deseos</p>
<p>estarán, que no sólo sin fatiga,</p>
<p>sino con gozo arriba han de llevarte." 126</p>
<p>Entonces hice como los que llevan</p>
<p>en la cabeza un algo que no saben,</p>
<p>y sospechan por gestos de los otros; 129</p>
<p>y por lo cual se ayudan con la mano,</p>
<p>que busca y halla y cumple así el oficio</p>
<p>que no pudiera hacerlo con la vista; 132</p>
<p>extendiendo los dedos de la diestra,</p>
<p>sólo encontré seis letras, que en mi frente</p>
<p>el de la llave habíame grabado: 135</p>
<p>y viendo esto sonrió mi guía.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_47">
</cite>
CANTO XIII</p>
</title>
<p>Llegarnos al final de la escalera, 1</p>
<p>donde por vez segunda se recoge</p>
<p>el monte, que subiendo purifica. 3</p>
<p>Allí del núsmo modo una cornisa,</p>
<p>igual que la primera, lo rodea;</p>
<p>sólo que el giro se completa antes. 6</p>
<p>No había sombras ni señales de ellas:</p>
<p>liso el camino y lisa la muralla,</p>
<p>del lívido color de los roquedos. 9</p>
<p>"Si, para preguntar, gente esperarnos</p>
<p>- me decía el poeta- mucho temo</p>
<p>que se retrase nuestra decisión." 12</p>
<p>Luego en el sol clavó los ojos fijos;</p>
<p>de su diestra hizo centro al movimiento,</p>
<p>y se volvió después hacia la izquierda. 15</p>
<p>"Oh dulce luz en quien confiado entro</p>
<p>por el nuevo camino, llévanos</p>
<p>- decía- cual requiere este paraje. 18</p>
<p>Tú calientas el mundo, y sobre él luces:</p>
<p>si otra razón lo contrario no manda,</p>
<p>serán siempre tus rayos nuestro guía." 21</p>
<p>Cuanto por una milla aquí se cuenta,</p>
<p>tanto en aquella parte caminamos</p>
<p>al poco, pues las ganas acuciaban; 24</p>
<p>y sentimos volar hacia nosotros</p>
<p>espíritus sin verlos, que invitaban</p>
<p>cortésmente a la mesa del amor. 27</p>
<p>La voz primera que pasó volando 28</p>
<p>"Vinum non habent" dijo claramente,</p>
<p>y tras nosotros lo iba repitiendo. 30</p>
<p>Y aún antes de perderse por completo</p>
<p>al alejarse, otra: "Soy Orestes"</p>
<p>pasó gritando igual sin detenerse. 33</p>
<p>Yo dije: "Oh padre ¿qué voces son éstas?"</p>
<p>Y escuché al preguntarlo una tercera</p>
<p>diciendo: "Amad a quien el mal os hizo." 36</p>
<p>Y el buen maestro "Azota esta cornisa</p>
<p>la culpa de la envidia, mas dirige</p>
<p>la caridad las cuerdas del flagelo. 39</p>
<p>Su freno quiere ser la voz contraria:</p>
<p>y podrás escucharla, según creo,</p>
<p>antes que el paso del perdón alcances. 42</p>
<p>Mas con fijeza mira, y verás gente</p>
<p>que está sentada enfrente de nosotros,</p>
<p>apoyada a lo largo de la roca." 45</p>
<p>Abrí entonces los ojos más que antes;</p>
<p>miré delante y sombras vi con mantos</p>
<p>del color de la piedra no distintos. 48</p>
<p>Y al haber avanzado un poco más,</p>
<p>oí gritar: "María, por nosotros</p>
<p>ruega" y "Miguel" y "Pedro" y "Santos todos". 51</p>
<p>No creo que ahora existe por la tierra</p>
<p>hombre tan duro, a quien no le moviese</p>
<p>a compasión lo que después yo vi; 54</p>
<p>pues cuando estuve tan cercano de ellos</p>
<p>que sus gestos veía claramente,</p>
<p>grave dolor me vino por los ojos. 57</p>
<p>De cilicio cubiertos parecían</p>
<p>y uno aguantaba con la espalda al otro,</p>
<p>y el muro a todas ellas aguantaba. 60</p>
<p>Así los ciegos faltos de sustento,</p>
<p>piden limosna en días de indulgencia,</p>
<p>y la cabeza inclina uno sobre otro, 63</p>
<p>por despertar piedad más prontamente,</p>
<p>no sólo por el son de las palabras,</p>
<p>mas por la vista que no menos pide. 66</p>
<p>Y como el sol no llega hasta los ciegos,</p>
<p>lo mismo aquí a las sombras de las que hablo</p>
<p>no quería llegar la luz del cielo; 69</p>
<p>pues un alambre a todos les cosía</p>
<p>y horadaba los párpados, del modo</p>
<p>que al gavilán que nunca se está quieto. 72</p>
<p>Al andar, parecía que ultrajaba</p>
<p>a aquellos que sin venne yo veía;</p>
<p>por lo cual me volví al sabio maestro. 75</p>
<p>Él sabía que, aun mudo, deseaba</p>
<p>hablarle; y no esperando mi pregunta,</p>
<p>él me dijo: "Habla breve y claramente." 78</p>
<p>Virgilio caminaba por la parte 79</p>
<p>de la cornisa en que caer se puede,</p>
<p>pues ninguna baranda la rodea; 81</p>
<p>por la otra parte estaban las devotas</p>
<p>sombras, que por su horrible cosedura</p>
<p>lloraban y mojaban sus mejillas. 84</p>
<p>Me volví a ellas y: "Oh, gentes confiadas</p>
<p>- yo comencé- de ver la luz suprema</p>
<p>que vuestro desear sólo procura, 87</p>
<p>así pronto la gracia os vuelva limpia</p>
<p>vuestra conciencia, tal que claramente</p>
<p>por ella baje de la mente el río, 90</p>
<p>decidme, pues será grato y amable,</p>
<p>si hay un alma latina entre vosotros,</p>
<p>que acaso útil le sea el conocerla." 93</p>
<p>"Oh hermano todos somos ciudadanos</p>
<p>de una Ciudad auténtica; tú dices 95</p>
<p>que viviese en Italia peregrina." 96</p>
<p>Esto creí escuchar como respuesta</p>
<p>un poco más allá de donde estaba,</p>
<p>por lo que procuré seguir oyendo. 99</p>
<p>Entre otras vi a una sombra que en su aspecto</p>
<p>esperaba; y si alguno dice "¿Cómo?",</p>
<p>alzaba la barbilla como un ciego. 102</p>
<p>"Alma que por subir te estás domando,</p>
<p>si eres -le dije ~ me respondiste,</p>
<p>haz que conozca tu nombre o tu patria." 105</p>
<p>"Yo fui Sienesa -repuso- y con estos 106</p>
<p>otros enmiendo aquí la mala vida,</p>
<p>pidiendo a Aquél que nos conceda el verle. 108</p>
<p>No fui sabia, aunque Sapia me llamaron,</p>
<p>y fui con las desgracias de los otros</p>
<p>aún más feliz que con las dichas mías. 111</p>
<p>Y para que no creas que te miento,</p>
<p>oye si fui, como te digo, loca,</p>
<p>ya descendiendo el arco de mis años. 114</p>
<p>Mis paisanos estaban junto a Colle 115</p>
<p>cerca del campo de sus enemigos,</p>
<p>y yo pedía a Dios lo que El quería. 117</p>
<p>Vencidos y obligados a los pasos</p>
<p>amargos de la fuga, al yo saberlo,</p>
<p>gocé de una alegría incomparable, 120</p>
<p>tanto que arriba alcé atrevido el rostro</p>
<p>gritando a Dios: "De ahora no te temo"</p>
<p>como hace el mirlo con poca bonanza. 123</p>
<p>La paz quise con Dios ya en el extremo</p>
<p>de mi vivir; y por la penitencia</p>
<p>no estaría cumplida ya mi deuda, 126</p>
<p>si no me hubiese Piero Pettinaio</p>
<p>recordado en sus santas oraciones, 128</p>
<p>quien se apiadó de mí caritativo. 129</p>
<p>¿Tú quién eres, que nuestra condición</p>
<p>vas preguntando, con los ojos libres,</p>
<p>como yo creo, y respirando hablas?" 132</p>
<p>"Los ojos --dije acaso aquí me cierren,</p>
<p>mas poco tiempo, pues escasamente</p>
<p>he pecado de haber tenido envidia. 135</p>
<p>Mucho es mayor el miedo que suspende</p>
<p>mi alma del tormento de allí abajo,</p>
<p>que ya parece pesarme esa carga." 138</p>
<p>Y ella me dijo: "¿Quién te ha conducido</p>
<p>entre nosotros, que volver esperas?"</p>
<p>Y yo: "Este que está aquí sin decir nada. 141</p>
<p>Vivo estoy; por lo cual puedes pedirrne,</p>
<p>espíritu elegido, si es preciso</p>
<p>que allí mueva por ti mis pies mortales." 144</p>
<p>"Tan rara cosa de escuchar es ésta,</p>
<p>que es signo -dije,- de que Dios te ama;</p>
<p>con tus plegarias puedes ayudarme. 147</p>
<p>Y te suplico, por lo que más quieras,</p>
<p>que si pisas la tierra de Toscana,</p>
<p>que a mis parientes mi fama devuelvas. 150</p>
<p>Están entre los necios que ahora esperan 151</p>
<p>en Talamón, y allí más esperanzas</p>
<p>perderán que en la busca de la Diana. 153</p>
<p>Pero más perderán los almirantes. 154</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_48">
</cite>
CANTO XIV</p>
</title>
<p>"¿Quién es éste que sube nuestro monte</p>
<p>antes de que la muerte alas le diera,</p>
<p>y abre los ojos y los cierra a gusto?" 3</p>
<p>"No sé quién es, mas sé que no está sólo;</p>
<p>interrógale tú que estás más cerca,</p>
<p>y recíbelo bien, para que hable." 6</p>
<p>Así dos, apoyado uno en el otro, 7</p>
<p>conversaban de mí a mano derecha;</p>
<p>luego los rostros, para hablar alzaron. 9</p>
<p>Y dijo uno: "Oh alma que ligada</p>
<p>al cuerpo todavía, al cielo marchas,</p>
<p>por caridad consuélanos y dinos 12</p>
<p>quién eres y de dónde, pues nos causas</p>
<p>con tu gracia tan grande maravilla,</p>
<p>cuanto pide una cosa inusitada." 15</p>
<p>Y yo: "Se extiende en medio de Toscana</p>
<p>un riachuelo que nace en Falterona, 17</p>
<p>y no le sacian cien millas de curso. 18</p>
<p>junto a él este cuerpo me fue dado;</p>
<p>decir quién soy sería hablar en balde,</p>
<p>pues mi nombre es aún poco conocido." 21</p>
<p>"Si he penetrado bien lo que me has dicho</p>
<p>con mi intelecto -me repuso entonces</p>
<p>el que dijo primero- hablas del Arno." 24</p>
<p>Y el otro le repuso: "¿Por qué esconde</p>
<p>éste cuál es el nombre de aquel río,</p>
<p>cual hace el hombre con cosas horribles?" 27</p>
<p>y la sombra de aquello preguntada</p>
<p>así le replicó: "No sé, mas justo</p>
<p>es que perezca de tal valle el nombre; 30</p>
<p>porque desde su cuna, en que el macizo 31</p>
<p>del que es trunco el Peloro, tan preñado</p>
<p>está, que en pocos sitios le superan, 33</p>
<p>hasta el lugar aquel donde devuelve</p>
<p>lo que el sol ha secado en la marina,</p>
<p>de donde toman su caudal los ríos, 36</p>
<p>es la virtud enemiga de todos</p>
<p>y la huyen cual la bicha, o por desgracia</p>
<p>del sitio, o por mal uso que los mueve: 39</p>
<p>tanto han cambiado su naturaleza</p>
<p>los habitantes del mísero valle,</p>
<p>cual si hechizados por Circe estuvieran. 42</p>
<p>Entre cerdos, más dignos de bellotas</p>
<p>que de ningún otro alimento humano,</p>
<p>su pobre curso primero endereza. 45</p>
<p>Chuchos encuentra luego, en la bajada, 46</p>
<p>pero tienen más rabia que fiereza,</p>
<p>y desdeñosa de ellos tuerce el morro. 48</p>
<p>Va descendiendo; y cuanto más se acrece,</p>
<p>halla que lobos se hicieron los perros, 50</p>
<p>esa maldita y desgraciada fosa. 51</p>
<p>Bajando luego en más profundos cauces, 52</p>
<p>halla vulpejas llenas de artimañas,</p>
<p>que no temen las trampas que las cacen. 54</p>
<p>No callaré por más que éste me oiga; 55</p>
<p>y será al otro útil, si recuerda 56</p>
<p>lo que un veraz espíritu me ha dicho. 57</p>
<p>Yo veo a tu sobrino que se vuelve 58</p>
<p>cazador de los lobos en la orilla</p>
<p>del fiero río, y los espanta a todos. 60</p>
<p>Vende su carne todavía viva;</p>
<p>luego los mata como antigua fiera;</p>
<p>la vida a muchos, y él la honra se quita. 63</p>
<p>Sangriento sale de la triste selva;</p>
<p>y en tal modo la deja, que en mil años</p>
<p>no tomará a su estado floreciente." 66</p>
<p>Como al anuncio de penosos males</p>
<p>se turba el rostro del que está escuchando</p>
<p>de cualquier parte que venga el peligro, 69</p>
<p>así yo vi turbar y entristecerse</p>
<p>a la otra alma, que vuelta estaba oyendo,</p>
<p>cuando hubo comprendido las palabras. 72</p>
<p>A una al oírla y a la otra al mirarla,</p>
<p>me dieron ganas de saber sus nombres,</p>
<p>e híceles suplicante mi pregunta; 75</p>
<p>por lo que el alma que me habló primero</p>
<p>volvió a decir: "Que condescienda quieres</p>
<p>y haga por ti lo que por mí tú no haces. 78</p>
<p>Mas porque quiere Dios que en ti se muestre</p>
<p>tanto su gracia, no seré tacaño;</p>
<p>y así sabrás que fui Guido del Duca. 81</p>
<p>Tan quemada de envidia fue mi sangre.</p>
<p>que si dichoso hubiese visto a alguno,</p>
<p>cubierto de livor me hubieras visto. 84</p>
<p>De mi simiente recojo tal grano;</p>
<p>¡Oh humano corazón, ¿por qué te vuelcas</p>
<p>en bienes que no admiten compañía? 87</p>
<p>Este es Rinieri, prez y mayor honra</p>
<p>de la casa de Cálboli, y ninguno</p>
<p>de sus virtudes es el heredero. 90</p>
<p>Y no sólo su sangre se ha privado,</p>
<p>entre el monte y el Po y el mar y el Reno, 92</p>
<p>del bien pedido a la verdad y al gozo; 93</p>
<p>pues están estos límites tan llenos</p>
<p>de plantas venenosas, que muy tarde,</p>
<p>aun labrando, serían arrancadas. 96</p>
<p>¿Dónde están Lizio, y Arrigo Mainardi, 97</p>
<p>Pier Traversaro y Guido de Carpigna? 98</p>
<p>¡Bastardos os hicisteis, romañoles! 99</p>
<p>¿Cuando renacerá un Fabbro en Bolonia? 100</p>
<p>¿cuando en Faenza un Bernardín de Fosco, 101</p>
<p>rama gentil aun de simiente humilde? 102</p>
<p>No te asombres, toscano, si es que lloro</p>
<p>cuando recuerdo, con Guido da Prata, 104</p>
<p>a Ugolin d'Azzo que vivió en Romagna, 105</p>
<p>Federico Tignoso y sus amigos, 106</p>
<p>a los de Traversara y Anartagi 107</p>
<p>(sin descendientes unos y los otros), 108</p>
<p>a damas y a galanes, las hazañas,</p>
<p>los afanes de amor y cortesía,</p>
<p>donde ya tan malvadas son las gentes. 111</p>
<p>¿Por qué no te esfumaste, oh Brettinoro, 112</p>
<p>cuando se hubo marchado tu familia,</p>
<p>y mucha gente por no ser perversa? 114</p>
<p>Bien hizo Bagnacaval, ya sin hijos;</p>
<p>e hizo mal Castrocaro, y peor Conio, 116</p>
<p>que tales condes en prohijar se empeña. 117</p>
<p>Bien harán los Pagan, cuando al fin pierdan 118</p>
<p>su demonio; si bien ya nunca puro</p>
<p>ha de quedar de aquellos el recuerdo. 120</p>
<p>Oh Ugolino dei Fantolín, seguro 121</p>
<p>está tu nombre y no se espera a nadie</p>
<p>que, corrompido, oscurecerlo pueda. 123</p>
<p>Y ahora vete, toscano, que deseo</p>
<p>más que hablarte, llorar; así la mente</p>
<p>nuestra conversación me ha obnubilado." 126</p>
<p>Sabíamos que aquellas caras almas</p>
<p>nos oían andar, y así, callando,</p>
<p>hacían confiarnos del camino. 129</p>
<p>Nada más avanzar, ya los dos solos,</p>
<p>igual que un rayo que en el aire hiende,</p>
<p>se oyó una voz venir en contra nuestra: 132</p>
<p>"Que me mate el primero que me encuentre";</p>
<p>y huyó como hace un trueno que se escapa,</p>
<p>si la nube de súbito se parte. 135</p>
<p>Apenas tregua tuvo nuestro oído,</p>
<p>y otra escuchamos con tan grande estrépito,</p>
<p>que pareció un tronar que al rayo sigue. 138</p>
<p>"Yo soy Aglauro, que tornóse en piedra", 139</p>
<p>y por juntarme entonces al poeta,</p>
<p>un paso di hacia atrás, y no adelante. 141</p>
<p>Quieto ya el aire estaba en todas partes;</p>
<p>y me dijo: "Aquel debe ser el freno</p>
<p>que contenga en sus límites al hombre. 144</p>
<p>Pero mordéis el cebo, y el anzuelo</p>
<p>del antiguo adversario, y os atrapa;</p>
<p>y poco vale el freno y el reclamo. 147</p>
<p>El cielo os llama y gira en torno vuestro,</p>
<p>mostrando sus bellezas inmortales,</p>
<p>y poneis en la tierra la mirada; 150</p>
<p>y así os castiga quien todo conoce."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_49">
</cite>
CANTO XV</p>
</title>
<p>Cuanto hay entre el final de la hora tercia</p>
<p>y el principio de día en esa esfera, 2</p>
<p>que al igual que un chiquillo juega siempre 3</p>
<p>tanto ya parecía que hacia el véspero</p>
<p>aún le faltaba al sol de su camino:</p>
<p>allí la tarde, aquí era medianoche. 6</p>
<p>En plena cara heríannos los rayos,</p>
<p>pues giramos el monte de tal forma,</p>
<p>que al ocaso derechos caminábamos, 9</p>
<p>cuando sentí en mi frente pesadumbre</p>
<p>de un resplandor mucho mayor que el de antes, 11</p>
<p>y me asombró tan extraño suceso; 12</p>
<p>por lo que alcé las manos por encima</p>
<p>de las cejas, haciéndome visera</p>
<p>que del exceso de luz nos protege. 15</p>
<p>Como cuando del agua o del espejo</p>
<p>el rayo salta a la parte contraria,</p>
<p>ascendiendo de un modo parecido 18</p>
<p>al que ha bajado, y es tan diferente</p>
<p>del caer de la piedra en igual caso,</p>
<p>como experiencia y arte lo demuestran; 21</p>
<p>así creí que la luz reflejada</p>
<p>por delante de mí me golpease;</p>
<p>y en apartarse fue rauda mi vista. 24</p>
<p>"¿Quién es, de quien no puedo, dulce padre,</p>
<p>la vista resguardar, por más que hago,</p>
<p>y parece venir hacia nosotros?" 27</p>
<p>"Si celestial familia aún te deslumbra</p>
<p>- respondió- no te asombres: mensajero</p>
<p>es que viene a invitar a que subamos. 30</p>
<p>Dentro de poco el mirar estas cosas</p>
<p>no será grave, mas será gozoso</p>
<p>cuanto natura dispuso que sientas." 33</p>
<p>Cuando cerca del ángel estuvimos</p>
<p>"Entrad aquí -nos dijo dulcemente-</p>
<p>donde hay una escalera menos dura." 36</p>
<p>Subíamos, dejando el sitio aquel</p>
<p>y cantar "Beati misericordes" 38</p>
<p>escuchamos, y "Goza tú que vences" 39</p>
<p>Mi maestro y yo solos caminábamos</p>
<p>hacia la altura; y yo al andar pensaba</p>
<p>sacar de su palabra algún provecho; 42</p>
<p>y a él me dirigí y le pregunté:</p>
<p>"¿Qué ha querido decir el de Romaña. 44</p>
<p>con bienes que no admiten compañía?" 45</p>
<p>Y él contestó: "De su mayor defecto</p>
<p>conoce el daño, así que no te admires</p>
<p>si es reprendido por que más no llore. 48</p>
<p>Porque si vuestro anhelo se dirige</p>
<p>a lo que compartido disminuye,</p>
<p>hace la envidia que suspire el fuelle. 51</p>
<p>Mas si el amor de la esfera suprema</p>
<p>los deseos volviera hacia lo alto,</p>
<p>tal temor no tendría vuestro pecho; 54</p>
<p>pues, cuanto más allí se dice "nuestro",</p>
<p>tanto del bien disfruta cada uno,</p>
<p>y más amor aún arde en ese claustro." 57</p>
<p>"Estoy de estar contento más ayuno</p>
<p>- dije- que si no hubiera preguntado,</p>
<p>y aún más dudas me asaltan en la mente. 60</p>
<p>¿Cómo puede algún bien, distribuido</p>
<p>en muchos poseedores, aún más ricos</p>
<p>hacer de él, que si pocos lo tuvieran?" 63</p>
<p>Y aquel me contestó: "Como no pones</p>
<p>la mente más que en cosas terrenales,</p>
<p>sacas tinieblas de luz verdadera. 66</p>
<p>Ese bien inefable e infinito</p>
<p>que arriba está, al amor tal se apresura</p>
<p>corno a un lúcido cuerpo viene el rayo. 69</p>
<p>Tanto se da cuanto encuentra de ardor;</p>
<p>y al aumentarse así la caridad,</p>
<p>sobre ella crece la eterna virtud. 72</p>
<p>Y así cuanta más gente ama allá arriba,</p>
<p>hay allí más amor, y más se ama,</p>
<p>y unos y otros son como los espejos. 75</p>
<p>Y si lo que te digo no te sacia,</p>
<p>verás a Beatriz que plenamente</p>
<p>este o cualquier deseo ha de quitarte. 78</p>
<p>Procura pues que pronto se te extingan,</p>
<p>como han sido ya dos, las cinco heridas</p>
<p>que cicatrizan al estar contrito." 81</p>
<p>Cuando decir quería: "Me aplacaste",</p>
<p>me vi llegado al círculo de arriba,</p>
<p>y me hizo callar la vista ansiosa. 84</p>
<p>Allí me pareció en una visión 85</p>
<p>estática de súbito estar puesto,</p>
<p>y ver muchas personas en un templo; 87</p>
<p>y una mujer decía en los umbrales,</p>
<p>con dulce gesto maternal: "Oh hijo,</p>
<p>¿por qué has obrado esto con nosotros? 90</p>
<p>Tu padre y yo angustiados estuvimos</p>
<p>buscándote." Y como ella se callara,</p>
<p>se me borró lo que veía antes. 93</p>
<p>Después me vino otra, con el agua 94</p>
<p>que en sus mejillas el dolor destila,</p>
<p>que un gran despecho hacia otros nos provoca 96</p>
<p>diciendo: "Si eres sir de la ciudad,</p>
<p>por cuyo nombre dioses contendieron,</p>
<p>y donde toda ciencia resplandece, 99</p>
<p>véngate de esos brazos atrevidos</p>
<p>que a mi hija abrazaron, Pisistrato."</p>
<p>Y el Señor, que benigno parecía, 102</p>
<p>le respondía con templado rostro:</p>
<p>"¿Qué haremos a quien males nos desea,</p>
<p>si a aquellos que nos aman condenarnos?" 105</p>
<p>Luego vi gente ardiendo en fuego de ira, 106</p>
<p>a pedradas matando a un jovencito,</p>
<p>gritando: "Martiriza, martiriza", 108</p>
<p>y al joven inclinarse, por la muerte</p>
<p>que le apesadumbraba, hacia la tierra,</p>
<p>mas sus ojos alzaba siempre al cielo, 111</p>
<p>pidiendo al alto Sir, en guerra tanta,</p>
<p>que perdonase a sus perseguidores,</p>
<p>con ese aspecto que a piedad nos mueve. 114</p>
<p>Cuando volvió mi alma hacia las cosas</p>
<p>que son, fuera de ella, verdaderas,</p>
<p>supe que mis errores no eran falsos. 117</p>
<p>Mi guía entonces, que me contemplaba</p>
<p>como a aquel que del sueño se despierta,</p>
<p>dijo: "¿Qué tienes que te tambaleas, 120</p>
<p>y has caminado más de media legua</p>
<p>con los ojos cerrados, dando tumbos,</p>
<p>a guisa de quien turban sueño o vino?" 123</p>
<p>"Oh dulce padre mío, si me escuchas</p>
<p>te contaré -le dije lo que he visto,</p>
<p>cuando las piernas me fueron tan flojas." 126</p>
<p>Y él dijo: "Si cien máscaras tuvieses</p>
<p>sobre el rostro, cerrados no tendría</p>
<p>tus pensamientos, aun los más pequeños. 129</p>
<p>Es lo que viste para que no excuses</p>
<p>al agua de la paz abrir el pecho,</p>
<p>que de la eterna fuente se derrama. 132</p>
<p>No pregunté "qué tienes", como hiciera</p>
<p>quien mira, sin ver nada, con los ojos,</p>
<p>cuando desanimado el cuerpo yace; 135</p>
<p>mas pregunté para animar tus pasos</p>
<p>tal conviene avivar al perezoso,</p>
<p>que tardo emplea al despertar su tiempo." 138</p>
<p>Por el ocaso andábamos, mirando</p>
<p>hasta donde alcanzaba nuestra vista</p>
<p>contra la luz radiante y vespertina. 141</p>
<p>Y vimos poco a poco una humareda</p>
<p>venir hacia nosotros, cual la noche;</p>
<p>ni un sitio había para resguardarnos: 144</p>
<p>el aire puro nos quitó y la vista. 145</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_50">
</cite>
CANTO XVI</p>
</title>
<p>Negror de infierno y de noche privada</p>
<p>de estrella alguna, bajo un pobre cielo,</p>
<p>hasta el sumo de nubes tenebroso, 3</p>
<p>tan denso velo no tendió en mi rostro</p>
<p>como aquel humo que nos envolvió,</p>
<p>y nunca sentí tan áspero pelo. 6</p>
<p>No podía siquiera abrir los ojos</p>
<p>por lo que, sabia y fiel, la escolta mía</p>
<p>vino hacia mí ofreciéndome su hombro. 9</p>
<p>Como el ciego que va tras de su guía</p>
<p>para que no se pierda ni tropiece</p>
<p>en obstáculo alguno, o tal vez muera, 12</p>
<p>andaba por el aire amargo y sucio,</p>
<p>escuchando a Virgilio aconsejarme:</p>
<p>"Ten cuidado y de mí no te separes". 15</p>
<p>Oía voces como que implorasen</p>
<p>la paz y la clemencia del Cordero</p>
<p>de Dios que borra todos los pecados. 18</p>
<p>Agnus Deí, era, pues, como empezaban</p>
<p>todos a un tiempo y en el mismo modo,</p>
<p>y en completa concordia parecían. 21</p>
<p>"Maestro, lo que oigo ¿son espíritus?"</p>
<p>le dije. Y él a mí: "Bien lo pensaste;</p>
<p>de la iracundia van soltando el nudo." 24</p>
<p>"¿Quién eres tú que cortas nuestro humo,</p>
<p>y de nosotros hablas como si</p>
<p>aún midieses el tiempo por calendas?" 27</p>
<p>Esto por una voz fue preguntado; 28</p>
<p>"Contéstale -me dijo mi maestro-</p>
<p>y si hay subida por aquí pregunta." 30</p>
<p>"Oh, criatura -le dije que te limpias</p>
<p>para volver hermosa a quien te hizo,</p>
<p>maravillas oirás si me acompañas." 33</p>
<p>"Cuanto me es permitido he de seguirte;</p>
<p>y si vernos el humo no nos deja,</p>
<p>nos mantendrá cercanos el oírnos." 36</p>
<p>Entonces comencé: "Con este rostro</p>
<p>que destruye la muerte, voy arriba,</p>
<p>y he llegado hasta aquí desde el infierno. 39</p>
<p>Y si Dios en su gracia me ha tomado,</p>
<p>tanto que quiere que su corte vea</p>
<p>de modo inusitado en estos tiempos, 42</p>
<p>no me ocultes quién fuiste antes de muerto;</p>
<p>dímelo, y dime si el camino es éste;</p>
<p>y tus palabras sean nuestra escolta." 45</p>
<p>"Yo fui lombardo y Marco me llamaban;</p>
<p>del mundo supe, y amé esa virtud</p>
<p>a la que nadie tiende ya su arco. 48</p>
<p>Para subir camina siempre recto"</p>
<p>Me respondió y dijo luego: "Te pido</p>
<p>que por mí implores cuando estés arriba." 51</p>
<p>"Por mi fe -yo le dije- te prometo</p>
<p>que haré lo que me pides; mas me estalla</p>
<p>dentro una duda, y tengo que aclararla. 54</p>
<p>Era antes simple y ahora se ha hecho doble</p>
<p>con tus palabras, que me dan certeza</p>
<p>de lo otro, con la cual las relaciono. 57</p>
<p>El mundo por completo está desierto</p>
<p>de cualquiera virtud, como tú dices,</p>
<p>y de maldad cubierto y agravado; 60</p>
<p>mas la razón te pido que me digas,</p>
<p>tal que la vea y que la enserle a otros;</p>
<p>que a la tierra o al cielo lo atribuyen." 63</p>
<p>Un gran suspiro que acabó en un ¡ay!</p>
<p>lanzó primero; y luego dijo: "Herrnano,</p>
<p>el mundo es ciego, y tú de él has venido. 66</p>
<p>Cualquier causa achacáis los que estáis vivos</p>
<p>al cielo, igual que si moviese todas</p>
<p>las cosas él obligatoriamente. 69</p>
<p>Destruido sería así en vosotros</p>
<p>el libre arbitrio, y no sería justo</p>
<p>dar la alegría al bien, y al mal dar luto. 72</p>
<p>El cielo inicia vuestros movimientos; 73</p>
<p>no digo todos, mas aunque lo diga,</p>
<p>una luz para el bien o el mal os dieron, 75</p>
<p>Y libre voluntad; que si se cansa 76</p>
<p>en el primer combate contra el cielo,</p>
<p>luego lo vence si bien se sustenta. 78</p>
<p>A mayor fuerza y a mejor natura 79</p>
<p>libres estáis sujetos; y ella cría</p>
<p>vuestra mente, en que el cielo nada puede. 81</p>
<p>Y por esto, si el mundo os descamina,</p>
<p>la causa que buscáis está en vosotros:</p>
<p>y verdaderamente he de explicártelo: 84</p>
<p>De la mano de Aquél que la acaricia,</p>
<p>aun antes de existir, cual la muchacha</p>
<p>que llorando y riendo juguetea, 87</p>
<p>sale sencilla el alma y nada sabe,</p>
<p>salvo que, obra de un gozoso artista,</p>
<p>gustosa vuelve a aquello que la alegra. 90</p>
<p>Primero saborea el bien pequeño;</p>
<p>aquí se engaña y corre detrás de él,</p>
<p>si no tuerce su amor freno ni guía. 93</p>
<p>Y es necesario el freno de las leyes;</p>
<p>y es necesario un rey, que al menos vea</p>
<p>de la ciudad auténtica la torre. 96</p>
<p>Hay leyes, pero ¿quién las administra?</p>
<p>Nadie, pues su pastor acaso rumie,</p>
<p>mas no tiene partida la pezuña; 99</p>
<p>y la gente, que sabe que su guía</p>
<p>sólo tiende a aquel bien del que ella come, 101</p>
<p>pace de aquel, y no busca otra cosa. 102</p>
<p>Bien puedes ver que la mala conducta</p>
<p>es la razón que al mundo ha condenado,</p>
<p>y no vuestra natura corrompida. 105</p>
<p>Solía Roma, que hizo bueno el mundo, 106</p>
<p>tener dos soles que una y otra senda,</p>
<p>la humana y la divina, les mostraban. 108</p>
<p>Uno a otro apagó; y está la espada</p>
<p>junto al báculo; y una y otro unidos</p>
<p>forzosamente, marchan mal las cosas; 111</p>
<p>porque juntos no temen uno al otro:</p>
<p>Si no me crees, recuerda las espigas,</p>
<p>pues distingue las hierbas la simiente. 114</p>
<p>En la tierra que riegan Po y Adige, 115</p>
<p>valor y cortesía se encontraban,</p>
<p>antes de entrar en liza Federico. 117</p>
<p>Ahora puede cruzar sin miedo alguno</p>
<p>cualquiera que dejase, por vergüenza,</p>
<p>de acercarse a los buenos o de hablarlos. 120</p>
<p>Tres viejos hay aún con quien reprende</p>
<p>a la nueva la antigua edad, y tardo</p>
<p>Dios les parece en que con él les llame: 123</p>
<p>Corrado de Palazzo, el buen Gherardo, 124</p>
<p>y Guido de Castel, mejor llamado 125</p>
<p>el sencillo lombardo, a la francesa. 126</p>
<p>Puedes decir que la Iglesia de Roma,</p>
<p>por confundir en ella dos poderes</p>
<p>ella y su carga en el fango se ensucian." 129</p>
<p>"Oh Marco mío -dije- bien hablaste;</p>
<p>y ahora discierno por qué de la herencia</p>
<p>los hijos de Leví privados fueron. 132</p>
<p>Más qué Gherardo es ése que, por sabio,</p>
<p>dices, quedó de aquella raza extinta</p>
<p>corno reproche del siglo salvaje?" 135</p>
<p>"Me engañan tus palabras o me tientan,</p>
<p>- me respondió- pues, hablando toscano, 137</p>
<p>del buen Gherardo nunca hayas oído. 138</p>
<p>Por ningún otro nombre le conozco,</p>
<p>si de Gaya, su hija, no lo saco. 140</p>
<p>Quedad con Dios, pues más no os acompaño 141</p>
<p>Ved el albor, que irradia por el humo</p>
<p>ya clareando; debo retirarme</p>
<p>(allí está el ángel) antes que me vea." 144</p>
<p>De este modo se fue y no quiso oírme.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_51">
</cite>
CANTO XVII</p>
</title>
<p>Acuérdate, lector, si es que en los Alpes</p>
<p>te sorprendió la niebla, y no veías</p>
<p>sino como los topos por la piel, 3</p>
<p>cómo, cuando los húmedos y espesos</p>
<p>vapores se dispersan ya, la esfera</p>
<p>del sol por ellos entra débilmente; 6</p>
<p>y tu imaginación será ligera</p>
<p>en alcanzar a ver cómo de nuevo</p>
<p>contemplé el sol, que estaba ya en su ocaso. 9</p>
<p>Mis pasos a los fieles del maestro</p>
<p>emparejando, fuera de tal nube</p>
<p>salí a los rayos muertos ya en lo bajo. 12</p>
<p>Oh fantasía que le sacas tantas</p>
<p>veces de sí, que el hombre nada advierte,</p>
<p>aunque suenen en torno mil trompetas, 15</p>
<p>¿si no son los sentidos, quién te mueve?</p>
<p>Una luz que en cielo se conforma,</p>
<p>por sí o por el Querer que aquí la empuja. 18</p>
<p>De la impiedad de aquella que se hizo 19</p>
<p>el ave que en cantar más nos deleita,</p>
<p>a mi imaginación vino la huella; 21</p>
<p>y entonces tanto se encerró mi mente</p>
<p>en si misma, que nada le llegaba</p>
<p>del exterior que recibir pudiese. 24</p>
<p>Luego llovió en mi fantasía uno 25</p>
<p>crucificado, fiero y desdeñoso</p>
<p>en su apariencia, y así se moría; 27</p>
<p>alrededor estaba el gran Asuero,</p>
<p>Ester su esposa, Mardoqueo el justo,</p>
<p>tan íntegro en sus obras y palabras. 30</p>
<p>Y como se rompiera aquella imagen</p>
<p>por ella misma, igual que una burbuja</p>
<p>a la que falta el agua que la hizo, 33</p>
<p>surgió de mi visión una muchacha 34</p>
<p>llorando, y dijo: "Oh reina, ¿por qué airada</p>
<p>te quisiste matar? Ahora estás muerta 36</p>
<p>por no querer perder a tu Lavinia;</p>
<p>¡Y me has perdido! soy la que lamento</p>
<p>antes, madre, los tuyos, que otros males." 39</p>
<p>Como se rompe el sueño de repente</p>
<p>cuando hiere en los ojos la luz nueva,</p>
<p>que aún antes de morir roto se agita; 42</p>
<p>así mi imaginar cayó por tierra</p>
<p>en cuanto que una luz hirió en mis ojos,</p>
<p>mucho mayor de la que se acostumbra. 45</p>
<p>Yo me volví para mirar qué fuese,</p>
<p>cuando una voz me dijo: "Aquí se sube", 47</p>
<p>que me apartó de otro cualquier intento; 48</p>
<p>y tan prestas las ganas se me hicieron</p>
<p>para mirar quién era el que me hablaba,</p>
<p>que no cejara hasta no contemplarlo. 51</p>
<p>Mas como al sol que ciega nuestra vista</p>
<p>y por sobrado vela su figura,</p>
<p>me faltaban así mis facultades. 54</p>
<p>"Es un divino espíritu que muestra</p>
<p>el camino de arriba sin pedirlo,</p>
<p>y él a sí mismo con su luz esconde. 57</p>
<p>Nos hace igual que un hombre hace consigo;</p>
<p>que quien se hace rogar, viendo un deseo,</p>
<p>su negativa con maldad prepara. 60</p>
<p>A tal invitación el paso unamos;</p>
<p>procuremos subir antes que venga</p>
<p>la noche y hasta el alba no se pueda." 63</p>
<p>Así dijo mi guía, y yo con él</p>
<p>nos dirigimos hacia la escalera;</p>
<p>y cuando estuve en el primer peldaño, 66</p>
<p>sentí cerca de mí que un ala el rostro 67</p>
<p>me abanicaba y escuché: "Beati</p>
<p>pacifici, que están sin mala ira." 69</p>
<p>Estaban ya tan altos los postreros 70</p>
<p>rayos de los que va detrás la noche,</p>
<p>que en torno aparecían las estrellas. 72</p>
<p>"¡Oh, por qué me abandonas, valor mío!"</p>
<p>- decía para mí, porque sentía</p>
<p>la fuerza de las piernas flaqueartne. 75</p>
<p>Ya donde más no subía llegamos</p>
<p>la escalera, y allí nos detuvimos,</p>
<p>como la nave que ha llegado al puerto. 78</p>
<p>Puse atención un poco, por si oía</p>
<p>alguna cosa en este nuevo círculo;</p>
<p>luego al maestro me volví y le dije: 81</p>
<p>"Mi dulce padre, dime, ¿qué pecado</p>
<p>se purga en este círculo? Si quedos</p>
<p>están los pies, no lo estén las palabras." 84</p>
<p>Y él me dijo: "El amor del bien, escaso 85</p>
<p>de sus deberes, aquí se repara;</p>
<p>aquí se arregla el remo perezoso. 87</p>
<p>Y para que lo entiendas aún más claro,</p>
<p>vuelve hacia mí la mente, y sacarás</p>
<p>algún buen fruto de nuestra dernora." 90</p>
<p>Ni el Creador ni la criatura, nunca</p>
<p>sin amor estuvieron -él me dijo-</p>
<p>o natural o de ánimo; ya sabes. 93</p>
<p>El natural no se equivoca nunca,</p>
<p>mas puede el otro equivocar su objeto,</p>
<p>porque el vigor o poco o mucho sea. 96</p>
<p>Mientras que se dirige al bien primero,</p>
<p>y en el segundo él mismo se controla,</p>
<p>no puede ser razón de mal deleite; 99</p>
<p>mas cuando al mal se tuerce, o con cuidado</p>
<p>más o menos al bien de lo que debe,</p>
<p>contra el Autor se vuelven sus acciones. 102</p>
<p>Entenderás por ello que el amor</p>
<p>es semilla de todas las virtudes</p>
<p>y de todos los actos condenables. 105</p>
<p>Ahora bien, como nunca de la dicha</p>
<p>de su sujeto amor la vista aparta,</p>
<p>del propio odio las cosas están libres; 108</p>
<p>y como dividido no se entiende, 109</p>
<p>ni por sí mismo, a nadie del Principio,</p>
<p>odiar a aquel ninguno puede hacerlo. 111</p>
<p>Resta, si bien divido, que se ama</p>
<p>el mal del prójimo; y que dicho amor</p>
<p>de vuestro fango nace en tres maneras: 114</p>
<p>Quién, suprimido su vecino, aguarda</p>
<p>elevarse, y por esto sólo quiere</p>
<p>que derriben a aquel de su grandeza; 117</p>
<p>quién que el poder, la gracia, honor y fama</p>
<p>teme perder porque otro le supere,</p>
<p>y se entristece y quiere lo contrario; 120</p>
<p>y hay quien por las injurias se enfurece,</p>
<p>de la venganza se hace deseoso,</p>
<p>y necesita urdir el mal ajeno. 123</p>
<p>Este triforme amor aquí debajo 124</p>
<p>se llora; y ahora quiero que conozcas,</p>
<p>el que corre hacia el bien corruptamente. 126</p>
<p>Todos confusamente un bien seguimos</p>
<p>donde se aquiete el ánimo, y lo ansiamos;</p>
<p>y por lograrlo combatimos todos. 129</p>
<p>Si lento es ese amor en dirigirse</p>
<p>o en conquistar a Aquel, esta cornisa,</p>
<p>tras justo arrepentirse, le atormenta. 132</p>
<p>Hay otro bien que hace infeliz al hombre; 133</p>
<p>no es la felicidad, la buena esencia,</p>
<p>que es el fruto y raíz de todo bien. 135</p>
<p>El amor que a este bien se ha abandonado,</p>
<p>sobre nosotros se purga en tres círculos; 137</p>
<p>mas cómo tripartito se organiza, 138</p>
<p>para que tú lo encuentres, me lo callo.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_52">
</cite>
CANTO XVIII</p>
</title>
<p>Había terminado sus razones</p>
<p>mi alto doctor, mirando atentamente</p>
<p>si en mis ojos mostraba mi contento; 3</p>
<p>y yo, a quien nueva sed atormentaba,</p>
<p>callaba, mas por dentro me decía:</p>
<p>"mi preguntar acaso le molesta". 6</p>
<p>Mas el padre veraz, que se dio cuenta</p>
<p>del medroso deseo que ocultaba</p>
<p>sin hablar, me alentó a que preguntase. 9</p>
<p>Y yo: "Maestro, mi visión se aviva</p>
<p>tanto en tu luz, que ya distingo claro</p>
<p>lo que tu ciencia abarca o me describe: 12</p>
<p>Y así te pido, caro y dulce padre,</p>
<p>me expliques ese Amor al que reduces</p>
<p>cualquiera bien obrar o su contrario." 15</p>
<p>"Dirige -dijo- a mí las claras luces 16</p>
<p>del intelecto, y el error verás</p>
<p>de los ciegos que en guía se convierten. 18</p>
<p>El alma, que a amar presta fue creada,</p>
<p>se mueve a cualquier cosa que le place,</p>
<p>tan pronto del placer es puesta en acto. 21</p>
<p>La percepción, de seres verdaderos</p>
<p>saca la imagen que despliega dentro,</p>
<p>e impulsa al alma a que se vuelva a ésta; 24</p>
<p>y si, vuelta hacia ella, se doblega,</p>
<p>Amor se llama ese doblegarniento,</p>
<p>que por gozar de nuevo entra en vosotros. 27</p>
<p>Y, como el fuego a lo alto se dirige,</p>
<p>porque su forma a subir fue creada</p>
<p>donde más se conserva en su materia, 30</p>
<p>presa el alma se entrega así al deseo,</p>
<p>impulso espiritual, y no reposa</p>
<p>hasta que goza de la cosa amada. 33</p>
<p>Ahora comprenderás cuánto está oculta</p>
<p>esta verdad a la gente que dice</p>
<p>que todo amor sea loable cosa; 36</p>
<p>porque acaso parece su materia</p>
<p>que es siempre buena, mas no todo sello</p>
<p>es bueno aunque la cera sea buena." 39</p>
<p>"Con tus palabras y mi ingenio atento</p>
<p>- le respondí- ya sé qué es el amor,</p>
<p>pero esto de otras dudas me ha llenado; 42</p>
<p>pues si el amor se ofrece desde fuera,</p>
<p>y el alma no procede de otro modo, 44</p>
<p>no es mérito si va torcida o recta. " 45</p>
<p>"Cuanto ve la razón puedo decirte 46</p>
<p>- dijo-; si quieres más, aguarda entonces</p>
<p>a Beatriz, pues que de fe es materia. 48</p>
<p>Cualquiera fortna sustancial, que aparte</p>
<p>de la materia está, y está a ella unida,</p>
<p>una específica virtud contiene, 51</p>
<p>la cual no es perceptible sino obrando,</p>
<p>ni se demuestra más que por efectos,</p>
<p>cual la vida en las plantas por sus frondas 54</p>
<p>Mas de dónde nos vengan las primeras</p>
<p>nociones a la mente, lo ignorarnos,</p>
<p>y del primer apetecer las causas, 57</p>
<p>que en vosotros están, como en la abeja</p>
<p>el arte de hacer miel; y este deseo</p>
<p>no merece desprecio ni alabanza. 60</p>
<p>Mas porque a éste aún otros se añaden,</p>
<p>innata os es la virtud que aconseja,</p>
<p>y el umbral guarda del consentimiento. 63</p>
<p>Este es pues el principio del que parte</p>
<p>en vosotros el mérito, según</p>
<p>que buen o mal amor tome o desdeñe. 66</p>
<p>Los que al fondo llegaron razonando,</p>
<p>se dieron cuenta de esta libertad;</p>
<p>y al mundo le dejaron sus morales. 69</p>
<p>Aun suponiendo que obligadamente</p>
<p>surja el amor que dentro se os encienda,</p>
<p>la potestad tenéis de refrenarlo. 72</p>
<p>A esta noble virtud Beatriz la llama</p>
<p>libre albedrío, y procurar debieras</p>
<p>recordarlo por si ella te habla de esto." 75</p>
<p>La luna, casi a media noche tarda, 76</p>
<p>más raras las estrellas nos hacía,</p>
<p>como un caldero ardiendo por completo; 78</p>
<p>corriendo por el cielo los caminos</p>
<p>que el sol inflama cuando los de Roma</p>
<p>lo ven caer entre Corsos y Sardos. 81</p>
<p>Y la sombra gentil, por quien a Piétola</p>
<p>más que a la propia Mantua se celebra 83</p>
<p>me había liberado de mi peso; 84</p>
<p>y yo, que la razón abierta y llana</p>
<p>tenía ya después de mis preguntas,</p>
<p>divagaba cual hombre adormilado; 87</p>
<p>mas fue esta soñolencia interrumpida</p>
<p>súbitamente por gentes que a espaldas</p>
<p>nuestras, hacia nosotros caminaban. 90</p>
<p>Como el Ismeno y el Asopo vieron 91</p>
<p>furia y turbas de noche en sus orillas,</p>
<p>cuando a Baco imploraban los tebanos, 93</p>
<p>así por aquel círculo avanzaban,</p>
<p>por lo que pude ver, quienes venían</p>
<p>del buen querer y justo amor llevados. 96</p>
<p>Enseguida llegaron, pues corriendo</p>
<p>aquella magna turba se movía,</p>
<p>y dos gritaban llorando delante: 99</p>
<p>"Corrió María apresurada al monte; 100</p>
<p>y para sojuzgar Lérida César, 101</p>
<p>tocó en Marsella y luego corrió a España." 102</p>
<p>"Raudo, raudo, que el tiempo no se pierda</p>
<p>por poco amor -gritaban los demás-;</p>
<p>que el arte de obrar bien torne la gracia." 105</p>
<p>"Oh gente a quien fervor agudo ahora</p>
<p>compensa neglilgencia o dilaciones</p>
<p>que por tibieza en bien obrar pusisteis, 108</p>
<p>éste que vive, y cierto no os engaño,</p>
<p>en cuanto luzca el sol quiere ir arriba;</p>
<p>decidnos pues dónde hay una abertura." 111</p>
<p>Estas palabras díjolas mi guía;</p>
<p>y uno de estos espíritus: "Seguidnos</p>
<p>detrás -nos dijo- y hallaréis el paso. 114</p>
<p>De movernos estamos tan ansiosos</p>
<p>que parar no podemos; tú perdona</p>
<p>si la justicia te es descortesía. 117</p>
<p>Yo fui abad de San Zeno de Verona 118</p>
<p>bajo el imperio del buen Barbarroja,</p>
<p>del cual doliente aún Milán se acuerda. 120</p>
<p>Y hay alguno con un pie ya en la fosa, 121</p>
<p>que pronto llorará aquel monasterio,</p>
<p>y triste se hallará de haber mandado; 123</p>
<p>porque a su hijo, mal del cuerpo entero, 124</p>
<p>y peor de la mente, y malnacido,</p>
<p>ha puesto en vez de su pastor legal." 126</p>
<p>Ignoro si calló o si más nos dijo,</p>
<p>tan lejos se encontraba de nosotros;</p>
<p>esto escuché y me agrada el recordarlo. 129</p>
<p>Y aquel que en todo trance me ayudaba</p>
<p>dijo: "Vuélvete aquí y mira esos dos</p>
<p>que vienen dando muerdos a la acidia." 132</p>
<p>Detrás todos decían: "Antes muerto 133</p>
<p>estuvo el pueblo a quien el mar se abriera,</p>
<p>de que el Jordán su descendencia viese. 135</p>
<p>Y aquellos que la suerte no sufrieron 136</p>
<p>del vástago de Anquises hasta el fin,</p>
<p>a una vida sin gloria se ofrecieron." 138</p>
<p>Luego cuando esas sombras tan lejanas</p>
<p>estaban, que ya verse no podían,</p>
<p>se me introdujo un nuevo pensanmiento, 141</p>
<p>del que nacieron otros y diversos;</p>
<p>y tanto de uno en otro divagaba,</p>
<p>que por divagación cerré los ojos, 144</p>
<p>y en sueño convertí mi pensamiento. 145</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_53">
</cite>
CANTO XIX</p>
</title>
<p>Cuando el calor diurno no consigue 1</p>
<p>hacer ya tibio el frío de la luna,</p>
<p>por la tierra vencido y por Saturno, 3</p>
<p>- que es cuando los geomantes la Fortuna 4</p>
<p>Mayor ven en oriente antes del alba,</p>
<p>surgir por vía oscura poco tiempo- 6</p>
<p>me llegó en sueños una tartamuda, 7</p>
<p>bizca en los ojos, y en los pies torcida,</p>
<p>descolorida y con las manos mancas. 9</p>
<p>Yo la miraba; y como el sol conforta</p>
<p>los fríos miembros que la noche oprime,</p>
<p>así mi vista le volvía suelta 12</p>
<p>la lengua, y bien derecha la ponía</p>
<p>al poco, y su semblante desmayado,</p>
<p>como quiere el amor, coloreaba. 15</p>
<p>Después de haberse en el hablar soltado,</p>
<p>a cantar comenzó, tal que con pena</p>
<p>habría de ella apartado mi mente. 18</p>
<p>"Yo soy -cantaba- la dulce sirena,</p>
<p>que en la mar enloquece a los marinos;</p>
<p>tan grande es el placer que da el oírme. 21</p>
<p>Yo aparté a Ulises de su incierta ruta</p>
<p>con mi cantar; y quien se me habitúa,</p>
<p>raramente me deja: ¡Así lo atraigo!" 24</p>
<p>Aún no se había cerrado su boca,</p>
<p>cuando yo vi una dama santa y presta 26</p>
<p>al lado de mí para confundirla. 27</p>
<p>"Oh, Virgilio, Virgilio, ¿quién es ésta?"</p>
<p>- fieramente decía,--; y él llegaba</p>
<p>en la honesta fijándose tan sólo. 30</p>
<p>Cogió a la otra, y le abrió por delante,</p>
<p>rasgándole el traje, y mostrándole el vientre;</p>
<p>me despertó el hedor que desprendía. 33</p>
<p>Miré, y el buen maestro: "¡Al menos tres</p>
<p>voces te he dado! --dijo-, ven, levanta;</p>
<p>hallaremos la entrada para que entres." 36</p>
<p>Me levanté, y estaban ya colmados</p>
<p>de pleno día el monte y sus recintos;</p>
<p>con sol nuevo a la espalda caminábamos. 39</p>
<p>Siguiéndole, llevaba la cabeza</p>
<p>tal quien de pensanúentos va cargado,</p>
<p>que hace de sí un medio arco de puente; 42</p>
<p>Cuando escuché "Venid, aquí se cruza"</p>
<p>dicho de un modo suave y benigno,</p>
<p>que no se escucha en esta mortal marca. 45</p>
<p>Con alas, que de cisne parecían,</p>
<p>arriba nos condujo quien hablaba</p>
<p>entre dos caras del duro macizo. 48</p>
<p>Movió luego las plumas dando aire,</p>
<p>Qui lugent afirmando ser dichosos,</p>
<p>pues tendrán dueña el alma del consuelo. 51</p>
<p>"¿Qué tienes que a la tierra sólo miras?"</p>
<p>mi guía comenzó a decirme, apenas</p>
<p>sobrepasados fuimos por el ángel. 54</p>
<p>Y yo: "Me hace marchar con tantas dudas</p>
<p>esa nueva visión, que a ella me inclina,</p>
<p>y no puedo apartar del pensamiento." 57</p>
<p>"Has visto -dijo- aquella antigua bruja</p>
<p>por quien se llora encima de nosotros;</p>
<p>y cómo de ella el hombre se libera. 60</p>
<p>Bástete así, y camina más aprisa;</p>
<p>vuelve la vista al reclamo que mueve</p>
<p>el rey eterno con las grandes ruedas." 63</p>
<p>Cual primero el halcón sus patas mira, 64</p>
<p>y luego vuelve al grito, y se apresura</p>
<p>por afán de la presa que le llama, 66</p>
<p>así hice yo; y así, cuanto se parte</p>
<p>la roca por dar paso a aquel que sube,</p>
<p>anduve hasta llegar donde se cruza. 69</p>
<p>Cuando en el quinto círculo hube entrado, 70</p>
<p>vi por aquel a gentes que lloraban,</p>
<p>tumbados en la tierra boca abajo. 72</p>
<p>Adhaesit pavimento anima mea' 73</p>
<p>oí decir con tan altos suspiros,</p>
<p>que apenas se entendían las palabras. 75</p>
<p>"Oh elegidos de Dios, cuyos sufrires</p>
<p>justicia y esperanza hacen más blandos,</p>
<p>hacia la alta subida dirigirnos." 78</p>
<p>"Si venís de yacer aquí librados,</p>
<p>y queréis pronto hallar vuestro camino,</p>
<p>llevad siempre por fuera la derecha." 81</p>
<p>Así rogó el poeta, y contestado</p>
<p>fue así poco delante de nosotros; y yo</p>
<p>descubrí en el hablar a un escondido; 84</p>
<p>y a los de mi sefíor volví los ojos:</p>
<p>él asintió con ceño placentero,</p>
<p>a aquello que mi vista le pedía. 87</p>
<p>Luego que pude hacer lo que gustaba,</p>
<p>me puse sobre aquella criatura,</p>
<p>cuyas palabras mi atención movieron, 90</p>
<p>"Alma --diciendo- en cuyo llanto eso</p>
<p>que no puede volver a Dios madura,</p>
<p>deja un poco por mí el mayor cuidado. 93</p>
<p>¿Quién fuisteis, y por qué vuelta la espalda</p>
<p>tenéis arriba.P ¿Quieres que te pida</p>
<p>algo de allí de donde vengo vivo?" 96</p>
<p>Y él me dijo: "El porqué nuestras espaldas</p>
<p>vuelve el cielo hacia sí, sabrás; mas antes</p>
<p>scías quod ego fui succesor Petri 99</p>
<p>Entre Siestri y Chiavani va corriendo</p>
<p>un río hermoso, y en su nombre tiene</p>
<p>el título mi estirpe más preciado. 102</p>
<p>Cómo pesa el gran manto a quien lo guarda</p>
<p>del fango, provee un mes y poco más;</p>
<p>plumas parecen todas otras cargas. 105</p>
<p>Mi conversión tardía fue, ¡Ay de mí!;</p>
<p>pero cuando elegido fui romano</p>
<p>pastor, vi que la vida era mentira. 108</p>
<p>Vi que allí el corazón no se aquietaba,</p>
<p>ni subir más podía en esa vida;</p>
<p>por lo cual me encendí de amor por ésta. 111</p>
<p>Hasta aquel punto, mísera, apartada</p>
<p>de Dios estuvo mi alma avariciosa;</p>
<p>y, como ves, aquí estoy castigado. 114</p>
<p>Lo que hace la avaricia, se declara</p>
<p>en la purga del alma convertida;</p>
<p>no hay en el monte más amarga pena. 117</p>
<p>Y como nuestros ojos no pusimos</p>
<p>en alto, fijos sólo en lo terreno,</p>
<p>la justicia en la tierra aquí los clava. 120</p>
<p>Y como la avaricia a cualquier bien</p>
<p>apagó nuestro amor, y nuestras obras</p>
<p>se perdieron, nos tiene la Justicia 123</p>
<p>de pies y manos presos y amarrados:</p>
<p>y cuanto le complazca al justo Sir</p>
<p>inmóviles, tumbados estaremos". 126</p>
<p>Me había arrodillado y quise hablarle;</p>
<p>mas cuanto comencé, y él se dio cuenta,</p>
<p>de mi respeto, sólo al escucharle, 129</p>
<p>"¿Por qué te inclinas --dijo- de ese modo?"</p>
<p>y le dije: "Por vuestra dignidad</p>
<p>estar de pie me impide mi conciencia." 132</p>
<p>"¡Endereza las piernas y levanta,</p>
<p>hermano! -respondió-, no te equivoques:</p>
<p>de un poder mismo todos somos siervos. 135</p>
<p>Y si aquel santo evangélico texto</p>
<p>que dice necque nubent, entendiste, 137</p>
<p>comprenderás por qué hablo de este modo 138</p>
<p>Ahora vete, no quiero que te pares</p>
<p>más, pues turbas mi llanto con tu estancia,</p>
<p>con el cual se madura lo que has dicho. 141</p>
<p>Tan sólo una sobrina, Alagia, tengo, 142</p>
<p>buena de suyo, si es que nuestra casa</p>
<p>no la haya hecho a su ejemplo malvada; 144</p>
<p>y ésta tan sólo de allí me ha quedado."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_54">
</cite>
CANTO XX</p>
</title>
<p>Contra un mejor querer otro no lucha;</p>
<p>y contra mi placer, por complacerle,</p>
<p>saqué del agua la esponja aún sedienta. 3</p>
<p>Eché a andar y mi guía echó a andar por los</p>
<p>lugares libres, siguiendo la roca,</p>
<p>cual pegados de un muro a las almenas; 6</p>
<p>pues la gente que vierte gota a gota</p>
<p>por los ojos el mal que el mundo llena,</p>
<p>al borde se acercaba demasiado. 9</p>
<p>¡Maldita seas tú, oh antigua loba,</p>
<p>que más que el resto de las bestias matas,</p>
<p>a causa de tus hambres desmedidas! 12</p>
<p>¡Oh, cielo, que se cree que cuando gira</p>
<p>puede cambiar las leyes de aquí abajo!,</p>
<p>¿cuándo vendrá quien a ésta le haga huir? 15</p>
<p>A paso lento y corto caminábamos,</p>
<p>atento yo a las sombras, que sentía</p>
<p>llorar piadosamente y lamentarse 18</p>
<p>y por ventura oí. "¡Dulce María!" 19</p>
<p>clamar así en el llanto ante nosotros,</p>
<p>como hace una mujer que esté pariendo; 21</p>
<p>y que seguía- "Fuiste tú tan pobre</p>
<p>cuanto se puede ver por el cobijo</p>
<p>donte tu santa carga depusiste." 24</p>
<p>Oí seguidamente: "Oh buen Fabricio, 25</p>
<p>antes virtud quisiste en la pobreza,</p>
<p>que gran riqueza poseer vicioso." 27</p>
<p>Estas palabras tanto me placían,</p>
<p>que avancé un poco más por conocer</p>
<p>a aquel que parecía proferirlas. 30</p>
<p>Aquel hablaba aún del generoso</p>
<p>trato de Nicolás con las doncellas</p>
<p>para guardar su juventud honesta. 33</p>
<p>"Oh espíritu que tanto bien proclamas,</p>
<p>dime quién fuiste -dije y por qué sólo</p>
<p>repites estas dignas alabanzas. 36</p>
<p>No quedarán tus palabras sin premio,</p>
<p>si vuelvo a completar la corta senda,</p>
<p>de aquella vida que al término vuela." 39</p>
<p>Y aquél: "Te lo diré, no porque espere</p>
<p>consuelo en ello, sino porque tanta</p>
<p>gracia en ti luce aun antes de estar muerto. 42</p>
<p>Yo fui raíz de aquella mala planta 43</p>
<p>que la tierra cristiana ha ensombrecido,</p>
<p>tal que buen fruto rara vez se coge. 45</p>
<p>Mas si Duay y Gante, Lila y Brujas 46</p>
<p>pudieran, su venganza encontrarían;</p>
<p>yo la suplico a aquel que todo juzga. 48</p>
<p>Hugo Capeto fui llamado abajo;</p>
<p>de mí nacieron Felipes y Luises</p>
<p>por quien Francia regida fue de nuevo. 51</p>
<p>De un carnicero de París fui hijo: 52</p>
<p>al extinguirse ya los viejos reyes,</p>
<p>salvo el que en paños grises envolvieron, 54</p>
<p>me encontré entre las manos con las riendas</p>
<p>del gobierno, y con tanto poderío</p>
<p>adquirido, y con tantos partidarios, 57</p>
<p>que a la corona viuda promovida</p>
<p>fue la cabeza de mi hijo, el cual</p>
<p>hizo nacer los consagrados huesos. 60</p>
<p>Mientras que la gran dote de Provenza 61</p>
<p>no quitó la vergüenza de mi estirpe,</p>
<p>valía poco, pero mal no hacía. 63</p>
<p>Allí empezó con fuerza y con mentira 64</p>
<p>su rapiña; mas luego, por enmienda,</p>
<p>Ponthieu tomó, Gascuña y Normandía. 66</p>
<p>Carlos a Italia vino y, por enmienda, 67</p>
<p>víctima hizo a Corradino; y luego</p>
<p>a Tomás, por enmienda, empujó al cielo. 69</p>
<p>Un tiempo veo, no muy lejos de ese,</p>
<p>en que saldrá de Francia aún otro Carlos, 71</p>
<p>para que sepan más de él y los suyos. 72</p>
<p>Sale sin armas, con la lanza sólo</p>
<p>con la que judas contendió, y la clava 74</p>
<p>en Florencia, y el vientre le desgarra. 75</p>
<p>Tierras no, mas pecados y deshonra,</p>
<p>para él adquirirá, tanto más graves,</p>
<p>cuanto más leve el daño le parezca. 78</p>
<p>A otro, que sale preso de una nave, 79</p>
<p>a su hija vender regateando</p>
<p>veo cual los corsarios las esclavas. 81</p>
<p>¡Oh avaricia! ¿qué más hacer puedes,</p>
<p>si de mi sangre así te has adueñado,</p>
<p>que no se cuida de su propia carne? 84</p>
<p>Por remediar lo hecho y lo futuro, 85</p>
<p>veo en Anagi entrar la flor de lis,</p>
<p>y en su vicario hacer cautivo a Cristo. 87</p>
<p>Le veo nuevamente escarnecido;</p>
<p>hiel y vinagre renovar le veo,</p>
<p>y entre vivos ladrones darle muerte. 90</p>
<p>Veo al nuevo Pilatos tan cruel, 91</p>
<p>que no le sacia esto, y sin decreto</p>
<p>lleva las velas avaras al Templo. 93</p>
<p>¿Cuándo podré alegrarme, Señor mío,</p>
<p>mirando la venganza que, escondida,</p>
<p>hace dulce el secreto de tu ira? 96</p>
<p>Lo que decía de la única esposa 97</p>
<p>del Espíritu Santo, y que te hizo</p>
<p>volverte a mí para que te explicara, 99</p>
<p>la letanía es de nuestras preces</p>
<p>mientras el día dura; y cuando marcha</p>
<p>es un contrario son el que entonarnos. 102</p>
<p>A Pigmalión recordarnos entonces, 103</p>
<p>a quien traidor, ladrón y parricida</p>
<p>hizo su desmedido afán de oro; 105</p>
<p>y del avaro Midas la miseria, 106</p>
<p>que siguió a su pedir desmesurado,</p>
<p>que será bueno reírla por siempre; 108</p>
<p>al loco Acán después nos referimos, 109</p>
<p>cómo robó el botín, tal que la ira</p>
<p>de Josué parece que aún le muerda. 111</p>
<p>A Safira acusamos y al marido; 112</p>
<p>de Eliodoro las coces alabamos; 113</p>
<p>y gira en todo el monte por su infamia. 114</p>
<p>Polinestor que mató a Polidoro; 115</p>
<p>y para terminar se grita: "Craso 116</p>
<p>di, ¿cómo sabe el oro, pues lo sabes?" 117</p>
<p>Así habla en alto el uno, en bajo el otro;</p>
<p>según la fuerza que nos espolea</p>
<p>a andar a paso lento o más ligero: 120</p>
<p>Mas proclamando la virtud diurna</p>
<p>no era el único; sólo que aquí cerca</p>
<p>la voz no levantaba ningún otro." 123</p>
<p>Nos habíamos ya ido de su lado,</p>
<p>procurando avanzar en el camino</p>
<p>lo que nuestros recursos permitían, 126</p>
<p>cuando escuché, como si algo se hundiera,</p>
<p>temblar el monte, y me asaltó tal frío</p>
<p>como le asalta a aquel que va a la muerte. 129</p>
<p>De cierto no tembló tan fuerte Delos, 130</p>
<p>antes de que Latona hiciera el nido,</p>
<p>para alumbrar del cielo los dos ojos. 132</p>
<p>Luego un clamor se oyó por todas partes</p>
<p>tal, que el maestro se volvió hacia mí</p>
<p>"Mientras te guíe -dijo- no te asustes." 135</p>
<p>Gloria in excelsis todos deo 136</p>
<p>decían, por lo que escuché, de cerca,</p>
<p>y pude comprender lo que gritaban. 138</p>
<p>Suspendidos e inmóviles estábamos,</p>
<p>igual que los pastores al oírlo,</p>
<p>hasta que terminó el temblor y el canto. 141</p>
<p>Luego seguimos nuestra santa ruta,</p>
<p>viendo yacer las sombras por la tierra,</p>
<p>vueltas de nuevo al llanto acostumbrado. 144</p>
<p>Con tanta guerra nunca la ignorancia</p>
<p>de conocer me hizo deseoso,</p>
<p>si es que no se equivoca mi memoria, 147</p>
<p>cuanta creí tener, pensando, entonces;</p>
<p>ni a preguntar osaba por la prisa,</p>
<p>ni comprendía nada por mí mismo: 150</p>
<p>y marchaba asustado y pensativo.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_55">
</cite>
CANTO XXI</p>
</title>
<p>Esa sed natural que no se aplaca</p>
<p>sino con aquel agua que la joven</p>
<p>samaritana pidió como gracia, 3</p>
<p>me apenaba, y punzábarne la prisa</p>
<p>por la difícil senda tras mi guía 5</p>
<p>doliéndome con la justa venganza. 6</p>
<p>Y he aquí que, como escribe Lucas</p>
<p>que a dos en el camino vino Cristo,</p>
<p>salido de la boca del sepulcro, 9</p>
<p>apareció una sombra detrás de nosotros, 10</p>
<p>al pie mirando la turba yacente;</p>
<p>y antes de percatamos de él, nos dijo: 12</p>
<p>"Oh hermanos míos, Dios os de la paz".</p>
<p>Nos volvimos de súbito, y Virgilio</p>
<p>le devolvió el saludo que se debe. 15</p>
<p>Dijo después: "En la corte beata,</p>
<p>en paz te ponga aquel veraz concilio, 17</p>
<p>que en el exilio eterno me relega." 18</p>
<p>"¡Cómo! -nos dijo, caminando aprisa-:</p>
<p>¿si sombras sois que aquí Dios no destina,</p>
<p>quién os ha hecho subir por su escalera?" 21</p>
<p>Y mi doctor: "Si miras las señales</p>
<p>que éste lleva, y que un ángel ha marcado</p>
<p>verás que puede irse con los buenos. 24</p>
<p>Mas como la que hila día y noche</p>
<p>no le había acabado aún la husada</p>
<p>que Cloto impone y a todos apresta, 27</p>
<p>su alma, que es hermana de las nuestras,</p>
<p>subiendo no podía venir sola,</p>
<p>porque no puede ver como nosotros. 30</p>
<p>Y me sacaron de la gran garganta</p>
<p>infernal, para guiarle, y guiarele</p>
<p>hasta donde mi escuela pueda hacerlo. 33</p>
<p>Mas, si lo sabes, dime, ¿por qué tales</p>
<p>sacudidas dio el monte, y por qué a una</p>
<p>parecieron gritar hasta su base.?" 36</p>
<p>Así dio, preguntando, en todo el blanco</p>
<p>de mi deseo, y con las esperanzas</p>
<p>aquella sed sentí más satisfecha. 39</p>
<p>Y aquel dijo: "No hay cosa que sin orden</p>
<p>pase en la santidad de la montaña,</p>
<p>o que suceda fuera de costumbre. 42</p>
<p>De toda alteración esto está libre:</p>
<p>uno que el cielo dio y que en él recibe 44</p>
<p>puede ser la razón, y no otra causa. 45</p>
<p>Porque la lluvia, el granizo, la nieve,</p>
<p>el rocío y la escarcha más arriba</p>
<p>no caen de la escalera de tres gradas; 48</p>
<p>nubes espesas no hay ni enrarecidas,</p>
<p>ni rayos, ni la hija de Taumente, 50</p>
<p>que abajo cambia a menudo de sitio; 51</p>
<p>no sigue el viento seco más arriba</p>
<p>que la más alta de las escaleras,</p>
<p>donde se sienta el vicario de Pedro. 54</p>
<p>Acaso tiemble abajo, poco o mucho,</p>
<p>mas por mucho que el viento allá se esconda,</p>
<p>no sé cómo, aquí arriba nunca tiembla. 57</p>
<p>Tiembla cuando algún alma ya limpiada</p>
<p>se siente, y se levanta o se encamina</p>
<p>para subir; y tal grito la sigue. 60</p>
<p>Da prueba ese deseo de estar limpia,</p>
<p>que, libre ya para mudar de sitio,</p>
<p>toma al alma y la empuja con deseo. 63</p>
<p>Antes lo quiso, y lo impidió el talento</p>
<p>pues contra ese deseo, la Justicia,</p>
<p>como fue en el pecar, pone al castigo. 66</p>
<p>Y yo que en estas penas he yacido</p>
<p>más de quinientos años, sólo ahora</p>
<p>anhelo libremente un mejor solio: 69</p>
<p>por eso el terremoto y los piadosos</p>
<p>espíritus oisteis, alabando</p>
<p>a aquel Señor, que pronto los reclame." 72</p>
<p>Así nos dijo; y tal como disfruta</p>
<p>más del beber quien tiene sed más grande,</p>
<p>no podría explicar mi gran contento. 75</p>
<p>Y el sabio guía: "Ya comprendo ahora</p>
<p>la red que os prende y cómo deslazarla,</p>
<p>y por qué hay regocijos y temblores. 78</p>
<p>Ahora quién fuiste plázcate contarme,</p>
<p>y por qué tantos siglos has yacido</p>
<p>aquí, muéstramelo con tus palabras." 81</p>
<p>"En la edad que el buen Tito, con la ayuda 82</p>
<p>del sumo rey, vengó los agujeros</p>
<p>de aquella sangre por Judas vendida, 84</p>
<p>con el nombre que más dura y más honra 85</p>
<p>vivía yo" -repuso aquel espíritu-</p>
<p>ya bastante famoso, mas sin fe. 87</p>
<p>Tan grande fue lo dulce de mi canto,</p>
<p>que, tolosano, a Roma me trajeron,</p>
<p>y merecí con mirto honrar mis sienes. 90</p>
<p>Por Estacio aún la gente me conoce:</p>
<p>canté de Tebas y del gran Aquiles;</p>
<p>mas quedó en el camino la segunda. 93</p>
<p>Semilla de mi ardor fueron las ascuas,</p>
<p>que me quemaron, de la llama santa</p>
<p>en que han sido encendidos más de miles; 96</p>
<p>de la Eneida te hablo, la cual madre</p>
<p>me fue, y me fue nodriza en la poesía:</p>
<p>sin ella no valdría ni un adarme. 99</p>
<p>Y por haber vivido cuando allí</p>
<p>vivió Virgilio, un sol consentiría</p>
<p>más del debido aún antes de marcharme." 102</p>
<p>Se volvió a mí Virgilio a estas palabras</p>
<p>con rostro que, callando, dijo: "Calla";</p>
<p>mas la virtud no puede cuanto quiere, 105</p>
<p>que risa y llanto siguen tan de cerca</p>
<p>la pasión que genera a cada uno,</p>
<p>que al querer menos sigue en los sinceros. 108</p>
<p>Así que sonreí como al secreto;</p>
<p>y se calló la sombra, y me miró</p>
<p>los ojos que revelan más el alma; 111</p>
<p>y: "así tanto trabajo en bien acabe</p>
<p>- dijo- ¿por qué hace un rato tu semblante</p>
<p>me ha mostrado un relámpago de risa?" 114</p>
<p>Ahora estaba cogido por dos partes</p>
<p>una me hace callar, la otra me pide</p>
<p>que hable; y yo suspiro y me comprende 117</p>
<p>mi maestro, y "No tengas ningún miedo</p>
<p>de hablar -me dice-; háblale y revela</p>
<p>lo que con tanto afán ha preguntado" 120</p>
<p>Por lo que yo: "Quizás te maravilles</p>
<p>de por qué me reí, oh antiguo espíritu,</p>
<p>pero aún quedarás más admirado. 123</p>
<p>Este que arriba guía mi mirada,</p>
<p>es el mismo Virgilio, en quien las fuerzas</p>
<p>tomaste de cantar dioses y héroes. 126</p>
<p>Si de otra causa pareció mi risa,</p>
<p>olvídala por falsa, y sólo vino</p>
<p>de las palabras que le prodigaste." 129</p>
<p>Para abrazar los pies ya se inclinaba</p>
<p>a mi doctor, más él le dijo: "Hermano,</p>
<p>no lo hagas, porque somos los dos sombras." 132</p>
<p>Y él alzando: "Ahora puedes comprender</p>
<p>la cantidad de amor en que me enciendes,</p>
<p>cuando olvido que somos cosas vanas, 135</p>
<p>y trato como sólidas las sombras."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_56">
</cite>
CANTO XXII</p>
</title>
<p>Ya el ángel se quedó tras de nosotros,</p>
<p>aquel que al sexto círculo nos trajo,</p>
<p>una señal quitando de mi frente; 3</p>
<p>y a los que tienen ansias de justicia</p>
<p>llamó beatos, pero sus palabras</p>
<p>hasta el sitiunt, no más, lo proclamaron. 6</p>
<p>Y yo más leve que en los otros pasos</p>
<p>caminaba, tal que sin pena alguna</p>
<p>seguía a los espíritus veloces; 9</p>
<p>cuando Virgilio comenzó: "El Amor 10</p>
<p>prendido en la virtud, siempre a otro prende</p>
<p>con tal de que su llama manifieste; 12</p>
<p>desde el punto en que vino con nosotros</p>
<p>Juvenal hasta el limbo del infierno, 14</p>
<p>y cuánto te admiraba me dijera, 15</p>
<p>yo fui contigo tan benevolente</p>
<p>como nunca con alguien que no has visto,</p>
<p>y esta escalera me parece corta. 18</p>
<p>Pero dime, y perdona como amigo</p>
<p>si excesiva confianza alarga el freno,</p>
<p>y como amigo explícame la causa: 21</p>
<p>cómo pudo encontrar dentro de ti</p>
<p>un sitio la avaricia, junto a tanto</p>
<p>saber que por estudios poseías?" 24</p>
<p>A Estacio estas palabras le causaron</p>
<p>primero una sonrisa, luego dijo:</p>
<p>"Me prueba tu cariño lo que dices. 27</p>
<p>En verdad muchas veces pasan cosas</p>
<p>que dan materia falsa a nuestras dudas,</p>
<p>porque la causa cierta está escondida. 30</p>
<p>Tu pregunta me muestra que pensabas</p>
<p>que en la otra vida hubiera sido avaro,</p>
<p>acaso pues me viste en aquel círculo. 33</p>
<p>Sabe pues que alejado de avaricia</p>
<p>fui demasiado; y esta desmesura</p>
<p>miles de lunas castigada ha sido. 36</p>
<p>Y si el rumbo no hubiese enderezado,</p>
<p>al comprender allí donde escribías,</p>
<p>casi irritado con el ser del hombre, 39</p>
<p>"¿Por dónde no conduces tú, maldita 40</p>
<p>hambre de oro, el afán de los mortales?"</p>
<p>en los tristes torneos diera vueltas. 42</p>
<p>Supe entonces que mucho abrir las alas</p>
<p>puede gastar las manos, y de esa</p>
<p>falta me arrepentí cual de las otras. 45</p>
<p>¿Cuántos renacerán todos pelados</p>
<p>por ignorancia, pues quien peca en esto, 47</p>
<p>ni en vida, ni al extremo se arrepiente? 48</p>
<p>Y sabrás que la culpa que replica,</p>
<p>y diametral se opone a algún pecado,</p>
<p>juntamente con él su verdor seca; 51</p>
<p>por lo cual si con esa gente estuve</p>
<p>que llora la avaricia, por purgarme</p>
<p>justo de lo contrario me encontraba." 54</p>
<p>"Cuando contaste las peleas crueles</p>
<p>de la doble tristeza de Yocasta 56</p>
<p>- dijo el cantor de bucólicos versos- 57</p>
<p>por aquello que te inspirara Clío,</p>
<p>no parece que fueses todavía</p>
<p>fiel a la fe sin la que el bien no basta. 60</p>
<p>Si esto es así, ¿qué sol, qué luminarias,</p>
<p>disipando la sombra, enderezaron</p>
<p>detrás del pescador luego tus velas?" 63</p>
<p>Y aquél a éste: "Tú me dirigiste</p>
<p>a beber en las grutas del Parnaso;</p>
<p>y luego junto a Dios me iluminaste. 66</p>
<p>Hiciste como aquél que va de noche</p>
<p>con una luz detrás, que a él no le sirve,</p>
<p>mas hace tras de sí a la gente sabia, 69</p>
<p>cuando dijiste: "El siglo se renueva,</p>
<p>y el primer tiempo y la justicia vuelven,</p>
<p>nueva progenie de los cielos baja." 72</p>
<p>Por ti poeta fui, por ti cristiano: 73</p>
<p>mas para ver mejor lo que dibujo,</p>
<p>para darle color la mano extiendo. 75</p>
<p>Preñado estaba el mundo todo entero</p>
<p>de la fe verdadera, que sembraron</p>
<p>los mensajeros del eterno reino, 78</p>
<p>y tus palabras que antes he citado</p>
<p>con las prédicas nuevas concordaban;</p>
<p>y tomé por costumbre el visitarles. 81</p>
<p>Tan santos luego fueron pareciendo,</p>
<p>que en la persecución de Domiciano, 83</p>
<p>sin mis lágrimas ellos no lloraban; 84</p>
<p>y mientras que en mi mano hacerlo estuvo</p>
<p>les ayudaba, y con sus rectas vidas</p>
<p>me hicieron despreciar toda otra secta. 87</p>
<p>Y antes de poetizar sobre los griegos 88</p>
<p>y sobre Tebas, tuve mi bautismo;</p>
<p>pero por miedo fui un cristiano oculto, 90</p>
<p>mostrándome pagano mucho tiempo;</p>
<p>y esa tibieza en el recinto cuarto</p>
<p>me recluyó por más de cuatro siglos. 93</p>
<p>Tú pues, que ya este velo has levantado</p>
<p>que me escondía cuanto bien he dicho,</p>
<p>mientras que de subir nos ocupamos, 96</p>
<p>dónde está, dime, aquel Terencia antiguo, 97</p>
<p>Varrón, Plauto, Cecilio, si lo sabes:</p>
<p>y si están condenados y en qué círculo." 99</p>
<p>Esos y Persio, y yo, y bastantes otros 100</p>
<p>- le respondió- se encuentran con el Griego</p>
<p>a quien las musas más amamantaron, 102</p>
<p>en el primer recinto de la cárcel;</p>
<p>y hablarnos muchas veces de aquel monte</p>
<p>donde nuestras nodrizas se hallan siempre. 105</p>
<p>También están Simónides y Eurípides, 106</p>
<p>Antifonte, Agatón y muchos otros</p>
<p>griegos que de laureles se coronan. 108</p>
<p>Allí se ven aquellas gentes tuyas,</p>
<p>Antígona, Deífile y Argía</p>
<p>y así como lo fue de triste, a Ismene. 111</p>
<p>Vemos a aquella que mostró Langía,</p>
<p>a Tetis y la hija de Tiresias, 113</p>
<p>y a Deidamia con todos sus hermanos." 114</p>
<p>Ya se callaban ambos dos poetas,</p>
<p>de nuevo atentos a mirar en torno,</p>
<p>ya libres de subir y de paredes; 117</p>
<p>y habían cuatro siervas ya del día</p>
<p>atrás quedado, y al timón la quinta</p>
<p>enderezaba a lo alto el carro ardiente, 120</p>
<p>cuando mi guía: "Creo que hacia el borde</p>
<p>volver el hombro diestro nos conviene,</p>
<p>dando la vuelta al monte cual solemos. " 123</p>
<p>Así fue nuestro guía la costumbre,</p>
<p>y emprendimos la ruta más tranquilos</p>
<p>pues lo aprobaba aquel alma tan digna. 126</p>
<p>Ellos iban delante, y solitario</p>
<p>yo detrás, escuchando sus palabras,</p>
<p>que en poetizar me daban su intelecto. 129</p>
<p>Mas pronto rompió las dulces razones</p>
<p>un árbol puesto en medio del camino,</p>
<p>con manzanas de olor bueno y suave; 132</p>
<p>y así corno el abeto se adelgaza</p>
<p>de rama en rama, aquel abajo hacía,</p>
<p>para que nadie, pienso, lo subiera. 135</p>
<p>Del lado en que el camino se cortaba,</p>
<p>caía de la roca un licor claro,</p>
<p>que se extendía por las hojas altas. 138</p>
<p>Al árbol se acercaron los poetas;</p>
<p>y una voz desde dentro de la fronda</p>
<p>gritó: "Muy caro cuesta este alimento." 141</p>
<p>"Más pensaba María en que las bodas 142</p>
<p>- siguió- fueran honradas, que en su boca,</p>
<p>esa que ahora intercede por vosotros. 144</p>
<p>Las antiguas romanas sólo agua</p>
<p>bebían; y Daniel, que despreciaba</p>
<p>el alimento, conquistó la ciencia. 147</p>
<p>La edad primera, bella como el oro,</p>
<p>hizo con hambre gustar las bellotas,</p>
<p>y néctar con la sed cualquier arroyo. 150</p>
<p>Miel y langostas fueron las viandas</p>
<p>que en el yermo nutrieron al Bautista;</p>
<p>por lo cual es tan grande y tan glorioso 153</p>
<p>como en el Evangelio se demuestra."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_57">
</cite>
CANTO XXIII</p>
</title>
<p>Mientras los ojos por la verde fronda</p>
<p>fijaba de igual modo que quien suele</p>
<p>del pajarillo en pos perder la vida, 3</p>
<p>el más que padre me decía: "Hijo,</p>
<p>ven pronto, pues el tiempo que nos dieron</p>
<p>más útilmente aprovechar se debe." 6</p>
<p>Volví el rostro y el paso sin tardarme,</p>
<p>junto a los sabios, que en tal forma hablaban, 9</p>
<p>que me hicieron andar sin pena alguna.</p>
<p>Y en esto se escuchó llorar y un canto</p>
<p>labia mea domine, en tal modo, 11</p>
<p>cual si pariera gozo y pesadumbre. 12</p>
<p>"Oh dulce padre, ¿qué es lo que ahora escucho?",</p>
<p>yo comencé; y él: "Sombras que caminan</p>
<p>de sus deudas el nudo desatando." 15</p>
<p>Como los pensativos peregrinos,</p>
<p>al encontrar extraños en su ruta,</p>
<p>que se vuelven a ellos sin pararse, 18</p>
<p>así tras de nosotros, más aprisa,</p>
<p>al llegar y pasamos, se asombraba</p>
<p>de ánimas turba tácita y devota. 21</p>
<p>Todos de ojos hundidos y apagados,</p>
<p>de pálidos semblantes, y tan flacos</p>
<p>que del hueso la piel tomaba forma. 24</p>
<p>No creo que a pellejo tan extremo</p>
<p>seco, hubiese llegado Erisitone, 26</p>
<p>ni cuando fue su ayuno más severo. 27</p>
<p>Y pensando decíame: "¡Aquí viene 28</p>
<p>la gente que perdió Jerusalén,</p>
<p>cuando María devoró a su hijo! 30</p>
<p>Parecían sus órbitas anillos</p>
<p>sin gemas: y quien lee en la cara "omo" 32</p>
<p>bien podría encontrar aquí la eme. 33</p>
<p>¿Quién pensaría que el olor de un fruto</p>
<p>tal hiciese, el anhelo produciendo,</p>
<p>o el de una fuente, no sabiendo cómo? 36</p>
<p>Maravillado estaba de tal hambre,</p>
<p>pues la razón aún no conocía</p>
<p>de su piel escarnada y su flaqueza, 39</p>
<p>cuando de lo más hondo de su rostro</p>
<p>fija su vista me volvió una sombra;</p>
<p>luego fuerte exclamó: "¿Qué gracia es ésta?" 42</p>
<p>Nunca el rostro le hubiese conocido;</p>
<p>pero en la voz se me hizo manifiesto</p>
<p>lo que el aspecto había deformado. 45</p>
<p>Esta chispa encendió de aquel tan otro rostro</p>
<p>del todo mi conocimiento,</p>
<p>y conocí la cara de Forese." 48</p>
<p>"Ah, no te fijes en la seca roña</p>
<p>que me destiñe -rogaba- la piel,</p>
<p>ni por la falta de carne que tenga; 51</p>
<p>dime en verdad de ti, y de quién son esas</p>
<p>dos ánimas que allí te dan escolta;</p>
<p>¡no te quedes aquí sin que me hables!" 54</p>
<p>"Tu cara, que lloré cuando moriste,</p>
<p>con no menos dolor ahora la lloro</p>
<p>- le respondí- al mirarla tan cambiada. 57</p>
<p>Pero dime, por Dios que así os deshoja;</p>
<p>no pidas que hable, pues estoy atónito;</p>
<p>mal podrá hablar quien otra cosa quiere." 60</p>
<p>Y él a mí- "Del querer eterno baja</p>
<p>un efecto en el agua y en el árbol</p>
<p>que dejasteis atrás, que así enflaquece. 63</p>
<p>Toda esta gente que llorando canta,</p>
<p>por seguir a la gula sin medida,</p>
<p>santa se vuelve aquí con sed y hambre 66</p>
<p>De comer y beber nos da el deseo</p>
<p>el olor de la fruta y del rocío</p>
<p>que se extiende por sobre la verdura. 69</p>
<p>Y ni un solo momento en este espacio</p>
<p>dando vueltas, mitiga nuestra pena:</p>
<p>pena digo y debiera decir gozo, 72</p>
<p>que aquel deseo al árbol nos conduce</p>
<p>donde Cristo gozoso dijo 'Eli', 74</p>
<p>cuando nos redimió la sangre suya." 75</p>
<p>Yo contesté: "Forese, desde el día</p>
<p>que el mundo por mejor vida trocaste,</p>
<p>cinco años aún no han transcurrido. 78</p>
<p>Si antes se terminó el que tú pudieras</p>
<p>pecar aún más, de que llegase la hora</p>
<p>del buen dolor que a Dios volver nos hace, 81</p>
<p>¿cómo es que estás arriba ya tan pronto?</p>
<p>Yo pensaba encontrarte allí debajo,</p>
<p>donde el tiempo con tiempo se repara." 84</p>
<p>Y él respondió: "Tan pronto me ha logrado</p>
<p>que beba el dulce ajenjo del martirio</p>
<p>mi Nela con su llanto sin fatiga. 87</p>
<p>Con devotas plegarias y suspiros</p>
<p>me trajo de la playa en que se espera,</p>
<p>y me ha librado de los otros círculos. 90</p>
<p>Tanto más cara a Dios y más dilecta</p>
<p>es mi viudita, a la que tanto amaba,</p>
<p>cuanto en su bien obrar está más sola; 93</p>
<p>puesto que la Barbagia de Sicilia 94</p>
<p>es más púdica ya con sus mujeres</p>
<p>que la Barbagia en donde la he dejado. 96</p>
<p>Dulce hermano ¿qué quieres que te diga?</p>
<p>Ya presiento unos tiempos venideros</p>
<p>de que esta hora ya no está lejana, 99</p>
<p>en que será en el púlpito vedado</p>
<p>el que las descaradas florentinas</p>
<p>vayan mostrando en público las tetas. 102</p>
<p>¿Qué bárbara hubo nunca o musulmanas</p>
<p>que precisaran para andar cubiertas</p>
<p>disciplina en el alma o de las otras? 105</p>
<p>Mas si supieran esas sinvergüenzas</p>
<p>lo que veloz el cielo les depara,</p>
<p>ya para aullar sus bocas abrirían; 108</p>
<p>pues si el vaticinar aquí no engaña,</p>
<p>sufrirán antes de que crezca el bozo</p>
<p>a los que ahora con nanas consuelan. 111</p>
<p>Ahora ya no te escondas más, oh hermano,</p>
<p>que no sólo yo, más toda esta gente,</p>
<p>mira el lugar donde la luz no pasa." 114</p>
<p>Por lo que yo le dije: "Si recuerdas</p>
<p>lo que fui para ti, y para mi fuiste,</p>
<p>aún será triste el recordar presente. 117</p>
<p>De aquella vida me sustrajo aquel</p>
<p>que va delante, el otro día, cuando</p>
<p>redonda se mostró la hermana de ese 120</p>
<p>- señalé el sol. Y aquél por la profunda</p>
<p>noche llevóme de los muertos ciertos</p>
<p>con esta carne cierta que le sigue. 123</p>
<p>De allí con sus auxilios me ha traído,</p>
<p>subiendo y rodeando la montaña,</p>
<p>que os endereza a los que el mundo tuerce. 126</p>
<p>Dice que habrá de hacerme compañía</p>
<p>hasta que esté donde Beatriz se encuentra;</p>
<p>allí es preciso que sin él me quede. 129</p>
<p>Virgilio es quien tal cosa me ha contado</p>
<p>- y se lo señalé-; y aquél la sombra</p>
<p>por quien se ha conmovido cada cuesta 132</p>
<p>de vuestro reino del que ya se marcha."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_58">
</cite>
CANTO XXIV</p>
</title>
<p>Ni hablar a andar, ni andar a aquel más lento</p>
<p>hacía, mas hablando a prisa íbamos</p>
<p>cual nao que empuja un viento favorable; 3</p>
<p>y las sombras, más muertas pareciendo,</p>
<p>admiración ponían en las cuencas</p>
<p>de los ojos, sabiendo que vivía. 6</p>
<p>Y yo, continuando mis palabras</p>
<p>dije: "Y asciende acaso más despacio</p>
<p>de lo que en otro momento lo haría. 9</p>
<p>Mas dime de Piccarda, si es que sabes; 10</p>
<p>y dime si estoy viendo a alguien notable</p>
<p>entre esta gente que así me contempla." 12</p>
<p>"Mi hermana, que entre hermosa y entre buena</p>
<p>no sé qué fuera más, alegre triunfa</p>
<p>en el Olimpo ya de su corona." 15</p>
<p>Dijo primero; y luego: "Aquí podemos</p>
<p>a cualquiera nombrar pues tan mudado</p>
<p>nuestro semblante está por la abstinencia. 18</p>
<p>Ese -y le señaló- es Bonagiunta, 19</p>
<p>Bonagiunta de Lucca; y esa cara</p>
<p>a su lado, cosida más que otras. 21</p>
<p>tuvo la santa iglesia entre sus brazos:</p>
<p>nació en Tours, y aquí purga con ayunos</p>
<p>el vino y las anguilas de Bolsena." 24</p>
<p>Uno por uno a muchos me nombró;</p>
<p>y al nombrarles contentos parecían, 26</p>
<p>y no vi ningún gesto de tristeza. 27</p>
<p>Vi por el hambre en vano usar los dientes</p>
<p>a Ubaldín de la Pila y Bonifacio, 29</p>
<p>que apacentara a muchos con su torre. 30</p>
<p>Vi a Maese Marqués, que ocasión tuvo 31</p>
<p>de beber en Forlí sin sequedades,</p>
<p>y que nunca veíase saciado. 33</p>
<p>Mas como hace el que mira y luego aprecia</p>
<p>más a uno que otro, hice al luqués,</p>
<p>que de mí más curioso parecía. 36</p>
<p>Él murmuraba, y no sé que "Gentucca" 37</p>
<p>sentía yo, donde él sentía la plaga</p>
<p>de la justicia que así le roía. 39</p>
<p>"Alma -dije- que tal deseo muestras</p>
<p>de hablar conmigo, hazlo claramente,</p>
<p>y a los dos satisfaz con tus palabras." 42</p>
<p>"Hay nacida, aún sin velo, una mujer</p>
<p>- él comenzó- que hará que mi ciudad</p>
<p>te plazca aunque otros muchos la desprecien. 45</p>
<p>Tú marcharás con esta profecía:</p>
<p>si en mi murmullo alguna duda tienes,</p>
<p>la realidad en claro ha de ponerlo. 48</p>
<p>Pero dime si veo a quien compuso</p>
<p>aquellas nuevas rimas que empezaban:</p>
<p>"Mujeres que el Amor bien conocéis." 51</p>
<p>Y yo le dije: "Soy uno que cuando</p>
<p>Amor me inspira, anoto, y de esa forma</p>
<p>voy expresando aquello que me dicta." 54</p>
<p>"¡Ah hermano, ya comprendo --dijo- el nudo</p>
<p>que al Notario, a Guiton y a mí separa</p>
<p>del dulce estilo nuevo que te escucho! 57</p>
<p>Bien veo ahora cómo vuestras plumas</p>
<p>detrás de quien os dicta van pegadas,</p>
<p>lo que no sucedía con las nuestras; 60</p>
<p>y quien se ponga a verlo de otro modo</p>
<p>no encontrará ninguna diferencia."</p>
<p>Y se calló bastante satisfecho. 63</p>
<p>Cual las aves que invernan junto al Nilo,</p>
<p>a veces en el aire hacen bandadas,</p>
<p>y luego aprisa vuelan en hilera, 66</p>
<p>así toda la gente que allí estaba,</p>
<p>volviendo el rostro apresuró su paso,</p>
<p>por su flaqueza y su deseo raudas. 69</p>
<p>Y como el hombre de correr cansado</p>
<p>deja andar a los otros, y pasea</p>
<p>hasta que calma el resollar del pecho, 72</p>
<p>dejó que le pasara la grey santa</p>
<p>y conmigo detrás vino Forese,</p>
<p>diciendo: "¿Cuándo te veré de nuevo?" 75</p>
<p>"No sé -repuse-, cuánto viviré;</p>
<p>mas no será mi vuelta tan temprano,</p>
<p>que antes no esté a la orilla mi deseo; 78</p>
<p>porque el lugar donde a vivir fui puesto,</p>
<p>del bien, de día en día, se despoja,</p>
<p>y parece dispuesto a triste ruina." 81</p>
<p>Y él: "Ánimo, pues veo al más culpable, 82</p>
<p>arrastrado a la cola de un caballo</p>
<p>hacia aquel valle donde no se purga. 84</p>
<p>La bestia a cada paso va más rauda,</p>
<p>siempre más, hasta que ella le golpea,</p>
<p>y deja el cuerpo vilmente deshecho. 87</p>
<p>No mucho han de rodar aquellas ruedas</p>
<p>- y miró al cielo- y claro habrá de serte</p>
<p>esto que más no puedo declararte. 90</p>
<p>Ahora quédate aquí, que es caro el tiempo</p>
<p>en este reino, y ya perdí bastante</p>
<p>caminando contigo paso a paso." 93</p>
<p>Como al galope sale algunas veces</p>
<p>un jinete del grupo que cabalga,</p>
<p>por ganar honra en los primeros golpes, 96</p>
<p>con pasos aún mayores nos dejó;</p>
<p>y me quedé con esos dos que fueron</p>
<p>en el mundo tan grandes mariscales. 99</p>
<p>Y cuando estuvo ya tan adelante,</p>
<p>que mis ojos seguían tras de él,</p>
<p>como mi mente tras de sus palabras. 102</p>
<p>vi las ramas cargadas y frondosas</p>
<p>de otro manzano, no mucho más lejos</p>
<p>por haber sólo entonces hecho el giro 105</p>
<p>Vi gentes bajo aquel alzar las manos</p>
<p>y gritar no sé qué hacia la espesura,</p>
<p>como en vano anhelantes chiquitines 108</p>
<p>que piden, y a quien piden no responde,</p>
<p>mas por hacer sus ganas más agudas,</p>
<p>les muestra su deseo puesto en alto. 111</p>
<p>Luego se fueron ya desengañadas;</p>
<p>y nos aproximamos al gran árbol,</p>
<p>que tanto llanto y súplicas desdeña. 114</p>
<p>"Seguid andando y no os aproximéis:</p>
<p>un leño hay más arriba que mordido</p>
<p>fue por Eva y es éste su retoño." 117</p>
<p>Entre las frondas no sé quién hablaba;</p>
<p>y así Virgilio, Estacio y yo, apretados</p>
<p>seguimos caminando por la cuesta. 120</p>
<p>Decía: "Recordad a los malditos 121</p>
<p>nacidos de las nubes, que, borrachos,</p>
<p>con dos pechos lucharon con Teseo; 123</p>
<p>y a los hebreos, por beber tan flojos, 124</p>
<p>que Gedeón no quiso de su ayuda,</p>
<p>cuando a Madián bajó de las colinas." 126</p>
<p>Así arrimados a uno de los bordes,</p>
<p>oyendo fuimos culpas de la gula</p>
<p>seguidas del castigo miserable. 129</p>
<p>Ya en la senda desierta, distanciados,</p>
<p>más de mil pasos nos llevaron lejos,</p>
<p>los tres mirando sin decir palabra. 132</p>
<p>"Solos así los tres ¿qué vais pensando?",</p>
<p>dijo una voz de pronto; y me agité</p>
<p>como un caballo joven y espantado. 135</p>
<p>Alcé mi rostro para ver quién era;</p>
<p>y jamás pude ver en ningún horno</p>
<p>vidrio o metal tan rojo y tan luciente, 138</p>
<p>como a quien vi diciendo: "Si os complace 139</p>
<p>subir, aquí debéis de dar la vuelta;</p>
<p>quien marcha hacia la paz, por aquí pasa." 141</p>
<p>Me deslumbró la vista con su aspecto;</p>
<p>por lo que me volví hacia mis doctores,</p>
<p>como el hombre a quien guía lo que escucha. 144</p>
<p>Y como, del albor anunciadora,</p>
<p>sopla y aroma la brisa de mayo,</p>
<p>de hierba y flores toda perfumada; 147</p>
<p>yo así sentía un viento por en medio</p>
<p>de la frente, y sentí un mover de plumas,</p>
<p>que hizo oler a ambrosía el aura toda. 150</p>
<p>Sentí decir: "Dichosos los que alumbra 151</p>
<p>tanto la gracia, que el amor del gusto</p>
<p>en su pecho no alienta demasiado, 153</p>
<p>apeteciendo siempre cuanto es justo."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_59">
</cite>
CANTO XXV</p>
</title>
<p>Dilación no admitía la subida;</p>
<p>puesto que el sol había ya dejado</p>
<p>la noche al Escorpión, el día al Toro: 3</p>
<p>y así como hace aquél que no se para,</p>
<p>mas, como sea, sigue su camino,</p>
<p>por la necesidad aguijonado, 6</p>
<p>así fuimos por el desfiladero,</p>
<p>subiendo la escalera uno tras otro,</p>
<p>pues su estrechez separa a los que suben. 9</p>
<p>Y como el cigoñino el ala extiende</p>
<p>por ganas de volar, y no se atreve</p>
<p>a abandonar el nido, y las repliega; 12</p>
<p>tal mis ganas ardientes y apagadas</p>
<p>de preguntar; haciendo al fin el gesto</p>
<p>que hacen aquellos que al hablar se aprestan. 15</p>
<p>Por ello no dejó de andar aprisa,</p>
<p>sino dijo mi padre: "Suelta el arco</p>
<p>del decir, que hasta el hierro tienes tenso." 18</p>
<p>Ya entonces confiado abrí la boca,</p>
<p>y dije: "Cómo puede adelgazarse</p>
<p>allí donde comer no es necesario." 21</p>
<p>"Si recordaras cómo Meleagro 22</p>
<p>se extinguió al extinguirse el ascua aquella</p>
<p>- me dijo- de esto no te extrañarías; 24</p>
<p>y si pensaras cómo, si te mueves,</p>
<p>también tu imagen dentro del espejo,</p>
<p>claro verás lo que parece oscuro. 27</p>
<p>Mas para que el deseo se te aquiete,</p>
<p>aquí está Estacio; y yo le llamo y pido</p>
<p>que sea el curador de tus heridas." 30</p>
<p>"Si la visión eterna le descubro</p>
<p>- repuso Estacio-, estando tú delante,</p>
<p>el no poder negarme me disculpe." 33</p>
<p>Y después comenzó: "Si mis palabras, 34</p>
<p>hijo, en la mente guardas y recibes,</p>
<p>darán luz a aquel "cómo" que dijiste. 36</p>
<p>La sangre pura que no es absorbida 37</p>
<p>por las venas sedientas, y se queda</p>
<p>cual alimento que en la mesa sobra, 39</p>
<p>toma en el corazón a cualquier miembro</p>
<p>la virtud de dar forma, como aquella</p>
<p>que a hacerse aquellos vase por las venas. 42</p>
<p>Digerida, desciende, donde es bello</p>
<p>más callar que decir, y allí destila</p>
<p>en vaso natural sobre otra sangre. 45</p>
<p>Allí se mezclan una y otra juntas,</p>
<p>una a sufrir dispuesta, a hacer la otra,</p>
<p>pues que procede de un lugar perfecto; 48</p>
<p>y una vez que ha llegado, a obrar comienza</p>
<p>coagulando primero, y avivando</p>
<p>lo que hizo consistente su materia. 51</p>
<p>Alma ya hecha la virtud activa</p>
<p>cual de una planta, sólo diferente</p>
<p>que una en camino está y otra ha llegado, 54</p>
<p>sigue obrando después, se mueve y siente,</p>
<p>como un hongo marino; y organiza</p>
<p>esas potencias de las que es semilla. 57</p>
<p>Aquí se extiende, hijo, y se despliega</p>
<p>la virtud que salió del corazón</p>
<p>del generante, y forma da a los miembros. 60</p>
<p>Mas cómo el animal se vuelve hablante</p>
<p>no puedes ver aún, y uno más sabio</p>
<p>que tú, se equivocaba en este punto, 63</p>
<p>y así con su doctrina separaba</p>
<p>del alma la posible inteligencia,</p>
<p>por no encontrarle un órgano adecuado. 66</p>
<p>A la verdad que viene abre tu pecho;</p>
<p>y sabrás que, tan pronto se termina 68</p>
<p>de articularle al feto su cerebro, 69</p>
<p>complacido el Primer Motor se vuelve</p>
<p>a esa obra de arte, en la que inspira</p>
<p>nuevo espíritu, lleno de virtudes, 72</p>
<p>que lo que encuentra activo aquí reúne</p>
<p>en su sustancia, y hace un alma sola,</p>
<p>que vive y siente y a sí misma mira. 75</p>
<p>Y por que no te extrañen mis palabras</p>
<p>mira el calor del sol que se hace vino,</p>
<p>junto al humor que nace de las vidas. 78</p>
<p>Cuando más lino Laquesis no tiene, 79</p>
<p>se suelta de la carne, y virtualmente</p>
<p>lo divino y lo humano se lo lleva. 81</p>
<p>Ya enmudecidas sus otras potencias, 82</p>
<p>inteligencia, voluntad, memoria</p>
<p>en acto quedan mucho más agudas. 84</p>
<p>Sin detenerse, por sí misma cae</p>
<p>maravillosamente en una u otra orilla; 86</p>
<p>y de antemano sabe su camino. 87</p>
<p>En cuanto ese lugar la circunscribe, 88</p>
<p>la virtud formativa irradia en torno</p>
<p>del mismo modo que en los miembros vivos: 90</p>
<p>y como el aire, cuanto está muy húmedo,</p>
<p>por otro rayo que en él se refleja,</p>
<p>con diversos colores se engalana; 93</p>
<p>así el aire cercano se dispone,</p>
<p>y en esa misma forma que le imprime</p>
<p>virtualmente el alma allí parada; 96</p>
<p>Y después, a la llama semejante</p>
<p>que sigue al fuego al sitio donde vaya,</p>
<p>la nueva forma al espíritu sigue. 99</p>
<p>Y como aquí recibe su aparencia,</p>
<p>sombra se llama; y luego aquí organiza</p>
<p>cualquier sentido, incluso el de la vista. 102</p>
<p>Por esta causa hablamos y reímos;</p>
<p>y suspiros y lágrimas hacemos</p>
<p>que has podido sentir por la montaña. 105</p>
<p>Según que nos afligen los deseos</p>
<p>y los otros afectos, toma forma</p>
<p>la sombra, y es la causa que te admira." 108</p>
<p>Y ya llegado al último tormento 109</p>
<p>habíamos, y vuelto a la derecha,</p>
<p>y estábamos atentos a otras cosas. 111</p>
<p>Aquí dispara el muro llamaradas,</p>
<p>y por el borde sopla un viento a lo alto</p>
<p>que las rechaza y las aleja de él; 114</p>
<p>y por esto debíainos andar</p>
<p>por el lado de afuera de uno en uno;</p>
<p>y yo temía el fuego o la caída. 117</p>
<p>"Por este sitio -guía iba diciendo-</p>
<p>a los ojos un freno hay que ponerles,</p>
<p>pues errar se podría por muy poco. 120</p>
<p>Summae Deus Clamentiae en el seno 121</p>
<p>del gran ardor oí cantar entonces,</p>
<p>que no menos ardor dio de volverme; 123</p>
<p>y vi almas caminando por las llamas;</p>
<p>así que a ellas miraba y a mis pasos,</p>
<p>repartiendo la vista por momentos. 126</p>
<p>Una vez que aquel himno terminaron 127</p>
<p>gritaron alto: "Virum no cognosco";</p>
<p>y el himno repetían en voz baja. 129</p>
<p>Y al terminar gritaban: "En el bosque</p>
<p>Diana se quedó y arrojó a Elice 131</p>
<p>porque probó de Venus el veneno." 132</p>
<p>Luego a cantar volvían; y de esposas</p>
<p>y de maridos castos proclamaban,</p>
<p>cual la virtud y el matrimonio imponen. 135</p>
<p>Y de esta forma creo que les baste</p>
<p>en todo el tiempo que el fuego les quema:</p>
<p>Con tal afán conviene y en tal forma</p>
<p>que la postrera herida cicatrice. 138</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_60">
</cite>
CANTO XXVI</p>
</title>
<p>Mientras que por la orilla uno tras otro</p>
<p>marchábamos y el buen maestro a veces</p>
<p>"Mira -decía- como te he advertido"; 3</p>
<p>sobre el hombro derecho el sol me hería,</p>
<p>que ya, radiando, todo el occidente</p>
<p>el celeste cambiaba en blanco aspecto; 6</p>
<p>y hacía con mi sombra más rojiza</p>
<p>la llama parecer; y al darse cuenta</p>
<p>vi que, andando, miraban muchas sombras. 9</p>
<p>Esta fue la ocasión que les dio pie</p>
<p>a que hablaran de mí-, y así empezaron</p>
<p>"Este cuerpo ficticio no parece"; 12</p>
<p>luego vueltos a mí cuanto podían,</p>
<p>se cercioraron de ello, con cuidado</p>
<p>siempre de no salir de donde ardiesen. 15</p>
<p>"Oh tú que vas, no porque tardo seas,</p>
<p>mas tal vez reverente, tras los otros,</p>
<p>respóndeme, que en este fuego ardo. 18</p>
<p>No sólo a mí aproveche tu respuesta;</p>
<p>pues mayor sed tenemos todos de ella</p>
<p>que de agua fría la India o la Etiopía. 21</p>
<p>Dinos cómo es que formas de ti un muro</p>
<p>al sol, de tal manera que no hubieses</p>
<p>aún entrado en las redes de la muerte." 24</p>
<p>Así me hablaba uno; y yo me hubiera 24</p>
<p>ya explicado, si no estuviese atento</p>
<p>a otra novedad que entonces vino; 27</p>
<p>que por medio de aquel sendero ardiente</p>
<p>vino gente mirando hacia los otros,</p>
<p>lo cual, suspenso, me llevó a observarlo. 30</p>
<p>Apresurarse vi por todas partes</p>
<p>y besarse a las almas unas a otras</p>
<p>sin pararse, felices de tal fiesta; 33</p>
<p>así por medio de su hilera oscura</p>
<p>una a la otra se hocican las hormigas,</p>
<p>por saber de su suerte o su camino. 36</p>
<p>En cuanto dejan la acogida amiga,</p>
<p>antes de dar siquiera el primer paso,</p>
<p>en vocear se cansan todas ellas: 39</p>
<p>la nueva gente: "Sodoma y Gomorra"; 40</p>
<p>los otros: "En la vaca entra Pasifae,</p>
<p>para que el toro corra a su lujuria." 42</p>
<p>Después como las grullas que hacia el Rif</p>
<p>vuelan en parte, y parte a las arenas,</p>
<p>o del hielo o del sol haciendo ascos, 45</p>
<p>una gente se va y otra se viene;</p>
<p>vuelven llorando a sus primeros cantos</p>
<p>y a gritar eso que más les atañe; 48</p>
<p>y acercáronse a mí, como hace poco</p>
<p>esos otros habíanme rogado,</p>
<p>deseosos de oír en sus semblantes. 51</p>
<p>Yo que dos veces viera su deseo;</p>
<p>"Oh almas ya seguras -comencé-</p>
<p>de conseguir la paz tras de algún tiempo, 54</p>
<p>no han quedado ni verdes ni maduros</p>
<p>allí mis miembros, mas aquí los traigo</p>
<p>con su sangre y sus articulaciones. 57</p>
<p>Subo para no estar ya nunca ciego;</p>
<p>una mujer me obtuvo la merced,</p>
<p>de venir con el cuerpo a vuestro mundo. 60</p>
<p>Mas vuestro anhelo mayor satisfecho</p>
<p>sea pronto, y así os albergue el cielo</p>
<p>que lleno está de amor y más se espacia, 63</p>
<p>decidme, a fin de que escribirlo pueda,</p>
<p>quiénes seáis, y quién es esa turba</p>
<p>que se marchó detrás a vuestra espalda." 66</p>
<p>No de otro modo estúpido se turba</p>
<p>el montañés, y mira y enmudece,</p>
<p>cuando va a la ciudad, rudo y salvaje, 69</p>
<p>que en su apariencia todas esas sombras;</p>
<p>más ya de su estupor recuperadas,</p>
<p>que de las altas almas pronto sale, 72</p>
<p>"¡Dichoso tú que de nuestras regiones</p>
<p>- volvió a decir aquel que habló primero-,</p>
<p>para mejor morir sapiencia adquieres! 75</p>
<p>La gente que no viene con nosotros,</p>
<p>pecó de aquello por lo que en el triunfo</p>
<p>César oyó que "reina" lo llamaban: 78</p>
<p>por eso vanse gritando "Sodoma",</p>
<p>reprobándose a sí, como has oído,</p>
<p>con su vergüenza el fuego acrecentando. 81</p>
<p>Hermafrodita fue nuestro pecado;</p>
<p>y pues que no observamos ley humana,</p>
<p>siguiendo el apetito como bestias, 84</p>
<p>en nuestro oprobio, por nosotros se oye</p>
<p>cuando partimos el nombre de aquella</p>
<p>que en el leño bestial bestia se hizo. 87</p>
<p>Ya sabes nuestros actos, nuestras culpas:</p>
<p>y si de nombre quieres conocemos,</p>
<p>decirlo no sabría, pues no hay tiempo. 90</p>
<p>Apagaré de mí, al menos, tus ganas:</p>
<p>Soy Guido Guinizzelli, y aquí peno 92</p>
<p>por bien antes del fin arrepentirme." 93</p>
<p>Igual que en la tristeza de Licurgo 94</p>
<p>hicieron los dos hijos a su madre,</p>
<p>así hice yo, pero sin tanto ímpetu, 96</p>
<p>cuando escuché nombrarse él mismo al padre</p>
<p>mío y de todos, el mejor que rimas</p>
<p>de amor usaron dulces y donosas; 99</p>
<p>y pensativo, sin oír ni hablar,</p>
<p>contemplándole anduve un largo rato,</p>
<p>mas, por el fuego, sin aproximarme. 102</p>
<p>Luego ya de mirarle satisfecho,</p>
<p>me ofrecí enteramente a su servicio</p>
<p>con juramentos que a otros aseguran. 105</p>
<p>y él me dijo: "Tú dejas tales huellas</p>
<p>en mí, por lo que escucho, y tan palpables,</p>
<p>que no puede borrarlas el Leteo. 108</p>
<p>Mas si en verdad juraron tus palabras,</p>
<p>dirne por qué razones me demuestras</p>
<p>al mira.rme y hablarme tanto aprecio." 111</p>
<p>Y yo le dije: "Vuestros dulces versos,</p>
<p>que, mientras duren los modernos usos,</p>
<p>harán preciada aun su misma tinta." 114</p>
<p>"Oh hermano -dijo,-, ése que te indico</p>
<p>- y señaló un espíritu delante-</p>
<p>fue el mejor artesano de su lengua. 117</p>
<p>En los versos de amor o en narraciones</p>
<p>a todos superó; y deja a los tontos</p>
<p>que creen que el Lemosín le aventajaba. 120</p>
<p>A las voces se vuelven, no a lo cierto,</p>
<p>y su opinión conforman de este modo</p>
<p>antes de oír a la razón o al arte. 123</p>
<p>Así hicieron antaño con Guittone, 124</p>
<p>de voz en voz corriendo su alabanza,</p>
<p>hasta que la verdad se ha impuesto a todos. 126</p>
<p>Ahora si tienes tanto privilegio,</p>
<p>que lícito te sea ir hasta el claustro</p>
<p>del colegio del cual abad es Cristo, 129</p>
<p>de un padre nuestro dile aquella parte,</p>
<p>que nos es necesaria en este mundo,</p>
<p>donde poder pecar ya no es lo nuestro." 132</p>
<p>Luego tal vez por dar cabida a otro</p>
<p>que cerca estaba, se perdió en el fuego,</p>
<p>como en el agua el pez que se va al fondo. 135</p>
<p>Yo me acerqué a quien antes me indicara,</p>
<p>y dije que a su nombre mi deseo</p>
<p>un sitio placentero disponía. 138</p>
<p>Y comenzó a decirrne cortésmente: 139</p>
<p>"Tan m'abelfis vostre cortes deman,</p>
<p>qu'ieu non me puesc ni voil a vos cobrire. 141</p>
<p>Ieu sui Arnaut, que plor e vau cantan;</p>
<p>consiros vei la passada folor,</p>
<p>a vei jausen lo joi que'esper, denan. 144</p>
<p>Ara voz prec, per aquella valor</p>
<p>que vos guida al som de l'escalina,</p>
<p>sovenha vos a temps de ma dolor." 147</p>
<p>Luego se hundió en el fuego que le salva.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_61">
</cite>
CANTO XXVII</p>
</title>
<p>Igual que vibran los primeros rayos</p>
<p>donde esparció la sangre su Creador,</p>
<p>cayendo el Ebro bajo la alta Libra, 3</p>
<p>y a nona se caldea el agua al Ganges, 4</p>
<p>el sol estaba; y se marchaba el día,</p>
<p>cuando el ángel de Dios alegre vino. 6</p>
<p>Fuera del fuego sobre el borde estaba 7</p>
<p>y cantaba: "¡Beati mundi cordi!"</p>
<p>con voz mucho más viva que la nuestra. 9</p>
<p>Luego: "Más no se avanza, si no muerde</p>
<p>almas santas, el fuego: entrad en él</p>
<p>y escuchad bien el canto de ese lado." 12</p>
<p>Nos dijo así cuanto estuvimos cerca;</p>
<p>por lo que yo me puse, al escucharle,</p>
<p>igual que aquel que meten en la fosa. 15</p>
<p>Por protegerme alcé las manos juntas</p>
<p>en vivo imaginando, al ver el fuego,</p>
<p>humanos cuerpos que quemar he visto. 18</p>
<p>Hacia mí se volvió mi buena escolta;</p>
<p>y Virgilio me dijo entonces: "Hijo,</p>
<p>puede aquí haber tormento, mas no muerte. 21</p>
<p>¡Acuérdate, acuérdate! Y si yo</p>
<p>sobre Gerión a salvo te conduje, 23</p>
<p>¿ahora qué haría ya de Dios más cerca? 24</p>
<p>Cree ciertamente que si en lo profundo</p>
<p>de esta llama aun mil años estuvieras,</p>
<p>no te podría ni quitar un pelo. 27</p>
<p>Y si tal vez creyeras que te engaño</p>
<p>vete hacia ella, vete a hacer la prueba,</p>
<p>con tus manos al borde del vestido. 30</p>
<p>Dejón, depón ahora cualquier miedo;</p>
<p>vuélvete y ven aquí. seguro entra."</p>
<p>Y en contra yo de mi conciencia, inmóvil. 33</p>
<p>Al ver que estaba inmóvil y reacio,</p>
<p>dijo un poco turbado: "Mira, hijo:</p>
<p>entre Beatriz y tú se alza este muro." 36</p>
<p>Corno al nombre de Tisbe abrió los ojos 37</p>
<p>Píramo, y antes de morir la vio,</p>
<p>cuando el moral se convirtió en bermejo; 39</p>
<p>así, mi obstinación más ablandada,</p>
<p>me volví al sabio guía oyendo el nombre</p>
<p>que en nú memoria siempre se renueva. 42</p>
<p>Y él movió la cabeza, y dijo: "¡Cómo!</p>
<p>¿quieres quedarte aquí?"; y me sonreía,</p>
<p>como a un niño a quien vence una manzana. 45</p>
<p>Luego delante de mí entró en el fuego,</p>
<p>pidiendo a Estacio que tras mi viniese,</p>
<p>que en el largo camino estuvo en medio. 48</p>
<p>En el vidrio fundido, al estar dentro,</p>
<p>me hubiera echado para refrescarme,</p>
<p>pues tanto era el ardor desmesurado. 51</p>
<p>Y por reconfortarme el dulce padre,</p>
<p>me hablaba de Beatriz mientras andaba:</p>
<p>"Ya me parece que sus ojos veo." 54</p>
<p>Nos guiaba una voz que al otro lado</p>
<p>cantaba y, atendiendo sólo a ella,</p>
<p>llegamos fuera, adonde se subía. 57</p>
<p>'¡ Venite, benedictis patris mei!' 58</p>
<p>se escuchó dentro de una luz que había,</p>
<p>que me venció y que no pude mirarla. 60</p>
<p>"El sol se va -siguió- y la tarde viene;</p>
<p>no os detengáis, acelerad el paso,</p>
<p>mientras que el occidente no se adumbre." 63</p>
<p>Iba recto el camino entre la roca</p>
<p>hacia donde los rayos yo cortaba</p>
<p>delante, pues el Sol ya estaba bajo. 66</p>
<p>Y poco trecho habíamos subido</p>
<p>cuando ponerse el sol, al extinguirse</p>
<p>mi sombra, por detrás los tres sentimos. 69</p>
<p>Y antes que en todas sus inmensas partes</p>
<p>tomara el horizonte un mismo aspecto,</p>
<p>y adquiriese la noche su dominio, 72</p>
<p>de un escalón cada uno hizo su lecho;</p>
<p>que la natura del monte impedía</p>
<p>el poder subir más y nuestro anhelo. 75</p>
<p>Como quedan rumiando mansamente</p>
<p>esas cabras, indómitas y hambrientas</p>
<p>antes de haber pastado, en sus picachos, 78</p>
<p>tácitas en la sombra, el sol hirviendo,</p>
<p>guardadas del pastor que en el cayado</p>
<p>se apoya y es de aquellas el vigía; 81</p>
<p>y como el rabadán se alberga al raso,</p>
<p>y pemocta junto al rebaño quieto,</p>
<p>guardando que las fieras no lo ataquen; 84</p>
<p>así los tres estábamos entonces,</p>
<p>yo como cabra y ellos cual pastores,</p>
<p>aquí y allí guardados de alta gruta. 87</p>
<p>Poco podía ver de lo de afuera;</p>
<p>mas, de lo poco, las estrellas vi</p>
<p>mayores y más claras que acostumbran. 90</p>
<p>De este modo rumiando y contemplándolas,</p>
<p>me tomó el sueño; el sueño que a menudo,</p>
<p>antes que el hecho, sabe su noticia. 93</p>
<p>A la hora, creo, que desde el oriente</p>
<p>irradiaba en el monte Citerea,</p>
<p>en el fuego de amor siempre encendida, 96</p>
<p>joven y hermosa aparecióme en sueños 97</p>
<p>una mujer que andaba por el campo</p>
<p>que recogía flores; y cantaba: 99</p>
<p>"Sepan los que preguntan por mi nombre</p>
<p>que soy Lía, y que voy moviendo en torno</p>
<p>las manos para hacerme una guirnalda. 102</p>
<p>Por gustarme al espejo me engalano;</p>
<p>Mas mi hermana Raquel nunca se aleja</p>
<p>del suyo, y todo el día está sentada. 105</p>
<p>Ella de ver sus bellos ojos goza</p>
<p>como yo de adornarme con las manos;</p>
<p>a ella el mirar, a mí el hacer complace." 108</p>
<p>Y ya en el esplendor de la alborada,</p>
<p>que es tanto más preciado al peregrino,</p>
<p>cuando al regreso duerme menos lejos, 111</p>
<p>huían las tinieblas, y con ellas</p>
<p>mi sueño; por lo cual me levanté,</p>
<p>viendo ya a los maestros levantados. 114</p>
<p>"El dulce fruto que por tantas ramas</p>
<p>buscando va el afán de los mortales,</p>
<p>hoy logrará saciar toda tu hambre." 117</p>
<p>Volviéndose hacia mí Virgilio, estas</p>
<p>palabras dijo; y nunca hubo regalo</p>
<p>que me diera un placer igual a éste. 120</p>
<p>Tantas ansias vinieron sobre el ansia</p>
<p>de estar arriba ya, que a cada paso</p>
<p>plumas para volar crecer sentía. 123</p>
<p>Cuando debajo toda la escalera</p>
<p>quedó, y llegarnos al peldaño sumo,</p>
<p>en mi clavó Virgilio su mirada, 126</p>
<p>"El fuego temporal, el fuego eterno</p>
<p>has visto hijo; y has llegado a un sitio</p>
<p>en que yo, por mí m. ismo, ya no entiendo. 129</p>
<p>Te he conducido con arte y destreza;</p>
<p>tu voluntad ahora es ya tu guía:</p>
<p>fuera estás de camino estrecho o pino. 132</p>
<p>Mira el sol que en tu frente resplandece;</p>
<p>las hierbas, los arbustos y las flores</p>
<p>que la tierra produce por sí sola. 135</p>
<p>Hasta que alegres lleguen esos ojos</p>
<p>que llorando me hicieron ir a ti,</p>
<p>puedes sentarte, o puedes ir tras ellas. 138</p>
<p>No esperes mis palabras, ni consejos</p>
<p>ya; libre, sano y recto es tu albedrío,</p>
<p>y fuera error no obrar lo que él te diga: 141</p>
<p>y por esto te mitro y te corono." 142</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_62">
</cite>
CANTO XXVIII</p>
</title>
<p>Deseoso de ver por dentro y fuera</p>
<p>la divina floresta espesa y viva,</p>
<p>que a los ojos ternplaba el día nuevo, 3</p>
<p>sin esperar ya más, dejé su margen,</p>
<p>andando, por el campo a paso lento</p>
<p>por el suelo aromado en todas partes. 6</p>
<p>Un aura dulce que jamás mudanza</p>
<p>tenía en sí, me hería por la frente</p>
<p>con no más golpe que un suave viento; 9</p>
<p>con el cual tremolando los frondajes</p>
<p>todos se doblegaban hacia el lado</p>
<p>en que el monte la sombra proyectaba; 12</p>
<p>mas no de su estar firme tan lejanos,</p>
<p>que por sus copas unas avecillas</p>
<p>dejaran todas de ejercer su arte; 15</p>
<p>mas con toda alegría en la hora prima,</p>
<p>la esperaban cantando entre las hojas,</p>
<p>que bordón a sus rimas ofrecían, 18</p>
<p>como de rama en rama se acrecienta</p>
<p>en la pineda junto al mar de Classe, 20</p>
<p>cuando Eolo al Siroco desencierra. 21</p>
<p>Lentos pasos habíanme llevado</p>
<p>ya tan adentro de la antigua selva,</p>
<p>que no podía ver por dónde entrara; 24</p>
<p>y vi que un río el avanzar vedaba, 25</p>
<p>que hacia la izquierda con menudas ondas</p>
<p>doblegaba la hierba a sus orillas. 27</p>
<p>Toda el agua que fuera aquí más límpida,</p>
<p>arrastrar impurezas pareciera,</p>
<p>a ésta que nada oculta comparada, 30</p>
<p>por más que ésta discurra oscurecida</p>
<p>bajo perpetuas sombras, que no dejan</p>
<p>nunca paso a la luz del sol ni luna. 33</p>
<p>Me detuve y crucé con la mirada,</p>
<p>por ver al otro lado del arroyo</p>
<p>aquella variedad de frescos mayos; 36</p>
<p>y allí me apareció, como aparece</p>
<p>algo súbitamente que nos quita</p>
<p>cualquier otro pensar, maravillados, 39</p>
<p>una mujer que sola caminaba, 40</p>
<p>cantando y escogiendo entre las flores</p>
<p>de que pintado estaba su camino. 42</p>
<p>"Oh, hermosa dama, que amorosos rayos</p>
<p>te encienden, si creer debo al semblante</p>
<p>que dar suele del pecho testimonio, 45</p>
<p>tengas a bien adelantarte ahora</p>
<p>- díjele- lo bastante hacia la orilla,</p>
<p>para que pueda escuchar lo que cantas. 48</p>
<p>Tú me recuerdas dónde y cómo estaba 49</p>
<p>Proserpina, perdida por su madre,</p>
<p>cuando perdió la dulce primavera." 51</p>
<p>Como se vuelve con las plantas firmes</p>
<p>en tierra y juntas, la mujer que baila,</p>
<p>y un pie pone delante de otro apenas, 54</p>
<p>volvió sobre las rojas y amarillas</p>
<p>florecillas a mí, no de otro modo</p>
<p>que una virgen su honesto rostro inclina; 57</p>
<p>y así mis ruegos fueron complacidos,</p>
<p>pues tanto se acercó, que el dulce canto</p>
<p>llegaba a mí, entendiendo sus palabras. 60</p>
<p>Cuando llegó donde la hierba estaba</p>
<p>bañada de las ondas del riachuelo,</p>
<p>de alzar sus ojos hízome regalo. 63</p>
<p>Tanta luz yo no creo que esplendiera 64</p>
<p>Venus bajo sus cejas, traspasada,</p>
<p>fuera de su costumbre, por su hijo. 66</p>
<p>Ella reía en pie en la orilla opuesta,</p>
<p>más color disponiendo con sus manos,</p>
<p>que esa elevada tierra sin semillas. 69</p>
<p>Me apartaban tres pasos del arroyo;</p>
<p>y el Helesponto que Jerjes cruzó</p>
<p>aún freno a toda la soberbia humana, 72</p>
<p>no soportó más odio de Leandro 73</p>
<p>cuando nadaba entre Sesto y Abido,</p>
<p>que aquel de mí, pues no me daba paso. 75</p>
<p>"Sois nuevos y tal vez porque sonrío</p>
<p>en el sitio elegido -dijo ella-</p>
<p>como nido de la natura humana, 78</p>
<p>asombrados os tiene alguna duda;</p>
<p>mas luz el salmo Delestasti otorga, 80</p>
<p>que puede disipar vuestro intelecto. 81</p>
<p>Y tú que estás delante y me rogaste,</p>
<p>dime si quieres más oír; pues presta</p>
<p>a resolver tus dudas he venido. 84</p>
<p>"El son de la floresta -dije, el agua,</p>
<p>me hacen pensar en una cosa nueva,</p>
<p>de otra cosa distinta que he escuchado." 87</p>
<p>Y ella: "Te explicaré cómo deriva</p>
<p>de su causa este hecho que te asombra,</p>
<p>despejando la niebla que te ofende. 90</p>
<p>El sumo bien que sólo en Él se goza,</p>
<p>hizo bueno y al bien al hombre en este 92</p>
<p>lugar que le otorgó de paz eterna. 93</p>
<p>Pero aquí poco estuvo por su falta;</p>
<p>por su falta en gemidos y en afanes</p>
<p>cambió la honesta risa, el dulce juego. 96</p>
<p>Y para que el turbar que abajo forman 97</p>
<p>los vapores del agua y de la tierra,</p>
<p>que cuanto pueden van tras del calor, 99</p>
<p>al hombre no le hiciese guerra alguna,</p>
<p>subió tanto hacia el cielo esta montaña,</p>
<p>y libre está de él, donde se cierra. 102</p>
<p>Mas como dando vueltas por entero</p>
<p>con la primera esfera el aire gira,</p>
<p>si el círculo no es roto en algún punto, 105</p>
<p>en esta altura libre, el aire vivo</p>
<p>tal movimiento repercute y hace,</p>
<p>que resuene la selva en su espesura; 108</p>
<p>tanto puede la planta golpeada,</p>
<p>que su virtud impregna el aura toda,</p>
<p>y ella luego la esparce dando vueltas; 111</p>
<p>y según la otra tierra sea digna, 112</p>
<p>por su cielo y por sí, concibe y cría</p>
<p>de diversa virtud diversas plantas. 114</p>
<p>Luego no te parezca maravilla,</p>
<p>oído esto, cuando alguna planta</p>
<p>crezca allí sin semilla manifiesta. 117</p>
<p>Y sabrás que este campo en que te hallas,</p>
<p>repleto está de todas las simientes,</p>
<p>y tiene frutos que allí no se encuentran. 120</p>
<p>El agua que aquí ves no es de venero 121</p>
<p>que restaure el vapor que el hielo funde,</p>
<p>como un río que adquiere o pierde cauce; 123</p>
<p>mas surge de fontana estable y cierta,</p>
<p>que tanto del querer de Dios recibe,</p>
<p>cuando vierte en dos partes separada. 126</p>
<p>Por este lado con el don desciende</p>
<p>de quitar la memoria del pecado;</p>
<p>por el otro de todo el bien la otorga; 129</p>
<p>Aquí Leteo; igual del otro lado 130</p>
<p>Eünoé se llama, y no hace efecto</p>
<p>si en un sitio y en otro no es bebida: 132</p>
<p>este supera a todos los sabores.</p>
<p>Y aunque bastante pueda estar saciada</p>
<p>tu sed para que más no te descubra, 135</p>
<p>un corolario te daré por gracia;</p>
<p>no creo que te sea menos caro</p>
<p>mi decir, si te da más que prometo. 138</p>
<p>Tal vez los que de antiguo poetizaron</p>
<p>sobre la Edad de oro y sus delicias,</p>
<p>en el Parnaso este lugar soñaban. 141</p>
<p>Fue aquí inocente la humana raíz;</p>
<p>aquí la primavera y fruto eterno;</p>
<p>este es el néctar del que todos hablan." 144</p>
<p>Me dirigí yo entonces hacia atrás</p>
<p>y a mis poetas vi que sonrientes</p>
<p>escucharon las últimas razones; 147</p>
<p>luego a la bella dama torné el rostro.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_63">
</cite>
CANTO XXIX</p>
</title>
<p>Cantando cual mujer enamorada,</p>
<p>al terminar de hablar continuó:</p>
<p>'Beati quorum tacta sunt peccata.' 3</p>
<p>Y cual las ninfas que marchaban solas</p>
<p>por las sombras selváticas, buscando</p>
<p>cuál evitar el sol, cuál recibirlo, 6</p>
<p>se dirigió hacia el río, caminando</p>
<p>por la ribera; y yo al compás de ella,</p>
<p>siguiendo lentamente el lento paso. 9</p>
<p>Y ciento ya no había entre nosotros,</p>
<p>cuando las dos orillas dieron vuelta,</p>
<p>y me quedé mirando hacia levante. 12</p>
<p>Tampoco fue muy largo así el camino,</p>
<p>cuando a mí la mujer se dirigió,</p>
<p>diciendo: "Hermano mío, escucha y mira." 15</p>
<p>Y se vio un resplandor súbitamente</p>
<p>por todas partes de la gran floresta,</p>
<p>que acaso yo pensé fuera un relámpago. 18</p>
<p>Pero como éste igual que viene, pasa,</p>
<p>y aquel, durando, más y más lucía,</p>
<p>decía para mí. "¿Qué cosa es ésta;?" 21</p>
<p>Resonaba una dulce melodía</p>
<p>por el aire esplendente; y con gran celo</p>
<p>yo a Eva reprochaba de su audacia, 24</p>
<p>pues donde obedecían cielo y tierra,</p>
<p>tan sólo una mujer, recién creada,</p>
<p>no consintió vivir con velo alguno; 27</p>
<p>bajo el cual si sumisa hubiera estado,</p>
<p>habría yo gozado esas delicias</p>
<p>inefables, aún antes y más tiempo. 30</p>
<p>Mientras yo caminaba tan absorto</p>
<p>entre tantas primicias del eterno</p>
<p>placer, y deseando aún más deleite, 33</p>
<p>cual un fuego encendido, ante nosotros</p>
<p>el aire se volvió bajo el ramaje;</p>
<p>y el dulce son cual canto se entendía. 36</p>
<p>Oh sacrosantas vírgenes, si fríos 37</p>
<p>por vosotras sufrí, vigilias y hambres,</p>
<p>razón me urge que a favor os mueva. 39</p>
<p>El manar de Helicona necesito,</p>
<p>y que Urania me inspire con su coro</p>
<p>poner en verso cosas tan abstrusas. 42</p>
<p>Más adelante, siete árboles áureos 43</p>
<p>falseaba en la mente el largo trecho</p>
<p>del espacio que había entre nosotros; 45</p>
<p>pero cuando ya estaba tan cercano</p>
<p>que el objeto que engaña los sentidos</p>
<p>ya no perdía forma en la distancia, 48</p>
<p>la virtud que prepara el intelecto, 48</p>
<p>me hizo ver que eran siete candelabros,</p>
<p>y Hosanna era el cantar de aquellas voces. 51</p>
<p>Por encima el conjunto flameaba</p>
<p>más claro que la luna en la serena 53</p>
<p>medianoche en el medio de su mes. 54</p>
<p>Yo me volví de admiración colmado</p>
<p>al bueno de Virgilio, que repuso</p>
<p>con ojos llenos de estupor no menos. 57</p>
<p>Volví la vista a aquellas maravillas</p>
<p>que tan lentas venían a nosotros,</p>
<p>que una recién casada las venciera. 60</p>
<p>La mujer me gritó: "¿Por qué contemplas</p>
<p>con tanto ardor las vivas luminarias,</p>
<p>y lo que viene por detrás no miras?" 63</p>
<p>Y tras los candelabros vi unas gentes</p>
<p>venir despacio, de blanco vestidas;</p>
<p>y tanta albura aquí nunca la vimos. 66</p>
<p>Brillaba el agua a nuestro lado izquierdo,</p>
<p>el izquierdo costado devolviéndome,</p>
<p>si se miraba en ella cual espejo. 69</p>
<p>Cuando estuve en un sitio de mi orilla,</p>
<p>que sólo el río de ellos me apartaba,</p>
<p>para verles mejor detuve el paso, 72</p>
<p>y vi las llamas que iban por delante</p>
<p>dejando tras de sí el aire pintado,</p>
<p>como si fueran trazos de pinceles; 75</p>
<p>de modo que en lo alto se veían</p>
<p>siete franjas, de todos los colores</p>
<p>con que hace el arco el Sol y Delia el cinto. 78</p>
<p>Los pendones de atrás eran más grandes</p>
<p>que mi vista; y diez pasos separaban,</p>
<p>en mi opinión, a los de los extremos 81</p>
<p>Bajo tan bello cielo como cuento,</p>
<p>coronados de lirios, veinticuatro 83</p>
<p>ancianos avanzaban por parejas. 84</p>
<p>Cantaban: "Entre todas Benedicta</p>
<p>las nacidas de Adán, y eternamente</p>
<p>benditas sean las bellezas tuyas." 87</p>
<p>Después de que las flores y la hierba,</p>
<p>que desde el otro lado contemplaba,</p>
<p>se vieron libres de esos elegidos, 90</p>
<p>como luz a otra luz sigue en el cielo,</p>
<p>cuatro animales por detrás venían, 92</p>
<p>de verde fronda todos coronados. 93</p>
<p>Seis alas cada uno poseía;</p>
<p>con ojos en las plumas; los de Argos</p>
<p>tales serían, si vivo estuviese. 96</p>
<p>A describir su forma no dedico</p>
<p>lector, más rimas, pues que me urge otra</p>
<p>tarea, y no podría aquí alargarme; 99</p>
<p>pero léete a Ezequiel, que te lo pinta</p>
<p>como él los vio venir desde la fría</p>
<p>zona, con viento, con nubes, con fuego; 102</p>
<p>y como lo verás en sus escritos,</p>
<p>tales eran aquí, salvo en las plumas;</p>
<p>Juan se aparta de aquel y está conmigo. 105</p>
<p>En el espacio entre los cuatro había,</p>
<p>sobre dos ruedas, un carro triunfal,</p>
<p>que de un grifo venía conducido. 108</p>
<p>Hacia arriba tendía las dos alas</p>
<p>entre la franja que había en el centro</p>
<p>y las tres y otras tres, mas sin tocarlas. 111</p>
<p>Subían tanto que no se veían;</p>
<p>de oro tenía todo lo de pájaro,</p>
<p>y blanco lo demás con manchas rojas. 114</p>
<p>No sólo Roma en carro tan hermoso 115</p>
<p>no honrase al Africano, ni aun a Augusto,</p>
<p>mas el del sol mezquino le sería; 117</p>
<p>aquel del sol que ardiera, extraviado,</p>
<p>por petición de la tierra devota,</p>
<p>cuando fue Jove arcanarnente justo. 120</p>
<p>Tres mujeres en círculo danzaban</p>
<p>en el lado derecho; una de rojo,</p>
<p>que en el fuego sería confundida; 123</p>
<p>otra cual si los huesos y la carne</p>
<p>hubieran sido de esmeraldas hechos;</p>
<p>cual purísima nieve la tercera; 126</p>
<p>y tan pronto guiaba la de blanco,</p>
<p>tan pronto la de rojo; y a su acento</p>
<p>caminaban las otras, raudas, lentas. 129</p>
<p>Otras cuatro a la izquierda solazaban, 130</p>
<p>de púrpura vestidas, con el ritmo</p>
<p>de una de ellas que tenía tres ojos. 132</p>
<p>Detrás de todo el nudo que he descrito</p>
<p>vi dos viejos de trajes desiguales,</p>
<p>mas igual su ademán grave y honesto. 135</p>
<p>Uno se parecía a los discípulos 136</p>
<p>de Hipócrates, a quien natura hiciera</p>
<p>para sus animales más queridos; 138</p>
<p>contrario afán el otro demostraba 139</p>
<p>con una espada aguda y reluciente,</p>
<p>tal que me amedrentó desde mi orilla. 141</p>
<p>Luego vi cuatro de apariencia humilde; 142</p>
<p>y de todos detrás un viejo solo,</p>
<p>que venía durmiendo, iluminado. 144</p>
<p>Y estaban estos siete como el grupo</p>
<p>primero ataviados, mas con lirios</p>
<p>no adornaban en torno sus cabezas, 147</p>
<p>sino con rosas y bermejas flores; 148</p>
<p>se juraría, aun vistas no muy lejos,</p>
<p>que ardían por encima de los ojos. 150</p>
<p>Y cuando el carro tuve ya delante,</p>
<p>un trueno se escuchó, y las dignas gentes</p>
<p>parecieron tener su andar vedado, 153</p>
<p>y se pararon junto a las enseñas.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_64">
</cite>
CANTO XXX</p>
</title>
<p>Y cuando el septentrión del primer cielo, 1</p>
<p>que no sabe de ocaso ni de orto;</p>
<p>ni otra niebla que el velo de la culpa, 3</p>
<p>y que a todos hacía sabedores</p>
<p>de su deber, como hace aquí el de abajo</p>
<p>al que gira el timón llegando a puerto, 6</p>
<p>inmóvil se quedó: la gente santa</p>
<p>que entre el grito y aquel primero</p>
<p>vino, como a su paz se dirigió hacia el carro; 9</p>
<p>y uno de ellos, del cielo mensajero, 10</p>
<p>'Veni sponsa de Libano', cantando</p>
<p>gritó tres veces, y después los otros. 12</p>
<p>Cual los salvados al último bando 13</p>
<p>prestamente alzarán de su caverna,</p>
<p>aleluyando en voces revestidas, 15</p>
<p>sobre el divino carro de tal forma</p>
<p>cien se alzaron, ad vocem tanti senis, 17</p>
<p>ministros y enviados del Eterno. 18</p>
<p>'¡Benedictus qui venis!' entonaban, 19</p>
<p>tirando flores por todos los lados</p>
<p>'¡Manibus, oh, date ilia plenis' 21</p>
<p>Yo he visto cuando comenzaba el día</p>
<p>rosada toda la región de oriente,</p>
<p>bellamente sereno el demás cielo; 24</p>
<p>y aún la cara del sol nacer en sombras,</p>
<p>tal que, en la tibiedad de los vapores,</p>
<p>el ojo le miraba un largo rato: 27</p>
<p>lo mismo dentro de un turbión de flores</p>
<p>que de manos angélicas salía,</p>
<p>cayendo dentro y fuera: coronada, 30</p>
<p>sobre un velo blanquísimo, de olivo,</p>
<p>contemplé una mujer de manto verde</p>
<p>vestida del color de ardiente llama. 33</p>
<p>Y el espíritu mío, que ya tanto 34</p>
<p>tiempo había pasado que sin verla</p>
<p>no estaba de estupor, temblando, herido, 36</p>
<p>antes de conocerla con los ojos,</p>
<p>por oculta virtud de ella emanada,</p>
<p>sentió del viejo amor el poderío. 39</p>
<p>Nada más que en mi vista golpeó</p>
<p>la alta virtud que ya me traspasara</p>
<p>antes de haber dejado de ser niño, 42</p>
<p>me volví hacia la izquierda como corre</p>
<p>confiado el chiquillo hacia su madre</p>
<p>cuando está triste o cuando tiene miedo, 45</p>
<p>por decir a Virgilio: "Ni un adarme</p>
<p>de sangre me ha quedado que no tiemble:</p>
<p>conozco el signo de la antigua llama." 48</p>
<p>Mas Virgilio privado nos había</p>
<p>de sí, Virgilio, dulcísimo padre,</p>
<p>Virgilio, a quien me dieran por salvarme; 51</p>
<p>todo lo que perdió la madre antigua,</p>
<p>no sirvió a mis mejillas que, ya limpias, 53</p>
<p>no se volvieran negras por el llanto. 54</p>
<p>"Dante, porque Virgilio se haya ido 55</p>
<p>tú no llores, no llores todavía;</p>
<p>pues deberás llorar por otra espada." 57</p>
<p>Cual almirante que en popa y en proa</p>
<p>pasa revista a sus subordinados</p>
<p>en otras naves y al deber les llama; 60</p>
<p>por encima del carro, hacia la izquierda,</p>
<p>al volverme escuchando el nombre mío,</p>
<p>que por necesidad aquí se escribe, 63</p>
<p>vi a la mujer que antes contemplara</p>
<p>oculta bajo el angélico halago,</p>
<p>volver la vista a mí de allá del río. 66</p>
<p>Aunque el velo cayendo por el rostro,</p>
<p>ceñido por la fronda de Minerva, 68</p>
<p>no me dejase verla claramente, 69</p>
<p>con regio gesto todavía altivo</p>
<p>continuó lo mismo que quien habla</p>
<p>y al final lo más cálido reserva: 72</p>
<p>"¡Mírame bien!, soy yo, sí, soy Beatriz,</p>
<p>¿cómo pudiste llegar a la cima?</p>
<p>¿no sabías que el hombre aquí es dichoso?" 75</p>
<p>Los ojos incliné a la clara fuente;</p>
<p>mas me volvía a la yerba al reflejarme,</p>
<p>pues me abatió la cara tal vergüenza. 78</p>
<p>Tan severa cree el niño que es su madre,</p>
<p>así me pareció; puesto que amargo</p>
<p>siente el sabor de la piedad acerba. 81</p>
<p>Ella calló; y los ángeles cantaron</p>
<p>de súbito: 'in te, Domine, speravi'; 83</p>
<p>pero del 'pedes meos' no siguieron. 84</p>
<p>Como la nieve entre los vivos troncos</p>
<p>en el dorso de Italia se congela,</p>
<p>azotada por vientos boreales, 87</p>
<p>luego, licuada, en sí misma rezuma,</p>
<p>cuando la tierra sin sombra respira,</p>
<p>y es como el fuego que funde una vela; 90</p>
<p>mis suspiros y lágrimas cesaron</p>
<p>antes de aquel cantar de los que cantan</p>
<p>tras de las notas del girar eterno; 93</p>
<p>mas luego que entendí que el dulce canto</p>
<p>se apiadaba de mí, más que si dicho</p>
<p>hubiese: "Mujer, por qué lo avergüenzas", 96</p>
<p>el hielo que en mi pecho se apretaba,</p>
<p>se hizo vapor y agua, y con angustia</p>
<p>se salió por la boca y por los ojos. 99</p>
<p>Ella, parada encima del costado</p>
<p>dicho del carro, a las sustancias pías 101</p>
<p>dirigió sus palabras de este modo: 102</p>
<p>"Veláis vosotros el eterno día,</p>
<p>sin que os roben ni el sueño ni la noche</p>
<p>ningún paso del siglo en su camino; 105</p>
<p>así pues más cuidado en mi respuesta</p>
<p>pondré para que entienda aquel que llora,</p>
<p>e igual medida culpa y duelo tengan. 108</p>
<p>No sólo por efecto de las ruedas</p>
<p>que a cada ser a algún final dirigen</p>
<p>según les acompañen sus estrellas, 111</p>
<p>mas por largueza de gracia divina, 112</p>
<p>que en tan altos vapores hace lluvia,</p>
<p>que no pueden mirarlos nuestros ojos, 114</p>
<p>ese fue tal en su vida temprana 115</p>
<p>potencialmente, que cualquier virtud</p>
<p>maravilloso efecto en él hiciera. 117</p>
<p>Mas tanto más maligno y más silvestre,</p>
<p>inculto y mal sembrado se hace el campo,</p>
<p>cuanto más vigorosa tierra sea. 120</p>
<p>Le sostuve algún tiempo con mi rostro:</p>
<p>mostrándole mis ojos juveniles,</p>
<p>junto a mí le llevaba al buen camino. 123</p>
<p>Tan pronto como estuve en los umbrales</p>
<p>de mi segunda edad y cambié de vida,</p>
<p>de mí se separó y se entregó a otra. 126</p>
<p>Cuando de carne a espíritu subí,</p>
<p>y virtud y belleza me crecieron,</p>
<p>fui para él menos querida y grata; 129</p>
<p>y por errada senda volvió el paso,</p>
<p>imágenes de un bien siguiendo falsas,</p>
<p>que ninguna promesa entera cumplen. 132</p>
<p>No me valió impetrar inspiración,</p>
<p>con la cual en un sueño o de otros modos</p>
<p>lo llamase: ¡tan poco le importaron! 135</p>
<p>Tanto cayó que todas las razones</p>
<p>para su salvación no le bastaban,</p>
<p>salvo enseñarle el pueblo condenado. 138</p>
<p>Fui por ello a la entrada de los muertos,</p>
<p>y a aquel que le ha traído hasta aquí arriba, 141</p>
<p>le dirigí mis súplicas llorando.</p>
<p>Una alta ley de Dios se habría roto,</p>
<p>si el Leteo pasase y tal banquete</p>
<p>fuese gustado sin ninguna paga 144</p>
<p>del arrepentimiento que se llora."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_65">
</cite>
CANTO XXXI</p>
</title>
<p>"Oh tú que estás de allá del sacro río,</p>
<p>- dirigiéndome en punta sus palabras,</p>
<p>que aun de filo tan duras parecieron, 3</p>
<p>volvió a decir sin pausa prosiguiendo-</p>
<p>di si es esto verdad, pues de tan seria</p>
<p>acusación debieras confesarte." 6</p>
<p>Estaba mi valor tan confundido,</p>
<p>que mi voz se movía, y se apagaba</p>
<p>antes que de sus órganos saliera. 9</p>
<p>Esperó un poco, y me dijo: "¿En qué piensas?</p>
<p>respóndeme, pues las memorias tristes</p>
<p>en ti aún no están borradas por el agua." 12</p>
<p>La confusión y el miedo entremezclados</p>
<p>como un "sí" me arrancaron de la boca,</p>
<p>que fue preciso ver para entenderlo. 15</p>
<p>Cual quebrada ballesta se dispara,</p>
<p>por demasiado tensos cuerda y arco,</p>
<p>y sin fuerzas la flecha al blanco llega, 18</p>
<p>así estallé abrumado de tal carga,</p>
<p>lágrimas y suspiros despidiendo,</p>
<p>y se murió mi voz por el camino. 21</p>
<p>"Por entre mis deseos -dijo ella-</p>
<p>que al amor por el bien te conducían,</p>
<p>que cosa no hay de aspiración más digna, 24</p>
<p>¿qué fosos se cruzaron, qué cadenas</p>
<p>hallaste tales que del avanzar</p>
<p>perdiste de tal forma la esperanza? 27</p>
<p>¿Y cuál ventaja o qué facilidades</p>
<p>en el semblante de los otros viste, 29</p>
<p>para que de ese modo los rondaras?" 30</p>
<p>Luego de suspirar amargamente,</p>
<p>apenas tuve voz que respondiera,</p>
<p>formada a duras penas por los labios. 33</p>
<p>Llorando dije: "Lo que yo veía</p>
<p>con su falso placer me extraviaba</p>
<p>tan pronto se escondió vuestro semblante." 36</p>
<p>Y dijo: "Si callaras o negases</p>
<p>lo que confiesas, igual se sabría</p>
<p>tu culpa: ¡es tal el juez que la conoce! 39</p>
<p>Mas cuando sale de la propia boca</p>
<p>confesar el pecado, en nuestra corte</p>
<p>hace volver contra el filo la piedra. 42</p>
<p>Sin embargo, para que te avergüences</p>
<p>ahora de tu error, y ya otras veces</p>
<p>seas fuerte, escuchando a las sirenas, 45</p>
<p>deja ya la raíz del llanto y oye:</p>
<p>y escucharás cómo a un lugar contrario</p>
<p>debió llevarte mi enterrada carne. 48</p>
<p>Arte o natura nunca te mostraron</p>
<p>mayor placer, cuanto en los miembros donde</p>
<p>me encerraron, en tierra ahora esparcidos; 51</p>
<p>y si el placer supremo te faltaba</p>
<p>al estar muerta, ¿qué cosa mortal</p>
<p>te podría arrastrar en su deseo? 54</p>
<p>A las primeras flechas de las cosas</p>
<p>falaces, bien debiste alzar la vista</p>
<p>tras de mí, pues yo no era de tal modo. 57</p>
<p>No te debían abatir las alas,</p>
<p>esperando más golpes, ni mocitas,</p>
<p>ni cualquier novedad de breve uso. 60</p>
<p>El avecilla dos o tres aguarda; 61</p>
<p>que ante los ojos de los bien plumados</p>
<p>la red se extiende en vano o la saeta." 63</p>
<p>Cual los chiquillos por vergüenza, mudos</p>
<p>están con ojos gachos, escuchando,</p>
<p>conociendo su falta arrepentidos, 66</p>
<p>así yo estaba; y ella dijo: "Cuando</p>
<p>te duela el escuchar, alza la barba 68</p>
<p>y aún más dolor tendrás si me contemplas." 69</p>
<p>Con menos resistencia se desgaja</p>
<p>robusta encina, con el viento norte</p>
<p>o con aquel de la tierra de Jarba, 72</p>
<p>como el mentón alcé con su mandato;</p>
<p>pues cuando dijo "barba" en vez de "rostro"</p>
<p>de sus palabras conocí el veneno; 75</p>
<p>y pude ver al levantar la cara</p>
<p>que las criaturas que llegaron antes</p>
<p>en su aspersión habían ya cesado; 78</p>
<p>y mis ojos, aún poco seguros,</p>
<p>a Beatriz vieron vuelta hacia la fiera 80</p>
<p>que era una sola en dos naturalezas. 81</p>
<p>Bajo su velo y desde el otro margen</p>
<p>a sí misma vencerse parecía,</p>
<p>vencer a la que fue cuando aquí estaba. 84</p>
<p>Me picó tanto el arrepentimiento</p>
<p>con sus ortigas, que enemigas me hizo</p>
<p>esas cosas que más había amado. 87</p>
<p>Y tal reconocer mordióme el pecho,</p>
<p>y vencido caí; y lo que pasara 89</p>
<p>lo sabe aquella que la culpa tuvo, 90</p>
<p>Y vi a aquella mujer, al recobrarme, 91</p>
<p>que había visto sola, puesta encima</p>
<p>"¡cógete a mí, cógete a mí!" diciendo. 93</p>
<p>Hasta el cuello en el río me había puesto,</p>
<p>y tirando de mí detrás venía,</p>
<p>como esquife ligera sobre el agua. 96</p>
<p>Al acercarme a la dichosa orilla,</p>
<p>"Asperges me" escuché tan dulcemente, 98</p>
<p>que recordar no puedo, ni escribirlo. 99</p>
<p>Abrió sus brazos la mujer hermosa;</p>
<p>y hundióme la cabeza con su abrazo</p>
<p>para que yo gustase de aquel agua. 102</p>
<p>Me sacó luego, y mojado me puso</p>
<p>en medio de la danza de las cuatro 104</p>
<p>hermosas; cuyos brazos me cubrieron. 105</p>
<p>"Somos ninfas aquí, en el cielo estrellas;</p>
<p>antes de que Beatriz bajara al mundo,</p>
<p>como sus siervas fuimos destinadas. 108</p>
<p>Te hemos de conducir ante sus ojos;</p>
<p>mas a su luz gozosa han de aguzarte</p>
<p>las tres de allí, que miran más profundo." 111</p>
<p>Así empezaron a cantar; y luego</p>
<p>hasta el pecho del grifo me llevaron,</p>
<p>donde estaba Beatriz vuelta a nosotros. 114</p>
<p>Me dijeron: "No ahorres tus miradas;</p>
<p>ante las esmeraldas te hemos puesto</p>
<p>desde donde el Amor lanzó sus flechas." 117</p>
<p>Mil deseos ardientes más que llamas</p>
<p>mis ojos empujaron a sus ojos</p>
<p>relucientes, aún puestos en el grifo. 120</p>
<p>Lo mismo que hace el sol en el espejo,</p>
<p>la doble fiera dentro se copiaba, 122</p>
<p>con una o con la otra de sus formas. 123</p>
<p>Imagina, lector, mi maravilla</p>
<p>al ver estarse quieta aquella cosa,</p>
<p>y en el ídolo suyo transmutarse. 126</p>
<p>Mientras que llena de estupor y alegre</p>
<p>mi alma ese alimento degustaba</p>
<p>que, saciando de sí, aún de sí da ganas, 129</p>
<p>demostrando que de otro rango eran 130</p>
<p>en su actitud, las tres se adelantaron,</p>
<p>danzando con su angélica cantiga. 132</p>
<p>"¡Torna, torna, Beatriz, tus santos ojos</p>
<p>- decía su canción- a tu devoto</p>
<p>que para verte ha dado tantos pasos! 135</p>
<p>Por gracia haznos la gracia que desvele</p>
<p>a él tu boca, y que vea de este modo</p>
<p>la segunda belleza que le ocultas." 138</p>
<p>Oh resplandor de viva luz eterna,</p>
<p>¿quién que bajo las sombras del Parnaso</p>
<p>palideciera o bebiera en su fuente, 141</p>
<p>no estuviera ofuscado, si tratara</p>
<p>de describirte cual te apareciste</p>
<p>donde el cielo te copia armonizando, 144</p>
<p>cuando en el aire abierto te mostraste? 145</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_66">
</cite>
CANTO XXXII</p>
</title>
<p>Mi vista estaba tan atenta y fija</p>
<p>por quitarme la sed de aquel decenio, 2</p>
<p>que mis demás sentidos se apagaron. 3</p>
<p>Y topaban en todas partes muros</p>
<p>para no distraerse -¡así la santa</p>
<p>sonrisa con la antigua red prendía!-; 6</p>
<p>cuando a la fuerza me hicieron girar</p>
<p>aquellas diosas hacia el lado izquierdo,</p>
<p>pues las oí decir: "¡Miras muy fijo!"; 9</p>
<p>y la disposición que hay en los ojos</p>
<p>que el sol ha deslumbrado con sus rayos,</p>
<p>sin vista me dejó por algún tiempo. 12</p>
<p>Cuando pude volver a ver lo poco</p>
<p>(digo "lo poco" con respecto al mucho</p>
<p>de la luz cuya fuerza me cegara), 15</p>
<p>vi que se retiraba a la derecha</p>
<p>el glorioso ejército, llevando</p>
<p>el sol y las antorchas en el rostro. 18</p>
<p>Cual bajo los escudos por salvarse</p>
<p>con su estandarte el escuadrón se gira,</p>
<p>hasta poder del todo dar la vuelta; 21</p>
<p>esa milicia del celeste reino</p>
<p>que iba delante, desfiló del todo</p>
<p>antes que el carro torciera su lanza. 24</p>
<p>A las ruedas volvieron las mujeres,</p>
<p>y la bendita carga llevó el grifo</p>
<p>sin que moviese una pluma siquiera. 27</p>
<p>La hermosa dama que cruzar me hizo,</p>
<p>Estacio y yo, seguíamos la rueda</p>
<p>que al dar la vuelta hizo un menor arco. 30</p>
<p>Así cruzando la desierta selva, 31</p>
<p>culpa de quien creyera a la serpiente,</p>
<p>ritmaba el paso un angélico canto. 33</p>
<p>Anduvimos acaso lo que vuela</p>
<p>una flecha tres veces disparada,</p>
<p>cuando del carro descendió Beatriz. 36</p>
<p>Yo escuché murmurar: "Adán" a todos;</p>
<p>y un árbol rodearon, despojado</p>
<p>de flores y follajes en sus ramas. 39</p>
<p>Su copa, que en tal forma se extendía</p>
<p>cuanto más sube, fuera por los indios</p>
<p>aun con sus grandes bosques, admirada. 42</p>
<p>"Bendito seas, grifo, porque nada</p>
<p>picoteas del árbol dulce al gusto,</p>
<p>porque mal se separa de aquí el vientre." 45</p>
<p>Así en tomo al robusto árbol gritaron</p>
<p>todos ellos; y el animal biforme:</p>
<p>"Así de la virtud se guarda el germen." 48</p>
<p>Y volviendo al timón del que tiraba,</p>
<p>junto a la planta viuda lo condujo,</p>
<p>y arrimado dejó el leño a su leño. 51</p>
<p>Y como nuestras plantas, cuando baja</p>
<p>la hermosa luz, mezclada con aquella</p>
<p>que irradia tras de los celestes Peces, 54</p>
<p>túrgidas se hacen, y después renuevan</p>
<p>su color una a una, antes que el sol</p>
<p>sus corceles dirija hacia otra estrella; 57</p>
<p>menos que rosa y más que violeta 58</p>
<p>color tomando, se hizo nuevo el árbol,</p>
<p>que antes tan sólo tuvo la enramada. 60</p>
<p>Yo no entendí, porque aquí no usa 61</p>
<p>el himno que cantaron esas gentes,</p>
<p>ni pude oír la melodía entera. 63</p>
<p>Si pudiera contar cómo durmieron,</p>
<p>oyendo de Siringa, los cien ojos 65</p>
<p>a quien tanto costó su vigilancia; 66</p>
<p>como un pintor que pinte con modelo,</p>
<p>cómo me adormecí dibujaría;</p>
<p>mas otro sea quien el sueño finja. 69</p>
<p>Por eso paso a cuando desperté,</p>
<p>y digo que una luz me rasgó el velo</p>
<p>del dormir, y una voz: "¿Qué haces?, levanta." 72</p>
<p>Como por ver las flores del manzano</p>
<p>que hace ansiar a los ángeles su fruto,</p>
<p>y esponsales perpetuos en el cielo, 75</p>
<p>Pedro, Juan y jacob fueron llevados</p>
<p>y vencidos, tornóles la palabra</p>
<p>que sueños aún más grandes ha quebrado, 78</p>
<p>y se encontraron sin la compañía</p>
<p>tanto de Elías como de Moisés,</p>
<p>y al maestro la túnica cambiada; 81</p>
<p>así me recobré, y vi sobre mí</p>
<p>aquella que, piadosa conductora</p>
<p>fue de mis pasos antes junto al río. 84</p>
<p>Y "¿dónde está Beatriz.?", dije con miedo.</p>
<p>Respondió: "Véla allí, bajo la fronda</p>
<p>nueva, sentada sobre las raíces. 87</p>
<p>Mira la compañía que la cerca;</p>
<p>detrás del grifo los demás se marchan</p>
<p>con más dulce canción y más profunda." 90</p>
<p>Y si fueron más largas sus palabras,</p>
<p>no lo sé, porque estaba ante mis ojos</p>
<p>la que otra cualquier cosa me impedía. 93</p>
<p>Sola sobre la tierra se sentaba,</p>
<p>como dejada en guardia de aquel carro</p>
<p>que vi ligado a la biforme fiera. 96</p>
<p>En torno suyo un círculo formaban</p>
<p>las siete ninfas, con las siete antorchas</p>
<p>que de Austro y de Aquilón están seguras 99</p>
<p>"Silvano aquí tú serás poco tiempo;</p>
<p>habitarás conmigo para siempre</p>
<p>esa Roma donde Cristo es romano. 102</p>
<p>Por eso, en pro del mundo que mal vive,</p>
<p>pon la vista en el carro, y lo que veas</p>
<p>escríbelo cuando hayas retornado." 105</p>
<p>Así Beatríz; y yo que a pie juntillas</p>
<p>me encontraba sumiso a sus mandatos,</p>
<p>mente y ojos donde ella quiso puse. 108</p>
<p>De un modo tan veloz no bajó nunca</p>
<p>de espesa nube el rayo, cuando llueve</p>
<p>de aquel confín del cielo más remoto, 111</p>
<p>cual vi calar al pájaro de Júpiter, 112</p>
<p>rompiendo, árbol abajo, la corteza,</p>
<p>las florecillas y las nuevas hojas; 114</p>
<p>e hirió en el carro con toda su saña;</p>
<p>y él se escoró como nave en tormenta,</p>
<p>a babor o a estribor de olas vencida. 117</p>
<p>Y luego vi que dentro se arrojaba</p>
<p>de aquel carro triunfal una vulpeja,</p>
<p>que parecía ayuna de buen pasto; 120</p>
<p>mas, sus feos pecados reprobando,</p>
<p>mi dama la hizo huir de tal manera,</p>
<p>cuanto huesos sin carne permitían. 123</p>
<p>Y luego por el sitio que viniera,</p>
<p>vi descender al águila en el arca</p>
<p>del carro y la cubría con sus plumas; 126</p>
<p>y cual sale de un pecho que se queja,</p>
<p>tal voz salió del cielo que decía</p>
<p>"¡Oh navecilla mía, qué mal cargas!" 129</p>
<p>Luego creí que la tierra se abriera</p>
<p>entre ambas ruedas, y salió un dragón</p>
<p>que por cima del carro hincó la cola; 132</p>
<p>y cual retira el aguijón la avispa,</p>
<p>así volviendo la cola maligna,</p>
<p>arrancó el fondo, y se marchó contento. 135</p>
<p>Aquello que quedó, como de grama</p>
<p>la tierra, de las plumas, ofrecidas</p>
<p>tal vez con intención benigna y santa, 138</p>
<p>se recubrió, y también se recubrieron</p>
<p>las ruedas y el timón, en menos tiempo</p>
<p>que un suspiro la boca tiene abierta. 141</p>
<p>Al edificio santo, así mudado</p>
<p>le salieron cabezas; tres salieron</p>
<p>en el timón, y en cada esquina una. 144</p>
<p>Las primeras cornudas como bueyes,</p>
<p>las otras en la frente un cuerno sólo:</p>
<p>nunca fue visto un monstruo semejante. 147</p>
<p>Segura, cual castillo sobre un monte,</p>
<p>sentada una ramera desceñida,</p>
<p>sobre él apareció, mirando en torno; 150</p>
<p>y como si estuviera protegiéndola,</p>
<p>vi un gigante de pie, puesto a su lado;</p>
<p>con el cual a menudo se besaba. 153</p>
<p>Mas al volver los ojos licenciosos</p>
<p>y errantes hacia mí, el feroz amante 155</p>
<p>la azotó de los pies a la cabeza. 156</p>
<p>Crudo de ira y de recelos lleno,</p>
<p>desató al monstruo, y lo llevó a la selva,</p>
<p>hasta que de mis ojos se perdieron 159</p>
<p>la ramera y la fiera inusitada. 160</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_67">
</cite>
CANTO XXXIII</p>
</title>
<p>'Deus venerunt Gentes', alternando 1</p>
<p>ya las tres, ya las cuatro, su salmodia, 2</p>
<p>llorando comenzaron las mujeres; 3</p>
<p>y Beatriz, piadosa y suspirando,</p>
<p>lo escuchaba de forma que no mucho</p>
<p>más se mudara ante la cruz María. 6</p>
<p>Mas cuando las doncellas la dejaron</p>
<p>lugar para que hablase, puesta en pie,</p>
<p>respondió, colorada como el fuego: 9</p>
<p>"Modicum, et non videbitis me mis 10</p>
<p>queridas hermanas, et iterum,</p>
<p>modicum, et vos videbitis me." 12</p>
<p>Luego se puso al frente de las siete,</p>
<p>y me hizo andar tras de ella con un gesto,</p>
<p>y a la mujer y al sabio que quedaba. 15</p>
<p>Así marchaba; y no creo que hubiera</p>
<p>dado apenas diez pasos en el suelo,</p>
<p>cuando me hirió los ojos con sus ojos; 18</p>
<p>y con tranquilo gesto: "Ven deprisa 19</p>
<p>para que, si quisiera hablar, conigo,</p>
<p>estés para escucharme bien dispuesto." 21</p>
<p>Y al ir, como debía, junto a ella,</p>
<p>díjome: "Hermano, ¿por qué no te atreves,</p>
<p>ya que vienes conmigo, a preguntarme?" 24</p>
<p>Como aquellos que tanta reverencia</p>
<p>muestran si están hablando a sus mayores,</p>
<p>que la voz no les sale de los dientes, 27</p>
<p>a mí me sucedió y, balbuceando,</p>
<p>dije: "Señora lo que necesito</p>
<p>vos sabéis, y qué es bueno para ello." 30</p>
<p>Y dijo: "De temor y de vergüenza</p>
<p>quiero que en adelante te despojes,</p>
<p>y que no me hables como aquel que sueña. 33</p>
<p>Sabe que el vaso que rompió la sierpe</p>
<p>fue y ya no es; mas crean los culpables 35</p>
<p>que el castigo de Dios no teme sopas. 36</p>
<p>No estará sin alguno que la herede</p>
<p>mucho tiempo aquel águila que plumas</p>
<p>dejó en el carro, monstruo y presa hecho. 39</p>
<p>Que ciertamente veo, y lo relato,</p>
<p>las estrellas cercanas a ese tiempo,</p>
<p>de impedimento y trabas ya seguro, 42</p>
<p>en que un diez, en que un cinco, en que un quinientos</p>
<p>enviado de Dios, a la ramera</p>
<p>matará y al gigante con quien peca. 45</p>
<p>Tal vez estas palabras tan oscuras,</p>
<p>cual de Esfinge o de Temis, no comprendas, 47</p>
<p>pues a su modo el intelecto ofuscan; 48</p>
<p>Mas Náyades serán pronto los hechos, 49</p>
<p>que han de explicar enigma tan oscuro</p>
<p>sin daño de rebaños ni cosechas. 51</p>
<p>Toma nota; y lo mismo que las digo,</p>
<p>lleva así mis palabras a quien vive</p>
<p>el vivir que es carrera hacia la muerte. 54</p>
<p>Y ten cuidado, cuando lo relates,</p>
<p>y no olvides que has visto cómo el árbol</p>
<p>ha sido despojado por dos veces. 57</p>
<p>Cualquiera que le robe o que le expolie,</p>
<p>con blasfemias ofende a Dios, pues santo</p>
<p>sólo para su uso lo ha creado. 60</p>
<p>Por morder de él, en penas y en deseos</p>
<p>el primer ser más de cinco mil años 62</p>
<p>anheló a quien en sí purgó el mordisco. 63</p>
<p>Tu ingenio está dormido, si no aprecia</p>
<p>por qué extraña razón se eleva tanto,</p>
<p>y tanto se dilata por su cima. 66</p>
<p>Y si no hubieran sido agua del Elsa 67</p>
<p>los vanos pensamientos por tu mente,</p>
<p>y el placer como a Píramo la mora, 69</p>
<p>solamente por estas circunstancias</p>
<p>la justicia de Dios conocerías,</p>
<p>moralmerite, al hacer prohibido el árbol. 72</p>
<p>Mas como veo que tu inteligencia</p>
<p>se ha hecho de piedra, y empedrada, oscura,</p>
<p>y te ciega la luz de mis palabras, 75</p>
<p>quiero que, si no escritas, sí pintadas,</p>
<p>dentro de ti las lleves por lo mismo</p>
<p>que las palmas se traen en los bordones." 78</p>
<p>Y yo: "Como la cera de los sellos,</p>
<p>donde no cambia la figura impresa,</p>
<p>por vos ya mi cerebro está sellado. 81</p>
<p>¿Pero por qué tan fuera de mi alcance</p>
<p>vuestra palabra deseada vuela,</p>
<p>que más la pierde cuanto más se obstinad" 84</p>
<p>"Por que conozcas -dijo- aquella escuela</p>
<p>que has seguido, y que veas cómo puede</p>
<p>seguir a mis palabras su doctrina; 87</p>
<p>y veas cuánto dista vuestra senda</p>
<p>de la divina, cuanto se separa</p>
<p>el cielo más lejano de la tierra." 90</p>
<p>Por lo que yo le dije: "No recuerdo 91</p>
<p>que alguna vez de vos yo me alejase,</p>
<p>ni me remuerde nada la conciencia." 93</p>
<p>"Si acordarte no puedes de esas cosas</p>
<p>acuérdate -repuso sonriente-</p>
<p>que hoy bebiste las aguas del Leteo; 96</p>
<p>Y si del humo el fuego se deduce,</p>
<p>concluye esta olvidanza claramente</p>
<p>que era culpable tu querer errado. 99</p>
<p>Estarán desde ahora ya desnudas</p>
<p>mis palabras, cuanto lo necesite</p>
<p>tu ruda mente para comprenderlas." 102</p>
<p>Fulgiendo más y con más lentos pasos</p>
<p>el sol atravesaba el mediodía, 104</p>
<p>que allá y aquí, como lo miran, cambia, 105</p>
<p>cuando se detuvieron, como aquellos</p>
<p>que van a la vanguardia de una tropa,</p>
<p>si encuentran novedades o vestigios, 108</p>
<p>las mujeres, junto a un lugar sombrío,</p>
<p>cual bajo fronda verde y negras ramas</p>
<p>se ve en los Alpes sobre sus riachuelos. 111</p>
<p>Delante de él al Éufrates y al Tigris 112</p>
<p>creí ver brotando de una misma fuente,</p>
<p>y, casi amigos, lentos separarse. 114</p>
<p>"Oh luz, oh gloria de la estirpe humana,</p>
<p>¿qué agua es ésta que mana en este sitio</p>
<p>de un principio, y que a sí de sí se aleja?" 117</p>
<p>A tal pregunta me dijeron: "Pide</p>
<p>que te explique Matelda"; y respondió, 119</p>
<p>como hace quien de culpa se libera, 120</p>
<p>la hermosa dama: "Esta y otras cosas</p>
<p>le dije, y de seguro que las aguas</p>
<p>del Leteo escondidas no le tienen." 123</p>
<p>Y Beatriz: "Acaso otros cuidados,</p>
<p>que muchas veces privan de memoria,</p>
<p>los ojos de su mente oscurecieron. 126</p>
<p>Pero allí va fluyendo el Eunoé:</p>
<p>condúcele hasta él, y como sueles,</p>
<p>reaviva su virtud amortecida." 129</p>
<p>Como un alma gentil, que no se excusa,</p>
<p>sino su gusto al gusto de otro pliega,</p>
<p>tan pronto una señal se lo sugiere; 132</p>
<p>de igual forma, al llegarme junto a ella,</p>
<p>echó a andar la mujer, y dijo a Estacio</p>
<p>con femenina gracia: "Ve con él." 135</p>
<p>Si tuviese lector, más largo espacio</p>
<p>para escribir, en parte cantaría</p>
<p>de aquel dulce beber que nunca sacia; 138</p>
<p>mas como están completos ya los pliegos</p>
<p>que al cántico segundo destinaba,</p>
<p>no me deja seguir del arte el freno. 141</p>
<p>De aquel agua santísima volví</p>
<p>transformado como una planta nueva</p>
<p>con un nuevo follaje renovada,</p>
<p>puro y dispuesto a alzarme a las estrellas. 144</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_68">
</cite>
PARAÍSO</p>
</title>
<subtitle>CANTO I</subtitle>
<p>La gloria de quien mueve todo el mundo</p>
<p>el universo llena, y resplandece</p>
<p>en unas partes más y en otras menos. 3</p>
<p>En el cielo que más su luz recibe 4</p>
<p>estuve, y vi unas cosas que no puede</p>
<p>ni sabe repetir quien de allí baja; 6</p>
<p>porque mientras se acerca a su deseo,</p>
<p>nuestro intelecto tanto profundiza,</p>
<p>que no puede seguirle la memoria. 9</p>
<p>En verdad cuanto yo del santo reino</p>
<p>atesorar he podido en mi mente</p>
<p>será materia ahora de mi canto. 12</p>
<p>¡Oh buen Apolo, en la última tarea 13</p>
<p>hazme de tu poder vaso tan lleno,</p>
<p>como exiges al dar tu amado lauro! 15</p>
<p>Una cima hasta ahora del Parnaso 16</p>
<p>me fue bastante; pero ya de ambas</p>
<p>ha menester la carrera que falta. 18</p>
<p>Entra en mi pecho, y habla por mi boca</p>
<p>igual que cuando a Marsias de la vaina</p>
<p>de sus núembros aún vivos arrancaste. 21</p>
<p>¡Oh divina virtud!, si me ayudaras</p>
<p>tanto que las imágenes del cielo</p>
<p>en mi mente grabadas manifieste, 24</p>
<p>me verás junto al árbol que prefieres 25</p>
<p>llegar, y coronarme con las hojas</p>
<p>que merecer me harán tú y mi argumento. 27</p>
<p>Tan raras veces, padre, eso se logra,</p>
<p>triunfando como césar o poeta,</p>
<p>culpa y vergüenza del querer humano, 30</p>
<p>que debiera ser causa de alegría</p>
<p>en el délfico dios feliz la fronda 32</p>
<p>penea, cuando alguno a aquélla aspira. 33</p>
<p>Gran llama enciende una chispa pequeña:</p>
<p>quizá después de mí con voz más digna</p>
<p>se ruegue a fin que Cirra le responda. 36</p>
<p>La lámpara del mundo a los mortales 37</p>
<p>por muchos huecos viene; pero de ése</p>
<p>que con tres cruces une cuatro círculos, 39</p>
<p>con mejor curso y con mejor estrella 40</p>
<p>sale a la par, y la mundana cera</p>
<p>sella y calienta más al modo suyo. 42</p>
<p>Allí mañana y noche aquí había hecho 43</p>
<p>tal hueco, y casi todo allí era blanco</p>
<p>el hemisferio aquel, y el otro negro, 45</p>
<p>cuando Beatriz hacia el costado izquierdo 46</p>
<p>vi que volvía y que hacia el sol miraba:</p>
<p>nunca con tal fijeza lo hizo un águila. 48</p>
<p>Y así como un segundo rayo suele</p>
<p>del primero salir volviendo arriba,</p>
<p>cual peregrino que tomar desea, 51</p>
<p>este acto suyo, infuso por los ojos</p>
<p>en mi imaginación, produjo el mío,</p>
<p>y miré fijo al sol cual nunca hacemos. 54</p>
<p>Allí están permitidas muchas cosas</p>
<p>que no lo son aquí, pues ese sitio</p>
<p>para la especie humana fue creado. 57</p>
<p>Mucho no lo aguanté, mas no tan poco</p>
<p>que alrededor no viera sus destellos,</p>
<p>cual un hierro candente el fuego deja; 60</p>
<p>y de súbito fue como si un día</p>
<p>se juntara a otro día, y Quien lo puede</p>
<p>con otro sol el cielo engalanara. 63</p>
<p>En las eternas ruedas por completo</p>
<p>fija estaba Beatriz: y yo mis ojos</p>
<p>fijaba en ella, lejos de la altura. 66</p>
<p>Por dentro me volví, al mirarla, como</p>
<p>Glauco al probar la hierba que consorte</p>
<p>en el mar de los otros dioses le hizo. 69</p>
<p>Trashumanarse referir per verba</p>
<p>no se puede; así pues baste este ejemplo</p>
<p>a quien tal experiencia dé la gracia. 72</p>
<p>Si estaba sólo con lo que primero 73</p>
<p>de mí creaste, amor que el cielo riges,</p>
<p>lo sabes tú, pues con tu luz me alzaste. 75</p>
<p>Cuando la rueda que tú haces eterna</p>
<p>al desearte, mi atención llamó</p>
<p>con el canto que afinas y repartes, 78</p>
<p>tanta parte del cielo vi encenderse</p>
<p>por la llama del sol, que lluvia o río</p>
<p>nunca hicieron un lago tan extenso. 81</p>
<p>La novedad del son y el gran destello</p>
<p>de su causa, un anhelo me inflamaron</p>
<p>nunca sentido tan agudamente. 84</p>
<p>Y entonces ella, al verme cual yo mismo,</p>
<p>para aquietarme el ánimo turbado,</p>
<p>sin que yo preguntase, abrió la boca, 87</p>
<p>y comenzó: "Tú mismo te entorpeces</p>
<p>con una falsa idea, y no comprendes</p>
<p>lo que podrías ver si la desechas. 90</p>
<p>Ya no estás en la tierra, como piensas;</p>
<p>mas un rayo que cae desde su altura</p>
<p>no corre como tú volviendo a ella." 93</p>
<p>Si fui de aquella duda desvestido,</p>
<p>con sus breves palabras sonrientes,</p>
<p>envuelto me encontré por una nueva, 96</p>
<p>y dije: "Ya contento requïevi 97</p>
<p>de un asombro tan grande; mas me asombro</p>
<p>cómo estos leves cuerpos atravieso." 99</p>
<p>Y ella, tras suspirar piadosamente,</p>
<p>me dirigió la vista con el gesto</p>
<p>que a un hijo enfermo dirige su madre, 102</p>
<p>y dijo: "Existe un orden entre todas</p>
<p>las cosas, y esto es causa de que sea</p>
<p>a Dios el universo semejante. 105</p>
<p>Aquí las nobles almas ven la huella 106</p>
<p>del eterno saber, y éste es la meta</p>
<p>a la cual esa norma se dispone. 108</p>
<p>Al orden que te he dicho tiende toda</p>
<p>naturaleza, de diversos modos,</p>
<p>de su principio más o menos cerca; 111</p>
<p>y a puertos diferentes se dirigen</p>
<p>por el gran mar del ser, y a cada una</p>
<p>les fue dado un instinto que las guía. 114</p>
<p>Éste conduce al fuego hacia la luna;</p>
<p>y mueve los mortales corazones;</p>
<p>y ata en una las partes de la tierra; 117</p>
<p>y no sólo a los seres que carecen</p>
<p>de razón lanza flechas este arco, 119</p>
<p>también a aquellas que quieren y piensan. 120</p>
<p>La Providencia, que ha dispuesto todo,</p>
<p>con su luz pone en calma siempre al cielo,</p>
<p>en el cual gira aquel que va más raudo; 123</p>
<p>ahora hacia allí, como a un sitio ordenado,</p>
<p>nos lleva la virtud de aquella cuerda</p>
<p>que en feliz blanco su disparo clava. 126</p>
<p>Cierto es que, cual la forma no se pliega</p>
<p>a menudo a la idea del artista,</p>
<p>pues la materia es sorda a responderle, 129</p>
<p>así de este camino se separa</p>
<p>a veces la criatura, porque puede</p>
<p>torcer, así impulsada, hacia otra parte; 132</p>
<p>y cual fuego que cae desde una nube,</p>
<p>así el primer impulso, que desvían</p>
<p>falsos placeres, la abate por tierra. 135</p>
<p>Más no debe admirarte, si bien juzgo, 136</p>
<p>tu subida, que un río que bajara</p>
<p>de la cumbre del monte a la llanura. 138</p>
<p>Asombroso sería en ti si, a salvo</p>
<p>de impedimento, abajo te sentaras,</p>
<p>como en el fuego el aquietarse en tierra." 141</p>
<p>Volvió su rostro entonces hacia el cielo.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_69">
</cite>
CANTO II</p>
</title>
<p>Oh vosotros que en una barquichuela 1</p>
<p>deseosos de oír, seguís mi leño 2</p>
<p>que cantando navega hacia otras playas, 3</p>
<p>volved a contemplar vuestras riberas:</p>
<p>no os echéis al océano que acaso</p>
<p>si me perdéis, estaríais perdidos. 6</p>
<p>No fue surcada el agua que atravieso;</p>
<p>Minerva sopla, y condúceme Apolo</p>
<p>y nueve musas la Osa me señalan. 9</p>
<p>Vosotros, los que, pocos, os alzasteis</p>
<p>al angélico pan tempranamente</p>
<p>del cual aquí se vive sin saciarse, 12</p>
<p>podéis hacer entrar vuestro navío</p>
<p>en alto mar, si seguís tras mi estela</p>
<p>antes de que otra vez se calme el agua. 15</p>
<p>Los gloriosos que a Colcos arribaron</p>
<p>no se asombraron como haréis vosotros,</p>
<p>viendo a Jasón convertido en boyero. 18</p>
<p>La innata sed perpetua que tenía</p>
<p>de aquel reino deiforme, nos llevaba</p>
<p>tan veloces cual puede verse el cielo. 21</p>
<p>Beatriz arriba, y yo hacia ella miraba;</p>
<p>y acaso en tanto en cuanto un dardo es puesto</p>
<p>y vuela disparándose del arco, 24</p>
<p>me vi llegado a donde una admirable</p>
<p>cosa atrajo mi vista; entonces ella</p>
<p>que conocía todos mis cuidados, 27</p>
<p>vuelta hacia mí tan dulce como hermosa,</p>
<p>"Dirige a Dios la mente agradecida</p>
<p>- dijo- que al primer astro nos condujo." 30</p>
<p>Pareció que una nube nos cubriera,</p>
<p>brillante, espesa, sólida y pulida,</p>
<p>como un diamante al cual el sol hiriese. 33</p>
<p>Dentro de sí la perla sempiterna</p>
<p>nos recibió, como el agua recibe</p>
<p>los rayos de la luz quedando unida. 36</p>
<p>Si yo era cuerpo, y es inconcebible 37</p>
<p>cómo una dimensión abarque a otra,</p>
<p>cual si penetra un cuerpo en otro ocurre, 39</p>
<p>más debiera encendernos el deseo</p>
<p>de ver aquella esencia en que se observa</p>
<p>cómo nuestra natura y Dios se unieron. 42</p>
<p>Podremos ver allí lo que creemos,</p>
<p>no demostrado, mas por sí evidente,</p>
<p>cual la verdad primera en que cree el hombre. 45</p>
<p>Yo respondí. "Señora, tan devoto</p>
<p>cual me sea posible, os agradezco</p>
<p>que del mundo mortal me hayáis sacado. 48</p>
<p>Mas decidme: ¿qué son las manchas negras</p>
<p>de este cuerpo, que a algunos en la tierra</p>
<p>hacen contar patrañas de Caín?" 51</p>
<p>Rió ligeramente, y "Si no acierta</p>
<p>- me dijo- la opinión de los mortales</p>
<p>donde no abre la llave del sentido, 54</p>
<p>punzarte no debieran ya las flechas</p>
<p>del asombro, pues sabes la torpeza</p>
<p>con que va la razón tras los sentidos. 57</p>
<p>Mas dime lo que opinas por ti mismo."</p>
<p>Y yo: "Lo que aparece diferente,</p>
<p>cuerpos densos y raros lo producen." 60</p>
<p>Y ella: "En verdad verás que lo que piensas</p>
<p>se apoya en el error, si bien escuchas</p>
<p>el argumento que diré en su contra. 63</p>
<p>La esfera octava os muestra muchas luces, 64</p>
<p>las cuales en el cómo y en el cuánto</p>
<p>pueden verse de aspectos diferentes. 66</p>
<p>Si lo raro y lo denso hicieran esto, 67</p>
<p>un poder semejante habría en todas,</p>
<p>en desiguales formas repartido. 69</p>
<p>Deben ser fruto las distintas fuerzas 70</p>
<p>de principios formales diferentes,</p>
<p>que, salvo uno, en tu opinión destruyes. 72</p>
<p>Aún más, si fuera causa de la sombra 73</p>
<p>la menor densidad, o tan ayuno</p>
<p>fuera de su materia en la otra parte 75</p>
<p>este planeta, o, tal como comparte</p>
<p>grueso y delgado un cuerpo, igual tendría</p>
<p>de éste el volumen hojas diferentes. 78</p>
<p>Si fuera lo primero, se vería 79</p>
<p>al eclipsarse el sol y atravesarla</p>
<p>la luz como a los cuerpos poco densos. 81</p>
<p>Y no sucede así. por ello lo otro</p>
<p>examinemos; y si lo otro rompo,</p>
<p>verás tu parecer equivocado. 84</p>
<p>Si no traspasa el trozo poco denso, 85</p>
<p>debe tener un límite del cual</p>
<p>no le deje pasar más su contrario; 87</p>
<p>y de allí el otro rayo se refleja 88</p>
<p>como el color regresa del cristal</p>
<p>que por el lado opuesto esconde plomo. 90</p>
<p>Dirás que se aparece más oscuro 91</p>
<p>el rayo más aquí que en otras partes,</p>
<p>porque de más atrás viene el reflejo. 93</p>
<p>De esta objeción pudiera liberarte</p>
<p>la experiencia, si alguna vez lo pruebas,</p>
<p>que es la fuente en que manan vuestras artes. 96</p>
<p>Coloca tres espejos; dos que disten</p>
<p>de ti lo mismo, y otro, más lejano,</p>
<p>que entre los dos encuentre tu mirada. 99</p>
<p>Vuelto hacia ellos, haz que tras tu espalda</p>
<p>te pongan una luz que los alumbre</p>
<p>y vuelva a ti de todos reflejada. 102</p>
<p>Aunque el tamaño de las más distantes</p>
<p>pueda ser más pequeño, notarás</p>
<p>que de la misma forma resplandece. 105</p>
<p>Ahora, como a los golpes de los rayos</p>
<p>se desnuda la tierra de la nieve</p>
<p>y del color y del frío de antes, 108</p>
<p>al quedar de igual forma tu intelecto,</p>
<p>de una luz tan vivaz quiero llenarle,</p>
<p>que en ti relumbrará cuando la veas. 111</p>
<p>Dentro del cielo de la paz divina 112</p>
<p>un cuerpo gira en cuyo poderío</p>
<p>se halla el ser de las cosas que contiene. 114</p>
<p>El siguiente, que tiene tantas luces, 115</p>
<p>parte el ser en esencias diferentes,</p>
<p>contenidas en él, mas de él distintas. 117</p>
<p>Los círculos restantes de otras formas 118</p>
<p>la distinción que tienen dentro de ellos</p>
<p>disponen a sus fines y simientes. 120</p>
<p>Así van estos órganos del mundo</p>
<p>como ya puedes ver, de grado en grado,</p>
<p>que dan abajo lo que arriba toman. 123</p>
<p>Observa atento ahora cómo paso</p>
<p>de aquí hacia la verdad que deseabas,</p>
<p>para que sepas luego seguir solo. 126</p>
<p>Los giros e influencias de los cielos,</p>
<p>cual del herrero el arte del martillo, 128</p>
<p>deben venir de los motores santos; 129</p>
<p>y el cielo al que embellecen tantas luces, 130</p>
<p>de la mente profunda que lo mueve</p>
<p>toma la imagen y la imprime en ellas. 132</p>
<p>Y como el alma llena vuestro polvo 133</p>
<p>por diferentes miembros, conformados</p>
<p>al ejercicio de potencias varias, 135</p>
<p>así la inteligencia en las estrellas</p>
<p>despliega su bondad multiplicada,</p>
<p>y sobre su unidad va dando vueltas. 138</p>
<p>Cada virtud se liga a su manera</p>
<p>con el precioso cuerpo al que da el ser,</p>
<p>y en él se anuda, igual que vuestra vida. 141</p>
<p>Por la feliz natura de que brota,</p>
<p>mezclada con los cuerpos la virtud</p>
<p>brilla cual la alegría en las pupilas. 144</p>
<p>Esto produce aquellas diferencias 145</p>
<p>de la luz, no lo raro ni lo denso:</p>
<p>y es el formal principio que produce, 147</p>
<p>conforme a su bondad, lo turbio o claro." 148</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_70">
</cite>
CANTO III</p>
</title>
<p>El sol primero que me ardió en el pecho, 1</p>
<p>de la verdad habíame mostrado,</p>
<p>probando y refutando, el dulce rostro; 3</p>
<p>y yo por confesarme corregido</p>
<p>y convencido, cuanto convenía,</p>
<p>para hablar claramente alcé la vista; 6</p>
<p>mas vino una visión que, al contemplarla,</p>
<p>tan fuertemente a ella fui ligado,</p>
<p>que aquella confesión puse en olvido. 9</p>
<p>Como en vidrios diáfanos y tersos,</p>
<p>o en las límpidas aguas remansadas,</p>
<p>no tan profundas que el fondo se oculte, 12</p>
<p>se vuelven de los rostros los reflejos</p>
<p>tan débiles, que perla en blanca frente</p>
<p>no más clara los ojos la verían; 15</p>
<p>vi así rostros dispuestos para hablarme;</p>
<p>por lo que yo sufrí el contrario engaño 17</p>
<p>de quien ardió en amor de fuente y hombre. 18</p>
<p>En cuanto me hube dado cuenta de ellos,</p>
<p>creyendo que eran rostros reflejados,</p>
<p>para ver de quién eran me volví; 21</p>
<p>y nada vi, y miré otra vez delante,</p>
<p>fijo en la luz de aquella dulce guía</p>
<p>que, sonriendo, ardía en su mirada. 24</p>
<p>"No te asombre -me dijo- que sonría</p>
<p>de tu infantil creencia, pues tus plantas</p>
<p>en la verdad aún no has asentado, 27</p>
<p>mas vuelves a lo vano, como sueles:</p>
<p>lo que ves son sustancias verdaderas,</p>
<p>puestas aquí pues rompieron sus votos. 30</p>
<p>Mas háblales y créete lo que escuches;</p>
<p>porque la cierta luz que las aplaca</p>
<p>no deja que sus pies se aparten de ella." 33</p>
<p>Y a la que parecía más dispuesta 34</p>
<p>para hablar, me volví, y comencé casi</p>
<p>como aquel a quien turba un gran deseo: 36</p>
<p>"Oh bien creado espíritu, que sientes</p>
<p>de los eternos rayos la dulzura</p>
<p>que, no gustada, nunca se comprende, 39</p>
<p>feliz me harías si me revelaras</p>
<p>cuál es tu nombre y cuál es vuestra suerte."</p>
<p>Y ella, al momento y con ojos risueños: 42</p>
<p>"Puerta ninguna cierra nuestro amor</p>
<p>a un justo anhelo, como el de quien quiere</p>
<p>que se parezca a sí toda su corte. 45</p>
<p>Fui virgen religiosa en vuestro mundo;</p>
<p>y si hace algún esfuerzo tu memoria,</p>
<p>no ha de ocultarme a ti el ser aún más bella, 48</p>
<p>mas reconocerás que soy Piccarda,</p>
<p>que, puesta aquí con estos otros santos</p>
<p>santa soy en la esfera que es más lenta. 51</p>
<p>Nuestros afectos, que sólo se inflaman</p>
<p>con el placer del Espíritu Santo,</p>
<p>gozan del orden que él nos ha dispuesto. 54</p>
<p>Y nos ha sido dado este destino</p>
<p>que tan bajo parece, pues quebramos</p>
<p>nuestros votos, que en parte fueron vanos." 57</p>
<p>Y dije: "En vuestros rostros admirables</p>
<p>un no sé qué divino resplandece</p>
<p>que vuestra imagen primera transmuta: 60</p>
<p>por ello en recordar no estuve pronto; 61</p>
<p>pero ahora me ayuda lo que has dicho,</p>
<p>y ya te reconozco fácilmente. 63</p>
<p>Mas dime: los que estáis aquí gozosos</p>
<p>¿deseáis un lugar que esté más alto</p>
<p>y ver más y ser más de Dios amigos?" 66</p>
<p>Sonrió un poco con las otras sombras;</p>
<p>y luego me repuso tan alegre,</p>
<p>cual si de amor ardiera al primer fuego: 69</p>
<p>"Aquieta, hermano, nuestra voluntad</p>
<p>la caridad, haciendo que queramos</p>
<p>sin más ansiar, aquello que tenemos. 72</p>
<p>Si estar más elevadas deseásemos,</p>
<p>este deseo sería contrario</p>
<p>a lo que quiere quien aquí nos puso; 75</p>
<p>lo cual, como verás, es imposible,</p>
<p>si estar en caridad aquí es necesse 77</p>
<p>y consideras su naturaleza. 78</p>
<p>Esencial es al bienaventurado</p>
<p>con el querer divino conformarse,</p>
<p>para que se hagan unos los quereres; 81</p>
<p>y así el estar en uno u otro grado</p>
<p>en este reino, a todo el reino place</p>
<p>como al Rey que nos forma en sus deseos. 84</p>
<p>Y en su querer se encuentra nuestra paz:</p>
<p>y es el mar al que todo se dirige</p>
<p>lo que él crea o lo que hace la natura." 87</p>
<p>Vi claramente entonces cómo el cielo</p>
<p>es todo paraíso, etsi la gracia 89</p>
<p>del sumo bien no llueva de igual modo. 90</p>
<p>Mas como cuando sacia un alimento</p>
<p>y aún tenemos más ganas de algún otro,</p>
<p>que uno pedimos y otro agradecemos, 93</p>
<p>hice yo así con gestos y palabras,</p>
<p>para saber cuál fuese aquel tejido</p>
<p>que hasta el fin no labró su lanzadera. 96</p>
<p>"Perfecta vida y méritos encumbran 97</p>
<p>- me dijo- a una mujer por cuya regla</p>
<p>se visten velo y hábito en el mundo, 99</p>
<p>para que hasta el morir se vele y duerma</p>
<p>con esposo que acepta cualquier voto</p>
<p>que a su placer la caridad conforma. 102</p>
<p>Del mundo, por seguirla, jovencita</p>
<p>me escapé, refugiándome en sus hábitos,</p>
<p>y prometí seguir por su camino. 105</p>
<p>Hombres no al bien, al mal, acostumbrados,</p>
<p>luego del dulce claustro me raptaron.</p>
<p>Dios sabe cómo fue mi vida luego. 108</p>
<p>Y aquel otro esplendor que se te muestra</p>
<p>a mi derecha y a quien ilumina</p>
<p>toda la luz que brilla en nuestra esfera, 111</p>
<p>lo que dije de mí, también lo digo;</p>
<p>fue monja, y de igual forma le quitaron</p>
<p>de la frente la sombra de las tocas. 114</p>
<p>Mas cuando fue devuelta luego al mundo</p>
<p>contra su voluntad y buena usanza,</p>
<p>nunca el velo del alma le quitaron. 117</p>
<p>Esta es la luz de aquella gran Constanza 118</p>
<p>que engendró del segundo al ya tercero</p>
<p>y último de los vientos de Suabia." 120</p>
<p>Así me dijo, y luego: "Ave María"</p>
<p>cantó y cantando se desvaneció</p>
<p>como en el agua honda algo pesado. 123</p>
<p>Mi vista que siguió detrás de ella</p>
<p>cuanto le fue posible, ya perdida,</p>
<p>se dirigió al objeto más querido, 126</p>
<p>y por entero se volvió a Beatriz;</p>
<p>pero ella fulgió tanto ante mis ojos,</p>
<p>que al principio no pude soportarlo, 129</p>
<p>y por esto fui tardo en preguntarle.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_71">
</cite>
CANTO IV</p>
</title>
<p>Entre dos platos, igualmente ricos</p>
<p>y distantes, por hambre moriría</p>
<p>un hombre libre sin probar bocado; 3</p>
<p>así un cordero en medio de la gula</p>
<p>de fieros lobos, por igual temiendo;</p>
<p>y así estaría un perro entre dos gamos: 6</p>
<p>No me reprocho, pues, si me callaba,</p>
<p>de igual modo suspenso entre dos dudas,</p>
<p>porque era necesario, ni me alabo. 9</p>
<p>Callé, pero pintado mi deseo</p>
<p>en la cara tenía, y mi pregunta,</p>
<p>era así más intensa que si hablase. 12</p>
<p>Hizo Beatriz lo mismo que Daniel 13</p>
<p>cuando aplacó a Nabucodonosor</p>
<p>la ira que le hizo cruel injustamente; 15</p>
<p>Y dijo: "Bien conozco que te atraen</p>
<p>uno y otro deseo, y preocupado</p>
<p>tú mismo no los dejas que se muestren. 18</p>
<p>Te dices: "Si perdura el buen deseo,</p>
<p>la violencia de otros, ¿por qué causa</p>
<p>del mérito recorta la medida?" 21</p>
<p>También te causa dudas el que el alma</p>
<p>parece que se vuelva a las estrellas,</p>
<p>siguiendo la doctrina de Platón. 24</p>
<p>Estas son las cuestiones que en tu velle 25</p>
<p>igualmente te pesan; pero antes</p>
<p>la que tiene mas hiel he de explicarte. 27</p>
<p>El serafín que a Dios más se aproxima, 28</p>
<p>Moisés, Samuel, y aquel de los dos Juanes</p>
<p>que tú prefieras, y también María, 30</p>
<p>no tienen su acomodo en otro cielo</p>
<p>que estas almas que ahora se mostraron,</p>
<p>ni más o menos años lo disfrutan; 33</p>
<p>mas todos hacen bello el primer círculo,</p>
<p>y gozan de manera diferente</p>
<p>sintiendo el Soplo Eterno más o menos. 36</p>
<p>Si aquí los viste no es porque esta esfera</p>
<p>les corresponda, mas como indicando</p>
<p>que en la celeste ocupan lo más bajo. 39</p>
<p>Así se debe hablar a vuestro ingenio,</p>
<p>pues sólo aprende lo que luego es digno</p>
<p>de intelecto, a través de los sentidos. 42</p>
<p>Por esto condesciende la Escritura</p>
<p>a vuestra facultad, y pies y manos</p>
<p>le otorga a Dios, mas piensa de otro modo; 45</p>
<p>y nuestra Iglesia con figura humana</p>
<p>a Gabriel y a Miguel os representa,</p>
<p>y de igual modo al que sanó a Tobías. 48</p>
<p>Lo que el Timeo dice de las almas</p>
<p>no es similar a lo que aquí se muestra, 50</p>
<p>mas parece que diga lo que siente. 51</p>
<p>Él dice que a su estrella vuelve el alma,</p>
<p>pues desde allí supone que ha bajado</p>
<p>cuando natura su forma le diera; 54</p>
<p>y acaso lo que piensa es diferente</p>
<p>del modo que lo dice, y ser pudiera</p>
<p>que su intención no sea desdeñable. 57</p>
<p>Si él entiende que vuelve a estas esferas</p>
<p>de su influjo el desprecio o la alabanza,</p>
<p>quizá a alguna verdad el arco acierte. 60</p>
<p>Torció, mal comprendido, este principio</p>
<p>a casi todo el mundo, y así Jove,</p>
<p>Mercurio y Marte fueron invocados. 63</p>
<p>Menos veneno encierra la otra duda 64</p>
<p>que te conmueve, porque su malicia</p>
<p>no podría apartarte de mi lado. 66</p>
<p>El que nuestra justicia injusta sea 67</p>
<p>a los ojos mortales, argumento</p>
<p>es de fe, no de herética perfidia. 69</p>
<p>Mas como puede vuestra inteligencia</p>
<p>penetrar fácilmente esta verdad,</p>
<p>como deseas, he de darte gusto. 72</p>
<p>Aun cuando aquel que la violencia sufre</p>
<p>a quien la fuerza nada le concede,</p>
<p>no están por ello estas almas sin culpa: 75</p>
<p>pues, sin querer, la voluntad no cede,</p>
<p>mas hace como el fuego, si le tuerce, 77</p>
<p>aunque sea mil veces, la violencia. 78</p>
<p>Si se doblega, pues, o mucho o poco,</p>
<p>sigue la fuerza; y así hicieron éstos,</p>
<p>que al lugar santo regresar pudieron. 81</p>
<p>Si su deseo firme hubiera sido,</p>
<p>como fue el de Lorenzo en su parrilla, 83</p>
<p>o con su mano a Mucio hizo severo, 84</p>
<p>a su camino habrían regresado</p>
<p>del que sacados fueron, al ser libres;</p>
<p>mas voluntad tan sólida es extraña. 87</p>
<p>Y por esta razón, si como debes</p>
<p>la comprendes, se rompe el argumento</p>
<p>que te habría estorbado aún muchas veces. 90</p>
<p>Mas ahora se atraviesa ante tus ojos</p>
<p>otro obstáculo, tal que por ti mismo</p>
<p>no salvarías, sin cansarte antes. 93</p>
<p>Yo te he enseñado como cosa cierta</p>
<p>que no puede mentir un alma santa,</p>
<p>pues cerca está de la verdad primera; 96</p>
<p>y después escuchaste de Piccarda</p>
<p>que Constanza guardó el amor del velo;</p>
<p>y así parece que me contradice. 99</p>
<p>Muchas veces, hermano, ha acontecido</p>
<p>que, huyendo de un peligro, de mal grado</p>
<p>se hacen cosas que hacerse no debieran; 102</p>
<p>como Almeón, que, al suplicar su padre 103</p>
<p>que lo hiciera, mató a su propia madre,</p>
<p>y por piedad se hizo despiadado. 105</p>
<p>En este punto quiero que conozcas</p>
<p>que la fuerza al querer se mezcla, haciendo</p>
<p>que no tengan disculpa las ofensas. 108</p>
<p>La Voluntad absoluta no consiente</p>
<p>el daño; mas consiente cuando teme</p>
<p>que en más penas caerá si lo rehúsa. 111</p>
<p>Así, cuando Piccarda dijo aquello</p>
<p>de la primera hablaba, y yo de la otra;</p>
<p>y las dos te dijimos la verdad." 114</p>
<p>Fluyó así el santo río que salía</p>
<p>de la fuente en que toda verdad mana;</p>
<p>así mis dos deseos se aplacaron. 117</p>
<p>"Oh amada del primer Amante, oh diosa,</p>
<p>cuyas palabras -dije así me inundan,</p>
<p>y enardecen, que más y más me avivan, 120</p>
<p>no son mis facultades tan profundas</p>
<p>que a devolverte don por don bastasen;</p>
<p>mas responda por mí Quien ve y Quien puede. 123</p>
<p>Bien veo que jamás se satisface</p>
<p>sino con la verdad nuestro intelecto,</p>
<p>sin la cual no hay ninguna certidumbre. 126</p>
<p>Cual fiera en su cubil, reposa en ella</p>
<p>en cuanto que la alcanza; y puede hacerlo;</p>
<p>si no, frustra sería los deseos. 129</p>
<p>Por ello nacen dudas, cual retoños,</p>
<p>al pie de la verdad; y a lo más alto,</p>
<p>cima a cima, nos lleva de este modo. 132</p>
<p>Esto me invita y esto me da fuerzas</p>
<p>a preguntar, señora, reverente,</p>
<p>aún por otra verdad que me es oscura. 135</p>
<p>Quiero saber si pueden repararse</p>
<p>los votos truncos con acciones buenas,</p>
<p>que no pesaran poco en la balanza." 138</p>
<p>Y Beatriz me miró, llenos sus ojos</p>
<p>de amorosas centellas tan divinas,</p>
<p>que, vencida, mi fuerza dio la espalda, 141</p>
<p>casi perdido con la vista en tierra.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_72">
</cite>
CANTO V</p>
</title>
<p>"Si te deslumbro en el fuego de amor</p>
<p>más que del modo que veis en la tierra,</p>
<p>tal que venzo la fuerza de tus ojos, 3</p>
<p>no debes asombrarte; pues procede</p>
<p>de un ver perfecto, que, como comprende, 5</p>
<p>así en pos de aquel bien mueve los pasos. 6</p>
<p>Bien veo de qué forma resplandece</p>
<p>la sempiterna luz en tu intelecto,</p>
<p>que, una vez vista, amor por siempre enciende; 9</p>
<p>y si otra cosa vuestro amor seduce,</p>
<p>de aquella luz tan sólo es un vestigio,</p>
<p>mal conocido, que allí se refleja. 12</p>
<p>Quieres saber si con otras ofrendas,</p>
<p>halla reparo quien rompe su voto,</p>
<p>tal que en el juicio su alma esté segura." 15</p>
<p>Así Beatriz principio dio a este canto;</p>
<p>y como el que el discurso no interrumpe,</p>
<p>prosiguió así sus santas enseñanzas: 18</p>
<p>"El don mayor que Dios en su largueza</p>
<p>hizo al crearnos, y el que más conforme</p>
<p>está con su bondad, y él más lo estima, 21</p>
<p>tal fue la libertad del albedrío;</p>
<p>del cual, a los que dio la inteligencia,</p>
<p>fueron y son dotados solamente. 24</p>
<p>Ahora verás, si tú deduces de esto,</p>
<p>el gran valor del voto, si se hace</p>
<p>cuando consiente Dios lo que consientes: 27</p>
<p>porque al cerrar el pacto Dios y el hombre</p>
<p>se hace holocausto de aquel gran tesoro,</p>
<p>que antes te dije; y lo hace un acto suyo. 30</p>
<p>¿Así pues qué reparo se hallaría?</p>
<p>Si piensas que usas bien lo que ofreciste,</p>
<p>con latrocinios quieres dar limosna. 33</p>
<p>Ya lo más importante te he explicado;</p>
<p>mas puesto que la Iglesia los dispensa</p>
<p>y esto a lo que te digo contradice, 36</p>
<p>en la mesa es preciso que aún te sientes,</p>
<p>pues el seco alimento que comiste,</p>
<p>para su digestión requiere ayuda. 39</p>
<p>Abre tu mente a lo que te revelo</p>
<p>y guárdalo bien dentro; pues no hay ciencia</p>
<p>si lo que has aprendido no retienes. 42</p>
<p>Dos cosas intervienen en la esencia 43</p>
<p>de este gran sacrificio: una es la cosa</p>
<p>que se ofrece; y la otra el pacto mismo. 45</p>
<p>Esta segunda nunca se cancela</p>
<p>si no es cumplida; y con respecto a ella</p>
<p>antes te hablé con toda precisión: 48</p>
<p>por ello los hebreos precisaron</p>
<p>el seguir ofreciendo, aunque la ofrenda</p>
<p>se pudiera cambiar, como ya sabes. 51</p>
<p>La otra, que te mostré como materia,</p>
<p>bien puede ser de un modo que no hay yerro</p>
<p>si por otra materia se permuta. 54</p>
<p>Mas la carga no debe transmutarse</p>
<p>libremente, y precisa de la vuelta</p>
<p>de la llave amarilla y de la blanca; 57</p>
<p>y sabrás que los cambios nada valen,</p>
<p>si la cosa dejada en la cogida</p>
<p>como el cuatro en el seis no se contiene. 60</p>
<p>Y por ello a las cosas tan pesadas</p>
<p>que la balanza inclinan por sí mismas,</p>
<p>satisfacer no puede otra ninguna 63</p>
<p>No bromeen con el voto los mortales;</p>
<p>sed fieles; mas no hacerlos ciegamente,</p>
<p>como Jefté ofreciendo lo primero; 66</p>
<p>quien hubiera mejor dicho "Mal hice",</p>
<p>que hacer peor cumpliéndolo; y tan necio</p>
<p>podrás llamar al jefe de los griegos, 69</p>
<p>por quien lloró Ifigenia su belleza,</p>
<p>y con ella las necios y los sabios</p>
<p>que han escuchado de tal sacrificio. 72</p>
<p>Sed, cristianos, más firmes al moveros:</p>
<p>no seáis como pluma a cualquier soplo,</p>
<p>y no penséis que os lave cualquier agua. 75</p>
<p>Tenéis el viejo y nuevo Testamento,</p>
<p>y el pastor de la Iglesia que os conduce;</p>
<p>y esto es bastante ya para salvaros. 78</p>
<p>Si otras cosas os grita la codicia, 79</p>
<p>¡sed hombres, y no ovejas insensatas,</p>
<p>para que no se burlen los judíos! 81</p>
<p>¡No hagáis como el cordero que abandona</p>
<p>la leche de su madre, y por simpleza,</p>
<p>consigo mismo a su placer combate!" 84</p>
<p>Así me habló Beatriz tal como escribo;</p>
<p>luego se dirigió toda anhelante</p>
<p>a aquella parte en que el mundo más brilla. 87</p>
<p>Su callar y el mudar de su semblante</p>
<p>a mi espíritu ansioso silenciaron,</p>
<p>que ya nuevas preguntas preparaba; 90</p>
<p>y así como la flecha da en el blanco</p>
<p>antes de que la cuerda quede inmóvil,</p>
<p>así corrimos al segundo reino. 93</p>
<p>Allí vi tan alegre a mi señora,</p>
<p>al encontrarse en la luz de aquel cielo,</p>
<p>que se volvió el planeta aún más luciente. 96</p>
<p>Y si la estrella se mudó riendo,</p>
<p>¡yo qué no haría que de mil maneras</p>
<p>soy por naturaleza transmutable! 99</p>
<p>Igual que en la tranquila y pura balsa</p>
<p>a lo que se les echa van los peces</p>
<p>y piensan que es aquello su alimento, 102</p>
<p>así yo vi que mil y aún más fulgores</p>
<p>venían a nosotros, y escuchamos:</p>
<p>"ved quién acrecerá nuestros amores". 105</p>
<p>Y así como venían a nosotros</p>
<p>se veía el placer que las colmaba</p>
<p>en el claro fulgor que desprendían. 108</p>
<p>Piensa, lector, si lo que aquí comienza</p>
<p>no siguiese, en qué forma sentirías</p>
<p>de saber más un anhelo angustioso; 111</p>
<p>y verás por ti mismo qué deseo</p>
<p>tenía de saber quién eran éstas,</p>
<p>cuando las vi delante de mis ojos. 114</p>
<p>"Oh bien nacido a quien el ver los tronos</p>
<p>del triunfo eternal fue concedido,</p>
<p>antes de que dejase la milicia. 117</p>
<p>de la luz que se extiende en todo el cielo</p>
<p>nos encendemos; por lo cual, si quieres</p>
<p>de nosotros saber, sáciate a gusto." 120</p>
<p>De este modo una de esas almas pías 121</p>
<p>me dijo; y Beatriz: "Habla sin miedo,</p>
<p>y cree todas las cosas que te diga." 123</p>
<p>"Bien puedo ver que anidas en tu propia</p>
<p>luz, y que la desprendes por los ojos,</p>
<p>porque cuando te ríes resplandecen; 126</p>
<p>mas no quien eres, ni por qué te encuentras</p>
<p>alma digna, en el grado de la esfera</p>
<p>que a los hombres ocultan otros rayos." 129</p>
<p>Esto dije mirando a aquella lumbre</p>
<p>que primero me habló; y entonces ella</p>
<p>se hizo más luminosa que al principio. 132</p>
<p>Y como el sol que se oculta a sí mismo</p>
<p>por la excesiva luz, cuando disipa</p>
<p>el calor los vapores más templados, 135</p>
<p>al aumentar su gozo, se ocultó</p>
<p>en su propio fulgor la santa imagen;</p>
<p>y así me respondió, toda encerrada 138</p>
<p>del modo en que el siguiente canto canta.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_73">
</cite>
CANTOVI</p>
</title>
<p>"Después que Constantino volvió el águila</p>
<p>contra el curso del cielo, que ella antes</p>
<p>siguió tras el esposo de Lavinia, 3</p>
<p>más de cien y cien años se detuvo</p>
<p>en el confín de Europa aquel divino</p>
<p>pájaro, junto al monte en que naciera; 6</p>
<p>a la sombra de las sagradas plumas</p>
<p>gobernó el mundo allí de mano en mano,</p>
<p>y así cambiando vino hasta las mías. 9</p>
<p>César fui, soy el mismo Justiniano</p>
<p>que quitó, inspirado del Espíritu,</p>
<p>lo excesivo y superfluo de las leyes. 12</p>
<p>Y antes de que a esta obra me entregara,</p>
<p>una naturaleza en Cristo sólo</p>
<p>creía, y esta fe me era bastante; 15</p>
<p>mas aquel santo Agapito, que fue</p>
<p>sumo pastor, a la fe verdadera</p>
<p>me encaminó con sus palabras santas. 18</p>
<p>Yo le creí; y claramente veo</p>
<p>lo que había en su fe, como tu ves</p>
<p>en la contradicción lo falso y cierto. 21</p>
<p>Y en cuanto que eché andar ya con la Iglesia,</p>
<p>por gracia a Dios le plugo el inspirarme</p>
<p>la gran tarea y me entregué de lleno; 24</p>
<p>y a Belisario encomendé las tropas,</p>
<p>quien gozó tanto del favor del cielo,</p>
<p>que fue señal de que en él reposara. 27</p>
<p>Ahora ya he contestado a tu primera</p>
<p>pregunta: mas me obliga a que te añada</p>
<p>su condición algunas otras cosas, 30</p>
<p>para que veas con cuánta injusticia se</p>
<p>mueve contra el signo sacrosanto</p>
<p>quien de él se apropia o quien a él se opone. 33</p>
<p>Mira cuánta virtud digno le hizo</p>
<p>de reverencia; ya desde la hora</p>
<p>en que murió Palante por su reino. 36</p>
<p>Sabes que en Alba tuvo su morada</p>
<p>más de trescientos años, hasta el día</p>
<p>que por él combatieron tres y tres 39</p>
<p>Y sabes lo que obró en siete reinados,</p>
<p>del mal de las Sabinas a Lucrecia,</p>
<p>venciendo en torno a los pueblos vecinos. 42</p>
<p>Y lo que obró llevado contra Breno</p>
<p>por los magnos romanos, contra Pirro,</p>
<p>y las otras repúblicas y príncipes; 45</p>
<p>donde Torcuato y Quincio, a quien dio nombre</p>
<p>su pelo descuidado, Fabios, Decios</p>
<p>ganaron fama que con gusto incienso. 48</p>
<p>Luego humilló el orgullo de los árabes 49</p>
<p>que tras Aníbal las alpestres rocas</p>
<p>de las que bajas tú, Po, atravesaron. 51</p>
<p>Bajo aquél, siendo aún jóvenes, triunfaron 52</p>
<p>Escipión y Pompeyo; y a ese monte</p>
<p>a cuyo pie naciste, le fue amargo. 54</p>
<p>Luego, cercano el tiempo en el que el cielo</p>
<p>quiso ordenar el mundo a su manera,</p>
<p>César por gusto de Roma lo obtuvo. 57</p>
<p>Y lo que obró desde el Varo hasta el Rin, 58</p>
<p>lo vio el Isara, el Era y lo vio el Sena</p>
<p>y los ríos que al Ródano engrandecen. 60</p>
<p>Lo que obró luego al marcharse de Rávena 61</p>
<p>y cruzó el Rubicón, fue tan aprisa</p>
<p>que ni pluma ni lengua alcanzarían. 63</p>
<p>Luego marchó con sus tropas a España,</p>
<p>luego a Durazzo, y tal golpe en Farsalia 65</p>
<p>dio, que hasta el Nilo se dolió del daño. 66</p>
<p>A Antandro y al Simoes, patria suya, 67</p>
<p>vio otra vez, y el lugar que a Héctor sepulta;</p>
<p>y partió para mal de Tolomeo. 69</p>
<p>De allí fue como un rayo contra Juba; 70</p>
<p>y desde allí se volvió al occidente</p>
<p>donde escuchó la trompa pompeyana. 72</p>
<p>Por lo que obró en las manos del siguiente, 73</p>
<p>en el infierno ladran Bruto y Casio,</p>
<p>y se dolieron Módena y Perugia. 75</p>
<p>Aún lo llora la triste de Cleopatra, 76</p>
<p>que, escapando de aquél, con la culebra</p>
<p>se dio la muerte atroz e inesperada. 78</p>
<p>Con él llegó a la orilla del mar Rojo, 79</p>
<p>con él en tanta paz al mundo puso,</p>
<p>que las puertas de Jano se cerraron. 81</p>
<p>Mas lo que el signo del que estoy hablando, 82</p>
<p>hizo primeramente y luego haría,</p>
<p>por el reino mortal al que subyuga, 84</p>
<p>se vuelve en apariencia oscuro y poco,</p>
<p>si en manos del tercer César la vemos</p>
<p>con vista clara y con afecto puro; 87</p>
<p>pues la viva justicia que me inspira,</p>
<p>le concedió, en las manos del que digo,</p>
<p>la gloria de vengar su santa cólera. 90</p>
<p>Y asómbrate de lo que digo ahora: 91</p>
<p>corrió después con Tito a hacer venganza</p>
<p>de la venganza del pecado antiguo. 93</p>
<p>Y al morder los lombardos a la Santa 94</p>
<p>Iglesia con sus dientes, Carlomagno</p>
<p>la socorrió, venciendo, con sus alas. 96</p>
<p>Ahora puedes juzgar a esos que antes</p>
<p>me escuchaste acusar, y sus pecados,</p>
<p>que son causa de todas vuestras penas. 99</p>
<p>Uno al signo común los amarillos 100</p>
<p>lirios opone, y otro se lo apropia,</p>
<p>y es difícil saber quién más se engaña. 102</p>
<p>Urdan los gibelinos, urdan tretas</p>
<p>bajo otro signo, que mal sigue a éste</p>
<p>aquel que de él aparta la justicia; 105</p>
<p>y que este nuevo Carlos no lo abata 106</p>
<p>con sus güelfos, mas tema de sus garras</p>
<p>que a leones más fuertes han vencido. 108</p>
<p>¡Muchas veces los hijos han llorado 109</p>
<p>por las culpas del padre, y no se crea</p>
<p>que Dios cambie su emblema por las lises! 111</p>
<p>Esta pequeña estrella se engalana</p>
<p>de los buenos espíritus activos</p>
<p>para que fama y honra les alcance; 114</p>
<p>y cuando a esto dirigen sus deseos,</p>
<p>desviándose así, más apagados</p>
<p>del verdadero amor los rayos sienten. 117</p>
<p>Mas comparar los méritos y el premio</p>
<p>de nuestra dicha también forma parte,</p>
<p>no viéndolos mayores ni menores. 120</p>
<p>Tal nos endulza la viva justicia</p>
<p>el afecto, y por ello no se puede</p>
<p>ya a la malicia nunca desviarlo. 123</p>
<p>Diversas voces cantan dulces notas;</p>
<p>tal los diversos grados de esta vida</p>
<p>dulce armonía en estas ruedas forman. 126</p>
<p>Y dentro de esta perla en la que estamos</p>
<p>luce la luz de Romeo, de quien 128</p>
<p>fue su gran obra mal agradecida. 129</p>
<p>Pero sus enemigos provenzales</p>
<p>no ríen; pues camina erradamente</p>
<p>el que se duele del bien de los otros. 132</p>
<p>Cuatro hijas tuvo, y las cuatro reinaron, 133</p>
<p>Raimundo Berenguer, y esto lo hizo</p>
<p>Romeo, un hombre humilde y peregrino 135</p>
<p>Y luego las calumnias le movieron a</p>
<p>pedirle las cuentas a este justo,</p>
<p>quien devolvió siete y cinco por diez, 138</p>
<p>tras de lo cual partió, viejo y mendigo;</p>
<p>y si el mundo supiera su coraje</p>
<p>mendigando su vida hogaza a hogaza 141</p>
<p>mucho lo alaba, y más lo alabaría.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_74">
</cite>
CANTO VII</p>
</title>
<p>"Ossanna, sanctus Deus sabaoth,</p>
<p>superilunstrans claritate tua</p>
<p>felices ignes borum malacth!" 3</p>
<p>De este modo, volviéndose a sus notas,</p>
<p>escuché que cantaba esa sustancia,</p>
<p>sobre la cual doble luz se enduaba; 6</p>
<p>y reemprendió su danza con las otras,</p>
<p>y como velocísimas centellas</p>
<p>las ocultó la súbita distancia. 9</p>
<p>Dudoso estaba y me decía: "¡Dile!</p>
<p>Dile, dile -decía- a mi señora</p>
<p>que mi sed sacie con su dulce estilo." 12</p>
<p>Mas el respeto que de mí se adueña</p>
<p>tan sólo con la B o con el IZ, 14</p>
<p>como el sueño la frente me inclinaba. 15</p>
<p>Poco tiempo Beatriz consintió esto,</p>
<p>y empezó, iluminándome su risa,</p>
<p>que aun en el fuego me haría dichoso: 18</p>
<p>"Según mi parecer siempre infalible,</p>
<p>cómo justa venganza justamente</p>
<p>ha sido castigada, estás pensando; 21</p>
<p>mas yo desataré pronto tu mente;</p>
<p>y escúchame, porque lo que te diga</p>
<p>te hará el regalo de una gran certeza. 24</p>
<p>Por no poner a la virtud que quiere</p>
<p>un freno por su bien, el no nacido,</p>
<p>se condenó a sí mismo y su progenie; 27</p>
<p>por lo cual los humanos muchos siglos 28</p>
<p>en el error yacieron como enfermos,</p>
<p>hasta que al Verbo descender le plugo, 30</p>
<p>y la naturaleza extraviada</p>
<p>de su creador, añadió a su persona,</p>
<p>sólo por obra de su amor eterno 33</p>
<p>Ahora atiende a lo que ahora se razona:</p>
<p>a su hacedor unida esta natura,</p>
<p>cual fue creada fue sincera y buena; 36</p>
<p>mas desterrada fue del Paraíso</p>
<p>estando sola, pues torció el camino</p>
<p>de la verdad y de su propia vida. 39</p>
<p>Y así la pena de la cruz, medida</p>
<p>con la naturaleza que asumiera,</p>
<p>aplicóse más justa que ninguna; 42</p>
<p>y así ninguna fue tan injuriosa,</p>
<p>si a la persona que sufrió atendemos,</p>
<p>a la que se juntara esa natura. 45</p>
<p>Mas tuvo un acto efectos diferentes:</p>
<p>plació una muerte a Dios y a los judíos;</p>
<p>hizo temblar la tierra y abrió el cielo. 48</p>
<p>Ya no te debe parecer extraño,</p>
<p>al escuchar que una justa venganza</p>
<p>castigó luego un justo tribunal. 51</p>
<p>Mas ahora veo oprimida tu mente</p>
<p>de un pensamiento en otro por un nudo,</p>
<p>que ardientemente desatar esperas. 54</p>
<p>Te dices: "Bien comprendo lo que escucho;</p>
<p>mas porque Dios quisiera, se me esconde,</p>
<p>de redimirnos esta forma sólo." 57</p>
<p>Sepultado está, hermano, este decreto</p>
<p>a los ojos de aquellos cuyo ingenio</p>
<p>en la llama de amor no ha madurado. 60</p>
<p>Y en verdad, como en este punto mucho</p>
<p>se considera y poco se comprende,</p>
<p>diré por qué este modo fue el más digno. 63</p>
<p>La divina bondad, que de sí aparta 64</p>
<p>cualquier rencor, ardiendo en sí, destella</p>
<p>las eternas bellezas desplegando. 66</p>
<p>Lo que sin mediación de ella destila 67</p>
<p>luego no tiene fin, porque su impronta</p>
<p>nunca se borra en donde pone el sello. 69</p>
<p>Lo que sin mediación llueve de ella</p>
<p>del todo es libre porque no depende</p>
<p>de la influencia de las nuevas cosas. 72</p>
<p>Más le placen, pues más se le asemejan;</p>
<p>que el santo amor que toda cosa irradia,</p>
<p>es más brillante en la más parecida. 75</p>
<p>Tiene ventaja en todos estos dones 76</p>
<p>la humana criatura, y si uno falta,</p>
<p>privada debe ser de su nobleza. 78</p>
<p>Sólo el pecado es el que la encadena</p>
<p>del sumo bien haciéndola distinta,</p>
<p>por lo que con su luz poco se adorna; 81</p>
<p>y a aquella dignidad ya nunca vuelve</p>
<p>si no llena el vacío de la culpa</p>
<p>con justas penas contra el mal deleite. 84</p>
<p>Vuestra naturaleza, al pecar tota</p>
<p>en su simiente, de estas dignidades,</p>
<p>como del paraíso, fue apartada; 87</p>
<p>sin poder recobrarla, si lo piensas</p>
<p>bien sutilmente, por ningún camino</p>
<p>que por estos dos vados no atraviese: 90</p>
<p>o que Dios solo generosamente</p>
<p>perdonara, o el hombre por sí mismo</p>
<p>diese satisfacción de su locura. 93</p>
<p>Ahora clava la vista en el abismo</p>
<p>del eterno saber, a mis palabras</p>
<p>cuanto puedas atentamente fijo. 96</p>
<p>No podría en sus límites el hombre</p>
<p>satisfacer, pues no puede ir abajo</p>
<p>luego con humildad obedeciendo, 99</p>
<p>cuanto desobediente quiso alzarse;</p>
<p>y es esta la razón que incapacita</p>
<p>a reparar al hombre por sí mismo. 102</p>
<p>A Dios, pues, convenía con sus medios</p>
<p>al hombre devolver la vida entera,</p>
<p>con uno digo, o con los dos acaso. 105</p>
<p>Mas pues la obra es tanto más querida</p>
<p>por quien la hace, cuanto más nos muestra</p>
<p>el pecho bondadoso del que sale, 108</p>
<p>la divina bondad que el mundo sella,</p>
<p>de proceder por todos sus caminos</p>
<p>gustó para volvernos a lo alto. 111</p>
<p>Y entre la última noche y el primero 112</p>
<p>de los días, un hecho tan sublime</p>
<p>por uno y otro, ni hubo ni lo habrá: 114</p>
<p>pues fue más generoso al darse él mismo,</p>
<p>para hacer digno al hombre de elevarse,</p>
<p>Dios, que si hubiera sólo perdonado; 117</p>
<p>y ningún otro modo le bastaba</p>
<p>a la justicia, si el Divino Hijo</p>
<p>no se hubiese humillado al encarnarse. 120</p>
<p>Ahora para calmar cualquier deseo,</p>
<p>vuelvo para aclararte sólo un punto</p>
<p>para que puedas, como yo, entenderlo. 123</p>
<p>Tú dices: "Veo el fuego, y veo el agua,</p>
<p>la tierra, el aire y sus combinaciones</p>
<p>que se corrompen y que duran poco; 126</p>
<p>y creadas han sido sin embargo;</p>
<p>por lo que, si es verdad lo que me has dicho</p>
<p>de corrupción debieran verse libres." 129</p>
<p>Los ángeles, hermano, y este puro 130</p>
<p>país en el que estamos, fueron hechos</p>
<p>tal como son, en su entera existencia; 132</p>
<p>pero los elementos que has nombrado</p>
<p>y aquellas cosas que proceden de ellos</p>
<p>de creada potencia toman forma. 135</p>
<p>Creada fue la materia que tienen;</p>
<p>creada fue la potencia formante</p>
<p>en los astros que en torno suyo giran. 138</p>
<p>Las luces santas sacan con su rayo</p>
<p>de su virtualidad y con sus giros</p>
<p>el alma de las plantas y los brutos; 141</p>
<p>pero sin mediación la vuestra exhala 142</p>
<p>la suprema bondad, y la enamora</p>
<p>de sí, tal que por siempre la desea. 144</p>
<p>Y deducir aún puedes de este punto</p>
<p>vuestra resurrección, si otra vez piensas</p>
<p>cómo la humana carne fue creada 147</p>
<p>al ser creados los primeros padres."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_75">
</cite>
CANTO VIII</p>
</title>
<p>Solía creer el mundo erradamente</p>
<p>que la bella Cipriña el amor loco 2</p>
<p>desde el tercer epiciclo irradiaba; 3</p>
<p>y por esto no honraban sólo a ella</p>
<p>con sacrificios y votivos ruegos</p>
<p>en su antiguo extravío los antiguos; 6</p>
<p>mas a Dione honraban y a Cupido,</p>
<p>por madre a una, al otro como hijo,</p>
<p>y en el seno de Dido lo creían; 9</p>
<p>y por la que he citado en el comienzo,</p>
<p>le pusieron el nombre a aquella estrella</p>
<p>que al sol recrea de nuca o de frente. 12</p>
<p>Hasta ella ascendí sin darme cuenta;</p>
<p>pero me confirmó que en ella estaba</p>
<p>el ver aún más hermosa a mi señora. 15</p>
<p>Y cual la chispa se observa en la llama,</p>
<p>y una voz se distingue entre las voces,</p>
<p>si una se para y otra el canto sigue, 18</p>
<p>en esa luz vi yo otras luminarias</p>
<p>dar vuelta más o menos velozmente,</p>
<p>acordes, pienso, a su visión interna. 21</p>
<p>De fría nube vientos no descienden,</p>
<p>tan raudos, ya visibles, ya invisibles,</p>
<p>que ni lentos ni torpes pareciesen 24</p>
<p>a quien hubiese esas luces divinas</p>
<p>visto venir, dejando aquella danza</p>
<p>que empezaba en los altos serafines; 27</p>
<p>y en los primeros que se aparecieron</p>
<p>tal hosanna se oía, que las ansias</p>
<p>de escucharlo otra vez nunca he perdido. 30</p>
<p>Entonces uno se acercó a nosotros 31</p>
<p>y dijo: "Estamos todos preparados</p>
<p>para darte placer y recrearte. 33</p>
<p>Girarnos con los príncipes celestes</p>
<p>con un mismo girar y una sed misma,</p>
<p>de la cual tú en el mundo ya cantaste: 36</p>
<p>"Los que moveis pensando el tercer áeio"; 37</p>
<p>y tal amor nos colma, que no menos</p>
<p>dulce, por complacerte, es el pararnos." 39</p>
<p>Luego de haber mis ojos reverentes</p>
<p>puesto en mi dama, y que ella les hubiera</p>
<p>satisfecho mostrando su aquiescencia, 42</p>
<p>volviéronse a la luz que una tan grande</p>
<p>promesa había hecho, y: "Quiénes sois"</p>
<p>dijo mi voz de gran afecto llena. 45</p>
<p>¡Y cuánto y cómo vi que se crecía</p>
<p>con esta dicha nueva que aumentaba</p>
<p>su dicha, al dirigirle mi pregunta! 48</p>
<p>Dijo, así transformada: "Poco tiempo</p>
<p>del mundo fui; y si más hubiera sido,</p>
<p>muchos males que habrá, no los habría. 51</p>
<p>Mi contento no deja que me veas</p>
<p>porque brillando alrededor me oculta</p>
<p>como animal en su seda encerrado. 54</p>
<p>Mucho me amaste, y tuviste motivos;</p>
<p>pues si hubiese vivido, hubieras visto</p>
<p>de mi cariño más que sólo hojas. 57</p>
<p>Aquella orilla izquierda que al mezclarse 58</p>
<p>bañan el río Ródano y el Sorga,</p>
<p>por señor a su hora me esperaba, 60</p>
<p>Y aquel cuerno de Ausonia limitado 61</p>
<p>por Catona, por Baria, por Gaeta,</p>
<p>donde el Verde y el Tronto desembocan. 63</p>
<p>Ya lucía en mi frente la corona 64</p>
<p>de aquella tierra que el Danubio riega</p>
<p>cuando abandona la margen tedesca. 66</p>
<p>Y la hermosa Trinacria, que se anubla 67</p>
<p>entre Peloro y Pachino, en el golfo</p>
<p>que el ímpetu del Euro más recibe, 69</p>
<p>no por Tifeo sino del azufre, 70</p>
<p>aún hubiera esperado sus monarcas, 71</p>
<p>de Carlos y Rodolfo en mí nacidos, 72</p>
<p>si el mal gobierno, que atormenta siempre 73</p>
<p>a los pueblos sujetos no forzase</p>
<p>a gritar a Palermo: "Muerte, muerte." 75</p>
<p>Y si mi hermano hubiese esto previsto, 76</p>
<p>de Cataluña la pobreza avara</p>
<p>evitaría que daño le hiciese; 78</p>
<p>pues proveer debieran ciertamente,</p>
<p>él u otros, a fin de que a su barca</p>
<p>cargada, aún otra carga no se agregue. 81</p>
<p>Y su carácter que de largo a parco</p>
<p>bajó, precisaría capitanes</p>
<p>no preocupados de amasar dinero." 84</p>
<p>"Puesto que creo que la alta alegría</p>
<p>que tu hablar, señor mío, me ha causado,</p>
<p>donde se inicia y cesa todo bien 87</p>
<p>la ves del mismo modo que la veo,</p>
<p>me es más grata; y también me causa gozo</p>
<p>pues contemplando a Dios la has advertido. 90</p>
<p>Gusto me diste, ponme en claro ahora,</p>
<p>pues me han causado dudas tus palabras,</p>
<p>cómo dulce semilla da amargura." 93</p>
<p>Esto le dije; y él a mi "Si puedo</p>
<p>mostrarte una verdad, a tu pregunta</p>
<p>el rostro le darás y no la espalda. 96</p>
<p>El bien que todo el reino que tú asciendes 97</p>
<p>alegra y mueve, con su providencia</p>
<p>hace que influyan estos grandes cuerpos. 99</p>
<p>Y no sólo provistas las naturas</p>
<p>son en la mente que por sí es perfecta,</p>
<p>mas su conservación a un tiempo mismo: 102</p>
<p>por lo que todo aquello que dispara</p>
<p>este arco a su fin previsto llega,</p>
<p>cual se clava la flecha en su diana. 105</p>
<p>Si así no fuese, el cielo que recorres</p>
<p>tendría de este modo efectos tales</p>
<p>que no serían arte, sino ruinas; 108</p>
<p>y esto no puede ser, si los ingenios 109</p>
<p>que las estrellas mueven no son torpes,</p>
<p>y torpe aquel que las creó imperfectas. 111</p>
<p>¿Quieres que esta verdad te aclare un poco?"</p>
<p>Y yo: "No; pues ya sé que es imposible</p>
<p>que a lo que es necesario Dios faltase." 114</p>
<p>Y él: "Dime, ¿no sería para el hombre</p>
<p>peor si no viviese en sociedad?"</p>
<p>"Sí -respondí- y la causa no preguntó." 117</p>
<p>"¿Y puede ser así, si no se tienen</p>
<p>diversamente oficios diferentes?</p>
<p>No, si bien lo escribió vuestro maestro." 120</p>
<p>Fue hasta aquí de este modo deduciendo;</p>
<p>y luego concluyó: "Luego diversas</p>
<p>serán de vuestros hechos las raíces: 123</p>
<p>por lo que uno es Solón y el otro es Jerjes, 124</p>
<p>y otro Melchisedec, y el otro aquel</p>
<p>que, volando en el aire, perdió al hijo. 126</p>
<p>La circular natura, que es el sello</p>
<p>de la cera mortal, obra con tino,</p>
<p>mas no distingue de uno al otro albergue. 129</p>
<p>Por eso ya en el vientre se apartaron</p>
<p>Esaú de Jacob; y de un vil padre</p>
<p>nació Quirino, a Marte atribuido. 132</p>
<p>La natura engendrada haría siempre</p>
<p>su camino al igual que la engendrante,</p>
<p>si el divino poder no la venciese. 135</p>
<p>Ahora tienes delante lo de atrás:</p>
<p>mas por que sepas que de ti me gozo,</p>
<p>quiero añadirte aún un corolario. 138</p>
<p>Si la naturaleza encuentra un hado</p>
<p>adverso, como todas las simientes</p>
<p>fuera de su región, da malos frutos. 141</p>
<p>Y si el mundo de abajo se atuviera</p>
<p>al fundamento que natura pone,</p>
<p>siguiendo a éste habría gente buena. 144</p>
<p>Mas vosotros hacéis un religioso 145</p>
<p>de quien nació para ceñir espada,</p>
<p>y hacéis rey del que gusta de sermones; 147</p>
<p>y así pues vuestra ruta se extravía."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_76">
</cite>
CANTO IX</p>
</title>
<p>Después, Bella Clemencia, que tu Carlos 1</p>
<p>las dudas me aclaró, contó los fraudes</p>
<p>que debiera sufrir su descendencia; 3</p>
<p>mas dijo: "Calla y deja andar los años"; 4</p>
<p>nada pues os diré, sólo que un justo</p>
<p>duelo vendrá detrás de vuestros males. 6</p>
<p>Y ya el alma de aquel santo lucero</p>
<p>se había vuelto al sol que le llenaba</p>
<p>como aquel bien que colma cualquier cosa. 9</p>
<p>¡Ah criaturas impías, necias almas,</p>
<p>que el corazón torcéis de un bien tan grande,</p>
<p>hacia la vanidad volviendo el rostro! 12</p>
<p>Y entonces otro de los esplendores 13</p>
<p>vino a mí, y que quería complacerme</p>
<p>el brillo que esparcía me mostraba 15</p>
<p>Los ojos de Beatriz, que estaban fijos</p>
<p>sobre mí, igual que antes, asintieron</p>
<p>dando consentimiento a mi deseo. 18</p>
<p>"Dale compensación pronto a mis ansias,</p>
<p>santo espíritu y muéstrame -le dije-</p>
<p>que lo que pienso pueda en ti copiarse." 21</p>
<p>Y aquella luz a quien no conocía,</p>
<p>desde el profundo seno en que cantaba,</p>
<p>dijo como quien goza el bien haciendo: 24</p>
<p>"En esa parte de la depravada 25</p>
<p>Italia que se encuentra entre Rialto 26</p>
<p>y las fuentes del Brenta y del Piave, 27</p>
<p>un monte se levanta, no muy alto, 28</p>
<p>desde el cual descendió una mala antorcha 29</p>
<p>que infligió un gran estrago a la comarca. 30</p>
<p>De una misma raíz nacimos ambos:</p>
<p>Cunizza fui llamada, y aquí brillo</p>
<p>pues me venció la lumbre de esta estrella. 33</p>
<p>Mas alegre a mí misma me perdono</p>
<p>la causa de mi suerte, y no me duelo;</p>
<p>y esto tal vez el vulgo no lo entienda. 36</p>
<p>De la resplandeciente y cara joya 37</p>
<p>de este cielo que tengo más cercana</p>
<p>quedó gran fama; y antes de extinguirse, 39</p>
<p>se quintuplicará este mismo año:</p>
<p>mira si excelso debe hacerse el hombre,</p>
<p>tal que otra vida a la vida suceda. 42</p>
<p>Y esto no piensa la turba presente 43</p>
<p>que el Tagliamento y Adigio rodean:</p>
<p>ni aun siendo golpeada se arrepiente; 45</p>
<p>mas pronto ocurrirá que Padua cambie 46</p>
<p>el agua del pantano de Vincenza,</p>
<p>porque son al deber gentes rebeldes; 48</p>
<p>y donde el Silo y el Cagnano se unen, 49</p>
<p>alguien aún señorea con orgullo,</p>
<p>y ya se hace la red para atraparle. 51</p>
<p>Llorará también Feltre la traición 52</p>
<p>de su impío pastor, y tan enorme</p>
<p>será, que en Malta no hubo semejante. 54</p>
<p>Muy grande debería ser la cuba</p>
<p>que llenase la sangre ferraresa,</p>
<p>cansando a quien pesara onza por onza, 57</p>
<p>la que dará tan cortés sacerdote</p>
<p>por mostrar su partido; y dones tales 59</p>
<p>al vivir del país se corresponden. 60</p>
<p>Hay espejos arriba que vosotros 61</p>
<p>llamáis Tronos, y Dios por medio de ellos</p>
<p>nos alumbra, y mis dichos certifican." 63</p>
<p>Aquí dejó de hablar; y me hizo un gesto</p>
<p>de volverse a otra cosa, pues se puso</p>
<p>una vez más en la rueda en la que estaba. 66</p>
<p>El otro gozo a quien ya conocía 67</p>
<p>como preciada cosa, ante mis ojos</p>
<p>era cual un rubí que el sol hiriese. 69</p>
<p>Arriba aumenta el resplandor gozando, 70</p>
<p>como la risa aquí; y la sombra crece</p>
<p>abajo, al par que aumenta la tristeza. 72</p>
<p>"Dios lo ve todo, y tu mirar se enela 73</p>
<p>- le dije santo espíritu, y no puede</p>
<p>para ti estar oculto algún deseo. 75</p>
<p>Por lo tanto tu voz, que alegra el cielo</p>
<p>con el cantar de aquellos fuegos píos</p>
<p>que con seis alas hacen su casulla, 78</p>
<p>¿por qué no satisface mis deseos?</p>
<p>No esperaría yo a que preguntaras</p>
<p>si me intuara yo cual tú te enmías." 81</p>
<p>"El mayor valle en que el agua se vierte 82</p>
<p>- sus palabras entonces me dijeron-</p>
<p>fuera del mar que a la tierra enguirnalda, 84</p>
<p>entre enemigas playas contra el curso</p>
<p>del sol tanto se extiende, que ya hace</p>
<p>meridiano donde antes horizonte. 87</p>
<p>Ribereño fui yo de aquellas costas</p>
<p>entre el Ebro y el Magra, que divide</p>
<p>en corto trecho Génova y Toscana. 90</p>
<p>Casi en un orto mismo y un ocaso</p>
<p>están Bugía y mi ciudad natal,</p>
<p>que enrojeció su puerto con su sangre. 93</p>
<p>Era llamado Folco por la gente</p>
<p>que sabía mi nombre; y a este cielo,</p>
<p>como él me iluminó, yo ahora ilumino; 96</p>
<p>que más no ardiera la hija de Belo, 97</p>
<p>a Siqueo y a Creusa dando enojos,</p>
<p>que yo, hasta que mi edad lo permitía; 99</p>
<p>ni aquella Rodopea que engañada 100</p>
<p>fue por Demofoonte, ni Alcides 101</p>
<p>cuando encerró en su corazón a Iole. 102</p>
<p>Pero aquí no se llora, mas se ríe,</p>
<p>no la culpa, que aquí no se recuerda,</p>
<p>sino el poder que ordenó y que provino. 105</p>
<p>Aquí se admira el arte que se adorna</p>
<p>de tanto afecto, y se comprende el bien</p>
<p>que hace que influya abajo lo de arriba. 108</p>
<p>Y a fin de que colmados tus deseos</p>
<p>lleves que en esta esfera te han surgido,</p>
<p>debiera referirte aún otras cosas. 111</p>
<p>Quieres saber quién hay en esa hoguera</p>
<p>que aquí cerca de mí lanza destellos</p>
<p>como el rayo de sol en aguas limpias. 114</p>
<p>Sabrás que en su interior se regocija</p>
<p>Raab; y en compañía de este coro, 116</p>
<p>en su más sumo grado resplandece. 117</p>
<p>A nuestro cielo, en que la sombra acaba</p>
<p>de vuestro mundo, aún antes que alma alguna</p>
<p>por el triunfo de Cristo, fue subida. 120</p>
<p>Convenía ponerla por trofeo</p>
<p>en algún cielo, de la alta victoria</p>
<p>obtenida con una y otra palma, 123</p>
<p>pues ella el primer triunfo de Josué 124</p>
<p>favoreció en la Tierra Prometida,</p>
<p>que poco tiene el Papa en la memoria. 126</p>
<p>Tu ciudad, que es retoño del primero 127</p>
<p>que a su creador volviera las espaldas,</p>
<p>cuya envidia ha causado tantos males, 129</p>
<p>crea y propaga las malditas flores 130</p>
<p>que han descarriado a ovejas y a corderos,</p>
<p>pues al pastor en lobo han convertido. 132</p>
<p>Por esto el Evangelio y los Doctores</p>
<p>se olvida, y nada más las Decretales</p>
<p>se estudian, cual sus márgenes indican. 135</p>
<p>De esto el Papa y la curia se preocupa; 136</p>
<p>y a Nazaret no van sus pensamientos,</p>
<p>allí donde Gabriel abrió las alas. 138</p>
<p>Mas pronto el Vaticano y otros sitios 139</p>
<p>elegidos de Roma, cementerios</p>
<p>de la milicia que a Pedro siguiera,</p>
<p>del adulterio habrán de verse libres." 141</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_77">
</cite>
CANTO X</p>
</title>
<p>Con el Amor que eternamente mana 1</p>
<p>del uno al otro, contemplando al Hijo</p>
<p>la Potencia primera e inefable 3</p>
<p>cuanto en espacio o mente se concibe</p>
<p>con tanto orden creó, que estar no puede</p>
<p>sin gustar de ello aquel que vuelve a verlo. 6</p>
<p>Alza, lector, hacia las altas ruedas 7</p>
<p>con la mía tu vista, hacia aquel sitio</p>
<p>donde dos movimientos se entrecruzan; 9</p>
<p>y allí comienza a disfrutar del Arte</p>
<p>de aquel maestro que tanto lo ama 11</p>
<p>en sí, que nunca de él quita la vista. 12</p>
<p>Mira cómo de allí se aparta el círculo 13</p>
<p>oblicuo que conduce los planetas,</p>
<p>satisfaciendo al mundo que los llama. 15</p>
<p>Pues no siendo inclinado su camino,</p>
<p>vano sería el influir del cielo</p>
<p>y casi muerta aquí cualquier potencia; 18</p>
<p>y si más o si menos se alejara</p>
<p>girando, de la perpendicular,</p>
<p>se rompería el orden de los mundos. 21</p>
<p>Quédate ahora, lector, sobre tu banco,</p>
<p>meditando en aquello que sugiero,</p>
<p>si quieres disfrutar y no cansarte. 24</p>
<p>Te lo he mostrado: come tú ahora de ello; 25</p>
<p>que a ella reclama todos mis cuidados</p>
<p>esa materia de que soy escriba. 27</p>
<p>De la naturaleza el gran ministro, 28</p>
<p>que la virtud del cielo imprime al mundo</p>
<p>y es la medida, con su luz, del tiempo, 30</p>
<p>a aquella parte arriba mencionada 31</p>
<p>junto, giraba por las espirales</p>
<p>que le traen cada día más temprano; 33</p>
<p>y yo estaba con él; mas del subir 34</p>
<p>no me di cuenta, como aquel que nota,</p>
<p>tras la idea, de dónde le ha venido. 36</p>
<p>Era Beatriz aquella que guiaba</p>
<p>de un bien a otro mejor, tan raudamente</p>
<p>que el tiempo no medía sus acciones. 39</p>
<p>¡Cuán luminosa debería ser</p>
<p>por sí, la que en el sol donde yo entraba</p>
<p>no por color, por luz era visible! 42</p>
<p>Aunque costumbre, ingenio y arte invoque</p>
<p>no diría lo nunca imaginado;</p>
<p>mas puede ser creído y desear verlo. 45</p>
<p>Y si son bajas nuestras fantasías</p>
<p>a tanta altura, no hay por qué extrañarse;</p>
<p>que más que el Sol no hay ojos que hayan visto. 48</p>
<p>Tal se mostraba la cuarta familia 49</p>
<p>del Alto Padre, que siempre la sacia,</p>
<p>mostrando cómo espira y cómo engendra. 51</p>
<p>Y comenzó Beatriz: "Dale las gracias</p>
<p>al angélico sol, puesto que a éste 53</p>
<p>sensible te ha traído a gusto suyo." 54</p>
<p>Nunca hubo un corazón tan entregado</p>
<p>a devoción y a someterse a Dios</p>
<p>prestamente con toda gratitud, 57</p>
<p>como yo al escuchar esas palabras;</p>
<p>y tanto todo en él mi amor se puso,</p>
<p>que a Beatriz, eclipsó en el olvido. 60</p>
<p>No se enfadó; mas se rió en tal forma,</p>
<p>que el esplendor de sus risueños ojos</p>
<p>mi mente unida dividió en más cosas. 63</p>
<p>Muchos fulgores vivos y triunfantes</p>
<p>vi en torno nuestro como una corona,</p>
<p>en voz más dulce que en rostro lucientes: 66</p>
<p>ceñida así la hija de Latona 67</p>
<p>vemos a veces, cuando el aire es denso,</p>
<p>y retiene los restos de su halo. 69</p>
<p>En la corte celeste que he dejado,</p>
<p>bellas y ricas se hallan muchas joyas</p>
<p>que no pueden sacarse de aquel reino; 72</p>
<p>y de éstas era el canto de las luces;</p>
<p>quien no tiende sus plumas a lo alto,</p>
<p>como de un mudo espera las noticias. 75</p>
<p>Luego, cantando así, los rojos soles</p>
<p>a nuestro alrededor tres vueltas dieron,</p>
<p>cual astros cerca de los polos fijos, 78</p>
<p>pareciendo mujeres que no rompen</p>
<p>su danza, más calladas se detienen</p>
<p>para escuchar la nueva melodía; 81</p>
<p>y escuché dentro de una de ellas: "Cuando</p>
<p>el rayo de la gracia, en que se enciende</p>
<p>un verdadero amor que amando aumenta, 84</p>
<p>tanto ilumina en ti multiplicado,</p>
<p>que por esa escalera te conduce</p>
<p>que nadie baja sin subir de nuevo; 87</p>
<p>quien te negase el vino de su bota</p>
<p>para tu sed, más libre no sería</p>
<p>que el agua de correr hacia los mares. 90</p>
<p>Quieres saber qué flores engalanan</p>
<p>esta guirnalda con que se embellece</p>
<p>la hermosa dama que al cielo te empuja. 93</p>
<p>Yo fui cordero del rebaño santo 94</p>
<p>que conduce Domingo por la senda</p>
<p>que hace avanzar a quien no se extravía. 96</p>
<p>Este que a mi derecha está más cerca</p>
<p>fue mi hermano y maestro, él es Alberto 98</p>
<p>de Colonia, y yo soy Tomás de Aquino. 99</p>
<p>Y si quieres saber de los demás</p>
<p>sigue con tu mirada mis palabras</p>
<p>dando la vuelta en este santo círculo. 102</p>
<p>Sale aquel resplandor de la sonrisa</p>
<p>de Graziano, que al uno y otro fuero 104</p>
<p>dio su ayuda, ganando el paraíso. 105</p>
<p>Quien cerca de él adorna nuestro coro</p>
<p>fue el Pedro que al igual que aquella viuda,</p>
<p>su tesoro ofreció a la Santa Iglesia. 108</p>
<p>La quinta luz, de todas la más bella, 109</p>
<p>respira tanto amor, que todo el mundo</p>
<p>saber aquí desea sus noticias; 111</p>
<p>dentro está la alta mente, en la que tanto</p>
<p>saber latió, que si lo cierto es cierto,</p>
<p>a tanto ver no surgió aún un segundo. 114</p>
<p>Ve la luz de aquel cirio, junto a ella 115</p>
<p>que aun en carne mortal por dentro supo</p>
<p>la angélica natura y sus oficios. 117</p>
<p>En la luz pequeñita está riendo</p>
<p>el abogado de tiempos cristianos</p>
<p>cuyos latines a Agustín sirvieron. 120</p>
<p>Ahora si el ojo de la mente llevas</p>
<p>de luz en luz tras de mis alabanzas,</p>
<p>ya de la octava te encuentras sediento. 123</p>
<p>Viendo todos los bienes dentro goza</p>
<p>el alma santa que el mundo falaz 125</p>
<p>de manifiesto pone a quien le escucha: 126</p>
<p>el cuerpo del que fue arrojada yace</p>
<p>allá abajo en Cieldauro; y a esta calma</p>
<p>vino desde el martirio y el destierro 129</p>
<p>ve más allá las llamas del espíritu</p>
<p>de Isidoro, de Beda y de Ricardo, 131</p>
<p>que en su contemplación fue más que un hombre. 132</p>
<p>Esa de la cual pasa a mí tu vista,</p>
<p>es la luz de un espíritu que tarde</p>
<p>meditando, pensaba que moría: 135</p>
<p>esa es la luz eterna de Sigiero 136</p>
<p>que, enseñando en el barrio de la Paja,</p>
<p>silogismo verdades envidiadas." 138</p>
<p>En fin, lo mismo que un reloj que llama</p>
<p>cuando la esposa del Señor despierta 140</p>
<p>a que cante maitines a su amado, 141</p>
<p>que una pieza a la otra empuja y urge,</p>
<p>tintineando con tan dulces notas,</p>
<p>que el alma bien dispuesta de amor llenan; 144</p>
<p>así vi yo la rueda gloriosa</p>
<p>moverse, voz a voz dando respuesta</p>
<p>tan suave y templada, que tan sólo 147</p>
<p>se escucha donde el gozo se eterniza.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_78">
</cite>
CANTO XI</p>
</title>
<p>¡Oh cuán vano el afán de los mortales,</p>
<p>qué mezquinos son esos silogismos</p>
<p>que las alas te arrastran por el suelo! 3</p>
<p>Tras de los aforismos o los Iura 4</p>
<p>iban unos, o tras del sacerdocio</p>
<p>o del mandar por fuerza o por sofismas. 6</p>
<p>tras negocios civiles o robando,</p>
<p>o envueltos en el gozo de la carne</p>
<p>se fatigaban, o en la vida ociosa, 9</p>
<p>cuando, de todas estas cosas libre,</p>
<p>con Beatriz por el cielo caminaba</p>
<p>de forma tan gloriosa recibido. 12</p>
<p>Después que cada uno volvió al punto</p>
<p>del círculo en el que antes se encontraba,</p>
<p>se detuvo, cual vela en candelero. 15</p>
<p>Y yo escuché dentro de esa lumbrera</p>
<p>que antes me había hablado, sonriendo, 17</p>
<p>palabras que le daban aún más lustre: 18</p>
<p>"Igual que yo con sus rayos me enciendo,</p>
<p>así, mirando en esa luz eterna,</p>
<p>adivino el porqué de lo que piensas. 21</p>
<p>Tú dudas y deseas que te aclare</p>
<p>con un lenguaje claro y manifiesto,</p>
<p>para entender aquello que te digo, 24</p>
<p>donde antes dije: "Por donde se avanza", 25</p>
<p>o donde dije: "No nació un segundo";</p>
<p>y es necesario distinguir en esto. 27</p>
<p>La Providencia que gobierna el mundo</p>
<p>de modo que derrota a cualquier mente</p>
<p>creada, antes que llegue a ver el fondo, 30</p>
<p>para que caminase a su deleite</p>
<p>la esposa de quien quiso desposarla 32</p>
<p>con su bendita sangre a grandes voces, 33</p>
<p>sintiéndose más fiel y más segura,</p>
<p>dos príncipes mandó para ayudarla,</p>
<p>y en una cosa y otra la guiasen. 36</p>
<p>Todo en fuego seráfico uno ardía; 37</p>
<p>por su saber el otro fue en la tierra</p>
<p>de querúbica luz un resplandor. 39</p>
<p>De uno hablaré, si bien de ambos se habla</p>
<p>alabando a cualquiera de los dos,</p>
<p>puesto que a un mismo fin se encaminaron. 42</p>
<p>Entre Tupino y el agua que baja 43</p>
<p>de la cima escogida por Ubaldo,</p>
<p>fértil ladera pende de alto monte, 45</p>
<p>que el frío y el calor manda a Perugia</p>
<p>por la Puerta del Sol; y detrás lloran 47</p>
<p>Nocera y Gualdo su pesado yugo. 48</p>
<p>Por donde esta ladera disminuye</p>
<p>su pendiente, nacióle un sol al mundo,</p>
<p>como hace a veces éste sobre el Ganges. 51</p>
<p>Y así pues quien a aquel lugar nombrara</p>
<p>que no le llama Asís, pues esto es poco,</p>
<p>sino Oriente, si quiere ser exacto. 54</p>
<p>No se hallaba del orto muy distante, 55</p>
<p>cuando a la tierra por su gran virtud</p>
<p>logró hacer que sintiese algún consuelo; 57</p>
<p>que por tal dama, aún jovencito, en guerra 58</p>
<p>con su padre incurrió, a la cual las puertas</p>
<p>del gozo, cual a muerte, no abre nadie; 60</p>
<p>y ante toda su corte espiritual</p>
<p>et coram patrem a ella quiso unirse;</p>
<p>luego la amó más fuerte cada día. 63</p>
<p>Ésta, privada del primer marido, 64</p>
<p>mil cien años y más vivió olvidada 65</p>
<p>sin que nadie, hasta aquél, la convidase; 66</p>
<p>no valió oír que al lado de Amiclates</p>
<p>segura la encontró, al oír sus voces,</p>
<p>aquel que fue el terror del mundo entero; 69</p>
<p>ni le valió haber sido tan constante</p>
<p>y firme, que al quedar María abajo,</p>
<p>ella sobre la cruz lloró con Cristo. 72</p>
<p>Pero para no hablarte tan oscuro,</p>
<p>Francisco y la Pobreza estos amantes</p>
<p>has de saber que son de los que te hablo. 75</p>
<p>Su concordia y sus rostros tan felices,</p>
<p>amor y maravilla y gestos dulces,</p>
<p>inspiraban muy santos pensamientos; 78</p>
<p>tanto que aquel Bernardo venerable 79</p>
<p>se descalzó, y detrás de tanta paz</p>
<p>corrió, y corriendo tardo se creía. 81</p>
<p>¡Oh secreta riqueza! ¡Oh bien fecundo!</p>
<p>Egidio se descalza, el buen Silvestre, 83</p>
<p>tras del esposo, así a la esposa place 84</p>
<p>De allí se fue aquel padre, aquel maestro</p>
<p>con su mujer y su demás familia</p>
<p>que el humilde cordón ya se ceñía. 87</p>
<p>No le inclinó la frente la vergüenza</p>
<p>de ser hijo de Pietro Bernardone, 89</p>
<p>ni porque pareciera despreciable; 90</p>
<p>mas dignamente su dura intención</p>
<p>a Inocencio le abrió, y de aquél obtuvo 92</p>
<p>el permiso primero de su orden. 93</p>
<p>Después creciendo ya los pobrecillos</p>
<p>detrás de aquél, cuya admirable vida</p>
<p>mejor gloriando al cielo se cantara, 96</p>
<p>de segunda corona el Santo Espíritu</p>
<p>ciñó, por mediación de Honorio, aquel 98 Honorio II aprobó definitivamente la Orden en 1223.</p>
<p>santo deseo de este archimandrita. 99</p>
<p>Y después que, sediento de martirio,</p>
<p>en la presencia del Sultán soberbia</p>
<p>predicó a Cristo y quienes le siguieron, 102</p>
<p>y encontrando a esas gentes demasiado</p>
<p>reacias, para no estar inactivo,</p>
<p>volvióse al fruto del huerto de Italia, 105</p>
<p>en el áspero monte entre Arno y Tiber 106</p>
<p>de Cristo recibió el último sello,</p>
<p>que sus miembros llevaron por dos años. 108</p>
<p>Cuando el que a tanto bien le destinara</p>
<p>quiso hacerle subir al galardón</p>
<p>que él mereció por hacerse pequeño, 111</p>
<p>a sus hermanos, como justa herencia,</p>
<p>recomendó su dama más querida,</p>
<p>y les mandó que fielmente la amasen; 114</p>
<p>y de su seno el ánima preclara</p>
<p>quiso salir y volver a su reino,</p>
<p>y para el cuerpo otra caja no quiso. 117</p>
<p>Ahora piensa en quien fuese aquel colega 118</p>
<p>digno con él de mantener la barca</p>
<p>de Pedro en alta mar derechamente; 120</p>
<p>y este segundo fue nuestro patriarca;</p>
<p>por lo cual, quien le sigue, como él manda,</p>
<p>sabe que carga buenas mercancías. 123</p>
<p>Mas su rebaño, de nuevas viandas 124</p>
<p>se encuentra tan ansioso, que es difícil</p>
<p>que por pastos errados no se pierda; 126</p>
<p>y cuanto sus ovejas más se apartan</p>
<p>y más lejos de aquél vagabundean,</p>
<p>más tornan al redil faltas de leche. 129</p>
<p>Aún hay algunos que temen el daño</p>
<p>y a su pastor se estrechan; mas tan pocas</p>
<p>que a sus capas les basta poca tela. 132</p>
<p>Ahora, si te han bastado mis palabras</p>
<p>y si me has escuchado atentamente,</p>
<p>si recuerdas aquello que te he dicho, 135</p>
<p>en parte habrás tus ganas satisfecho</p>
<p>al ver por qué la planta se marchita,</p>
<p>y verás por qué causa yo te dije</p>
<p>"Que hace avanzar a quien no se extravía". 138</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_79">
</cite>
CANTO XII</p>
</title>
<p>Tan pronto como la última palabra</p>
<p>la bienaventurada llama dijo,</p>
<p>a girar comenzó la santa rueda; 3</p>
<p>y aún su vuelta no había completado,</p>
<p>cuando otra rueda giró en su redor,</p>
<p>uniendo canto a canto y giro a giro; 6</p>
<p>canto que tanto vence a nuestras musas</p>
<p>y sirenas en esas dulces trompas,</p>
<p>como la luz primera a sus reflejos. 9</p>
<p>Como se ven tras la nube ligera</p>
<p>dos arcos paralelos y de un mismo</p>
<p>color, cuando a su sierva envía Juno, 12</p>
<p>que aquel de fuera nace del de dentro,</p>
<p>al modo del hablar de aquella hermosa</p>
<p>que agostó Amor cual sol a los vapores, 15</p>
<p>haciendo que la gente esté segura,</p>
<p>por el pacto que Dios hizo a Noé,</p>
<p>que al mundo nunca más anegaría: 18</p>
<p>así de aquellas rosas sempiternas</p>
<p>las dos guirnaldas cerca de nosotros</p>
<p>giraba, respondiendo una a la otra. 21</p>
<p>Cuando la danza y otro gran festejo</p>
<p>del cántico y del mutuo centelleo,</p>
<p>luz con luz jubilosa y reposada, 24</p>
<p>a un mismo tiempo y voluntad cesaron,</p>
<p>como los ojos se abren y se cierran</p>
<p>juntamente al placer que les conmueve; 27</p>
<p>del corazón de una de aquellas luces 28</p>
<p>se alzó una voz, que como aguja al polo 29</p>
<p>me hizo volverme al sitio en que se hallaba; 30</p>
<p>y comenzó: "El amor que me hace bella</p>
<p>me obliga a que del otro jefe trate</p>
<p>por quien del mío aquí tan bien se ha hablado. 33</p>
<p>Justo es que, donde esté el uno, esté el otro: 34</p>
<p>y así pues como a una combatieron,</p>
<p>así luzca su gloria juntamente. 36</p>
<p>La milicia de Cristo, que tan caro</p>
<p>costó rearmar, detrás de sus banderas</p>
<p>marchaba escasa, lenta y recelosa, 39</p>
<p>cuando el Emperador que siempre reina 40</p>
<p>ayudó a su legión en el peligro,</p>
<p>por gracia sólo, no por merecerlo. 42</p>
<p>Y, ya se ha dicho, socorrió a su esposa</p>
<p>con dos caudillos, a cuyas palabras</p>
<p>y obras reunióse el pueblo descarriado. 45</p>
<p>Allí donde se alza y donde abre 46</p>
<p>Céfiro dulce los follajes nuevos,</p>
<p>de los que luego Europa se reviste, 48</p>
<p>no lejos del batir del oleaje</p>
<p>tras el cual, por su larga caminata,</p>
<p>el sol se oculta a todos ciertos días, 51</p>
<p>está la afortunada Caleruega</p>
<p>bajo la protección del gran escudo</p>
<p>del león subyugado que subyuga: 54</p>
<p>allí nació el amante infatigable 55</p>
<p>de la cristiana fe, el atleta santo</p>
<p>fiero al contrario y bueno con los suyos; 57</p>
<p>y en cuanto fue creada, fue repleta</p>
<p>tanto su mente de activa virtud</p>
<p>que, aún en la madre, la hizo profetisa. 60</p>
<p>Al celebrarse ya en la santa fuente</p>
<p>los esponsales entre él y la Fe, 62</p>
<p>la mutua salvación dándose en dote, 63</p>
<p>la mujer que por él dio asentimiento,</p>
<p>vio en un sueño ese fruto prodigioso</p>
<p>que saldría de aquél y su progenie; 66</p>
<p>y porque fuese cual era, aun de nombre, 67</p>
<p>un espíritu vino a señalarlo</p>
<p>del posesivo de quien era entero. 69</p>
<p>Fue llamado Domingo; y hablo de él</p>
<p>como del labrador que eligió Cristo</p>
<p>para que le ayudase con su huerto. 72</p>
<p>Bien se mostró de Cristo mensajero;</p>
<p>pues el primer amor del que dio prueba</p>
<p>fue al consejo primero que dio Cristo. 75</p>
<p>Muchas veces despierto y en silencio</p>
<p>lo encontró su nodriza echado en tierra</p>
<p>cual diciendo: "He venido para esto." 78</p>
<p>¡Oh en verdad padre suyo venturoso!</p>
<p>¡Oh madre suya Juana verdadera, 80</p>
<p>si se interpreta tal como se dice! 81</p>
<p>No por el mundo, por el cual se afanan</p>
<p>hoy detrás del Ostiense y de Tadeo,</p>
<p>mas por amor del maná sin mentira, 84</p>
<p>en poco tiempo gran doctor se hizo;</p>
<p>por vigilar la viña, que marchita</p>
<p>pronto, si el viñador es perezoso. 87</p>
<p>Y a la sede que fue más bienhechora 88</p>
<p>antes de los humildes, no por ella,</p>
<p>por aquel que la ocupa y la mancilla, 90</p>
<p>no dispensas de dos o tres por seis,</p>
<p>no el primer cargo que libre quedara,</p>
<p>no decimas, quae sunt pauperum Dei, 93</p>
<p>sino pidió contra la gente errada</p>
<p>licencia de luchar por la semilla</p>
<p>donde estas veinticuatro plantas brotan. 96</p>
<p>Después, con voluntad y con doctrina,</p>
<p>emprendió su apostólica tarea</p>
<p>cual torrente que baja de alta cumbre; 99</p>
<p>y en el retoño herético su fuerza</p>
<p>golpeó, con más saña en aquel sitio</p>
<p>donde la resistencia era más dura. 102</p>
<p>De él se hicieron después diversos ríos 103</p>
<p>donde el huerto católico se riega,</p>
<p>y más vivos se encuentran sus arbustos. 105</p>
<p>Si fue tal una rueda de la biga</p>
<p>con que se defendió la Santa Iglesia</p>
<p>y su guerra civil venció en el campo. 108</p>
<p>bien debería serte manifiesta</p>
<p>la excelencia de la otra, que Tomás</p>
<p>antes de venir yo te alabó tanto. 111</p>
<p>Mas la órbita trazada por la parte 112</p>
<p>superior de su rueda, está olvidada;</p>
<p>y ahora es vinagre lo que era antes vino. 114</p>
<p>Su familia que recta caminaba</p>
<p>tras de sus huellas, ha cambiado tanto,</p>
<p>que el de delante al de detrás empuja; 117</p>
<p>y pronto podrá verse la cosecha</p>
<p>de tan mal fruto, cuando la cizaña</p>
<p>lamente que le cierren el granero 120</p>
<p>Bien sé que quien leyese hoja por hoja</p>
<p>nuestro Ebro, un pasaje aún hallaría</p>
<p>donde leyese: "Soy el que fui siempre." 123</p>
<p>Pero no de Casal ni de Acquasparta,</p>
<p>de donde tales vienen a la regla,</p>
<p>que uno la huye y otro la endurece. 126</p>
<p>Yo soy el alma de Buenaventura</p>
<p>de Bagnoregio, que en los altos cargos</p>
<p>los errados afanes puse aparte. 129</p>
<p>Aquí están Agustín e Iluminado, 130</p>
<p>los primeros descalzos pobrecillos</p>
<p>con el cordón amigos del Señor. 132</p>
<p>Está con ellos Hugo de San Víctor, 133</p>
<p>y Pedro Mangiadore y Pedro Hispano, 134</p>
<p>que con sus doce libros resplandece; 135</p>
<p>el profeta Natán, y el arzobispo 136</p>
<p>Crisóstomo y Anselmo, y el Donato 137</p>
<p>que puso mano en el arte primera. 138</p>
<p>Está Rabano aquí, y luce a mi lado 139</p>
<p>el abad de Calabria Joaquín 140</p>
<p>dotado del espíritu profético. 141</p>
<p>A celebrar a paladín tan grande 142</p>
<p>me movió la inflamada cortesía</p>
<p>de fray Tomás y su agudo discurso; 144</p>
<p>y conmigo movió a quien me acompaña."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_80">
</cite>
CANTO XIII</p>
</title>
<p>Imagine quien quiera comprender 1</p>
<p>lo que yo vi -y que la imagen retenga</p>
<p>mientras lo digo, como firme roca- 3</p>
<p>quince estrellas que en zonas diferentes</p>
<p>el cielo encienden con tanta viveza</p>
<p>que cualquier densidad del aire vencen; 6</p>
<p>imagine aquel carro a quien el seno</p>
<p>basta de nuestro cielo noche y día</p>
<p>y al dar vuelta el timón no se nos marcha; 9</p>
<p>imagine la boca de aquel cuerno</p>
<p>que al extremo del eje se origina,</p>
<p>al que da vueltas la primera esfera, 12</p>
<p>haciéndose dos signos en el cielo,</p>
<p>como hiciera la hija del rey Minos</p>
<p>sintiendo el frío hielo de la muerte; 15</p>
<p>y uno poner sus rayos en el otro,</p>
<p>y dar vueltas los dos de tal manera</p>
<p>que uno fuera detrás y otro delante; 18</p>
<p>y tendrá casi sombra de la cierta</p>
<p>constelación y de la doble danza</p>
<p>que giraba en el punto en que me hallaba: 21</p>
<p>pues tan distante está de nuestros usos,</p>
<p>cuanto está del fluir del río Chiana 23</p>
<p>del cielo más veloz el movimiento. 24</p>
<p>Allí cantaron no a Pean ni a Baco, 25</p>
<p>a tres personas de naturaleza</p>
<p>divina, y una de ellas con la Humana. 27</p>
<p>Las vueltas y el cantar se terminaron;</p>
<p>y atentas nos miraron esas luces,</p>
<p>alegres de pasar a otro cuidado. 30</p>
<p>Rompió el silencio de concordes númenes</p>
<p>luego la luz que la admirable vida</p>
<p>del pobrecillo del Señor narrara, 33</p>
<p>dijo: "Cuando trillada está una paja,</p>
<p>cuando su grano ha sido ya guardado,</p>
<p>a trillar otra un dulce amor me invita. 36</p>
<p>Crees que en el pecho del que la costilla 37</p>
<p>se sacó para hacer la hermosa boca</p>
<p>y un paladar al mundo tan costoso, 39</p>
<p>y en aquel que, pasado por la lanza</p>
<p>antes y luego tanto satisfizo,</p>
<p>que venció la balanza de la culpa, 42</p>
<p>cuanto al género humano se permite</p>
<p>tener de luz, del todo fue infundido</p>
<p>por el Poder que hiciera a uno y a otro; 45</p>
<p>por eso miras a lo que antes dije,</p>
<p>cuando conté que no tuvo segundo</p>
<p>quien en la quinta luz está escondido. 48</p>
<p>Abre los ojos a lo que respondo,</p>
<p>y verás lo que crees y lo que digo</p>
<p>como el centro y el círculo en lo cierto. 51</p>
<p>Lo que no muere y lo que morirá</p>
<p>no es más que un resplandor de aquella idea</p>
<p>que hace nacer, amando, nuestro Sir; 54</p>
<p>que aquella viva luz que se desprende 55</p>
<p>del astro del que no se desaúna,</p>
<p>ni del amor que tres hace con ellos, 57</p>
<p>por su bondad su iluminar transmite,</p>
<p>como un espejo, a nueve subcriaturas, 59</p>
<p>conservándose en uno eternamente. 60</p>
<p>De aquí desciende a la última potencia</p>
<p>bajando de acto en acto, hasta tal punto,</p>
<p>que no hace más que contingencias breves; 63</p>
<p>y entiendo que son estas contingencias</p>
<p>las cosas engendradas, que produce</p>
<p>con simiente o sin ella el cielo móvil. 66</p>
<p>No es siempre igual la cera y quien la imprime; 67</p>
<p>y por ello allá abajo más o menos</p>
<p>se traslucen los signos ideales. 69</p>
<p>Por lo que ocurre que de un mismo árbol,</p>
<p>salgan frutos mejores o peores;</p>
<p>y nacéis con distinta inteligencia. 72</p>
<p>si perfecta la cera se encontrase, 73</p>
<p>e igual el cielo en su virtud suprema,</p>
<p>la luz del sello toda brillaría; 75</p>
<p>mas la natura siempre es imperfecta,</p>
<p>obrando de igual modo que el artista</p>
<p>que sabe el arte mas su mano tiembla. 78</p>
<p>Y si el ardiente amor la clara vista 79</p>
<p>del supremo poder dispone y sella,</p>
<p>toda la perfección aquí se adquiere. 81</p>
<p>Tal fue creada ya la tierra digna</p>
<p>de toda perfección animalesca;</p>
<p>y la Virgen preñada de este modo; 84</p>
<p>de tal forma yo apruebo lo que opinas,</p>
<p>pues la humana natura nunca fue</p>
<p>ni será como en esas dos personas. 87</p>
<p>Ahora si no siguiese mis razones,</p>
<p>"¿pues cómo aquél no tuvo par alguno?"</p>
<p>me dirían entonces tus palabras. 90</p>
<p>Mas porque veas claro lo confuso,</p>
<p>piensa quién era y la razón que tuvo,</p>
<p>al pedir cuando "pide" le dijeron. 93</p>
<p>No te he hablado de forma que aún ignores 94</p>
<p>que rey fue, y que pidió sabiduría</p>
<p>a fin de ser un rey capacitado; 96</p>
<p>no por saber el número en que fuesen</p>
<p>arriba los motores, si necesse</p>
<p>con contingentes hacen un necesse; 99</p>
<p>no si est dare primum motum esse,</p>
<p>o si de un semicírculo se hacen</p>
<p>triángulos que un recto no tuviesen. 102</p>
<p>Y así, si lo que dije y esto adviertes,</p>
<p>es real prudencia aquel saber sin par</p>
<p>donde la flecha de mi hablar clavaba; 105</p>
<p>y si al "surgió" la vista clara tiendes, 106</p>
<p>la verás sólo a reyes referida,</p>
<p>que muchos hay, y pocos son los buenos. 108</p>
<p>Con esta distinción oye mis dichos;</p>
<p>y así casan con eso que supones</p>
<p>de nuestro Gozo y del padre primero. 111</p>
<p>Plomo a tus pies te sea este consejo,</p>
<p>para que andes despacio, como el hombre</p>
<p>cansado, al sí y al no de lo que ignoras: 114</p>
<p>pues es de los idiotas el más torpe,</p>
<p>el que sin distinguir niega o afirma</p>
<p>en el uno o el otro de los casos; 117</p>
<p>puesto que encuentra que ocurre a menudo</p>
<p>que sea falsa la opinión ligera,</p>
<p>y la pasión ofusca el intelecto. 120</p>
<p>Más que en vano se aparta de la orilla,</p>
<p>porque no vuelve como se ha marchado,</p>
<p>el que sin redes la verdad buscase. 123</p>
<p>Y de esto son al mundo claras muestras 124</p>
<p>Parménides, Meliso, Briso, y muchos,</p>
<p>que caminaban sin saber adónde; 126</p>
<p>Y Arrio y Sabelio y todos esos necios, 127</p>
<p>que deforman, igual que las espadas, 128</p>
<p>la recta imagen de las Escrituras. 129</p>
<p>No se aventure el hombre demasiado</p>
<p>en juzgar, como aquel que aprecia el trigo</p>
<p>sembrado antes de que haya madurado; 132</p>
<p>que las zarzas he visto en el invierno</p>
<p>cuán ásperas, cuán rígidas mostrarse;</p>
<p>y engalanarse luego con las rosas; 135</p>
<p>y vi derecha ya y veloz la nave</p>
<p>correr el mar en todo su camino,</p>
<p>y perecer cuando llegaba a puerto. 138</p>
<p>No crean seor Martino y Doña Berta, 139</p>
<p>viendo robar a uno y dar a otro,</p>
<p>verlos igual en el juicio divino; 141</p>
<p>que uno puede caer y otro subir."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_81">
</cite>
CANTO XIV</p>
</title>
<p>Del centro al borde, y desde el borde al centro 1</p>
<p>se mueve el agua en un redondo vaso,</p>
<p>según se le golpea dentro o fuera: 3</p>
<p>de igual manera sucedió en mi mente</p>
<p>esto que digo, al callarse de pronto</p>
<p>el alma gloriosa de Tomás, 6</p>
<p>por la gran semejanza que nacía</p>
<p>de sus palabras con las de Beatriz,</p>
<p>a quien hablar, después de aquél, le plugo: 9</p>
<p>"Le es necesario a éste, y no lo dice,</p>
<p>ni con la voz ni aun con el pensamiento,</p>
<p>indagar la raíz de otra certeza. 12</p>
<p>Decidle si la luz con que se adorna 13</p>
<p>vuestra sustancia, durará en vosotros</p>
<p>igual que ahora se halla, eternamente; 15</p>
<p>y si es así, decidle cómo, luego</p>
<p>de que seáis de nuevo hechos visibles,</p>
<p>podréis estar sin que la vista os dañe." 18</p>
<p>Cual, por más grande júbilo empujados,</p>
<p>a veces los que danzan en la rueda</p>
<p>alzan la voz con gestos de alegría, 21</p>
<p>de igual manera, a aquel devoto ruego</p>
<p>las santas ruedas mostraron más gozo</p>
<p>en sus giros y notas admirables. 24</p>
<p>Quien se lamenta de que aquí se muera</p>
<p>para vivir arriba, es que no ha visto</p>
<p>el refrigerio de la eterna lluvia. 27</p>
<p>Que al uno y dos y tres que siempre vive 28</p>
<p>y reina siempre en tres y en dos y en uno,</p>
<p>nunca abarcado y abarcando todo, 30</p>
<p>tres veces le cantaba cada una</p>
<p>de esas almas con una melodía,</p>
<p>justo precio de mérito cualquiera. 33</p>
<p>Y escuché dentro de la luz más santa 34</p>
<p>del menor círculo una voz modesta,</p>
<p>quizá cual la del Ángel a María, 36</p>
<p>responder: "Cuanto más dure la dicha</p>
<p>del paraíso, tanto nuestro amor</p>
<p>ha de esplender en tomo a estos vestidos. 39</p>
<p>De nuestro ardor la claridad procede;</p>
<p>por la visión ardemos, y esa es tanta,</p>
<p>cuanta gracia a su mérito se otorga. 42</p>
<p>Cuando la carne gloriosa y santa</p>
<p>vuelva a vestirnos, estando completas</p>
<p>nuestras personas, aún serán más gratas; 45</p>
<p>pues se acrecentará lo que nos dona</p>
<p>de luz gratuitamente el bien supremo,</p>
<p>y es una luz que verlo nos permite; 48</p>
<p>por lo que la visión más se acrecienta,</p>
<p>crece el ardor que en ella se ha encendido,</p>
<p>y crece el rayo que procede de éste. 51</p>
<p>Pero como el carbón que da una llama,</p>
<p>y sobrepasa a aquella por su brillo,</p>
<p>de forma que es visible su apariencia; 54</p>
<p>así este resplandor que nos circunda</p>
<p>vencerá la apariencia de la carne</p>
<p>que aún está recubierta por la tierra; 57</p>
<p>y no podrá cegarnos luz tan grande: 58</p>
<p>porque ha de resistir nuestro organismo</p>
<p>a todo aquello que cause deleite." 60</p>
<p>Tan acordes y prontos parecieron</p>
<p>diciendo "Amén" el uno y otro coro,</p>
<p>cual si sus cuerpos muertos añoraran: 63</p>
<p>y no sólo por ellos, por sus madres,</p>
<p>por sus padres y seres más queridos,</p>
<p>y que fuesen también eternas llamas. 66</p>
<p>De claridad pareja entorno entonces,</p>
<p>nació un fulgor encima del que estaba,</p>
<p>igual que un horizonte se ilumina. 69</p>
<p>Y como a la caída de la noche</p>
<p>nuevos fulgores surgen en el cielo,</p>
<p>ciertos e inciertos ante nuestra vista, 72</p>
<p>me pareció que en círculo dispuestas</p>
<p>unas nuevas sustancias contemplaba</p>
<p>por fuera de las dos circunferencias. 75</p>
<p>¡Oh resplandor veraz del Santo Espíritu!</p>
<p>¡qué incandescente apareció de pronto</p>
<p>a mis ojos que no lo soportaron! 78</p>
<p>Mas Beatriz tan sonriente y bella</p>
<p>se me mostró, que entre aquellas visiones</p>
<p>que no recuerdo tengo que dejarla. 81</p>
<p>Recobraron mis ojos la potencia</p>
<p>de levantarse; y nos vi trasladados</p>
<p>solos mi dama y yo a gloria más alta. 84</p>
<p>Bien advertí que estaba más arriba,</p>
<p>por el ígneo esplendor de aquella estrella,</p>
<p>mucho más rojo de lo acostumbrado. 87</p>
<p>De todo corazón, con la palabra</p>
<p>común, hícele a Dios un holocausto,</p>
<p>como a la nueva gracia convenía. 90</p>
<p>Y apagado en mi pecho aún no se hallaba</p>
<p>del sacrificio el fuego, cuando supe</p>
<p>que era mi ofrenda fausta y recibida; 93</p>
<p>que con tan grande brillo y tanto fuego</p>
<p>un resplandor salía de sus rayos</p>
<p>que dije: "¡Oh Helios, cómo los adornas!" 96</p>
<p>Cual con mayores y menores luces</p>
<p>blanquea la Galaxia entre los polos 98</p>
<p>del mundo, y a los sabios pone en duda; 99</p>
<p>así formados hacían los rayos</p>
<p>en el profundo Marte el santo signo</p>
<p>que del círculo forman los cuadrantes. 102</p>
<p>Aquí vence al ingenio la memoria; 103</p>
<p>que aquella Cruz resplandecía a Cristo,</p>
<p>y no encuentro un ejemplo digno de ello; 105</p>
<p>mas quien toma su cruz y a Cristo sigue,</p>
<p>podrá excusarme de eso que no cuento</p>
<p>viendo en aquel albor radiar a Cristo. 108</p>
<p>De un lado al otro y desde arriba a abajo</p>
<p>se movían las luces y brillaban</p>
<p>aún más al encontrarse y separarse: 111</p>
<p>así aquí vemos, rectos o torcidos, 112</p>
<p>lentos o raudos renovar su aspecto</p>
<p>los corpusculos, cortos y más largos, 114</p>
<p>moviéndose en el rayo que atraviesa</p>
<p>la sombra a veces que, por protegerse,</p>
<p>dispone el hombre con ingenio y arte. 117</p>
<p>Y cual arpa y laúd, con tantas cuerdas</p>
<p>afinadas, resuenan dulcemente</p>
<p>aun para quien las notas no distingue, 120</p>
<p>tal de las luzes que allí aparecieron</p>
<p>a aquella cruz un canto se adhería,</p>
<p>que arrebatóme, aun no entendiendo el himno. 123</p>
<p>Bien me di cuenta que era de altas loas,</p>
<p>pues llegaba hasta mi "Resurgi" y "Vinci"</p>
<p>como a aquel que no entiende, pero escucha. 126</p>
<p>Y me sentía tan enamorado, 127</p>
<p>que hasta ese entonces no hubo cosa alguna</p>
<p>que me atrapase en tan dulces cadenas. 129</p>
<p>Tal vez son muy atrevidas mis palabras,</p>
<p>al posponer el gozo de los ojos,</p>
<p>que si los miro, cesan mis deseos; 132</p>
<p>mas el que sepa que los cielos vivos</p>
<p>más altos más acrecen la belleza,</p>
<p>y que yo aún no me había vuelto a aquéllos, 135</p>
<p>podrá excusarme de lo que me acuso</p>
<p>por excusarme, y saber que no miento:</p>
<p>que aquí el santo placer no está excluido, 138</p>
<p>pues más sincero se hace mientra sube.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_82">
</cite>
CANTO XV</p>
</title>
<p>La buena voluntad donde se licúa</p>
<p>siempre el amor que inspira lo que es recto,</p>
<p>como en la inicua la pasión insana, 3</p>
<p>silencio impuso a aquella dulce lira,</p>
<p>aquietando las cuerdas que la diestra</p>
<p>del cielo pulsa y luego las acalla. 6</p>
<p>¿Cómo estarán a justas preces sordas</p>
<p>esas sustancias que, por darme aliento</p>
<p>para que hablase, a una se callaron? 9</p>
<p>Bien está que sin término se duela</p>
<p>quien, por amor de cosas que no duran,</p>
<p>de ese amor se despoja eternamente. 12</p>
<p>Cual por los cielos puros y tranquilos 13</p>
<p>de cuando en cuando cruza un raudo fuego,</p>
<p>y atrae la vista que está distraída, 15</p>
<p>y es como un astro que de sitio mude,</p>
<p>sino que en el lugar donde se enciende</p>
<p>no se pierde ninguno, y dura poco: 18</p>
<p>tal desde el brazo que a diestra se extiende</p>
<p>hasta el pie de la cruz, corrió una estrella</p>
<p>de la constelación que allí relumbra; 21</p>
<p>no se apartó la gema de su cinta,</p>
<p>mas pasó por la línea radial</p>
<p>cual fuego por detrás del alabastro. 24</p>
<p>Fue tan piadosa la sombra de Anquises, 25</p>
<p>si a la más alta musa damos fe,</p>
<p>reconociendo a su hijo en el Elíseo. 27</p>
<p>"O sanguis meus, o superinfusa 28</p>
<p>gratia Dei, sicut tibi cui</p>
<p>bis unquam celi ianüa reclusa?" 30</p>
<p>Dijo esa luz llamando mi atención;</p>
<p>luego volví la vista a mi señora,</p>
<p>y una y otra dejáronme asombrado; 33</p>
<p>pues ardía en sus ojos tal sonrisa,</p>
<p>que pensé que los míos tocarían</p>
<p>el fondo de n-ú gloria y paraíso. 36</p>
<p>Luego gozoso en vista y en palabras,</p>
<p>el espíritu dijo aún otras cosas</p>
<p>que no las entendí, de tan profundas; 39</p>
<p>Y no es que por su gusto lo escondiera,</p>
<p>mas por necesidad, pues su concepto</p>
<p>al ingenio mortal se superpone. 42</p>
<p>Y cuando el arco del afecto ardiente</p>
<p>se calmó, y se abajaron sus palabras</p>
<p>a la diana de nuestro intelecto, 45</p>
<p>la cosa que escuché primeramente</p>
<p>"¡Bendito seas -fue tú, el uno y trino,</p>
<p>que tan cortés has sido con mi estirpe!" 48</p>
<p>Y siguió: "Un grato y lejano deseo,</p>
<p>tomado de leer el gran volumen</p>
<p>del cual el blanco y negro no se mudan, 51</p>
<p>has satisfecho, hijo, en esa luz</p>
<p>desde la cual te hablo, gracias a ésa</p>
<p>que alas te dio para tan alto vuelo. 54</p>
<p>Tú crees que a mí llegó tu pensamiento</p>
<p>de aquel que es el primero, como sale</p>
<p>del uno, al conocerlo, el seis y el cinco; 57</p>
<p>y por ello quién soy, y por qué causa</p>
<p>más alegre me ves, no me preguntas,</p>
<p>que algunos otros de este alegre grupo. 60</p>
<p>Crees bien; pues los menores y mayores</p>
<p>de esta vida se miran al espejo</p>
<p>que muestra el pensamiento antes que pienses; 63</p>
<p>mas por que el sacro amor en que yo veo</p>
<p>con perpetua vista, y que me llena</p>
<p>de un dulce desear, mejor se calme, 66</p>
<p>¡segura ya tu voz, alegre y firme</p>
<p>suene tu voluntad, suene tu anhelo,</p>
<p>al que ya decretada es mi respuesta!" 69</p>
<p>Me volví hacia Beatriz, que antes que hablara</p>
<p>me escuchó, y sonrió con un semblante</p>
<p>que hizo crecer las alas del deseo. 72</p>
<p>Dije después: "El juicio y el afecto, 73</p>
<p>pues que gozáis de la unidad primera,</p>
<p>en vosotros operan de igual modo, 75</p>
<p>porque el sol que os prendió y en el que ardisteis,</p>
<p>en su calor y luz es tan igual,</p>
<p>que otro símil sería inoportuno. 78</p>
<p>Mas querer y razón, en los mortales,</p>
<p>por causas de vosotros conocidas,</p>
<p>tienen las alas de diversas plumas; 81</p>
<p>y yo, que soy mortal, me siento en esta</p>
<p>desigualdad, y por ello agradezco</p>
<p>sólo de corazón esta acogida. 84</p>
<p>Te imploro con fervor, vivo topacio,</p>
<p>precioso engaste de esta joya pura,</p>
<p>que me quede saciado de tu nombre." 87</p>
<p>"¡Oh fronda mía, que eras mi delicia</p>
<p>aguardándote, yo fui tu raíz!": 89</p>
<p>comenzó de este modo a responderme. 90</p>
<p>Luego me dijo: "Aquel de quien se toma</p>
<p>tu apellido, y cien años ha girado</p>
<p>y más el monte en la primera cornisa, 93</p>
<p>fue mi hijo, y fue tu bisabuelo:</p>
<p>y es conveniente que tú con tus obras</p>
<p>a su larga fatiga des alivio. 96</p>
<p>Florencia dentro de su antiguo muro, 97</p>
<p>donde ella toca aún a tercia y nona,</p>
<p>en paz estaba, sobria y pudorosa. 99</p>
<p>No tenía coronas ni pulseras,</p>
<p>ni faldas recamadas, ni cintillos</p>
<p>que gustara ver más que a las personas. 102</p>
<p>Aún no le daba miedo si nacía</p>
<p>la hija al padre, pues la edad y dote</p>
<p>ni una ni otra excedían la medida. 105</p>
<p>No había casas faltas de familia; 106</p>
<p>aún no había enseñado Sardanápalo 107</p>
<p>lo que se puede hacer en una alcoba. 108</p>
<p>Aún no estaba vencido Montemalo 109</p>
<p>por vuestro Uccelatoio, que cayendo</p>
<p>lo vencerá al igual que en la subida. 111</p>
<p>Vi andar ceñido a Belincione Berti 112</p>
<p>con piel de oso, y volver del espejo</p>
<p>a su mujer sin la cara pintada; 114</p>
<p>y vi a los Nerli alegres y a los Vechio 115</p>
<p>de vestir simples pieles, y a la rueca</p>
<p>atendiendo y al huso sus esposas. 117</p>
<p>¡Oh afortunadas! estaban seguras 118</p>
<p>del sepulcro, y ninguna aún se encontraba</p>
<p>abandonada por Francia en el lecho. 120</p>
<p>Una cuidaba atenta de la cuna,</p>
<p>y, por consuelo, usaba el idioma</p>
<p>que divierte a los padres y a las madres; 123</p>
<p>otra, tirando a la rueca del pelo,</p>
<p>charloteaba con sus familiares</p>
<p>de Fiésole, de Roma, o los troyanos. 126</p>
<p>Entonces por milagro se tendrían 127</p>
<p>una Cianghella, un Lapo Saltarello,</p>
<p>como ahora Cornelia o Cincinato. 129</p>
<p>A un tan hermoso, a un tan apacible</p>
<p>vivir de ciudadano, a una tan fiel</p>
<p>ciudadanía, y a un tan dulce albergue, 132</p>
<p>me dio María, a gritos invocada; 133</p>
<p>y en el antiguo bautisterio vuestro</p>
<p>fui cristiano a la par que Cacciaguida. 135</p>
<p>Moronto fue mi hermano y Eliseo; 136</p>
<p>desde el valle del Po vino mi esposa,</p>
<p>de la cual se origina tu apellido. 138</p>
<p>Luego seguí al emperador Conrado;</p>
<p>y él me armó caballero en su milicia,</p>
<p>tan de su agrado fueron mis hazañas. 141</p>
<p>Marché tras él contra la iniquidad</p>
<p>de aquella secta cuyo pueblo usurpa,</p>
<p>por culpa del pastor, vuestra justicia. 144</p>
<p>Allí fui yo por esas torpes gentes,</p>
<p>ya desligado del mundo falaz,</p>
<p>cuyo amor muchas almas envilece;</p>
<p>y vine hasta esta paz desde el martirio. 147</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_83">
</cite>
CANTO XVI</p>
</title>
<p>Oh pequeña nobleza de la sangre,</p>
<p>que de ti se gloríen aquí abajo</p>
<p>las gentes donde es débil nuestro afecto, 3</p>
<p>nunca habrá de admirarme: porque donde</p>
<p>el apetito nuestro no se tuerce,</p>
<p>digo en el cielo, yo me glorié. 6</p>
<p>Eres un manto que pronto se acorta:</p>
<p>tal que, si no se agranda día a día,</p>
<p>el tiempo va en redor con las tijeras. 9</p>
<p>Con el "vos" que primero sufrió Roma, 10</p>
<p>y que sus descendientes no conservan,</p>
<p>comenzaron de nuevo mis palabras; 12</p>
<p>por lo cual Beatriz, que estaba aparte 13</p>
<p>la que tosió, al reírse parecía,</p>
<p>al primer fallo escrito de Ginebra. 15</p>
<p>Yo le dije: "Vos sois el padre mío;</p>
<p>vos infundís aliento a mis palabras;</p>
<p>vos me eleváis, y soy más que yo mismo. 18</p>
<p>Por tantos cauces llena la alegría</p>
<p>mi mente, y de sí misma se recrea</p>
<p>pues soportarlo puede sin fatiga. 21</p>
<p>Habladme pues, mi caro antecesor,</p>
<p>de los mayores vuestros y los años</p>
<p>que dejaron su huella en vuestra infancia; 24</p>
<p>decidme cómo era en aquel tiempo</p>
<p>el redil de san Juan, y quiénes eran 26</p>
<p>los dignos de los puestos elevados." 27</p>
<p>Como se aviva cuando el viento sopla</p>
<p>el carbón encendido, así vi a aquella</p>
<p>luz brillar con mi hablar respetuoso; 30</p>
<p>y haciéndose más bella ante mis ojos,</p>
<p>así con voz más dulce y más suave,</p>
<p>mas no con este lenguaje moderno, 33</p>
<p>me dijo: "Desde el día en que fue dicho 34</p>
<p>"Ave", hasta el parto en que mi santa madre,</p>
<p>se vio libre de mí, que la gravaba, 36</p>
<p>a su León quinientas y cincuenta</p>
<p>y treinta veces este fuego vino</p>
<p>a inflamarse otra vez bajo sus plantas. 39</p>
<p>Mis mayores y yo nacimos donde</p>
<p>primero encuentra el último distrito</p>
<p>quien corre en vuestros juegcos anuales. 42</p>
<p>De mis mayores basta escucha- esto:</p>
<p>quiénes fueran y cuál su procedencia,</p>
<p>más conviene callar que declararlo. 45</p>
<p>Todos los que podían aquel tiempo</p>
<p>entre el Bautista y Marte llevar armas,</p>
<p>eran el quinto de los que hay ahora. 48</p>
<p>Mas la ciudadanía, ahora mezclada</p>
<p>de Campi, de Certaldo y de Fegghine,</p>
<p>pura se hallaba hasta en los artesanos. 51</p>
<p>¡Oh cuánto mejor fuera ser vecino</p>
<p>de esas gentes que digo, y a Galluzzo</p>
<p>y a Trespiano tener como confines, 54</p>
<p>que tener dentro y aguantar la peste</p>
<p>de ese ruin de Aguglión, y del de Signa,</p>
<p>de tan aguda vista para el fraude! 57</p>
<p>Si la gente que al mundo más corrompe 58</p>
<p>no hubiera sido madrastra del César,</p>
<p>mas cual benigna madre para el hijo, 60</p>
<p>quien es ya florentino y cambia y merca,</p>
<p>a Simifonte habría regresado, 62</p>
<p>donde pidiendo su abuelo vivía; 63</p>
<p>de los Conti sería aún Montemurlo; 64</p>
<p>los Cerchi habitarían en Acona,</p>
<p>los Buondelmonti acaso en Valdigrieve. 66</p>
<p>Siempre la confusión de las personas</p>
<p>principio fue del mal de las ciudades,</p>
<p>cual del vuestro el comer más de la cuenta; 69</p>
<p>y más deprisa cae si ciega el toro</p>
<p>que el cordero; y mejor que cinco espadas</p>
<p>y más corta una sola muchas veces. 72</p>
<p>Si piensas cómo Luni y Orbisaglia 73</p>
<p>han desaparecido, y cómo van</p>
<p>Sinagaglia y Chiusi tras de aquéllas, 75</p>
<p>oír cómo se pierden las estirpes</p>
<p>no te parecerá nuevo ni fuerte,</p>
<p>ya que también se acaban las ciudades. 78</p>
<p>Tienen su muerte todas vuestras cosas,</p>
<p>como vosotros; mas se oculta alguna</p>
<p>que dura mucho, y son cortas las vidas. 81</p>
<p>Y cual girando el ciclo de la luna</p>
<p>las playas sin cesar cubre y descubre,</p>
<p>así hace la Fortuna con Florencia: 84</p>
<p>por lo cual lo que diga de los grandes</p>
<p>florentinos no debe sorprenderte,</p>
<p>que ya su fama en el tiempo se esconde. 87</p>
<p>Yo vi a los Ughi y a los Catellini, 88</p>
<p>Filippi, Creci, Orrnanni y Alberichi,</p>
<p>ya en decadencia, ilustres ciudadanos; 90</p>
<p>y vi tan grandes como los antiguos,</p>
<p>con el de la Sanella, a aquel del Arca,</p>
<p>y a Soldanieri y Ardinghi y Bostichi. 93</p>
<p>junto a la puerta, que se carga ahora 94</p>
<p>de nueva felonía tan pesada</p>
<p>que hará que vuestra barca se hunda pronto, 96</p>
<p>los Ravignani estban, de los cuales</p>
<p>descendió el conde Guido, y los que el nombre</p>
<p>del alto Bellinción después tomaron. 99</p>
<p>Los de la Pressa sabía ya cómo 100</p>
<p>gobernar, y tenía Galigaio 101</p>
<p>ya en su casa dorados pomo y funda. 102</p>
<p>Era ya grande la columna oscura, 103</p>
<p>Sachetti, Giuochi, Fifanti y Barucci,</p>
<p>Galli y a quien las pesas avergüenzan. 105</p>
<p>La cepa que dio vida a los Calfucci</p>
<p>era ya grande, y ya fueron llamados</p>
<p>los Sizzi y Arrigucci a las curules. 108</p>
<p>¡Cuán altos vi a los que ahora están deshechos 109</p>
<p>por su soberbia! y las bolas de oro 110</p>
<p>con sus gestas Florencia florecían. 111</p>
<p>Así hacían los padres de esos que, 112</p>
<p>cuando queda vacante vuestra iglesia,</p>
<p>engordan acudiendo al consistorio. 114</p>
<p>Esa insolente estirpe que se endraga 115</p>
<p>tras los que huyen, y a quien muestra el diente</p>
<p>o la bolsa, se amansa cual cordero, 117</p>
<p>iba ascendiendo, mas de humilde origen;</p>
<p>y a Ubertino Donati no placía 119</p>
<p>que luego el suegro con ella le uniese. 120</p>
<p>Ya hasta el mercado había el Caponsacco 121</p>
<p>de Fiésole venido, y ciudadanos</p>
<p>eran ya buenos Guida e Infangato. 123</p>
<p>Diré una cosa cierta e increíble:</p>
<p>daba la entrada al recinto una puerta</p>
<p>que de los Pera su nombre tomaba. 126</p>
<p>Los que hoy ostentan esa bella insignia 127</p>
<p>del gran barón con cuya prez y nombre</p>
<p>la fiesta de Tomás se reconforta, 129</p>
<p>de él recibieron mando y privilegio;</p>
<p>aunque se ponga hoy junto a la plebe</p>
<p>quien la rodea con franja de oro. 132</p>
<p>Ya estaban Gualterotti e Importuni;</p>
<p>y aún estaría el Burgo más tranquilo,</p>
<p>ayuno de estas nuevas vecindades. 135</p>
<p>La casa en que naciera vuestro llanto, 136</p>
<p>por el justo rencor que os ha matado,</p>
<p>y puso fin a vuestra alegre vida, 138</p>
<p>era honrada, con todos sus secuaces: 139</p>
<p>¡Oh Buondelmonti, mal de aquellas bodas</p>
<p>huiste, y el consuelo nos quitaste! 141</p>
<p>Alegres muchos tristes estarían, 142</p>
<p>si al Ema Dios te hubiese concedido,</p>
<p>cuando llegaste allí por vez primera. 144</p>
<p>Mas convenía que en la piedra rota 145</p>
<p>que el puente guarda, hiciera un sacrificio</p>
<p>Florencia al terminarse ya su paz. 147</p>
<p>Con estas gentes, y otras con aquéllas,</p>
<p>vi yo a Florencia con tan gran sosiego,</p>
<p>que no había motivos para el llanto. 150</p>
<p>Con esas gentes yo vi glorioso</p>
<p>y justo al pueblo, tanto que su lirio</p>
<p>nunca al revés pusieron en el asta,</p>
<p>ni fue hecho rojo por las disensiones." 153</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_84">
</cite>
CANTO XVII</p>
</title>
<p>Como acudió a Climene, a consultarle 1</p>
<p>de aquello que escuchara en contra suya,</p>
<p>quien remiso hace al padre aún con el hijo; 3</p>
<p>tal me encontraba, y tal lo comprendían</p>
<p>Beatriz y aquella luz santa que antes</p>
<p>por causa mía se cambió de sitio. 6</p>
<p>Por lo cual mi señora "Expulsa el fuego</p>
<p>de tu deseo -dijo- y que éste salga</p>
<p>por tu imagen interna bien sellado: 9</p>
<p>no para acrecentar lo que sabemos</p>
<p>al decirlo: mas para acostumbrarte</p>
<p>a que hables de tu sed, y otros te ayuden". 12</p>
<p>"Cara planta que te alzas de tal modo</p>
<p>que, cual saben los hombres que no caben</p>
<p>dos ángulos obtusos en un triángulo, 15</p>
<p>igual sabes las cosas contingentes</p>
<p>antes de que sucedan, viendo el punto</p>
<p>en quien todos los tiempos son presentes; 18</p>
<p>mientras que junto a Virgilio subía</p>
<p>por la montaña que cura las almas,</p>
<p>o por el reino difunto bajando, 21</p>
<p>dichas me fueron respecto al futuro</p>
<p>palabras graves, y aunque yo me sienta</p>
<p>a los golpes de azar como el tetrágono; 24</p>
<p>mi deseo estaría satisfecho</p>
<p>sabiendo la fortuna que me aguarda:</p>
<p>pues la flecha prevista daña menos." 27</p>
<p>Así le dije a aquella misma luz</p>
<p>que antes me había hablado; y como quiso</p>
<p>Beatriz, fue mi deseo confesado. 30</p>
<p>No con enigmas, donde se enviscaba 31</p>
<p>la gente loca, antes de que muriera</p>
<p>el Cordero que quita los pecados, 33</p>
<p>mas con palabras claras y preciso</p>
<p>latín, me respondió el amor paterno,</p>
<p>manifiesto y oculto en su sonrisa: 36</p>
<p>"Los hechos contingentes, que no salen 37</p>
<p>de los cuadernos de vuestra materia,</p>
<p>en la mirada eterna se dibujan; 39</p>
<p>Mas esto no los hace necesarios,</p>
<p>igual que la mirada que refleja</p>
<p>el barco al que se lleva la corriente. 42</p>
<p>De allí, lo mismo que viene al oído</p>
<p>el dulce son del órgano, me viene</p>
<p>hasta mi vista el tiempo que te aguarda. 45</p>
<p>Como se marchó Hipólito de Atenas 46</p>
<p>por la malvada y pérfida madrastra,</p>
<p>así tendrás que salir de Florencia. 48</p>
<p>Esto se quiere y esto ya se busca, 49</p>
<p>y pronto lo han de ver los que esto piensan</p>
<p>donde se vende a Cristo cada día. 51</p>
<p>Se atribuirá la culpa a los vencidos,</p>
<p>como se suele hacer; mas el castigo</p>
<p>testimonio será de la verdad. 54</p>
<p>Tú dejarás cualquier cosa que quieras</p>
<p>más fuertemente; y. esto es esa flecha</p>
<p>que antes dispara el arco del exilio. 57</p>
<p>Probarás cuán amargamente sabe</p>
<p>el pan ajeno y cuán duro es subir</p>
<p>y bajar las ajenas escaleras. 60</p>
<p>Y lo que más te pesará en los hombros, 61</p>
<p>será la ruin y necia compañía</p>
<p>con la que has de caer en ese valle; 63</p>
<p>que ingrata, impía y loca contra ti</p>
<p>ha de volverse; mas al poco tiempo</p>
<p>ella, no tú, tendrá las sienes rojas. 66</p>
<p>De su bestialidad dará la prueba</p>
<p>su proceder; y grato habrá de serte</p>
<p>haber hecho un partido de ti mismo. 69</p>
<p>El refugio primero que te albergue</p>
<p>será la cortesía del Lombardo 71</p>
<p>que en la escalera tiene el ave santa; 72</p>
<p>que te dará tan benigna acogida,</p>
<p>que de hacer y pedir, entre vosotros,</p>
<p>antes irá el que entre otros el postrero. 75</p>
<p>Con él verás a aquel que fue signado, 76</p>
<p>tanto, al nacer, por esta fuerte estrella,</p>
<p>que hará notables todas sus acciones. 78</p>
<p>En él nadie repara todavía</p>
<p>por su temprana edad, pues nueve años</p>
<p>sólo esta rueda gira en torno suya; 81</p>
<p>mas antes que el Gascón engañe a Enrique, 82</p>
<p>de su virtud veremos los fulgores,</p>
<p>despreciando la playa y las fatigas. 84</p>
<p>Y sus magnificencias tan famosas</p>
<p>serán entonces, que sus enemigos</p>
<p>no podrán evitar el referirlas. 87</p>
<p>Pon la esperanza en él y en sus mercedes;</p>
<p>por él será cambiada mucha gente,</p>
<p>mudando condición rico y mendigo; 90</p>
<p>y llevarás escrito sin decirlo</p>
<p>en tu memoria de él"; y dijo cosas</p>
<p>que no creyese aun quien las escuchara. 93</p>
<p>Dijo después: "La explicación es esto</p>
<p>de lo que te fue dicho; ve las trampas</p>
<p>que se esconden detrás de pocos años. 96</p>
<p>Mas no quiero que envidies a tu gente,</p>
<p>pues sabrás que tu vida se enfutura</p>
<p>más allá que el castigo de su infamia." 99</p>
<p>Cuando al callar mostró que concluido</p>
<p>ya había el alma santa el entramado</p>
<p>de la tela en que yo puse la urdimbre, 102</p>
<p>yo comencé lo mismo que el que anhela,</p>
<p>en la duda, el consejo de personas</p>
<p>que ven y quieren rectamente y aman: 105</p>
<p>"Bien veo padre mío, cómo aguija</p>
<p>contra mí el el tiempo, para darme un golpe</p>
<p>tal, que es más grave a quien más se descuida; 108</p>
<p>de previsión por ello debo armarme,</p>
<p>y si el lugar más amado me quitan,</p>
<p>yo no pierda los otros por mis versos. 111</p>
<p>Por el amargo mundo sempiterno,</p>
<p>y por el monte desde cuya altura</p>
<p>me elevaron los ojos de mi dama, 114</p>
<p>y en el cielo después, de fuego en fuego,</p>
<p>aprendí muchas cosas, que un agriado</p>
<p>sabor daría a muchos si las cuento; 117</p>
<p>mas si amo la verdad tímidamente,</p>
<p>temo perder mi fama entre esos hombres</p>
<p>que a nuestro tiempo han de llamar antiguo." 120</p>
<p>La luz donde reía mi tesoro,</p>
<p>que allí encontré, centelleó primero,</p>
<p>como al rayo de sol un áureo espejo; 123</p>
<p>después me replicó: "Sólo a una mente,</p>
<p>por la propia vergüenza o por la ajena</p>
<p>turbada, será brusco lo que digas. 126</p>
<p>No obstante, aparta toda la mentira</p>
<p>y pon de manifiesto lo que has visto;</p>
<p>y deja que se rasquen los sarnosos. 129</p>
<p>Porque si con tu voz causas molestia</p>
<p>al probarte, alimento nutritivo</p>
<p>dejará luego cuando lo digieran. 132</p>
<p>Este clamor tuyo hará como el viento,</p>
<p>que las más altas cumbres más golpea;</p>
<p>y esto no poco honor ha de traerte. 135</p>
<p>Por ello se han mostrado a ti en los cielos,</p>
<p>en el monte y el valle doloroso</p>
<p>sólo las almas de notoria fama, 138</p>
<p>pues fe no guarda el ánimo que escucha</p>
<p>ni observa los ejemplos que escondidas</p>
<p>o incógnitas tuvieran las raíces, 141</p>
<p>ni razones que no son evidentes."</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_85">
</cite>
CANTO XVIII</p>
</title>
<p>Se recreaba ya en sus reflexiones</p>
<p>aquel beato espejo, y yo en las mías,</p>
<p>temperando lo amargo con lo dulce; 3</p>
<p>y la mujer que a Dios me conducía</p>
<p>dijo: "Cambia de idea; porque estoy</p>
<p>cerca de aquel que lo injusto repara." 6</p>
<p>Yo entonces me volví al son amoroso</p>
<p>de mi consuelo; y no he de referiros</p>
<p>el mucho amor que vi en sus santos ojos: 9</p>
<p>no sólo es que no fíe en mis palabras,</p>
<p>sino que la memoria no repite,</p>
<p>sin una gracia, lo que la supera. 12</p>
<p>Sólo puedo decir de aquel instante,</p>
<p>que, volviendo a mirarla, estuvo libre</p>
<p>mi afecto de cualquier otro deseo, 15</p>
<p>mientras el gozo eterno, que directo 16</p>
<p>irradiaba en Beatriz, desde sus ojos</p>
<p>con su segundo aspecto me alegraba. 18</p>
<p>Vencido con la luz de su sonrisa,</p>
<p>ella me dijo: "Vuélvete y escucha;</p>
<p>no está en mis ojos sólo el Paraíso." 21</p>
<p>Como se ve en la tierra algunas veces</p>
<p>el afecto en la vista, si es tan grande,</p>
<p>que por él todo el alma es poseída, 24</p>
<p>así en el flamear del fulgor santo 25</p>
<p>al que yo me volví, supe el deseo</p>
<p>que tenía aún de hablarme un poco más, 27</p>
<p>y él comenzó: "En este quinto grado</p>
<p>del árbol de la cima, que da fruta</p>
<p>siempre y que nunca pierde su follaje, 30</p>
<p>hay almas santas, que en la tierra, antes</p>
<p>que vinieran al cielo, tan famosas</p>
<p>fueron que harían rica a cualquier musa. 33</p>
<p>Contempla pues los brazos de la cruz:</p>
<p>los que te nombraré aparecerán</p>
<p>como el rayo veloz hace en la nube." 36</p>
<p>Por la cruz vi un fulgor que se movía</p>
<p>al nombre de Josué, nada más dicho;</p>
<p>no sé si fue primero el ver que el nombre. 39</p>
<p>Y al nombre de aquel grande Macabeo</p>
<p>vi que otro se movía dando vueltas,</p>
<p>y era cuerda del trompo la alegría. 42</p>
<p>Así con Carlo Magno y con Oriando</p>
<p>siguió dos luces mi mirar atento</p>
<p>como a su halcón volando sigue el ojo. 45</p>
<p>Después vi a Rinoardo y a Guillermo 46</p>
<p>y al duque Godofredo con la vista</p>
<p>por esa cruz, y a Roberto Guiscardo. 48</p>
<p>Yendo a mezclarse luego con los otros,</p>
<p>me mostró el alma que me había hablado</p>
<p>qué clase de cantor era en el cielo. 51</p>
<p>Me volví entonces hacia la derecha</p>
<p>para ver si Beatriz, o por su gesto</p>
<p>o sus palabras, mi deber mostraba. 54</p>
<p>Y contemplé sus luces tan serenas,</p>
<p>tan gozosas, que a los demás vencía</p>
<p>su semblante y al último que tuvo. 57</p>
<p>Y como por sentir mayor deleite</p>
<p>obrando bien, el hombre día a día</p>
<p>se da cuenta que aumenta su virtud, 60</p>
<p>así yo me di cuenta que girando</p>
<p>junto al cielo mi círculo crecía,</p>
<p>viendo aún más luminoso aquel milagro. 63</p>
<p>Y como se transmuta en poco rato 64</p>
<p>en blanca la mujer, cuando su rostro</p>
<p>de la vergüenza el peso se descarga, 66</p>
<p>tal fue en mis ojos, cuando me volví,</p>
<p>por su blancura la templada estrella</p>
<p>sexta, que en ella habíame acogido. 69</p>
<p>Yo vi en aquella jovial antorcha</p>
<p>el destellar del amor que allí estaba</p>
<p>signando el alfabeto ante nosotros. 72</p>
<p>Y cual aves que se alzan de la orilla,</p>
<p>casi alabando ya el haber comido,</p>
<p>hacen bandadas largas o redondas, 75</p>
<p>así en las luces las santas criaturas</p>
<p>al revolotear iban cantando,</p>
<p>haciéndose una D, una I, una L. 78</p>
<p>Al compás de su canto se movían;</p>
<p>y al formar luego uno de aquellos signos,</p>
<p>callaban deteniéndose un momento. 81</p>
<p>¡Oh pegasea diosa, que a los sabios 82</p>
<p>los haces gloriosos y longevos,</p>
<p>y ellos contigo a reinos y a ciudades, 84</p>
<p>ilústreme tu ayuda, y haz que muestre</p>
<p>tal como aparecieron sus figuras:</p>
<p>y en breves versos tu poder demuestra! 87</p>
<p>Se me mostraron cinco veces siete</p>
<p>unas vocales y otras consonantes;</p>
<p>y en cuanto se formaban las leía. 90</p>
<p>"DILIGITE IUSTITIAM", verbo y nombre 91</p>
<p>fueron los que primero se formaron;</p>
<p>"QUI IUDICATIS TERRAM", las postreras. 93</p>
<p>Luego en la eme del vocablo quinto</p>
<p>ordenadas quedaron; y tal plata</p>
<p>bañada en oro Júpiter lucía. 96</p>
<p>Y vi otras luces que a la parte alta</p>
<p>bajaban de la eme, y se quedaban</p>
<p>cantando, creo, el bien que las traía. 99</p>
<p>Luego, como al chocar de los tizones</p>
<p>ardientes, surgen chispas a millares,</p>
<p>donde los necios suelen ver augurios, 102</p>
<p>pareció que de allí surgían miles</p>
<p>de luces que subían, mucho o poco,</p>
<p>tal como el sol que las prendió dispuso; 105</p>
<p>y en su lugar ya quietas cada una,</p>
<p>vi de un águila el cuello y la cabeza</p>
<p>representada en el fulgor distinto. 108</p>
<p>Quien pinta allí no tiene quien le guíe,</p>
<p>sino que guía, y de aquél se origina</p>
<p>la virtud que a los nidos da su forma. 111</p>
<p>Las otras beatitudes, que dichosas</p>
<p>de enliliarse en la ema parecieron,</p>
<p>moviéndose siguieron la figura. 114</p>
<p>¡Oh dulce estrella, cuáles, cuántas gemas</p>
<p>me demostraron que nuestra justicia</p>
<p>es efecto del cielo que tú enjoyas! 117</p>
<p>Y yo pido a la mente en que comienza</p>
<p>tu virtud y tu obrar, que vuelva a ver</p>
<p>de dónde sale el humo que te nubla; 120</p>
<p>tal que se encolerice nuevamente</p>
<p>del comprar y el vender dentro del templo</p>
<p>murado con milagros y martirios. 123</p>
<p>¡O milicia de cielo que ahora miro,</p>
<p>ruega por los que se hallan en la tierra</p>
<p>detrás del mal ejemplo desviados! 126</p>
<p>Antes se hacía con armas la guerra;</p>
<p>y ahora se hace quitando a unos y a otros</p>
<p>el pan que a nadie niega el santo Padre. 129</p>
<p>Pero tú que borrando sólo escribes, 130</p>
<p>piensa que aún viven Pedro y Pablo, muertos</p>
<p>por la viña que ahora tú devastas. 132</p>
<p>Puedes decir: "Tan fijo está mi amor</p>
<p>en quien quiso vivir en el desierto</p>
<p>y fue martirizado por un baile,</p>
<p>que al Pescador y a Pablo desconozco." 135</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_86">
</cite>
CANTO XIX</p>
</title>
<p>Apareció ante mí la bella imagen</p>
<p>con las alas abiertas, que formaban</p>
<p>las almas agrupadas en su dicha; 3</p>
<p>un rubí parecía cada una</p>
<p>donde un rayo de sol ardiera tanto,</p>
<p>que en mis ojos pudiera reflejarse. 6</p>
<p>Y lo que debo de tratar ahora</p>
<p>ni referido nunca fue, ni escrito,</p>
<p>ni concebido por la fantasía; 9</p>
<p>pues vi y también oí que hablaba el pico,</p>
<p>y que la voz decía "mío" y "yo"</p>
<p>y debía decir "nuestro" y "nosotros". 12</p>
<p>Y comenzó: "Por ser justo y piadoso</p>
<p>estoy aquí exaltado a aquella gloria</p>
<p>que vencer no se deja del deseo; 15</p>
<p>y dejé tan completa mi memoria</p>
<p>en la tierra, que abajo los malvados</p>
<p>aun sin seguir su ejemplo, la veneran." 18</p>
<p>Como un solo calor de muchas brasas,</p>
<p>de entre muchos amores, de igual modo,</p>
<p>salía un solo son de aquella imagen. 21</p>
<p>Y entonces respondí. "Oh perpetuas flores</p>
<p>de la alegría eterna, que uno sólo</p>
<p>me hacéis aparecer vuestros aromas, 24</p>
<p>aclaradme, espirando, el gran ayuno</p>
<p>que largamente en hambre me ha tenido,</p>
<p>pues ningún alimento hallé en la tierra. 27</p>
<p>Bien sé que si en el cielo de otro reino</p>
<p>la justicia divina hace su espejo</p>
<p>veladamente el vuestro no la mira. 30</p>
<p>Sabéis que atentamente me: dispongo</p>
<p>a escucharos; sabéis cuál es la duda</p>
<p>que en ayunas me tuvo tanto tiempo." 33</p>
<p>Como halcón al que quitan la capucha,</p>
<p>que mueve la cabeza y bate alas</p>
<p>ganas mostrando y haciéndose hermoso, 36</p>
<p>contemplé a aquella imagen, que con loas</p>
<p>a la divina gracia era formada,</p>
<p>con cantos que conoce el que lo goza. 39</p>
<p>Dijo después: "El que volvió el compás</p>
<p>hasta el confín del mundo, y dentro de éste 42</p>
<p>guardó lo manifiesto y lo secreto,</p>
<p>no podía imprimir su poderío</p>
<p>en todo el universo, de tal modo</p>
<p>que su verbo no fuese aún infinito. 45</p>
<p>Y esto confirma que el primer soberbio,</p>
<p>que de toda criatura fue la suma,</p>
<p>por no esperar la luz cayó inmaduro; 48</p>
<p>mostrando que cualquier naturaleza</p>
<p>menor, es sólo un corto receptáculo</p>
<p>del bien que no se acaba y no se mide. 51</p>
<p>Por lo cual nuestra vista, que tan sólo</p>
<p>ha salido de un rayo de la mente</p>
<p>de que todas las cosas están llenas, 54</p>
<p>no puede valer tanto por sí misma,</p>
<p>que no sepa que está mucho más lejos</p>
<p>su principio de lo que se le muestra. 57</p>
<p>Por eso en la justicia sempiterna</p>
<p>la vista que recibe vuestro mundo,</p>
<p>igual que el ojo por el mar, se adentra; 60</p>
<p>que, aunque en la orilla puede ver el fondo,</p>
<p>no lo ve en alta mar; y no está menos</p>
<p>allí, pero lo esconde el ser profundo. 63</p>
<p>No hay luz, si no procede de la calma</p>
<p>imperturbable; y fuera es la tiniebla,</p>
<p>o sombra de la carne, o su veneno. 66</p>
<p>Bastante ya te he abierto el escondrijo</p>
<p>que te escondía la justicia viva,</p>
<p>que con tanta frecuencia cuestionaste; 69</p>
<p>diciendo: "Un hombre nace en la ribera</p>
<p>del Indo, y no hay allí nadie que hable</p>
<p>de Cristo ni leyendo ni escribiendo; 72</p>
<p>y todos sus deseos y actos buenos,</p>
<p>por lo que entiende la razón del hombre,</p>
<p>están sin culpa en vida y en palabras. 75</p>
<p>Y muere sin la fe y sin el bautismo:</p>
<p>¿Dónde está la justicia al condenarle?</p>
<p>¿y dónde está su culpa si él no cree?" 78</p>
<p>¿Quién eres tú para querer sentarte</p>
<p>a juzgar a mil millas de distancia</p>
<p>con tu vista que sólo alcanza un palmo? 81</p>
<p>Cierto que quien conmigo sutiliza,</p>
<p>si sobre él no estuviera la Escritura,</p>
<p>su dudar llegaría hasta el asombro. 84</p>
<p>¡Oh animales terrenos! ¡Mentes zafias!</p>
<p>La voluntad primera, por sí buena,</p>
<p>de sí, que es sumo bien, nunca se mueve. 87</p>
<p>Sólo es justo lo que a ella se conforma:</p>
<p>ningún creado bien puede atraerla,</p>
<p>pero aquella, espiendiendo, los produce." 90</p>
<p>Igual que sobre el nido vuela en círculos</p>
<p>tras cebar a sus hijos la cigüeña,</p>
<p>y como la contempla el ya cebado; 93</p>
<p>hizo así, y yo los ojos levanté,</p>
<p>esa bendita imagen, que las alas</p>
<p>movió impulsada por tantos espíritus. 96</p>
<p>Dando vueltas cantaba, y me decía:</p>
<p>"Lo mismo que mis notas, que no entiendes,</p>
<p>tal es el juicio eterno a los mortales." 99</p>
<p>Al aquietarse las lucientes llamas</p>
<p>del Espíritu Santo, aún en el signo</p>
<p>que a Roma hizo temible en todo el mundo, 102</p>
<p>volvió a decir aquél: "No sube a este</p>
<p>reino, quien no creyera en Cristo, antes</p>
<p>o después de clavarle en el madero. 105</p>
<p>Mas sabe: muchos gritan "¡Cristo, Cristo!"</p>
<p>y estarán en el juicio menos prope 107</p>
<p>de aquel, que otros que a Cristo no conocen; 108</p>
<p>serán por el etíope afrentados</p>
<p>cuando los dos colegios se separen,</p>
<p>los para siempre ricos y los pobres. 111</p>
<p>¿A vuestros reyes qué dirán los persas</p>
<p>al contemplar abierto el libro donde</p>
<p>escritos se hallan todos sus pecados? 114</p>
<p>La que muy pronto moverá las plumas</p>
<p>y que devastará el reino de Praga,</p>
<p>de Alberto podrá verse entre las obras. 117</p>
<p>La pena podrá verse que en el Sena</p>
<p>causará, la moneda falseando,</p>
<p>quien por un jabalí hallará la muerte. 120</p>
<p>La insaciable soberbia podrá verse,</p>
<p>que al de Inglaterra y al de Escocia ciega,</p>
<p>sin poder aguantarse en sus fronteras. 123</p>
<p>Veráse la lujuria y vida muelle</p>
<p>de aquel de España y del de la Bohemia,</p>
<p>que ni supo ni quiso del valor. 126</p>
<p>Veráse al cojo de Jerusalén</p>
<p>su bondad señalada con la I,</p>
<p>y con la M el contrario señalado. 129</p>
<p>Veráse la avaricia y la vileza</p>
<p>de quien guardando está la isla del fuego,</p>
<p>donde Anquises su larga edad dejara; 132</p>
<p>en abreviadas letras su escritura</p>
<p>para dar a entender cuán poco vale,</p>
<p>que mucho anotarán en poco espacio. 135</p>
<p>Enseñará las obras indecentes</p>
<p>de su tío y su hermano, que una estirpe 137</p>
<p>tan egregia y dos tronos ensuciaron. 138</p>
<p>El que está en Portugal y el de Noruega</p>
<p>allí se encontrarán, y aquel de Rascia</p>
<p>que mal ha visto el cuño de Venecia. 141</p>
<p>¡Dichosa Hungría, si es que no se deja 142</p>
<p>mal conducir! ¡y dichosa Navarra,</p>
<p>si se armase del monte que la cerca! 144</p>
<p>Y creer se debiera como muestra 145</p>
<p>de esto, que Nicosia y Famagusta</p>
<p>se reprueban y duelen de su bestia, 147</p>
<p>que del lado de aquéllas no se aparta. 148</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_87">
</cite>
CANTO XX</p>
</title>
<p>Cuando aquel que da luz al mundo entero 1</p>
<p>del hemisferio nuestro así desciende</p>
<p>que el día en todas partes se consuma, 3</p>
<p>el cielo, que aquél solo iluminaba,</p>
<p>súbitamente vuelve a hacerse claro,</p>
<p>con muchas luces, que a una reflejan. 6</p>
<p>Recordé este fenómeno celeste,</p>
<p>cuando calló aquel símbolo del mundo</p>
<p>y de sus jefes su bendito pico; 9</p>
<p>pues que todas aquellas vivas luces</p>
<p>entonaron, luciendo aún más, cantigas</p>
<p>que se han borrado ya de mi memoria. 12</p>
<p>¡Oh dulce amor que de risa te envuelves,</p>
<p>qué ardiente en esos sistros te mostrabas,</p>
<p>de santos pensamientos inspirados! 15</p>
<p>Cuando las caras y lucientes piedras</p>
<p>de las que vi enjoyado el sexto cielo</p>
<p>sus angélicos sones terminaron, 18</p>
<p>creí escuchar el murmurar de un río</p>
<p>que claro baja de una roca en otra,</p>
<p>mostrando la abundancia de su fuente. 21</p>
<p>Y como el son del cuello de la cítara</p>
<p>toma forma, y así del orificio</p>
<p>de la zampoña por donde entra el viento, 24</p>
<p>de igual manera, sin tardanza alguna,</p>
<p>por el cuello del águila el murmullo</p>
<p>subió, cual si estuviese perforado. 27</p>
<p>Allí se tornó voz, y por el pico</p>
<p>salió en palabras, como lo esperaba</p>
<p>mi corazón, en donde las retuve. 30</p>
<p>"La parte en mí que ve y que al sol resiste 31</p>
<p>siendo águila mortal -me dijo entonces-</p>
<p>ahora debes mirar atentamente, 33</p>
<p>pues de los fuegos que hacen mi figura,</p>
<p>esos por los que brillan mis pupilas,</p>
<p>son los más excelentes de entre todos. 36</p>
<p>Ese que en medio luce como el iris, 37</p>
<p>fue el gran cantor del Espíritu Santo,</p>
<p>que el arca trasladó de pueblo en pueblo: 39</p>
<p>ahora sabe ya el mérito del canto,</p>
<p>en cuanto efecto fue de su deseo,</p>
<p>por el pago que le ha correspondido. 42</p>
<p>De los cinco del arco de mis cejas, 43</p>
<p>quien del pico se encuentra más cercano,</p>
<p>consoló a aquella viuda por su hijo: 45</p>
<p>ahora sabe lo caro que resulta</p>
<p>el no seguir a Cristo, conociendo</p>
<p>esta vida tan dulce y su contraria. 48</p>
<p>Y aquel que sigue en la circunferencia 49</p>
<p>que te digo, en lo más alto del arco,</p>
<p>con penitencias aplazó su muerte: 51</p>
<p>ahora sabe que el juicio sempiterno</p>
<p>no cambia, aun cuando dignas oraciones</p>
<p>de lo de hoy abajo hace mañana. 54</p>
<p>El que sigue, conmigo y con las leyes, 55</p>
<p>bajo buena intención que dio mal fruto,</p>
<p>por ceder al pastor se tornó griego: 57</p>
<p>ahora sabe que el mal que ha derivado</p>
<p>de aquel buen proceder, no le es dañoso</p>
<p>aunque por ello el mundo se destruya. 60</p>
<p>Y aquel que está donde el arco desciende, 61</p>
<p>fue Guillermo, a quien llora aquella tierra</p>
<p>que a Federico y Carlos ahora sufre: 63</p>
<p>ahora sabe en qué modo se enamora</p>
<p>de un justo rey el cielo, y en el brillo</p>
<p>de su semblante así lo manifiesta. 66</p>
<p>¿Quién creería en el mundo en que se yerra 67</p>
<p>que el troyano Rifeo en este arco</p>
<p>fuese la quinta de las santas luces? 69</p>
<p>Ahora ya sabe más de eso que el mundo</p>
<p>no puede ver de la divina gracia,</p>
<p>aunque su vista el fondo no discierna." 72</p>
<p>Como la alondra que vuela en el aire</p>
<p>cantando, y luego calla satisfecha</p>
<p>de la última dulzura que la sacia, 75</p>
<p>tal pareció la imagen del emblema</p>
<p>del eterno poder, a cuyo gusto</p>
<p>todas las cosas adquieren su ser. 78</p>
<p>Y aunque yo con mis dudas casi fuese</p>
<p>cristal con el color que le recubre,</p>
<p>no pude estar callado mucho tiempo, 81</p>
<p>mas por la boca: "¿Qué cosas son éstas?"</p>
<p>me impulsó a echar la fuerza de su peso:</p>
<p>por lo cual vi destellos de alegría. 84</p>
<p>Y luego, con la vista más ardiente,</p>
<p>aquel bendito signo me repuso</p>
<p>para que yo saliera de mi asombro: 87</p>
<p>"Ya veo que estas cosas has creído</p>
<p>pues yo lo digo, mas no ves las causas;</p>
<p>y te están, aun creyéndolas, ocultas. 90</p>
<p>Haces como ése que sabe de nombre</p>
<p>las cosas, pero si otros no le explican</p>
<p>su sustancia, él no puede conocerla. 93</p>
<p>Regnum caelorum sufre la violencia 94</p>
<p>de ardiente amor y de viva esperanza,</p>
<p>que vencen la divina voluntad: 96</p>
<p>no como el hombre al hombre sobrepuja,</p>
<p>mas la vencen pues quiere ser vencida,</p>
<p>y con su amor, así vencida, vence. 99</p>
<p>La primer alma y quinta de las cejas 100</p>
<p>ha causado tu asombro, pues las ves</p>
<p>pintando las angélicas regiones. 102</p>
<p>No dejaron sus cuerpos, como piensas,</p>
<p>gentiles, mas cristianos, con fe firme</p>
<p>en los pies por clavar o ya clavados. 105</p>
<p>Pues una del infierno, donde nunca</p>
<p>se vuelve al buen querer, tornó a los huesos;</p>
<p>y esto fue en premio de esperanza viva: 108</p>
<p>de una viva esperanza que dio fuerzas</p>
<p>a la súplica a Dios de revivirle,</p>
<p>para poder corregir su deseo. 111</p>
<p>El alma gloriosa de que hablo,</p>
<p>vuelta a la carne, en la que estuvo un poco,</p>
<p>creyó en aquel que podía ayudarla; 114</p>
<p>y creyendo encendióse en tanto fuego</p>
<p>de verdadero amor, que en su segunda</p>
<p>muerte, fue digna de estas alegrías. 117</p>
<p>La otra, por gracia que de tan profunda</p>
<p>fuente destila, que nadie ha podido</p>
<p>ver su vena primera con los ojos, 120</p>
<p>puso todo su amor en la justicia:</p>
<p>y así, pues, Dios le abrió, de gracia en gracia</p>
<p>la vista a la futura redención; 123</p>
<p>y él en ella creyó, y no toleraba</p>
<p>la peste de su antiguo paganismo;</p>
<p>y reprendía a las gentes perversas. 126</p>
<p>Las tres mujeres que viste en la rueda 127</p>
<p>derecha le sirvieron de bautismo,</p>
<p>antes del bautizar más de un milenio. 129</p>
<p>¡Oh predestinación, cuán alejada</p>
<p>se encuentra tu raíz de aquellos ojos</p>
<p>que la causa primera no ven tota! 132</p>
<p>Y vosotros mortales, sed prudentes</p>
<p>juzgando: pues nosotros, que a Dios vemos,</p>
<p>aún no sabemos todos los que elige; 135</p>
<p>y nos es dulce ignorar estas cosas,</p>
<p>y nuestro bien en este bien se afina,</p>
<p>pues lo que Dios desea, deseamos." 138</p>
<p>Por la divina imagen de este modo,</p>
<p>para aclarar mi vista tan escasa,</p>
<p>me fue dada suave medicina. 141</p>
<p>Y como a un buen cantor buen citarista</p>
<p>hace seguir el pulso de las cuerdas,</p>
<p>por lo que aún más placer adquiere el canto, 144</p>
<p>así, mientras hablaba, yo recuerdo</p>
<p>que vi a los dos benditos resplandores,</p>
<p>igual que el parpadeo se concuerda,</p>
<p>llamear al compás de las palabras. 147</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_88">
</cite>
CANTO XXI</p>
</title>
<p>Volví a fijar mis ojos en el rostro</p>
<p>de mi dama, y mi espíritu con ellos,</p>
<p>de cualquier otro asunto retirado. 3</p>
<p>No se reía; mas "Si me riese</p>
<p>- dijo- te ocurriría como cuando</p>
<p>fue Semele en cenizas convertida: 6</p>
<p>pues mi belleza, que en los escalones</p>
<p>del eterno palacio más se acrece,</p>
<p>como has podido ver, cuanto más sube, 9</p>
<p>si no la templo, tanto brillaría</p>
<p>que tu fuerza mortal, a sus fulgores,</p>
<p>rama sería que el rayo desgaja. 12</p>
<p>Al séptimo esplendor hemos subido, 13</p>
<p>que bajo el pecho del León ardiente</p>
<p>con él irradia abajo su potencia. 15</p>
<p>Fija tu mente en pos de tu mirada,</p>
<p>y haz de aquélla un espejo a la figura</p>
<p>que te ha de aparecer en este espejo." 18</p>
<p>Quien supiese cuál era la delicia</p>
<p>de mi vista mirando el santo rostro,</p>
<p>al poner mi atención en otro asunto, 21</p>
<p>sabría de qué forma me era grato</p>
<p>obedecer a rrú celeste escolta,</p>
<p>si un placer con el otro parangono. 24</p>
<p>En el cristal que tiene como nombre,</p>
<p>rodeando el mundo, el de su rey querido</p>
<p>bajo el que estuvo muerta la malicia, 27</p>
<p>de color de oro que el rayo refleja</p>
<p>contemplé una escalera que subía</p>
<p>tanto, que no alcanzaba con la vista. 30</p>
<p>Vi también que bajaba los peldaños</p>
<p>tanto fulgor, que pensé que la luz 32</p>
<p>toda del cielo allí se difundiera. 33</p>
<p>Y como, por su natural costumbre,</p>
<p>juntos los grajos, al romper del día,</p>
<p>se mueven calentando su plumaje; 36</p>
<p>después unos se van y ya no vuelven;</p>
<p>otros toman al sitio que dejaron,</p>
<p>y los demás se quedan dando vueltas; 39</p>
<p>me parecio que igual aconteciese</p>
<p>en aquel destellar que junto vino,</p>
<p>al llegar y pararse en cierto tramo. 42</p>
<p>Y aquel que más cercano se detuvo, 43</p>
<p>era tan luminoso, que me dije:</p>
<p>"Bien conozco el amor que me demuestras. 45</p>
<p>Mas aquella en que espero el cómo y cuándo</p>
<p>callar o hablar, estáse quieta; y yo</p>
<p>bien hago y, aunque quiero, no pregunto." 48</p>
<p>Por lo cual ella, viendo en mi silencio,</p>
<p>con el ver de quien puede verlo todo,</p>
<p>me dijo: "Aplaca tu ardiente deseo." 51</p>
<p>Y yo comencé así. "Mis propios méritos</p>
<p>de tu respuesta digno no me hacen;</p>
<p>mas por aquella que hablar me permite, 54</p>
<p>alma santa que te hallas escondida</p>
<p>dentro de tu alegría, haz que yo sepa</p>
<p>por qué de mí te has puesto tan cercana; 57</p>
<p>y por qué en esta rueda se ha callado</p>
<p>la dulce sinfonía de los cielos,</p>
<p>que tan piadosa en las de abajo suena." 60</p>
<p>"Mortal tienes la vista y el oído,</p>
<p>por eso no se canta aquí -repuso-</p>
<p>al igual que Beatriz no tiene risa. 63</p>
<p>Por la santa escalera he descendido</p>
<p>únicamente para recrearte</p>
<p>con la voz y la luz que me rodea; 66</p>
<p>mayor amor más presta no me hizo, 67</p>
<p>que tanto o más amor hierve allá arriba,</p>
<p>tal como el flamear te manifiesta. 69</p>
<p>Mas la alta caridad, que nos convierte</p>
<p>en siervas de aquel que el mundo gobierna</p>
<p>aquí nos destinó, como estás viendo." 72</p>
<p>"Bien veo, sacra lámpara, que un libre</p>
<p>amor -le dije basta en esta corte</p>
<p>para seguir la eterna providencia; 75</p>
<p>mas no puedo entender tan fácilmente</p>
<p>por qué predestinada sola fuiste</p>
<p>tú a este encargo entre todas las restantes." 78</p>
<p>Aun antes de acabar estas palabras,</p>
<p>hizo la luz un eje de su centro,</p>
<p>dando vueltas veloz como una rueda; 81</p>
<p>luego dijo el amor que estaba dentro:</p>
<p>"Desciende sobre mí la luz divina, 83</p>
<p>en ésta en que me envientro penetrando, 84</p>
<p>la cual virtud, unida a mi intelecto,</p>
<p>tanto me eleva sobre mí, que veo</p>
<p>la suma esencia de la cual procede. 87</p>
<p>De allí viene esta dicha en la que ardo;</p>
<p>puesto que a mi visión, que es ya tan clara,</p>
<p>la claridad de la llama se añade. 90</p>
<p>Pero el alma en el cielo más radiante,</p>
<p>el serafín que más a Dios contempla,</p>
<p>no podrá responder a tu pregunta, 93</p>
<p>porque se oculta tanto en el abismo</p>
<p>del eterno decreto lo que quieres,</p>
<p>que al creado intelecto se le esconde. 96</p>
<p>Y al mundo de los hombres, cuando vuelvas,</p>
<p>contarás esto, a fin que no pretenda</p>
<p>a una tan alta meta dirigirse. 99</p>
<p>La mente, que aquí luce, en tierra humea;</p>
<p>así que piensa cómo allí podrá</p>
<p>lo que no puede aun quien acoge el cielo." 102</p>
<p>Tan terminantes fueron sus palabras</p>
<p>que dejé aquel asunto, y solamente</p>
<p>humilde pregunté por su persona. 105</p>
<p>"Álzanse entre las costas italianas 106</p>
<p>montes no muy lejanos de tu tierra,</p>
<p>tanto que el trueno suena más abajo, 108</p>
<p>y un alto forman que se llama Catria,</p>
<p>bajo el cual hay un yermo consagrado</p>
<p>para adorar dispuesto únicamente." 111</p>
<p>Por vez tercera dijo de este modo;</p>
<p>y, siguiendo, después me dijo: "Allí</p>
<p>tan firme servidor de Dios me hice, 114</p>
<p>que sólo con verduras aliñadas</p>
<p>soportaba los fríos y calores,</p>
<p>alegre en el pensar contemplativo. 117</p>
<p>Dar solía a estos cielos aquel claustro</p>
<p>muchos frutos; mas ahora está vacío,</p>
<p>y pronto se pondrá de manifiesto. 120</p>
<p>Yo fui Pedro Damián en aquel sitio,</p>
<p>y Pedro Pecador en la morada</p>
<p>de nuestra Reina junto al mar Adriático. 123</p>
<p>Cuando ya me quedaba poca vida,</p>
<p>a la fuerza me dieron el capelo, 125</p>
<p>que de malo a peor ya se transmite. 126</p>
<p>Vino Cefas y vino el Santo Vaso 127</p>
<p>del Espíritu, flacos y descalzos,</p>
<p>tomando en cualquier sitio la comida. 129</p>
<p>Los modernos pastores ahora quieren 130</p>
<p>que les alcen la cola y que les lleven,</p>
<p>tan gordos son, sujetos a los lados. 132</p>
<p>Con mantos cubren sus cabalgaduras,</p>
<p>tal que bajo una piel marchan dos bestias:</p>
<p>¡Oh paciencia que tanto soportas! 135</p>
<p>Al decir esto vi de grada en grada</p>
<p>muchas llamas bajando y dando vueltas,</p>
<p>y a cada giro estaban más hermosas. 138</p>
<p>Se detuvieron al lado de ésta,</p>
<p>y prorrumpieron en clamor tan alto,</p>
<p>que aquí nada podría asemejarse; 141</p>
<p>ni yo lo oí; tan grande fue aquel trueno.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_89">
</cite>
CANTO XXII</p>
</title>
<p>Presa del estupor, hacia mi guía</p>
<p>me volví, como el niño que se acoge</p>
<p>siempre en aquella en que más se confía; 3</p>
<p>y aquélla, como madre que socorre</p>
<p>rápido al hijo pálido y ansioso</p>
<p>con esa voz que suele confortarlo, 6</p>
<p>dijo: "¿No sabes que estás en el cielo?</p>
<p>y ¿no sabes que el cielo es todo él santo,</p>
<p>y de buen celo viene lo que hacemos? 9</p>
<p>Cómo te habría el canto trastornado, 10</p>
<p>y mi sonrisa, puedes ver ahora,</p>
<p>puesto que tanto el gritar te conmueve; 12</p>
<p>y si hubieses su ruego comprendido, 13</p>
<p>en él conocerías la venganza</p>
<p>que podrás ver aún antes de que mueras. 15</p>
<p>La espada de aquí arriba ni deprisa 16</p>
<p>ni tarde corta, y sólo lo parece</p>
<p>a quien teme o desea su llegada. 18</p>
<p>Mas dirígete ahora hacia otro lado;</p>
<p>que verás muchas almas excelentes,</p>
<p>si vuelves la mirada como digo." 21</p>
<p>Como ella me indicó, volví los ojos,</p>
<p>y vi cien esferitas, que se hacían</p>
<p>aún más hermosas con sus mutuos rayos. 24</p>
<p>Yo estaba como aquel que se reprime</p>
<p>la punta del deseo, y no se atreve</p>
<p>a preguntar, porque teme excederse; 27</p>
<p>y la mayor y la más encendida</p>
<p>de aquellas perlas vino hacia adelante,</p>
<p>para dejar satisfechas mis ganas. 30</p>
<p>Dentro de ella escuché luego: "Si vieses 31</p>
<p>la caridad que entre nosotras arde,</p>
<p>lo que piensas habrías expresado. 33</p>
<p>Mas para que, esperando, no demores</p>
<p>el alto fin, habré de responderte</p>
<p>al pensamiento sólo que así guardas. 36</p>
<p>El monte en cuya falda está Cassino 37</p>
<p>estuvo ya en su cima frecuentado</p>
<p>por la gente engañada y mal dispuesta; 39</p>
<p>y yo soy quien primero llevó arriba</p>
<p>el nombre de quien trajo hasta la tierra</p>
<p>esta verdad que tanto nos ensalza; 42</p>
<p>y brilló tanta gracia sobre mí,</p>
<p>que retraje a los pueblos circundantes</p>
<p>del culto impío que sedujo al mundo. 45</p>
<p>Los otros fuegos fueron todos hombres</p>
<p>contemplativos, de ese ardor quemados</p>
<p>del que flores y frutos santos nacen. 48</p>
<p>Está Macario aquí, y está Romualdo, 49</p>
<p>y aquí están mis hermanos que en los claustros</p>
<p>detuvieron sus almas sosegadas. 51</p>
<p>Y yo a él: "El afecto que al hablarme</p>
<p>demuestras y el benévolo semblante</p>
<p>que en todos vuestros fuegos veo y noto, 54</p>
<p>de igual modo acrecientan mi confianza,</p>
<p>como hace al sol la rosa cuando se abre</p>
<p>tanto como permite su potencia. 57</p>
<p>Te ruego pues, y tú, padre, concédeme</p>
<p>si merezco gracia semejante,</p>
<p>que pueda ver tu imagen descubierta." 60</p>
<p>Y aquél: "Hermano, tu alto deseo 61</p>
<p>ha de cumplirse allí en la última esfera,</p>
<p>donde se cumplirán todos y el mío. 63</p>
<p>Allí perfectos, maduros y enteros</p>
<p>son los deseos todos; sólo en ella</p>
<p>cada parte está siempre donde estaba, 66</p>
<p>pues no tiene lugar, ni tiene polos,</p>
<p>y hasta aquella conduce esta escalera,</p>
<p>por lo cual se te borra de la vista. 69</p>
<p>Hasta allá arriba contempló el patriarca</p>
<p>Jacob que ella alcanzaba con su extremo,</p>
<p>cuando la vio de ángeles colmada. 72</p>
<p>Mas, por subirla, nadie aparta ahora 73</p>
<p>de la tierra los pies, y se ha quedado</p>
<p>mi regla para gasto de papel. 75</p>
<p>Los muros que eran antes abadías</p>
<p>espeluncas se han hecho, y las cogullas</p>
<p>de mala harina son talegos llenos. 78</p>
<p>Pero la usura tanto no se alza 79</p>
<p>contra el placer de Dios, cuanto aquel fruto</p>
<p>que hace tan loco el pecho de los monjes; 81</p>
<p>que aquello que la Iglesia guarda, todo</p>
<p>es de la gente que por Dios lo pierde;</p>
<p>no de parientes ni otros más indignos. 84</p>
<p>Es tan blanda la carne en los mortales,</p>
<p>que allá abajo no basta un buen principio</p>
<p>para que den bellotas las encinas. 87</p>
<p>Sin el oro y la plata empezó Pedro,</p>
<p>y con ayunos yo y con oraciones,</p>
<p>y su orden Francisco humildemente; 90</p>
<p>y si el principio ves de cada uno,</p>
<p>y miras luego el sitio al que han llegado,</p>
<p>podrás ver que del blanco han hecho negro. 93</p>
<p>En verdad el Jordán retrocediendo, 94</p>
<p>más fue, y el mar huyendo, al Dios mandarlo,</p>
<p>admirable de ver, que aquí el remedio." 96</p>
<p>Así me dijo, y luego fue a reunirse</p>
<p>con su grupo, y el grupo se juntó;</p>
<p>después, como un turbión, voló hacia arriba. 99</p>
<p>Mi dulce dama me impulsó tras ellos</p>
<p>por la escalera sólo con un gesto,</p>
<p>venciendo su virtud a mi natura; 102</p>
<p>y nunca aquí donde se baja y sube</p>
<p>por medios naturales, hubo un vuelo</p>
<p>tan raudo que a mis alas se igualase. 105</p>
<p>Así vuelva, lector, a aquel devoto</p>
<p>triunfo por el cual lloro con frecuencia</p>
<p>mis pecados y el pecho me golpeo, 108</p>
<p>puesto y quitado en tanto tú no habrías</p>
<p>del fuego el dedo, en cuanto vi aquel signo</p>
<p>que al Toro sigue y dentro de él estuve. 111</p>
<p>Oh gloriosas estrellas, luz preñada</p>
<p>de gran poder, al cual yo reconozco</p>
<p>todo, cual sea, que mi ingenio debo, 114</p>
<p>nacía y se escondía con vosotras</p>
<p>de la vida mortal el padre, cuando</p>
<p>sentí primero el aire de Toscana; 117</p>
<p>y luego, al otorgarme la merced</p>
<p>de entrar en la alta esfera en que girais,</p>
<p>vuestra misma region me cupo en suerte. 120</p>
<p>Con devoción mi alma ahora os suspira,</p>
<p>para adquirir la fuerza suficiente</p>
<p>en este fuerte paso que la espera. 123</p>
<p>"Ya de la salvación están tan cerca</p>
<p>- me dijo Beatriz- que deberías</p>
<p>tener los ojos claros y aguzados; 126</p>
<p>por lo tanto, antes que tú más te enelles,</p>
<p>vuelve hacia abajo, y mira cuántos mundos</p>
<p>debajo de tus pies ya he colocado; 129</p>
<p>tal que tu corazón, gozoso cuanto</p>
<p>pueda, ante las legiones se presente</p>
<p>que alegres van por el redondo éter." 132</p>
<p>Recorrí con la vista aquellas siete</p>
<p>esferas, y este globo vi en tal forma</p>
<p>que su vil apariencia me dio risa; 135</p>
<p>y por mejor el parecer apruebo 136</p>
<p>que lo tiene por menos; y el que piensa</p>
<p>en el otro, de cierto es virtuoso. 138</p>
<p>Vi encendida a la hija de Latona 139</p>
<p>sin esa sombra que me dio motivo</p>
<p>de que rara o que densa la creyera. 141</p>
<p>El rostro de tu hijo, Hiperïón, 142</p>
<p>aquí afronté, y vi cómo se mueven,</p>
<p>cerca y en su redor Maya y Dïone. 144</p>
<p>Y se me apareció el templar de Júpiter 145</p>
<p>entre el padre y el hijo: y vi allí claro</p>
<p>las variaciones que hacen de lugares; 147</p>
<p>y de todos los siete puede ver</p>
<p>cuán grandes son, y cuánto son veloces,</p>
<p>y la distancia que existe entre ellos. 150</p>
<p>La era que nos hace tan feroces, 151</p>
<p>mientras con los Gemelos yo giraba,</p>
<p>vi con sus montes y sus mares; luego 153</p>
<p>volví mis ojos a los ojos bellos.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_90">
</cite>
CANTO XXIII</p>
</title>
<p>Igual que el ave, entre la amada fronda,</p>
<p>que reposa en el nido entre sus dulces</p>
<p>hijos, la noche que las cosas vela, 3</p>
<p>que, por ver los objetos deseados</p>
<p>y encontrar alimento que les nutra</p>
<p>- una dura labor que no disgusta-, 6</p>
<p>al tiempo se adelanta en el follaje,</p>
<p>y con ardiente afecto al sol espera,</p>
<p>mirando fijo a donde nace el alba; 9</p>
<p>así erguida se hallaba mi señora</p>
<p>y atenta, dirigiéndose hacia el sitio</p>
<p>bajo el que el sol camina más despacio: 12</p>
<p>y viéndola suspensa, ensimismada,</p>
<p>me puse como aquel que deseando</p>
<p>algo que quiere, se calma en la espera. 15</p>
<p>Mas poco fue del uno al otro instante</p>
<p>de que esperara, digo, y de que viera</p>
<p>que el cielo más y más resplandecía; 18</p>
<p>Y Beatriz dijo: "¡Mira las legiones</p>
<p>del tyiunfo de Cristo y todo el fruto</p>
<p>que recoge el girar de estas esferas!" 21</p>
<p>Pareció que le ardiera todo el rostro,</p>
<p>y tanta dicha llenaba sus ojos,</p>
<p>que es mejor que prosiga sin decirlo. 24</p>
<p>Igual que en los serenos plenilunios</p>
<p>con las eternas ninfas Trivia ríe 26</p>
<p>que coloran el cielo en todas partes, 27</p>
<p>vi sobre innumerables luminarias</p>
<p>un sol que a todas ellas encendía,</p>
<p>igual que el nuestro a las altas estrellas; 30</p>
<p>y por la viva luz transparecía</p>
<p>la luciente sustancia, tan radiante</p>
<p>a mi vista, que no la soportaba. 33</p>
<p>¡Oh Beatriz, mi guía dulce y cara!</p>
<p>Ella me dijo: "Aquello que te vence</p>
<p>es virtud que ninguno la resiste. 36</p>
<p>Allí están el poder y la sapiencia 37</p>
<p>que abrieron el camino entre la tierra</p>
<p>y el cielo, tanto tiempo deseado." 39</p>
<p>Cual fuego de la nube se desprende</p>
<p>por tanto dilatarse que no cabe,</p>
<p>y contra su natura cae a tierra, 42</p>
<p>mi mente así, después de aquel manjar,</p>
<p>hecha más grande salió de sí misma,</p>
<p>y recordar no sabe qué se hizo. 45</p>
<p>"Los ojos abre y mira cómo soy;</p>
<p>has contemplado cosas, que te han hecho</p>
<p>capaz de sostenerme la sonrisa." 48</p>
<p>Yo estaba como aquel que se resiente</p>
<p>de una visión que olvida y que se ingenia</p>
<p>en vano a que le vuelva a la memoria, 51</p>
<p>cuando escuché esta invitación, tan digna</p>
<p>de gratitud, que nunca ha de borrarse</p>
<p>del libro en que el pasado se consigna. 54</p>
<p>Si ahora sonasen todas esas lenguas 55</p>
<p>que hicieron Polimnía y sus hermanas</p>
<p>de su leche dulcísima más llenas, 57</p>
<p>en mi ayuda, ni un ápice dirían</p>
<p>de la verdad, cantando la sonrisa</p>
<p>santa y cuánto alumbraba al santo rostro. 60</p>
<p>Y así al representar el Paraíso,</p>
<p>debe saltar el sagrado poema,</p>
<p>como el que halla cortado su camino. 63</p>
<p>Mas quien considerase el arduo tema</p>
<p>y los humanos hombros que lo cargan,</p>
<p>que no censure si tiembla debajo: 66</p>
<p>no es derrotero de barca pequeña</p>
<p>el que surca la proa temeraria,</p>
<p>ni para un timonel que no se exponga. 69</p>
<p>"¿Por qué mi rostro te enamora tanto,</p>
<p>que al hermoso jardín no te diriges</p>
<p>que se enflorece a los rayos de Cristo? 72</p>
<p>Este es la rosa en que el verbo divino 73</p>
<p>carne se hizo, están aquí los lirios 74</p>
<p>con cuyo olor se sigue el buen sendero." 75</p>
<p>Así Beatriz; y yo, que a sus consejos</p>
<p>estaba pronto, me entregué de nuevo</p>
<p>a la batalla de mis pobres ojos. 78</p>
<p>Como a un rayo de sol, que puro escapa</p>
<p>desgarrando una nube, ya un florido</p>
<p>prado mis ojos, en la sombra, vieron; 81</p>
<p>vi así una muchedumbre de esplendores,</p>
<p>desde arriba encendidos por ardientes</p>
<p>rayos, sin ver de dónde procedían. 84</p>
<p>¡Oh, benigna virtud que así los colmas,</p>
<p>para darme ocasión a que te viesen</p>
<p>mis impotentes ojos, te elevaste! 87</p>
<p>El nombre de la flor que siempre invoco 88</p>
<p>mañana y noche, me empujó del todo</p>
<p>a la contemplación del mayor fuego; 90</p>
<p>y cuando reflejaron mis dos ojos</p>
<p>el cuál y el cuánto de la viva estrella</p>
<p>que vence arriba como vence abajo, 93</p>
<p>por entre el cielo descendió una llama</p>
<p>que en círculo formaba una corona</p>
<p>y la ciñó y dio vueltas sobre ella. 96</p>
<p>Cualquier canción que tenga más dulzura</p>
<p>aquí abajo y que más atraiga al alma,</p>
<p>semeja rota nube que tronase, 99</p>
<p>si al son de aquella lira lo comparo</p>
<p>que al hermoso zafiro coronaba</p>
<p>del que el más claro cielo se enzafira. 102</p>
<p>"Soy el amor angélico, que esparzo</p>
<p>la alta alegría que nace del vientre</p>
<p>que fue el albergue de nuestro deseo; 105</p>
<p>y así lo haré, reina del cielo, mientras</p>
<p>sigas tras de tu hijo, y hagas santa</p>
<p>la esfera soberana en donde habitas." 108</p>
<p>Así la melodía circular</p>
<p>decía, y las restantes luminarias</p>
<p>repetían el nombre de María. 111</p>
<p>El real manto de todas las esferas</p>
<p>del mundo, que más hierve y más se aviva</p>
<p>al aliento de Dios y a sus mandatos, 114</p>
<p>tan encima tenía de nosotros</p>
<p>el interno confín, que su apariencia</p>
<p>desde el sitio en que estaba aún no veía: 117</p>
<p>y por ello mis ojos no pudieron</p>
<p>seguir tras de esa llama coronada</p>
<p>que se elevó a la par que su simiente. 120</p>
<p>Y como el chiquitín hacia la madre</p>
<p>alarga, luego de mamar, los brazos</p>
<p>por el amor que afuera se le inflama, 123</p>
<p>los fulgc»res arriba se extendieron</p>
<p>con sus penachos, tal que el alto afecto</p>
<p>que a María tenían me mostraron. 126</p>
<p>Permanecieron luego ante mis ojos</p>
<p>Regina caeli, cantando tan dulce</p>
<p>que el deleite de mí no se partía. 129</p>
<p>¡Ah, cuánta es la abundancia que se encierra</p>
<p>en las arcas riquísimas que fueron</p>
<p>tan buenas sembradoras aquí abajo! 132</p>
<p>Allí se vive y goza del tesoro</p>
<p>conseguido llorando en el destierro</p>
<p>babilonio, en que el oro desdeñaron. 135</p>
<p>Allí trïunfa, bajo el alto Hijo</p>
<p>de María y de Dios, de su victoria,</p>
<p>con el antiguo y el nuevo concilio 138</p>
<p>el que las llaves de esa gloria guarda. 139</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_91">
</cite>
CANTO XXIV</p>
</title>
<p>"Oh compañía electa a la gran cena</p>
<p>del bendito Cordero, el cual os nutre</p>
<p>de modo que dais siempre saciadas, 3</p>
<p>si por gracia de Dios éste disfruta</p>
<p>de aquello que se cae de vuestra mesa,</p>
<p>antes de que la muerte el tiempo agote, 6</p>
<p>estar atentos a su gran deseo</p>
<p>y refrescarle un poco: pues bebéis</p>
<p>de la fuente en que mana lo que él piensa." 9</p>
<p>Así Beatriz; y las gozosas almas</p>
<p>se hicieron una esfera en polos fijos,</p>
<p>llameando, al igual que los cometas. 12</p>
<p>Y cual giran las ruedas de un reloj</p>
<p>así que, a quien lo mira, la primera</p>
<p>parece quieta, y la última que vuela; 15</p>
<p>así aquellas coronas, diferente-</p>
<p>mente danzando, lentas o veloces,</p>
<p>me hacían apreciar sus excelencias. 18</p>
<p>De aquella que noté más apreciada 19</p>
<p>vi que salía un fuego tan dichoso,</p>
<p>que de más claridad no hubo ninguno; 21</p>
<p>y tres veces en torno de Beatriz</p>
<p>dio vueltas con un canto tan divino,</p>
<p>que mi imaginación no lo repite. 24</p>
<p>Y así salta mi pluma y no lo escribo:</p>
<p>pues la imaginativa, a tales pliegues,</p>
<p>no ya el lenguaje, tiene un color burdo. 27</p>
<p>"¡Oh Santa hermana mía que nos ruegas</p>
<p>devota, por tu afecto tan ardiente</p>
<p>me he separado de esa hermosa esfera." 30</p>
<p>Tras detenerse, aquel bendito fuego,</p>
<p>dirigió a mi señora sus palabras,</p>
<p>que hablaron en la forma que ya he dicho. 33</p>
<p>Y ella: "Oh luz sempiterna del gran hombre</p>
<p>a quien Nuestro Señor dejó las llaves,</p>
<p>que él llevó abajo, de esta ingente dicha, 36</p>
<p>sobre cuestiones serias o menudas,</p>
<p>a éste examina en torno de esa fe,</p>
<p>por lo cual sobre el mar tú caminaste. 39</p>
<p>Si él ama bien, y bien cree y bien espera,</p>
<p>no se te oculta, pues la vista tienes</p>
<p>donde se ve cualquier cosa pintada, 42</p>
<p>pero como este reino ha hecho vasallos</p>
<p>por la fe verdadera, es oportuno</p>
<p>que la gloríe más, hablando de ella." 45</p>
<p>Tal como el bachiller se arma y no habla 46</p>
<p>hasta que hace el maestro la pregunta,</p>
<p>argumentando, mas sin definirla, 48</p>
<p>yo me armaba con todas mis razones,</p>
<p>mientras ella le hablaba, preparado</p>
<p>a tal cuestionador y a tal examen. 51</p>
<p>"Di, buen cristiano, y hazlo sin rodeos:</p>
<p>¿qué es la fe?" Por lo cual alcé la frente</p>
<p>hacia la luz que dijo estas palabras; 54</p>
<p>luego volví a Beatriz, y aquella un presto</p>
<p>signo me hizo de que derramase</p>
<p>afuera el agua de mi fuente interna. 57</p>
<p>"La gracia que me otorga el confesarme</p>
<p>- le dije con el alto primopilo, 59</p>
<p>haga que bien exprese mis conceptos." 60</p>
<p>Y luego: "Cual la pluma verdadera</p>
<p>lo escribió, padre, de tu caro hermano</p>
<p>que contigo fue guía para Roma, 63</p>
<p>fe es la sustancia de lo que esperamos, 64</p>
<p>y el argumento de las invisibles;</p>
<p>pienso que ésta es su esencia verdadera." 66</p>
<p>Entonces escuché: "Bien lo has pensado,</p>
<p>si comprendes por qué entre las sustancias,</p>
<p>luego en los argumentos la coloca." 69</p>
<p>Y respondí: "Las cosas tan profundas</p>
<p>que aquí me han ofrecido su apariencia,</p>
<p>están a los de abajo tan ocultas, 72</p>
<p>que sólo está su ser en la creencia,</p>
<p>sobre la cual se funda la esperanza;</p>
<p>y por ello sustancia la llamamos. 75</p>
<p>Y de esto que creemos es preciso</p>
<p>silogizar, sin más pruebas visibles:</p>
<p>por ello la llamamos argumento." 78</p>
<p>Escuché entonces: "Si cuanto se adquiere</p>
<p>por la doctrina abajo, así entendierais,</p>
<p>no cabría el ingenio del sofista." 81</p>
<p>Así me dijo aquel amor ardiente;</p>
<p>luego añadió: "Muy bien has sopesado 83</p>
<p>el peso y la aleación de esta moneda; 84</p>
<p>mas dime si la llevas en la bolsa."</p>
<p>"Sí -dije, y tan brillante y tan redonda,</p>
<p>que en su cuño no cabe duda alguna." 87</p>
<p>Luego salió de la luz tan profunda</p>
<p>que allí brillaba: "Esta preciosa gema</p>
<p>que de toda virtud es fundamento, 90</p>
<p>¿de dónde te ha venido?" Y yo: "Es la lluvia</p>
<p>del Espíritu Santo, difundida</p>
<p>sobre viejos y nuevos pergaminos, 93</p>
<p>el silogismo que esto me confirma</p>
<p>con agudeza tal, que frente a ella</p>
<p>cualquier demostración parece obtusa." 96</p>
<p>Y después escuché: "¿La antigua y nueva</p>
<p>proposición que así te han convencido</p>
<p>por qué las tienes por habla divina?" 99</p>
<p>Y yo: "Me lo confirman esas obras</p>
<p>que las siguieron, a las que natura</p>
<p>ni bate el yunque ni calienta el hierro." 102</p>
<p>"Dime -me respondió- ¿quién te confirma</p>
<p>que hubiera aquellas obras? Pues el mismo</p>
<p>que lo quiere probar, sin más, lo jura." 105</p>
<p>Si el mundo al cristianismo se ha inclinado, 106</p>
<p>- le dije sin milagros, esto es uno</p>
<p>aún cien veces más grande que los otros: 108</p>
<p>pues tú empezaste pobre y en ayunas</p>
<p>en el campo a sembrar la planta buena</p>
<p>que fue antes vid y que ahora se ha hecho zarza." 111</p>
<p>Esto acabado, la alta y santa corte</p>
<p>cantó por las esferas: "Dio Laudamo"</p>
<p>con esas notas que arriba se cantan. 114</p>
<p>Y aquel varón que así de rama en rama,</p>
<p>examinando, me había llevado,</p>
<p>cerca ya de los últimos frondajes, 117</p>
<p>volvió a decir: "La Gracia que enamora</p>
<p>tu mente, ha hecho que abrieras la boca</p>
<p>hasta aquí como abrirse convenía, 120</p>
<p>de tal forma que apruebo lo que has dicho;</p>
<p>mas explicar qué crees debes ahora,</p>
<p>y de dónde te vino la creencia." 123</p>
<p>"Santo padre, y espíritu que ves</p>
<p>aquello en que creíste, de tal modo,</p>
<p>que al más joven venciste hacia el sepulcro, 126</p>
<p>tú quieres -comencé- que manifieste</p>
<p>aquí la forma de mi fe tan presta,</p>
<p>y también su motivo preguntaste. 129</p>
<p>Y te respondo: creo en un Dios solo</p>
<p>y eterno, que los cielos todos mueve</p>
<p>inmóvil, con amor y con deseo; 132</p>
<p>y a tal creer no tengo sólo prueba</p>
<p>física o metafísica, también</p>
<p>me la da la verdad, que aquí nos llueve 135</p>
<p>por Moisés, por profetas y por salmos,</p>
<p>y por el Evangelio y por vosotros</p>
<p>que con ardiente espíritu escribisteis; 138</p>
<p>y creo en tres personas sempiternas,</p>
<p>y en una esencia que es tan una y trina,</p>
<p>que el "son" y el "es" admite a un mismo tiempo. 141</p>
<p>Con la profunda condición divina</p>
<p>que ahora toco, la mente me ha sellado</p>
<p>la doctrina evangélica a menudo. 144</p>
<p>Aquí comienza todo, esta es la chispa</p>
<p>que en vivaz llama luego se dilata,</p>
<p>y brilla en mí cual en el cielo estrella." 147</p>
<p>Como el señor que escucha algo agradable,</p>
<p>después abraza al siervo, complacido</p>
<p>por la noticia, cuando aquél se calla; 150</p>
<p>de este modo, cantando, me bendijo,</p>
<p>ciñéndome tres veces al callarme,</p>
<p>la apostólica luz, que me hizo hablar: 153</p>
<p>¡tanto le complacieron mis palabras!</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_92">
</cite>
CANTO XXV</p>
</title>
<p>Si sucediera que el sacro poema 1</p>
<p>en quien pusieron mano tierra y cielo,</p>
<p>y me ha hecho enflaquecer por muchos años, 3</p>
<p>venciera la crueldad que me ha exiliado</p>
<p>del bello aprisco en el que fui cordero,</p>
<p>de los hostiles lobos enemigo; 6</p>
<p>con otra voz entonces y cabellos,</p>
<p>poeta volveré, y sobre la fuente</p>
<p>de mi bautismo habrán de coronarme; 9</p>
<p>porque en la fe, que hace que conozcan</p>
<p>a Dios las almas, aquí vine, y luego</p>
<p>Pedro mi frente rodeó por ella. 12</p>
<p>Después vino una luz hacia nosotros</p>
<p>de aquella esfera de la que salió</p>
<p>el primer sucesor que dejó Cristo; 15</p>
<p>y mi Señora llena de alegría</p>
<p>me dijo: "Mira, mira ahí al barón</p>
<p>por quien abajo visitan Galicia." 18</p>
<p>Tal como cuando el palomo se pone</p>
<p>junto al amigo, y uno y otro muestra</p>
<p>su amistad, al girar y al arrullarse; 21</p>
<p>así yo vi que el uno al otro grande</p>
<p>príncipe glorïoso recibía,</p>
<p>loando el pasto que allí se apacienta. 24</p>
<p>Mas concluyendo ya los parabienes,</p>
<p>callados coram me se detuvieron, 26</p>
<p>tan ígneos que la vista me vencían. 27</p>
<p>Entonces dijo Beatriz riendo:</p>
<p>"Oh ínclita alma por quien se escribiera</p>
<p>la generosidad de esta basílica, 30</p>
<p>haz que resuene en lo alto la esperanza:</p>
<p>puedes, pues tantas veces la has mostrado, 32</p>
<p>cuantas jesús os prefirió a los tres." 33</p>
<p>"Alza el rostro y sosiega, pues quien viene</p>
<p>desde el mundo mortal hasta aquí arriba,</p>
<p>en nuestros rayos debe madurarse." 36</p>
<p>Este consuelo del fuego segundo</p>
<p>me vino; y yo miré a aquellos dos montes</p>
<p>que me abatieron antes con su peso. 39</p>
<p>"Pues nuestro emperador te ha concedido</p>
<p>que antes de muerto puedas con sus condes</p>
<p>avistarte en la sala más secreta, 42</p>
<p>y viendo la verdad de este palacio,</p>
<p>la esperanza, que abajo os enamora,</p>
<p>a ti y a otros pueda consolaros, 45</p>
<p>dime qué es, y di cómo florece</p>
<p>en tu mente: y de dónde te ha venido."</p>
<p>Así continuó la luz segunda. 48</p>
<p>Y la piadosa que guió las plumas</p>
<p>de mis alas a vuelo tan cimero,</p>
<p>previno de este modo mi respuesta: 51</p>
<p>"La iglesia militante hijo ninguno 52</p>
<p>tiene que más espere, como escrito</p>
<p>está en el sol que alumbra nuestro ejército: 54</p>
<p>por eso le otorgaron que de Egipto</p>
<p>venga a Jerusalén para que vea, 56</p>
<p>antes de concluir en su milicia. 57</p>
<p>Los otros puntos, que no por saber</p>
<p>le preguntaste, mas para que muestre</p>
<p>lo mucho que te place esta virtud, 60</p>
<p>a él se los dejo, pues que son sencillos</p>
<p>y no se jactará; que él os responda,</p>
<p>y esto merezca la divina gracia." 63</p>
<p>Como el alumno que al doctor secunda</p>
<p>pronto y con gusto en eso que es experto,</p>
<p>para que se demuestre su valía. 66</p>
<p>"La esperanza -repuse es cierta espera</p>
<p>de la gloria futura, que produce</p>
<p>la gracia con el mérito adquirido. 69</p>
<p>Muchas estrellas me han dado esta luz; 70</p>
<p>mas quien primero la infundió en mi pecho</p>
<p>fue el supremo cantor del rey supremo. 72</p>
<p>"Que esperen en ti -dice en su divino 73</p>
<p>cántico- los que saben de tu nombre":</p>
<p>¿quién que tenga mi fe no lo conoce? 75</p>
<p>Y con su inspiración tú me inspiraste</p>
<p>con tu carta después; y ahora estoy lleno, 77</p>
<p>y en los otros revierto vuestra lluvia." 78</p>
<p>Dentro del vivo seno, cuando hablaba,</p>
<p>de aquel incendio tremolaba un fuego</p>
<p>raudo y súbito a modo de relámpago. 81</p>
<p>Luego dijo: "El amor en que me inflamo</p>
<p>aún por la virtud que me ha seguido</p>
<p>hasta el fin del combate y el martirio, 84</p>
<p>aún quiere que te hable, pues te gozas</p>
<p>con ella, y me complace que me digas</p>
<p>qué es lo que la esperanza te promete." 87</p>
<p>Y yo: "Los nuevos y los viejos textos</p>
<p>fijan la meta, y esto me lo indica, 89</p>
<p>de quien desea ser de Dios amigo. 90</p>
<p>Dice Isaías que todos vestidos 91</p>
<p>en su patria estarán con dobles vestes:</p>
<p>¿y es que esta dulce vida no es su patria? 93</p>
<p>Y tu hermano de forma aún más patente, 94</p>
<p>al hablar de las blancas vestiduras,</p>
<p>esta revelación nos manifiesta. 96</p>
<p>Y primero, después de estas palabras,</p>
<p>"Sperent in te" se oyó sobre nosotros; 98</p>
<p>y replicaron todos los benditos. 99</p>
<p>Luego tras esto se encendió una luz 100</p>
<p>tal que, si en Cáncer tal fulgor hubiese, 101</p>
<p>sólo un día sería el mes de invierno. 102</p>
<p>Y como se alza y va y entra en el baile</p>
<p>una cándida virgen, para honrar</p>
<p>a la novicia, y no por vanagloria, 105</p>
<p>así vi yo al encendido esplendor</p>
<p>acercarse a los dos que daban vueltas</p>
<p>al ritmo que su ardiente amor marcaba. 108</p>
<p>Se ajustó allí a su canto y a su rueda;</p>
<p>y atenta los miraba mi señora,</p>
<p>como una esposa inmóvil y callada. 111</p>
<p>"Es éste quien yaciera sobre el pecho</p>
<p>de nuestro pelicano, y éste fue 113</p>
<p>desde la cruz propuesto al gran oficio." 114</p>
<p>Dijo así mi señora; mas por esto</p>
<p>su vista no dejó de estar atenta 116</p>
<p>despues como antes de que hubiera hablado. 117</p>
<p>Como es aquel que mira y que pretende</p>
<p>ver eclipsarse el sol por un momento,</p>
<p>y que, por ver, no vidente se vuelve 120</p>
<p>con el último fuego hice lo mismo</p>
<p>hasta que se me dijo: "¿Por qué ciegas</p>
<p>para ver una cosa que no existe? 123</p>
<p>Mi cuerpo es tierra en tierra, y lo será</p>
<p>con todos los demás, hasta que el número</p>
<p>al eterno propósito se iguale. 126</p>
<p>Con las dos vestes en el santo claustro</p>
<p>sólo están las dos luces que ascendieron; 128</p>
<p>y esto habrás de decir en vuestro mundo." 129</p>
<p>Con esta voz el inflamado giro</p>
<p>se detuvo y con él la mezcolanza</p>
<p>que se formaba del sonido triple, 132</p>
<p>como para evitar riesgo o fatiga,</p>
<p>los remos que en el agua golpeaban,</p>
<p>todos se aquietan al sonar de un silbo. 135</p>
<p>¡Qué grande fue mi turbación entonces,</p>
<p>al volverme a Beatriz para mirarla,</p>
<p>y no la pude ver, aunque estuviese 138</p>
<p>en el mundo feliz, y junto a ella!</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_93">
</cite>
CANTO XXVI</p>
</title>
<p>Mientras yo deslumbrado vacilaba,</p>
<p>de la fúlgida llama deslumbrante</p>
<p>salió una voz a la que me hice atento. 3</p>
<p>"En tanto que retorna a ti la vista</p>
<p>que por mirarme -dijo,-- has consumido,</p>
<p>bueno será que hablando la compenses. 6</p>
<p>Empieza pues; y di a dónde diriges 7</p>
<p>tu alma, y date cuenta que tu vista</p>
<p>está en ti desmayada y no difunta: 9</p>
<p>porque la dama que por la sagrada</p>
<p>región te lleva, en la mirada tiene</p>
<p>la virtud de la mano de Ananías." 12</p>
<p>"A su gusto -repuse pronto o tarde</p>
<p>venga el remedio, pues que fueron puertas</p>
<p>que ella cruzó con fuego en que ardo siempre 15</p>
<p>El bien que hace la dicha de esta corte,</p>
<p>es Alfa y es O de cuanta escritura</p>
<p>lee en mí el Amor o fuerte o levemente." 18</p>
<p>Aquella misma voz que los temores</p>
<p>del súbito cegar me hubo quitado,</p>
<p>a que siguiese hablando me animaba; 21</p>
<p>y dijo: "Por aún más angosta criba 22</p>
<p>te conviene cerner; decirnos debes</p>
<p>quién a tal blanco dirigió tu arco." 24</p>
<p>Y yo: "Por filosóficas razones</p>
<p>y por la autoridad que de ellas baja</p>
<p>tal amor ha debido en mí imprimirse: 27</p>
<p>que el bien en cuanto bien, al conocerse, 28</p>
<p>nos enciende el amor, tanto más grande</p>
<p>cuanta mayor bondad en sí retiene. 30</p>
<p>Y así a una esencia que es tan ventajosa,</p>
<p>que todo bien que esté fuera de ella</p>
<p>no es nada más que un brillo de su rayo, 33</p>
<p>más que a otra es preciso que se mueva</p>
<p>la mente, amando, de los que conocen</p>
<p>la verdad que esta prueba fundamenta. 36</p>
<p>Tal verdad demostró a mi entendimiento 37</p>
<p>aquel que me enseñó el amor primero</p>
<p>de todas las sustancias sempiternas. 39</p>
<p>Lo demostró la voz del Creador</p>
<p>que a Moisés dijo hablando de sí mismo:</p>
<p>"Yo haré que veas el poder supremo." 42</p>
<p>Y tú lo demostraste, al comenzar</p>
<p>el alto pregón que grita el arcano</p>
<p>de aquí allá abajo más que cualquier otro. 45</p>
<p>Y escuché: "Por la humana inteligencia 46</p>
<p>y por la autoridad con él concorde,</p>
<p>de tu amor tiende a Dios lo soberano. 48</p>
<p>Mas dime aún si sientes otras cuerdas</p>
<p>que a él te atraigan, de modo que me digas</p>
<p>con cuántos dientes este amor te muerde." 51</p>
<p>No estaba oculta la santa intención</p>
<p>del Águila de Cristo, y me di cuenta</p>
<p>a qué tema quería conducirme. 54</p>
<p>Por eso repliqué: "Cuantos mordiscos</p>
<p>pueden volver a Dios un corazón,</p>
<p>juntos mi caridad han fomentado: 57</p>
<p>que el que yo exista y el que exista el mundo, 58</p>
<p>la muerte que Él sufrió y por la que vivo,</p>
<p>y lo que esperan como yo los fieles, 60</p>
<p>con el conocimiento que antes dije,</p>
<p>me han sacado del mar del falso amor,</p>
<p>y del derecho me han puesto en la orilla. 63</p>
<p>Las frondas que enfrondecen todo el huerto</p>
<p>del eterno hortelano, yo amo tanto,</p>
<p>cuanto es el bien que de Él desciende a ellas." 66</p>
<p>Cuando callé, un dulcísimo canto</p>
<p>resonó por el cielo, y mi señora</p>
<p>"Santo, santo", decía con los otros. 69</p>
<p>Y como ahuyenta el sueño una luz viva,</p>
<p>pues la vista se acerca al resplandor</p>
<p>que atraviesa membrana tras membrana, 72</p>
<p>y al despertado aturde lo que mira,</p>
<p>pues tan torpe es la súbita vigilia</p>
<p>mientras la estimativa no le ayuda; 75</p>
<p>lo mismo de mis ojos cualquier mota</p>
<p>me quitaron los ojos de Beatriz,</p>
<p>con rayos que mil millas refulgían: 78</p>
<p>y vi después mucho mejor que antes;</p>
<p>y casi estupefacto pregunté</p>
<p>por una cuarta luz tras de nosotros. 81</p>
<p>Y mi señora: "Dentro de ese rayo</p>
<p>goza de su hacedor la primer alma</p>
<p>que hubo creado la primer potencia." 84</p>
<p>Como la fronda que inclina su copa</p>
<p>del viento atravesada, y la levanta</p>
<p>por la misma virtud que la endereza, 87</p>
<p>hice yo mientras ella estaba hablando,</p>
<p>asombrado, y después me recobré</p>
<p>con las ganas de hablar en las que ardía. 90</p>
<p>"Oh fruto que maduro únicamente</p>
<p>fuiste creado -dije, antiguo padre</p>
<p>de quien cualquier esposa es hija y nuera, 93</p>
<p>con la más grande devoción te pido</p>
<p>que me hables: advierte mi deseo,</p>
<p>que no lo expreso para oírte antes." 96</p>
<p>Un animal a veces en un saco</p>
<p>se revuelve de modo que sus ansias</p>
<p>se advierten al mirar lo que le cubre; 99</p>
<p>y de igual forma el ánima primera</p>
<p>escondida en su luz manifestaba</p>
<p>cuán gustosa quería complacerme. 102</p>
<p>Y dijo: "Sin que lo hayas proferido,</p>
<p>mejor he comprendido tu deseo</p>
<p>que tú cualquiera cosa verdadera; 105</p>
<p>porque la veo en el veraz espejo</p>
<p>que hace de sí reflejo en otras cosas,</p>
<p>mas las otras en él no se reflejan. 108</p>
<p>Quieres oír cuánto hace que me puso</p>
<p>Dios en el bello Edén, desde donde ésta 110</p>
<p>a tan larga subida te dispuso, 111</p>
<p>y cuánto fue el deleite de mis ojos, 112</p>
<p>y la cierta razón de la gran ira,</p>
<p>y el idioma que usé y que inventé. 114</p>
<p>Ahora, hijo mío, no el probar del árbol</p>
<p>fue en sí misma ocasión de tanto exilio,</p>
<p>mas sólo el que infringiese lo ordenado. 117</p>
<p>Donde tu dama sacara a Virgilio,</p>
<p>cuatro mil y tres cientas y dos vueltas</p>
<p>de sol tuve deseos de este sitio; 120</p>
<p>y le vi que volvía novecientas</p>
<p>treinta veces a todas las estrellas</p>
<p>de su camino, cuando en tierra estaba. 123</p>
<p>La lengua que yo hablaba se extingió</p>
<p>aun antes que a la obra inconsumable</p>
<p>la gente de Nembrot se dedicara: 126</p>
<p>que nunca los efectos racionales,</p>
<p>por el placer humano que los muda</p>
<p>siguiendo al cielo, duran para siempre. 129</p>
<p>Es obra natural que el hombre hable;</p>
<p>pero en el cómo la naturaleza</p>
<p>os deja que sigáis el gusto propio. 132</p>
<p>Antes que yo bajase a los infiernos,</p>
<p>I se llamaba en tierra el bien supremo 134</p>
<p>de quien viene la dicha que me embarga; 135</p>
<p>Y Él después se llamó: y así conviene, 136</p>
<p>que es el humano uso como fronda</p>
<p>en la rama, que cae y que otra brota. 138</p>
<p>En el monte que más del mar se alza,</p>
<p>con vida pura y deshonesta estuve,</p>
<p>desde la hora primera a la que sigue</p>
<p>a la sexta en que el sol cambia el cuadrante." 141</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_94">
</cite>
CANTO XXVII</p>
</title>
<p>".Al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo</p>
<p>- empezó- Gloria" -todo el Paraíso,</p>
<p>de tal modo que el canto me embriagaba. 3</p>
<p>Lo que vi parecía una sonrisa</p>
<p>del universo; y mi embriaguez por esto</p>
<p>me entraba por la vista y el oído. 6</p>
<p>¡Oh inefable alegría! ¡Oh dulce gozo!</p>
<p>¡Oh de amor y de paz vida completa!</p>
<p>¡Oh sin deseo riqueza segura! 9</p>
<p>Delante de mis ojos encendidas</p>
<p>las cuatro antorchas vi, y la que primero</p>
<p>vino, empezó a avivarse de repente, 12</p>
<p>y su aspecto cambió de tal manera,</p>
<p>cual cambiaría jove si él y Marte</p>
<p>cambiaran su plumaje siendo pájaros. 15</p>
<p>La providencia, que allí distribuye</p>
<p>cargas y oficios, al dichoso coro</p>
<p>puesto había silencio en todas partes, 18</p>
<p>cuando escuché: "Si mudo de color</p>
<p>no debes asombrarte, pues a todos</p>
<p>éstos verás cambiarlo mientras hablo. 21</p>
<p>Quien en la tierra mi lugar usurpa, 22</p>
<p>mi lugar, mi lugar que está vacante</p>
<p>en la presencia del Hijo de Dios, 24</p>
<p>en cloaca mi tumba ha convertido</p>
<p>de sangre y podredumbre; así el perverso</p>
<p>que cayó desde aquí, se goza abajo." 27</p>
<p>Del color con que el sol contrario pinta</p>
<p>por la mañana y la tarde las nubes,</p>
<p>entonces vi cubrirse todo el cielo. 30</p>
<p>Y cual mujer honrada que está siempre</p>
<p>segura de sí misma, y culpas de otras,</p>
<p>sólo con escucharlas, ruborizan, 33</p>
<p>así cambió el semblante de Beatriz;</p>
<p>y así creo que el cielo se eclipsara</p>
<p>cuando sufrió la suprema potencia. 36</p>
<p>Luego continuaron sus palabras</p>
<p>con una voz cambiada de tal forma,</p>
<p>que más no había cambiado el semblante: 39</p>
<p>"No fue nutrida la Esposa de Cristo</p>
<p>con mi sangre, de Lino, o la de Cleto, 41</p>
<p>para ser en el logro de oro usada; 42</p>
<p>mas por lograr este vivir gozoso</p>
<p>Sixto y Urbano y Pío y Calixto 44</p>
<p>tras muchos sufrimientos la vertieron. 45</p>
<p>No fue nuestra intención que a la derecha</p>
<p>de nuestros sucesores, se sentara</p>
<p>parte del pueblo, y parte al otro lado; 48</p>
<p>ni que las llaves que me confiaron,</p>
<p>se volvieran escudo en los pendones</p>
<p>que combatieran contra bautizados; 51</p>
<p>ni que yo fuera imagen en los sellos,</p>
<p>de privilegios vendidos y falsos,</p>
<p>que tanto me avergüenzan y me irritan. 54</p>
<p>En traje de pastor lobos rapaces</p>
<p>desde aquí pueden verse prado a prado:</p>
<p>Oh protección divina, ¿por qué duerme? 57</p>
<p>Cahorsinos y Gascones se apresuran 58</p>
<p>a beber nuestra sangre: ¡oh buen principio,</p>
<p>a qué vil fin has venido a parar! 60</p>
<p>Pero la providencia, que de Roma</p>
<p>con Escipión guardar la gloria pudo, 62</p>
<p>pronto nos salvará, según lo pienso; 63</p>
<p>y tú, hijo mío, que a la tierra vuelves</p>
<p>por tu peso mortal, abre la boca,</p>
<p>y tú no escondas lo que yo no escondo." 66</p>
<p>Cual vapores helados nos envía</p>
<p>abajo el aire nuestro, cuando el cuerno</p>
<p>de la cabra del cielo el sol tropieza, 69</p>
<p>así yo vi que el éter adornado</p>
<p>subía despidiendo los vapores</p>
<p>triunfantes, que estuvieron con nosotros. 72</p>
<p>Con mis ojos seguia sus semblantes,</p>
<p>hasta que la distancia, al ser ya mucha,</p>
<p>les impidió seguir detrás de ellos. 75</p>
<p>Por ello mi señora, al verme libre</p>
<p>de mirar hacia arriba, dijo: "Baja</p>
<p>la vista y mira cuánta vuelta has dado." 78</p>
<p>Desde el momento en que mire primero</p>
<p>vi que había corrido todo el arco</p>
<p>que hace del medio al fin el primer clima; 81</p>
<p>viendo, pasado Cádiz, la insensata</p>
<p>ruta de Ulises, y la playa donde</p>
<p>fue dulce carga Europa al otro lado. 84</p>
<p>Y hubiera descubierto aún más lugares</p>
<p>de aquella terrezuela, pero el sol</p>
<p>bajo mis pies distaba más de un signo. 87</p>
<p>La mente enamorada, que requiebra</p>
<p>siempre a mi dama, más que nunca ardía</p>
<p>por dirigir de nuevo a ella mis ojos; 90</p>
<p>y si es el cebo el arte o la natura 91</p>
<p>que atrae los ojos, y la mente atrapan</p>
<p>ya con la carne viva o ya pintada, 93</p>
<p>juntas nada serían comparadas</p>
<p>al divino placer que me alumbró,</p>
<p>al dirigirme a sus ojos rientes. 96</p>
<p>Y el vigor que me dio aquella mirada,</p>
<p>me dio impulso hasta el cielo más veloz</p>
<p>al separarme del nido de Leda. 99</p>
<p>Sus partes mas cercanas o distantes</p>
<p>son tan iguales, que decir no puedo</p>
<p>la que escogió Beatriz para mi entrada. 102</p>
<p>Mas ella que veía mis deseos,</p>
<p>empezó con sonrisa tan alegre,</p>
<p>cual si Dios en su rostro se gozase: 105</p>
<p>"El ser del mundo, que detiene el centro</p>
<p>y hace girar en torno a lo restante,</p>
<p>tiene aquí su principio como meta; 108</p>
<p>y este cielo no tiene más comienzo</p>
<p>que la mente divina, donde prende</p>
<p>la influencia y amor que él llueve y gira. 111</p>
<p>El amor y la luz, a éste rodean 112</p>
<p>como a los otros éste; y solamente</p>
<p>a este círculo entiende quien lo ciñe. 114</p>
<p>Su movimiento no mide con otro,</p>
<p>pero los otros se miden con éste,</p>
<p>cual se divide el diez por dos o cinco; 117</p>
<p>y cómo el tiempo tenga en este vaso</p>
<p>su raíz y en los otros la enramada,</p>
<p>ahora podrás saberlo claramente. 120</p>
<p>¡Oh tú, concupiscencia que en tu seno</p>
<p>los mortales ahogas, sin que puedan</p>
<p>sacar los ojos fuera de tus ondas! 123</p>
<p>La voluntad florece en los humanos;</p>
<p>mas la lluvia constante hace volverse</p>
<p>endrinas las ciruelas verdaderas. 126</p>
<p>La inocencia y la fe sólo en los niños</p>
<p>se encuentran repartidas; luego escapan</p>
<p>antes de que se cubran las mejillas. 129</p>
<p>Tal, aún balbuciente, guarda ayuno,</p>
<p>y luego traga, con la lengua suelta,</p>
<p>cualquier comida bajo cualquier luna; 132</p>
<p>y tal, aún balbuciente, ama y escucha</p>
<p>a su madre, y teniendo el habla entera,</p>
<p>verla en la sepultura desearía. 135</p>
<p>Así se vuelve negra la piel blanca</p>
<p>en el rostro de aquella hermosa hija</p>
<p>de quien lleva la noche y trae el día. 138</p>
<p>Y tú, para que de esto no te asombres,</p>
<p>piensa que no hay quien en la tierra mande;</p>
<p>y así se pierde la humana familia. 141</p>
<p>Mas antes de que enero desinvierne, 142</p>
<p>por la centésima parte olvidada,</p>
<p>de tal manera rugirán los cielos, 144</p>
<p>que la tormenta que tanto se espera,</p>
<p>donde la popa está pondrá la proa,</p>
<p>y así la flota marchará derecha; 147</p>
<p>y tras las flores vendrán buenos frutos.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_95">
</cite>
CANTO XXVIII</p>
</title>
<p>Luego que contra la vida presente</p>
<p>de los ruines mortales, me mostró</p>
<p>la verdad quien mi mente emparaísa, 3</p>
<p>cual la llama de un hacha en un espejo</p>
<p>ve quien con ella por detrás se alumbra,</p>
<p>antes de que la vea o la imagine, 6</p>
<p>y atrás se vuelve para ver si el vidrio</p>
<p>le dice la verdad, y ve que casa</p>
<p>con ella cual la música y su texto; 9</p>
<p>de igual forma recuerda mi memoria</p>
<p>que hice mirando a los hermosos ojos</p>
<p>donde hizo Amor su cuerda para herirme. 12</p>
<p>Y al volverme y al golpear los míos</p>
<p>lo que en aquellos cielos aparece,</p>
<p>cada vez que en sus giros se repara, 15</p>
<p>vi un punto que irradiaba tan aguda 16</p>
<p>luz, que la vista que enfocaba en ella</p>
<p>por tan grande agudeza se cerraba; 18</p>
<p>y la estrella que aquí menor parece,</p>
<p>luna parecería junto a ella,</p>
<p>si se pusieran una junto a otra. 21</p>
<p>Acaso tanto cuanto cerca vemos</p>
<p>de su halo la luz que lo desprende</p>
<p>cuando son más espesos sus vapores, 24</p>
<p>distante de ese punto un círculo ígneo</p>
<p>giraba tan veloz, que vencería</p>
<p>el curso que más raudo el mundo ciñe; 27</p>
<p>y aquél era por otro rodeado,</p>
<p>y de un tercero aquél, y éste de un cuarto,</p>
<p>de un quinto el cuarto, y por un sexto el quinto. 30</p>
<p>El séptimo seguía tan extenso</p>
<p>sobre ellos, que de Juno el emisario 32</p>
<p>abarcarlo del todo no podría. 33</p>
<p>Y el octavo, y el nono; y cada uno</p>
<p>más lento se movía, cuanto estaba</p>
<p>en número del uno más distante; 36</p>
<p>y una más clara llama desprendía</p>
<p>el más cercano de la lumbre pura,</p>
<p>pues más, yo creo, de ella participa. 39</p>
<p>Al verme preocupado mi señora</p>
<p>y sorprendido, dijo: "De ese punto</p>
<p>depende el cielo y toda la natura. 42</p>
<p>Ve el círculo que está de él más cercano;</p>
<p>y sabrás que tan rápido se mueve</p>
<p>por el amor ardiente que le impulsa." 45</p>
<p>"Si estuviera dispuesto -dije el mundo</p>
<p>con el orden que veo en estas ruedas,</p>
<p>satisfecho me habría lo que dices; 48</p>
<p>mas el mundo sensible nos enseña</p>
<p>que las vueltas son tanto más veloces,</p>
<p>cuanto del centro se hallan más lejanas. 51</p>
<p>Por lo cual, si debiera terminarse</p>
<p>mi desear en este templo angélico</p>
<p>que sólo amor y luz lo delimitan, 54</p>
<p>aún debiera escuchar cómo el ejemplo</p>
<p>y su copia no marchan de igual modo, 56</p>
<p>que en vano por mí mismo pienso en ello." 57</p>
<p>"Si tus dedos no son para tal nudo 58</p>
<p>suficientes, no debes extrañarte,</p>
<p>¡tan difícil lo ha hecho el no intentarlo!" 60</p>
<p>Dijo así mi señora; y luego: "Atiende</p>
<p>si es que quieres saciarte, a lo que digo;</p>
<p>y sobre estas cuestiones sutiliza. 63</p>
<p>Las esferas corpóreas son más amplias</p>
<p>o estrechas según sea la virtud</p>
<p>que se difunde por todas sus partes. 66</p>
<p>Da una bondad mayor mayores bienes;</p>
<p>y a un bien mayor contiene un mayor cuerpo,</p>
<p>siendo sus partes igual de perfectas. 69</p>
<p>Así pues este círculo que arrastra</p>
<p>todo el otro universo, corresponde</p>
<p>con aquel que más ama y que más sabe: 72</p>
<p>y si aplicaras pues a la virtud</p>
<p>tus medidas, y no a las apariencias</p>
<p>de los seres que en círculo se muestran, 75</p>
<p>la proporción perfecta admirarías</p>
<p>de más con más, y de menor con menos,</p>
<p>cada cielo, con cada inteligencia." 78</p>
<p>Como se queda espléndido y sereno</p>
<p>el aéreo hemisferio cuando sopla</p>
<p>Bóreas con su mejilla más suave, 81</p>
<p>y se disuelven y limpian las brumas</p>
<p>que le turbaban, y sonríe el cielo</p>
<p>con las bellezas todas de su corte; 84</p>
<p>así hice yo, después que mi señora</p>
<p>tan claro respondió, y como en el cielo</p>
<p>brilla una estrella supe la verdad. 87</p>
<p>Y cuando terminaron sus palabras,</p>
<p>no de otro modo el hierro centellea</p>
<p>candente, cual los círculos hicieron. 90</p>
<p>Su incendio cada chispa propagaba;</p>
<p>y tantas eran, que el número de ellas</p>
<p>más que el doblar del ajedrez subía. 93</p>
<p>Yo escuchaba hosanar de coro en coro</p>
<p>al punto fijo que los tiene ubi 95</p>
<p>y siempre los tendrá, en que siempre fueron. 96</p>
<p>Y aquella que las dudas de mi mente</p>
<p>sabía, dijo: "Los primeros círculos 98</p>
<p>te muestran Serafines y Querubes. 99</p>
<p>Tras sus vínculos siguen tan aprisa</p>
<p>por parecerse al punto cuanto puedan;</p>
<p>y tanto pueden cuanto están más altos. 102</p>
<p>Esos amores que en torno se encuentran,</p>
<p>llámanse Tronos del poder divino,</p>
<p>y acaba en ellos el primer ternario; 105</p>
<p>y deberás saber que todos gozan</p>
<p>cuando se profundiza su mirada</p>
<p>en la verdad que aquieta el intelecto. 108</p>
<p>De aquí se puede ver cómo se funda</p>
<p>la beatitud en el acto de ver,</p>
<p>no en el de amar, que detrás de aquél viene; 111</p>
<p>y del ver son los méritos medida, 112</p>
<p>que genera la gracia y buen deseo:</p>
<p>así es como sucede grado a grado. 114</p>
<p>El siguiente ternario que florece</p>
<p>en esta sempiterna primavera</p>
<p>que nocturno carnero no despoja, 117</p>
<p>perpetuamente "Hosanna" jubilea</p>
<p>en triple melodía, por los tres</p>
<p>órdenes de alegría en que se enterna. 120</p>
<p>En esa jerarquía hay otras diosas:</p>
<p>Dominaciones, y después Virtudes;</p>
<p>de Potestades es el tercer orden. 123</p>
<p>Luego en los dos penúltimos festejos</p>
<p>Principados y Arcángeles dan vueltas;</p>
<p>todo el último de ángeles dichosos. 126</p>
<p>Estos órdenes miran a lo alto,</p>
<p>y abajo tanto influyen, que hacia Dios</p>
<p>son arrastrados y de todo arrastran. 129</p>
<p>Y Dionisio con tanto deseo 130</p>
<p>a contemplar se dedicó estos órdenes</p>
<p>que como yo, los nombra y los distingue. 132</p>
<p>Pero de él se apartó luego Gregorio;</p>
<p>y en cuanto abrió los ojos en el cielo</p>
<p>de sí mismo por esto se reía. 135</p>
<p>Y si mostrado fue tanto secreto</p>
<p>por un mortal, no quiero que te admires:</p>
<p>porque se lo enseñó quien vio aquí arriba, 138</p>
<p>y otras muchas verdades de este mundo!"</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_96">
</cite>
CANTO XXIX</p>
</title>
<p>Cuando uno y otro hijo de Latona,</p>
<p>por debajo de Libra y del Carnero,</p>
<p>son límites los dos de un horizonte, 3</p>
<p>cuanto hay desde el momento de equilibrio</p>
<p>hasta que el uno u otro de aquel cinto,</p>
<p>cambiando de hemisferio, se desata, 6</p>
<p>tanto, la risa pintada en su rostro,</p>
<p>muda estuvo Beatriz mirando fijo</p>
<p>el punto que me había derrotado. 9</p>
<p>Dijo después: "Diré, sin que preguntes,</p>
<p>lo que quieres oír, porque lo he visto</p>
<p>donde convergen todo quando y ubi. 12</p>
<p>No por acrecentar sus propios bienes, 13</p>
<p>que es imposible, mas porque su luz</p>
<p>pudiese, en su esplendor decir "Subsisto", 15</p>
<p>allí en su eternidad, fuera de toda</p>
<p>comprensión y de tiempo, libremente,</p>
<p>se abrió en nuevos amores el eterno. 18</p>
<p>No es porque antes ocioso estuviera;</p>
<p>pues ni después ni antes precedió 20</p>
<p>el discurrir de Dios sobre estas aguas. 21</p>
<p>Forma y materia, ya puras o juntas, 22</p>
<p>salieron a existir sin fallo alguno,</p>
<p>como de arco tricorde tres saetas. 24</p>
<p>Y como en vidrio, en ámbar o en cristales</p>
<p>el rayo resplandece, de tal modo</p>
<p>que el llegar y el lucir es todo en uno, 27</p>
<p>de igual forma irradió el triforme efecto</p>
<p>de su Sir a su ser a un tiempo mismo</p>
<p>sin que hubiese ninguna diferencia. 30</p>
<p>Concreado fue el orden y dispuesto 31</p>
<p>a las sustancias; y del mundo cima</p>
<p>fueron aquellas hechas acto puro; 33</p>
<p>a la potencia pura puso abajo;</p>
<p>la potencia y el acto, en medio, atadas</p>
<p>tal nudo que jamás se desanuda. 36</p>
<p>Jerónimo escribió que muchos siglos 37</p>
<p>antes fueron los ángeles creados</p>
<p>de que el resto del mundo fuera hecho; 39</p>
<p>mas en muchos parajes que escribieron</p>
<p>los inspirados, se halla esta verdad;</p>
<p>y si bien juzgas te avendrás a ello; 42</p>
<p>y en parte la razón también lo prueba,</p>
<p>pues no admite motores que estuviesen</p>
<p>sin su perfecto estado mucho tiempo. 45</p>
<p>Ya sabes dónde y cuándo estos amores</p>
<p>y cómo fueron hechos: ya apagados</p>
<p>tres ardores ya están en tu deseo. 48</p>
<p>Hasta veinte, contando, no se llega</p>
<p>tan pronto, como parte de los ángeles</p>
<p>turbó el más bajo de los elementos. 51</p>
<p>La otra quedóse, y dio comienzo el arte</p>
<p>que puedes ver, y con tanto deleite,</p>
<p>que de sus giros nunca se ha apartado. 54</p>
<p>La ocasión de caer fue la maldita</p>
<p>soberbia de quien viste que oprimían</p>
<p>las pesadumbres todas de este mundo. 57</p>
<p>Esos que ves aquí fueron humildes,</p>
<p>admitiendo existir por la bondad</p>
<p>que a tanto conocer hizo capaces: 60</p>
<p>por lo que fue su vista acrecentada</p>
<p>por méritos y gracia iluminante,</p>
<p>y tienen voluntad constante y plena; 63</p>
<p>y no quiero que dudes, mas que sepas,</p>
<p>que recibir la gracia es meritorio</p>
<p>según como el afecto la recibe. 66</p>
<p>Por lo que a este colegio se refiere</p>
<p>ya comprendes bastante, si entendiste</p>
<p>lo que te dije, ya sin otra ayuda. 69</p>
<p>Mas como en las escuelas de la tierra</p>
<p>se enseña que la angélica natura</p>
<p>es tal que entiende, que recuerda y quiere, 72</p>
<p>aún te diré, para que pura sepas</p>
<p>la verdad, que allí abajo se confunde,</p>
<p>porque equivocan los significados. 75</p>
<p>Estas sustancias, desde que gozaron</p>
<p>de la cara de Dios, no apartan de ella</p>
<p>la mirada, a quien nada está escondido: 78</p>
<p>Así pues no interceptan su mirada</p>
<p>nuevos objetos, y no necesitan</p>
<p>recordar con conceptos divididos; 81</p>
<p>y así allá abajo, sin dormir, se sueña,</p>
<p>creyendo y no creyendo en lo que dicen;</p>
<p>pero éstos tienen más vergüenza y culpa. 84</p>
<p>Vais por distintas rutas los que abajo</p>
<p>filosofáis: pues que os empuja tanto</p>
<p>el afán de que os tengan como sabios. 87</p>
<p>Y aún esto es admitido aquí en lo alto</p>
<p>con un rigor menor que si se olvida</p>
<p>la sagrada escritura o se confunde. 90</p>
<p>No meditáis en cuánta sangre cuesta</p>
<p>sembrarla allá en el mundo, y cuánto agrada</p>
<p>el que con ella humilde se conforma. 93</p>
<p>Por la apariencia pruebas dan de ingenio</p>
<p>y de imaginación; y quien predica</p>
<p>dase a esto y se calla el Evangelio. 96</p>
<p>Que se volvió la luna, dice el uno, 97</p>
<p>en la pasión de Cristo, y se interpuso</p>
<p>para ocultar la luz del sol abajo; 99</p>
<p>y otro que por sí misma se escondió</p>
<p>la luz, y que en la India y en España</p>
<p>hubo eclipse lo mismo que en Judea. 102</p>
<p>No hay en Florencia tantos Lapi y Bindi 103</p>
<p>cuantas fábulas tales en un año,</p>
<p>aquí y allá en los púlpitos se gritan: 105</p>
<p>y así las ovejuelas, que no saben,</p>
<p>vuelven del prado pacidas de viento,</p>
<p>y que el daño no vean no es excusa. 108</p>
<p>No dijo a su primer convento Cristo:</p>
<p>"Id y patrañas predicad al mundo";</p>
<p>sino les dio cimientos de certeza; 111</p>
<p>y ésta sonó en sus bocas solamente,</p>
<p>de modo que luchando por la fe</p>
<p>del Evangelio escudo y lanza hicieron. 114</p>
<p>Y ahora con bufonadas y con trampas</p>
<p>se predica, y con tal que cause risa,</p>
<p>la capucha se hincha y más no pide. 117</p>
<p>Mas tal pájaro anida en el capuz, 118</p>
<p>que si lo viese el vulgo, allí vería</p>
<p>qué indulgencias tendrá confiando en ése: 120</p>
<p>que en la tierra acrecientan la estulticia,</p>
<p>de tal manera que, sin prueba alguna</p>
<p>de su certeza, corren tras de ellas. 123</p>
<p>Esto engorda al cebón de San Antonio, 124</p>
<p>y a otros muchos más cerdos todavía,</p>
<p>que pagan con monedas no acuñadas. 126</p>
<p>Mas como es larga ya la digresión,</p>
<p>vuelve los ojos a la recta vía,</p>
<p>y se abrevien el tiempo y el camino. 129</p>
<p>Esta naturaleza tanto aumenta</p>
<p>en número al subir, que no hay palabras</p>
<p>ni conceptos mortales que las sigan; 132</p>
<p>y si recuerdas lo que se revela</p>
<p>en Danïel, verás que en sus millares 134</p>
<p>y millares su número se esconde. 135</p>
<p>La luz primera que toda la alumbra, 136</p>
<p>de tantas formas ella en sí recibe,</p>
<p>cual son las llamas a las que se une. 138</p>
<p>Y así, al igual que al acto que concibe</p>
<p>sigue el afecto, de amor la dulzura</p>
<p>ardiente o tibio en ella es diferente. 141</p>
<p>Ve pues la excelsitud y la grandeza</p>
<p>del eterno poder, puesto que tantos</p>
<p>espejos hizo en que multiplicarse, 144</p>
<p>permaneciendo en sí uno como antes.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_97">
</cite>
CANTO XXX</p>
</title>
<p>Acaso a seis mil millas de distancia 1</p>
<p>hierve aquí la hora sexta, y este mundo</p>
<p>horizontal reclina ya la sombra, 3</p>
<p>cuando el centro del cielo, tan profundo,</p>
<p>se pone de tal forma, que en el fondo</p>
<p>van desapareciendo las estrellas; 6</p>
<p>y cuando se adelanta la sirviente</p>
<p>clarísima del sol, apaga el cielo</p>
<p>una por una hasta la más hermosa. 9</p>
<p>No de otro modo el triunfo que se goza</p>
<p>en torno al punto que antes me cegara,</p>
<p>creyéndolo incluido en lo que incluye, 12</p>
<p>se apagó poco a poco de mi vista;</p>
<p>por lo cual el amor y el no ver nada</p>
<p>me hicieron que a Beatriz volviera el rostro. 15</p>
<p>Si cuanto de ella he dicho hasta el presente</p>
<p>fuese encerrado todo en una loa,</p>
<p>poco sería a conseguir mi intento. 18</p>
<p>La belleza que vi no sobrepasa</p>
<p>solamente a nosotros, mas yo creo</p>
<p>que sólo su creador la goce entera. 21</p>
<p>Vencido me confieso en este paso</p>
<p>más que nunca en un punto de su obra</p>
<p>fue superado el trágico o el cómico: 24</p>
<p>pues, como el sol la vista menos firme,</p>
<p>así el recuerdo de su dulce risa</p>
<p>a mí mismo me priva de mi mente. 27</p>
<p>Desde el día primero que su rostro</p>
<p>en esta vida vi, hasta esta visión,</p>
<p>he podido seguirla con mi canto; 30</p>
<p>mas es forzoso que desista ahora</p>
<p>de seguir su belleza, poetizando,</p>
<p>cual todo artista que a su extremo llega. 33</p>
<p>Y ella, cual yo la dejo a voz más digna</p>
<p>que la de mi trompeta, que se acerca</p>
<p>a dar fin a materia tan difícil, 36</p>
<p>con ademán y voz de guía experto</p>
<p>"Hemos salido ya -volvió a decirme-</p>
<p>del mayor cuerpo al cielo que es luz pura: 39</p>
<p>luz intelectüal, plena de amor;</p>
<p>amor del cierto bien, pleno de dicha;</p>
<p>dicha que es más que todas las dulzuras. 42</p>
<p>Aquí verás a una y otra milicia</p>
<p>del paraíso, y una de igual modo</p>
<p>que en el juicio final habrás de verla." 45</p>
<p>Como un súbito rayo que nos ciega</p>
<p>los visivos espíritus, e impide</p>
<p>que vea el ojo aun cosas muy brillantes, 48</p>
<p>así circumbrillóme una luz viva, 49</p>
<p>y cubrióme la cara con tal velo</p>
<p>de su fulgor, que nada pude ver. 51</p>
<p>"El amor que este cielo tiene inmóvil</p>
<p>siempre recibe en él de igual manera,</p>
<p>por disponer una vela a su llama." 54</p>
<p>Apenas penetraron dentro de mí</p>
<p>estas breves palabras, comprendí</p>
<p>que sobre mi virtud estaba alzado; 57</p>
<p>y de una vista nueva disfrutaba</p>
<p>tal, que ninguna luz es tan brillante,</p>
<p>que con mis ojos no la resistiera; 60</p>
<p>y vi una luz que un río semejaba 61</p>
<p>fulgiendo fuego, entre sus dos orillas</p>
<p>pintadas de admirable primavera. 63</p>
<p>Salían del torrente chispas vivas,</p>
<p>que entre las flores se desparramaban,</p>
<p>cual rubíes que el oro circunscribe; 66</p>
<p>después, como embriagadas del aroma,</p>
<p>al raudal asombroso se arrojaban</p>
<p>de nuevo, y si una entraba otra salía. 69</p>
<p>"El gran deseo que ahora te urge y quema,</p>
<p>de que te diga qué es esto que ves,</p>
<p>más me complace cuanto más intento; 72</p>
<p>mas de este agua es preciso que bebas</p>
<p>antes que tanta sed en ti se sacie."</p>
<p>De este modo me habló el sol de mis ojos. 75</p>
<p>Y después: "Son el río y los topacios</p>
<p>que entran y salen, y el prado riente,</p>
<p>sólo de su verdad velados prólogos. 78</p>
<p>No que de suyo estén aún inmaduros;</p>
<p>más el defecto está de parte tuya,</p>
<p>que aún no tienes visión tan elevada." 81</p>
<p>No hay un chiquillo que corra tan raudo</p>
<p>con la vista a la leche, si despierta</p>
<p>mucho más tarde de lo que acostumbra, 84</p>
<p>como yo, para hacer mejor espejo</p>
<p>mis ojos, agachándome a las ondas,</p>
<p>que para enmejorarnos van fluyendo; 87</p>
<p>y en el momento que bebió de aquellas</p>
<p>el borde de mis párpados, creí</p>
<p>que redonda se hacía su largura. 90</p>
<p>Después, como la gente enmascarada,</p>
<p>que otra que antes parece, si se quita</p>
<p>el semblante no suyo que la esconde, 93</p>
<p>así en mayores gozos se trocaron</p>
<p>las chispas, y las flores, y ver pude</p>
<p>las dos cortes del cielo manifiestas. 96</p>
<p>¡Oh divino esplendor por quien yo vi</p>
<p>el alto triunfo del reino veraz,</p>
<p>ayúdame a decir cómo lo vi! 99</p>
<p>Hay arriba una luz que hace visible</p>
<p>el Creador a aquellas crïaturas</p>
<p>que en su visión tan sólo paz encuentran. 102</p>
<p>Y en circular figura se derrama,</p>
<p>tanto que al sol sería demasiado</p>
<p>cinturón con su gran circunferencia. 105</p>
<p>De un rayo reflejado en lo más alto</p>
<p>del Primer Móvil viene su apariencia, 107</p>
<p>que de él recibe su poder y vida. 108</p>
<p>Y cual loma en el agua de su base</p>
<p>se espejea cual viéndose adornada,</p>
<p>cuando de hierba y flores es más rica, 111</p>
<p>superando a la luz en torno suyo,</p>
<p>vi espejearse en más de mil peldaños</p>
<p>cuanto arriba volvió de entre nosotros. 114</p>
<p>Y si el último grado luz tan grande</p>
<p>abarca, ¡cuál la anchura no sería</p>
<p>de esta rosa en las hojas más lejanas! 117</p>
<p>Mi vista ni en lo ancho ni en lo alto</p>
<p>desfallecía, comprendiendo todo</p>
<p>el cuánto y cómo de aquella alegría. 120</p>
<p>Allí el cerca ni el lejos quita o pone:</p>
<p>que donde Dios sin ministros gobierna,</p>
<p>las leyes naturales nada pueden. 123</p>
<p>A lo amarillo de la rosa eterna, 124</p>
<p>que se degrada y se extiende y transmina</p>
<p>loas al sol que siempre es primavera, 126</p>
<p>como a aquel que se calla y quiere hablar</p>
<p>me llevó Beatriz y dijo: "¡Mira</p>
<p>el gran convento de las vestes blancas! 129</p>
<p>Ve cómo abre su círculo este reino,</p>
<p>mira nuestros escaños tan repletos,</p>
<p>que poca gente más aquí se espera. 132</p>
<p>Y en el gran trono en que pones los ojos,</p>
<p>por la corona que está sobre él puesta,</p>
<p>antes de que a estas bodas te conviden, 135</p>
<p>vendrá a sentarse el alma, abajo augusta,</p>
<p>del gran Enrique, que a guiar a Italia 137</p>
<p>vendrá sin que a ésta encuentre preparada. 138</p>
<p>Esa ciega codicia que os enferma</p>
<p>os ha vuelto lo mismo que al chiquillo</p>
<p>que muere de hambre y echa a la nodriza. 141</p>
<p>Y habrá un prefecto en el foro divino</p>
<p>entonces tal, que oculto o manifiesto,</p>
<p>no seguirá con él la misma ruta. 144</p>
<p>Mas Dios lo aguantará por poco tiempo 145</p>
<p>en la santa tarea, y será echado</p>
<p>donde Simón el mago el premio tiene, 147</p>
<p>y hará al de Anagni hundirse más abajo. 148</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_98">
</cite>
CANTO XXXI</p>
</title>
<p>En forma pues de una cándida rosa 1</p>
<p>se me mostraba la milicia santa</p>
<p>desposada por Cristo con su sangre; 3</p>
<p>mas la otra que volando ve y celebra</p>
<p>la gloria del señor que la enamora</p>
<p>y la bondad que tan alta la hizo, 6</p>
<p>cual bandada de abejas que en las flores</p>
<p>tan pronto liban y tan pronto vuelven</p>
<p>donde extraen el sabor de su trabajo, 9</p>
<p>bajaba a la gran flor que está adornada</p>
<p>de tantas hojas, y de aquí subía</p>
<p>donde su amor habita eternamente. 12</p>
<p>Sus caras eran todas llama viva,</p>
<p>de oro las alas, y tan blanco el resto,</p>
<p>que no es por nieve alguna superado. 15</p>
<p>Al bajar a la flor de grada en grada,</p>
<p>hablaban de la paz y del ardor</p>
<p>que agitando las alas adquirían. 18</p>
<p>El que se interpusiera entre la altura 19</p>
<p>y la flor tanta alada muchedumbre</p>
<p>ni el ver nos impedía ni el fulgor: 21</p>
<p>pues la divina luz el universo</p>
<p>penetra, según éste lo merece,</p>
<p>de tal modo que nada se lo impide. 24</p>
<p>Este seguro y jubiloso reino,</p>
<p>que pueblan gentes antiguas y nuevas,</p>
<p>vista y amor a un punto dirigía. 27</p>
<p>¡Oh llama trina que en sólo una estrella</p>
<p>brillando ante sus ojos, las alegras!</p>
<p>¡Mira esta gran tempestad en que estamos! 30</p>
<p>Si viniendo los bárbaros de donde 31</p>
<p>todos los días de Hélice se cubre,</p>
<p>girando con su hijo, en quien se goza, 33</p>
<p>viendo Roma y sus arduos edificios,</p>
<p>estupefactos se quedaban cuando</p>
<p>superaba Letrán toda obra humana; 36</p>
<p>yo, que desde lo humano a lo divino,</p>
<p>desde el tiempo a lo eterno había llegado,</p>
<p>y de Florencia a un pueblo sano y justo, 39</p>
<p>¡lleno de qué estupor no me hallaría!</p>
<p>En verdad que entre el gozo y el asombro</p>
<p>prefería no oír ni decir nada. 42</p>
<p>Y como el peregrino que se goza</p>
<p>viendo ya el templo al cual un voto hiciera,</p>
<p>y espera referir lo que haya visto, 45</p>
<p>yo paseaba por la luz tan viva,</p>
<p>llevando por las gradas mi mirada</p>
<p>ahora abajo, ahora arriba, ahora en redor, 48</p>
<p>veía rostros que el amor pintaba,</p>
<p>con su risa y la luz de otro encendidos, 50</p>
<p>y de decoro adornados sus gestos. 51</p>
<p>La forma general del Paraíso</p>
<p>abarcaba mi vista enteramente,</p>
<p>sin haberse fijado en parte alguna; 54</p>
<p>y me volví con ganas redobladas</p>
<p>de poder preguntar a mi señora</p>
<p>las cosas que a mi mente sorprendían. 57</p>
<p>Una cosa quería y otra vino:</p>
<p>creí ver a Beatriz y vi a un anciano</p>
<p>vestido cual las gentes glorïosas. 60</p>
<p>Por su cara y sus ojos difundía</p>
<p>una benigna dicha, y su semblante</p>
<p>era como el de un padre bondadoso. 63</p>
<p>"¿Dónde está ella?" Dije yo de pronto.</p>
<p>Y él: "Para que se acabe tu deseo</p>
<p>me ha movido Beatriz desde mi Puesto: 66</p>
<p>y si miras el círculo tercero</p>
<p>del sumo grado, volverás a verla</p>
<p>en el trono que en suerte le ha cabido." 69</p>
<p>Sin responderle levanté los ojos,</p>
<p>y vi que ella formaba una corona</p>
<p>con el reflejo de la luz eterna. 72</p>
<p>De la región aquella en que más truena 73</p>
<p>el ojo del mortal no dista tanto</p>
<p>en lo más hondo de la mar hundido, 75</p>
<p>como allí de Beatriz la vista mía;</p>
<p>mas nada me importaba, pues su efigie</p>
<p>sin intermedio alguno me llegaba. 78</p>
<p>"Oh mujer que das fuerza a mi esperanza,</p>
<p>y por mi salvación has soportado</p>
<p>tu pisada dejar en el infierno, 81</p>
<p>de tantas cosas cuantas aquí he visto,</p>
<p>de tu poder y tu misericordia</p>
<p>la virtud y la gracia reconozco. 84</p>
<p>La libertad me has dado siendo siervo</p>
<p>por todas esas vías, y esos medios</p>
<p>que estaba permitido que siguieras. 87</p>
<p>En mí conserva tu magnificencia 88</p>
<p>y así mi alma, que por ti ha sanado,</p>
<p>te sea grata cuando deje el cuerpo." 90</p>
<p>Así recé; y aquélla, tan lejana</p>
<p>como la vi, me sonrió mirándome; 92</p>
<p>luego volvió hacia la fuente incesante. 93</p>
<p>Y el santo anciano: "A fin de que concluyas</p>
<p>perfectamente -dijo,- tu camino,</p>
<p>al que un ruego y un santo amor me envían, 96</p>
<p>vuelven tus ojos por estos jardines;</p>
<p>que al mirarlos tu vista se prepara</p>
<p>más a subir por el rayo divino. 99</p>
<p>Y la reina del cielo, en el cual ardo</p>
<p>por completo de amor, dará su gracia,</p>
<p>pues soy Bernardo, de ella tan devoto." 102</p>
<p>Igual que aquel que acaso de Croacia,</p>
<p>viene por ver el paño de Verónica,</p>
<p>a quien no sacia un hambre tan antigua, 105</p>
<p>mas va pensando mientras se la enseñan:</p>
<p>"Mi señor Jesucristo, Dios veraz,</p>
<p>¿de esta manera fue vuestro semblante?"; 108</p>
<p>estaba yo mirando la ferviente</p>
<p>caridad del que aquí en el bajo mundo,</p>
<p>de aquella paz gustó con sus visiones. 111</p>
<p>"Oh hijo de la gracia, el ser gozoso</p>
<p>- empezó- no es posible que percibas,</p>
<p>si no te fijas más que en lo de abajo; 114</p>
<p>pero mira hasta el último los círculos,</p>
<p>hasta que veas sentada a la reina</p>
<p>de quien el reino es súbdito y devoto." 117</p>
<p>Alcé los ojos; y cual de mañana</p>
<p>la porción oriental del horizonte,</p>
<p>está más encendida que la otra, 120</p>
<p>así, cual quien del monte al valle observa,</p>
<p>vi al extremo una parte que vencía</p>
<p>en claridad a todas las restantes. 123</p>
<p>Y como allí donde el timón se espera</p>
<p>que mal guió Faetonte, más se enciende, 125</p>
<p>y allá y aquí su luz se debilita, 126</p>
<p>así aquella pacífica oriflama</p>
<p>se encendía en el medio, y lo restante</p>
<p>de igual manera su llama extinguía; 129</p>
<p>y en aquel centro, con abiertas alas,</p>
<p>la celebraban más de un millar de ángeles,</p>
<p>distintos arte y luz de cada uno. 132</p>
<p>Vi con sus juegos y con sus canciones</p>
<p>reír a una belleza, que era el gozo 134</p>
<p>en las pupilas de los otros santos; 135</p>
<p>y aunque si para hablar tan apto fuese</p>
<p>cual soy imaginando, no osaría</p>
<p>lo mínimo a expresar de su deleite. 138</p>
<p>Cuando Bernardo vio mis ojos fijos</p>
<p>y atentos en lo ardiente de su fuego,</p>
<p>a ella con tanto amor volvió los suyos, 141</p>
<p>que los míos ansiaron ver de nuevo.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_99">
</cite>
CANTO XXXII</p>
</title>
<p>Absorto en su delicia, libremente</p>
<p>hizo de guía aquel contemplativo,</p>
<p>y comenzaron sus palabras santas: 3</p>
<p>"La herida que cerró y sanó María,</p>
<p>quien tan bella a sus plantas se prosterna</p>
<p>de abrirla y enconarla es la culpable. 6</p>
<p>En el orden tercero de los puestos,</p>
<p>Raquel está sentada bajo ésa, 8</p>
<p>como bien puedes ver, junto a Beatriz. 9</p>
<p>Judit y Sara, Rebeca y aquella</p>
<p>del cantor bisabuela que expiando 11</p>
<p>su culpa dijo: "Miserere mei", 12</p>
<p>de puesto en puesto pueden contemplarse</p>
<p>ir degradando, mientras que al nombrarlas</p>
<p>voy la rosa bajando de hoja en hoja. 15</p>
<p>Y del séptimo grado a abajo, como</p>
<p>hasta aquél, se suceden las hebreas,</p>
<p>separando las hojas de la rosa; 18</p>
<p>porque, según la mirada pusiera</p>
<p>su fe en Cristo, son esas la muralla</p>
<p>que divide los santos escalones. 21</p>
<p>En esa parte donde está colmada</p>
<p>por completo de hojas, se acomodan</p>
<p>los que creyeron que Cristo vendría; 24</p>
<p>por la otra parte por donde interrumpen</p>
<p>huecos los semicírculos, se encuentran 26</p>
<p>los que en Cristo venido fe tuvieron. 27</p>
<p>Y como allí el escaño glorioso</p>
<p>de la reina del cielo y los restantes</p>
<p>tan gran muralla forman por debajo, 30</p>
<p>de igual manera enfrente está el de Juan 31</p>
<p>que, santo siempre, desierto y martirio</p>
<p>sufrió, y luego el infierno por dos años; 33</p>
<p>y bajo él separando de igual modo</p>
<p>mira a Benito, a Agustín y a Francisco</p>
<p>y a otros de grada en grada hasta aquí abajo. 36</p>
<p>Ahora conoce el sabio obrar divino:</p>
<p>pues uno y otro aspecto de la fe</p>
<p>llenarán de igual modo estos jardines. 39</p>
<p>Y desde el grado que divide al medio</p>
<p>las dos separaciones, hasta abajo,</p>
<p>nadie por propios méritos se sienta, 42</p>
<p>sino por los de otro, en ciertos casos: 43</p>
<p>porque son todas almas desatadas</p>
<p>antes de que eligieran libremente. 45</p>
<p>Bien puedes darte cuenta por sus rostros</p>
<p>y también por sus voces infantiles,</p>
<p>si los miras atento y los escuchas. 48</p>
<p>Dudas ahora y en tu duda callas;</p>
<p>mas yo desataré tan fuerte nudo</p>
<p>que te atan los sutiles pensamientos. 51</p>
<p>Dentro de la grandeza de este reino</p>
<p>no puede haber casualidad alguna,</p>
<p>como no existen sed, hambre o tristeza: 54</p>
<p>y por eterna ley se ha establecido</p>
<p>tan justamente todo cuanto miras,</p>
<p>que corresponde como anillo al dedo; 57</p>
<p>y así esta gente que vino con prisa</p>
<p>a la vida inmortal no sine causa</p>
<p>está aquí en excelencias desiguales. 60</p>
<p>El rey por quien reposan estos reinos</p>
<p>en tanto amor y en tan grande deleite,</p>
<p>que más no puede osar la voluntad, 63</p>
<p>todas las almas con su hermoso aspecto</p>
<p>creando, a su placer de gracia dota</p>
<p>diversamente; y bástete el efecto. 66</p>
<p>Y esto claro y expreso se consigna</p>
<p>en la Escritura santa, en los gemelos</p>
<p>movidos por la ira ya en la madre. 69</p>
<p>Mas según el color de los cabellos, 70</p>
<p>de tanta gracia, la altísima luz</p>
<p>dignamente conviene que les cubra. 72</p>
<p>Así es que sin de suyo merecerlo</p>
<p>puestos están en grados diferentes,</p>
<p>distintos sólo en su mirar primero. 75</p>
<p>Era bastante en los primeros siglos 76</p>
<p>ser inocente para estar salvado,</p>
<p>con la fe únicamente de los padres; 78</p>
<p>al completarse los primeros tiempos,</p>
<p>para adquirir virtud, circuncidarse</p>
<p>a más de la inocencia era preciso; 81</p>
<p>pero llegado el tiempo de la gracia,</p>
<p>sin el perfecto bautismo de Cristo,</p>
<p>tal inocencia allá abajo se guarda. 84</p>
<p>Ahora contempla el rostro que al de Cristo 85</p>
<p>más se parece, pues su brillo sólo</p>
<p>a ver a Cristo puede disponerte." 87</p>
<p>Yo vi que tanto gozo le llovía,</p>
<p>llevada por aquellas santas mentes</p>
<p>creadas a volar por esa altura, 90</p>
<p>que todo lo que había contemplado,</p>
<p>no me colmó de tanta admiración,</p>
<p>ni de Dios me mostró tanto semblante; 93</p>
<p>y aquel amor que allí bajara antes</p>
<p>cantando: "Ave María, gratia plena"</p>
<p>ante ella sus alas desplegaba. 96</p>
<p>Respondió a la divina cancioncilla</p>
<p>por todas partes la beata corte,</p>
<p>y todos parecieron más radiantes. 99</p>
<p>"Oh santo padre que por mí consientes</p>
<p>estar aquí, dejando el dulce puesto</p>
<p>que ocupas disfrutando eterna suerte, 102</p>
<p>¿quién es el ángel que con tanto gozo</p>
<p>a nuestra reina le mira los ojos,</p>
<p>y que fuego parece, enamorado?" 105</p>
<p>A la enseñanza recurrí de nuevo</p>
<p>de aquel a quien María hermoseaba,</p>
<p>como el sol a la estrella matutina. 108</p>
<p>Y aquél: "Cuanta confianza y gallardía</p>
<p>puede existir en ángeles o en almas,</p>
<p>toda está en él; y así es nuestro deseo, 111</p>
<p>porque es aquel que le llevó la palma</p>
<p>a María allá abajo, cuando el Hijo</p>
<p>de Dios quiso cargar con nuestro cuerpo. 114</p>
<p>Mas sigue con la vista mientras yo</p>
<p>te voy hablando, y mira los patricios</p>
<p>de este imperio justísimo y piadoso. 117</p>
<p>Los dos que están arriba, más felices</p>
<p>por sentarse tan cerca de la Augusta</p>
<p>son casi dos raíces de esta rosa: 120</p>
<p>quien cerca de ella está del lado izquierdo</p>
<p>es el padre por cuyo osado gusto</p>
<p>tanta amargura gustan los humanos. 123</p>
<p>Contempla al otro lado al viejo padre</p>
<p>de la Iglesia, a quien Cristo las dos llaves</p>
<p>de esta venusta flor ha confiado. 126</p>
<p>Y aquel que vio los tiempos dolorosos</p>
<p>antes de muerto, de la bella esposa</p>
<p>con lanzada y con clavos conquistada, 129</p>
<p>a su lado se sienta y junto al otro</p>
<p>el guía bajo el cual comió el maná</p>
<p>la gente ingrata, necia y obstinada. 132</p>
<p>Mira a Ana sentada frente a Pedro, 133</p>
<p>contemplando a su hija tan dichosa,</p>
<p>que la vista no mueve en sus hosannas; 135</p>
<p>y frente al mayor padre de familia,</p>
<p>Lucía, que moviera a tu Señora 137</p>
<p>cuando a la ruina, por no ver, corrías. 138</p>
<p>Mas como escapa el tiempo que te aduerme 139</p>
<p>pararemos aquí, como el buen sastre</p>
<p>que hace el traje según que sea el paño; 141</p>
<p>y alzaremos los ojos al primer</p>
<p>amor, tal que, mirándole, penetres</p>
<p>en su fulgor cuanto posible sea. 144</p>
<p>Mas para que al volar no retrocedas,</p>
<p>creyendo adelantarte, con tus alas</p>
<p>la gracia orando es preciso que pidas: 147</p>
<p>gracia de aquella que puede ayudarte;</p>
<p>y tú me has de seguir con el afecto,</p>
<p>y el corazón no apartes de mis ruegos." 150</p>
<p>Y entonces dio comienzo a esta plegaria.</p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_100">
</cite>
CANTO XXXIII</p>
</title>
<p>"¡Oh Virgen Madre, oh Hija de tu hijo,</p>
<p>alta y humilde más que otra criatura,</p>
<p>término fijo de eterno decreto, 3</p>
<p>Tú eres quien hizo a la humana natura</p>
<p>tan noble, que su autor no desdeñara</p>
<p>convertirse a sí mismo en su creación. 6</p>
<p>Dentro del viento tuyo ardió el amor,</p>
<p>cuyo calor en esta paz eterna</p>
<p>hizo que germinaran estas flores. 9</p>
<p>Aquí nos eres rostro meridiano</p>
<p>de caridad, y abajo, a los mortales,</p>
<p>de la esperanza eres fuente vivaz. 12</p>
<p>Mujer, eres tan grande y vales tanto,</p>
<p>que quien desea gracia y no te ruega</p>
<p>quiere su desear volar sin alas. 15</p>
<p>Mas tu benignidad no sólo ayuda</p>
<p>a quien lo pide, y muchas ocasiones</p>
<p>se adelanta al pedirlo generosa. 18</p>
<p>En ti misericordia, en ti bondad,</p>
<p>en ti magnificencia, en ti se encuentra</p>
<p>todo cuanto hay de bueno en las criaturas. 21</p>
<p>Ahora éste, que de la ínfima laguna</p>
<p>del universo, ha visto paso a paso</p>
<p>las formas de vivir espirituales, 24</p>
<p>solicita, por gracia, tal virtud,</p>
<p>que pueda con los ojos elevarse,</p>
<p>más alto a la divina salvación. 27</p>
<p>Y yo que nunca ver he deseado</p>
<p>más de lo que a él deseo, mis plegarias</p>
<p>te dirijo, y te pido que te basten, 30</p>
<p>para que tú le quites cualquier nube</p>
<p>de su mortalidad con tus plegarias,</p>
<p>tal que el sumo placer se le descubra. 33</p>
<p>También reina, te pido, tú que puedes</p>
<p>lo que deseas, que conserves sanos,</p>
<p>sus impulsos, después de lo que ha visto. 36</p>
<p>Venza al impulso humano tu custodia:</p>
<p>ve que Beatriz con tantos elegidos</p>
<p>por mi plegaria te junta las manos!" 39</p>
<p>Los ojos que venera y ama Dios,</p>
<p>fijos en el que hablaba, demostraron</p>
<p>cuánto el devoto ruego le placía; 42</p>
<p>luego a la eterna luz se dirigieron,</p>
<p>en la que es impensable que penetre</p>
<p>tan claramente el ojo de ninguno. 45</p>
<p>Y yo que al final de todas mis ansias</p>
<p>me aproximaba, tal como debía,</p>
<p>puse fin al ardor de mi deseo. 48</p>
<p>Bernardo me animaba, sonriendo</p>
<p>a que mirara abajo, mas yo estaba</p>
<p>ya por mí mismo como aquél quería: 51</p>
<p>pues mi mirada, volviéndose pura,</p>
<p>más y más penetraba por el rayo</p>
<p>de la alta luz que es cierta por sí misma. 54</p>
<p>Fue mi visión mayor en adelante</p>
<p>de lo que puede el habla, que a tal vista,</p>
<p>cede y a tanto exceso la memoria. 57</p>
<p>Como aquel que en el sueño ha visto algo,</p>
<p>que tras el sueño la pasión impresa</p>
<p>permanece, y el resto no recuerda, 60</p>
<p>así estoy yo, que casi se ha extinguido</p>
<p>mi visión, mas destila todavía</p>
<p>en mi pecho el dulzor que nace de ella. 63</p>
<p>Así la nieve con el sol se funde;</p>
<p>así al viento en las hojas tan livianas</p>
<p>se perdía el saber de la Sibila. 66</p>
<p>¡Oh suma luz que tanto sobrepasas</p>
<p>los conceptos mortales, a mi mente</p>
<p>di otro poco, de cómo apareciste, 69</p>
<p>y haz que mi lengua sea tan potente,</p>
<p>que una chispa tan sólo de tu gloria</p>
<p>legar pueda a los hombres del futuro; 72</p>
<p>pues, si devuelves algo a mi memoria</p>
<p>y resuenas un poco en estos versos,</p>
<p>tu victoria mejor será entendida. 75</p>
<p>Creo, por la agudeza que sufrí</p>
<p>del rayo, que si hubiera retirado</p>
<p>la vista de él, hubiéseme perdido. 78</p>
<p>Y esto, recuerdo, me hizo más osado</p>
<p>sosteniéndola, tanto que junté</p>
<p>con el valor infinito mi vista. 81</p>
<p>¡Oh gracia tan copiosa, que me dio</p>
<p>valor para mirar la luz eterna,</p>
<p>tanto como la vista consentía! 84</p>
<p>En su profundidad vi que se ahonda,</p>
<p>atado con amor en un volumen,</p>
<p>lo que en el mundo se desencuaderna: 87</p>
<p>sustancias y accidentes casi atados</p>
<p>junto a sus cualidades, de tal modo</p>
<p>que es sólo débil luz esto que digo. 90</p>
<p>Creo que vi la forma universal</p>
<p>de este nudo, pues siento, mientras hablo,</p>
<p>que más largo se me hace mi deleite. 93</p>
<p>Me causa un solo instante más olvido 94</p>
<p>que veinticinco siglos a la hazaña</p>
<p>que hizo a Neptuno de Argos asombrarse. 96</p>
<p>Así mi mente, toda suspendida,</p>
<p>miraba fijamente, atenta, inmóvil,</p>
<p>y siempre de mirar sentía anhelo. 99</p>
<p>Quien ve esa luz de tal modo se vuelve,</p>
<p>que por ver otra cosa es imposible</p>
<p>que de ella le dejara separarse; 102</p>
<p>Pues el bien, al que va la voluntad,</p>
<p>en ella todo está, y fuera de ella</p>
<p>lo que es perfecto allí, es defectuoso. 105</p>
<p>Han de ser mis palabras desde ahora,</p>
<p>más cortas, y esto sólo a mi recuerdo, 107</p>
<p>que las de un niño que aún la leche mama. 108</p>
<p>No porque más que un solo aspecto hubiera</p>
<p>en la radiante luz que yo veía,</p>
<p>que es siempre igual que como era primero; 111</p>
<p>mas por mi vista que se enriquecía</p>
<p>cuando miraba su sola apariencia,</p>
<p>cambiando yo, ante mí se transformaba. 114</p>
<p>En la profunda y clara subsistencia</p>
<p>de la alta luz tres círculos veía</p>
<p>de una misma medida y tres colores; 117</p>
<p>Y reflejo del uno el otro era,</p>
<p>como el iris del iris, y otro un fuego</p>
<p>que de éste y de ése igualmente viniera. 120</p>
<p>¡Cuán corto es el hablar, y cuán mezquino</p>
<p>a mi concepto! y éste a lo que vi,</p>
<p>lo es tanto que no basta el decir "poco". 123</p>
<p>¡Oh luz eterna que sola en ti existes,</p>
<p>sola te entiendes, y por ti entendida</p>
<p>y entendiente, te amas y recreas! 126</p>
<p>El círculo que había aparecido 127</p>
<p>en ti como una luz que se refleja,</p>
<p>examinado un poco por mis ojos, 129</p>
<p>en su interior, de igual color pintada,</p>
<p>me pareció que estaba nuestra efigie:</p>
<p>y por ello mi vista en él ponía. 132</p>
<p>Cual el geómetra todo entregado</p>
<p>al cuadrado del círculo, y no encuentra,</p>
<p>pensando, ese principio que precisa, 135</p>
<p>estaba yo con esta visión nueva:</p>
<p>quería ver el modo en que se unía</p>
<p>al círculo la imagen y en qué sitio; 138</p>
<p>pero mis alas no eran para ello:</p>
<p>si en mi mente no hubiera golpeado</p>
<p>un fulgor que sus ansias satisfizo. 141</p>
<p>Faltan fuerzas a la alta fantasía;</p>
<p>mas ya mi voluntad y mi deseo</p>
<p>giraban como ruedas que impulsaba 144</p>
<p>Aquel que mueve el sol y las estrellas.</p>
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<subtitle>This file was created</subtitle>
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<subtitle>19/11/2007</subtitle>
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