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<title-info>
<author>
<first-name>Fray Luis de Leon</first-name>
<last-name></last-name>
</author>
<book-title>Antologia Poetica</book-title>
<date></date>
<lang>sp</lang>
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<author>
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</author>
<program-used>Book Designer 4.0</program-used>
<date>19/11/2007</date>
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</description>
<body>
<title>
<p>Antología poética</p>
<empty-line/>
<p>Fray Luis de León (1527-1591)</p>
</title>
<section>
<subtitle>CONTENTS</subtitle>
<p><a type="note" l:href="#bdn_1">A NUESTRA SEÑORA</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_2">AGORA CON LA AURORA SE LEVANTA</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_3">ALARGO ENFERMO EL PASO, Y VUELVO, CUANTO</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_4">ODA XIII - DE LA VIDA DEL CIELO</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_5">ODA XXIII - A LA SALIDA DE LA CÁRCEL</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_6">ODA VIII - NOCHE SERENA</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_7">ODA X - A FELIPE RUIZ</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_8">DEL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_9">DEL MUNDO Y SU VANIDAD</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_10">DESPUÉS QUE NO DESCUBREN SU LUCERO</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_11">ODA VI - DE LA MAGDALENA</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_12">ODA V - DE LA AVARICIA</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_13">ODA XVII - EN UNA ESPERANZA QUE SALIÓ VANA</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_14">ODA IV - CANCIÓN AL NACIMIENTO DE LA HIJA DEL MARQUÉS DE ALCAÑICES</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_15">ODA XXII - A DON PEDRO PORTOCARRERO AUSENTE</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_16">ODA XX - A SANTIAGO</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_17">DEL MUNDO Y SU VANIDAD</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_18">ODA XV - A DON PEDRO PORTOCARRERO</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_19">OH CORTESÍA, OH DULCE ACOGIMIENTO</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_20">ODA I - VIDA RETIRADA</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_21">ODA XIX - A TODOS LOS SANTOS</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_22">ODA XII - A FELIPE RUIZ</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_23">ODA XI - AL LICENCIADO JUAN DE GRIAL</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_24">ODA II - A DON PEDRO PORTOCARRERO</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_25">ÍNDICE</a></p>
<p><a type="note" l:href="#bdn_26">A FELIPE RUIZ</a></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_1">
</cite>
<cite id="_Toc33091806">
</cite>
A NUESTRA SEÑORA</p>
</title>
<p>No viéramos el rostro al padre Eterno</p>
<p>alegre, ni en el suelo al Hijo amado</p>
<p>quitar la tiranía del infierno,</p>
<p>ni el fiero Capitán encadenado;</p>
<p>viviéramos en llanto sempiterno,</p>
<p>durara la ponzoña del bocado,</p>
<p>serenísima Virgen, si no hallara</p>
<p>tal Madre Dios en vos donde encarnara.</p>
<p>Que aunque el amor del hombre ya había hecho</p>
<p>mover al padre Eterno a que enviase</p>
<p>el único engendrado de su pecho,</p>
<p>a que encarnando en vos le reparase,</p>
<p>con vos se remedió nuestro derecho,</p>
<p>hicistes nuestro bien se acrecentase,</p>
<p>estuvo nuestra vida en que quisistes,</p>
<p>Madre digna de Dios, y ansí vencistes.</p>
<p>No tuvo el Padre más, Virgen, que daros,</p>
<p>pues quiso que de vos Cristo naciese,</p>
<p>ni vos tuvistes más que desearos,</p>
<p>siendo el deseo tal, que en vos cupiese;</p>
<p>habiendo de ser Madre, contentaros</p>
<p>pudiérades con serlo de quien fuese</p>
<p>menos que Dios, aunque para tal Madre,</p>
<p>bien estuvo ser Dios el Hijo y Padre.</p>
<p>Con la humildad que al cielo enriquecistes</p>
<p>vuestro ser sobre el cielo levantastes;</p>
<p>aquello que fue Dios sólo no fuistes,</p>
<p>y cuanto no fue Dios, atrás dejastes;</p>
<p>alma santa del padre concebistes,</p>
<p>y al Verbo en vuestro vientre le cifrastes;</p>
<p>que lo que cielo y tierra no abrazaron,</p>
<p>vuestras santas entrañas encerraron.</p>
<p>Y aunque sois Madre, sois Virgen entera,</p>
<p>hija de Adán, de culpa preservada,</p>
<p>y en orden de nacer vos sois primera,</p>
<p>y antes que fuese el cielo sois criada.</p>
<p>Piadosa sois, pues la seriente fiera</p>
<p>por vos vio su cabeza quebrantada;</p>
<p>a Dios de Dios bajáis del cielo al suelo,</p>
<p>del hombre al hombre alzáis del suelo al cielo.</p>
<p>Estáis agora, Virgen generosa,</p>
<p>con la perpetua Trinidad sentada,</p>
<p>do el Padre os llama Hija, el Hijo Esposa,</p>
<p>y el Espíritu Santo dulce Amada.</p>
<p>De allí con larga mano y poderosa</p>
<p>nos repartís la gracia, que os es dada;</p>
<p>allí gozáis, y aquí para mi pluma,</p>
<p>que en la esencia de Dios está la suma.</p>
<p><emphasis>Octava real atribuida</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_2">
</cite>
<cite id="_Toc33091807">
</cite>
AGORA CON LA AURORA SE LEVANTA</p>
</title>
<p>Agora con la aurora se levanta</p>
<p>mi Luz; agora coge en rico nudo</p>
<p>el hermoso cabello; agora el crudo</p>
<p>pecho ciñe con oro, y la garganta;</p>
<p>agora vuelta al cielo, pura y santa,</p>
<p>las manos y ojos bellos alza, y pudo</p>
<p>dolerse agora de mi mal agudo;</p>
<p>agora incomparable tañe y canta.</p>
<p>Ansí digo y, del dulce error llevado,</p>
<p>presente ante mis ojos la imagino,</p>
<p>y lleno de humildad y amor la adoro;</p>
<p>mas luego vuelve en sí el engañado</p>
<p>ánimo, y conociendo el desatino,</p>
<p>la rienda suelta largamente al lloro.</p>
<p><emphasis>Soneto atribuido</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_3">
</cite>
<cite id="_Toc33091808">
</cite>
ALARGO ENFERMO EL PASO, Y VUELVO, CUANTO</p>
</title>
<p>Alargo enfermo el paso, y vuelvo, cuanto</p>
<p>alargo el paso, atrás el pensamiento;</p>
<p>no vuelvo, que antes siempre miro atento</p>
<p>la causa de mi gozo y de mi llanto.</p>
<p>Allí estoy firme y quedo, mas en tanto</p>
<p>llevado del contrario movimiento,</p>
<p>cual hace el extendido en el tormento,</p>
<p>padezco fiero mal, fiero quebranto.</p>
<p>En partes, pues, diversas dividida</p>
<p>el alma, por huir tan cruda pena,</p>
<p>desea dar ya al suelo estos despojos.</p>
<p>Gime, suspira y llora dividida,</p>
<p>y en medio del llorar sólo esto suena:</p>
<p>-¿Cuándo volveré, Nise, a ver tus ojos?</p>
<p><emphasis>Soneto atribuido</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_4">
</cite>
<cite id="_Toc33091809">
</cite>
ODA XIII - DE LA VIDA DEL CIELO</p>
</title>
<p>Alma región luciente,</p>
<p>prado de bienandanza, que ni al hielo</p>
<p>ni con el rayo ardiente</p>
<p>fallece; fértil suelo,</p>
<p>producidor eterno de consuelo:</p>
<p>de púrpura y de nieve</p>
<p>florida, la cabeza coronado,</p>
<p>y dulces pastos mueve,</p>
<p>sin honda ni cayado,</p>
<p>el Buen Pastor en ti su hato amado.</p>
<p>Él va, y en pos dichosas</p>
<p>le siguen sus ovejas, do las pace</p>
<p>con inmortales rosas,</p>
<p>con flor que siempre nace</p>
<p>y cuanto más se goza más renace.</p>
<p>Y dentro a la montaña</p>
<p>del alto bien las guía; ya en la vena</p>
<p>del gozo fiel las baña,</p>
<p>y les da mesa llena,</p>
<p>pastor y pasto él solo, y suerte buena.</p>
<p>Y de su esfera, cuando</p>
<p>la cumbre toca, altísimo subido,</p>
<p>el sol, él sesteando,</p>
<p>de su hato ceñido,</p>
<p>con dulce son deleita el santo oído.</p>
<p>Toca el rabel sonoro,</p>
<p>y el inmortal dulzor al alma pasa,</p>
<p>con que envilece el oro,</p>
<p>y ardiendo se traspasa</p>
<p>y lanza en aquel bien libre de tasa.</p>
<p>¡Oh, son! ¡Oh, voz! Siquiera</p>
<p>pequeña parte alguna decendiese</p>
<p>en mi sentido, y fuera</p>
<p>de sí la alma pusiese</p>
<p>y toda en ti, ¡oh, Amor!, la convirtiese,</p>
<p>conocería dónde</p>
<p>sesteas, dulce Esposo, y, desatada</p>
<p>de esta prisión adonde</p>
<p>padece, a tu manada</p>
<p>viviera junta, sin vagar errada.</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
<subtitle>
<cite id="_Toc33091810">
</cite>
AMOR CASI DE UN VUELO ME HA ENCUMBRADO</subtitle>
<p>Amor casi de un vuelo me ha encumbrado</p>
<p>adonde no llegó ni el pensamiento;</p>
<p>mas toda esta grandeza de contento</p>
<p>me turba, y entristece este cuidado,</p>
<p>que temo que no venga derrocado</p>
<p>al suelo por faltarle fundamento;</p>
<p>que lo que en breve sube en alto asiento,</p>
<p>suele desfallecer apresurado.</p>
<p>mas luego me consuela y asegura</p>
<p>el ver que soy, señora ilustre, obra</p>
<p>de vuestra sola gracia, y que en vos fío:</p>
<p>porque conservaréis vuestra hechura,</p>
<p>mis faltas supliréis con vuestra sobra,</p>
<p>y vuestro bien hará durable el mío.</p>
<p><emphasis>Soneto atribuido</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_5">
</cite>
<cite id="_Toc33091811">
</cite>
ODA XXIII - A LA SALIDA DE LA CÁRCEL</p>
</title>
<p>Aquí la envidia y mentira</p>
<p>me tuvieron encerrado.</p>
<p>Dichoso el humilde estado</p>
<p>del sabio que se retira</p>
<p>de aqueste mundo malvado,</p>
<p>y con pobre mesa y casa</p>
<p>en el campo deleitoso</p>
<p>con sólo Dios se compasa</p>
<p>y a solas su vida pasa</p>
<p>ni envidiado ni envidioso.</p>
<p><emphasis>Odas (Quintillas)</emphasis></p>
<subtitle>
<cite id="_Toc33091812">
</cite>
EPITAFIO AL TÚMULO DEL PRÍNCIPE DON CARLOS</subtitle>
<p>Aquí yacen de Carlos los despojos:</p>
<p>la parte principal volvióse al cielo,</p>
<p>con ella fue el valor; quedóle al suelo</p>
<p>miedo en el corazón, llanto en los ojos.</p>
<p><emphasis>Cuarteto atribuido</emphasis></p>
<subtitle>
<cite id="_Toc33091813">
</cite>
ODA XVI - CONTRA UN JUEZ AVARO</subtitle>
<p>Aunque en ricos montones</p>
<p>levantes el cautivo inútil oro;</p>
<p>y aunque tus posesiones</p>
<p>mejores con ajeno daño y lloro;</p>
<p>y aunque cruel tirano</p>
<p>oprimas la verdad, y tu avaricia,</p>
<p>vestida en nombre vano,</p>
<p>convierta en compra y venta la justicia;</p>
<p>aunque engañes los ojos</p>
<p>del mundo a quien adoras: no por tanto</p>
<p>no nacerán abrojos</p>
<p>agudos en tu alma; ni el espanto</p>
<p>no velará en tu lecho;</p>
<p>ni huirás la cúita y agonía,</p>
<p>el último despecho;</p>
<p>ni la esperanza buena en compañía</p>
<p>del gozo tus umbrales</p>
<p>penetrará jamás; ni la Meguera,</p>
<p>con llamas infernales,</p>
<p>con serpentino azote la alta y fiera</p>
<p>y diestra mano armada,</p>
<p>saldrá de tu aposento sola una hora;</p>
<p>y ni tendrás clavada</p>
<p>la rueda, aunque más puedas, voladora</p>
<p>del Tiempo hambriento y crudo,</p>
<p>que viene, con la muerte conjurado,</p>
<p>a dejarte desnudo</p>
<p>del oro y cuanto tienes más amado;</p>
<p>y quedarás sumido</p>
<p>en males no finibles y en olvido.</p>
<p><emphasis>Odas</emphasis></p>
<subtitle>
<cite id="_Toc33091814">
</cite>
CANCIÓN A LA MUERTE DEL MISMO</subtitle>
<p>Quien viere el sumptuoso</p>
<p>túmulo al alto cielo levantado,</p>
<p>de luto rodeado,</p>
<p>de lumbres mil copioso,</p>
<p>si se para a mirar quién es el muerto,</p>
<p>será desde hoy bien cierto</p>
<p>que no podrá en el mundo bastar nada</p>
<p>para estorbar la fiera muerte airada.</p>
<p>Ni edad, ni gentileza,</p>
<p>ni sangre real antigua y generosa,</p>
<p>ni de la más gloriosa</p>
<p>corona la belleza,</p>
<p>ni fuerte corazón, ni muestras claras</p>
<p>de altas virtudes raras,</p>
<p>ni tan gran padre, ni tan grande abuelo,</p>
<p>que llenan con su fama tierra y cielo.</p>
<p>¿Quién ha de estar seguro,</p>
<p>pues la fénix que sola tuvo el mundo,</p>
<p>y otro Carlos segundo,</p>
<p>nos lleva el hado duro?</p>
<p>Y vimos sin color su blanca cara,</p>
<p>a su España tan cara,</p>
<p>como la tierna rosa delicada,</p>
<p>que fue sin tiempo y sin razón cortada.</p>
<p>Ilustre y alto mozo,</p>
<p>a quien el cielo dio tan corta vida,</p>
<p>que apenas fue sentida,</p>
<p>fuiste breve gozo</p>
<p>y ahora luengo llanto de tu España,</p>
<p>de Flandes y Alemaña,</p>
<p>Italia y de aquel mundo nuevo y rico,</p>
<p>con quien cualquier imperio es corto y chico.</p>
<p>No temas que la muerte</p>
<p>vaya de tus despojos vitoriosa;</p>
<p>antes irá medrosa</p>
<p>de tu espíritu fuerte,</p>
<p>las ínclitas hazañas que hicieras,</p>
<p>los triunfos que tuvieras;</p>
<p>y vio que a no perderte se perdía.</p>
<p>y ansí el mismo temor le dio osadía.</p>
<p><emphasis>Canción atribuida</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_6">
</cite>
<cite id="_Toc33091815">
</cite>
ODA VIII - NOCHE SERENA</p>
</title>
<p>A Don Loarte</p>
<p>Cuando contemplo el cielo</p>
<p>de innumerables luces adornado,</p>
<p>y miro hacia el suelo</p>
<p>de noche rodeado,</p>
<p>en sueño y en olvido sepultado,</p>
<p>el amor y la pena</p>
<p>despiertan en mi pecho un ansia ardiente;</p>
<p>despiden larga vena</p>
<p>los ojos hechos fuente;</p>
<p>Loarte y digo al fin con voz doliente:</p>
<p>«Morada de grandeza,</p>
<p>templo de claridad y hermosura,</p>
<p>el alma, que a tu alteza</p>
<p>nació, ¿qué desventura</p>
<p>la tiene en esta cárcel baja, escura?</p>
<p>¿Qué mortal desatino</p>
<p>de la verdad aleja así el sentido,</p>
<p>que, de tu bien divino</p>
<p>olvidado, perdido</p>
<p>sigue la vana sombra, el bien fingido?</p>
<p>El hombre está entregado</p>
<p>al sueño, de su suerte no cuidando;</p>
<p>y, con paso callado,</p>
<p>el cielo, vueltas dando,</p>
<p>las horas del vivir le va hurtando.</p>
<p>¡Oh, despertad, mortales!</p>
<p>Mirad con atención en vuestro daño.</p>
<p>Las almas inmortales,</p>
<p>hechas a bien tamaño,</p>
<p>¿podrán vivir de sombra y de engaño?</p>
<p>¡Ay, levantad los ojos</p>
<p>aquesta celestial eterna esfera!</p>
<p>burlaréis los antojos</p>
<p>de aquesa lisonjera</p>
<p>vida, con cuanto teme y cuanto espera.</p>
<p>¿Es más que un breve punto</p>
<p>el bajo y torpe suelo, comparado</p>
<p>con ese gran trasunto,</p>
<p>do vive mejorado</p>
<p>lo que es, lo que será, lo que ha pasado?</p>
<p>Quien mira el gran concierto</p>
<p>de aquestos resplandores eternales,</p>
<p>su movimiento cierto</p>
<p>sus pasos desiguales</p>
<p>y en proporción concorde tan iguales;</p>
<p>la luna cómo mueve</p>
<p>la plateada rueda, y va en pos della</p>
<p>la luz do el saber llueve,</p>
<p>y la graciosa estrella</p>
<p>de amor la sigue reluciente y bella;</p>
<p>y cómo otro camino</p>
<p>prosigue el sanguinoso Marte airado,</p>
<p>y el Júpiter benino,</p>
<p>de bienes mil cercado,</p>
<p>serena el cielo con su rayo amado;</p>
<p>-rodéase en la cumbre</p>
<p>Saturno, padre de los siglos de oro;</p>
<p>tras él la muchedumbre</p>
<p>del reluciente coro</p>
<p>su luz va repartiendo y su tesoro-:</p>
<p>¿quién es el que esto mira</p>
<p>y precia la bajeza de la tierra,</p>
<p>y no gime y suspira</p>
<p>y rompe lo que encierra</p>
<p>el alma y destos bienes la destierra?</p>
<p>Aquí vive el contento,</p>
<p>aquí reina la paz; aquí, asentado</p>
<p>en rico y alto asiento,</p>
<p>está el Amor sagrado,</p>
<p>de glorias y deleites rodeado.</p>
<p>Inmensa hermosura</p>
<p>aquí se muestra toda, y resplandece</p>
<p>clarísima luz pura,</p>
<p>que jamás anochece;</p>
<p>eterna primavera aquí florece.</p>
<p>¡Oh campos verdaderos!</p>
<p>¡Oh prados con verdad frescos y amenos!</p>
<p>¡Riquísimos mineros!</p>
<p>¡Oh deleitosos senos!</p>
<p>¡Repuestos valles, de mil bienes llenos!»</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_7">
</cite>
<cite id="_Toc33091816">
</cite>
ODA X - A FELIPE RUIZ</p>
</title>
<p>¿Cuándo será que pueda,</p>
<p>libre desta prisión volar al cielo,</p>
<p>Felipe, y en la rueda,</p>
<p>que huye más del suelo,</p>
<p>contemplar la verdad pura sin duelo?</p>
<p>Allí a mi vida junto,</p>
<p>en luz resplandeciente convertido,</p>
<p>veré distinto y junto</p>
<p>lo que es y lo que ha sido,</p>
<p>y su principio propio y ascondido.</p>
<p>Entonces veré cómo</p>
<p>la soberana mano echó el cimiento</p>
<p>tan a nivel y plomo,</p>
<p>dó estable y firme asiento</p>
<p>posee el pesadísimo elemento.</p>
<p>Veré las inmortales</p>
<p>columnas do la tierra está fundada;</p>
<p>las lindes y señales</p>
<p>con que a la mar hinchada</p>
<p>la Providencia tiene aprisionada;</p>
<p>por qué tiembla la tierra;</p>
<p>por qué las hondas mares se embravecen,</p>
<p>dó sale a mover guerra</p>
<p>el cierzo, y por qué crecen</p>
<p>las aguas del Océano y descrecen;</p>
<p>de dó manan las fuentes;</p>
<p>quién ceba y quién bastece de los ríos</p>
<p>las perpetuas corrientes;</p>
<p>de los helados fríos</p>
<p>veré las causas, y de los estíos;</p>
<p>las soberanas aguas</p>
<p>del aire en la región quién las sostiene;</p>
<p>de los rayos las fraguas,</p>
<p>dó los tesoros tiene</p>
<p>de nieve Dios, y el trueno dónde viene.</p>
<p>¿No ves cuando acontece</p>
<p>turbarse el aire todo en el verano?</p>
<p>El día se ennegrece,</p>
<p>sopla el gallego insano,</p>
<p>y sube hasta el cielo el polvo vano;</p>
<p>y entre las nubes mueve</p>
<p>su carro Dios, ligero y reluciente;</p>
<p>horrible son conmueve,</p>
<p>relumbra fuego ardiente,</p>
<p>treme la tierra, humíllase la gente;</p>
<p>la lluvia baña el techo;</p>
<p>invían largos ríos los collados;</p>
<p>su trabajo deshecho,</p>
<p>los campos anegados,</p>
<p>miran los labradores espantados.</p>
<p>Y de allí levantado,</p>
<p>veré los movimientos celestiales,</p>
<p>ansí el arrebatado</p>
<p>como los naturales,</p>
<p>las causas de los hados, las señales.</p>
<p>Quién rige las estrellas</p>
<p>veré, y quién las enciende con hermosas</p>
<p>y eficaces centellas;</p>
<p>por qué están las dos Osas</p>
<p>de bañarse en el mar siempre medrosas.</p>
<p>Veré este fuego eterno,</p>
<p>fuente de vida y luz, dó se mantiene;</p>
<p>y por qué en el invierno</p>
<p>tan presuroso viene,</p>
<p>quien en las noches largas se detiene.</p>
<p>Veré sin movimiento</p>
<p>en la más alta esfera las moradas</p>
<p>del gozo y del contento,</p>
<p>de oro y luz labradas,</p>
<p>de espíritus dichosos habitadas.</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_8">
</cite>
<cite id="_Toc33091817">
</cite>
DEL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO</p>
</title>
<p>Canción</p>
<p>En el profundo del abismo estabas</p>
<p>del no ser encerrado y detenido,</p>
<p>sin poder ni saber salir afuera,</p>
<p>y todo lo que es algo en mí faltaba,</p>
<p>la vida, el alma, el cuerpo y el sentido;</p>
<p>y en fin, mi ser no ser entonces era,</p>
<p>y así de esta manera</p>
<p>estuve eternamente</p>
<p>nada visible y sin tratar con gente,</p>
<p>en tal suerte que aun era muy más buena</p>
<p>del ancho mar la más menuda arena;</p>
<p>y el gusanillo de la gente hollado</p>
<p>un rey era, conmigo comparado.</p>
<p>Estando, pues, en tal tiniebla oscura,</p>
<p>volviendo ya con curso presuroso</p>
<p>el sexto siglo el estrellado cielo,</p>
<p>miró el gran Padre, Dios de la natura,</p>
<p>y viome en sí benigno y amoroso,</p>
<p>y sacóme a la luz de aqueste suelo,</p>
<p>vistióme de este velo,</p>
<p>de flaca carne y güeso,</p>
<p>mas diome el alma, a quien no hubiera peso,</p>
<p>que impidiera llegar a la presencia</p>
<p>de la divina e inefable Esencia,</p>
<p>si la primera culpa no agravara</p>
<p>su ligereza y alas derribara</p>
<p>¡Oh culpa amarga, y cuánto bien quitaste</p>
<p>al alma mía! ¡Cuánto mal hiciste!</p>
<p>Luego que fue criada y junto infusa,</p>
<p>tú de gracia y justicia la privaste,</p>
<p>y al mismo Dios contraria la pusiste;</p>
<p>ciega, enemiga, sin favor, confusa,</p>
<p>por ti siempre rehúsa</p>
<p>el bien, y la molesta</p>
<p>la virtud, y a los vicios está presta;</p>
<p>por ti la fiera muerte ensangrentada,</p>
<p>por ti toda miseria tuvo entrada,</p>
<p>hambre, dolor, gemido, fuego, invierno,</p>
<p>pobreza, enfermedad, pecado, infierno.</p>
<p>Así que en los pañales del pecado</p>
<p>fui, como todos, luego al punto envuelto</p>
<p>y con la obligación de eterna pena,</p>
<p>con tanta fuerza y tan estrecho atado,</p>
<p>que no pudiera de ella verme suelto</p>
<p>en virtud propia ni en virtud ajena,</p>
<p>sino de aquella (llena</p>
<p>de piedad tan fuerte)</p>
<p>bondad, que con su muerte a nuestra muerte</p>
<p>mató, y gloriosamente hubo deshecho,</p>
<p>rompiendo el amoroso y sacro pecho,</p>
<p>de donde mana soberana fuente</p>
<p>de gracia y de salud a toda gente.</p>
<p>En esto plugo a la bondad inmensa</p>
<p>darme otro ser más alto que tenía,</p>
<p>bañándome en el agua consagrada;</p>
<p>quedó con esto limpia de la ofensa,</p>
<p>graciosísima y bella el alma mía,</p>
<p>de mil bienes y dones adornada;</p>
<p>en fin, cual desposada</p>
<p>con el Rey de la gloria,</p>
<p>¡oh, cuán dulce y suavísima memoria!,</p>
<p>allí la recibió por cara Esposa,</p>
<p>y allí le prometió de no amar cosa</p>
<p>fuera de él o por él, mientras viviese.</p>
<p>¡Oh, si, de hoy más siquiera, lo cumpliese!</p>
<p>Crecí después y fui en edad entrando;</p>
<p>llegué a la discreción, con que debiera</p>
<p>entregarme a quien tanto me había dado,</p>
<p>y, en vez de esto la lealtad quebrando,</p>
<p>que en el bautismo sacro prometiera</p>
<p>y con mi propio nombre había firmado,</p>
<p>aún no hubo bien llegado</p>
<p>el deleite vicioso</p>
<p>del cruel enemigo venenoso,</p>
<p>cuando con todo di en un punto al traste.</p>
<p>¿Hay corazón tan duro en sí, que baste</p>
<p>a no romperse dentro en nuestro seno,</p>
<p>de pena el mío, de lástima el ajeno?</p>
<p>Más que la tierra queda tenebrosa,</p>
<p>cuando su claro rostro el sol ausenta</p>
<p>y a bañar lleva al mar su carro de oro;</p>
<p>más estéril, más seca y pedregosa,</p>
<p>que cuando largo tiempo está sedienta,</p>
<p>quedó mi alma sin aquel tesoro,</p>
<p>por quien yo plaño y lloro,</p>
<p>y hay que llorar contino,</p>
<p>pues que quedé sin luz del Sol divino,</p>
<p>y sin aquel rocío soberano,</p>
<p>que obraba en ella el celestial verano;</p>
<p>ciega, disforme, torpe y a la hora</p>
<p>hecha una vil esclava de señora.</p>
<p>¡Oh, Padre inmenso, que inmovible estando</p>
<p>das a las cosas movimiento y vida,</p>
<p>y las gobiernas tan süavemente!,</p>
<p>¿qué amor detuvo tu justicia, cuando</p>
<p>mi alma tan ingrata y atrevida,</p>
<p>dejando a ti, del bien eterno fuente,</p>
<p>con ansia tan ardiente</p>
<p>en aguas detenidas</p>
<p>de cisternas corruptas y podridas,</p>
<p>se echó de pechos ante tu presencia?</p>
<p>¡Oh, divina y altísima clemencia,</p>
<p>que no me despeñases al momento</p>
<p>en el largo profundo del tormento!</p>
<p>Sufrióme entonces tu piedad divina</p>
<p>y sacóme de aquel hediondo cieno,</p>
<p>do, sin sentir aún el hedor, estaba</p>
<p>con falsa paz el ánima mezquina,</p>
<p>juzgando por tan rico y tan sereno</p>
<p>el miserable estado que gozaba,</p>
<p>que sólo deseaba</p>
<p>perpetuo aquel contento;</p>
<p>pero sopló a deshora un manso viento</p>
<p>del Espíritu eterno, y, enviando</p>
<p>un aire dulce al alma, fue llevando</p>
<p>la espesa niebla que la luz cubría,</p>
<p>dándole un claro y muy sereno día.</p>
<p>Vio luego de su estado la vileza,</p>
<p>en que, guardando inmundos animales,</p>
<p>de su tan vil manjar aún no se hartara;</p>
<p>vio el fruto del deleite y de torpeza</p>
<p>ser confusión, y penas tan mortales;</p>
<p>temió la recta y no doblada vara,</p>
<p>y la severa cara</p>
<p>de aquel juez sempiterno;</p>
<p>la muerte, juicio, gloria, fuego, infierno,</p>
<p>cada cual acudiendo por su parte,</p>
<p>la cercan con tal fuerza y de tal arte,</p>
<p>que, quedando confuso y temeroso,</p>
<p>temblando estaba sin hallar reposo.</p>
<p>Ya que, en mí vuelto, sosegué algún tanto,</p>
<p>en lágrimas bañando el pecho y suelo,</p>
<p>y con suspiros abrasando el viento:</p>
<p>«Padre piadoso, dije, Padre santo,</p>
<p>benigno Padre, Padre de consuelo,</p>
<p>perdonad, Padre, aqueste atrevimiento;</p>
<p>a vos vengo, aunque siento,</p>
<p>de mí mismo corrido,</p>
<p>que no merezco ser de vos oído;</p>
<p>mas mirad las heridas que me han hecho</p>
<p>mis pecados, cuán roto y cuán deshecho</p>
<p>me tienen, y cuán pobre y miserable,</p>
<p>ciego, leproso, enfermo, lamentable.</p>
<p>Mostrad vuestras entrañas amorosas</p>
<p>en recebirme agora y perdonarme,</p>
<p>pues es, benigno Dios, tan propio vuestro</p>
<p>tener piedad de todas vuestras cosas;</p>
<p>y si os place, Señor, de castigarme,</p>
<p>no me entreguéis al enemigo nuestro;</p>
<p>a diestro y a siniestro</p>
<p>tomad vos la venganza,</p>
<p>herid en mí con fuego, azote y lanza;</p>
<p>cortad, quemad, romped; sin duelo alguno</p>
<p>atormentad mis miembros de uno a uno,</p>
<p>con que, después de aqueste tal castigo,</p>
<p>volváis a ser mi Dios, mi buen amigo».</p>
<p>Apenas hube dicho aquesto, cuando</p>
<p>con los brazos abiertos me levanta</p>
<p>y me otorga su amor, su gracia y vida,</p>
<p>y a mis males y llagas aplicando</p>
<p>la medicina soberana y santa,</p>
<p>a tal enfermedad constituida,</p>
<p>me deja sin herida,</p>
<p>de todo punto sano,</p>
<p>pero con las heridas del tirano</p>
<p>hábito, que iba ya en naturaleza</p>
<p>volviéndose, y con una tal flaqueza,</p>
<p>que, aunque sané del mal y su accidente,</p>
<p>diez años ha que soy convaleciente.</p>
<p><emphasis>Silva atribuida</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_9">
</cite>
<cite id="_Toc33091818">
</cite>
DEL MUNDO Y SU VANIDAD</p>
</title>
<p>Los que tenéis en tanto</p>
<p>la vanidad del mundanal ruïdo,</p>
<p>cual áspide al encanto</p>
<p>del Mágico temido,</p>
<p>podréis tapar el contumaz oído.</p>
<p>Porque mi ronca musa,</p>
<p>en lugar de cantar como solía,</p>
<p>tristes querellas usa,</p>
<p>y a sátira la guía</p>
<p>del mundo la maldad y tiranía.</p>
<p>Escuchen mi lamento</p>
<p>los que, cual yo, tuvieren justas quejas,</p>
<p>que bien podrá su acento</p>
<p>abrasar las orejas,</p>
<p>rugar la frente y enarcar las cejas.</p>
<p>Mas no podrá mi lengua</p>
<p>sus males referir, ni comprehendellos,</p>
<p>ni sin quedar sin mengua</p>
<p>la mayor parte dellos,</p>
<p>aunque se vuelven lenguas mis cabellos.</p>
<p>Pluguiera a Dios que fuera</p>
<p>igual a la experiencia el desengaño,</p>
<p>que daros le pudiera,</p>
<p>porque, si no me engaño,</p>
<p>naciera gran provecho de mi daño.</p>
<p>No condeno del mundo</p>
<p>la máquina, pues es de Dios hechura;</p>
<p>en sus abismos fundo</p>
<p>la presente escritura,</p>
<p>cuya verdad el campo me asegura.</p>
<p>Inciertas son sus leyes,</p>
<p>incierta su medida y su balanza,</p>
<p>sujetos son los reyes,</p>
<p>y el que menos alcanza,</p>
<p>a miserable y súbita mudanza.</p>
<p>No hay cosa en él perfecta;</p>
<p>en medio de la paz arde la guerra,</p>
<p>que al alma más quieta</p>
<p>en los abismos cierra,</p>
<p>y de su patria celestial destierra.</p>
<p>Es caduco, mudable,</p>
<p>y en sólo serlo más que peña firme;</p>
<p>en el bien variable,</p>
<p>porque verdad confirme</p>
<p>y con decillo su maldad afirme.</p>
<p>Largas sus esperanzas</p>
<p>y, para conseguir, el tiempo breve;</p>
<p>penosas las mudanzas</p>
<p>del aire, sol y nieve,</p>
<p>que en nuestro daño el cielo airado mueve.</p>
<p>Con rigor enemigo</p>
<p>las cosas entre sí todas pelean,</p>
<p>mas el hombre consigo;</p>
<p>contra él todas se emplean,</p>
<p>y toda perdición suya desean.</p>
<p>La pobreza envidiosa,</p>
<p>la riqueza de todos envidiada;</p>
<p>mas ésta no reposa</p>
<p>para ser conservada,</p>
<p>ni puede aquélla tener gusto en nada.</p>
<p>La soledad huida</p>
<p>es de los por quien fue más alabada,</p>
<p>la trápala seguida</p>
<p>y con sudor comprada</p>
<p>de aquellos por quien fue menospreciada.</p>
<p>Es el mayor amigo</p>
<p>espejo, día, lumbre en que nos vemos;</p>
<p>en presencia testigo</p>
<p>del bien que no tenemos,</p>
<p>y en ausencia del mal que no hacemos.</p>
<p>Pródigo en prometernos</p>
<p>y, en cumplir tus promesas, mundo, avaro,</p>
<p>tus cargos y gobiernos</p>
<p>nos enseñan bien claro</p>
<p>que es tu mayor placer, de balde, caro.</p>
<p>Guay del que los procura,</p>
<p>pues hace la prisión, a do se queda</p>
<p>en servidumbre dura,</p>
<p>cual gusano de seda,</p>
<p>que en su delgada fábrica se enreda.</p>
<p>Porque el mejor es cargo,</p>
<p>y muy pesado de llevar agora,</p>
<p>y después más amargo,</p>
<p>pues perdéis a deshora</p>
<p>su breve gusto que sin fin se llora.</p>
<p>Tal es la desventura</p>
<p>de nuestra vida, y la miseria della,</p>
<p>que es próspera ventura</p>
<p>nunca jamás tenella</p>
<p>con justo sobresalto de perdella.</p>
<p>¿De dó, señores, nace</p>
<p>que nadie de su estado está contento,</p>
<p>y más le satisface</p>
<p>al libre el casamiento,</p>
<p>y al que es casado el libre pensamiento?</p>
<p>«¡Oh, dichosos tratantes!»,</p>
<p>ya quebrantado del pegado hierro,</p>
<p>escapado denantes</p>
<p>por acertado yerro,</p>
<p>dice el soldado en áspero destierro,</p>
<p>«que pasáis vuestra vida</p>
<p>muy libre ya de trabajosa pena,</p>
<p>segura la comida</p>
<p>y mucho más la cena,</p>
<p>llena de risa y de pesar ajena».</p>
<p>«¡Oh, dichoso soldado!»,</p>
<p>responde el mercader del espacioso</p>
<p>mar en alto llevado,</p>
<p>«que gozas de reposo</p>
<p>con presta muerte o con vencer glorioso».</p>
<p>El rústico villano</p>
<p>la vida con razón invidia y ama</p>
<p>del consulto tirano,</p>
<p>que desde la su cama</p>
<p>oye la voz del consultor que llama;</p>
<p>el cual, por la fianza</p>
<p>del campo a la ciudad por mal llevado,</p>
<p>llama, sin esperanza</p>
<p>del buey y corvo arado,</p>
<p>al ciudadano bienaventurado.</p>
<p>Y no sólo sujetos</p>
<p>los hombres viven a miserias tales,</p>
<p>que por ser más perfetos</p>
<p>lo son todos sus males,</p>
<p>sino también los brutos animales.</p>
<p>Del arado quejoso,</p>
<p>el perezoso buey pide la silla,</p>
<p>y el caballo brioso</p>
<p>(mirad qué maravilla)</p>
<p>querría más arar que no sufrilla.</p>
<p>Y lo que más admira,</p>
<p>mundo cruel, de tu costumbre mala,</p>
<p>es ver cómo el que aspira</p>
<p>al bien, que le señala</p>
<p>su misma inclinación, luego resbala.</p>
<p>Pues no tan presto llega</p>
<p>al término por él tan deseado,</p>
<p>cuando es de torpe y ciega</p>
<p>voluntad despreciado,</p>
<p>o de fortuna en tierno agraz cortado.</p>
<p>Bastáranos la prueba</p>
<p>que en otros tiempos ha la muerte hecho,</p>
<p>sin la funesta nueva,</p>
<p>de don Juan, cuyo pecho</p>
<p>alevemente della fue deshecho.</p>
<p>Con lágrimas de fuego,</p>
<p>hasta quedar en ellas abrasado</p>
<p>o, por lo menos, ciego,</p>
<p>de mí serás llorado,</p>
<p>por no ver tanto bien tan malogrado.</p>
<p>La rigurosa muerte,</p>
<p>del bien de los cristianos invidiosa,</p>
<p>rompió de un golpe fuerte</p>
<p>la esperanza dichosa,</p>
<p>y del infiel la pena temerosa.</p>
<p>Mas porque de cumplida</p>
<p>gloria no goce -de morir tal hombre-</p>
<p>la gente descreída,</p>
<p>tu muerte les asombre</p>
<p>con sólo la memoria de tu nombre.</p>
<p>Sientan lo que sentimos;</p>
<p>su gloria vaya con pesar mezclada;</p>
<p>recuérdense que vimos</p>
<p>la mar acrecentada</p>
<p>con su sangre vertida y no vengada.</p>
<p>La grave desventura</p>
<p>del Lusitano, por su mal valiente,</p>
<p>la soberbia bravura</p>
<p>de su bisoña gente,</p>
<p>desbaratada miserablemente,</p>
<p>siempre debe llorarse,</p>
<p>si, como manda la razón, se llora;</p>
<p>mas no podrá jactarse</p>
<p>la parte vencedora,</p>
<p>pues reyes dio por rey la gente mora.</p>
<p>Ansí que nuestra pena</p>
<p>no les pudo causar perpetua gloria,</p>
<p>pues, siendo toda llena</p>
<p>de sangrieta memoria,</p>
<p>no se pudo llamar buena vitoria.</p>
<p>Callo las otras muertes</p>
<p>de tantos reyes en tan pocos días,</p>
<p>cuyas fúnebres suertes</p>
<p>fueron anatomías,</p>
<p>que liquidar podrán las peñas frías.</p>
<p>Sin duda cosas tales,</p>
<p>que en nuestro daño todas se conjuran,</p>
<p>de venideros males</p>
<p>muestras nos aseguran</p>
<p>y al fin universal nos apresuran.</p>
<p>¡Oh, ciego desatino!,</p>
<p>que llevas nuestras almas encantadas</p>
<p>por áspero camino,</p>
<p>por partes desusadas,</p>
<p>al reino del olvido condenadas.</p>
<p>Sacude con presteza</p>
<p>del leve corazón el grave sueño</p>
<p>y la tibia pereza,</p>
<p>que con razón desdeño,</p>
<p>y al ejercicio aspira que te enseño.</p>
<p>Soy hombre piadoso</p>
<p>de tu misma salud, que va perdida;</p>
<p>sácala del penoso</p>
<p>trance do está metida:</p>
<p>evitarás la natural caída,</p>
<p>a la cual nos inclina</p>
<p>la justa pena del primer bocado;</p>
<p>mas en la rica mina</p>
<p>del inmortal costado,</p>
<p>muerto de amor, serás vivificado.</p>
<p><emphasis>Odas (Lira atribuida)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_10">
</cite>
<cite id="_Toc33091819">
</cite>
DESPUÉS QUE NO DESCUBREN SU LUCERO</p>
</title>
<p>Después que no descubren su lucero</p>
<p>mis ojos lagrimosos noche y día,</p>
<p>llevado del error, sin vela y guía,</p>
<p>navego por un mar amargo y fiero.</p>
<p>El deseo, la ausencia, el carnicero</p>
<p>recelo, y de la ciega fantasía</p>
<p>las olas más furiosas a porfía</p>
<p>me llegan al peligro postrimero.</p>
<p>Aquí una voz me dice: cobre aliento,</p>
<p>señora, con la fe que me habéis dado</p>
<p>y en mil y mil maneras repetido.</p>
<p>Mas, -¿cuánto desto allá llevado ha el viento?,</p>
<p>respondo: y a las olas entregado,</p>
<p>el puerto desespero, el hondo pido.</p>
<p><emphasis>Soneto atribuido</emphasis></p>
<subtitle>
<cite id="_Toc33091820">
</cite>
ODA III - A FRANCISCO DE SALINAS</subtitle>
<p>A Francisco Salinas</p>
<p>Catedrático de Música de la Universidad de Salamanca</p>
<p>El aire se serena</p>
<p>y viste de hermosura y luz no usada,</p>
<p>Salinas, cuando suena</p>
<p>la música estremada,</p>
<p>por vuestra sabia mano gobernada.</p>
<p>A cuyo son divino</p>
<p>el alma, que en olvido está sumida,</p>
<p>torna a cobrar el tino</p>
<p>y memoria perdida</p>
<p>de su origen primera esclarecida.</p>
<p>Y como se conoce,</p>
<p>en suerte y pensamientos se mejora;</p>
<p>el oro desconoce,</p>
<p>que el vulgo vil adora,</p>
<p>la belleza caduca, engañadora.</p>
<p>Traspasa el aire todo</p>
<p>hasta llegar a la más alta esfera,</p>
<p>y oye allí otro modo</p>
<p>de no perecedera</p>
<p>música, que es la fuente y la primera.</p>
<p>Ve cómo el gran maestro,</p>
<p>aquesta inmensa cítara aplicado,</p>
<p>con movimiento diestro</p>
<p>produce el son sagrado,</p>
<p>con que este eterno templo es sustentado.</p>
<p>Y como está compuesta</p>
<p>de números concordes, luego envía</p>
<p>consonante respuesta;</p>
<p>y entrambas a porfía</p>
<p>se mezcla una dulcísima armonía.</p>
<p>Aquí la alma navega</p>
<p>por un mar de dulzura, y finalmente</p>
<p>en él ansí se anega</p>
<p>que ningún accidente</p>
<p>estraño y peregrino oye o siente.</p>
<p>¡Oh, desmayo dichoso!</p>
<p>¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!</p>
<p>¡Durase en tu reposo,</p>
<p>sin ser restituido</p>
<p>jamás a aqueste bajo y vil sentido!</p>
<p>A este bien os llamo,</p>
<p>gloria del apolíneo sacro coro,</p>
<p>amigos a quien amo</p>
<p>sobre todo tesoro;</p>
<p>que todo lo visible es triste lloro.</p>
<p>¡Oh, suene de contino,</p>
<p>Salinas, vuestro son en mis oídos,</p>
<p>por quien al bien divino</p>
<p>despiertan los sentidos</p>
<p>quedando a lo demás amortecidos!</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_11">
</cite>
<cite id="_Toc33091821">
</cite>
ODA VI - DE LA MAGDALENA</p>
</title>
<p>Elisa, ya el preciado</p>
<p>cabello, que del oro escarnio hacía,</p>
<p>la nieve ha variado;</p>
<p>¡ay! ¿yo no te decía:</p>
<p>-Recoge, Elisa, el pie, que vuela el día?</p>
<p>Ya los que prometían</p>
<p>durar en tu servicio eternamente,</p>
<p>ingratos se desvían</p>
<p>por no mirar la frente</p>
<p>con rugas afeada, el negro diente.</p>
<p>¿Qué tienes del pasado</p>
<p>tiempo sino dolor? ¿cuál es el fruto</p>
<p>que tu labor te ha dado,</p>
<p>si no es tristeza y luto,</p>
<p>y el alma hecha sierva a vicio bruto?</p>
<p>¿Qué fe te guarda el vano,</p>
<p>por quien tú no guardaste la debida</p>
<p>a tu bien soberano,</p>
<p>por quien mal proveída</p>
<p>perdiste de tu seno la querida</p>
<p>prenda, por quien velaste,</p>
<p>por quien ardiste en celos, por quien uno</p>
<p>el cielo fatigaste</p>
<p>con gemido importuno,</p>
<p>por quien nunca tuviste acuerdo alguno</p>
<p>de ti mesma? Y agora,</p>
<p>rico de tus despojos, más ligero</p>
<p>que el ave, huye, adora</p>
<p>a Lida el lisonjero;</p>
<p>tú quedas entregada al dolor fiero.</p>
<p>¡Oh cuánto mejor fuera</p>
<p>el don de hermosura, que del cielo</p>
<p>te vino, a cuyo era</p>
<p>habello dado en velo</p>
<p>santo, guardado bien del polvo y suelo!</p>
<p>Mas hora no hay tardía,</p>
<p>tanto nos es el cielo piadoso,</p>
<p>mientras que dura el día;</p>
<p>el pecho hervoroso</p>
<p>en breve del dolor saca reposo;</p>
<p>que la gentil señora</p>
<p>de Mágdalo, bien que perdidamente</p>
<p>dañada, en breve hora</p>
<p>con el amor ferviente</p>
<p>las llamas apagó del fuego ardiente,</p>
<p>las llamas del malvado</p>
<p>amor con otro amor más encendido;</p>
<p>y consiguió el estado,</p>
<p>que no fue concedido</p>
<p>al huésped arrogante en bien fingido.</p>
<p>De amor guiada, y pena,</p>
<p>penetra el techo estraño, y atrevida</p>
<p>ofrécese a la ajena</p>
<p>presencia, y sabia olvida</p>
<p>el ojo mofador; buscó la vida;</p>
<p>y, toda derrocada</p>
<p>a los divinos pies que la traían,</p>
<p>lo que la en sí fiada</p>
<p>gente olvidado habían,</p>
<p>sus manos, boca y ojos lo hacían.</p>
<p>Lavaba larga en lloro</p>
<p>al que su torpe mal lavando estaba;</p>
<p>limpiaba con el oro,</p>
<p>que la cabeza ornaba,</p>
<p>a su limpieza, y paz a su paz daba.</p>
<p>Decía: «Solo amparo</p>
<p>de la miseria extrema, medicina</p>
<p>de mi salud, reparo</p>
<p>de tanto mal, inclina</p>
<p>aqueste cieno tu piedad divina.</p>
<p>¡Ay! ¿Qué podrá ofrecerte</p>
<p>quien todo lo perdió? aquestas manos</p>
<p>osadas de ofenderte,</p>
<p>aquestos ojos vanos</p>
<p>te ofrezco, y estos labios tan profanos.</p>
<p>Lo que sudó en tu ofensa</p>
<p>trabaje en tu servicio, y de mis males</p>
<p>proceda mi defensa;</p>
<p>mis ojos, dos mortales</p>
<p>fraguas, dos fuentes sean manantiales.</p>
<p>Bañen tus pies mis ojos,</p>
<p>límpienlos mis cabellos; de tormento</p>
<p>mi boca, y red de enojos,</p>
<p>les dé besos sin cuento;</p>
<p>y lo que me condena te presento:</p>
<p>preséntate un sujeto</p>
<p>tan mortalmente herido, cual conviene,</p>
<p>do un médico perfeto</p>
<p>de cuanto saber tiene</p>
<p>dé muestra, que por siglos mil resuene.»</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_12">
</cite>
<cite id="_Toc33091822">
</cite>
ODA V - DE LA AVARICIA</p>
<empty-line/>
<p><cite id="bdn_26">
</cite>
A FELIPE RUIZ</p>
</title>
<p>En vano el mar fatiga</p>
<p>la vela portuguesa; que ni el seno</p>
<p>de Persia ni la amiga</p>
<p>Maluca da árbol bueno,</p>
<p>que pueda hacer un ánimo sereno.</p>
<p>No da reposo al pecho,</p>
<p>Felipe, ni la India, ni la rara</p>
<p>esmeralda provecho;</p>
<p>que más tuerce la cara</p>
<p>cuanto posee más el alma avara.</p>
<p>Al capitán romano</p>
<p>la vida, y no la sed, quitó el bebido</p>
<p>tesoro persiano;</p>
<p>y Tántalo, metido</p>
<p>en medio de las aguas, afligido</p>
<p>de sed está; y más dura</p>
<p>la suerte es del mezquino, que sin tasa</p>
<p>se cansa ansí, y endura</p>
<p>el oro, y la mar pasa</p>
<p>osado, y no osa abrir la mano escasa.</p>
<p>¿Qué vale el no tocado</p>
<p>tesoro, si corrompe el dulce sueño,</p>
<p>si estrecha el ñudo dado,</p>
<p>si más enturbia el ceño,</p>
<p>y deja en la riqueza pobre al dueño?</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
<subtitle>
<cite id="_Toc33091823">
</cite>
ODA VII - PROFECÍA DEL TAJO</subtitle>
<p>Folgaba el Rey Rodrigo</p>
<p>con la hermosa Cava en la ribera</p>
<p>del Tajo, sin testigo;</p>
<p>el río sacó fuera</p>
<p>el pecho, y le habló desta manera:</p>
<p>«En mal punto te goces,</p>
<p>injusto forzador; que ya el sonido</p>
<p>oyo, ya y las voces,</p>
<p>las armas y el bramido</p>
<p>de Marte, de furor y ardor ceñido.</p>
<p>¡Ay! esa tu alegría</p>
<p>qué llantos acarrea, y esa hermosa,</p>
<p>que vio el sol en mal día,</p>
<p>a España ¡ay cuán llorosa!,</p>
<p>y al cetro de los Godos ¡cuán costosa!</p>
<p>Llamas, dolores, guerras,</p>
<p>muertes, asolamientos, fieros males</p>
<p>entre tus brazos cierras,</p>
<p>trabajos inmortales</p>
<p>a ti y a tus vasallos naturales;</p>
<p>a los que en Constantina</p>
<p>rompen el fértil suelo, a los que baña</p>
<p>el Ebro, a la vecina</p>
<p>Sansueña, a Lusitaña:</p>
<p>a toda la espaciosa y triste España.</p>
<p>Ya dende Cádiz llama</p>
<p>el injuriado Conde, a la venganza</p>
<p>atento y no a la fama,</p>
<p>la bárbara pujanza,</p>
<p>en quien para tu daño no hay tardanza.</p>
<p>Oye que al cielo toca</p>
<p>con temeroso son la trompa fiera,</p>
<p>que en África convoca</p>
<p>el moro a la bandera</p>
<p>que al aire desplegada va ligera.</p>
<p>La lanza ya blandea</p>
<p>el árabe crüel, y hiere el viento,</p>
<p>llamando a la pelea;</p>
<p>innumerable cuento</p>
<p>de escuadras juntas veo en un momento.</p>
<p>Cubre la gente el suelo,</p>
<p>debajo de las velas desparece</p>
<p>la mar; la voz al cielo</p>
<p>confusa y varia crece;</p>
<p>el polvo roba el día y le escurece.</p>
<p>¡Ay!, que ya presurosos</p>
<p>suben las largas naves. ¡Ay!, que tienden</p>
<p>los brazos vigorosos</p>
<p>a los remos, y encienden</p>
<p>las mares espumosas por do hienden.</p>
<p>El Éolo derecho</p>
<p>hinche la vela en popa, y larga entrada</p>
<p>por el Hercúleo Estrecho</p>
<p>con la punta acerada</p>
<p>el gran padre Neptuno da a la armada.</p>
<p>¡Ay, triste! ¿y aun te tiene</p>
<p>el mal dulce regazo? ¿Ni llamado</p>
<p>al mal que sobreviene,</p>
<p>no acorres? ¿Ocupado,</p>
<p>no ves ya el puerto a Hércules sagrado?</p>
<p>Acude, acorre, vuela,</p>
<p>traspasa la alta sierra, ocupa el llano;</p>
<p>no perdones la espuela,</p>
<p>no des paz a la mano,</p>
<p>menea fulminando el hierro insano.»</p>
<p>¡Ay, cuánto de fatiga,</p>
<p>ay, cuánto de sudor está presente</p>
<p>al que viste loriga,</p>
<p>al infante valiente,</p>
<p>a hombres y a caballos juntamente!</p>
<p>Y tú, Betis divino,</p>
<p>de sangre ajena y tuya amancillado,</p>
<p>darás al mar vecino</p>
<p>¡cuánto yelmo quebrado,</p>
<p>cuánto cuerpo de nobles destrozado!</p>
<p>El furibundo Marte</p>
<p>cinco luces las haces desordena,</p>
<p>igual a cada parte;</p>
<p>la sexta, ¡ay!, te condena,</p>
<p>¡oh, cara patria!, a bárbara cadena.</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_13">
</cite>
<cite id="_Toc33091824">
</cite>
ODA XVII - EN UNA ESPERANZA QUE SALIÓ VANA</p>
</title>
<p>Huid, contentos, de mi triste pecho;</p>
<p>¿qué engaño os vuelve a do nunca pudistes</p>
<p>tener reposo ni hacer provecho?</p>
<p>Tened en la memoria cuando fuistes</p>
<p>con público pregón, ¡ay!, desterrados</p>
<p>de toda mi comarca y reinos tristes,</p>
<p>a do ya no veréis sino nublados,</p>
<p>y viento, y torbellino, y lluvia fiera,</p>
<p>suspiros encendidos y cuidados.</p>
<p>No pinta el prado aquí la primavera,</p>
<p>ni nuevo sol jamás las nubes dora,</p>
<p>ni canta el ruiseñor lo que antes era.</p>
<p>La noche aquí se vela, aquí se llora</p>
<p>el dia miserable sin consuelo</p>
<p>y vence el mal de ayer el mal de agora.</p>
<p>Guardad vuestro destierro, que ya el suelo</p>
<p>no puede dar contento al alma mía,</p>
<p>si ya mil vueltas diere andando el cielo.</p>
<p>Guardad vuestro destierro, si alegría,</p>
<p>si gozo, y si descanso andáis sembrando,</p>
<p>que aqueste campo abrojos solo cría.</p>
<p>Guardad vuestro destierro, si tornando</p>
<p>de nuevo no queréis ser castigados</p>
<p>con crudo azote y con infame bando.</p>
<p>Guardad vuestro destierro que, olvidados</p>
<p>de vuestro ser, en mí seréis dolores:</p>
<p>¡tal es la fuerza de mis duros hados!</p>
<p>Los bienes más queridos y mayores</p>
<p>se mudan, y en mi daño se conjuran,</p>
<p>y son, por ofenderme, a sí traidores.</p>
<p>Mancíllanse mis manos, si se apuran;</p>
<p>la paz y la amistad, que es cruda guerra;</p>
<p>las culpas faltan, más las penas duran.</p>
<p>Quien mis cadenas más estrecha y cierra</p>
<p>es la inocencia mía y la pureza;</p>
<p>cuando ella sube, entonces vengo a tierra.</p>
<p>Mudó su ley en mí naturaleza,</p>
<p>y pudo en mí el dolor lo que no entiende</p>
<p>ni seso humano ni mayor viveza.</p>
<p>Cuanto desenlazarse más pretende</p>
<p>el pájaro captivo, más se enliga,</p>
<p>y la defensa mía más me ofende.</p>
<p>En mí la culpa ajena se castiga</p>
<p>y soy del malhechor, ¡ay!, prisionero,</p>
<p>y quieren que de mí la Fama diga:</p>
<p>«Dichoso el que jamás ni ley ni fuero,</p>
<p>ni el alto tribunal, ni las ciudades,</p>
<p>ni conoció del mundo el trato fiero.</p>
<p>Que por las inocentes soledades,</p>
<p>recoge el pobre cuerpo en vil cabaña,</p>
<p>y el ánimo enriquece con verdades.</p>
<p>Cuando la luz el aire y tierras baña,</p>
<p>levanta al puro sol las manos puras,</p>
<p>sin que se las aplomen odio y saña.</p>
<p>Sus noches son sabrosas y seguras,</p>
<p>la mesa le bastece alegremente</p>
<p>el campo, que no rompen rejas duras.</p>
<p>Lo justo le acompaña, y la luciente</p>
<p>verdad, la sencillez en pechos de oro,</p>
<p>la fee no colorada falsamente.</p>
<p>De ricas esperanzas almo coro,</p>
<p>y paz con su descuido le rodean,</p>
<p>y el gozo, cuyos ojos huye el lloro.»</p>
<p>Allí, contento, tus moradas sean;</p>
<p>allí te lograrás, y a cada uno</p>
<p>de aquellos que de mi saber desean,</p>
<p>les di que no me viste en tiempo alguno.</p>
<p><emphasis>Odas (Terceto encadenado)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_14">
</cite>
<cite id="_Toc33091825">
</cite>
ODA IV - CANCIÓN AL NACIMIENTO DE LA HIJA DEL MARQUÉS DE ALCAÑICES</p>
</title>
<p>Inspira nuevo canto,</p>
<p>Calíope, en mi pecho aqueste día,</p>
<p>que de los Borjas canto,</p>
<p>y Enríquez, la alegría</p>
<p>del rico don que el cielo les invía.</p>
<p>Hermoso sol luciente,</p>
<p>que el día das y llevas, rodeado</p>
<p>de la luz resplandeciente</p>
<p>más de lo acostumbrado,</p>
<p>sal y verás nacido tu traslado;</p>
<p>o, si te place agora</p>
<p>en la región contraria hacer manida,</p>
<p>detente allá en buen hora,</p>
<p>que con la luz nacida</p>
<p>podrá ser nuestra esfera esclarecida.</p>
<p>Alma divina, en velo</p>
<p>de femeniles miembros encerrada,</p>
<p>cuando veniste al suelo,</p>
<p>robaste de pasada</p>
<p>la celestial riquísima morada.</p>
<p>Diéronte bien sin cuento</p>
<p>con voluntad concorde y amorosa</p>
<p>quien rige el movimiento</p>
<p>sexto con la diosa,</p>
<p>de la tercera rueda poderosa.</p>
<p>De tu belleza rara</p>
<p>el envidioso viejo mal pagado</p>
<p>torció el paso y la cara,</p>
<p>y el fiero Marte airado</p>
<p>el camino dejó desocupado.</p>
<p>Y el rojo y crespo Apolo,</p>
<p>que tus pasos guiando descendía</p>
<p>contigo al bajo polo,</p>
<p>la cítara hería</p>
<p>y con divino canto ansí decía:</p>
<p>«Deciende en punto bueno,</p>
<p>espíritu real, al cuerpo hermoso,</p>
<p>que en el ilustre seno</p>
<p>te espera, deseoso</p>
<p>por dar a tu valor digno reposo.</p>
<p>Él te dará la gloria</p>
<p>que en el terreno cerco es más tenida,</p>
<p>de agüelos larga historia,</p>
<p>por quien la no hundida</p>
<p>Nave, por quien la España fue regida.</p>
<p>Tú dale en cambio desto</p>
<p>de los eternos bienes la nobleza,</p>
<p>deseo alto, honesto,</p>
<p>generosa grandeza,</p>
<p>claro saber, fe llena de pureza.</p>
<p>En tu rostro se vean</p>
<p>de su beldad sin par vivas señales;</p>
<p>los tus dos ojos sean</p>
<p>dos luces inmortales,</p>
<p>que guíen al sumo bien a los mortales.</p>
<p>El cuerpo delicado,</p>
<p>como cristal lucido y transparente,</p>
<p>tu gracia y bien sagrado,</p>
<p>tu luz, tu continente,</p>
<p>a sus dichosos siglos represente.</p>
<p>La soberana agüela,</p>
<p>dechado de virtud y hermosura,</p>
<p>la tía, de quien vuela</p>
<p>la fama, en quien la dura</p>
<p>muerte mostró lo poco que el bien dura,</p>
<p>con todas cuantas precio</p>
<p>de gracia y de belleza hayan tenido,</p>
<p>serán por ti en desprecio,</p>
<p>y puestas en olvido,</p>
<p>cual hace la verdad con lo fingido.</p>
<p>¡Ay tristes! ¡ay dichosos</p>
<p>los ojos que te vieren! huyan luego,</p>
<p>si fueren poderosos,</p>
<p>antes que prenda el fuego,</p>
<p>contra quien no valdrá ni oro ni ruego.</p>
<p>Ilustre y tierna planta,</p>
<p>dulce gozo de tronco generoso,</p>
<p>creciendo te levanta</p>
<p>a estado el más dichoso</p>
<p>de cuantos dio ya el cielo venturoso.»</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_15">
</cite>
<cite id="_Toc33091826">
</cite>
ODA XXII - A DON PEDRO PORTOCARRERO AUSENTE</p>
</title>
<p>La cana y alta cumbre</p>
<p>de Ilíberi, clarísimo Carrero,</p>
<p>contiene en sí tu lumbre</p>
<p>ya casi un siglo entero,</p>
<p>y mucho en demasía</p>
<p>detiene nuestro gozo y alegría;</p>
<p>los gozos, que el deseo</p>
<p>figura ya en tu vuelta y determina,</p>
<p>a do vendrá el Lyeo</p>
<p>y de la Cabalina</p>
<p>fuente la moradora</p>
<p>y Apolo con la cítara cantora.</p>
<p>Bien eres generoso</p>
<p>pimpollo de ilustrísimos mayores;</p>
<p>mas esto, aunque glorioso,</p>
<p>son títulos menores,</p>
<p>que tú, por ti venciendo,</p>
<p>a par de las estrellas vas luciendo,</p>
<p>y juntas en tu pecho</p>
<p>una suma de bienes peregrinos,</p>
<p>por donde con derecho</p>
<p>nos colmas de divinos</p>
<p>gozos con tu presencia,</p>
<p>y de cuidados tristes con tu ausencia;</p>
<p>porque te ha salteado</p>
<p>en medio de la paz la cruda guerra,</p>
<p>que agora el Marte airado</p>
<p>despierta en la alta sierra,</p>
<p>lanzando rabia y sañas</p>
<p>en las infieles bárbaras entrañas;</p>
<p>do mete a sangre y fuego</p>
<p>mil pueblos el Morisco descreído,</p>
<p>a quien ya perdón ciego</p>
<p>hubimos concedido,</p>
<p>a quien en santo baño</p>
<p>teñimos para nuestro mayor daño,</p>
<p>para que el nombre amigo</p>
<p>(¡ay, piedad cruel!) desconociese</p>
<p>el ánimo enemigo</p>
<p>y ansí más ofendiese:</p>
<p>mas tal es la fortuna,</p>
<p>que no sabe durar en cosa alguna.</p>
<p>Ansí la luz, que agora</p>
<p>serena relucía, con nublados</p>
<p>veréis negra a deshora,</p>
<p>y los vientos alados</p>
<p>amontonando luego</p>
<p>nubes, lluvias, horrores, trueno y fuego.</p>
<p>Mas tú que solamente</p>
<p>temes al claro Alfonso que, inducido</p>
<p>de la virtud ardiente</p>
<p>del pecho no vencido,</p>
<p>por lo más peligroso</p>
<p>se lanza discurriendo vitorioso:</p>
<p>Como en la ardiente arena</p>
<p>el líbico león las cabras sigue,</p>
<p>las haces desordena</p>
<p>y rompe y las persigue</p>
<p>armado relumbrando,</p>
<p>la vida por la gloria aventurando.</p>
<p>Testigo es la fragosa</p>
<p>Poqueira, cuando él solo, y traspasado</p>
<p>con flecha ponzoñosa,</p>
<p>sostuvo denodado,</p>
<p>y convirtió en huida</p>
<p>mil banderas de gente descreída;</p>
<p>mas sobre todo cuando,</p>
<p>los dientes de la muerte agudos fiera</p>
<p>apenas declinando,</p>
<p>alzó nueva bandera,</p>
<p>mostró bien claramente</p>
<p>de valor no vencible lo excelente.</p>
<p>Él pues relumbre claro</p>
<p>sobre sus claros padres; mas tú en tanto,</p>
<p>dechado de bien raro,</p>
<p>abraza el ocio santo;</p>
<p>que mucho son mejores</p>
<p>los frutos de la paz, y muy mayores.</p>
<p><emphasis>Odas</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_16">
</cite>
<cite id="_Toc33091827">
</cite>
ODA XX - A SANTIAGO</p>
</title>
<p>Las selvas conmoviera,</p>
<p>las fieras alimañas, como Orfeo,</p>
<p>si ya mi canto fuera</p>
<p>igual a mi deseo,</p>
<p>cantando el nombre santo Zebedeo;</p>
<p>y fueran sus hazañas</p>
<p>por mí con voz eterna celebradas,</p>
<p>por quien son las Españas</p>
<p>del yugo desatadas</p>
<p>del bárbaro furor, y libertadas;</p>
<p>y aquella Nao dichosa,</p>
<p>del cielo esclarecer merecedora,</p>
<p>que joya tan preciosa</p>
<p>nos trujo, fuera agora</p>
<p>cantada del que en Citia y Cairo mora.</p>
<p>Osa el cruel tirano</p>
<p>ensangrentar en ti su injusta espada;</p>
<p>no fue consejo humano;</p>
<p>estaba a ti ordenada</p>
<p>la primera corona, y consagrada.</p>
<p>La fe que a Cristo diste</p>
<p>con presta diligencia has ya cumplido;</p>
<p>de su cáliz bebiste,</p>
<p>apenas que subido</p>
<p>al cielo retornó, de ti partido.</p>
<p>No sufre larga ausencia,</p>
<p>no sufre, no, el amor que es verdadero;</p>
<p>la muerte y su inclemencia</p>
<p>tiene por muy ligero</p>
<p>medio por ver al dulce campanero.</p>
<p>[¡Oh viva fe constante!</p>
<p>¡oh verdadero pecho, amor crecido!</p>
<p>un punto de su amante</p>
<p>no vive dividido;</p>
<p>síguele por los pasos que había ido.]</p>
<p>Cual suele el fiel sirviente,</p>
<p>si en medio la jornada le han dejado,</p>
<p>que, haciendo prestamente</p>
<p>lo que le fue mandado,</p>
<p>torna buscando al amo ya alejado,</p>
<p>ansí, entregado al viento,</p>
<p>del mar Egeo al mar de Atlante vuela</p>
<p>do, puesto el fundamento</p>
<p>de la cristiana escuela,</p>
<p>torna buscando a Cristo a remo y vela.</p>
<p>Allí por la maldita</p>
<p>mano el sagrado cuello fue cortado:</p>
<p>¡camina en paz, bendita</p>
<p>alma, que ya has llegado</p>
<p>al término por ti tan deseado!</p>
<p>A España, a quien amaste</p>
<p>(que siempre al buen principio el fin responde),</p>
<p>tu cuerpo le inviaste</p>
<p>para dar luz adonde</p>
<p>el sol su claridad cubre y esconde;</p>
<p>por los tendidos mares</p>
<p>la rica navecilla va cortando;</p>
<p>Nereidas a millares</p>
<p>del agua el pecho alzando,</p>
<p>turbadas entre sí la van mirando;</p>
<p>y dellas hubo alguna</p>
<p>que, con las manos de la nave asida,</p>
<p>la aguija con la una</p>
<p>y con la otra tendida</p>
<p>a las demás que lleguen las convida.</p>
<p>Ya pasa del Egeo,</p>
<p>y vuela por el Jonio; atrás ya deja</p>
<p>el puerto Lilibeo;</p>
<p>de Córcega se aleja</p>
<p>y por llegar al nuestro mar se aqueja.</p>
<p>Esfuerza, viento, esfuerza;</p>
<p>hinche la santa vela, enviste en popa;</p>
<p>el curso haz que no tuerza,</p>
<p>do Abila casi topa</p>
<p>con Calpe, hasta llegar al fin de Europa.</p>
<p>Y tú, España, segura</p>
<p>del mal y cautiverio que te espera,</p>
<p>con fe y voluntad pura</p>
<p>ocupa la ribera:</p>
<p>recebirás tu guarda verdadera;</p>
<p>que tiempo será cuando,</p>
<p>de innumerables huestes rodeada,</p>
<p>del cetro real y mando</p>
<p>te verás derrocada,</p>
<p>en sangre, en llanto y en dolor bañada.</p>
<p>De hacia el Mediodía</p>
<p>oye que ya la voz amarga suena;</p>
<p>la mar de Berbería</p>
<p>de flotas veo llena;</p>
<p>hierve la costa en gente, en sol la arena;</p>
<p>con voluntad conforme</p>
<p>las proas contra ti se dan al viento,</p>
<p>y con clamor deforme</p>
<p>de pavoroso acento</p>
<p>avivan de remar el movimiento;</p>
<p>y la infernal Meguera,</p>
<p>la frente de ponzoña coronada,</p>
<p>guía la delantera</p>
<p>de la morisca armada,</p>
<p>de fuego, de furor, de muerte armada.</p>
<p>Cielos, so cuyo amparo</p>
<p>España está: ¡merced en tanta afrenta!</p>
<p>Si ya este suelo caro</p>
<p>os fue, nunca consienta</p>
<p>vuestra piedad que mal tan crudo sienta.</p>
<p>Mas, ¡ay!, que la sentencia</p>
<p>en tabla de diamante está esculpida;</p>
<p>del Godo la potencia</p>
<p>por el suelo caída,</p>
<p>España en breve tiempo es destruida.</p>
<p>¿Cuál río caudaloso,</p>
<p>que los opuestos muelles ha rompido</p>
<p>con sonido espantoso,</p>
<p>por los campos tendido</p>
<p>tan, presto y tan feroz jamás se vido?</p>
<p>Mas cese el triste llanto,</p>
<p>recobre el Español su bravo pecho;</p>
<p>que ya el Apóstol santo,</p>
<p>un otro Marte hecho,</p>
<p>del cielo viene a dalle su derecho:</p>
<p>vesle de limpio acero</p>
<p>cercado, y con espada relumbrante;</p>
<p>como rayo, ligero,</p>
<p>cuanto le va delante</p>
<p>destroza y desbarata en un instante;</p>
<p>de grave espanto herido,</p>
<p>los rayos de su vista no sostiene</p>
<p>el Moro descreído;</p>
<p>por valiente se tiene</p>
<p>cualquier que para huir ánimo tiene.</p>
<p>Huye, si puedes tanto;</p>
<p>huye, mas por demás, que no hay huida;</p>
<p>bebe dolor y llanto</p>
<p>por la mesma medida</p>
<p>con que ya España fue de ti medida.</p>
<p>Como león hambriento,</p>
<p>sigue, teñida en sangre espada y mano,</p>
<p>de más sangre sediento,</p>
<p>al Moro que huye en vano;</p>
<p>de muertos queda lleno el monte, el llano.</p>
<p>¡Oh gloria, oh gran prez nuestra,</p>
<p>escudo fiel, oh celestial guerrero!</p>
<p>vencido ya se muestra</p>
<p>el Africano fiero</p>
<p>por ti, tan orgulloso de primero;</p>
<p>por ti del vituperio,</p>
<p>por ti de la afrentosa servidumbre</p>
<p>y triste cautiverio</p>
<p>libres, en clara lumbre</p>
<p>y de la gloria estamos en la cumbre.</p>
<p>Siempre venció tu espada,</p>
<p>o fuese de tu mano poderosa,</p>
<p>o fuese meneada</p>
<p>de aquella generosa,</p>
<p>que sigue tu milicia religiosa.</p>
<p>[Las enemigas haces</p>
<p>no sufren de tu nombre el apellido;</p>
<p>con sólo aquesto haces</p>
<p>que el Español oído</p>
<p>sea, y de un polo a otro tan temido.]</p>
<p>De tu virtud divina</p>
<p>la fama, que resuena en toda parte,</p>
<p>siquiera sea vecina,</p>
<p>siquiera más se aparte,</p>
<p>a la gente conduce a visitarte.</p>
<p>El áspero camino</p>
<p>vence con devoción, y al fin te adora</p>
<p>el Franco, el peregrino</p>
<p>que Libia descolora,</p>
<p>el que en Poniente, el que en Levante mora.</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_17">
</cite>
<cite id="_Toc33091828">
</cite>
DEL MUNDO Y SU VANIDAD</p>
</title>
<p>Los que tenéis en tanto</p>
<p>la vanidad del mundanal ruïdo,</p>
<p>cual áspide al encanto</p>
<p>del Mágico temido,</p>
<p>podréis tapar el contumaz oído.</p>
<p>Porque mi ronca musa,</p>
<p>en lugar de cantar como solía,</p>
<p>tristes querellas usa,</p>
<p>y a sátira la guía</p>
<p>del mundo la maldad y tiranía.</p>
<p>Escuchen mi lamento</p>
<p>los que, cual yo, tuvieren justas quejas,</p>
<p>que bien podrá su acento</p>
<p>abrasar las orejas,</p>
<p>rugar la frente y enarcar las cejas.</p>
<p>Mas no podrá mi lengua</p>
<p>sus males referir, ni comprehendellos,</p>
<p>ni sin quedar sin mengua</p>
<p>la mayor parte dellos,</p>
<p>aunque se vuelven lenguas mis cabellos.</p>
<p>Pluguiera a Dios que fuera</p>
<p>igual a la experiencia el desengaño,</p>
<p>que daros le pudiera,</p>
<p>porque, si no me engaño,</p>
<p>naciera gran provecho de mi daño.</p>
<p>No condeno del mundo</p>
<p>la máquina, pues es de Dios hechura;</p>
<p>en sus abismos fundo</p>
<p>la presente escritura,</p>
<p>cuya verdad el campo me asegura.</p>
<p>Inciertas son sus leyes,</p>
<p>incierta su medida y su balanza,</p>
<p>sujetos son los reyes,</p>
<p>y el que menos alcanza,</p>
<p>a miserable y súbita mudanza.</p>
<p>No hay cosa en él perfecta;</p>
<p>en medio de la paz arde la guerra,</p>
<p>que al alma más quieta</p>
<p>en los abismos cierra,</p>
<p>y de su patria celestial destierra.</p>
<p>Es caduco, mudable,</p>
<p>y en sólo serlo más que peña firme;</p>
<p>en el bien variable,</p>
<p>porque verdad confirme</p>
<p>y con decillo su maldad afirme.</p>
<p>Largas sus esperanzas</p>
<p>y, para conseguir, el tiempo breve;</p>
<p>penosas las mudanzas</p>
<p>del aire, sol y nieve,</p>
<p>que en nuestro daño el cielo airado mueve.</p>
<p>Con rigor enemigo</p>
<p>las cosas entre sí todas pelean,</p>
<p>mas el hombre consigo;</p>
<p>contra él todas se emplean,</p>
<p>y toda perdición suya desean.</p>
<p>La pobreza envidiosa,</p>
<p>la riqueza de todos envidiada;</p>
<p>mas ésta no reposa</p>
<p>para ser conservada,</p>
<p>ni puede aquélla tener gusto en nada.</p>
<p>La soledad huida</p>
<p>es de los por quien fue más alabada,</p>
<p>la trápala seguida</p>
<p>y con sudor comprada</p>
<p>de aquellos por quien fue menospreciada.</p>
<p>Es el mayor amigo</p>
<p>espejo, día, lumbre en que nos vemos;</p>
<p>en presencia testigo</p>
<p>del bien que no tenemos,</p>
<p>y en ausencia del mal que no hacemos.</p>
<p>Pródigo en prometernos</p>
<p>y, en cumplir tus promesas, mundo, avaro,</p>
<p>tus cargos y gobiernos</p>
<p>nos enseñan bien claro</p>
<p>que es tu mayor placer, de balde, caro.</p>
<p>Guay del que los procura,</p>
<p>pues hace la prisión, a do se queda</p>
<p>en servidumbre dura,</p>
<p>cual gusano de seda,</p>
<p>que en su delgada fábrica se enreda.</p>
<p>Porque el mejor es cargo,</p>
<p>y muy pesado de llevar agora,</p>
<p>y después más amargo,</p>
<p>pues perdéis a deshora</p>
<p>su breve gusto que sin fin se llora.</p>
<p>Tal es la desventura</p>
<p>de nuestra vida, y la miseria della,</p>
<p>que es próspera ventura</p>
<p>nunca jamás tenella</p>
<p>con justo sobresalto de perdella.</p>
<p>¿De dó, señores, nace</p>
<p>que nadie de su estado está contento,</p>
<p>y más le satisface</p>
<p>al libre el casamiento,</p>
<p>y al que es casado el libre pensamiento?</p>
<p>«¡Oh, dichosos tratantes!»,</p>
<p>ya quebrantado del pegado hierro,</p>
<p>escapado denantes</p>
<p>por acertado yerro,</p>
<p>dice el soldado en áspero destierro,</p>
<p>«que pasáis vuestra vida</p>
<p>muy libre ya de trabajosa pena,</p>
<p>segura la comida</p>
<p>y mucho más la cena,</p>
<p>llena de risa y de pesar ajena».</p>
<p>«¡Oh, dichoso soldado!»,</p>
<p>responde el mercader del espacioso</p>
<p>mar en alto llevado,</p>
<p>«que gozas de reposo</p>
<p>con presta muerte o con vencer glorioso».</p>
<p>El rústico villano</p>
<p>la vida con razón invidia y ama</p>
<p>del consulto tirano,</p>
<p>que desde la su cama</p>
<p>oye la voz del consultor que llama;</p>
<p>el cual, por la fianza</p>
<p>del campo a la ciudad por mal llevado,</p>
<p>llama, sin esperanza</p>
<p>del buey y corvo arado,</p>
<p>al ciudadano bienaventurado.</p>
<p>Y no sólo sujetos</p>
<p>los hombres viven a miserias tales,</p>
<p>que por ser más perfetos</p>
<p>lo son todos sus males,</p>
<p>sino también los brutos animales.</p>
<p>Del arado quejoso,</p>
<p>el perezoso buey pide la silla,</p>
<p>y el caballo brioso</p>
<p>(mirad qué maravilla)</p>
<p>querría más arar que no sufrilla.</p>
<p>Y lo que más admira,</p>
<p>mundo cruel, de tu costumbre mala,</p>
<p>es ver cómo el que aspira</p>
<p>al bien, que le señala</p>
<p>su misma inclinación, luego resbala.</p>
<p>Pues no tan presto llega</p>
<p>al término por él tan deseado,</p>
<p>cuando es de torpe y ciega</p>
<p>voluntad despreciado,</p>
<p>o de fortuna en tierno agraz cortado.</p>
<p>Bastáranos la prueba</p>
<p>que en otros tiempos ha la muerte hecho,</p>
<p>sin la funesta nueva,</p>
<p>de don Juan, cuyo pecho</p>
<p>alevemente della fue deshecho.</p>
<p>Con lágrimas de fuego,</p>
<p>hasta quedar en ellas abrasado</p>
<p>o, por lo menos, ciego,</p>
<p>de mí serás llorado,</p>
<p>por no ver tanto bien tan malogrado.</p>
<p>La rigurosa muerte,</p>
<p>del bien de los cristianos invidiosa,</p>
<p>rompió de un golpe fuerte</p>
<p>la esperanza dichosa,</p>
<p>y del infiel la pena temerosa.</p>
<p>Mas porque de cumplida</p>
<p>gloria no goce -de morir tal hombre-</p>
<p>la gente descreída,</p>
<p>tu muerte les asombre</p>
<p>con sólo la memoria de tu nombre.</p>
<p>Sientan lo que sentimos;</p>
<p>su gloria vaya con pesar mezclada;</p>
<p>recuérdense que vimos</p>
<p>la mar acrecentada</p>
<p>con su sangre vertida y no vengada.</p>
<p>La grave desventura</p>
<p>del Lusitano, por su mal valiente,</p>
<p>la soberbia bravura</p>
<p>de su bisoña gente,</p>
<p>desbaratada miserablemente,</p>
<p>siempre debe llorarse,</p>
<p>si, como manda la razón, se llora;</p>
<p>mas no podrá jactarse</p>
<p>la parte vencedora,</p>
<p>pues reyes dio por rey la gente mora.</p>
<p>Ansí que nuestra pena</p>
<p>no les pudo causar perpetua gloria,</p>
<p>pues, siendo toda llena</p>
<p>de sangrieta memoria,</p>
<p>no se pudo llamar buena vitoria.</p>
<p>Callo las otras muertes</p>
<p>de tantos reyes en tan pocos días,</p>
<p>cuyas fúnebres suertes</p>
<p>fueron anatomías,</p>
<p>que liquidar podrán las peñas frías.</p>
<p>Sin duda cosas tales,</p>
<p>que en nuestro daño todas se conjuran,</p>
<p>de venideros males</p>
<p>muestras nos aseguran</p>
<p>y al fin universal nos apresuran.</p>
<p>¡Oh, ciego desatino!,</p>
<p>que llevas nuestras almas encantadas</p>
<p>por áspero camino,</p>
<p>por partes desusadas,</p>
<p>al reino del olvido condenadas.</p>
<p>Sacude con presteza</p>
<p>del leve corazón el grave sueño</p>
<p>y la tibia pereza,</p>
<p>que con razón desdeño,</p>
<p>y al ejercicio aspira que te enseño.</p>
<p>Soy hombre piadoso</p>
<p>de tu misma salud, que va perdida;</p>
<p>sácala del penoso</p>
<p>trance do está metida:</p>
<p>evitarás la natural caída,</p>
<p>a la cual nos inclina</p>
<p>la justa pena del primer bocado;</p>
<p>mas en la rica mina</p>
<p>del inmortal costado,</p>
<p>muerto de amor, serás vivificado.</p>
<p><emphasis>Odas (Lira atribuida)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_18">
</cite>
<cite id="_Toc33091829">
</cite>
ODA XV - A DON PEDRO PORTOCARRERO</p>
</title>
<p>No siempre es poderosa,</p>
<p>Carrero, la maldad, ni siempre atina</p>
<p>la envidia ponzoñosa,</p>
<p>y la fuerza sin ley que más se empina</p>
<p>al fin la frente inclina;</p>
<p>que quien se opone al cielo,</p>
<p>cuando más alto sube, viene al suelo.</p>
<p>Testigo es manifiesto</p>
<p>el parto de la Tierra mal osado,</p>
<p>que, cuando tuvo puesto</p>
<p>un monte encima de otro, y levantado,</p>
<p>al hondo derrocado,</p>
<p>sin esperanza gime</p>
<p>debajo su edificio que le oprime.</p>
<p>Si ya la niebla fría</p>
<p>al rayo que amanece odiosa ofende</p>
<p>y contra el claro día</p>
<p>las alas oscurísimas estiende,</p>
<p>no alcanza lo que emprende,</p>
<p>al fin y desparece,</p>
<p>y el sol puro en el cielo resplandece.</p>
<p>No pudo ser vencida,</p>
<p>ni la será jamás, ni la llaneza</p>
<p>ni la inocente vida</p>
<p>ni la fe sin error ni la pureza,</p>
<p>por más que la fiereza</p>
<p>del Tigre ciña un lado,</p>
<p>y el otro el Basilisco emponzoñado;</p>
<p>por más que se conjuren</p>
<p>el odio y el poder y el falso engaño,</p>
<p>y ciegos de ira apuren</p>
<p>lo propio y lo diverso, ajeno, estraño,</p>
<p>jamás le harán daño;</p>
<p>antes, cual fino oro,</p>
<p>recobra del crisol nuevo tesoro.</p>
<p>El ánimo constante,</p>
<p>armado de verdad, mil aceradas,</p>
<p>mil puntas de diamante</p>
<p>embota y enflaquece y, desplegadas</p>
<p>las fuerzas encerradas,</p>
<p>sobre el opuesto bando</p>
<p>con poderoso pie se ensalza hollando;</p>
<p>y con cien voces suena</p>
<p>la Fama, que a la Sierpe, al Tigre fiero</p>
<p>vencidos los condena</p>
<p>a daño no jamás perecedero;</p>
<p>y, con vuelo ligero</p>
<p>veniendo, la Vitoria</p>
<p>corona al vencedor de gozo y gloria.</p>
<p><emphasis>Odas</emphasis></p>
<subtitle>
<cite id="_Toc33091830">
</cite>
ODA IX - LAS SERENAS</subtitle>
<p>A Cherinto</p>
<p>No te engañe el dorado</p>
<p>vaso ni, de la puesta al bebedero</p>
<p>sabrosa miel, cebado;</p>
<p>dentro al pecho ligero,</p>
<p>Cherinto, no traspases el postrero</p>
<p>asensio; ten dudosa</p>
<p>la mano liberal, que esa azucena,</p>
<p>esa purpúrea rosa,</p>
<p>que el sentido enajena,</p>
<p>tocada, pasa al alma y la envenena.</p>
<p>Retira el pie; que asconde</p>
<p>sierpe mortal el prado, aunque florido</p>
<p>los ojos roba; adonde</p>
<p>aplace más, metido</p>
<p>el peligroso lazo está, y tendido.</p>
<p>Pasó tu primavera;</p>
<p>ya la madura edad te pide el fruto</p>
<p>de gloria verdadera;</p>
<p>¡ay! pon del cieno bruto</p>
<p>los pasos en lugar firme y enjuto,</p>
<p>antes que la engañosa</p>
<p>Circe, del corazón apoderada,</p>
<p>con copa ponzoñosa</p>
<p>el alma trasformada,</p>
<p>te ajunte nueva fiera a su manada.</p>
<p>No es dado al que allí asienta,</p>
<p>si ya el cielo dichoso no le mira,</p>
<p>huir la torpe afrenta;</p>
<p>o arde oso en ira</p>
<p>o, hecho jabalí, gime y suspira.</p>
<p>No fíes en viveza:</p>
<p>atiende al sabio rey Solimitano;</p>
<p>no vale fortaleza:</p>
<p>que al vencedor Gazano</p>
<p>condujo a triste fin femenil mano;</p>
<p>imita al alto Griego,</p>
<p>que sabio no aplicó la noble antena</p>
<p>al enemigo ruego</p>
<p>de la blanda Serena,</p>
<p>por do por siglos mil su fama suena;</p>
<p>decía comoviendo</p>
<p>el aire en dulce son: «La vela inclina,</p>
<p>que, del viento huyendo,</p>
<p>por los mares camina,</p>
<p>Ulises, de los Griegos luz divina;</p>
<p>allega y da reposo</p>
<p>al inmortal cuidado, y entretanto</p>
<p>conocerás curioso</p>
<p>mil historias que canto,</p>
<p>que todo navegante hace otro tanto;</p>
<p>Todos de su camino</p>
<p>tuercen a nuestra voz y, satisfecho</p>
<p>con el cantar divino</p>
<p>el deseoso pecho,</p>
<p>a sus tierras se van con más provecho.</p>
<p>Que todo lo sabemos</p>
<p>cuanto contiene el suelo, y la reñida</p>
<p>guerra te cantaremos</p>
<p>de Troya, y su caída,</p>
<p>por Grecia y por los dioses destruida.»</p>
<p>Ansí falsa cantaba</p>
<p>ardiendo en crueldad; mas él prudente</p>
<p>a la voz atajaba</p>
<p>el camino en su gente</p>
<p>con la aplicada cera suavemente.</p>
<p>Si a ti se presentare,</p>
<p>los ojos sabio cierra; firme atapa</p>
<p>la oreja, si llamare;</p>
<p>si prendiere la capa,</p>
<p>huye, que sólo aquel que huye escapa.</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_19">
</cite>
<cite id="_Toc33091831">
</cite>
OH CORTESÍA, OH DULCE ACOGIMIENTO</p>
</title>
<p>¡Oh cortesía, oh dulce acogimiento,</p>
<p>oh celestial saber, oh gracia pura,</p>
<p>oh, de valor dotado y de dulzura,</p>
<p>pecho real, honesto pensamiento!</p>
<p>¡Oh luces, del amor querido asiento,</p>
<p>oh boca, donde vive la hermosura,</p>
<p>oh habla suavísima, oh figura</p>
<p>angelical, oh mano, oh sabio acento!</p>
<p>Quien tiene en solo vos atesorado</p>
<p>su gozo y vida alegre y su consuelo,</p>
<p>su bienaventurada y rica suerte,</p>
<p>cuando de vos se viere desterrado,</p>
<p>¡ay! ¿qué le quedará sino recelo,</p>
<p>y noche y amargor y llanto y muerte?</p>
<p><emphasis>Soneto atribuido</emphasis></p>
<subtitle>
<cite id="_Toc33091832">
</cite>
ODA XIV - AL APARTAMIENTO</subtitle>
<p>¡Oh ya seguro puerto</p>
<p>de mi tan luengo error! ¡oh deseado</p>
<p>para reparo cierto</p>
<p>del grave mal pasado!</p>
<p>¡reposo dulce, alegre, reposado!;</p>
<p>techo pajizo, adonde</p>
<p>jamás hizo morada el enemigo</p>
<p>cuidado, ni se asconde</p>
<p>invidia en rostro amigo,</p>
<p>ni voz perjura, ni mortal testigo;</p>
<p>sierra que vas al cielo</p>
<p>altísima, y que gozas del sosiego</p>
<p>que no conoce el suelo,</p>
<p>adonde el vulgo ciego</p>
<p>ama el morir, ardiendo en vivo fuego:</p>
<p>recíbeme en tu cumbre,</p>
<p>recíbeme, que huyo perseguido</p>
<p>la errada muchedumbre,</p>
<p>el trabajar perdido,</p>
<p>la falsa paz, el mal no merecido;</p>
<p>y do está más sereno</p>
<p>el aire me coloca, mientras curo</p>
<p>los daños del veneno</p>
<p>que bebí mal seguro,</p>
<p>mientras el mancillado pecho apuro;</p>
<p>mientras que poco a poco</p>
<p>borro de la memoria cuanto impreso</p>
<p>dejó allí el vivir loco</p>
<p>por todo su proceso</p>
<p>vario entre gozo vano y caso avieso.</p>
<p>En ti, casi desnudo</p>
<p>deste corporal velo, y de la asida</p>
<p>costumbre roto el ñudo,</p>
<p>traspasaré la vida</p>
<p>en gozo, en paz, en luz no corrompida;</p>
<p>de ti, en el mar sujeto</p>
<p>con lástima los ojos inclinando,</p>
<p>contemplaré el aprieto</p>
<p>del miserable bando,</p>
<p>que las saladas ondas va cortando:</p>
<p>el uno, que surgía</p>
<p>alegre ya en el puerto, salteado</p>
<p>de bravo soplo, guía,</p>
<p>apenas el navío desarmado;</p>
<p>el otro en la encubierta</p>
<p>peña rompe la nave, que al momento</p>
<p>el hondo pide abierta;</p>
<p>al otro calma el viento;</p>
<p>otro en las bajas Sirtes hace asiento;</p>
<p>a otros roba el claro</p>
<p>día, y el corazón, el aguacero;</p>
<p>ofrecen al avaro</p>
<p>Neptuno su dinero;</p>
<p>otro nadando huye el morir fiero.</p>
<p>Esfuerza, opón el pecho,</p>
<p>mas ¿cómo será parte un afligido</p>
<p>que va, el leño deshecho,</p>
<p>de flaca tabla asido,</p>
<p>contra un abismo inmenso embravecido?</p>
<p>¡Ay, otra vez y ciento</p>
<p>otras seguro puerto deseado!</p>
<p>no me falte tu asiento,</p>
<p>y falte cuanto amado,</p>
<p>cuanto del ciego error es cudiciado.</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_20">
</cite>
<cite id="_Toc33091833">
</cite>
ODA I - VIDA RETIRADA</p>
</title>
<p>¡Qué descansada vida</p>
<p>la del que huye del mundanal ruïdo,</p>
<p>y sigue la escondida</p>
<p>senda, por donde han ido</p>
<p>los pocos sabios que en el mundo han sido;</p>
<p>Que no le enturbia el pecho</p>
<p>de los soberbios grandes el estado,</p>
<p>ni del dorado techo</p>
<p>se admira, fabricado</p>
<p>del sabio Moro, en jaspe sustentado!</p>
<p>No cura si la fama</p>
<p>canta con voz su nombre pregonera,</p>
<p>ni cura si encarama</p>
<p>la lengua lisonjera</p>
<p>lo que condena la verdad sincera.</p>
<p>¿Qué presta a mi contento</p>
<p>si soy del vano dedo señalado;</p>
<p>si, en busca deste viento,</p>
<p>ando desalentado</p>
<p>con ansias vivas, con mortal cuidado?</p>
<p>¡Oh monte, oh fuente, oh río,!</p>
<p>¡Oh secreto seguro, deleitoso!</p>
<p>Roto casi el navío,</p>
<p>a vuestro almo reposo</p>
<p>huyo de aqueste mar tempestuoso.</p>
<p>Un no rompido sueño,</p>
<p>un día puro, alegre, libre quiero;</p>
<p>no quiero ver el ceño</p>
<p>vanamente severo</p>
<p>de a quien la sangre ensalza o el dinero.</p>
<p>Despiértenme las aves</p>
<p>con su cantar sabroso no aprendido;</p>
<p>no los cuidados graves</p>
<p>de que es siempre seguido</p>
<p>el que al ajeno arbitrio está atenido.</p>
<p>Vivir quiero conmigo,</p>
<p>gozar quiero del bien que debo al cielo,</p>
<p>a solas, sin testigo,</p>
<p>libre de amor, de celo,</p>
<p>de odio, de esperanzas, de recelo.</p>
<p>Del monte en la ladera,</p>
<p>por mi mano plantado tengo un huerto,</p>
<p>que con la primavera</p>
<p>de bella flor cubierto</p>
<p>ya muestra en esperanza el fruto cierto.</p>
<p>Y como codiciosa</p>
<p>por ver y acrecentar su hermosura,</p>
<p>desde la cumbre airosa</p>
<p>una fontana pura</p>
<p>hasta llegar corriendo se apresura.</p>
<p>Y luego, sosegada,</p>
<p>el paso entre los árboles torciendo,</p>
<p>el suelo de pasada</p>
<p>de verdura vistiendo</p>
<p>y con diversas flores va esparciendo.</p>
<p>El aire del huerto orea</p>
<p>y ofrece mil olores al sentido;</p>
<p>los árboles menea</p>
<p>con un manso ruïdo</p>
<p>que del oro y del cetro pone olvido.</p>
<p>Téngase su tesoro</p>
<p>los que de un falso leño se confían;</p>
<p>no es mío ver el lloro</p>
<p>de los que desconfían</p>
<p>cuando el cierzo y el ábrego porfían.</p>
<p>La combatida antena</p>
<p>cruje, y en ciega noche el claro día</p>
<p>se torna, al cielo suena</p>
<p>confusa vocería,</p>
<p>y la mar enriquecen a porfía.</p>
<p>A mí una pobrecilla</p>
<p>mesa de amable paz bien abastada</p>
<p>me basta, y la vajilla,</p>
<p>de fino oro labrada</p>
<p>sea de quien la mar no teme airada.</p>
<p>Y mientras miserable-</p>
<p>mente se están los otros abrazando</p>
<p>con sed insacïable</p>
<p>del peligroso mando,</p>
<p>tendido yo a la sombra esté cantando.</p>
<p>A la sombra tendido,</p>
<p>de hiedra y lauro eterno coronado,</p>
<p>puesto el atento oído</p>
<p>al son dulce, acordado,</p>
<p>del plectro sabiamente meneado.</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_21">
</cite>
<cite id="_Toc33091834">
</cite>
ODA XIX - A TODOS LOS SANTOS</p>
</title>
<p>¿Qué santo o qué gloriosa</p>
<p>virtud, qué deidad que el cielo admira,</p>
<p>oh Musa poderosa</p>
<p>en la cristiana lira,</p>
<p>diremos entretanto que retira</p>
<p>el sol con presto vuelo</p>
<p>el rayo fugitivo en este día,</p>
<p>que hace alarde el cielo</p>
<p>de su caballería?</p>
<p>¿qué nombre entre estas breñas a porfía</p>
<p>repetirá sonando</p>
<p>la imagen de la voz, en la manera</p>
<p>el aire deleitando</p>
<p>que el Efrateo hiciera</p>
<p>del sacro y fresco Hermón por la ladera?;</p>
<p>a do, ceñido el oro</p>
<p>crespo con verde hiedra, la montaña</p>
<p>condujo con sonoro</p>
<p>laúd, con fuerza y maña</p>
<p>del oso y del león domó la saña.</p>
<p>Pues, ¿quién diré primero,</p>
<p>que el Alto y que el Humilde?, y que, la vida</p>
<p>por el manjar grosero</p>
<p>restituyó perdida,</p>
<p>que al cielo levantó nuestra caída,</p>
<p>igual al Padre Eterno,</p>
<p>igual al que en la tierra nace y mora,</p>
<p>de quien tiembla el infierno,</p>
<p>a quien el sol adora,</p>
<p>en quien todo el ser vive y se mejora.</p>
<p>Después el vientre entero,</p>
<p>la Madre desta Luz será cantada,</p>
<p>clarísimo Lucero</p>
<p>en esta mar turbada,</p>
<p>del linaje humanal fiel abogada.</p>
<p>Espíritu divino,</p>
<p>no callaré tu voz, tu pecho opuesto</p>
<p>contra el dragón malino;</p>
<p>ni tú en olvido puesto</p>
<p>que a defender mi vida estás dispuesto.</p>
<p>Osado en la promesa,</p>
<p>barquero de la barca no sumida,</p>
<p>y a ti que la lucida</p>
<p>noche te traspasó de muerte a vida.</p>
<p>¿Quién no dirá tu lloro,</p>
<p>tu bien trocado amor, oh Magdalena;</p>
<p>de tu nardo el tesoro,</p>
<p>de cuyo olor la ajena</p>
<p>casa, la redondez del mundo es llena?</p>
<p>Del Nilo moradora,</p>
<p>tierna flor del saber y de pureza,</p>
<p>de ti yo canto agora;</p>
<p>que en la desierta alteza,</p>
<p>muerta, luce tu vida y fortaleza.</p>
<p>¿Diré el rayo Africano?</p>
<p>¿diré el Stridonés sabio, elocuente?</p>
<p>¿o el panal Romano?</p>
<p>¿o del que justamente</p>
<p>nombraron Boca de oro entre la gente?</p>
<p>Columna ardiente en fuego,</p>
<p>el firme y gran Basilio al cielo toca,</p>
<p>mayor que el miedo y ruego;</p>
<p>y ante su rica boca</p>
<p>la lengua de Demóstenes se apoca.</p>
<p>Cual árbol con los años</p>
<p>la gloria de Francisco sube y crece;</p>
<p>y entre mil ermitaños</p>
<p>el claro Antón parece</p>
<p>luna que en las estrellas resplandece.</p>
<p>¡Ay, Padre! ¿y dó se ha ido</p>
<p>aquel raro valor? ¡Oh!, ¿qué malvado</p>
<p>el oro ha destruido</p>
<p>de tu templo sagrado?</p>
<p>¿quién cizañó tan mal tu buen sembrado?</p>
<p>Adonde la azucena</p>
<p>lucía, y el clavel, do el rojo trigo,</p>
<p>reina agora la avena,</p>
<p>la grama, el enemigo</p>
<p>cardo, la sinjusticia, el falso amigo.</p>
<p>Convierte piadoso</p>
<p>tus ojos y nos mira, y con tu mano</p>
<p>arranca poderoso</p>
<p>lo malo y lo tirano,</p>
<p>y planta aquello antiguo, humilde y llano.</p>
<p>Da paz a aqueste pecho,</p>
<p>que hierve con dolor en noche escura;</p>
<p>que fuera deste estrecho</p>
<p>diré con más dulzura</p>
<p>tu nombre, tu grandeza y hermosura.</p>
<p>No niego, dulce amparo</p>
<p>del alma, que mis males son mayores</p>
<p>que aqueste desamparo;</p>
<p>mas, cuanto son peores,</p>
<p>tanto resonarán más tus loores.</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_22">
</cite>
<cite id="_Toc33091835">
</cite>
ODA XII - A FELIPE RUIZ</p>
</title>
<p>¿Qué vale cuanto vee,</p>
<p>do nace y do se pone, el sol luciente,</p>
<p>lo que el Indio posee,</p>
<p>lo que da el claro Oriente</p>
<p>con todo lo que afana la vil gente?</p>
<p>El uno, mientras cura</p>
<p>dejar rico descanso a su heredero,</p>
<p>vive en pobreza dura</p>
<p>y perdona al dinero</p>
<p>y contra sí se muestra crudo y fiero;</p>
<p>el otro, que sediento</p>
<p>anhela al señorío, sirve ciego</p>
<p>y, por subir su asiento,</p>
<p>abájase a vil ruego</p>
<p>y de la libertad va haciendo entrego.</p>
<p>Quien de dos claros ojos</p>
<p>y de un cabello de oro se enamora,</p>
<p>compra con mil enojos</p>
<p>una menguada hora,</p>
<p>un gozo breve que sin fin se llora.</p>
<p>Dichoso el que se mide,</p>
<p>Felipe, y de la vida el gozo bueno</p>
<p>a sí solo lo pide,</p>
<p>y mira como ajeno</p>
<p>aquello que no está dentro en su seno.</p>
<p>Si resplandece el día,</p>
<p>si Éolo su reino turba, ensaña,</p>
<p>el rostro no varía</p>
<p>y, si la alta montaña</p>
<p>encima le viniere, no le daña.</p>
<p>Bien como la ñudosa</p>
<p>carrasca, en alto risco desmochada</p>
<p>con hacha poderosa,</p>
<p>del ser despedazada</p>
<p>del hierro torna rica y esforzada;</p>
<p>querrás hundille y crece</p>
<p>mayor que de primero y, si porfía</p>
<p>la lucha, más florece</p>
<p>y firme al suelo invía</p>
<p>al que por vencedor ya se tenía.</p>
<p>Esento a todo cuanto</p>
<p>presume la fortuna, sosegado</p>
<p>está y libre de espanto</p>
<p>ante el tirano airado,</p>
<p>de hierro, de crueza y fuego armado;</p>
<p>«El fuego -dice- enciende;</p>
<p>aguza el hierro crudo, rompe y llega</p>
<p>y, si me hallares, prende</p>
<p>y da a tu hambre ciega</p>
<p>su cebo deseado, y la sosiega;</p>
<p>¿qué estás? ¿no ves el pecho</p>
<p>desnudo, flaco, abierto? ¿Oh, no te cabe</p>
<p>en puño tan estrecho</p>
<p>el corazón, que sabe</p>
<p>cerrar cielos y tierra con su llave?;</p>
<p>ahonda más adentro;</p>
<p>desvuelva las entrañas el insano</p>
<p>puñal; penetra al centro;</p>
<p>mas es trabajo vano,</p>
<p>jamás me alcanzará tu corta mano.</p>
<p>Rompiste mi cadena,</p>
<p>ardiendo por prenderme: al gran consuelo</p>
<p>subido he por tu pena;</p>
<p>ya suelto encumbro el vuelo,</p>
<p>traspaso sobre el aire, huello el cielo.»</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_23">
</cite>
<cite id="_Toc33091836">
</cite>
ODA XI - AL LICENCIADO JUAN DE GRIAL</p>
</title>
<p>Recoge ya en el seno</p>
<p>el campo su hermosura, el cielo aoja</p>
<p>con luz triste el ameno</p>
<p>verdor, y hoja a hoja</p>
<p>las cimas de los árboles despoja.</p>
<p>Ya Febo inclina el paso</p>
<p>al resplandor egeo; ya del día</p>
<p>las horas corta escaso;</p>
<p>ya Éolo al mediodía,</p>
<p>soplando espesas nubes nos envía;</p>
<p>ya el ave vengadora</p>
<p>del Íbico navega los nublados</p>
<p>y con voz ronca llora,</p>
<p>y, el yugo al cuello atados,</p>
<p>los bueyes van rompiendo los sembrados.</p>
<p>El tiempo nos convida</p>
<p>a los estudios nobles, y la fama,</p>
<p>Grial, a la subida</p>
<p>del sacro monte llama,</p>
<p>do no podrá subir la postrer llama;</p>
<p>alarga el bien guiado</p>
<p>paso y la cuesta vence y solo gana</p>
<p>la cumbre del collado</p>
<p>y, do más pura mana</p>
<p>la fuente, satisfaz tu ardiente gana;</p>
<p>no cures si el perdido</p>
<p>error admira el oro y va sediento</p>
<p>en pos de un bien fingido,</p>
<p>que no ansí vuela el viento,</p>
<p>cuanto es fugaz y vano aquel contento;</p>
<p>escribe lo que Febo</p>
<p>te dicta favorable, que lo antiguo</p>
<p>iguala y pasa el nuevo</p>
<p>estilo; y, caro amigo,</p>
<p>no esperes que podré atener contigo,</p>
<p>que yo, de un torbellino</p>
<p>traidor acometido y derrocado</p>
<p>del medio del camino</p>
<p>al hondo, el plectro amado</p>
<p>y del vuelo las alas he quebrado.</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
<subtitle>
<cite id="_Toc33091837">
</cite>
ODA XXI - A NUESTRA SEÑORA</subtitle>
<p>Virgen, que el sol más pura,</p>
<p>gloria de los mortales, luz del cielo,</p>
<p>en quien la piedad es cual la alteza:</p>
<p>los ojos vuelve al suelo</p>
<p>y mira un miserable en cárcel dura,</p>
<p>cercado de tinieblas y tristeza.</p>
<p>Y si mayor bajeza</p>
<p>no conoce, ni igual, juicio humano,</p>
<p>que el estado en que estoy por culpa ajena,</p>
<p>con poderosa mano</p>
<p>quiebra, Reina del cielo, esta cadena.</p>
<p>Virgen, en cuyo seno</p>
<p>halló la deidad digno reposo,</p>
<p>do fue el rigor en dulce amor trocado:</p>
<p>si blando al riguroso</p>
<p>volviste, bien podrás volver sereno</p>
<p>un corazón de nubes rodeado.</p>
<p>Descubre el deseado</p>
<p>rostro, que admira el cielo, el suelo adora:</p>
<p>las nubes huirán, lucirá el día;</p>
<p>tu luz, alta Señora,</p>
<p>venza esta ciega y triste noche mía.</p>
<p>Virgen y madre junto,</p>
<p>de tu Hacedor dichosa engendradora,</p>
<p>a cuyos pechos floreció la vida:</p>
<p>mira cómo empeora</p>
<p>y crece mí dolor más cada punto;</p>
<p>el odio cunde, la amistad se olvida;</p>
<p>si no es de ti valida</p>
<p>la justicia y verdad, que tú engendraste,</p>
<p>¿adónde hallará seguro amparo?</p>
<p>Y pues madre eres, baste</p>
<p>para contigo el ver mi desamparo.</p>
<p>Virgen, del sol vestida,</p>
<p>de luces eternales coronada,</p>
<p>que huellas con divinos pies la Luna;</p>
<p>envidia emponzoñada,</p>
<p>engaño agudo, lengua fementida,</p>
<p>odio crüel, poder sin ley ninguna,</p>
<p>me hacen guerra a una;</p>
<p>pues, contra un tal ejército maldito,</p>
<p>¿cuál pobre y desarmado será parte,</p>
<p>si tu nombre bendito,</p>
<p>María, no se muestra por mi parte?</p>
<p>Virgen, por quien vencida</p>
<p>llora su perdición la sierpe fiera,</p>
<p>su daño eterno, su burlado intento;</p>
<p>miran de la ribera</p>
<p>seguras muchas gentes mi caída,</p>
<p>el agua violenta, el flaco aliento:</p>
<p>los unos con contento,</p>
<p>los otros con espanto; el más piadoso</p>
<p>con lástima la inútil voz fatiga;</p>
<p>yo, puesto en ti el lloroso</p>
<p>rostro, cortando voy onda enemiga.</p>
<p>Virgen, del Padre Esposa,</p>
<p>dulce Madre del Hijo, templo santo</p>
<p>del inmortal Amor, del hombre escudo:</p>
<p>no veo sino espanto;</p>
<p>si miro la morada, es peligrosa;</p>
<p>si la salida, incierta; el favor mudo,</p>
<p>el enemigo crudo,</p>
<p>desnuda, la verdad, muy proveída</p>
<p>de armas y valedores la mentira.</p>
<p>La miserable vida,</p>
<p>sólo cuando me vuelvo a ti, respira.</p>
<p>Virgen, que al alto ruego</p>
<p>no más humilde sí diste que honesto,</p>
<p>en quien los cielos contemplar desean;</p>
<p>como terrero puesto-</p>
<p>los brazos presos, de los ojos ciego-</p>
<p>a cien flechas estoy que me rodean,</p>
<p>que en herirme se emplean;</p>
<p>siento el dolor, mas no veo la mano;</p>
<p>ni me es dado el huir ni el escudarme.</p>
<p>Quiera tu soberano</p>
<p>Hijo, Madre de amor, por ti librarme.</p>
<p>Virgen, lucero amado,</p>
<p>en mar tempestuoso clara guía,</p>
<p>a cuvo santo rayo calla el viento;</p>
<p>mil olas a porfía</p>
<p>hunden en el abismo un desarmado</p>
<p>leño de vela y remo, que sin tiento</p>
<p>el húmedo elemento</p>
<p>corre; la noche carga, el aire truena;</p>
<p>ya por el cielo va, ya el suelo toca;</p>
<p>gime la rota antena;</p>
<p>socorre, antes que emviste en dura roca.</p>
<p>Virgen, no enficionada</p>
<p>de la común mancilla y mal primero,</p>
<p>que al humano linaje contamina;</p>
<p>bien sabes que en ti espero</p>
<p>dende mi tierna edad; y, si malvada</p>
<p>fuerza que me venció ha hecho indina</p>
<p>de tu guarda divina</p>
<p>mi vida pecadora, tu clemencia</p>
<p>tanto mostrará más su bien crecido,</p>
<p>cuanto es más la dolencia,</p>
<p>y yo merezco menos ser valido.</p>
<p>Virgen, el dolor fiero</p>
<p>añuda ya la lengua, y no consiente</p>
<p>que publique la voz cuanto desea;</p>
<p>mas oye tú al doliente</p>
<p>ánimo, que contino a ti vocea.</p>
<p><emphasis>Odas</emphasis></p>
</section>
<section>
<title>
<p><cite id="bdn_24">
</cite>
<cite id="_Toc33091838">
</cite>
ODA II - A DON PEDRO PORTOCARRERO</p>
</title>
<p>Virtud, hija del cielo,</p>
<p>la más ilustre empresa de la vida,</p>
<p>en el escuro suelo</p>
<p>luz tarde conocida,</p>
<p>senda que guía al bien, poco seguida;</p>
<p>tú dende la hoguera</p>
<p>al cielo levantaste al fuerte Alcides,</p>
<p>tú en la más alta esfera</p>
<p>con las estrellas mides</p>
<p>al Cid, clara victoria de mil lides.</p>
<p>Por ti el paso desvía</p>
<p>de la profunda noche, y resplandece</p>
<p>muy más que el claro día</p>
<p>de Leda el parto, y crece</p>
<p>el Córdoba a las nubes, y florece;</p>
<p>y por su senda agora</p>
<p>traspasa luengo espacio con ligero</p>
<p>pie y ala voladora</p>
<p>el gran Portocarrero,</p>
<p>osado de ocupar el bien primero.</p>
<p>Del vulgo se descuesta,</p>
<p>hollando sobre el oro; firme aspira</p>
<p>a lo alto de la cuesta;</p>
<p>ni violencia de ira,</p>
<p>ni blando y dulce engaño le retira.</p>
<p>Ni mueve más ligera,</p>
<p>ni más igual divide por derecha</p>
<p>el aire, y fiel carrera,</p>
<p>o la traciana flecha</p>
<p>o la bola tudesca un fuego hecha.</p>
<p>En pueblo inculto y duro</p>
<p>induce poderoso igual costumbre</p>
<p>y, do se muestra escuro</p>
<p>el cielo, enciende lumbre,</p>
<p>valiente a ilustrar más alta cumbre.</p>
<p>Dichosos los que baña</p>
<p>el Miño, los que el mar monstruoso cierra,</p>
<p>dende la fiel montaña</p>
<p>hasta el fin de la tierra,</p>
<p>los que desprecia de Eume la alta sierra.</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
<subtitle>
<cite id="_Toc33091839">
</cite>
ODA XVIII - EN LA ASCENSIÓN</subtitle>
<p>¿Y dejas, Pastor santo,</p>
<p>tu grey en este valle hondo, escuro,</p>
<p>con soledad y llanto;</p>
<p>y tú, rompiendo el puro</p>
<p>aire, ¿te vas al inmortal seguro?</p>
<p>Los antes bienhadados,</p>
<p>y los agora tristes y afligidos,</p>
<p>a tus pechos criados,</p>
<p>de ti desposeídos,</p>
<p>¿a dó convertirán ya sus sentidos?</p>
<p>¿Qué mirarán los ojos</p>
<p>que vieron de tu rostro la hermosura,</p>
<p>que no les sea enojos?</p>
<p>Quien oyó tu dulzura,</p>
<p>¿qué no tendrá por sordo y desventura?</p>
<p>Aqueste mar turbado,</p>
<p>¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto</p>
<p>al viento fiero, airado?</p>
<p>Estando tú encubierto,</p>
<p>¿qué norte guiará la nave al puerto?</p>
<p>¡Ay!, nube, envidiosa</p>
<p>aun deste breve gozo, ¿qué te aquejas?</p>
<p>¿Dó vuelas presurosa?</p>
<p>¡Cuán rica tú te alejas!</p>
<p>¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!</p>
<p><emphasis>Odas (Lira)</emphasis></p>
<empty-line/>
<subtitle>This file was created</subtitle>
<subtitle>with BookDesigner program</subtitle>
<subtitle>bookdesigner@the-ebook.org</subtitle>
<subtitle>19/11/2007</subtitle>
</section>
</body>
</FictionBook>
